Capítulo 35

1

El terremoto cesó, ni el suelo ni las paredes temblaban y las rocas habían dejado de caer del techo. Todo parecía haber calmado y lo único que quedaba era esperar a que la nube de polvo, que Flygon formó cuando atacó, se disipara.

Todos habían evitado ser afectados por el ataque, y era un alivio, ya que el terremoto había sido el más potente que alguna vez haya visto. Entendía que debió haber sido más fuerte de lo normal ya que eran dos Pokémon, pero con tal magnitud, pareció como si fuesen a derrumbar todo el monte, como si hubiesen sido muchos Pokémon a la vez los que causaron el terremoto.

—prepárense chicos—

Dawn no pretendía bajar la guardia a pesar que ya no había señal alguna que indicara que los Pokémon rivales estuvieran listos para seguir atacando. Ya había estado inmersa en batallas contra los Pokémon influenciados por el Rey, y sabía que nunca se detenían a pesar de estar cerca de desfallecer. Pero cuando la nube de polvo se disipó, Torterra y Gible estaban tirados en el suelo inconscientes.

Metagross dejó de usar Protección. Sin importar que tan grandes sean unas rocas, no iban a poder traspasar la barrera protectora hecha por uno de los Pokémon psíquicos más poderoso de entre las cuatro regiones orientales. Aquel Metagross había repelido ataques directos de grande y poderosos Pokémon como lo eran Aggron o Tyranitar, un derrumbe no tenía posibilidad de romper aquella barrera protectora.

—Piplup, Froslass, aún no bajen— a pesar de ver a los Pokémon inconscientes, Dawn no quería ser tomada por sorpresa. Si sus Pokémon estaban seguro junto a Metagross, era preferible que siguiesen allí— quiero asegurarme que no van a levantarse—

Flygon intentó acercarse, pero Dawn lo detuvo— ve despacio Flygon. Con precaución—

La chica esperaba que el Pokémon le obedeciera, ya que no era su entrenadora y, según Ash, era muy desconfiado por lo que aumentaba las probabilidades que solo escuchase la voz de su entrenador, la única persona en quien confió como para querer ir con él. Afortunadamente, Flygon asintió y se acercó a los Pokémon como ella le pidió.

Tanto Torterra como Gible y Buizel parecían que no iban a levantarse en un buen tiempo, afortunadamente podía notarse su respiración lo que daba el indicio que sobrevivirían al excesivo esfuerzo al que fueron obligados. Incluso Buizel, cuyo cuerpo tuvo que sufrir el ataque de terremoto y estando al lado de quienes lo provocaban.

—parece que todo está bien—

No solo los Pokémon estaban inconscientes, sino que no había rastro alguno de aquella aura oscura. Como si los hubiese abandonado por completo. De pronto, Torterra se quejó y movió la cabeza, pero este movimiento no fue un intento por levantarse, sino como una reacción por dolor. Pero, aunque Dawn notara esto, no lo hizo así el Pokémon al cual montaba.

Flygon se espantó al ver a Torterra moverse, y atacó con Pulso dragón. Este era un ataque que tardaría en cargar, pero para aquel Pokémon le era fácil de producir. Lanzó el ataque directamente a Torterra, y este gritó fuertemente por el repentino ataque.

—¡Flygon! ¡detente!—

Torterra no pretendía contraatacar, al contrario parecía estar sufriendo por el pulso dragón, y era de esperar pues el ataque era directo y su cuerpo no podía resistir más.

—¡detente! ¡No están atacando! —

Flygon obedeció a la chica y dejó de usar Pulso Dragón. Un alivio para Torterra, pero luego de dicho ataque su movilidad se vería reducida aún más. Ash le había advertido a Dawn que Flygon era un Pokémon muy nervioso, uno que siempre estaba en alerta en la espera de lo peor, por lo mismo se sintió amenazado cuando vio que Torterra se movió un poco, sintió que seguían bajo ataque y su única alternativa era atacar antes que ser atacado.

—parece que estamos a salvo—

Con la seguridad que los Pokémon de Ash, no volverían a atacar, Dawn bajó del lomo de Flygon y sus Pokémon igual. Dawn podía descansar por ahora, la batalla contra ellos la había dejado exhausta, pero no podía relajarse pues recordó el motivo principal de porque estaba allí.

—¡Debemos ir por Ash! — le dijo a sus Pokémon y estos asintieron— Flygon, tu irás detrás de nosotros y procurarás que nadie más nos siga. ¿podrás hacerlo? — el Pokémon tipo dragón asintió— bien. ¡Andando! —

Y con eso, Dawn corrió en la misma dirección por la que se fue Ash, esperando encontrarlo con bien.

2

Afuera del monte Plateado, el grupo de chicos mayores veían como el polvo iba disipándose dejando ver a los Pokémon tipo tierra en el suelo. Estaban inconscientes, derrotados por el último ataque contra ellos.

Los chicos podían bajar al suelo para cerciorarse del estado de los Pokémon. Parecía que volvían a estar seguros y a salvo.

—Parece que ya no tenemos porque seguir en el aire— dijo Crystal descendiendo con su Tropius y bajando de su lomo.

—si. Es un alivio— dijo Blue con más calma. Drifby no había ascendido mucho, solo lo suficiente para evitar ser alcanzados por terremoto, y una vez que la tierra dejó de temblar Blue se soltó y bajó, aunque se arriesgaba a ser atacada por los Pokémon de tierra.

Mamoswine y Donphan estaban rendidos, cayeron sobre sus patas, y Aerodactyl y Gliscor habían caído del monte, sobre sus lomos y retorciéndose a causa de los impactos del meteoro dragón.

Gold igual bajó junto a Ruby de su Dragonite.

—Te dije que no había que temer. Hemos ganado gracias al poderoso ataque de Kiataro—

Gold estaba distraído cuando recibió un golpe en la cabeza desde atrás. No fue tan fuerte, pero lo dejó asombrado pues no imaginó que el golpe proviniese de aquel chico obsesionado con mantener limpia su ropa.

