Tenemos nueva acutalización :D

Adriana Molina: Quisiera pensar que es por el modo en que fue criado.

LucyGomez: Por ahora tenemos solo un panorama muy general pero si son eso que decis complatamente.

Lore562: Totalmente lindo juntos :D

Peerla Salvatore Swan: Tenemos un Edward muy lindo y relajado, es la intención.

terewee: Comparto totalmente el "Añdodkfkfnfkjfdkkd" jajaja

Lizzye Masen: Gracias a ustedes por leer :D

alejandra1987: ¿Por qué odias a los padres de Edward? Todos somos influenciados en gran manera por como fuimos criados, los personajes evolucionan.

roberouge: Digamos que la parte no inocente de Bella fue reprimisa. Es un equilibrio extraño en el que quiero mantener a Edward, incentiva pero no fuerza y espero poder reflejar eso.

jupy: Bella solo necesita que alguien la acompañe.

Lilia: Bella va a tomar medidas por si misma para ayudar a esa lucha que tiene, quiero una Bella que no se conforme con lo que tiene.

Sanveronica: Eridos en sentido de traiciones o terceros en discordia no, otras cosas no lo sé todavía.

Tata XOXO: Edward no oculta estar dispuesto, no oculta lo que siente pero intenta adecuarlo al ritmo que Bella lleva. René va a hacer algunas apariciones que van a ayudar al propio proceso de Bella yo creo.

aliceforever85: Exacto, tiene que contradecir todo lo que siempre le dijeron. Siempre dicen que los chicos de los fanfics son escritos por mujeres, por eso es lo que toda mujer quiere. Pero no nos quedemos con eso y disfrutemos la historia.

Guest: ¡Gracias!

Car Cullen Stewart Pattinson: Los Edwards que nos gustan, obvio jajaja A lo largo de la historia vamos a ver si Bella se anima a otros tatuajes y que otro podemos sumarle a Edward.

Mapi13: A ustedes por leer :D

saraipineda44: Aún no tenemos la historia completa para saber las intenciones de René pero que Bella fue muy afectada por ella eso no tenemos duda. Bella tambien quiere ver el mundo pero hay un aspecto en particular que si necesita la compañía de Edward.

Noriitha: Tienen muy buena conección, se les nota, y con las trabas que hay en la mente de Bella es más que fundamental una buena comunicación.

stefacullen: Es una buena combinación, un chico bueno con tatuajes y sus propias reglas, buen hijo y buen novio. Toda una personalidad bien armada.

tulgarita: Por eso Bella ni lidia con ella, hace la suya, pero obvio la afecta.

sharongonzalez12: Gracias a ustedes por leer :D

EmilyChase: Sobre pilares firmes fundamentalmente.

Wenday 14: Gracias a ustedes por leer :D


Capítulo 4

Bella's P.O.V

Por unos cuantos minutos nos quedamos allí cerca del risco, mi cuerpo se mantenía caliente y cómodo junto a Edward, disfrutaba mucho notar su respiración pesada debido a nuestra cercanía, mi mente se debatía entre alzar el rostro y buscar otro beso o no hacerlo. Pronto Edward tomó la decisión por ambos, alzó mi rostro besando mis labios, me aferré a su playera y mordió mi labio inferior.

Aún así me sentía como si hubiera fallado, era yo quien debía iniciar ese nuevo contacto. Presioné mi mano en su pecho y soltó nuestro beso.

— Lo siento, me dejé llevar —se disculpó

— No, pero quiero besarte yo —admití— Estaba intentando hacerlo y me ganaste —

— En ese caso me voy a mantener quiero —prometió— Tenemos toda la noche si lo necesitas —

Asentí acercándome a él, su respiración rosaba mis mejillas y podía notar la tensión de su cuerpo. Sus labios se separaron y sus ojos bajaron a mis labios. Me incliné besando sus labios con suavidad, me alejé besando su labio inferior y luego el superior.

Las sensaciones comenzaron a recorrer mi cuerpo, mi intimidad se humedeció y mordí su labio inferior, Edward gimió contra mí y me estremecí por completo. Me alejé de él respirando de forma pesada, recargó su frente en la mía.

— ¿Estuvo bien? —indagué

— Maldición, ¿Necesitas que responda? —preguntó

Solté una risa dejando un beso en sus labios.

