Capítulo 34

1

—¡Froslass! ¡Usa ventisca! — ordenó Dawn a su Pokémon que se ocultaba detrás de Metagross, al cual usaba como escudo pues el Pokémon más grande estaba ocupado usando psíquico para detener el ataque de tumba rocas que Torterra había lanzado hacia ellos. Si esas rocas golpeaban a la Pokémon femenina, está quedaría fuera del combate.

El pesado Pokémon de acero, con muy pocas derrotas en su historial, debía usar todo su poder para contrarrestar el ataque tipo roca, pues los proyectiles no retrocedían sino al contrario, estos parecían esforzarse cada vez más por avanzar. A Metagross no le preocupaba que unas simples rocas pudiesen herirlo, él sabía que podía resistir los golpes. Pero lo que le mantenía agobiado era aquella extraño aura negra que cubría las rocas. Por lo regular, esos movimientos salen directamente de las paredes o la tierra, pero estos parecían ser movidos por aquella aura.

Aquella aura proporcionaba un poder mucho mayor al que se causaría con regularidad. De hecho, sus ataques tipo psíquico parecían tener muy poco efecto contra aquellas rocas y todo aquel proyectil que esté rodeada por esa aura. Por lo regular, su poder psíquico, uno de los más poderosos en cuatro regiones, era tan poderoso como para detener en seco cualquier proyectil o a cualquier Pokémon, pero estos, en particular, parecían ser inmunes a sus ataques. Él sabía que solo había un tipo de Pokémon que eran inmunes a sus ataques, los del tipo siniestro, pero se suponía que aquellos Pokémon no poseían características similares a esas.

Froslass salió de detrás de Metagross, y en ese momento, el Pokémon de acero no logró contener por más tiempo las rocas que Torterra había lanzado, por lo que las rocas impactaron sobre él. Normalmente, aquellas rocas no le afectarían a Metagross, pero aquella aura siniestra fue lo que lo hirió.

De la boca del Pokémon fantasma salió una enorme cantidad de nieve que era impulsada por un viento helado. Tanto para Torterra como para Gible, el hielo debía afectarles demasiado como para acabar con sus energías y tener que dejarlos fuera de combate, pero no parecía que estos dos Pokémon fuesen a caer. Pareciera que se resistían a rendirse a pesar de su debilidad ante el ataque.

Dawn había visto aquella lealtad en los Pokémon de Ash, anteriormente. Ellos se resistían a fracasar con tal de ayudar a su entrenador a ser el vencedor, pero igual llegaban a un límite de aguante. En este caso, ellos parecían haber llegado a dicho límite de aguante, pero no iban a caer por más cansados que estuviesen. El Rey usaba su influencia sobre ellos para que sobrepasaran sus límites.

De entre ellos, Buizel podía resistir mejor el hielo, por lo que no salía tan afectado como los otros dos Pokémon. El mamífero comenzó a rodearse de agua y saltó, el agua comenzó a impulsarlo desde su punto con dirección a Froslass mientras agitaba su cola como una hélice. Estaba usando aqua jet. Con el viento helado y la nieve que Froslass lanzaba, comenzaba a formar una ligera capa de hielo alrededor del Pokémon, casi como lo que pasó cuando Ash combatió contra el Gastrodon de Paul.

—¡Piplup! ¡Usa picotazo contra Buizel! —

El pequeño pico del pequeño pingüino creció y creció hasta que alcanzó un tamaño parecido al cuerno de un Rhyperior. Fue cuando se apresuró en alcanzar al Buizel que se dirigía a Froslass. Logró interceptar al Pokémon anaranjado, y romper el hielo que lo rodeaba, por el impacto, Buizel retrocedió, pero eso no significaba la rendición del Pokémon.

Luego de caer sobre su espalda, el Pokémon volvió a levantarse e hizo que sus dos colas giraran con sincronía. Rápidamente, sus colas fueron rodeadas con agua, de la misma forma que lo hizo su cuerpo. El mamífero se dirigió hacía Piplup, y de un salto giró su cuerpo y golpeó a Piplup con una de sus colas, y después con otras. Parecía un ataque combinado entre aqua cola y doble bofetón.

Al ver que el pequeño Pokémon estaba en problemas, Froslass dejó de usar ventisca y se apresuró en auxiliar a Piplup. En su equipo, Dawn poseía a dos Pokémon que se preocupaban por cuidar de los más pequeños e indefensos, una de ellas era Froslass y la otra era Togekiss. Aunque el segundo mencionado lo hacía por una especie de instinto maternal, la Pokémon tipo hielo lo hacía por temor a perder a un amigo.

Era la primera vez que Dawn tenía un combate triple, había oído de ellos pero nunca había tenido uno. Ya de por sí, coordinar a dos Pokémon era un reto, intentarlo con tres necesitaba dividir su atención en tres partes y que funcionen perfectamente. Se suponía que un combate así debería serle divertido una nueva manera de mejorar sus habilidades, pero en esos momentos, donde no podía darse el lujo de fallar, y dónde no parecía aventajar porque no sabía, con exactitud, contra que fuerza estaba batallando, pues a pesar de todos los ataques que ha acertado, los Pokémon rivales no daban indicio de caer derrotados pronto, contrario a sus Pokémon, que parecían más cansados.

La chica tuvo que ver cómo Froslass usó bola sombra para deshacerse de buizel y que dejara de atacar a Piplup, pero como consecuencia se vio afectada por el movimiento mordisco de gible, quien se acercó con voracidad a la Pokémon tipo fantasma. Fue un golpe fulminante para ella, uno que la envío al suelo y apunto de quedar fuera del combate, luego de lo ocurrido en el bosque verde, a Dawn le quedó claro que la influencia del Rey provocaba que los golpes de los Pokémon fueran más fuertes todavía.

No sabía cuánto más podría aguantar. No sabía si iba a ganar. Ni siquiera sabía que esperar. Si Ash encontraba al rey, ¿Cuánto demoraría en vencerlo? ¿Qué pasaría después? Cuando Ash recuperó el control de su cuerpo en el bosque Verde, Infernape y Saur se detuvieron, quizá ocurriría algo similar, pero no sabía si actuarían mansamente, o volverían a atacar, confundidos o que algún resquicio del aura oscura quedara en ellos.

Siendo optimista, solo tendría que resistir un poco más, pero por otro lado, la mayor intriga persistía ¿Cómo pretendía Ash vencer al Rey? ¿Y qué haría con aquel ser si eso pasara? Solo le quedaba la esperanza que su mejor amigo no se equivocara, porque está iba a ser la última oportunidad que había para deshacerse del Rey o que él se deshiciera de ellos. Pero justo cuando Dawn pensó que aquellos Pokémon no se detendría, lo hicieron de pronto y muy extrañamente.

Por un momento, los Pokémon de Ash comenzaron a estremecerse, casi parecían estar convulsionando. Gruñeron como si fuesen lesionados. Dawn lo sabía, ellos actuaban por como el Rey de pokelantis les indicaba, si el Rey dejaba de actuar ellos se detenían, y si el Rey sufría ellos también. Por lo que, lo más lógico a pensar, fue que Ash se estaba enfrentando al Rey.

Esa era la mejor oportunidad para Dawn de atacar, pues no recibiría un contraataque en respuesta y ya había quedado demostrado que la influencia del aura oscura era débil. Si vencía a los Pokémon ahora, podía escabullirse para encontrar a Ash y unirse a la batalla contra el Rey. Pero antes que Dawn pudiese dar alguna orden o siquiera pensar, aquellos Pokémon atacaron primero.