—¡Oye! ¿A qué viene eso? —

El grupo de amigos no conocían por completo a Ruby, pero podían asegurar que era todo lo contrario a Gold. Mientras el chico de ojos dorados era desordenado y no le importaba ensuciarse en batalla, Ruby mantenía todo en su lugar y hasta un botón de su camisa permanecía pulcro e impecable. Por ende, no se pensaría que el chico de ojos rojos golpeara a alguien así como lo haría Gold, pero en algún momento debieron haber considerado que eso ocurriría tarde o temprano, después de todo, el segundo hijo de los Ketchum tenía la capacidad de desesperar a cualquiera y provocar que hicieran cosas que jamás hubiesen hecho antes.

—¿acaso perdiste la cabeza? — reclamó el chico de gorro blanco a Gold, se oía enojado— ¡Eso ha sido lo más irresponsable que visto en alguien! —

—¿por qué te alteras? Todo salió bien—

— ¡Estaba detrás de ti! Pude haber caído— gritó el coordinador.

Gold se cruzó de brazos— y de seguro estás enojado porque tu ropa se empolvó. ¡ya madura! ¡Esto es lo que significa una batalla Pokémon! —

—Solo tu podrías considerar que esto sería un gran momento—

Ruby se vio interrumpido cuando Kiataro se acercó a él. El Pokémon dragón encontró curioso el chico que discutía con su entrenador. Primero olfateó su cabeza, y después extendió sus brazos. El Pokémon de más de dos metros de alto atrapó a Ruby en un abrazo, con cariño y cuidado para no lastimarlo.

Ruby se sorprendió por la repentina acción del Pokémon, pero luego de un rato se dio cuenta que estaba siendo abrazado por el Dragonite más bonito que había visto alguna vez.

—por otro lado. ¿Cómo alguien como tu puede tener a un Pokémon más amigable y perfectamente cuidado como lo es este?— dijo mientras correspondía el abrazo del dragón.

Ambos chicos estaban tan inmersos en su discusión, que no escucharon que Red bajaba a donde ellos. El entrenador con mayor edad se acercó, y sin previo aviso, igual golpeó a Gold en la cabeza con la palma de su mano.

—¿Y ahora qué? ¿Todos se pusieron de acuerdo en golpearme? —

Firme, y con mirada seria, Red le dijo a su hermano— Ruby tiene razón. Sabes que no debes usar ese movimiento cuando hay más personas en medio—

—Admítelo. Kiataro es muy poderoso usando ese ataque, y por eso ganamos—

—¡Oigan! ¡Chicos vengan! —

Los tres jóvenes fueron interrumpidos por Blue quien pedía que se acercaran a ellos.

—bien… al menos aún respiran— dijo Gold viendo tanto a su Donphan como al Mamoswine de Dawn. Quienes parecían inmóviles pero sus respiraciones, algo pesadas, delataban que resistieron de cierta forma el ataque.

Aunque Red consideraba que fue excesivo el uso de un movimiento como Meteoro dragón, debía admitir que cumplió con el objetivo de vencer a los Pokémon y dejarlos imposibilitados como para seguir batallando. Además que, mirando más de cerca, ellos habían dejado de estar bajo la influencia del aura oscura.

—no parece que vayan a levantarse. Lo mejor será que recuperen a sus Pokémon. Será más fácil enfrentarnos a solo un par de Pokémon si vuelven a levantarse— comentó Brock, no descartaba la opción que esa pausa fuese momentánea.

Así como lo dijo el moreno, lo hicieron. Gold metió a Dontaro en su pokeball, y Red hizo lo mismo con Aero.

—¿creen que Ash y Dawn hayan vencido al Rey? — fue la pregunta de Crystal, angustiosa por saber el estado de sus dos amigos más jóvenes, más que por saber lo que ocurría con el Rey de Pokelantis.

Red tampoco podía evitar pensar en su hermano menor y su amiga. Estaban solos junto a aquel ser en un lugar cerrado y oscuro como lo sería una caverna. Solo esperaba que, el hecho que el aura oscura dejara a sus Pokémon, significara que el Rey estaba débil, eso daría una posibilidad que Ash y Dawn no haya sido afectados por él.

—¿y bien? ¿Qué estamos esperando? —

Gold llamó la atención de Red. Este salió de sus pensamientos y volteó a verlo.

—vinimos para encararnos y vencer al Rey. Y mientras más tiempo pasamos aquí, menos tiempo pasamos pateándole el trasero—

Muy a su manera, Gold acertó a un punto importante, al cual Red estuvo de acuerdo— si. Vamos a la cima, los encontraremos en el mismo lugar donde cayó—

—¡Un momento! no pensarán ir solos, ¿verdad?— increpó Blue al ver las intenciones de sus amigos— nuestro acuerdo era que estaríamos todos juntos—

Red no pensaba discutir con la chica de su misma edad, y menos sabiendo cómo evitar que ella insistiera. El joven de ojos rojos volteó a ver hacía arriba, mirando el punto donde Ash y Dawn cayeron— es una gran altura—

Blue igual volteó a ver a donde Red lo hizo, y en efecto, Ash y Dawn habían llegado casi a la punta del monte, y la única forma para llegar allá con rapidez, sería volando. Ella comenzó a dudar sobre acompañarlos, y sintió que su garganta se secó pues casi no logró tragar.

—creo que ellos tienen razón, y lo mejor sería quedarnos aquí para cuidar de los Pokémon si despiertan— intervino Crys.

Tardó unos segundos, pero Blue asintió, aceptando la propuesta de su amiga de cabello azul, y dentro de ella sintió un gran alivio por eso.

—¡ya suéltalo! ¡Tenemos que irnos! —

Detrás de ellos, Gold estaba discutiendo, nuevamente, con Ruby tratando de separarlo de su Dragonite. Por supuesto, Ruby discutía el no querer separase de aquel Pokémon que consideraba tan bonito.