— Solo me aseguro —

— Perfecto —

— Sé que probablemente hayas recibido mejores besos —admití— Probablemente esto lo hiciste durante el instituto —

— No pienses en eso —pidió— Cada persona tiene su propio tiempo Bella, pero dime, ¿Él idiota que salió contigo ni siquiera te hizo disfrutar de sus besos? —

— Creo que perdía la paciencia conmigo —expliqué— Cada vez que intenté hacer las cosas lentas, conocer mis sensaciones él se apresuraba —

— Bella, lo que ocurrió con él fue consentido, ¿Cierto? —preguntó repentinamente tenso— Dime la verdad, por favor —

— Lo fue —aseguré— Quizá no tuve el tiempo que quería en cada paso pero estuve segura de que ya no soportaba seguir siendo virgen solo porque mi madre dijera que estaba mal —señalé— Incluso aunque no era placentero fui feliz de finalmente haber desobedecido, sé que él lo intentó, nunca fue su intención lastimarme —

— ¿Pero cómo es que no se dio cuenta e intentó mejorar? —insistió

— Siendo justa con él no le di el tiempo Edward —comenté— Sabía que la primera vez era dolorosa, incluso las siguientes en algunas ocasiones y luego de que mi madre me descubriera ya no tuve interés, quizá si lo hubiera vuelto a ver algunas veces más hubiera ido mejor —

— Conmigo vas a tener tiempo, todo el que quieras, ¿De acuerdo? —preguntó— No necesito nada, no quiero que pienses en eso —

— De acuerdo, gracias —sonreí

— ¿Me besas de nuevo? —preguntó con una amplia sonrisa— ¿Por favor? —

Solté una risa asintiendo y besé sus labios nuevamente. Edward me dejó manejar el beso, relajarme y explorar todo lo que quisiera de su boca y pecho. Sus manos se mantuvieron en mi cintura haciendo alguna que otra caricia eventual.

Mi cuerpo comenzaba a arder demasiado, comenzaba a necesitar más y sabía que esa noche no podía obtenerlo. Edward entendió mi mensaje cuando me aparté de él y se puso de pie extendiendo una mano hacia mí.

No pude evitar notar el bulto en sus jeans, no hice comentario alguno pero saber que mis besos lo habían afectado hizo que mi necesidad de jugar con la bala vibradora fuera aún mayor.

El aire dentro del auto de Edward estaba tenso, sus nudillos estaban blancos aferrados al volante y mis propias manos apretaban la tela de mis jeans. Edward detuvo el auto frente a mi edificio antes de inclinarse sobre mí, su lengua pidió entrar a mi boca y lo acepté completamente.

— Sube —pidió apoyando su frente en la mía— Voy a estropear la noche si continuamos —

— Lo siento —murmuré

— No lo hagas —negó besando mi frente— He pasado una noche maravillosa, ¿De acuerdo? —

— También yo —admití besando sus labios una última vez— Nos estamos viendo —

— Por supuesto, nos vemos —aseguró

Bajé del auto antes de que la invitación de subir saliera de mis labios, aún no era el momento y lo sabía.

Al entrar al departamento me fui desnudando hasta llegar a mi cama, la pequeña bala pronto estuvo entre mis dedos vibrando y sé que nuevamente grité el nombre de Edward cuando el delicioso orgasmo explotó.

Me relajé en la cama recobrando la respiración antes de ponerme de pie y dirigirme a la ducha, una vez limpia regresé a la habitación, me puse mi pijama y me metí bajo las mantas.

La semana transcurrió con calma, notaba mi cuerpo sensible por lo cual la bala vibradora permaneció en su bolsita por el resto de los días. Edward y yo intercambiamos algunos mensajes e incluso me llamó el jueves por la noche pero las conversaciones se mantuvieron sumamente inocentes.

No podía dar crédito a la persona que veía en el espejo por las mañana, podía notar como me sentía mucho más relajada y cómoda en mi propio cuerpo, un cuerpo que estaba comenzando a aceptar y disfrutar del placer. Pero por sobre todo no lograba asimilar lo mucho que quería que Edward llevara nuestras conversaciones a aspectos más íntimos, yo no me sentía lo suficientemente valiente para hacerlo pero la curiosidad de saber si él había obtenido algún orgasmo pensando en mí era demasiada.

El sábado por la mañana comí algo de fruta antes de partir hacia Forks, sentía el estómago completamente revuelto de los nervios. Estacioné frente a la casa de mis padres y respiré hondo antes de bajar caminando hacia la puerta, ingresé la llave en la cerradura y entré. El rostro de Alice apareció pocos segundos después asomándose desde la cocina.