Torterra golpeó el suelo, primero con las patas de su lado izquierdo, y después con las patas de su lado derecho, para terminar plantando las cuatro patas con firmeza. Gible hizo lo mismo, aunque era más pequeño, su intención no era imitar al Pokémon más grande sino preparar un ataque. Un ataque que Dawn ya había visto antes, y que podría causar estragos en todo el área y que sería muy problemático en un lugar como esa caverna.

—¡Van a usar terremoto! —

Uno de los movimientos más potentes de tipo tierra, y capaz de dañar a todo aquel que esté en un amplio radio de alcance. Sabía que Torterra lo sabía, y Ash había tratado de enseñar a Gible, aunque sin éxito, ahora parecía querer intentarlo.

2

— ¿Que les ocurre? — Crystal estaba confundida, mientras que, sobre su Tropius, miraba a su alrededor, a todos los Pokémon tirados en el suelo.

La batalla afuera del monte plateado se detuvo por completo, y no porque haya habido un vencedor sino porque los Pokémon controlados por el Rey lo hicieron. Todos se detuvieron en seco y comenzaron a retorcerse, como si sintieran dolor.

Los que cayeron de espaldas ya no se levantaron, muchos Pokémon retrocedieron en múltiples ocasiones, pero siempre volvían sobre sus patas para seguir luchando, pero en esta ocasión se quedaron tirados en el suelo, temblando como si pasarán por una convulsión. Los que estaban de pie, así se quedaron e incluso algunos cayeron sobre sus rodillas. Algunos preparaban un ataque, pero fue interrumpido, y los que volaban dejaron de batir sus alas o de usar el viento a su favor, por lo que la gravedad hizo su trabajo y cayeron al suelo estrepitosamente, solo para retorcerse allí.

—esto es muy extraño— dijo Brock, tratando de encontrar una respuesta a lo que le ocurría a aquellos Pokémon— parece que algo les estuviera afectando—

El criador Pokémon ya había visto esa reacción antes, y los estremecimientos que sufrían igual lo había visto antes, afectaciones por ataques tipo eléctrico como los de Pikachu. Lo cual era raro, porque el roedor no estaba junto a ellos, y el Amphy de Crystal había estado lanzándoles ataques y no habían provocado algo similar. De hecho, no había atacado a todos, y los Pokémon como Mamoswine y Gliscor, de tipo tierra, no deberían haber sido afectados por un ataque tipo eléctrico, pero en cambio estaban retorciéndose como si lo estuviesen.

Gold igual se había detenido en seco cuando Gliscor y Staraptor cayeron al suelo. No entendía lo que les pasaba, no había sido él, eso le quedaba claro, pero era un alivio que ellos hayan caído pues comenzaba a quedarse sin ideas y sus Pokémon sin energía. Al menos, le daban un respiro para tratar de recuperarse.

El chico buscó en su mochila— estoy seguro que tenía una poción… o un restauratodo…—

El entrenador odiaba que su mochila fuese un desorden por dentro. Cada que buscaba algo, nunca lo encontraba o estaba allí desperdigado en múltiples pedazos. A veces guardaba un bocadillo, lo olvidaba y lo buscaba días o semanas después, solo para enterarse que estaba roto y solo podía comer algo parecido a migajas. Odiaba eso, pero igual odiaba limpiar la bolsa.

Ahora, buscaba ansioso algo que pudiese revitalizar la salud de sus Pokémon. Una poción, aunque era probable que se le había caído la única botella que tenía desde hacía años. Un poco de polvo energía que le había encontrado en una caverna en Johto, pero de seguro estaba en el fondo de su mochila.

—creo que esto servirá— dijo sacando una manzana a medio comer— ¿es la que comí en el hotel o la que comí antes de llegar a casa? — el chico hubiese preferido otra cosa como una galleta o algo que dijera "deja a tu Pokémon como nuevo 3000" pero los restos de su comida podría servir.

Partió la manzana en dos. Le dio un pedazo a Togetaro y otro al Togekiss de Dawn. Kyataro se acercó a él, en estos momentos que no sabían que pasaba, lo más acertado era estar cerca de su entrenador por si tiene una idea o hay una emergencia. Para él, Gold volvió a buscar en su mochila.

—¿crees que Ash tenga algo que ver? —

Al chico de ojos dorados se acercó su hermano montando su enorme Charizard, igual se veía intrigado por lo que pasaba, con los Pokémon rivales, pero él se veía más atento por si volvían a levantarse.

—claro. ¿por qué no? Después de todo, todo gira alrededor del enano— partió la galleta y le dio la mitad a su Pokémon dragón.

—lo digo enserio. Él fue detrás del Rey— dijo Red mientras estiraba su brazo para recibir la otra mitad de la galleta de Gold.

—¿lo dices por qué decidió desobedecer la orden de quedarse en el hospital descansando, luego venir aquí y dejarnos luchando para perseguir a quien lo tiró de la cima del monte Moon? —

Gold iba a darle la mitad de la galleta a Red, pero en realidad lo engañó y se llevó el alimento a la boca para comerlo y hacer un fuerte ruido con sus dientes mientras comía la galleta.

Red suspiró, sabía que su hermano nunca dejaría de ser egoísta con quien fuera, solo agradecía que comió la galleta con su boca cerrada.

El chico de diecisiete volteó a ver al punto donde vio que Ash cayó— espero que esté bien—

—no lo esperas— continuó Gold y llamó la atención de Red— confías con que lo esté. De hecho, confías tanto en Ash, que crees que esto es a causa que Ash este casi venciendo al Rey, y que en cualquier momento saldrá con su cabeza o algo parecido. Lo extraño aquí, es que no hayas ido tras él—

—me necesitan aquí—

—No. No es cierto. Siendo el que se más se oponía a que Ash viniera, me extraña que hayas venido a mi lado con el pretexto que desde aquí puedes ver si los Pokémon vuelven a levantarse, en lugar de haber tomado el mismo camino que Ash y buscar al Rey tu mismo—

—como te dije. Me necesitan, si vuelven a levantarse, podremos atacar en conjunto antes que nos tomen por sorpresa—

—solo necesito a Kiataro para eso. Hay algo más. Hace rato temías que el Rey volviese a lesionar a Ash, pero, ¿y si ahora temes ser un estorbo para él? —

En esta ocasión, Red se quedó en silencio, causando una enorme satisfacción en Gold pues disfrutaba perturbar los pensamientos de las personas, sobretodo el del siempre sereno y centrado Red.

—todos ello se detuvieron, y sabemos que fue porque el Rey se detuvo, probablemente por un ataque, por lo que parece indicar que Ash le lleva ventaja y podría indicar que tiene probabilidades de ganar. Pero aún así, quieres ir tras él, pero temes ser realmente un estorbo en su estrategia, pues sabes que el Rey solo necesita un solo segundo, un solo descuido para volver a dañarlo. ¿no es así? —

Red le devolvía la intensa mirada a su hermano— ¿dedujiste todo eso tu solo? — dijo con sarcasmo

—tengo cerebro, pero ¿para que usarlo cuando están tú y Crys pueden pensar por mí'—

Abajo, Blue observó un extraño acontecimiento alrededor de los Pokémon que los habían atacado—Miren. Algo les pasa—

El aura oscura comenzó a disminuir sobre algunos Pokémon como lo eran Gyataro, Kazam o Staraptor, hasta abandonarlos por completo. Ya no se retorcían, ya no parecían estar sufriendo dolor, simplemente se detuvieron, ahora se miraban cansados, esforzándose por respirar para tratar de recuperarse, pero a la vez se veían aliviados por ya no tener a aquella aura tan sofocante a su alrededor y que las obligaba a extralimitarse.

