Capítulo 29
1
Era de madrugada, ni siquiera había salido el sol y Samuel Oak tuvo que salir de la cama para atender una importante llamada. Era Ash Ketchum, el entrenador cuyos Pokémon le habían estado causando problemas en su propiedad. Al verlo al otro lado del vídeo misor, le exigió respuestas de dónde había estado, el por qué sus Pokémon actuaban raro y por qué todos actuaban con tanto misterio con respecto a él. Pero sus interrogantes no tuvieron respuesta, pues el chico ignoró las preguntas y pidió un intercambio entre su Absol y otro de sus Pokémon, uno de los más fuertes.
Ahora, Ash terminó la llamada abruptamente una vez que recibió al Pokémon que quería, y Oak debía quedarse todavía con las dudas de que había ocurrido con él. Todavía quedaba tiempo para la oscuridad de la noche, así que Oak solo dejaría libre a Absol y volvería a dormir, ya, cuando Ash volviese, respondería todas las incógnitas. pero vaya sorpresa la que se llevaría.
Al abrir la puerta de su hogar, se sorprendió a la vez que se horrorizo de ver a varios Pokémon rodeándolo. Todos los Pokémon de Ash Ketchum, desde el más pequeño al más grande estaban reunidos frente a él.
—que... ¿Qué está pasando? — se preguntó. Quizá todos esperaban noticias sobre su entrenador, después de todo, de un momento a otro se tranquilizaron y ahora todos estaban allí reunidos, olvidando el desastre que causaron hacía poco. Oak no podía dejar de preocuparse porque ellos se descontrolaran y pelearan nuevamente.
La pokeball en su mano tembló un poco, y luego se abrió para dejar salir al Pokémon de pelaje blanco, Absol.
El Pokémon aulló, y la gran mayoría de los seres que lo rodeaban gruñeron como si le respondieran. Y Oak solo observó confundido por la reacción y fascinado porque los Pokémon se estaban comunicando entre ellos. Quizá los estaba tranquilizando, quizá estaba contando la travesía por la que había estado pasando, o quizá estaba buscando a uno en específico.
2
El Rey abrió los ojos abruptamente, y se dio cuenta que todavía veía el interior de la cueva. Todavía podía respirar y sentir su cuerpo. Realmente, por un momento creyó que podría haber encontrado el fin.
Al tratar de levantarse, todo a su alrededor seguía igual, los Pokémon seguían tirados en el suelo, casi inertes, pareciera que nadie más lo había alcanzado en el monte aún.
Se sentó, aún le dolían los músculos del cuerpo. Era tan lamentable su situación actual, eso pensaba, pues, tanto tiempo deseando separarse de Ash, que había olvidado que un cuerpo nuevo lo convertiría en mortal, nuevamente. No solo eso, le dio sentimientos que habría deseado haber mantenido fuera de si, como el sentimiento del temor.
Era ridículo, todo este tiempo logró atemorizar a Ash, haciendo que deseara huir de él, y ahora, él mismo huía de Ash, solo por una razón, porque había subestimado las verdaderas capacidades de un verdadero cuerpo de carne y hueso. Y ahora, temía desaparecer de este mundo antes de haber cumplido con su cometido. No podía ser vencido por Ash, debía evitar que él fuese quien lo venciese, aunque eso implicase tener que evitar luchar.
El Rey se levantó, el dolor era intenso pero soportable. Bueno, debía soportarlo pues debía apresurarse en buscar a Jirachi, había perdido mucho tiempo valioso. Al menos, reconocía que el descanso involuntario tuvo un efecto positivo después de todo, su concentración había vuelto, así que podía volver a tener control absoluto sobre los Pokémon que usurpó.
Cada Pokémon se levantó cuando el aura oscura, que el Rey emanaba, volvía a tomar control de ellos. La noche anterior parecían casi al punto de desfallecer, ahora, parecían revitalizados. Quizá Ash tenía razón en algo, y ellos debían tener ciertos cuidados como cualquier ser vivo. Aunque, de ser por él, los hubiese desechado al presentir su cansancio, de no ser que son los únicos con los que contaba ahora para encontrar a Jirachi y repeler al grupo de Ash si aparecían.
3
—¡no pienso ir! —
Ya de mañana, y en su habitación, Dawn y Ruby parecían tener una pequeña discusión.
—¡Por supuesto que irás! ¡Eres el mayor! ¿Lo recuerdas? ¡Se supone que eres más responsable y maduro! —
Había un nuevo plan para ir tras el Rey de Pokelantis y luchar contra él nuevamente. Todos sabían que Jirachi era su objetivo, y sabían dónde estaba este, aunque el Rey se haya llevado el mapa y su ubicación, todos sabían cómo llegar al Monte Plateado, siendo el único inconveniente, en caso que el Pokémon deseo cambiara su ubicación, siendo así, volverían al inicio, buscando al Rey por corazonadas y lugares cercanos. Por eso mismo, debían apresurarse e irse cuanto antes al monte Plateado.
Nuevamente, Red y Gold combatirían contra el Rey. La noche anterior, demostraron que podían lesionarlo y debilitarlo, ahora contaban con sus Pokémon más fuertes y la cabeza más fría que la primera vez que lo enfrentaron, pues, sabiendo que Ash estaba de regreso, no temían por hacer algo que lesionara a su hermano. Irían contra el Rey con todo el poder que sus Pokémon les permitiesen, y esta vez, no solo ellos, irían acompañados.
A la batalla se unirían Blue, Crystal y Brock. Ash no estaba siendo contemplado esta vez, pues era el principal afectado por las acciones del Rey, y todavía debía restaurarse por completo. Nada garantizaba que el Rey tratara de lastimarlo nuevamente. Por ende, al ser quien se quedaría en ciudad Plateada, Dawn igual se quedaría junto a él.
—no pienso ir a una peligrosa aventura donde mis Pokémon pueden resultar heridos. O peor, yo podría salir herido— dijo el chico mayor, cruzándose de brazos y dándole la espalda a su prima.