—Oye, deja que me lleve a Amphy— Red pidió a Blue, confundiendo a la chica, pero teniendo una razón para eso.

3

Para el Rey, despertar en medio de una oscuridad perpetua era el equivalente a un amanecer para una persona cualquiera. Había quedado inconsciente y al abrir los ojos, vio que encima suyo había un enorme agujero, no solo eso, todo el techo parecía completamente diferente, nadie podía imaginar que diferencias podía llegar a tener el techo de una caverna de otra pero el Rey lo hizo, pues había estalactitas que habían caído luego del choque de ataques entre Pikachu y Lucario. Igual estaba seguro que, si volteaba a ver a su alrededor igual todo sería diferente. Seguramente, había caído a otra parte del monte.

Recordaba el dolor que los temblores del terremoto le provocaron en su cuerpo cuando estuvo en el suelo debajo de Ash. Luego vio al chico mostrarse sorprendido durante la caída y después, nada, la oscuridad que veía era una oscuridad donde ni siquiera podía incorporarse pues había quedado inconsciente otra vez.

Levantó la mitad de su cuerpo, su cabeza dolía por lo que posó su mano detrás de esta para encontrar el punto que le dolía, volteó a ver a su alrededor, estaba rodeado de muchas más rocas y estalagmitas que en el anterior piso. En su mano sintió algo líquido, increíble, no podía creer que estaba sangrando. Al ver su mano, el líquido era tan oscuro que el Rey ni siquiera podía identificar el verdadero color de esta, y esto era un dato que al Rey hubiese querido saber. Desde que se separó de Ash, había olvidado lo que era volver a ser humano, y había olvidado que por su cuerpo corría sangre así como el chico. Ahora que sabía que podía sangrar, quería saber de que color era, ¿sería roja como cuando era humano? ¿o seria negra así como el aura a su alrededor? No podía saberlo, el liquido era tan oscuro que no podía identificar el verdadero color de esta.

Volteó a ver al lado suyo, buscando a Ash, y allí estaba el chico, no muy lejos de donde él estaba. No se movía, había quedado igual de inconsciente que él, pero no se había recuperado así como él.

El Rey solo debía recuperar sus fuerzas un poco más, por supuesto que iba a levantarse y continuar con su plan, después de todo, esa era su mayor motivación, el recuperar todo su poder como cuando caminaba sobre la tierra, y para eso debía deshacerse del chico que pretendía seguirlo hasta el fin del mundo con tal de frustrar sus planes.

Este no era el momento donde él tomaba un segundo para reflexionar sobre sus acciones y si valía la pena continuar, así como iba. No. Él no iba a pensar si valía la pena eliminar al chico, si valía la pena seguir luchando y seguir hiriéndose, después de todo, tenía un nuevo cuerpo y estaba descubriendo que tan frágil podía ser. Debía continuar con su plan si quería recuperar su verdadero poder.

¿Qué podría hacer ahora que tenía un cuerpo? Un cuerpo que era una copia del chico, ni siquiera tenía su cuerpo original que era con el que debió haber sido recordado todo ese tiempo. su nuevo cuerpo era débil, y su poder actual era limitado en comparación a cuando estaba en su apogeo. Esa no era la forma con la que había creído que perpetuaría su nombre en mundo, y de hecho no era la forma en la que pretendía levantar su nuevo reino en este nuevo mundo.

Habían sido muchos siglos en los que se mantuvo en el olvido. El único fragmento de historia que respaldaba su existencia era una leyenda que solo conocían muy pocas personas, personas que seguramente la encontraron de casualidad. De su extenso reino que abarcaba las antiguas regiones de oriente, y regiones de occidente, no quedaba ni un solo rastro, ni un solo ladrillo de ninguna construcción de aquella época. El mundo había enterrado cada cosa que se relacionara a quien alguna vez temió.

Sin aquel reino que construyó, sin su legado, no tenía razón de existir en aquella nueva época. Por eso mismo, debía continuar con su plan inicial, encontrar a Jirachi y empezar con la restauración de su reino.

El Rey se levantó, las piernas le temblaron al principio, era de esperar, todo su cuerpo había sufrido las afecciones del terremoto. Tardó un rato y logró mantenerse firme, y después pudo caminar hacia el chico.

Allí estaba, obviamente seguía respirando, después de todo no había sido una gran caída, y si pudo sobrevivir a la caída desde la cima del monte Moon podía sobrevivir a eso. El Rey se le quedó mirando fijamente, aquel chico ya no era el mismo niño asustado y frágil que cuando entró a su cuerpo hace ocho años atrás. Aquel mismo cuerpo que estuvo conteniendo al corazón más puro y al corazón más oscuro durante años.

Ash ya no era aquel chico que atormentó, amenazándolo con lesionar a sus seres queridos, de hace una semana atrás. Aquel chico era su mayor estorbo, era el mayor rival que alguna vez haya tenido. Ejércitos enteros cayeron ante su poder; reinos de gran extensión se rindieron ante su presencia; había vencido a Ho-Oh, y casi lo hubiese tenido en su poder (de no haber sido por la traición de sus subalternos); y había sido un adolescente quien hubiese estado apunto de vencerlo. Pero eso se acababa en ese momento.

El aura oscura comenzó a cubrir al chico. El Rey tenía muy pocas energías, su nuevo cuerpo requería alimentarse, descansar y evitar accidentes como caer estrepitosamente. Pero el aura oscura a su alrededor no dependía de su energía orgánica, sino que era el resultado de todo su odio resguardado durante siglos.

Para entrar a aquella prisión tuvo que perder su cuerpo físico y convertirse en espíritu, volviéndose en los residuos de lo que fue. Pero durante el tiempo encerrado, lo único que pudo pensar, y lo cual se volvió en su única motivación, era en volver a salir y volver a erigir su reino, recuperar su poderío y vengarse del Pokémon que lo condenó en primer lugar.

