Capítulo 30

1

Justo como se lo dijo Gold, Dawn llevó consigo un globo de helio para Ash, pues aparentemente lo pidió. La señora Delia y Kimberly irían después de entregar su habitación en el hotel de ciudad Plateada, y después irse de regreso a Pueblo Paleta, pero junto al chico de gorra roja.

—¿Crees que se moleste por el diseño? — preguntó a su Piplup, a quien cargaba en brazos, luego de darle un vistazo al globo que le llevaba a Ash. Un globo de helio tan grande como un Voltorb de color rosa, con las palabras "deseamos te recuperes" en letras azules brillantes y con las pegatinas de la cabeza de un Snubbull sonriente y un Jigglypuff igual de sonriente— Sé que el rosa no le gusta, pero se veía tan bonito— era igual a Ruby, si veía algo lindo y adorable, no se resistía a tenerlo, aunque el globo fuera para su amigo.

Al llegar al hospital, no le recibió aquel Absol que había estado cuidando la entrada del hospital. Aunque, quizá entró a la habitación de su entrenador.

Al llegar a la habitación de su amigo, grata sorpresa, y realmente una sorpresa, pues Ash estaba sentado en su cama con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Al lado suyo, estaba Pikachu tratando de empatizar con su frustración.

—increíble. Creí que ya te habías ido— dijo Dawn bromeando.

—Red y Gold se aseguraron que no fuera— contestó Ash, molesto, y Dawn no supo sí lo dijo de forma irónica o no había entendido el sarcasmo.

Ash volteó a ver a la chica, y miró el globo de helio que llevaba consigo— ¿No crees que es mucho rosa? — le preguntó.

Dawn se acercó a Ash—deberías agradecer que decidí gastar dinero en algo bonito para ti— y le entregó el globo.

Ash recibió el globo, pero permaneció aún cayado, lo cual era raro para la coordinadora, considerando que siempre tenía algo que decir. Quizá estaba tan enfadado por no haber podido ir a buscar al Rey, que eso disminuyó su tan acostumbrado buen humor. Ya había pasado antes, luego de su batalla en el lago agudeza.

—¿Y bien? ¿Para que querías un globo? —

Ash le dio el globo a Pikachu, al pequeño roedor desde siempre le habían fascinado aquellos objetos, quizá tenía un pequeño deseo secreto de poder volar, después de todo, siempre disfrutó volar sobre la espalda de los Pokémon voladores. Ash se levantó y estiró un poco los brazos.

— te responderé en un segundo. Por ahora debemos irnos—

Justo como ella lo supuso, Ash solo había esperado a que todos se fueran para escabullirse nuevamente.

—¡No! — le dijo rápidamente antes que Ash se echara a andar, y dejando a Piplup al lado de Pikachu— no puedes volver a irte así porque así. Todavía debes descansar aquí y evitar los problemas—

—tranquila— le dijo Ash— iremos al techo. Ya he estado allí. Ya estoy mejor, por eso la enfermera no volverá hasta que llegue mi mamá y firme para que me pueda ir. Vamos, necesito aire fresco—

Ash se dirigió a la puerta, y Pikachu saltó de la cama, y por el globo de helio descendió al suelo muy lentamente. Al ver eso, Piplup también quiso intentarlo, pues Pikachu pareció volar. El Pokémon azul, igual bajó de la cama y siguió a Pikachu esperando poder tomar el globo, igual.

Dawn no creía que fuese buena idea que el chico saliera de la habitación, pero tenía un poco de intriga en lo que pasaba por su cabeza. Quizá debería seguirle la corriente. Quizá tenía razón y debía estar en un espacio abierto, después de todo, ya era sabido que detestaba aquel lugar. Quizá, si él trataba de escapar, ella podría detenerlo. Y, quizá, debería dejar de pensar y seguirlo pues él estaba cruzando la puerta.

Dawn iba a seguirlo, pero antes de eso volteó a ver detrás suyo. Solo fue una acción realizada por inercia, pero vio en la cómoda los guantes de su amigo, seguía sin ponérselos. Ella se apresuró en tomarlos y guardarlos en su maleta, quizá los querría en otro momento.