—no lo veas de esa forma. Debes de ir y ayudar a los chicos, así sería más fácil vencer al Rey y evitar que lastime a más personas como lo hizo con Ash—
—¿Me estás pidiendo que arriesgue mi vida por gente que no conozco? —
—¡Pero que egoísta eres! — se lo había dicho más de un millón de veces, y quizá se lo diría un millón de veces más.
Dawn se quedaría junto a su amigo para hacerle compañía. Después de todo, estar solo en una sala de hospital, con comida de hospital y sin ninguna televisión, no era su plan perfecto para pasar un bonito día. Además, así lo vigilaría que no tratase de ir tras ellos, no le darían el alta sino hasta más tarde ese día, momento que regresaría a su casa junto a Delia y Kimberly, sumado al hecho que la noche anterior trató de escaparse del hospital buscando al ser que lo envió allí, en primer lugar, de no haber sido por eso, quizá hubiese salido del hospital esa mañana.
Ella no iría con los chicos tras el Rey, pero enviaría a su habilidoso primo en su lugar. O, al menos, intentaba hacer que aceptara y fuera junto a ellos, porque su primo no parecía interesado en apoyar a su grupo.
—Solo por una vez, una sola vez, ¿podrías dejar de ser tan egoísta y pensar en otras personas, para variar? —
Ruby seguía sin ver a Dawn, y luego se sentó en el suelo aún con los brazos cruzados y dando la espalda a su prima— ¡No quiero! —
—¡Deja de darme la espalda! ¡Ya madura! —Dawn sentía que discutir con su primo, era como discutir con un niño, siendo ridículo, tomando en cuenta que él era mayor que ella.
Por su parte, Ruby tenía sus motivos para negarse a ir a la "emocionante" y "peligrosa" aventura a la cual su prima quería que fuera. Bastante era el riesgo que correría, pues desconocía la verdadera letalidad de su enemigo, solo sabía que era capaz de cualquier cosa para lograr su cometido. Eso significaba que a él podía ocurrirle cualquier cosa, podría romperse un brazo, una pierna, los dedos de las manos, o quedar marcado por otra enorme cicatriz, la cual nunca desaparecería, o incluso sus Pokémon, ellos podrían resultar igualmente heridos, y en los concursos Pokémon se veían todo tipo de rasgos para considerar a un Pokémon bonito, si algo le pasaba a él a sus Pokémon en este enfrentamiento, podría ser el fin de su carrera como coordinador.
Pero, no era el único motivo. Temía por Dawn, temía por ella y lo que pudiera pasarle gracias a ese ser, idéntico a su amigo de Kanto. Si ella hubiese querido ir, Ruby hubiese intervenido para que ella se quedara en ciudad Plateada, donde no corriera peligro. Bien, ella optó por quedarse, pero eso no le quitaba la preocupación al coordinador, pues, si se quedaba allí pero él se iba, ella se quedaría sola, junto con Ash, y si el Rey era tan vengativo como decían, ella igual corría riesgo allí.
No conocía a aquellos chicos, nada garantizaba que pudieran vencer a alguien tan peligroso como el Rey, ¿y si él volvía allí? ¿Quién protegería a su prima si él no estaba? No sabía que tan fuerte era ella, tampoco sabía que tan fuerte era ese chico, solo podía confiar en sus propias habilidades, después de todo, fue entrenado por el mejor.
—ya te dije, no voy a ir a ningún lado donde pueda poner mi vida en riesgo—
—Querrás decir, donde puedas perder el gorro—
Dawn parecía tener una especie de deja vu. Le parecía haberse visto en una situación así antes, por supuesto, ella estaba justo en la misma posición en la que estaba Ruby, cuando era una niña y Ruby estaba de pie justo como lo está ella ahora. Dawn quería ir al bosque a observar Pokémon junto con Ruby y su amigo Wally, pero este no permitió que los acompañase, como protesta, ella se tiró al suelo y dándole la espalda a su primo, sin importarle manchar su nuevo y precioso vestido rosa. Era irónico que pasara de nuevo, pero de forma contraría, pues en ese entonces ella quería ir, y Ruby no lo permitía, y ahora, Ruby, quien está haciendo el berrinche como si tuviera 4 años, no quería ir y ella lo obligaba a hacerlo. Un momento vergonzoso para ella, ahora que lo pensaba, pero era una niña, eso no le importaba. Es curioso que, pasar tiempo con personas que te importan, te hacía recordar varias anécdotas que no pasaban por tu cabeza en otras ocasiones, más curioso, que esos acontecimientos son cosas que, precisamente, preferirías recordar. Al final, se quedó cuando su madre la tomó en brazos y la llevó de nuevo dentro de la casa, al final, no fue un mal día, le cepillaron el cabello y se probó un par de listones nuevos, su actividad favorita de toda la vida. También, ella terminó olvidando que quería ir al bosque, y de hecho, olvidó que en algún momento quiso ir.
Aquel pequeño recuerdo le dio a Dawn una idea. Si Ruby estaba haciendo un berrinche, entonces debía encontrar algo que le diera satisfacción y le haga aceptar, gustoso, lo que no quería hacer. Y quizá si tenía la forma de hacerlo.
—¿Nada de lo que te diga te hará cambiar de opinión? —
—nada— respondió el chico de gorro blanco, firmemente.
—¿Seguro? — ella volvió a preguntar.
—completamente—
Era justo como lo esperaba. Pero, para ser honesta, ella hubiese esperado una respuesta más cómica, como "mi trasero se quedará aquí plantado," pero quizá eso saldría de alguien como Gold. Qué curioso, apenas llevaba una semana de conocer al hermano de su amigo, y ya parecía intuir como respondería gracias a su comportamiento.
—Iba a prestarte a mi Togekiss para que pudieras irte volando junto con ellos—
Al escuchar aquello, Ruby pareció entrar en duda en su decisión. Aquel Togekiss de su prima era tan lindo y hermoso, pues sus colores parecían brillar con la luz del sol, y la elegancia que mostraba al volar, parecía que se movía en una perfecta coordinación con el viento. Sin duda, era el Pokémon más bonito que tenía su prima, pero, lamentablemente, no había vuelto a verlo desde que llegaron a ciudad Plateada.