—Parece que los está abandonando— dijo Brock— como si el aura no tuviese poder suficiente como para controlarlos más—

—significa… ¿Qué ganamos? — preguntó Ruby. Había visto la misma situación en ciudad Verde, estaba esperando algo similar en el momento que llegó al monte plateado con todos aquellos chicos, pero no esperaba presenciar esa especie de retroceso de aquella aura oscura. No sabía que esperar ni sabía que pasaría.

—no lo sé. No los veo intentando levantarse— le respondió Crystal, intentando analizar la situación, así como todo los acontecimientos en su vida, intentaba analizar todo su entorno para premeditar los ataques y cubrir sus desventajas. Era una chica lista, pero eso no quería decir que no podía equivocarse con solo un descuido minúsculo.

—quizá… quizá ya están muy débiles como para continuar— dijo Blue, asombrada— quiero decir… parecían estar sufriendo por algo—

—¿Crees que se están rindiendo? —preguntó el segundo de los hermanos Ketchum a su hermano mayor, aun en el aire sobre la espalda de su Togekiss

—¿Qué te hace creer eso? — respondió Red, con sarcasmo pero sin abandonar el tono de voz sereno y serio.

—no lo sé. Quizá el hecho que esa cosa negra se está alejando de todos ellos. Quizá tenias razón, y el enano venció al Rey, o lo dejó débil, tanto como para que ya no pueda controlar a los Pokémon—

Pero había algo que no parecía que no le gustaba a Red. Notaba un "comportamiento" extraño en aquella aura— mírala. Se ve extraño—

—no arruines nuestra victoria con tus razonamientos—

—no está desapareciendo. Solo se retira, yendo hacia otra dirección—

Red tenía razón. El aura oscura se movía como si tuviese pensamiento propio y prefería alejarse de algunos Pokémon, pero no se alejaba de otros—

—Mamoswine; Dontaro; Aero y Gliscor. No parece pasarles lo mismo— al contrario, Red comenzó a creer que el aura comenzaba a concentrarse en esos cuatro Pokémon específicamente.

Gold observó a los cuatro Pokémon que Red mencionó. Él tenía razón, aquellos Pokémon eran los últimos los cuales el aura los abandonaba, de hecho, no parecía abandonarlos— quizá… serán los últimos—

El aura abandonó a todos los Pokémon menos a esos cuatro, pero mientras buscaban una explicación, el aura dejó de retroceder, dejando a aquellos cuatro Pokémon. Pokémon que dejaron de estremecerse, y lo que tenían en común que pertenecían al tipo tierra y uno tipo roca.

Primero fue Mamoswine quien comenzó a levantarse pesadamente, seguido de Dontaro. Al ver eso, la primera en reaccionar fue Blue pues lo más lógico era atacar antes que ellos lo hiciesen.

—¡Blasty usa Hidrobomba contra Mamoswine y Dontaro! —

El Pokémon con el gran caparazón obedeció a su entrenadora y de los dos cañones sobre su espalda salieron grandes chorros de agua a gran presión, que se dirigieron a los dos Pokémon tipo tierra. Ambos Pokémon rivales recibieron el ataque pero no cayeron, al contrario, se esforzaban para contenerlo y mantenerse firmes.

—¡Tropion! ¡Prepara rayo solar! — ordenó la chica de las coletas a su Pokémon. Su idea no era tan descabellada, el ataque era tan poderoso que debía prepararlo primero, cuando Blastoise haya acabado con su ataque, el rayo solar estaría listo para atacarlos y dejándolos sin respiro, así, la probabilidad de ganar era aún mayor.

—Creo que tenías razón. Algo raro pasaba con ellos— dijo Gold. Realmente no estaba tan preocupado porque esos dos Pokémon se levantaran, pues pareciera que sus amigos podían controlarlos, y en caso que no los hayan derrotado, siempre podía mandar a Kiataro a atacar.

—y no es todo— le dijo Red— mira—

Red señaló a Aero y a Gliscor, ambos Pokémon igual se levantaron. Aero comenzó a batir sus grandes alas mientras que Gliscor se apoyó en su cola para tomar impulso y volver al aire.

No solo los hermanos Ketchum vieron a los dos Pokémon que se levantaron, en tierra también fueron vistos.

—¡Steelix, detenlos! —

El enorme Pokémon levantó su pesado cuerpo de casi media tonelada para alcanzar a los Pokémon que alzaban el vuelo. Su enorme cabeza abarcaba la mayor parte de su cuerpo rocoso con un recubrimiento metálico, y de aquella sección, su boca abarcaba la mayor parte. Abrió su mandíbula para querer sujetar a los Pokémon y retenerlos, su mordisco era tan fuerte como una prensa. Solo necesitaba sujetar una pequeña parte de la cola de Aero o de la cola de Gliscor y una vez que lo tuviera sujeto, no volvería a abrir su mandíbula, así que tendría a cualquiera de los Pokémon a su merced.

Su cuerpo tenía una longitud de nueve metros, lo suficientemente grande como para alcanzar a uno de dos Pokémon débiles como para volar con agilidad, pero no era así. A pesar de todo el tiempo de combate y el extraño comportamiento de hace rato, ellos aún tenían suficiente fuerza como para continuar, y ellos eran mucho más rápido que él, por lo que, cuando Steelix alcanzó la altura máxima, los Pokémon rivales ya estaban un poco más lejos de lo que él pudo alcanzar y se le escabulleron. Pero eso no quería decir que era lo último que los chicos intentarían.

—¡Frosmoth usa viento hielo! — Ruby ordenó a su extraño Pokémon de tipo hielo. Pudo haber usado un ataque más potente como Ventisca, pero corría el riesgo de no acertar, o podía usar un ataque que pudiese congelarlos, y tampoco aseguraba que aquel efecto pasara, por lo que optó por un ataque con menos potencia pero que acertara y procurara disminuir su velocidad para acertar otro ataque.

El Pokémon con alas de hielo voló para acercarse a aquellas criaturas rivales, pero ellos eran más rápidos que la Pokémon femenina, por lo que tuvo que detenerse detrás de ellos y atacar. De su boca salió un gran resoplido, un gran viento con cristales de hielo que se dirigieron a ambos Pokémon.

Tanto Aero como Gliscor fueron alcanzados por el ataque y este viento los balanceó abruptamente, provocando que casi perdieran el equilibrio. Ambos Pokémon eran débiles contra ataques tipo hielo, por lo que un ataque como este, aunque no fuese tan potente como lo hubiese sido Ventisca, pero ambos Pokémon parecieron solo haber recibido una simple sacudida, pues a pesar de verse agitados, ellos continuaron volando.

—Andando— indicó Red, y moviéndose junto con Zard. Ya había visto que el ataque de Hidrobomba de Blasty había finalizado pero el Tropius de Crystal había atacado con Rayo Solar, por lo que correspondía a él tener que encargarse de los Pokémon voladores.