Subieron los pisos del hospital hasta cruzar por una puerta para llegar al techo. Durante el camino, Ash parecía querer escabullirse sigilosamente por entre los pasillos, como si temiera a que lo vieran y lo regresaran a su habitación, quizá no era tan libre de salir como lo había dicho anteriormente. O quizá, solo quería sentir la emoción de ser como un personaje de las series de televisión que acostumbraba a ver.

—bien. Es hora— dijo el chico sacando una pokeball de su cinturón—¡Metagross! ¡Sal! —

De la pokeball salió un Pokémon de color plateado con cuatro patas que sostenían su enorme cuerpo/cabeza. En medio de su rostro tenía un par de placas doradas formando una "x" y al final de sus patas, sus garras igual eran doradas.

Metagross pareció feliz de ver a la chica pues pareció sonreírle, bueno, si su rostro de acero pudiera gesticular lo suficiente, parecería estar sonriendo. Ash había usado a aquel Pokémon durante la liga Sinnoh, y sin duda demostró ser de los Pokémon más fuertes en el equipo del chico aquella vez.

Aquel inusual Pokémon, fue visto por primera vez, por Ash, cuando este estaba en Hoenn y el Pokémon era un Beldum de colores brillantes. Recién llegado a la región, el entrenador se dispuso a encontrar a algún Pokémon salvaje el cual pudiese encontrar, y para su buena suerte, encontró a aquel inusual Pokémon, vagando sin rumbo alguno, solo parecía preocupado por flotar y moverse. Al querer capturarlo, Ash se dio cuenta que no era un Pokémon cuya mente se desvanecía como le pasa a un Slowpoke, sino que igual tenía un gran potencial en batalla, y lo demostró venciendo a Pikachu, el único Pokémon con el que contaba.

Tiempo después, ya con Taillow y Treeko en su equipo, volvió a encontrárselo, y al enterarse que todos en la zona donde estaba, conocían a Beldum, y nadie había podido capturarlo, su entusiasmo por tenerlo era aún mayor, hasta que logró capturarlo a pesar de no contar con un Pokémon que tuviese ventaja sobre él. Tiempo después, al ir evolucionando, su inteligencia fue aumentando. Como Metang, pudiese ser un poco bruto en combate, pero sin duda, acataba las ordenes mucho mejor y era más fuerte que otros Metang, y cuando finalmente alcanzó a ser un Metagross, se convirtió en uno de los Pokémon más fuertes e inteligentes que Ash alguna vez haya tenido. A veces, el chico se preguntaba, si acaso aquel Pokémon suyo, podría llegar a una nueva etapa donde su poder e inteligencia se incrementarían aún más.

—¡Metagross! — dijo Dawn sorprendida de ver al Pokémon de acero con un color diferente al habitual. Ella se acercó al Pokémon y posó su mano sobre las placas doradas— no te veía desde la conferencia en el Valle Lily—

La primera vez que ella vio a Metagross, cuando Ash lo usó para su encuentro con Tobías en la conferencia del Valle Lily, y de hecho, lo había mencionado luego de un incidente entre un Metagross de colores normales que luchaba ferozmente con un Magnezone. Ese día del combate, ella quedó fascinada por sus colores brillantes que opacaban por completo a los Metagross de color azul que había visto en otras ocasiones. De hecho, luego de conocerlo, sintió celos de Ash pues él tenía dos Pokémon de colores brillantes y ella aún seguía en la búsqueda de uno. Si su primo viera aquel Metagross, igual sentiría envidia de su mejor amigo, pues igual ya había mostrado un gran interés en su Absol.

Pero, a pesar de disfrutar volver a ver a aquel Pokémon de acero, Dawn se preguntó el porqué estaba allí.

—¿Un momento? Creí que solo tenías contigo a Pikachu y a Absol. ¿Cómo fue que llegó Metagross aquí? ¿Dónde está Absol? —

El viento sopló levemente, e hizo que el globo se moviera a un lado, y Pikachu, al no querer soltarlo casi es levantado del piso, por lo menos, Piplup se apresuró en tomarlo de la pata para evitar que se fuera volando junto al globo.