—ahora que lo pienso. Togekiss no ha salido de su pokeball en dos días. Quizá deba pasear sobre a ella y quizá le pregunte a Ash si quiere acompañarme—
Era tentador el estar sobre aquel Togekiss, pero Ruby debía permanecer firme en su decisión o, de lo contrario, volvería a meterse en una situación riesgosa a la cual era ajeno y volvería a ser sin buscarlo. Era aquí donde su voluntad debería fortalecerse.
Dawn tenía una sonrisa en su rostro, con cierta malicia, pues sabía que su plan rendiría frutos. Solo debía concluirlo con una sola frase— a menos, claro, que cambies de opinión y quieras ir—
Al diablo con su voluntad, era su oportunidad. Ágilmente se levantó y se puso frente a la chica menor que él y tomó su mano entre las suyas— si quiero, si quiero, si quiero— dijo rápidamente.
Y como siempre, y tal como Dawn supuso, la voluntad de Ruby se desvanecía cuando sus caprichos se interponían.
—¡Eso quiere decir que irás! — dijo triunfante y satisfecha de haber engañado a su primo con un "juego de niños."
4
Fuera de su hotel en ciudad Plateada, Crystal y Blue se preparaban junto a sus Pokémon para salir cuanto antes en busca del Rey. Sabían que era muy temprano, pero debían apresurarse pues, sería un viaje de unas cuantas horas hasta el monte Plateado. Crystal iba a ir sobre el lomo de su Tropius, su fiel compañero Volador que capturó en Hoenn luego que este mostrara cierto apego a Mega, su Meganium. Quizá no era el Pokémon más rápido, pero era habilidoso en el combate en el cielo. Y Blue, quien estaba subiendo al lomo de Zard para acostumbrarse a él, realmente, ella nunca había viajado sobre el lomo del Pokémon fuego/volador, nunca había volado sobre el lomo de ningún Pokémon antes, por ende, iría junto a Red sobre el lomo de su colosal Pokémon… aunque la idea de hacerlo le disgustaba.
Delia y Kimberly también estaban junto a ellas, y aunque la intención de Kimberly era asegurarse que ellas estuvieran bien preparadas y seguras de sus habilidades para el combate que libarían, Delia se mostraba más preocupada y dudoso al respecto.
—¿Enserio tienen que ir chicas? —preguntó Delia, preocupada pues todos iban a ir en búsqueda de aquella pesadilla.
—Si señora Delia— respondió Crystal frente a la señora y con sus manos juntas en la posición de su entrepierna— entiendo su preocupación. Siendo honesta— le sonrió— yo también estoy nerviosa. Pero tenemos que ir a ayudar a los chicos. Usted sabe, el Rey sigue siendo un peligro estando libre—
Delia estaba preocupada. Por lo regular, ella tenía el corazón suficiente para pensar y preocupase por todo mundo. Siempre dispuesta a ayudar con lo que pudiera, aunque sabía que serían en cosas mínimas, pues, ella no tenía las habilidades que su esposo y sus hijos, pero eso nunca había supuesto un límite para ella quien siempre había encontrado una forma de resolver cualquier problema en cualquier situación. A pesar de no tener Pokémon propios o mínimo ser entrenadora, nunca había encontrado una situación que la superara, hasta ahora.
Sabía que el Rey seguía allá afuera, volviéndose la pesadilla de alguien más, lesionándolo como lo hizo con Ash. Pero, ahora, aquel ser había dejado el cuerpo de su hijo, y estaba feliz por ello, pues Ash ya no sufriría por su culpa, pero, la paz quizá no llegaría a él aún. Le informaron del suceso de la noche anterior, eso significaba que su hijo aún era un objetivo para aquel ser, y era por eso que todos querían ir a buscarlo, para evitar más desastres. Pero, ¿Por qué tenían que ir ellos?
—No dejo de pensar que es demasiado peligroso para ustedes. Esto es completamente diferente a otras ocasiones—
Delia sabía de todas las ocasiones en las que sus hijos se vieron envueltos en situaciones peligrosas. ¿Por qué, entre todas las personas del mundo, sus tres hijos tenían que estar envueltos en dichas situaciones? Y ella despreocupada, sin imaginar que alguno de ellos podría no regresar a casa. Siempre ha sido así, y ella solo podía esperar a que todo saliera bien.
Quizá era un pensamiento un tanto egoísta de su parte, pero no podía dejar de pensar que sus hijos y sus amigos deberían dejar aquel problema en manos de alguien más. conocían a muchas personas habilidosas, gente con nervios de acero capaces de hacer frente a situaciones similares, incluso, podían esperar al regreso de su esposo, unos adolescentes no deberían meterse en un lio como este, pero, en cambio, allí iban directo al fuego.
—tenemos que hacerlo Delia. Alguien debe cuidar de Red y de Gold, y quien mejor que nosotras— dijo Blue bajándose de Zard.
El nuevo plan implicaba que fuera un ataque en conjunto, seis entrenadores contra todos los Pokémon que el Rey podría usar, y aprovechando que el ser podría encontrarse exhausto aún. Y para Blue, lo más difícil había sido convencer a Red que él y Gold requerirían ayuda, a pesar que él sabía que sus amigos estaban en la mejor disposición de acompañarlos y sin importar que tanto pudieran salir ellos afectados. Aun así, Red insistía que nadie más debería ir, pero, por esa misma razón fue que Blue iba a encargarse de convencerlo de cambiar de opinión, después de todo, era bien sabido que la chica de falda roja y blusa azul podía influir en las decisiones del chico de ojos rojos.
—aun así, no dejo de preocuparme por todos ustedes— continuó Delia. La señora sabía bien que Blue y Crystal eran tan buenas entrenadoras y tan fuertes como sus hijos, y cuando Blue estaba junto a Red, o Crystal junto a Gold, podía sentirse con más confort pues así el riesgo para sus hijos era menor, pero esta vez, el confort no llegaba a la señora. Si tan solo, ella fuera tan fuerte como ellos, sería ella quien se encargaría de darle solución a este embrollo evitando así que los chicos lo hicieran.