— Hola, me alegro de que seas tú y no mamá y papá —rio

— Hola Ali, ¿Dónde están? —pregunté entrando a la cocina. Alice regresó a la preparación de su desayuno.

— No lo sé —negó encogiéndose de hombros— Creo que iban por el regalo del doctor Cullen —

— Oh, bien —asentí— ¿Ocurrió algo con ellos? —

— No me dejaron ir a la fiesta de Jessica —suspiró

— Lo lamento, sabes cómo es —señalé

— ¿Quieres? —preguntó señalando la mezcla de tortitas

— No, mi estómago está revuelto —admití

— ¿Cómo se siente? La libertad, tu propio espacio —comentó echando la mezcla en la sartén

— Se siente bien —asentí— Es pacífico y relajante —

— Lamento invadirte el próximo año —habló

— Descuida Alice, vamos a estar bien —prometí

— Es solo que…—dudó

— Alice, puedes decirme lo que quieras —prometí

— ¿Prometes que no vas a ir a decirles a mamá y papá? —

— Prometo que mientras no corra riesgo tu vida no voy a decirles nada —señalé

— Bella, esa respuesta no me gusta —protestó

Sonreí notando lo que hacía, ella también había comenzado a hacer cosas a escondidas de mis padres.

— Alice, a menos que estés muriendo no voy a decirles nada —aseguré

— Bien, en ese caso…—dudó— Tengo una cita con un médico en Seattle —explicó— No corre peligro mi vida, no puedes decirles nada de lo que te diga —

— Escucho entonces —asentí sentándome sobre la encimera

— Le tengo terror a quedar embarazada —murmuró— Jasper y yo…—

— ¿Withlook? —pregunté. Asintió— Bueno, lo sabía, solo que no con quien —

— ¿Crees que mamá…?—preguntó

— No, a menos que ella misma te lo haya dicho —comenté

— No, pero me refiero a que tu si —explicó

— Lo supe desde que comenzaste a responderles Alice —admití— No respecto al sexo en sí, sino sobre tu vida en general, tú no vas a aceptar sus reglas por mucho tiempo más —

— Es cierto, pero planeo que paguen toda mi educación —señaló— No soy tonta Bella, la universidad es cara, incluso aunque sea la de Seattle —

— Entonces planeas seguir sus reglas hasta que finalices los estudios —respondí

— Podría decirse —aceptó— Y para eso necesito estar segura de que no voy a embarazarme —

— ¿Entonces el doctor que vas a ver es un ginecólogo? —pregunté

— Si, le dije a mamá que quería ir, que quería hacer algunas preguntas de mi periodo —comentó— Por supuesto no le dije nada sobre tener relaciones pero no me dejó ir, dijo que eso lo iba a iniciar cuando sea que me casara, no antes —

— Yo ni siquiera tuve el valor de preguntarle —protesté

— Eso es porque eres demasiado callada Bella —señaló— En fin, el asunto es que tuve un retraso de una semana —

— ¡Alice! —exclamé

— Calma, calma —rio— Ya me bajó y nos cuidamos, pero pasé una semana horrible Bella —

— No quiero imaginarlo —aseguré

— Es por eso que quiero cuidarme con preservativo y con algún otro método —explicó

— Bien, me alegro de que seas responsable —asentí— Incluso aunque sea por mamá y papá —

— ¿Tu? ¿Has ido al ginecólogo? —

— Si, fui luego de mudarme a Seattle —asentí— ¿Quieres que vaya contigo? —

— Necesito que vengas —aseguró— Soy menor Bella, alguien debe estar allí y firmar, aunque no voy a dejar que entres conmigo, eso es privado —

— Por supuesto Alice, voy contigo —asentí

Alice sirvió todas las tortitas en un plato y puso una capsula de capuchino en la cafetera.

— ¿Quieres? —preguntó

— Capuchino si, por favor —asentí

Ambas tomamos lugar en la mesa de la cocina con nuestras bebidas.