—envié a Absol con el profesor Oak esta mañana y lo intercambié por Metagross— dijo el chico, tomando el globo de las manos de Pikachu y acercándose a Metagross— él necesitaba salir del Rancho y batallar un poco—

Ash se agachó junto a Metagross, y comenzó a colocar el globo de helio debajo del enorme cuerpo de Metagross.

—¿Cuándo hiciste eso? — preguntó la coordinadora.

—cuando nadie estaba viendo— dijo Ash con una sonrisa maliciosa. Cierto. Al chico le gustaba creerse una especie de "ninja" o "agente en cubierto"— listo—

El chico se alejó un poco de Metagross, y en ese momento, el Pokémon posicionó sus cuatro patas mirando a su centro y comenzó a levitar. No era sorpresa, después de todo, con su poder psíquico, Metagross lograba despegar su pesado cuerpo del suelo, así como lo hace un Alakazam o un Medichan. Pero esta vez, levitaba por otra razón.

—listo. Ahora con el globo, ningún ataque tipo tierra le afectará—

—¿Para eso querías el globo? —

Ash asintió— el acero es débil contra la tierra, y a veces Metagross no alcanza a levitar por si mismo con rapidez, así que el globo le ayuda a hacerlo—

Dawn quedó sorprendida que un simple globo rosa pudiera levantar media tonelada de acero. Pero, se dio cuenta que su amigo podría estar planeando volver a escaparse.

—un momento, Ash Ketchum— volteó a ver a su amigo, mirándolo seriamente— Parece que te estás preparando para una batalla ¿Que planeas? —

Ash le sonrió, y Dawn sabía que aquella sonrisa, siempre salía a relucir cuando Ash confiaba que sus objetivos estarían por cumplirse, y esto encendió una especie de alarma en la joven coordinadora.

—¡Ah no! ¡no creas que no sé en lo que estás pensando Ash! —dijo la chica molesta— sé que estuviste esperando a que los demás se fueran para irte justo después sin que nadie más se entere—

—como si me hubieses leído la mente. Parece que es cierto que estamos más sincronizados de lo que parece— Ash pensó rápidamente en casos similares, con Blue y Red, pues ellos eran tan unidos que, prácticamente, uno llegaba a pensar en lo mismo que el otro. Quizá, Dawn y él eran tan unidos como su hermano y Blue.

—¡ni creas que voy a encubrirte esta vez! —sentenció la chica.

—¿A qué te refieres? Necesito tu ayuda en esto— y Ash quedó consternado por la respuesta de la chica.

Dawn se posicionó firme y colocando sus manos a los lados de su cadera— necesitas mi ayuda para tu recuperación, no para ayudarte a escapar del hospital por segunda vez—

—Sabes que tengo que hacerlo. Esto podría salir mal si no hago algo—

Dawn ahora se cruzó de brazos—no voy a acompañarte a una peligrosa misión cuando recién acabas de recuperarte, es una idea ridícula—

—bueno… tampoco se suponía que vinieras conmigo— confesó el chico de la gorra roja.

Al oír las verdaderas intenciones de su amigo, Dawn quedó sorprendida por completo pues no esperaba que esa fuera su intención— ¿Ni si quiera me habías contemplado para tu nueva locura? — no sé iba a poner a debatir consigo misma sobre que era peor, que Ash quisiera irse nuevamente, o que él había desarrollado todo ese plan sin siquiera pensar en ella— ¡Y yo pensaba que mi primo era egoísta! —

—¡No voy a dejar que te metas en más riesgos innecesarios! —respondió Ash enfadado luego de la alteración de su amiga.

—¡Pues lamento decirte que ya estoy tan implicada, como tú, en esto! ¡Estuve dispuesta a dar la vida solo para recuperarte! —

La conversación terminó en discusión. Los tres Pokémon, alrededor de los dos chicos, se quedaron mirando a ambos chicos, y Pikachu y Piplup, luego de compartir una mirada, suspiraron. Habían creído que ellos habían dejado aquellas peleas desde hacía ya mucho tiempo, realmente, cuando ambos se conocieron era muy común verlos discutir, pues sus ideas no concordaban, y eran Pikachu y Piplup quienes tenían que calmarlos. Creyeron que habían dejado aquellas discusiones atrás, pero al parecer, en ciertas circunstancias podían volver a tenerlas. Pikachu, al verlos, pensó que discutían como lo hacían Gold y Crystal, aunque, regularmente ignoraba sus discusiones.