—lo harán bien. Lo sé. Han entrenado muy duro para una situación así—
Kimberly se mostraba con una mayor confianza en que el grupo de chicos volvería con bien. Era una mujer anciana, ya no tenía la misma agilidad que ellos, ni la resistencia, por eso, ya no podía intervenir en una "aventura" tan riesgosa como lo habría hecho cuando era tan joven como ellos... Quizá un poco mayor, pero eso no importaba.
—confiamos que, si Red y Gold están en peligro, ustedes los ayudarán, pues la Víctor siempre está asegurada cuando tienes a un equipo, con un fuerte vínculo, respaldándote—
Claro que estaba preocupada, más no mortificada, después de todo, eran grandes entrenadores, y entre ellos se encontraban tres campeones y un líder de gimnasio. Confiaba en ellos y en sus habilidades, después de todo, para eso los entrenó, y lo que les enseñó, no solo servía para combates Pokémon, igual para situaciones dónde sus vidas estaban en peligro.
—estaremos bien. La señora Kimberly tiene razón. Estaremos bien mientras estemos todos juntos en esto— dijo Crystal para tratar de tranquilizar a Delia.
Las puertas del hotel se abrieron, y de allí salieron Dawn, Brock y Ruby, quien sostenía una pokeball.
—parece que ustedes ya están listas— dijo Brock, a lo que recibió una afirmativa respuesta por parte de las chicas.
—nosotros igual— dijo Dawn— logré convencer a Ruby de ir en mi lugar, así que ahora serán más—
Ruby no dijo nada, pues estaba muy ocupado con su concentración en la pokeball, parecía admirarla como lo más preciado que alguna vez haya podido tener en manos.
El grupo parecía estar casi completo ahora, pues hacían falta dos personas, a las cuales Dawn buscó con la mirada, pero sin éxito.
—oigan ¿Y Red y Gold? ¿Dónde están? —
Ante la pregunta, todos aquellos que tenían algo que ver con el apellido Ketchum parecieron sentir algo de vergüenza y pena por la respuesta que darían, pues sabían con exactitud lo que ellos estarían haciendo.
—bueno— inició Delia— mis hijos fueron a encontrarse con su hermano en el hospital—
—digamos que...— Blue continuó— fueron a explicarle a Ash que no puede ir esta vez—
—muy a su manera— terminó Crystal.
Dawn miró a todos extrañada, y se preguntó por qué actuaron tan raro, en conjunto, para responderle.
5
—¡Déjenme ir! — gritaba Ash mientras forcejeaba para que sus hermanos lo soltaran.
Una conversación familiar para los Ketchum, nunca podía ser definida como tranquila. Podían iniciar discutiendo, luego peleando entre si (era opcional usar la fuerza física, pero era una opción que se usaba la gran mayoría de veces) y terminaban viendo la televisión y olvidando la razón de la discusión. Pero, en esta ocasión, los chicos se mantenían en la pelea. En ese momento, Red y Gold sostenían contra la pared a un Ash que se movía frenéticamente, gritaba y pataleaba con tal que lo soltaran. Sus hermanos lo habían tomado de los hombros y lo pegaron a la pared para inmovilizarlo. El menor de los tres, trató de zafarse, pero ellos eran más fuertes que él.
—¿Acaso no te trae recuerdos de cuando éramos niños? — dijo Gold burlándose de Ash.
—¿De cuándo lo sujetamos para sacarlo de su escondite en la zona safari? Si— respondió Red, recordando una pequeña anécdota en la zona safari cuando eran niños, pues Ash se negaba a irse del lugar, e incluso se escondió entre el fango para quedarse allí y poder atacar a sus hermanos con bolas de lodo. Para llevárselo de regreso, tuvieron que someterlo casi como lo estaban haciendo ahora.
Mientras tanto, Pikachu, el fiel roedor de Ash, estaba sobre la cama mirando la situación con cierto deje de pena, ya sabía que esto era común, pero nunca dejaba de sorprenderse. Se preguntaba que hacer si, en caso, su entrenador pedía que usara impactrueno para aturdir a sus hermanos, nuevamente.
Ash no estaba de acuerdo en quedarse allí mientras sus amigos iban a la búsqueda de su peor pesadilla. Y era eso, suya, no de ellos, nunca debió haber sido de nadie más. Pero no podía objetarle a nadie, pues todos estaban bastante implicados en este conflicto, cada uno había sufrido a causa del Rey, algunos en menor medida y otros casi pierden la vida, pero todos deseaban lo mismo, deshacerse del Rey de Pokelantis de una vez y por todas.
No importaba si todos sus amigos iban a buscar al Rey y querer luchar contra él, pero no podían dejarlo atrás. Ash había pasado por el tormento de estar bajo el control del Rey en dos ocasiones, y en esas dos ocasiones, él estuvo a punto de lastimar a sus seres queridos. Ash nunca se consideró vengativo, incluso buscaba la amistad de todo aquel que no estuviese de acuerdo con él, pero con el Rey era diferente, pues quería cerciorarse que jamás volviese a aparecer nunca más.
Pero, no importaba cuanto estaba dispuesto a batallar, no importaba que ya estuviera completamente bien, sus hermanos no querían que el fuese y se quedara allí hasta esperar noticias de ellos. Sin duda, no era el plan que él tendría en mente.
—oye…— le dijo Gold a Red, mientras trataba de soportar las patadas que Ash le proporcionaba, pues, aunque trataba de evitarlas, no le era posible—no es que me queje… pero ya me duele la panza de tantas patadas—
Red sabía que tenía razón, pues Ash estaba pataleando a diestra y siniestra para poder alejarlos, y, aunque a él solo lograba alcanzarle las piernas, igual comenzaba a dolerle— ¡al suelo! —
Ambos chicos tiraron a Ash al suelo e inmovilizaron su espalda y sus brazos.