Odio y venganza, una perfecta combinación para que aquel espíritu suyo creciera y se fortaleciera, llegando al punto que logró controlarlo y moldearlo a su gusto. Por eso mismo le era tan fácil que esta tomase el trabajo de sus extremidades.

Ash se estremeció un poco cuando sintió aquella presión sobre su pecho, como si algo se hubiese subido sobre él. Sus extremidades se sintieron pesadas, no pudo mover ninguno ni siquiera un solo brazo.

Esta no era la primera vez que el entrenador sentía aquel tipo de presión. Pues el día que conoció a su Duskull, aquel Pokémon había paralizado su cuerpo por completo mientras dormía, solo para alimentarse de su desesperación por no moverse y sentirse tan vulnerable mientras lo hacía. Y el Pokémon lo siguió haciendo, incluso después de capturarlo, pero aquella presión que le provocaba se había vuelto aún más insufrible una vez que evolucionó a Dusclops. Pero aquella presión se volvió más fuerte, y llegó el punto que sintió como sus huesos podrían romperse gracias a ella.

Ash abrió los ojos, Dusclops no estaba allí, es más no podía ver nada. Entonces recordó donde estaba, y quien podría ser el causante de su parálisis. Pues todo estaba oscuro, y el Rey aprovechaba esa oscuridad. ¿Cómo llegó a eso, si el Rey estaba sometido bajo el peso de su cuerpo? Lo ultimo que recordaba era que la tierra se sumió, y después quedó inconsciente. Seguramente estaba en otra caverna, una donde nadie sabría donde estaban.

El chico trató de moverse, pero era inútil, e incluso pareciera que estaba siendo atrapado por las enredaderas de un Tangela, pues mientras más se movía, más presión sentía sobre su cuerpo intentando aplastarlo.

En el enfrentamiento que tuvo contra el Rey hace rato, él igual tomó la ventaja, pero pudo remontar gracias a Pikachu, pero seguramente Pikachu no estaba por allí, sino ya lo hubiese ayudado. Ahora era él quien estaba a merced de aquel diabólico ser, pero a diferencia de hace rato, no le hablaba, no se decían nada. El Rey estaba guardando silencio, y sumado a la oscuridad que había, para Ash era el equivalente a volver a aquel lugar tan oscuro donde estuvo encerrado.

Sintió que su garganta estaba siendo sujeta y después apretada, seguramente fue el Rey tomándolo y queriéndolo asfixiar, solo que lo hacía con una sola mano. Su agarre no era tan fuerte, pero podía sentir los dedos del Rey a los lados y siendo estos los que hacían presión, molestaban más de lo que dolían.

El Rey había tomado la garganta de Ash con la mano izquierda, no tenía tanta fuerza, pero no solo era gracias a su poca energía sino porque era diestro. Quizá no podía recordar la imagen de su cuerpo original, pero al menos sabía que él había sido surdo, una característica relacionada al mal en la época en la cual vivió, una creencia no tan descabellada considerando el tipo de ser en el cual terminó siendo. Cuando creó un cuerpo para sí mismo, terminó adoptando el uso mayoritario del brazo derecho de Ash, ahora debía acostumbrarse o intentar volver a usar la mano izquierda.

Lo más lógico era el sujetar a Ash con ambas manos para ejercer más presión y poder cortarle la vida quitándole el aire, pero había una razón para que el Rey lo tomara con una sola mano. Levantó el brazo derecho, con la mano hecha un puño, y golpeó al chico entre el labio superior de su boca y su nariz.

Escuchó al chico quejarse, pero eso solo provocó que el Rey quisiese volver a golpearlo. Su plan de venganza contra el chico que lo encerró en su cuerpo por ocho años, se basaba en hacerlo sufrir y que sufriera el mismo encierro que él, y la misma impotencia de no poder realizar ninguna acción por su voluntad. Pero ahora, solo quería deshacerse de él lo más pronto posible, ya no quería volver a saber de su existencia, pues si desaparecía, no tendría ninguna preocupación ni ningún impedimento a su plan. Pero aún quería verlo sufrir, aunque fuese por un momento quería sentir esa satisfacción que la venganza le daba.

No podría encerrarlo para siempre y que él sufriera por dicho encierro. No podría quebrar su puro corazón haciéndole ver como perdía a quienes más le importan. Pero tener su cuerpo sujeto con sus propias manos, una copia de las mismas manos del chicos, retorciéndose, quejándose, escucharlo ahogarse con su sangre, sabiendo que estaba deseando que se detuviera, eso era tan satisfactorio como su primer plan. Solo faltó que Ash pudiese verlo, que se grabara la mirada que la copia de su cuerpo hacía antes de desaparecer para siempre.

Ash sentía cada golpe en su boca, su nariz, sus mejillas y ojos. Sus dientes desgarraron sus labios tanto dentro como por fuera. El puño del Rey destrozaba su nariz, un poco más y esta sería completamente plana, y los nudillos de su rival habían raspado sus mejillas.

Él y Gold estaban acostumbrados a pelear de dicha forma, más seguido de lo que batallan con sus Pokémon, por lo que Ash podía tolerar el dolor de los golpes, y sobretodo porque sabía que su cuerpo se recuperaría en poco tiempo, era una ventaja pues cuando peleaba con su hermano, nadie más lo sabría, ni siquiera sus padres por lo que evitaban ser castigados cuando hacían eso de niños. Pero eso no significaba que el chico no pudiera sentirse impotente. Cuando luchaba con Gold, tenía ese sentimiento por llegar a considerarse débil, aunque era más ágil y rápido que su hermano mayor, Gold era más fuerte por lo que podía someterlo en el suelo con facilidad, pero ahora que el mismo caso ocurría con el Rey, el sentimiento era peor, no solo por el hecho de estar en desventaja, sino porque se trataba del ser contra el que nunca le hubiese gustado perder. No era igual a cuando perdía una batalla, después de todo, nada pasaría después de eso, pero perdiendo contra el Rey, significaba que él tendría vía libre para hacerle lo mismo a más personas, no se detendría ni quedaría satisfecho con lo que le haya hecho a él.