—además. ¿Cómo pretendes irte? No llegarás hoy yéndote a pie al monte Plateado—

Ash se cruzó de brazos y desvío la mirada de la chica— ya tengo eso arreglado—

—¿Se puede saber cómo? — dijo Dawn con sarcasmo— porque estoy segura que Metagross no sabe usar vuelo, y no creo que a Pikachu le salgan alas para que puedas irte volando hacía allá—

—claro que no— respondió Ash— para eso, he pedido ayuda—

—ya te dije que no te ayudaré en esto. Además, le he dado mi Togekiss a Ruby, no hay forma de irnos—

—no me refería a ti—

Aunque la discusión continuó, Pikachu pudo escuchar algo gracias a sus grandes orejas, el sonido de unas alas batiéndose a lo lejos. Al ver de dónde provenía el sonido, llamó la atención de su entrenador y la chica.

Tanto Ash como Dawn voltearon a ver al Pokémon amarillo, y al voltear a ver a dónde él les señalaba, Ash supo lo que su amigo había visto— y allí viene la ayuda que solicité— dijo mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro.

Con frecuencia, los dragones son considerados como los Pokémon más fuertes. Algunos son tan temibles, que para hacerte de uno debes ganarte su confianza primero, y Ash se ganó la confianza de dos, de Gible, quien podría evolucionar en Garpchomp, y tenía a Flygon, el Pokémon más grande y el segundo más poderoso de la región de Hoenn (sin ser Pokémon mítico o legendario).

El Pokémon voló con rapidez hacia su entrenador y se colocó frente a él para rozar su cabeza, redonda con dos largos cuernos verdes, con el cuerpo de su entrenador.

—tranquilo Flygon. A mí también me da gusto verte amigo— dijo Ash entre pequeñas carcajadas, pues la muestra de afecto de Flygon le producía cosquillas.

—Dawn— dijo Ash a la coordinadora— este es Flygon. Somos amigos desde el incidente en Hoenn—

Dawn asintió— si, me has contado— luego volteó a ver al Pokémon y le sonrió— mucho gusto, soy Dawn— y Flygon le sonrió, parecía que fue muy fácil ganarse su confianza. Algo tocó el tobillo de la chica, era Piplup, quien también quería saludar al Pokémon verde. La chica lo tomó y lo levantó frente a Flygon— y este pequeñín es Piplup— el Pokémon azul saludó enérgicamente y el Flygon igual le sonrió, luego frotó su cabeza con el pequeño cuerpo del ave.

Dawn quedó sorprendida. Ash le había dicho sobre su Pokémon dragón, pero jamás imaginó que fuese tan afectivo como un cachorro de Growlithe, de hecho, parecía ser mucho más afectivo que el pequeño canino de tipo fuego. Igual pensó que no conocía muy bien el comportamiento de los Pokémon dragón, puesto que no había conocido a ningún entrenador con un dragón, antes. Hasta que conoció a Ash, pues parecía que aquellos imponentes seres de comportamiento agresivo y mortales ataques, podían ser afectuosos y lindos como Flygon o como el Dragonite de Gold.

—bien. Ya es hora de irnos—

—un segundo. Te dije que no vas a ir—

Nuevamente, la discusión parecía florecer entre ellos. Y ambos lados estaban completamente definidos, tanto así, que Ash creyó que podría despistar a la chica si Pikachu subía a su hombro, él montaba a Flygon rápidamente y este emprendía el vuelo sin que ella pudiera hacer nada para detenerlo. Pero no contó con que ella lo abrazaría desde la espalda solo para desequilibrarlo y evitar que se subiera.

—¡Oye! ¿Qué estás haciendo? — reclamó Ash a la chica, cuando casi cae al suelo antes de subirse al lomo de Flygon.

—¡No me vas a dejar discutiendo sola! ¿Dónde está tu caballerosidad? —

Ambos chicos forcejeaban, Ash trataba de subirse al lomo de Flygon, pero la chica siempre lo jalaba hacia atrás para evitarlo. Sus dos Pokémon, que medían menos de 50 cm estaban mirando la escena con cierto deje de pena, por el comportamiento, un tanto infantil de sus entrenadores. En algún momento, pensaron usar una combinación de impactrueno y rayo burbuja, pero decidieron no hacerlo y esperar a que maduraran o se cansaran, lo que ocurriera primero.