—¡suéltenme! ¡Déjenme ir! — Ash se siguió moviendo erráticamente, retorciéndose en el suelo tratando de lograr zafarse. Pero estaba atrapado entre el suelo y ellos— ¡me hubieran tirado sobre la cama al menos! —
—esto es más divertido— Gold se burló. Red no dijo nada, más por vergüenza, pues realmente era una buena idea haberlo inmovilizado sobre la cama, pero no se le ocurrió tal cosa en su momento.
Aunque Ash no quería dejar de forcejear, se estaba cansando, por ende, sus movimientos se volvieron más lentos. En cierto momento, se detuvo por completo, y tuvo que recuperar el aliento, haciendo grandes inhalaciones por su nariz.
—vamos a soltarlo— dijo Red.
—¿seguro? es más fácil amarrarlo a la cama e irnos—
—estoy seguro. Si trata de escapar, lo tomas del pie y vuelves a tirarlo—
Gold se acercó al oído de Ash— inténtalo enano— le dijo, pues, muy dentro de sí, quería volver a tumbarlo y que le doliera, todavía no se desquitaba por el golpe que su hermanito le dio apenas despertó, no se lo diría, pero le había dolido.
Tal como le dijo Red, él y Gold lo soltaron al mismo tiempo, y después se alejaron de Ash para que este pudiese levantarse. A Ash le tomó un segundo pensarlo, pero al final se levantó y sacudió su chaleco, no serviría de nada pues sabía que el piso de la habitación estaba limpio, pero era un reflejo que tenía luego que cayera sobre el suelo de tierra cada día desde hace casi cinco años. Durante un segundo pensó que podría correr y burlar a sus hermanos para dirigirse a la puerta y salir huyendo, pero no serviría de nada, ellos podrían sujetarlo y volver a tirarlo al piso frio y duro, y además, en el remoto caso de haber podido burlarlos, no podría correr más rápido que ellos, pues aún faltaba por llegar la ayuda que pidió, y volvería a ocurrir lo mismo que la noche anterior.
—no pareces haberte tomado bien la noticia— inició Red.
—¿Por qué quieren que me quede? — cuestionó el entrenador del Pikachu.
—¿No lo ves? Ya estuviste en un enorme riesgo gracias al Rey. No queremos que te metas en otro —
—Lo que veo es que el Rey busca a Jirachi, y la mejor forma de detenerlo es si yo voy con ustedes—
—¿En qué clase de plan es buena idea tenerte frente al ser que se quiere deshacer de ti? —
—en el que el Rey me busca a mí en lugar de a Jirachi. En lugar de a ustedes y en lugar de a nadie más—
—¿Estás hablando de ser la carnada? ¿Una carnada en tu propio plan? — dijo Gold, no tan sorprendido por la sugerencia de Ash, pues, la idea era tan descabellada, pero sin duda era algo que saldría de la mente de cualquiera de los tres.
Era una muy mala idea. Pero cada idea de Ash tenía un propósito. El acababa de recuperarse de un gran impacto, era impensable para nadie que él volviese a buscar al Rey, sabiendo de lo que era capaz de hacerle si lo encontraba. Pero, eso ahora, era lo que menos le importaba.
—si me enfrento al Rey, puede que tenga la oportunidad de evitar que persiga a alguien más, podré retenerlo para darle la oportunidad a Jirachi de escapar. Y no tendríamos que preocuparnos por que se haga más fuerte, solamente de debilitarlo hasta vencerlo. Ya vimos que no es tan invencible como pensábamos—
—arriesgándote a que vuelva a tirarte desde lo alto del monte— dijo Red señalando el punto más obvio de lo que haría aquel ser.
Ash asintió— de ser así. Procuraré que caiga conmigo—
En su momento, Ash realmente temió al Rey y lo que alguna vez pudiera hacerle, hubiese preferido cualquier cosa antes de saber sobre él. Pero luego de todo lo ocurrido, su perspectiva cambió. Ahora no le importaba tenerlo cara a cara, si así evitaba que siguiera haciendo daño a alguien más. su temor había disminuido, quizá porque ya había pasado por lo peor, o quizá era por su forma de ser, ya que el miedo a que algo le pasara a sus seres queridos era mayor que cualquier otra cosa, pero lo cierto era que quería terminar con aquella pesadilla el solo y sin importar las consecuencias. Ya había sobrevivido a una gran caída, nada podía ser peor que eso.
Se podía ver la determinación en el chico. Aquella mirada que ponía cuando quería hacer algo y estaba seguro de lograrlo, ya que confiaba en sí y en sus habilidades. Red y Gold podían intuir que deseaba más que nada volver a ver al Rey, volver a tenerlo enfrente y vencerlo, y por un lado, lo comprendían. Ash detestaba perder, y el Rey se encargó de humillarlo y hacerle sentir vulnerable, y, aunque la reacción más común para una persona sería querer alejarse por completo de aquel ser, no lo era para Ash, no lo sería para ellos tampoco.
Venganza o responsabilidad, lo cierto era que ellos podían empatizar con su hermano menor, también sentirían lo mismo de haber sido ellos los afectados. Sin duda, Ash tenía los mismos rasgos que caracterizaban a cada Ketchum. Pero, a pesar de saber la determinación del chico, y de poder comprenderlo, su respuesta seguía siendo unánime y rotunda.
—NO—
Red y Gold permanecían firmes en su decisión de no dejar que Ash fuera tras la búsqueda del Rey. El chico menor se sintió molesto por ello, pero, aún le quedaba una última opción.
Ash gritó, y después corrió hacia sus hermanos. La brecha que ellos tenían entre los dos, era lo suficientemente grande para que el chico cupiera y pudiera escabullirse, pero la intención no fue suficiente, pues Red y Gold lograron sujetarlo de cada brazo antes que pudiera escapar, y antes que volviera a retorcerse y patalear, volvieron a tirarlo de espaldas al suelo para retenerlo allí nuevamente… cabía destacar que Red y Gold esperaban una reacción así, justo como cuando eran niños.