Al menos, Ash estaba aliviado de no poder ver al Rey, pues el dolor a su orgullo se vería completa viendo la satisfacción en el rostro de su rival, o más bien, en un rostro copia del suyo. El Rey siempre mencionó que tenía el corazón más puro, si hubiese iluminación, vería su mismo rostro, pero poseyendo al corazón más oscuro.

El Rey no se detenía, quizá no pretendía hacerlo, o al menos eso pensaron los dos hasta que apareció un destello de luz dentro de aquella oscura caverna. Un destello de luz que no debió haber surgido y que, sin lugar a dudas, sorprendió a ambos, pues el Rey se detuvo y Ash dejó de concentrarse en él para intentar voltear al origen del brillo aunque el aura oscura limitaba sus movimientos.

—¿Qué es eso? — se preguntó el Rey al susurrar, pero el lugar era tan silencioso que sus palabras hicieron eco y Ash logró escucharlo. En otras circunstancias, no hubiese hecho esa pregunta, pero luego de haber caído, no lograba sincronizar sus acciones con sus pensamientos, realmente no le importaba hacerlo por completo.

Aquel objeto que emanaba aquella luz era parecido a un orbe. Estaba flotando y aquel brillo venía de su exterior, casi como un aura que lo rodeaba. El Rey se preguntó si estuvo allí todo ese tiempo y él simplemente lo había ignorado.

Otro brillo más resplandeciente surgió, esta vez de su interior. No podía ser una roca, parecía un objeto blando y casi orgánico. De pronto, el orbe comenzó a abrirse y a cambiar de forma, a la vez que el brillo se intensificaba. Solo quedaba una explicación para aquel extraño fenómeno.

—es él. Jirachi— dijo el Rey — todo esté tiempo estuvo donde nadie podría verlo, y de una forma que yo pudiese ignorarlo—

Ash igual creía que fuese el Pokémon deseo, no le cabía duda después de ver que a aquel orbe le había crecido una cabeza con forma de estrella. Luego de lo ocurrido en el monte Moon, Jirachi debió haber necesitado recuperar sus energías, y cuando él le pidió huir, su mejor opción se volvió un lugar parecido al monte Moon, pero alejado del Rey y con una mayor cantidad de lugares donde esconderse. ¿Quién diría que la casualidad estaría junto a ellos y los llevaría al lugar exacto donde Jirachi se escondía?

El pequeño Pokémon se movió un poco, como si quisiese despertar. Fue allí cuando el Rey decidió que era hora de poner su plan a andar y no perder tiempo.

Ahora, con ambas manos apretó el cuello de Ash. Al chico sintió la presión y como intentaba cortar su respiración, iba a funcionar pero el plan del Rey no era acabar con su vida en ese momento, su nuevo plan se lo reveló cuando se acercó.

—no podré hacerte sufrir como tú me hiciste sufrir dentro de tu cuerpo. No podré hacer que veas como acabo con tus hermanos y tus amigos— con la poca luz que emanaba de Jirachi, Ash podía ver las facciones de su rival, y esta vez notó que se estaba divirtiendo — pero necesito muy poco para que tú corazón lleno de pureza se destroce. Me conformaré con que veas como tu imagen, el como una copia de tú cuerpo obliga a ese pequeño Pokémon a cumplir mi deseo antes de hacerte desaparecer para siempre —

El Rey soltó a Ash, se levantó y se dirigió hacía Jirachi. Su andar no era el más orgánico, pero no temía a qué el Pokémon se le volviese a escapar, tenía a Ash bajo control, nada podía detenerlo ahora.

Ash trató de moverse. Si por un solo segundo, el Rey se distraía, el aprovecharía ese segundo para superar al aura oscura y liberarse. Pero era inútil, sus extremidades no se movían más de un milímetro y era obvio que el aura no cedería.

Odiaba admitir que el Rey tenía razón en algo, pero lo tenía pues detestaba el verlo acercarse a Jirachi y detestaba el imaginar que lo tendría entre sus manos de nuevo.

—¡Detente! — Ash sabía que no serviría de nada el gritarle al Rey, pero ¿Que más podía hacer? Las únicas partes que podía mover era su adolorida y sangrante boca, y sus ojos inflamados por los golpes.

Jirachi abrió los ojos y con su pequeña mano, muy pequeña a diferencia de su gran cabeza, se restregó el párpado de uno de ellos. El Pokémon dio un pequeño bostezo y después se sorprendió al visualizar una figura aproximándose. Solo podía ver qué era una figura grande y se acercaba con lentitud. Él había estado muy poco tiempo en aquel lugar, pero aquella figura le hizo recordar a aquel ser que encontró en el otro lugar que estuvo. Un ser muy extraño que a veces era amigable y otras veces era cruel.

Jirachi se elevó un poco, pues quería acercarse a aquella figura y verlo con más detalle.

El Rey estaba muy cerca de Jirachi, y a Ash solo se le ocurrió una forma de evitarlo— ¡Aléjate Jirachi! ¡Huye! —

El grito del chico resonó en toda la cueva, sorprendiendo al Pokémon tipo psíquico y deteniéndose antes de acercarse más a la figura, pero esta continuó acercándose. Cuando aquella figura estuvo lo suficientemente cerca como para ser iluminado por el brillo, Jirachi vio que era aquel chico con comportamiento extraño. Tenía sus brazos extendidos hacía él, a la vez que lo miraba con malicia, parecía que volvía a ser tan cruel como la primera vez que lo lastimó.

—¡Huye Jirachi! — Ash tenía la esperanza que el Pokémon pudiese escabullirse así como en lo hizo en el Monte Moon. No importaba que después, el Rey enfurecido se desquitara con él, podría lidiar con él, pero Jirachi no podría hacerlo si fuese atrapado por el malévolo ser.