Por su parte, Metagross analizaba la situación, decían que su cerebro era una super computadora, y que podía resolver cualquier problema incluso si estos eran conflictos humanos. No conocía bien el comportamiento de la chica, pero sí el de su entrenador, y sabía que pronto olvidaría el motivo de la discusión una vez que algo nuevo ocurriese, y esperaba que con la chica fuese similar, pues ambos eran casi idénticos en personalidad. Así que, actuó de inmediato.

En medio de la discusión, Ash y Dawn comenzaron a sentirse livianos y que sus pies abandonaban el piso, al voltear a ver sus piernas, se dieron cuenta que estaban flotando en el aire, mientras eran envueltos por una pequeña aura de color azul celeste. El aura igual cubrió a Pikachu y a Piplup, y, aunque estaban sorprendidos, todos sabían que era obra de Metagross con sus grandes poderes psíquicos.

Ambos chicos fueron subidos al lomo de Flygon, y sus Pokémon colocados en sus brazos. Flygon tampoco esperó ningún momento para comenzar a batir las alas y elevarse. Los chicos casi pierden el equilibrio, así que se sujetaron con fuerza para evitar caer, pues el Pokémon alado comenzaba a despegarse cada vez más del suelo.

—¡Espera un segundo! — dijo Ash, sacando rápidamente su pokeball y llamando a Metagross dentro de ella.

—¡hay que bajar! — dijo Dawn al ver que Ash terminaría saliéndose con la suya si no hacía algo—¡Última advertencia Ash Ketchum! —

—¡Muy tarde! — dijo Ash rápidamente— ¡Sujétate! —

Flygon podía volar casi tan rápido como un Latios, de hecho, era de los Pokémon más rápidos que el último de los Ketchum poseía. Por ende, confiaba con que alcanzaría a sus hermanos y amigos pronto.

2

Había sido una mañana, un poco "interesante" para la enfermera Joy de ciudad Marina. Llevaba bastante tiempo en su puesto como enfermera, y había visto muchas cosas raras, tales como el día que unos ladrones arrancaron al gimnasio de la ciudad de sus cimientos y trataron de llevársela. Pero este día, era casi tan raro como ese.

—no puedo creerlo. Es increíble— decía la enfermera con tono molesto mientras recorría el pasillo del centro Pokémon hasta la recepción.

La noche anterior, la enfermera había recibido a un peculiar huésped. Un maestro Pokémon como pocas veces habían llegado a la ciudad, y la noticia había emocionado a todos los habitantes de ciudad Marina. Y se quedó allí gracias a su mal sentido de la orientación que lo hizo volver al centro Pokémon luego de no encontrar el hotel de la ciudad y un lugar donde comer. La enfermera ya había pasado por situaciones así, ya había tenido huéspedes a altas horas de la noche y por lo regular no representaban una molestia, por eso le gustaba el turno nocturno pues no significaba problemas para ella. Y la visita del señor Ketchum no fue la excepción a la regla.

No le causó molestia alguna, de hecho, las únicas veces que lo atendió fue para entregarle toallas limpias y algo que cenar la noche anterior, y que desayunar en la mañana. Pero la enfermera Joy estaba molesta gracias a él, el por qué estaba allí.

Cuando la enfermera llegó a la recepción, vio que la oficial Jenny y un par de oficiales más estaban fuera del centro Pokémon, manteniendo el orden entre la multitud de personas que habían llegado al centro Pokémon solo a ver a semejante personalidad. El lugar estaba lleno de personas en la madrugada, pero ahora solo quedaba ella pues Jenny había decidido que todos salieran del centro para dar espacio al maestro Pokémon. Aunque, la enfermera Joy estaba segura que el señor D. Ketchum ni siquiera se había enterado que hubo una multitud esperándolo.