6
—oye Brock, ¿Y tú como vas a ir? —preguntó la chica de cabello azul a su amigo más alto. Recordando que solo contaba con un Pokémon volador, Crobat, y no creía que pudiera usarlo para volar varios kilómetros.
—no te preocupes por mí. Me iré con Crystal encima de su Tropius— dijo Brock serenamente.
—¿Lo dices enserio? — dijo Dawn sorprendida.
Brock podría ser un genio como entrenador y criador Pokémon. Pero en contraparte de aquellas virtudes, y otras más, Brock carecía de voluntad para ocultar sus sentimientos cada que veía a una chica linda. Sin dudarlo ni una sola vez, saltaba a los pies de cualquier chica con rosas (de las cuales no sabía cómo conseguía) y una declaración de amor sacada de múltiples canciones que habían escuchado en la radio. No era la persona más oportuna del mundo cuando estaba cerca de una fémina, y ahora, iba a ir sentado detrás de Crystal.
—Crys ¿Te vas a ir junto a Brock? — preguntó Dawn a la chica de falda amarilla quien se acercó a ellos para cerciorarse que no les faltara nada.
Crystal solo le sonrió— sí. Prefiero ir con él que con el pervertido de Gold detrás de mi —
¿Acaso ella no sabía sobre la manía del chico oriundo de la ciudad? ¿O acaso había algo sobre Brock que ella no sabía? Ahora que lo pensaba, él no había actuado como acostumbraba con Crystal ni con Blue, toda la semana que habían estado allí, nunca saltó a los pies de ambas chicas. Quizá con Crystal es más comprensible, después de todo, ella es menor que él por dos años, y Brock tenía cierta afición por chicas de su edad o ligeramente mayores, pero entonces, ¿por qué no lo había hecho con Blue? Después de todo, tenían la misma edad. ¿Qué había pasado para que se evitara el comportamiento de Brock?
Dawn iba a preguntarle a Brock sobre ello, pero tuvo que olvidar dicho tema cuando se vieron a Red y a Gold aparecer por el camino, los últimos dos que quedaban por llegar. Pero, ambos parecían haberse metido en un nuevo problema antes de llegar. Pequeños moretones, rasguños apenas perceptibles, y Gold presentaba una pequeña raspadura en la manga de su sudadera.
—que les pasó? — preguntó Dawn al imaginar que tuvieron un nuevo enfrentamiento.
—tuvimos que explicarle, al enano, que no iría esta vez— dijo Gold a la par que masajeó su mandíbula. El movimiento debió haber sido involuntario pues, apenas se dio cuenta de lo que hacía, retiró su mano de su mandíbula y la ocultó en su bolsillo.
Blue sonrió levemente ante la reacción del chico de ojos dorados— ¿Y cómo lo tomó? —
— creo que ya sabes la respuesta— ironizó Red, obteniendo una risita de la chica.
—por cierto. Ash quiere un globo de helio, quizá quiere un recuerdo de su visita al hospital— dijo Gold sin verdadero interés en la petición de su hermano.
Con Ash en el hospital, todo estaba listo para partir hacia el monte plateado, solo faltaba Gold por sacar a su Pokémon volador. Iba a sacar a Kiataro, pero vio algo que llamó su atención. En un lado, estaba el chico que fue a buscar a Hoenn y terminó olvidando en alguna parte de Kanto, estaba abrazando a un Togekiss, probablemente el de Dawn.
Crystal le había dicho sobre las aficiones del chico, que disfrutaba por admirar bellos Pokémon a donde quiera que fuera, y aquel Togekiss pareció haber captado su atención por completo pues no dejaba de decirle lo bello que se veía, y parecía que al Pokémon volador igual le gustaba el trato que recibía. Fue entonces que tuvo una idea.
Para Gold, la acción del chico de su misma edad era rara y ridícula, pero quizá a alguien como a él le gustaría ver a uno de sus Pokémon.
—¡Oye Ruby! — llamó al chico de gorro rojo mientras sacaba una de sus pokeball—¡Observa esto! ¡Sal Togetaro! —
Gold sacó al Pokémon de su pokeball, era su propio Togekiss, Togetaro, quien salió extendiendo sus alas lo más que pudo y colocándose frente a su entrenador.
Ruby miró al otro Togekiss, seguramente un macho. Tenía muchas diferencias que el de su prima, pero, sobre todo, tenía aquella mirada de picardía, una mirada que no había visto en ningún otro Pokémon, salvo en una persona, en el entrenador de aquel Togekiss.
—¿Y bien? —preguntó Gold— ¿Qué te parece? —
Ruby no dudó al dar su siguiente respuesta— no es tan lindo— y acto seguido, volvió a centrar su atención en la Togekiss que había estado abrazando.
Sin duda, Gold se sorprendió y destanteó al oír aquella respuesta tan rápida, y lo mismo le pasó a Togetaro, quien abrió los ojos más de lo que ya estaban, sorprendido por ello. No recibía muchos cumplidos exaltado su belleza, pero su ego, tan grande como el de su entrenador, le indicaba que no necesitaba recibirlos, pero el haber oído la resolución de aquel chico, luego de una sola mirada, se sitió extraño, casi siendo excluido.
—¿A qué te refieres? ¡Apenas y lo volteaste a ver! —
—y aquí vamos de nuevo— dijo Dawn para si misma, intuyendo lo que pasaría ahora.
Ruby volteó a ver al chico y señaló al Togekiss— sus alas están empolvadas, los triángulos de su pecho se ven asimétricos, no tiene elegancia al salir de su pokeball, y su mirada es rara, parece que te estoy mirando a ti en forma de Pokémon—
Nuevamente, la sorpresa golpeó a Gold nuevamente, y a Togetaro, pero, esta vez, el Pokémon se sintió furioso contra el chico de ojos rojos, tanto así, que lo primero que atinó a hacer fue atacarlo usando Tajo aéreo. Las ráfagas de viento que hicieron eco, se dirigieron directamente al chico y lo golpearon separándolo de la Togekiss y empujándolo mucho hacía atrás. ante el chico caído, Gold se burló y refunfuñó por su severa declaración, pero, ante su actitud, Crystal se encargó de controlarlo jalado de su oreja para que detuviera nuevos ataques hacía Ruby.