— Bella, sé que soy la menor —aseguró— Y probablemente no sabía nada de esto cuando tu pasaste por mi situación, lamento no haber podido ser una persona a quien recurrir pero puedes hacerlo ahora, ¿De acuerdo? —

— De acuerdo Alice —respondí— Lo mismo digo para ti, lo que sea que hablemos siempre va a quedar entre nosotras —

— Y por eso quiero saber… ¿Has tenido sexo? —

— ¡Alice! —exclamé completamente ruborizada

— Sabes que yo sí y con quien —señaló rodando los ojos— Está bien si quieres llegar virgen al matrimonio, solo quiero saber —

— Si, tuve —acepté dando un trago a mi bebida— Pero solo unas pocas veces, perdí el interés luego —

— ¿Si? ¿Por qué? —preguntó— Quisiera vivir ya en Seattle, Jasper y yo a penas si tenemos algún tiempo a solas —

Bajé la mirada a mi bebida sintiéndome incomoda, Alice si disfrutaba de su vida sexual, eso era evidente. Sabía que la mente de Alice era muy distinta a la mía.

— ¿Bella? —insistió

— No me gustó —admití

— ¿Por qué no? —

— Creo que no era la persona correcta —suspiré— ¿Tú te sientes bien con Jasper? —

— Se siente increíble —sonrió ruborizándose— Me sentí mal luego de la primera vez, llegué a casa y papá y mamá me esperaban con la cena y me preguntaron cómo había estado la tarde de estudios —

— ¿Y? —

— Nada, llamé a Jasper llorando esa noche —admitió— Y luego… bueno, Jasper encontró el modo de colarse en mi habitación —

— Espera, ¿Qué? —pregunté

— Nunca hemos hecho nada en esta casa —prometió— Pero me escuchó llorar y vino, hablamos por horas, estar con él es mágico y luego de mucho hablar con él me negué a seguir sintiéndome mal por estar con quien amo —

— Me gustaría pensar así —aseguré

— ¿Y luego que ocurrió contigo? —preguntó— ¿Aún no encuentras a la persona correcta? —

— Bueno…—dudé ruborizándome

Alice gritó aplaudiendo.

— ¡Dime!, ¡Dime! —pidió

Escuchamos el auto de papá estacionarse y abrí los ojos asustada.

— Relájate, no hacemos nada malo, ¿Cierto? —preguntó

— Es cierto —aseguré— Has madurado mucho Alice, has crecido mucho —

— Tuve la compañía correcta —prometió guiñándome un ojo

Reí escuchando la puerta de casa abrirse y aunque mi cuerpo se tensó cuando mis padres entraron a la cocina mantuve un solo pensamiento en mi mente. No estaba haciendo nada malo, si ellos no aceptaban que yo y Alice no tuviéramos sus mismas creencias y costumbres no iba a sentirme sucia y culpable por eso. Solo esperaba que mi mente lograra mantener esa resolución.

— Hola cariño, ¿Qué tal la escuela? —preguntó papá. Mamá besó mi frente.

— Muy bien —aseguré

Siempre había tenido excelentes notas, era algo que me tenía muy orgullosa y mantener buenas notas me aseguraba continuar en Seattle con su apoyo económico. No era muy diferente a Alice en ese sentido, solo que yo sabía que tenía mi beca si algo ocurría.

Alice actuó con completa naturalidad frente a mis padres como si el tema que habíamos hablado no fuera capaz de iniciar la tercera guerra mundial, la imité conversando amenamente con mis padres.

Cuando la noche llegó me dirigí a mi habitación, me puse mi pijama y me metí bajo las mantas. El día había estado bien, había conversado con mis padres pero no había hablado con Edward, él sabía que hoy los iba a volver a Forks y apostaba a que no quería que su mensaje me hiciera sentir más nerviosa, mañana era la fiesta del doctor Cullen y aún no sabía cómo iba a hacer para alejarme de mis padres.

El día siguiente nos mantuvimos entretenidas junto a Alice hasta que fue hora de ducharnos y arreglarnos para la fiesta del doctor Cullen. Mamá había elegido para mi un vestido rojo oscuro, largo y con un escote muy discreto, el vestido de toda una señorita con pudor según sus propias palabras.

Afortunadamente todo el pueblo estaba invitado a la celebración incluyendo a Rose, mis padres no tenían ninguna queja hacia mi amiga o su familia por lo que era libre de estar con ella toda la noche.

Rose me raptó en cuanto atravesamos las puertas de la mansión Cullen, ni siquiera me dio tiempo a felicitar a Carlisle pero no me opuse demasiado ahora que me besaba con su hijo.

— Alguien me pidió que te ayudara a escapar de tus padres —señaló Rose en tono bajo— René, Charlie, me llevo a Bella un momento —

— Claro, Rose —asintió mamá

Rose sonrió complacida y me tomó del brazo llevándome hacia el jardín de los Cullens.