Jirachi se asustó al oír aquel grito, y lo interpretó como una advertencia. Con eso y por como lucía el ser que se acercaba, decidió dar la vuelta y volar lejos de él, pero no fue lo suficientemente rápido.

El Rey dio un pequeño salto y extendió sus brazos lo más que pudo. Hubiese sido más fácil usar el aura oscura para envolver el cuerpo del pequeño ser, pero tuvo un pequeño impulso de desesperación combinado con adrenalina, lo cual le hizo reaccionar como lo hubiese hecho Ash Ketchum. Pero el como lo hizo ya no importaba, con eso atrapó a Jirachi y lo tenía entre sus manos.

El instinto de supervivencia del diminuto ser le hizo moverse y esforzarse por alejar ambas manos y así liberarse, algo que le dio gracia al Rey pues todavía tenía esperanza, la cual, él se encargaría de reducir.

—es inútil. No lograrás huir esta vez—

El aura oscura cubrió a Jirachi. Así evitaría que pudiese teletransportarse de nuevo.

—¡Suéltalo! — gritó Ash al ver como Jirachi estaba siendo levantado por el aura oscura y él comenzaba a retorcerse, seguramente lo estaba presionando de la misma forma que lo había hecho con él— ¡Lo estás lastimando! —

El Rey volteó a mirar a Ash, y primero se rio de él antes de decirle —¿No lo has entendido aún? luego que lesioné a tus hermanos y te arrojé al vacío, ¿aún no has entendido que no tengo ni una sola pizca de pureza? No me importa si lo estoy lastimando, no me importa lo que vaya a pasarle. Es el objeto que usaré para recuperar mi poder, y haré lo que sea con tal de lograrlo—

El aura oscura rodeó el pliegue en el vientre de Jirachi, y comenzó a jalar de él. Aquel era el punto del tercer ojo del Pokémon, aquel con el que cumplía deseos. Nuevamente, el Rey pretendía forzarlo.

—¡No! — volvió a gritar Ash. Seguía intentando liberarse de la influencia del aura oscura pero seguía sin tener resultados. El Rey no había dejado ninguna brecha, ni la más pequeña, para poder zafarse.

—¡Observa Ash! ¡Los últimos segundos antes que borre tu existencia para siempre! —

Jirachi no podía luchar contra aquella aura que lo forzaba a abrir su tercer ojo. A pesar de usar todas sus fuerzas, el pliegue estaba retraído a la mitad, y una vez que lo abrieran por completo, su poder quedaría liberado y disponible para aquel que pida un deseo. Pero su instinto de supervivencia volvió a actuar, y por voluntad propia lo abrió para lanzar un ataque.

El Rey se entusiasmo al ver abierto, por completo, el tercer ojo en el vientre de Jirachi. Pero algo raro pasaba, pues de la pupila surgió un brillo muy resplandeciente, un brillo que pronto cubrió su pupila y después todo el ojo.

Un rayo de luz salió del ojo de Jirachi y cubrió al Rey por completo. Era tan intenso el brillo que tuvo que posicionar sus brazos frente a sus ojos para evitar ser cegado. Aquel brillo no solo lo cegaba, sino que parecía quemar su cuerpo, y esta vez hizo retroceder al aura oscura. No era algo que hubiese visto antes, era algo extraño, como si Jirachi hubiese concentrado toda su magia para cumplir deseos y lo haya expulsado en un rayo.

Ash sintió como aquella presión iba alejándose de su cuerpo. Era un alivio pues, un poco más y podría vomitar sus órganos por su boca. Intentó pararse, pero al momento de querer hacerlo, sintió un espasmo por todo su cuerpo, como un calambre hubiese recorrido su pierna, para luego ir al abdomen, a sus brazos y terminar en su cuello. Fue tan intenso que sus músculos parecieron contraerse y lo obligaron a volver a acostarse en el suelo. Ya no estaba bajo la influencia del Rey, pero aún así tenía suerte que no fuese corriendo hacía él para envestirlo, pues debía recuperarse de haber estado sometido durante largo rato.

Llegó el punto que Jirachi tuvo que dejar de usar su ataque, pues lo había dejado exhausto. El Pokémon cayó lentamente al suelo, casi imitando el movimiento de una hoja al caer de la rama de un árbol, quería volver a descansar, quizá dormir otra larga siesta, pero escuchó unos quejidos y eso lo puso en alerta. Los quejidos habían provenido del ser frente a él, quien permanecía inmóvil.

El Rey trataba de recuperarse de aquel último ataque. no pudo incorporarse de inmediato pues no podía mover sus brazos con naturalidad, pues al hacerlo sentía que cada centímetro de su piel estaba siendo punzado por finas agujas. Sea lo que haya sido ese ataque, lo sintió como las más ardientes llamas queriendo calcinar su cuerpo.

—¡Ya basta! — gritó el Rey.

Al escuchar tan estruendoso grito, Jirachi se espantó y comenzó a volar para poder alejarse del Rey. Y esta vez lo logró pues no había nada que lo sujetara, y él Rey no logró estirar sus extremidades para poder alcanzarlo.

El Rey se sorprendió, no pudo controlar el aura oscura a su alrededor, solo quedaba un pequeño resquicio a su alrededor pero no era suficiente como para atrapar a Jirachi y traerlo hacía él. Lo intentó de nuevo, pero el aura no incrementó, ahora estaba limitado.

Jirachi notó que el ser se mostraba confundido y agobiado. Curioso se acercó, pero él al verlo volvió a intentar capturarlo, pero no lo logró pues Jirachi volvió a elevarse unos pocos centímetros. Se acercó una vez más y el Rey volvió a intentar capturar, pronto esto le pareció divertido al Pokémon deseo, quien se rio alegremente y siguió jugando con el ser más grande, acercándose y esquivándolo. Esto creaba una gran frustración en el Rey, pues sabía que el Pokémon se burlaba de él y no podía hacer nada para evitarlo. Sin el aura oscura estaba sujeto a usar únicamente su cuerpo, y él no tenía las mismas habilidades que Ash tenía.