Ante todo esto, Dawn solo suspiró pues sabía que eso iba a pasar, nuevamente, Ruby fue atacado por abrir la boca de más, y Gold sufría una reprimenda por actuar de forma impulsiva, ella sabía que, si no enloquecía por el Rey, terminaría haciéndolo gracias a esos dos.
Era hora de partir, solo quedaba una cosa por hacer, algo importante para Red y para Gold, despedirse de Delia y Kimberly como siempre lo hacían antes de embarcarse en una nueva aventura.
—me gustaría que no fueran hijo— dijo Delia, para luego tomar a Red en un abrazo— pero sé que no hay nada que pueda hacerlos cambiar de opinión—
—estaremos bien mamá— respondió Red para consolarla— debemos hacerlo—
—lo sé. Pero quisiera que no fuese así— si Delia pudiera, sería ella quien terminaría con todo esto, arriesgándose para que sus hijos no tuvieran que pasar por una mala experiencia nuevamente.
Para una familia tan unida como lo eran los Ketchum, emitir afecto antes de separarse era importante pues era casi una promesa que debían volverse a ver. Y, aunque Ash y Red eran los más afectivos de entre los tres hermanos, a Gold no le desagradaba dicha acción, aunque por lo regular procuraba mostrar desagrado y más desapego que los otros dos, realmente disfrutaba despedirse de su familia con un afectivo abrazo.
—cuídense mucho— volvió a decirle, la señora, a su hijo más grande.
—sé que estarán bien— dijo Kimberly a su nieto de ojos dorados— son fuertes, pero no se confíen. Todavía no podemos dar por hecho su victoria—
Las muestras de afecto de Kimberly eran realmente raras, y más para con Gold. Las palabras recientemente dichas por ella, podía decirse que era lo más cercano a una bendición por su parte, los chicos que lo decía con la intención de animarlos y que confiaran severamente en el entrenamiento que recibieron, y a Gold nunca le había importado si ella mostraba algún tipo de sentimiento alguna vez, pero tampoco perdía la oportunidad de hacer bromas al respecto.
—¿así de simple? ¿No hay abrazos, Kimberly? — bromeó mientras extendía los brazos
Al momento que dijo eso, Kimberly golpeó el hombro del chico con su bastón, con tanta fuerza que él podía jurar que casi se lo rompe.
—no tientes a tu suerte. Todavía eres el menos favorito— dijo la señora severamente, pero con una sonrisa.
Finalmente, y antes que se hiciese más tarde, los chicos comenzaron a subir a sus Pokémon voladores. Y tal y como se dijo, Red y Blue irían juntos sobre el lomo de Zard. Al momento de subirse, Blue abrazó la cintura de Red, y el chico sintió un leve temblor en sus brazos, era de esperar. Red conocía todo sobre Blue, sabía que no era fácil atemorizarla, pero la historia era otra cuando se trataba de estar en el aire.
—no te preocupes. Zard será cuidadoso— dijo el chico a su compañera para tranquilizarla, a lo cual ella solo asintió.
El primero en despegar fue Zard, al ser tan grande y con una envergadura en las alas, mayor a las de un Charizard de tamaño promedio, requería de más espacio. Al alzar el vuelo, sus alas levantaron una gran cantidad de polvo del suelo, por lo que todos tuvieron que cubrirse sus ojos, excepto Gold quien solo bajó sus googles que tenía sobre la gorra. Cuando comenzaron a despegarse del suelo, Red sintió como el agarre de Blue se hizo más fuerte, al punto de causarle un problema al respirar, pero era algo que debería soportar durante todo el viaje. Por suerte, sabía cómo controlar su respiración en diferentes situaciones.
Una vez que Red se elevó y comenzó a dirigirse al monte Plateado, le siguió Gold y de allí Crystal. Ruby fue el último en salir, pero fue Dawn quien le dio la orden a Togekiss de elevarse y seguir al grupo.
Esta debería ser la última vez que los chicos se enfrente con aquel ser tan diabólico, luego de eso, sea cual sea el resultado, sus vidas y destinos quedarán marcadas por completo.
7
Ya había amanecido, aún faltaba unas horas más para que la enfermera Joy terminara su turno, pero ya comenzaba a haber conmoción en el centro Pokémon. Desde muy temprano, comenzaron a llegar unos cuantos entrenadores, luego esos cuántos se volvieron varios, y ahora tenía todo el centro Pokémon lleno. Entrenadores de todas las edades, de poblados cercanos o incluso de la misma ciudad, incluso personas de distintas profesiones y ajenas al mundo de los combates Pokémon estaban allí reunidos, y más gente seguía llegando al punto de estar amontonandose frente a la entrada, pronto iban a terminar rodeando el centro Pokémon cual horda de hambrientos.
—¿Que está pasando? ¿Qué ocurre ahora? — se preguntaba Joy.
Por lo regular en las noches atiende a pocas personas, algunos entrenadores desvelados, otros perdidos, algunos que requieren los videomisores, y uno que otro hambriento que quiere alguna golosina. Y de hecho, en toda la noche solo recibió a una sola persona, a aquel hombre de saco y sombrero azul que volvió al centro Pokémon, luego de estar un par de horas sin encontrar el hotel que ella le dijo. Aunque la dirección no era difícil de recordar y el hotel estaba cerca, el hombre, simplemente no lo encontró, por lo que volvió con ella. Al final, Joy le permitió quedarse en una habitación, después de todo, el centro Pokémon había estado sin inquilinos durante esa noche, hasta ese momento.
Luego de su llegada, comenzó a llegar las demás personas al recinto, manteniéndola ocupada como nunca antes. Entre sanar a los Pokémon, limpiar el desorden, organizar las llamadas de los videomisores, la enfermera Joy no había encontrado un descanso, y de hecho, no había terminado de leer la revista que había tomado la noche anterior.