— No vayas a entrar sin mí —pidió soltando mi brazo— Yo me voy con Emmett —

Emmett se acercó a nosotras y besó la mejilla de Rose.

— Te esperan por allí —señaló apuntando al invernadero

Asentí sintiendo mis nervios crecer y caminé hacia donde Emmett me había indicado. Edward apareció entre las sombras.

— Te ves muy bonita —habló Edward caminando hacia mi— Pero prefiero los jeans —

— También yo —admití alisando la falda de mi vestido— ¿Cómo estás? —

— Bien, todo está bien —aseguró. Hizo un gesto con su cabeza y lo seguí entrando al invernadero. Una vez allí sus labios me besaron. — ¿Tu? ¿Cómo has estado? —

— Bien —aseguré— Alice me está ayudando con los nervios—

— ¿Sabe de mí? —preguntó

— No sobre quién eres pero si sabe algo —asentí— Pero no vayas a hacerle ningún comentario, ¿Me oyes? —

— Por supuesto —aseguró— Pedí un momento para mí, lo tengo y voy a mantenerme callado —

— Entonces… ¿Por qué me chantajeaste con este tiempo? —pregunté curiosa

— Me gusta estar contigo —señaló encogiéndose de hombros— Y quería besarte antes de encontrármelos, de este modo sé que tu parte del trato está hecha —

— No iba a arriesgarme a que hablaras de más —negué

— No hubiera hablado aunque no hubieras accedido —aseguró— Pero respóndeme esto, ¿Estás aquí por obligación? —

— ¿Preguntas si quería verte también? —

— Justo eso quiero saber —admitió rosando sus labios con los míos

— Si, quería verte —acepté

Presioné mis labios con los suyos volviendo su juego un beso real, sus brazos me atrajeron a su pecho presionándose contra mi. No estaba siendo tan suave como solía serlo pero estaba muy lejos de incomodarme.

— Lo siento, estoy siendo brusco —se disculpó alejándose de mi— No puedo evitar la molestia de la situación —

— ¿Aún sigue en pie la cita de la que hablabas? —pregunté

— Por supuesto, tú dime cuando —asintió con una sonrisa tirando de sus labios. Eso me agradaba.

— ¿Próximo viernes? ¿Qué dices? —

— ¿Vas a quedarte en Seattle el próximo fin de semana? —

— Si, ya cumplí al venir este —

— De acuerdo, tengo toda la semana para planear nuestra cita —aceptó con una amplia sonrisa— Pero eso no me distrae de la molestia inicial Bella —

— ¿Y si además del viernes dejo que subas el miércoles a cenar? —pregunté

Soltó una risa sacudiendo la cabeza.

— Me gustan sus modos de distracción señorita traviesa —admitió besando mis labios— De acuerdo, puedo aceptar esta noche a cambio de la cena del miércoles y la cita del viernes —

— Bien, tenemos un trato —acepté

— ¿Recuerdas como cerramos el trato? —insistió

Sonreí inclinándome sobre él y besando sus labios, subí mis manos a su cabello frotando su cuero cabelludo.

— Lo recuerdo —admití

Sus labios me besaron con fuerza, empujó mi cuerpo presionándome contra una de las paredes y noté su excitación latir contra mí.

— Oigan, es hora de entrar —escuché la voz de Rose

Edward soltó nuestro beso pero su cuerpo se mantuvo adherido al mío del mismo modo en que sus ojos me mantenían en él.

— Amigo, tus padres te buscan —insistió Emmett

Edward dejó un último beso en mis labios antes de alejarse, salimos del invernadero y Emmett junto con Edward entraron a la casa mientras Rose y yo continuábamos caminando por el jardín.

— ¿Entonces…? Lo dejas tatuarte y besarte —señaló

— No tengo comentarios que hacer Rose —negué con una sonrisa

— Ay amiga, ¡Me pone tan feliz! —chilló abrazándome— Solo avísame cuando ese hombre vaya a entrar a tu habitación, necesitamos prepararte —

— Si es que eso ocurre falta mucho —aseguré

— No vas a aguantar —negó— Ese hombre estaba devorándote con la mirada y tú lo mirabas igual —

— Quizás si, pero no estoy lista para ese paso —expliqué

— Y eso lo acepto, solo déjame saber cuándo ocurra —pidió

— Bien —acepté con un suspiro

Rose tenía razón, mi cuerpo llamaba a Edward pero había algunos asuntos que resolver antes de eso. La idea de visitar a un médico había quedado en mi mente y luego de la conversación con Alice me había terminado de convencer de que quería asegurarme de que nada malo hubiera conmigo.