Ash pudo pararse, su cuerpo ya no dolía con cada movimiento. La luz que emanaba de Jirachi le permitía ver al Rey intentado atraparlo. Al entrenador le recordó cuando era un niño y trataba de atrapar Butterfree con su red, pero estos se alejaban de él solo para divertirse, aunque él se tomara enserio aquella captura.

Era la oportunidad que Ash había estado esperando, así que se acercó a él. No podía correr pues no podía ver el suelo y los posibles objetos que lo obstaculizarían, pero se movía ágil y silenciosamente para no ser visto por su rival. Pero no logró pasar por desapercibido como lo esperaba, pues el Rey terminó volteando hacia su dirección. Pero no intentó nada para detenerlo, ni siquiera logró hacer que el aura oscura a su alrededor lo atrapara, solo se quedó inmóvil. Esto sería aprovechado por Ash quien no se detuvo y lo envistió con su cuerpo, empujando al Rey quien cayó al suelo.

El Rey de Pokelantis no iba a permitir que Ash lo inmovilizara con un solo empujón. Se levantó con rapidez y allí lo vio, Ash estaba frente a Jirachi y en guardia, esperando proteger al Pokémon con su cuerpo.

El antiguo ser se enfureció con el chico, por lo que decidió imitar sus acciones y acercarse a él para golpearlo de la misma forma. Pero Ash ya lo estaba esperando y colocó sus brazos en forma de cruces frente a su rostro para que sus antebrazos lo protegieran. Así, el Rey cambió su objetivo y decidió golpear su abdomen, pero no pareciera que le haya hecho tanto efecto, al contrario, fueron sus dedos los que sufrieron y se escuchó el crujir de estos.

Ash sintió el golpe, pero no fue tal como lo hubiese esperado. De hecho, no fue tan fuerte como para sacarle el aire, solo fue un objeto que rebotó en su estómago. No era un chico musculoso cuyo abdomen fuese duro y pudiese resistir golpes directos. Había visto entrenadores como Chuck, el líder de gimnasio de ciudad Orquídea en Johto, o a Brawly, líder de gimnasio de pueblo Azuliza en Hoenn, recibir golpes similares de Hitmonchan o Medichan, respectivamente; pero eran personas con entrenamiento para resistir aquellos tipos de golpes. Incluso vio a Bruno, miembro del alto mando en Kanto ser golpeado varias veces por un Machamp y el entrenador apenas se movió, siendo él un hombre de casi dos metros y que cargaba un Golem en su espalda mientras subía una montaña todos los días. Él por otra parte, podía resistir golpes de Pokémon más pequeños, incluso los de sus hermanos, pero no significaba que no le doliera.

Al voltear a ver al Rey, este se mostraba tan sorprendido como él e incluso preocupado. Antes que su rival quisiese alejarse, Ash tomó su brazo, desde el codo, con su mano izquierda, volvió a empuñar la mano derecha y golpeó al Rey justo debajo del diafragma.

El Rey dejó de respirar una vez que el entrenador de gorra roja lo golpeó. Sus ojos se nublaron por un segundo y sintió que el piso debajo de sus pies se movía. No pudo evitar que Ash lo tomara de los hombros y lo empujara hacía atrás para que cayera sobre su espalda, y estando allí comenzó a intentar recuperar el aliento mientras el chico se colocaba sobre él para inmovilizarlo.

El Rey tomó un poco de tierra con su mano izquierda y la arrojó al rostro de Ash, este solo cerró los ojos para que no entrara ninguna partícula en ellos, no le importo que tuviera tierra en su cara, no iba a soltar ni por un segundo al Rey. Sujetó sus brazos y, oficialmente, lo tenía inmovilizado.

—¡Ya basta! — gritó Ash— ¡Se acabó! ¡Esto se acabó! —

Ni el Rey ni Ash se movieron. El Rey trataba de tranquilizarse y recuperar su respiración, mientras que Ash permaneció inmóvil y mirándolo fijamente, sin quitarle la mirada. Estaba de nuevo en el piso, y así fue como estaban antes que el piso se desplomara y cayeran a la caverna en la que se encontraban. Quizá el chico tenía una manía con inmovilizarlo así, o quizá era algo más.

El Rey no había dudado en golpearlo cuando tuvo al chico inmóvil, pero Ash si lo hacía, no se había movido ni hecho más. El chico no tenía intensiones de golpearlo más allá de lo que ya lo había hecho, y podía decirse que tuvo justificación pues no tenía otra forma de detenerlo.

El Rey sonrió, y luego comenzó a reírse. No fue una gran carcajada como le hubiese gustado para burlarse, fue más ligera pero lograba su objetivo.

—¿De qué te ríes? — preguntó Ash, consternado por la reacción del Rey— se acabó, perdiste—

—no… no es así— respondió el Rey.

A pesar que Ash estaba confiado que había vencido al Rey, algo en sus palabras le puso nervioso. Como si tuviese un último truco que mostrar.

—podrás tenerme aquí, por ahora. Pero ¿Qué harás después? ¿Qué harás conmigo? —

Y eso fue lo que había preocupado a Ash.

—A menos, claro, que tu plan sea estar sobre mí para el resto de la eternidad—

Todo el plan de Ash, se desmoronaba en pedazos cuando tomaba en cuenta que no había pensado en que hacer una vez que haya vencido al Rey.

El rey volvió a reír— ni siquiera lo sabes. No tienes ni idea de cómo deshacerte de mí—

—¡Cállate! —

Debía haber una forma de deshacerse de él. ¿pero cómo hacerlo? La única forma fue contenerlo en una pokeball de roca y hecho con magia durante siglos, y esa pokeball mágica estaba rota desde hacía ocho años. Podría hacerle una prisión allí mismo, o cavar una especie de tumba donde permaneciera encerrado por los siglos de los siglos. Solo necesitaba dejarlo inconsciente y empezar a trabajar.