—¡si capitán! — respondió Gold, burlándose de su hermano por la orden que había dado. Saltó de la espalda de Togetaro a la espalda de Kiataro, y sacó su pokeball para que su Pokémon normal/volador descansara.

Los dos Pokémon que aún seguían siendo controlados por el aura oscura se acercaron al monte Plateado y se detuvieron sobre esta, acomodando sus patas a la rocosa pared. Se había pegado al monte como un Heracross lo hace un árbol de sabia. Y ya que se detuvieron, Red y Gold aprovecharon a atacar.

—¡Zard Usa Onda Certera! —

—¡Y tu Kiataro! ¡Usa Pulso Dragón! —

El Charizard del entrenador de ojos rojos creó una esfera de energía aural frente a él y la lanzó al Pokémon prehistórico. Mientras que el Dragonite del chico de ojos dorados inhalo y exhaló un rayo de color purpura hacía el Pokémon de Ash.

Los dos ataques acertaron, eran poderosos y los Pokémon afectados eran débiles contra ellos. La intensión era que cayeran del monte una vez terminaran los ataques, aunque eso significara dejarlos en un lamentable estado, pero increíblemente, aquellos Pokémon se mantenían aferrados al monte Plateado, no dejaban sus posiciones.

Era extraño, a pesar de los potentes ataques, ninguno de los Pokémon bajo la influencia del Rey parecía querer rendirse a pesar de la fatiga y el estrés que sus cuerpos sufrían. Pero no solo eso era extraño para los jóvenes entrenadores, pues igual se preguntaban la verdadera razón que solo esos cuatro Pokémon sigan siendo controlados por el aura oscura.

Mamoswine y Dontaro se mantuvieron de pie, y ellos comenzaron a golpear el suelo con sus gruesas patas. No solo ellos, Aero profirió un estruendoso rugido, aquel rugido que en su época significó el terror para muchas criaturas, y ahora podía significar lo mismo para los chicos.

Todos miraron a los cuatro Pokémon, y al ver sus posiciones, sus movimientos y sus gruñidos, era fácil de intuir que iban a hacer, y se horrorizaron ante esto pues significaba que todos ellos estaban en peligro y que les quedaba poco tiempo.

—¡Van a usar Terremoto! —

3

Pikachu terminó con el Impactrueno. Y en ese momento, todo parecía haberse detenido. Lucario no había tratado de atacarlo en el rato que estuvo usando su ataque eléctrico, y ahora que el roedor había terminado, estaba esperando que usara ataque óseo. Pero el ataque nunca llegó. El roedor volvió a intentar usar Flash e iluminar el lugar donde estaban, a un lado, muy cerca de él, estaba Lucario, quien permanecía de pie pero estremeciéndose, casi como si el rayo que lanzó a Ash le hubiese afectado también al Pokémon bípedo. Analizando la poca distancia que había entre ellos, Lucario estuvo apunto de acertarle otro golpe, pero se detuvo.

Por el otro lado, su entrenador se mantenía sujetando a su rival. Él podía resistir los ataques eléctricos, ya había recibido muchos, y aún así, podía seguir de pie, sus sentidos seguían funcionando y sus músculos no se tensaban como el de cualquier otra persona, por esa misma razón podía seguir sujetando al Rey y usar la misma fuerza para hacerlo, y su única preocupación era no flaquear para que el Rey no tuviese ni una sola oportunidad de escaparse.

Ash no podía presentir nada que indicara algún intento del Rey para zafarse de su agarre, de hecho, no sentía ningún signo que le indicara que siguiera consciente. El ataque eléctrico había funcionado, había estado en lo cierto, él podría tolerar el ataque luego de tantos años de entrenar con su compañero eléctrico, pero el Rey no iba a poder hacer lo mismo que él. El cuerpo del Rey se sentía flojo, se sentía como una gran bolsa llena de carne que pesaba lo mismo que él. Aún así, no iba a soltarlo.

Ash lo había sujetado por su abdomen, por lo que los brazos del Rey seguían libres y colgaban, por lo que, aprovechando que el Rey seguía inconsciente, sujetó igual sus brazos y volvió a apretar su agarre ahora que tenía asegurado sus extremidades superiores.

Ash desconocía si el Rey iba a despertar, pero no le importaba, de hecho, lo que más deseaba que no volviese a moverse, porque ya no tenía ideas para acabar con él.

El joven entrenador sacudió al Rey, y no hubo respuesta, eso era bueno, pero no iba a estar satisfecho con solo eso. Sin soltar su agarre siguió sacudiéndolo, y no hubo respuesta nuevamente, y aún así volvió a sacudirlo, nada todavía.

Pikachu por su parte, miraba a su entrenador, pero se sorprendió cuando notó que algo de la extraña aura negra comenzó a acercarse a ellos. Al voltear a ver de donde provenía aquella aura, vio que el origen era Lucario, cuya aura a su alrededor comenzó a desvanecerse hasta que no quedó nada a su alrededor, y después cayó al suelo inconsciente.

"¡Pika!" le gritó a su entrenador para llamar su atención y este volteó a verlo.

Ash vio como aquella aura oscura se fue acercando a ellos, se preocupó porque con ello, el Rey intentara separarse de él o recuperar su fuerza. El chico no podía moverse con el peso extra como para evitar que el aura no los alcanzara, pero pudo volver a apretar su agarre. Hasta que el aura negra los alcanzó y pareció cubrir al Rey, y lo primero que hizo, fue gemir.

Ese era el sonido que Ash había estado esperando, y una vez que lo escuchó sujetó con más fuerza al Rey y apretó su agarre, tanto así que volvió a escuchar que el Rey se quejaba por el dolor. Nunca antes habría creído que ese ser tan malévolo pudiese sentir dolor o que se viese tan débil y frágil, pero allí estaba, con débiles signos vitales.

El Rey se quejó un poco más y después dijo— ¿Lo estás disfrutando? —

Su voz era muy débil, pero era lo Ash esperaría de quien no puede soportar un millón de volteos recorriendo su cuerpo así como él lo hace. Ash volvió a apretar su agarre y esto causó dolor en el Rey quien volvió a quejarse, pero cuando se acostumbró, volvió a hablarle a quien lo apresaba con sus brazos.

—lo disfrutas. ¿no es así? —

Ash no sabía si se burlaba o la pregunta era seria, pero no le importó. No respondió a su pregunta, solo dejó que volviera a hablar esperando que en cualquier momento diera una última gran exhalación.

—es la segunda vez que estamos solos tu y yo, y esta vez tienes la ventaja sobre mi. Pero tu no sabes que hacer, no tienes idea que hacer conmigo en esta situación, por eso me tienes sujeto, porque esperas que nunca vuelva a moverme, pero para estar seguro podrías quedarte así durante todo el día—

Parecía que lo único que le quedaba al Rey era parlotear hasta pueda recuperarse, hasta tener una idea o hasta darse cuenta que no tenía otra escapatoria. Pero el chico ya no quería oírlo, y sobretodo porque lo último que dijo era cierto. Luego de ocho años, nunca volvió a pensar en él, y en la última semana lo único que quería desde lo más profundo de su ser era deshacerse de aquella pesadilla nuevamente y, esta vez, hacerlo él mismo. Después de todo, era lo mínimo que merecía alguien como él.