Pude escapar del interrogatorio de Rose 20 minutos después cuando Emmett salió nuevamente al jardín solo que esta vez lo hizo solo.

Entré a la gran casa nuevamente dirigiéndome al salón principal donde la fiesta se llevaba a cabo.

Mi interior tembló viendo a mis padres junto a los señores Cullens, Edward no estaba allí con ellos pero apostaba que no iba a tardar en acercarse en cuanto yo llegara.

— Buenas noches, feliz cumpleaños Dr. Cullen —saludé amablemente

— Buenas noches Bella, muchas gracias —sonrió en doctor Cullen

— ¿Cómo has estado Bella? ¿Seattle te mantiene ocupada? —preguntó la señora Cullen

— Realmente sí —asentí— Es una ciudad muy bonita y la universidad demanda mucho tiempo —

— Pero nuestra niña siempre se hace tiempo para venir con nosotros —prometió papá pasando un brazo por mis hombros— Mañana va a venir a la iglesia, por supuesto —

Asentí con una suave sonrisa. Edward se acercó a sus padres de forma despreocupada.

— Señores Swan —saludó asintiendo en nuestra dirección— Señorita —

— Buenas noches Edward, hacía tiempo que no se te veía por Forks —saludó Charlie

Noté el agarre de mi padre aumentar sobre mis hombros.

— Afortunadamente el trabajo abunda en Seattle —aceptó Edward

— ¿Sigues tatuando querido? —preguntó mamá

— Así es señora, tatúo gente todos los días —aceptó

— Hubieras sido una gran adición para nuestro hospital si hubieras seguido con el legado de tu padre —señaló Charlie

— No lo dudo pero no era lo que me gustaba —negó

— Edward no tiene que seguir mi legado —negó Carlisle palmeando uno de los hombros de su hijo— Él tiene que hacer lo que lo haga feliz y si eso es tatuar nosotros lo apoyamos —

— Ustedes tienen dos hijas maravillosas —señaló Esme— Sé que nos entienden, sé que van a apoyarlas en cualquier decisión que las niñas quieran tomar —

— Por supuesto que si —asintió papá soltando mis hombros— Las niñas van a tener nuestro apoyo siempre —

— Son nuestras amadas niñas, ellas van a ser muchachitas de bien y muy felices —aceptó mamá

Los ojos de Edward se posaron en mi rostro un pequeño momento antes de apartar la vista rápidamente.

El padre de Rose se acercó a nosotros uniéndose a nuestro grupo junto a su hija, Rose rápidamente entrelazó su brazo con el mío dándome una cálida sonrisa.

La conversación comenzó a fluir alejándonos del peligroso terreno en el que habíamos iniciado. Este rumbo era conocido, conversaciones sobre Forks, el progreso, el hospital, las nuevas construcciones que iban a estar en venta a los alrededores y la comisaría.

Sin embargo a mi mente le costaba procesar lo que ocurría frente a mis ojos, tres familias completamente opuestas entre sí que mantenían una relación de amabilidad y cordialidad, mis padres que aseguraban apoyarnos en todo lo que yo y Alice nos propusiéramos siempre y cuando no nos saliéramos de lo que ellos pretendían que hiciéramos. Mi mente desconectó por el resto de la fiesta e ignoré las miradas de Edward y Rose sobre mí.

Al día siguiente fui a la iglesia justo como mis padres esperaban y fingí lo mejor que pude hasta encontrarme en la seguridad de mi departamento en Seattle. Lo primero que hice al llegar fue ir a la heladera y tomar dos latas de cerveza bebiéndolas frente al televisor de mi sala sintiéndome libre de las miradas de mis padres, volviendo a ser yo misma.

El lunes luego de ir a clases me presenté en una clínica para hacerme un chequeo ginecológico y entrevistarme con una doctora. Si bien ya había ido luego de mi primer relación sexual nunca me había atrevido a comentarle toda mi historia pero ahora con la reciente conversación con Alice y con Edward en mi vida había tomado el valor para comentarle de todas mis inquietudes. Había sido derivada a una multiplicidad de estudios y también al área psicológica para ser evaluada.