—mi esencia oscura se restablecerá. Tarde o temprano lo hará. Pero tu no podrás mantenerme inmóvil por siempre, ni podrías hacer una nueva prisión que pueda contenerme una vez que eso pasé. Así que dime. ¿Qué piensas hacer conmigo? —

—¡Dije que te calles! — con cada palabra del Rey, Ash se iba desesperando cada vez más—

Su plan de crearle una tumba también se desvaneció, cuando el Rey señaló el hecho que no lograría contenerlo por mucho tiempo como él lo quería.

—ni siquiera me has golpeado. No tienes intenciones de repetir lo mismo que yo hice, porque no tienes el valor para hacerlo. Porque no tienes las agallas de ir contra tus principios. Porque tu corazón puro no te permitiría hacer lo mismo que yo hice contigo—

El Rey tenía razón. Ash sabía que no había ninguna forma de contenerlo. No podría detenerlo por demasiado tiempo, y de hecho, nada iba a detenerlo una vez que se recuperara. Pero Ash debía encontrar alguna solución rápido, antes que el aura oscura volviese a tomar fuerza.

—nada puede contenerme Ash. Nada puede detenerme. Y la única forma de hacerlo, es la única que nunca harías. Así que, por lo que a mi respecta… — y el Rey fue interrumpido, cuando Ash colocó su mano derecha en su boca.

—cállate. He escuchado suficiente—

Finalmente, el silencio que Ash tanto había extrañado. Estaba en la caverna, a oscuras, sin escuchar al Rey, ni siquiera dentro de su cabeza. Y eso era lo que siempre quiso desde el primer dia que aquel ser entró a su cuerpo, dejar de escucharlo y saber de él.

—durante años no pude ver la palma de mi mano porque tenía la marca de la quemadura provocada por la pokeball que te contenía. Ahora no la tengo ya desde que nos separamos, pero no quiere decir que recuerde como me sentía, pues si lo hacía me aterrorizaba de solo pensar en ti, y así como ignoré tu existencia, intenté ignorar aquella marca. Me hiciste sentir temor durante años, y por eso, no permitiré que le hagas lo mismo a nadie más—

El chico se levantó, el Rey intentó hacer lo mismo, pero el movimiento brusco le hizo sentir un dolor en el vientre que lo inmovilizó por un segundo. Por lo que terminó optando por quedarse en esa posición por un rato.

—tienes razón. No puedo hacer lo mismo que tú. No voy a lanzarte desde la punta del monte hasta el suelo; no voy a golpearte hasta el cansancio; no voy a tratar de asfixiarte, ni intentaría aplastar tu cabeza con una roca. No podría hacer nada de eso, ni siquiera porque se trata de ti. Pero puedo volver a encerrarte y mantenerte allí por toda la eternidad—

—¿y cómo planeas hacer eso? — el Rey estaba intrigado por la respuesta que Ash le daría— rompiste la único que me ha encarcelado, no existe ninguna otra cosa que pudiese contenerme por más débil que me encuentre—

Ash dudó un segundo, pero luego le dijo, esforzándose por convencerse a si mismo que era la mejor opción—tengo el recipiente perfecto. Uno que puede contenerte, y puede vencerte si intentas volver a escapar —

El entrenador de pueblo Paleta volteó a ver a Jirachi, quien estaba detrás de él.

—Jirachi. Quiero que cumplas mi deseo—

El Rey se preocupó cuando escuchó a Ash hablar con el Pokémon deseo—¿Qué haces? —

Jirachi no lo dudo. Cerró sus ojos, y el pliegue de su vientre comenzó a retraerse, dejando al descubierto su tercer ojo del cual emanaba el brillo que era su magia trabajando para cumplir un deseo.

Ash volvió a voltear a ver al Rey— Jirachi es el único ser, con el poder suficiente para contenerte—

—¡Detente! —

El Rey se levantó a pesar de todo, se acercó a Ash, pues su intención era evitar que hablara y Jirachi lo escuchara. Pero Ash lo sujetó, forcejó un poco, pero terminó volteandolo para abrazarlo con fuerza e inmovilizar sus brazos.

El Rey trató de liberarse, pero se encontraba tan débil como para poder separar los brazos del chico contra su cuerpo. Parecía una criatura salvaje tratando de liberarse de una trampa con la que tropezó. Sin importar que tan bueno fuese el chico de gorra roja, el Rey podía asegurar que Ash disfrutaba verlo tan agobiado.

Algo pasaba en el interior de Ash, era el disfrute con el dolor del Rey, era el verlo retorcerse, e implorando por piedad. No sabía a que se debía, si era por ver al ser que jamás imaginó ver en esa forma, o si era porque sabía que se iba a librar de su mayor pesadilla, o quizá era por venganza por todo lo que el Rey le hizo, la única forma en la que detestaba pensar.

Nunca antes habría creído que hubiese maldad dentro suyo, pensaba que todo lo que fuese malvado se le atribuía al Rey de Pokelantis, la una esencia oscura que había en su interior. Pero se sorprendió, tanto que hasta parecía asustarlo, que dentro de él tenía ansias de venganza contra él. Pero, por primera vez en su vida, iba a hacer a un lado sus principios, y disfrutar de aquel momento, ya que nunca más volvería a tener esa oportunidad.

—Soy el único que podría soportar la idea que existe un ser tan malévolo como tu. Soy el único que podría tolerar tu existencia y soy lo único tan fuerte como para contenerte—

—¡No lo hagas! —

Ash vio algo diferente en el Rey, no era desesperación, no era furia, por primera vez, el Rey tenía miedo, temor genuino, así como él y miles de personas en la antigüedad debieron haber sentido de él. Ese fue el momento de mayor satisfacción que había sentido en la ultima semana.

—no te preocupes. Esta vez no te olvidaré— dijo… y pidió su deseo.