El Rey rio levemente, no pretendió dar una carcajada, solo una risa lo suficientemente audible como para que él lo escuchase— ocho años dentro de tu cuerpo. Me sé tus sueños, me sé tus metas, tus pensamientos, y tus sentimientos. Pero nunca te vi lleno de odio como lo estás haciendo ahora. Con ese sentimiento de venganza hacía mí, sin importarte el cómo, solo quieres que yo desaparezca—

Por primera vez, el Rey acertó en algo. Ash quería que desapareciera, que dejara de estar allí, así podría terminar con aquella pesadilla y volver a su vida normal a como era. No podía decir que el Rey le trajo nada bueno, no podía decir que descubrió algo de si mismo gracias al regreso de su mayor pesadilla. Lo único que sabía que quería que eso acabara, y quería ser él quien le diera finalización.

—¿quieres saber lo más irónico? — el Rey continuó— No te culpo por odiarme, y eso es lo importante. Me odias—

—¿Después que dañaste a mis hermanos y amigos y me lanzaste de una altura de cuatro kilómetros? Lo último que sentiría sería agradecimiento— Ash sintió que esa sería una respuesta que daría Gold.

—has sufrido lo mismo por otras situaciones y nunca habías sentido algo similar. Lo sé, estuve junto a tu corazón. Tienes el corazón más puro de todo el mundo, en total contraste con el mío. Uno que creí que sería incorruptible, hasta el día de hoy— era obvio que el Rey trataba de provocar al entrenador, pero este lo permitió y el Rey siguió hablando— eres demasiado bueno, como nadie, y solo has conocido aquel sentimiento esta última semana, no fue así hace la primera vez, no fue así durante ocho años, sino en una sola semana—

En la última semana, Ash había sufrido todo tipo de dolor tanto físico como mental, y lo mismo lo habían sufrido sus amigos, y el causante de todo estaba en sus brazos. Era cierto, el chico había estado en el fin del mundo y de regreso, había estado envuelto en incidentes que casi le quitan la vida, y aunque él siempre salía ileso y sus amigos igual lo hacían, al final del día nunca había a quien culpar. En todos los casos, todo se resolvía, los villanos recibían su castigo y en algunos casos había redención. No había razón para seguir con tanto odio y coraje dentro de él, pero con el Rey no podía darse aquel lujo, de hecho, tenía dudas.

—tienes razón— dijo el entrenador— puedo odiarte. Porque eres un peligro. No solo para mi, no solo para mi familia y amigos, sino para todo el mundo. Si te dejara libre, solo causarías mal a donde quiera que vayas, por eso no puedo hacerlo—

Ash nunca se preocupaba por cada problema que encontraba entre sus aventuras. No importa que tan grande sea el Pokémon que intente destruir el mundo, él podría vencerlo junto a sus amigos. Y no importa que tan malicioso podía ser una persona, igual podría vencerlos. Nadie podría ser tan malvado, y no había problemas que no pudiese solucionar… pero al tratarse del Rey, Ash ni siquiera sabía cómo detenerlo.

—no ganarías nada negándolo. Esto no es una especie de prueba donde demuestras que el bien siempre superará al mal por más que este último se esfuerce— dijo el Rey— Pero quieres que sufra, así como lo hiciste tú, quieres que tenga miedo, así como lo sentiste tu, y quieres que desee que esto fuera diferente, nunca antes hubieses sentido eso contra nadie, pero pareces dispuesto hasta de arrojarme desde la punta del Monte Plateado, solo para deshacerte de mi—

—lo único que quiero que esto acabe. Lo único que quiero es no volver a saber de ti, y olvidarme de esto. Y volver a mi vida—

El Rey guardó silencio un momento antes de decir— mala elección. Porque eso es lo único que no permitiría—

—¿Qué me deshaga de ti? Creí que sabías que era lo más obvio—

El Rey negó— que me olvides—

Todo a su alrededor comenzó a temblar. Primero el suelo, y luego las paredes. Un movimiento telúrico, pero uno provocado. No era un simple temblor, Ash conocía muy bien aquel tipo de movimiento y sabía que iría en aumento. Algún Pokémon estaba provocando el terremoto. Pero aún sabiendo eso, hizo más fuerte su agarre, teniendo más cerca al Rey a su cuerpo.

Pudo haber sido Torterra quien se encargara de provocar el terremoto, o quizá fue el Steelix de Brock. Como fuese, el Rey trataría de usar eso como una forma para escaparse, pero Ash no se lo permitiría pues estaban muy lejos de los Pokémon que podrían ser los responsables, no podría afectarles tanto. Hasta que Pikachu gimió, quejándose.

El roedor era débil contra ese tipo de ataques de tierra. Se quejó porque el movimiento comenzaba a hacerle perder su equilibrio, y por ende se vería afectado una vez que cayese al suelo, pero si él podía sentir los efectos del ataque, quería decir que era más fuerte de lo que Ash hubiese esperado. Pronto, unas rocas pequeñas se desprendieron del techo y cayeron, pero el chico no se movió. No importaba que tanto se movía el monte Plateado, no iba a dejar libre al Rey ni por un momento.

Un trozo de roca cayó sobre la cabeza del chico, por la altura y la velocidad con la que cayó el objeto, debió haberlo confundido por un momento e inutilizar sus extremidades por un segundo o dos, y en ese momento, Pikachu no pudo seguir usando Destello, pues el terremoto era demasiado fuerte como para que él pudiese seguir usando energía para iluminar la caverna. Esos segundos que Ash aflojó su agarre y Pikachu dejó de usar destello, fueron los que el Rey aprovechó para intentar escapar.

El Rey quiso huir, alejarse de Ash y escabullirse entre los extensos caminos que solo lo llevarían al lo más profundo del monte, donde la oscuridad era todavía más impenetrable, donde tendría ventaja sobre un Ash aturdido y con un Pokémon débil como para iluminar su camino, podría volver a retomar la ventaja, pero fue inútil. Antes que pudiese alejarse del chico, este lo sujetó del brazo, sintió como lo jaló, y luego como se abalanzó hacía él. Por el terremoto, el rey igual perdió el equilibrio, y con el peso extra de Ash, terminó cayendo sobre su espalda y con el chico sobre él.

—¡Es inútil lo que estás haciendo! ¡No importa si se cae el Monte Plateado encima de nosotros! ¡no tendrás una sola oportunidad de escapar! —

El Rey estaba en aprietos, ahora que estaba tirado en el suelo podía sufrir los efectos de la tierra moviéndose y resquebrajándose bajo su espalda, podía sentir como si sus pulmones se moviesen de un lado a otro mientras que sus músculos alrededor los iban aplastando. Una muestra más que su nuevo cuerpo podía ser más una desventaja que una ventaja.

Ash no podía ver nada en lo absoluto, solo podía sentir el intenso temblor que recorría todo su cuerpo. Temblor que iba en aumento y provocaba que sus intestinos parecían aflojarse con cada movimiento, en cualquier momento su estomago iba a tener que expulsar todo su interior, que sería mucho considerando las enormes cantidades de comida que injirió luego de despertar en ciudad Verde. Pero no le importaba, siempre y cuando supiera que tenía sometido a su rival, y que estaba sufriendo por el ataque. Todo podría salir bien, solo necesitaba soportar más tiempo así, solo que, no se daba cuenta que el suelo debajo de ellos, se estaba partiendo.