El martes me realicé los estudios que me habían dado y había tenido mi consulta psicológica, iba a asistir una vez a la semana y una vez que tuviéramos los resultados ginecológicos íbamos a poder trabajar sobre la causa real de mi inconveniente.

Todo parecía ser muy sencillo, todos me hablaban calmadamente e intentaban ayudarme pero no me sentía calmada, ni tranquila y no esperaba que fuera algo sencillo. A la persona que me había hecho mi entrevista psicológica le había agradado saber de la existencia de Edward en mi vida pero eso había hecho que me pusiera mucho más nerviosa.

Cuando llegué al departamento el miércoles por la tarde comenzaba a estar inquieta nuevamente, había hablado tanto en tan solo dos días sobre mi inexistente situación sexual y mi cuerpo había sido manipulado y tocado en modos que ni yo misma lo había hecho debido a los estudios que me habían realizado, lo cual hoy me hacía estar incomoda y molesta respecto a tener a Edward cerca de mí durante la cena que le había prometido.

Intentando apartar esos molestos pensamientos de mi mente me metí en la bañera llena de agua caliente y suspiré relajándome.

Solo había sabido de Edward hoy recordando lo de nuestra cena y había sentido como mi cuerpo reaccionaba negativamente al saber que iba a estar cerca de mí. Era desagradable sentirme incomoda por su presencia pero no me había animado a suspenderlo porque sabía que iba a preguntar la razón y no estaba segura de querer decírsela.

Vistiéndome con un amplio jean y una blusa negra me dispuse a preparar nuestra cena, sorrentinos con salsa Alfredo.

Exactamente a las 8 de la noche el timbre de mi departamento sonó, sequé mis manos sintiendo los latidos de mi corazón acelerarse. Me dirigí al portero eléctrico.

— ¿Hola? —pregunté

— Hola bebé, soy Edward —saludó

— Sube —respondí apretando el botón del portero

Respiré hondo intentando serenar mi cuerpo, sabía que Edward no iba a intentar avanzar demasiado pero no me apetecía siquiera besarlo en este momento. Me sentía humillada, tocada y sucia.

Con una última respiración abrí la puerta del departamento justo cuando él bajaba del ascensor, una amplia sonrisa apareció en sus labios al verme y se acercó a mí.

— Hola bebé —habló besando mi mejilla

— Hola, pasa —pedí dándole espacio para entrar

Edward entró al departamento y cerré la puerta dirigiéndome a la cocina, sentí a Edward seguirme.

— ¿Qué cocinas? ¿Necesitas ayuda? —preguntó

— Pasta Alfredo, pon la mesa si gustas —respondí— Allí están los platos y todo lo que necesites —expliqué señalando los diferentes compartimientos

— Claro —asintió

Comenzó a preparar la mesa de la cocina para nuestra cena, eso lo mantuvo entretenido por unos cuantos minutos y a mis nervios también en lo que yo finalizaba la preparación de la cena.

Tomó una de las cervezas de la heladera enseñándomela

— La pasta la como con gaseosa —expliqué

— De acuerdo, gaseosa hoy —asintió

— Puedes tomar cerveza si quieres —avisé— Incluso hay vino, sé que Rose dejó uno abierto —

— No, está bien, gaseosa —aceptó

Saqué los sorrentinos del fuego y los puse en una fuente cubriéndolos de salsa Alfredo antes de llevarlos a la mesa.

— ¿Mucho trabajo hoy? —pregunté sirviendo nuestros platos

— Algo pero entretenido —admitió acomodándose en su lugar en la mesa— Una chica quiso tatuarse la casita de Blanca Nieves—

— ¿Haces ese tipo de tatuajes? —pregunté sentándome frente a él

— No, Emmett prefiere hacer los tatuajes a color pero me gusta ver —explicó— Los tatuajes de Emmett son hermosos—

— ¿Debería dejar que me tatuara? —pregunté divertida

— Nop, solo yo puedo tatuarte —negó

— Asique… ¿Soy cliente exclusiva tuya? —

— Eso serías si hubieras pagado bebé —rio tomando un sorrentino y llevándoselo a la boca— Tu piel es mi privilegio, punto —

Bajé la mirada a mi comida tomando un sorrentino. Sus palabras habían sonado extremadamente bien pero justo hoy no me sentía cómoda.

— Bella, no tienes que volver a tatuarte —señaló— Solo fue un comentario —

— Lo sé —aseguré

— ¿Entonces? —insistió

— Nada, estoy algo cansada —mentí

— Claro, algo cansada —asintió poco convencido

Comimos en silencio nuestra cena, noté su mirada sobre mí en algunos momentos pero no dijo nada al respecto.