—necesito solo un minuto. Solo eso—

La enfermera debía mantenerse en su puesto, detrás del mostrador para recibir a cualquier persona que tenga a un Pokémon herido o enfermo y necesitaba ser atendido, pero en ese momento no quería saber de nada y nadie en lo absoluto, por lo que decidió tomar un pequeño descanso en una habitación de reposo detrás de la recepción. Nadie entraría por el momento, la oficial Jenny y los otros oficiales estaban evitando que las personas entraran, si alguien tendría a su Pokémon enfermo y no lo dejarían entrar, y para ser honesta, lo que quería ahora era un minuto a solas con sus pensamientos y disgustos.

—debo descansar. Fue demasiada emoción de anoche, solo para terminar decepcionada—

Aquella habitación tenía una cama pequeña para que pudiese descansar, igual que una mesa para su almuerzo y un videomisor que ella podía usar. Pocas eran las veces que permitía que alguien más usara aquel videomisor, pero hizo una excepción hace una hora, pues su huésped, D. Ketchum, iba a usar uno, y para evitar que el tumulto de personas lo vieran en la recepción donde estaban los demás videomisores, y así lo molestaran al momento de hacer su llamada, la enfermera le prestó el de la pequeña habitación para que tuviese privacidad. Pero a pesar de eso, y que la enfermera salió de la habitación, ella no pudo evitar escuchar un poco de la conversación de aquel hombre.

"Se suponía que debías estar aquí. ¿Acaso volviste a perderte?"

Del otro lado de la puerta se oyó que el señor Ketchum hablaba con una voz femenina, aunque la enfermera no conocía nada de aquel hombre, presentía que era su esposa, debía serlo, después de todo tenía tres hijos. Y por le tono de voz que ella usaba, debía estar muy molesta con él por algo.

"¿Terminaste en dónde? ¡No puedo creerlo!"

La conversación era un tanto extraña, pues lo que ella reclamaba era la razón del porqué él no había vuelto aún a su hogar. Parecía que habían tenido esta conversación antes pues ella mencionaba otras ocasiones donde ocurrió lo mismo, y él se oía más sereno tratando de tranquilizarla pero a la vez, como si supiera que palabras usar y cuanta prudencia tener. La vida de matrimonio podía volver a ser rutinaria y saber exactamente lo que pensaba tu pareja, eso pensó la enfermera.

Conforme iba avanzando la conversación, la enfermera Joy se fue enterando de los motivos del entrenador para estar allí, y no era otra cosa que el simple hecho de haber tomado la dirección equivocada hacía su hogar y haber llegado a ciudad Marina por casualidad, como hubiese llegado a ciudad Pradera, como hubiese llegado a Johto o incluso al otro lado del mundo, pareciera que fue una mera casualidad que terminara allí.

"El mejor entrenador del mundo… y con el peor sentido de la dirección que existe. Te necesitamos aquí ahora mismo. Yo y tus hijos te necesitamos"

Fueron las últimas palabras de la mujer, antes que su esposo le respondiera, igual por última vez.

"Saldré de aquí en cuanto antes"

Fueron las últimas palabras del hombre antes de colgar la llamada. Y de eso, ya hace una hora. Una vez que terminó la conversación, el hombre volvió a su habitación y Joy le llevó sus pokeball con sus Pokémon después, trabajo del cual había vuelto, pero con desanimo.

La enfermera Joy estaba desilusionada, y avergonzada de si misma por haber pensado lo mismo que el resto de personas y haber creído que tan importante hombre había llegado por un importante reto a la ciudad. El maestro Pokémon, Ketchum, no había llegado a ciudad Marina porque quisiese un enfrentamiento con el líder, ni tampoco iba a llegar la campeona Cinthya, ni mucho menos había llegado a probar la deliciosa comida de la ciudad, había perdido su rumbo y había llegado allí por un mero accidente, hubiese dado igual si hubiese llegado a otra ciudad, solo fue un mero accidente.

Ahora, solo iba a tomar a sus Pokémon, despedirse e irse pronto, lejos y rápido hacía su destino original y lejos de la ciudad que por una noche lo acogió. Quizá ni siquiera se despida, es tan despistado que quizá olvidó que alguien lo estuvo atendiendo toda la noche.

Sin duda, era una desilusión, pues, todas aquellas personas esperaban una muestra de sus habilidades con un combate, y ahora, ¿Quién va a explicarles que él solo perdió el camino a casa?