4

—¡Froslass! ¡Junto a Metagross! — Dawn ordenó a su Pokémon tipo hielo.

Los Pokémon tipo tierra iban a usar aquel poderoso ataque, y estaba en un lugar desventajoso, una caverna donde Froslass corría el riesgo de desfallecer cuando el ataque se llevase a cabo y si la guardaba en su pokeball, no tendría una forma de iluminar a su alrededor. Pero tenía un plan para resguardarla junto con su otro Pokémon.

—¡Piplup! ¡De prisa! — llamó a su Pokémon tipo agua mientras extendía sus brazos para indicarle que se acercara a ella.

El Pokémon azul corrió hacia su entrenadora y dio un salto para que ella lo atrapara en un abrazo. Luego, la coordinadora se acercó a Metagross para subir a Piplup sobre su espalda, ya Froslass se encontraba junto a él.

Metagross flotaba, y gracias al globo que Ash había colocado sobre él, podría resistir el terremoto, pero sobre su cuerpo no había espacio para la chica, pero siempre podía usar sus poderes psíquicos para levantarla y alejarla del suelo. Pero antes que pudiese intentarlo, Dawn le dijo.

—¡Metagross usa Protección para protegerlos a todos! — una orden que tomó a los tres Pokémon por sorpresa, pero no tenían tiempo para discutir, por lo que Dawn continuó— ¡Hazlo ahora! ¡Yo estaré bien! —

El suelo y las paredes de la caverna comenzaron a temblar, no iba a pasar mucho tiempo para que la fuerza fuese mayor, afectara su balance y se viese completamente expuesta al ataque. Pero antes que pudiese empezar a preocuparse, escuchó el grito de un Pokémon acercándose a su posición.

Desde el camino por donde ellos habían llegado, acercándose a gran velocidad estaba el Pokémon tierra/dragón de Ash, Flygon. Era impresionante ver como no le molestaba el volar por entre las estalactitas de la caverna, una ventaja de ser un Pokémon acostumbrado a esos lugares y lugares desérticos, seguramente podría ver por la caverna sin necesidad de iluminación.

El Pokémon voló hacía Dawn, y una vez que se acercó a ella comenzó a empujarla con la cabeza, a lo que sorprendió a Dawn en un principio, pero ya que el temblor en el suelo iba en aumento, intuyó que lo mejor era sujetarse a su largo cuello y subirse a su espalda para evitar salir lesionada por el ataque de terremoto.

Algunas rocas comenzaron a caer del techo de la cueva, una muestra que el terremoto aumentaba su fuerza cada vez más, pero esto ya no parecía ser una preocupación para Dawn, pues sus Pokémon estaban a salvo por el campo protector del Metagross de su amigo, y ella podía esquivar las rocas gracias al otro Pokémon del mismo amigo.

¿Cómo sabía Flygon que estaba en apuros si estaba afuera? Ash le había explicado que, luego del incidente en Hoenn donde conoció a su Pokémon, Flygon siempre permanecía en alerta para todo lo que hacía, y actuaba por un instinto paranoico el cual le indicaba que en cualquier momento y lugar podía ocurrir un desastre similar, pero que sus acciones eran muy útiles cuando más lo necesitaba. Quizá, él presintió que iban a usar terremoto y por eso decidió entrar buscando a su entrenador, y como ella era la única que encontró decidió subirla a su lomo.

Si Torterra y Gible seguían usando terremoto, el monte se les vendría encima por completo. Por lo que lo más lógico era detenerlos, pero no podía usar a Froslass para atacar nuevamente, si salía del campo de protección de Metagross, podría ser golpeada por una de las rocas que caían del techo, y si se lo pedía a Metagross dejaría de usar protección. Piplup tampoco era una opción pues corría el mismo riesgo. Lo único que le quedaba era usar a Flygon, un Pokémon que no sabía si iba a obedecer su orden, o ni siquiera sabía que movimientos sabía, solo le quedaba adivinar.

—¡Flygon! ¡Usa Dragoaliento! — la chica esperaba que eso funcionara.

Dawn nunca había visto un Flygon en persona, pero si lo había visto en concursos Pokémon, y sabía de un coordinador de Hoenn que usaba a un Flygon para sus presentaciones, y Dragoaliento era uno de los movimientos que usaba con regularidad. Si el Flygon de Ash estaba bien entrenado por el chico, y esperaba que así fuera, lo más probable que supiera ese ataque.

Flygon abrió su boca y exhaló un rayo luminoso, al cual dirigió hacía el Pokémon más grande de los dos que usaban terremoto. Dawn había acertado, Flygon sabía usar Dragoaliento y lo cambió de Torterra a Gible para abarcar a ambos Pokémon. Ahora, había que esperar a que el ataque funcionara, ambos Pokémon cayeran vencidos y el terremoto se acabara.

5

—¡Brock! ¡Sube! —

El chico oriundo de ciudad Plateada subió al lomo del Tropius de Crystal, tal como la chica se lo pidió.

—¡Steelix vuelve! — gritó Brock y sacó su pokeball para que su Pokémon de acero volviese dentro a ella y quedara a salvo. Si se encontraba afuera mientras se llevaba a cabo el ataque Terremoto, podría ser afectado e incluso vencido, pues la unión de dos Pokémon para llevarlo a cabo al mismo tiempo garantizaba que el daño sería descomunal. Y no solo él pensó en guardar a su Pokémon, sino que todos los demás lo hicieron.

—¡Amphy vuelve! — Blue guardó en su pokeball a su Pokémon tipo eléctrico, para el Pokémon era favorable pues era un lugar más seguro que el campo de batalla llena de Pokémon con intenciones de arrancarle la cola.

Blue debía buscar donde protegerse antes que comenzaran los temblores provocados por los Pokémon, y la zona más segura era el aire. Y para su suerte, Red se acercaba hacía ella sobre Zard a toda velocidad, él siempre se preocupaba por todos a su alrededor, siempre queriendo salvarlos a todos, pero sobretodo a ella, sintiendo que tenía esa obligación de mantenerla a salvo. Y aunque ese comportamiento nunca había desagrado a Blue, en ese momento no era lo que necesitaba.

—¡Drifby! —

Blue saltó hacía su Pokémon tipo fantasma/volador, sujetándose de las extremidades de su Pokémon para que este comenzara a elevarse, haciendo que el intento de Red porque ella subiera junto a él fuese inútil. Pero para Blue, era preferible subir con su propio Pokémon, pues podría controlar cuanto se elevaría, y solo necesitaba elevarse muy poco, en cambio si se subía al lomo de Zard, podría elevarse casi a la altura de la punta del monte.

Red, por su parte, buscar a Blue era un intento de misión secundaría, pues sabía que ella no iba a querer volver a subir al lomo de su Pokémon, pero no importaba siempre y cuando ella se encontrase bien. Pero la razón de Red para estar apresurado, era para resguardar a sus Pokémon que estaban noqueados en el suelo luego que el aura oscura los abandonó. Si los dejaban allí, el terremoto podría empeorar el pésimo estado en el que ya estaban. Luego de ser heridos, sobrexplotados, y seguramente cansados y hambrientos, el terremoto podría lograr que sea imposible recuperarse por completo.