—¡A un lado! — se oyó una voz femenina con rudeza y autoridad— por favor— y después, esa voz femenina cambió de tono a uno más sereno.
Entre la multitud, se hacía camino la oficial Jenny, encargada del orden y seguridad de la ciudad, y amiga de la enfermera Joy. Cabe destacar que, al verla, la enfermera sintió un alivio pues quizá ella sabía que estaba ocurriendo.
— te veo muy ocupada— intentó bromear la oficial de cabellera celeste, pero no dejaba su mismo tono de seriedad.
—¿Qué es lo que está ocurriendo, Jenny? — preguntó, inmediatamente, la chica de cabellera rosa, ignorando el comentario de la oficial— nunca había visto tal concentración de gente—
—¿Acaso no lo sabes? — ante esto, la respuesta de Hoy fue girar la cabeza para responder negativamente— Durante toda la mañana ha habido rumores de un maestro Pokémon merodeando por las calles de la ciudad—
La enfermera Joy se sorprendió por tal revelación— ¿Un maestro Pokémon? ¿Aquí? —
¿Un entrenador Pokémon de esa categoría? ¿Alguno de la elite Four de Sinnoh? ¿O incluso la misma campeona, Cynthia? Eran las preguntas que Joy se hacía, y la única respuesta del porque estaba allí, podría ser por una importante batalla, después de todo, el estadio en el gimnasio Pokémon de la ciudad, se prestaba para esos eventos. O quizá, aquel entrenador del que todo mundo hablaba, estaba allí para retar a Volkner, el denominado líder de gimnasio más fuerte en Sinnoh, cuyas habilidades están al mismo nivel que cualquier miembro de la elite four.
La oficial Jenny asintió— y al parecer, la última vez que lo vieron fue entrando aquí—
Nuevamente, Joy volvió a sorprenderse— ¿Aquí? Imposible. En toda la noche, solo recibí a una sola persona—
Y después que llegara aquel hombre, toda aquella locura se desató. ¿Acaso aquel hombre tenía algo que ver con aquellos rumores? Pareciera ser un entrenador, solo ellos poseen seis Pokémon y entre ellos tenía Pokémon difíciles de entrenar como Salamance, Gyarados y un Dusknoir. Pero su apariencia no parecía ser la de un entrenador como muchos otros.
—¡allí está! —
Alguien gritó y cuando la enfermera Joy volteó, todos volteaban a ver al televisor, el cual transmitía un combate Pokémon.
—mira— dijo la oficial Jenny— precisamente, allí está en la televisión—
El combate era la grabación de uno que había ocurrido no hacía mucho tiempo, y uno de los entrenadores vestía de saco gris oscuro al igual que el pantalón, y una camisa rojo como el vino, con un sombrero con el mismo tono rojo, y una barba acortada y acomodada. aquel hombre era el mismo que llegó al centro Pokémon la noche anterior.
—¿Ese es? — preguntó la enfermera Joy, las sorpresas no acababan para ella, pues aquel hombre, era el mismo que había llegado la noche anterior.
Era difícil de creer pues aquel sujeto tan amable y tan despistado para seguir una simple dirección, era el causante que toda esa multitud de personas se hayan reunido en el centro Pokémon, solo para verlo.
—¿Él es el maestro Pokémon del que todos hablan? —
La oficial Jenny asintió— dicen que anoche estuvo por todas las calles de la ciudad, pero nadie sabe por qué está aquí. algunos creen que estaba evaluando el lugar de su siguiente enfrentamiento. Quizá puede que tengamos un importante combate aquí, muy pronto —
Joy sabía la verdadera razón, estuvo un par de horas buscando el hotel al que ella le había indicado, y probablemente, estuvo igual un par de horas, vagando antes de llegar al centro Pokémon.
La enfermera Joy buscó su bitácora de recepción, buscando el único nombre que se registró para poder quedarse a dormir esa noche. D. Ketchum, era el nombre de aquel hombre. Al ver aquel apellido, Joy se detuvo a pensar un momento— ¿Ketchum? ¿Dónde lo habré escuchado antes? —
Jenny se fijó en la revista que la enfermera había estado leyendo, ella sabía que cada noche tenía una lectura diferente, pero esa vez, precisamente esa vez, tenía una relacionada al maestro Pokémon del que hablaban— creo que deberías prestar más atención a lo que lees—
La enfermera Joy vio cómo su amiga le señalaba hacia la revista que había estado leyendo, o más bien, había estado tratando de leer. Al verla con más detenimiento, supo lo que quiso decir. En la portada, se podía leer con grandes letras "ASH KETCHUM, EL NUEVO CAMPEON DE LA CONFERENCIA DEL VALLE LILY."
La enfermera tomó la revista y miró con más detenimiento al chico de la portada. Sin duda era su misma mirada, sus mismas cejas, y su sonrisa, un poco diferente, pero sin duda se asemejaba al de aquel hombre. Ella abrió la revista y buscó la nota. El chico tenía un largo historia como entrenador, muchos triunfos y derrotas, y no solo eso, la nota igual relataba que él contaba con otros dos hermanos, y estaba segura que a ellos igual los había visto en alguna otra revista que haya leído antes, o quizá en algún combate transmitido por televisión.
Al ver el rostro de los otros dos hermanos de Ash Ketchum, notó las similitudes entre ellos y aquel hombre. Los tres eran diferentes y a la vez se asemejaban mucho, y si juntaba algunas características de cada uno, podía ver el mismo rostro de aquel hombre de apellido Ketchum, sin duda, esos tres chicos entrenadores, campeones en diferentes regiones, eran hijos de aquel maestro Pokémon.
Era increíble, ¿Por qué había pasado por alto aquel detalle? ¿Por qué no encontró la relación entre aquel hombre y el chico de la portada de su revista? Después de todo, allí tenía su apellido escrito y nunca intentó relacionarlos. Quizá Jenny tenía razón y debía prestar más atención a lo que leía, o hacía.