—¡Saur! ¡Chan! ¡Kazam! ¡Vuelvan! — guardó en sus pokeball a su Venusaur, su Hitmonchan y a Alakazam, dejando al final al Pokémon más débil contra el ataque tierra— ¡Zone! ¡vuelve! —

Las pokeball funcionaron y sus Pokémon volvieron a ellas. Ahora que el Rey no tenía influencia sobre ellos, podían volver a la normalidad y podían evitar que el Rey volviese a quitárselas. Pero aún había Pokémon que estaban en el suelo.

Red hizo que su Charizard se acercara al Staraptor de Ash. Sin bajarse de su lomo, sujetó al ave y la llevó consigo sobre el lomo de su Pokémon tipo fuego. Estaba muy débil y apenas podía respirar con normalidad, pero parecía acurrucarse junto a él, como si aquel ave rapaz estuviese aliviado y se sintiese a salvo con él.

Ruby tuvo que llamar a Frosmoth a su Pokeball igual que los demás. Si el monte comenzaba a estremecerse gracias al terremoto, y sobretodo gracias a los Pokémon abrazados a él, podría haber un derrumbe que provocaría que las rocas cayeran sobre su Pokémon de hielo. No podría vivir sabiendo que una de sus antenas se dobló o que sus alas se rompieron por ello.

Una vez que su Pokémon estuvo a salvo, solo quedaba él, una lástima que no tuviese ningún Pokémon volador para elevarse y estar a salvo, pero su opción era Zuzu, su Swampert, podía subir a su lomo y resistir el terremoto con mínimo daño, y solo esperar a que la combinación de los cuatro Pokémon no fuese tan potente como para echar al suelo todo el monte plateado.

El coordinador iba a sacar su PokeBall pero fue cuando apareció Togekiss, había olvidado que su prima se lo prestó para aquella "aventura"

Era muy oportuna la aparición del Pokémon volador, solo debía subirse a su lomo antes que los temblores se hicieran aún mayores. Pero escuchó que algo se acercaba a él a gran velocidad, luego, sin darse cuenta de lo que era con exactitud, lo sujetaron del cuello de su camisa y lo jalaron hacía atrás, para ser separado del suelo y elevarse muy alto.

—¡Súbete y sujétate fuerte! — esa era la inconfundible voz del chico de la sudadera roja quien montaba a su Dragonite.

—¿Qué haces? ¡Vas a estirar mi camisa! — le cuestionó el coordinador, más preocupado por su ropa que por el hecho que lo tomó por sorpresa y en un innecesario rescate.

—¡Apresúrate! ¡No tengo la fuerza en un brazo para sujetar a Explotaro! ¡Mucho menos a ti!—

Ruby hizo lo que Gold le dijo, subió y se acomodó en el lomo de Dragonite justo detrás del chico — para tu información, tengo la misma talla que un Gallade—

—¿Incluyendo el gran trasero? —

Ruby no acostumbraba a actuar por impulso, pero había momentos que le gustaría golpear a Gold en la cabeza. Pareciera que él lograba sacar ese gusto en todas las personas a su alrededor.

Gold fue a dónde vio a sus Pokémon en el suelo— ¡Gyataro! ¡Poltaro! ¡Vuelvan! — siguiendo los mismos pasos que Red, Gold guardó en sus Pokeball a su Gyarados lo antes posible, su lazo con ellos era más fuerte que con las personas por lo que se sentía desesperado por recuperarlos.

El chico estaba distraído cuando fue golpeado en la cabeza desde atrás.

—¡Oye! ¿Por qué fue eso? — cuestionó al único chico junto a él en el lomo de Kiataro.

—¡Si me estiraste la camisa! — se quejó el coordinador luego de haber revisado su ropa— !¡no volverá a su forma normal!—

El temblor iba aumentando y por la intensidad que los cuatro Pokémon producían muchas rocas comenzaron a desprenderse, no era un derrumbe, pero la unión de los cuatro Pokémon hacía que los chicos comenzarán a sospechar.

—es extraño. Se dividieron en dos partes— dijo Crystal a su compañero a quien había subido sobre Tropion— dos en la base y dos sujetos en la pared. Casi en la parte media del monte —

Había pasado mucho tiempo desde que Crystal había participado en un combate Pokémon que no haya sido por entrenamiento o como parte de su trabajo como ayudante de investigación del profesor Oak. Pero sabía identificar cuando los atacantes eran desorganizados y cuando no lo eran. Y el simple hecho que solo hayan quedado Pokémon que podían usar terremoto y que se hayan dividido llamó su atención.

El Rey había usado Pokémon según contra quién iba a combatir. Pero en ese último donde iba a enfrentarse con múltiples entrenadores a la vez, era obvio que usaría a todos los Pokémon bajo su control, pero allí no parecían estar todos y tampoco parecía mantener una buena coordinación al atacar, así como lo demostró en ciudad Verde. Al contrario de esa ocasión, los Pokémon parecían usar ataques aleatorios y esperar que surgieran efecto en el primer objetivo al que acertaran.

El aura controlaba a los Pokémon, y el Rey controlaba el aura, pensó la investigadora adolescente, pero si el Rey no tenía la capacidad para mantener su control y que ellos lanzarán sus ataques con mayor precisión y más certeros, entonces algo debía estar mal con él, algo debía estar distrayéndolo y por eso faltaban Pokémon allí, porque los tenía él y se concentraba más en ellos.

—quizá quiere que haya un derrumbe para sellar todo acceso al interior del monte y así tener más tiempo— la investigadora intentaba encontrar una razón para las acciones del Rey.

—lo que me preocupa es lo que pasaría con Ash y Dawn — dijo Brock sacando a Crystal de sus pensamientos.

—¿Ash y Dawn? — preguntó la chica volteando a ver a su compañero, quien volteó a ver la punta del monte.

—Ellos cayeron muy cerca de la cima. Y me preocupa que se hayan topado con el resto de los Pokémon de Ash—

Crystal, realmente no vio el momento que Ash y Dawn llegaron al monte Plateado ni mucho menos vio cuando cayeron en la cima. Se enteró cuando todos hicieron mención de ello, y ahora que Brock lo mencionaba, era un factor a considerar—¿Acaso Ash tenía algún Pokémon que supiera usar Terremoto? —

Brock asintió— Dos, de hecho. Torterra y Gible—

Ahora, no solo eran cuatro, eran seis, donde los otros dos estaban en la cima del monte. El Rey solo quería quedarse con los Pokémon que supieran ese ataque en específico, para después posicionarlos en tres lugares distintos y casi estratégicos, donde el ataque no les afectaría, a menos que estuviesen dentro del monte, y esa fue la conclusión a la que llegó la chica de coletas.

—¡Quiere derrumbar el monte Plateado! —dijo de inmediato, realmente, expresó su idea con lo primero que pensó en su cabeza— Quiero decir. Quiere hacer un derrumbe en su interior, y dañar a quienes están allí—

—Si tienes razón. Quiere sepultarlos. No quiere deshacerse de nosotros, solo de Ash—

La nueva teoría de ambos chicos no sonaba tan descabellada, después de todo, estaba más que claro que el objetivo del Rey siempre había sido Ash y no lo eran ninguno de ellos. Había que hacer algo, evitar que aquellos cuatro Pokémon dejarán de usar terremoto para frustrar el plan del Rey y salvar la integridad de sus amigos en la cima. La forma más efectiva era dejarlos inconscientes, pero ya habían visto que eso no servía, la explicación más factible que toda el aura oscura se centraba en ellos, por esa razón eran más fuertes y resistentes.

—¡Chicos! ¡Hay que evitar que sigan usando terremoto o van a afectar a Ash y a Dawn! — ella hizo que su Tropius se acercara a sus amigos para explicarles su nueva teoría.

Todos los demás voltearon a verla, pero con mayor detenimiento lo hicieron Red y Gold.

—¡Es cierto! ¡Si siguen usando terremoto, todo el interior del monte se derrumbará con ellos dentro! —

Esas palabras fueron suficientes para preocupar a los chicos. Debían actuar rápido, pero ya habían intentado derrotarlos y no lo lograron, se habían vuelto resistentes y no sabían si algún otro ataque lo haría. Pero en sus pensamientos debían intentarlo, y Gold tenía una idea.

—¡Déjamelo a mí! —

El chico hizo que su Dragonite volara con dirección a lo más alto que pudiese llegar. Lo hizo tan rápido que Ruby casi cae detrás de él, el segundo de los Ketchum había olvidado que estaba junto a él.

—¿Qué te pasa? — dijo el coordinador mientras sujetaba su gorro blanco para que no cayera. Nuevamente, quería golpearlo en la cabeza pero a la velocidad a la que iban le impedía acercar su mano a él.

—¡Vamos a mostrarle a todos como se hace un meteoro dragón! ¡Kiataro usa Meteoro Dragón! —

El Pokémon dragón abrió su hocico y comenzó a acumular energía frente a él. En ataques como estos, el tamaño de la esfera de energía por lo regular era proporcional a su tamaño, y en el caso de un Pokémon como Dragonite, debía ser del tamaño de un Voltorb, pero eso era un promedio, en el caso específico de Kiataro, estaba alcanzando el tamaño de un Electrode. El chico, regularmente, presume sobre la forma que entrena a sus Pokémon, y presume de la potencia en los ataques de Kiataro, pero jamás mencionaría que había recibido ayuda externa por parte de su tutora para perfeccionar ese ataque.

El dragón llegó a un punto alto, lanzó la esfera, la cual alcanzó aún más altura una vez que fue despedida.

—¡Es hora de irnos! — dijo Gold, y ordenó a su Pokémon a cambiar su rumbo y volar de regreso a su punto inicial. Él sabía lo que ocurriría, todos los demás lo sabían, y lo más conveniente era estar lo más alejado posible.

La esfera de energía pareció explotar una vez alcanzó su punto más alto. Aquella explosión generó una nube de humo que se expandió, todos lo que la vieron podían jurar que alcanzaba la longitud de un campo de batalla de algún gimnasio. Varias rocas salieron de la cobertura de aquella nube de polvo, eran fragmentos del meteoro dragón que comenzaron a caer. Eran varios, diez, quince, o incluso veinte fragmentos que caían por todas partes. Parecían grandes rocas cubiertas por una nube de humo y con una cola de fuego ardiendo detrás de cada una de ellas. Para todos, era como ver meteoritos caer.

—¡Dispérsense! — gritó Red a todos sus amigos. Fragmentos de tales tamaños y cayendo a gran velocidad, si cayera sobre uno de ellos sería perjudicial pues el estilo de combate de Gold, causar el mayor daño y en el menor tiempo posible para terminar rápido todo combate en el que se involucraba.

Un par de fragmentos cayeron sobre el monte, en específico, cerca de los Pokémon volador que estaban aferrados a sus paredes. Ambas criaturas sintieron el impacto sobre la superficie y esto les hizo perder fuerza en su agarre. Más fragmentos cayeron cerca de ellos, el monte tembló y no fue por causa de ellos sino por ataques externos y provocaba que sus patas perdieran firmeza. Era el inicio del fin de terremoto pues ellos tuvieron que dejar de hacerlo, no podía sujetarse.

Más fragmentos del meteoro dragón siguieron cayendo a sus lados, hasta que una nube de polvo que se desprendía del impacto entre las rocas se levantó, y era tan grande que comenzó a cubrirlos, y tan densa que imposibilitaba el verlos. Nadie vio que fue de ellos cuando otro fragmento del meteoro dragón cayó justo en el punto que ellos estaban.

Lo mismo pasó con los Pokémon en el suelo, pero ellos estaban más firmes en su posición y podían agradecérselos a sus gruesas patas de paquidermo, por lo que los primeros impactos alrededor de ellos no les afectaron y pudieron continuar con el ataque de terremoto. Pero no iban a poder resistir una vez que los fragmentos comenzaran a caer sobre sus cuerpos.

—¡Eso si es el poder de un verdadero Dragón! — gritó Gold, satisfecho que el ataque de su Pokémon hiciera el desastre que él había esperado.

Todos se habían desplegado, estaban a salvo de haber sufrido algún impacto. Miraban estupefactos todo el monte, pero era Gold el más emocionado, siempre ocurría cuando le gustaba fanfarronear, a pesar que no estaba la persona a quien le quería presumir el ataque de Meteoro Dragón, estaba emocionado de haberlo visto en acción.

Todo el campo de batalla improvisado estaba cubierta por una espesa nube de polvo provocada por los impactos, pero luego que el ultimo fragmento había caído, el terremoto se detuvo. Ni el suelo ni el monte seguían temblando, todo había vuelto a la quietud.

6

El terremoto se había prolongado y parecía que tomaba cada vez más potencia. Se suponía que solo sería un momento, que Ash solo debía resistir un rato y sería el Rey quien sufriría los mayores efectos del ataque, pero las vibraciones en todo el monte comenzaban a afectarle igual a él, ni siquiera sabía si podría mantenerse firme por más tiempo.

Ash ya había estado en medio de un ataque como ese, y de tal magnitud, podía imaginar que Groudon, el legendario Pokémon creador de los continentes, estaba abrazado del monte Plateado y lo agitaba, y podía hacer esa comparación porque ya lo había sentido en Hoenn. Pero así como en la primera vez, Ash estaba corriendo el riesgo de terminar aplastado por todo el monte.

En Hoenn, el suelo debajo de él se resquebrajó y algunas cavernas perdieron el piso gracias a que se hundieron. Pero en esa ocasión, podía ver, y el temblor no inutilizaba su sentido del oído. Ash hubiese buscado algo similar, pero todos sus reflejos y sentidos estaban ciegos, por ello, no se dio cuenta que el resquebrajamiento del suelo que había estado esperando estaba pasando justo debajo de la espalda del Rey.

El suelo debajo de ellos se sumió una vez, pero Ash no lo sintió. Ni tampoco sintió cuando el suelo se abrió por completo, y todo lo que era roca y tierra cayó hasta encontrar una superficie más fuerte que la contuviera, y después de ellos, cayeron igual Ash y el Rey.

Ash no podía ver nada, nuevamente la oscuridad le hacía perder la noción de su posición, pero sabía que estaba cayendo, y podía sentir que el siguiente suelo estaba lejos de ser alcanzado, lo supo porque dejó de sentir el cuerpo del Rey, por lo que supuso que este se alejó en el aire porque caía más rápido.

No sabía si dejó de temblar o seguía ocurriendo. No sabía si tocaría una superficie pronto. No sabía que tan alta sería la caída, ni sabía si volvería a correr con suerte. Nuevamente no sabía nada, solo le quedaba esperar al impacto, y a lo que pasara después… quizá, después de eso, podría volver a aquel lugar y tendría que volver a escuchar aquella discusión entre aquellas extrañas presencias.