— ¿Quieres más? —pregunté cuando comió su último sorrentino

— No, estoy lleno —admitió— Está delicioso, cocinas muy rico —

— Me gusta cocinar, me relaja —respondí recogiendo la mesa

Edward me ayudó a ordenar la cocina y a lavar todo lo que habíamos ensuciado.

— Siento que no estás cómoda a mi lado esta noche —murmuró a mi lado— Y voy a irme si es lo que quieres pero quisiera saber si estás bien —

— Lo estoy —asentí alzando la mirada— Solo no es un buen día —

— ¿Hice algo para que estés así? —

— No —aseguré— No has hecho nada malo —

— Llámame si me necesitas, ¿De acuerdo? —preguntó. Asentí— La cita del viernes sigue en pie, si quieres que no salgamos házmelo saber —

— De acuerdo —respondí

Alzó la mano hasta mi mejilla y trazó suavemente mi piel.

— Dulces sueños bebé —murmuró suavemente

Se inclinó sobre mi besando mi labio inferior muy suavemente antes de apartarse de mi lado. Escuché como caminaba fuera de la cocina y luego el ruido de la puerta siendo cerrada.

Me deslicé por la pared de la cocina sintiendo mis lágrimas comenzar a caer. Edward era algo realmente agradable y reconfortante y me sentía muy adolorida por no haber podido disfrutar de su compañía hoy, de haberme perdido una noche de besos y de caricias placenteras.

Me puse de pie apresurándome al baño, abrí la ducha quitándome la ropa a toda prisa y me metí bajo el chorro de agua. Me senté bajo el agua y me quedé allí dejando que las lágrimas salieran hasta que comencé a tener frío. Me puse de pie y luego de terminar de bañarme por segunda vez en el día salí de la ducha cubriéndome con una toalla.

Me dirigí a la habitación y me vestí con mi pijama favorita. Mi móvil sonó sobre mi mesa de noche.

[Me quedé algo inquieto, ¿Estás mejor?] Edward

[Estoy bien, no te preocupes. Que descanses] Bella

Dejé mi móvil nuevamente en su lugar y me recosté sobre mi costado cerrando los ojos.

Esperaba que haber ido a mi cita con el doctor e iniciar con el psicólogo lograra quitarme esta sensación de culpabilidad por anhelar las caricias de Edward.

El jueves transcurrió con calma y evité todo el día pensar en la cita de mañana por la noche, pero el viernes por la mañana no pude evitarlo más. Debía avisarle si quería ir o no esta noche.

Al llegar de la universidad me acurruqué en mi sofá con el móvil en mis manos.

[Hola] Bella

[Hola, ¿Cómo estás hoy?] Edward

[Bien, pero lamentablemente me dejaron un trabajo sumamente complicado en la universidad y no voy a poder salir hoy]Bella

Mordí mi labio interior de forma nerviosa. Era mentira y él lo sabía pero no estaba lista para admitir la verdad. 10 minutos pasaron antes de recibir su respuesta.

[No voy a fingir que eso es verdad, eso no funciona conmigo] Edward

[Pero si algo ocurre y necesitas estar sola lo entiendo, aún me debes la cita, eso no voy a permitir que lo olvides] Edward

[Lo sé, gracias] Bella

Respirando con más calma me dirigí a la cocina a prepararme un café antes de caminar hasta mi cuarto, me acomodé en el escritorio que había allí junto a mi taza preparándome para un largo día de estudios. No había ningún trabajo que entregar pero mi mente necesitaba estar ocupada en algo que no fuera Edward y su decepción por mi cancelación.

Esa misma tarde recibí el llamado informándome que el martes una psicóloga podía atenderme, esperaba que eso me ayudara con el torbellino de emociones que estaba siendo mi mente y mi cuerpo.

Mis nervios habían ido en aumento, no había vuelto a hablar con Edward, mi mente solo se centraba en esa primer cita psicológica y en los resultados de mis estudios.

Iniciar terapia y comenzar a hablar sobre la forma de crianza de mis padres fue duro, la primera sesión fue sobre mi vida en general pero el hablar sobre mis padres fue doloroso. En la segunda sesión Edward entró a la cuestión luego de que todos los impedimentos físicos para tener relaciones hubieran sido descartados con los estudios. No había notado como mi mente tenía la esperanza de que hubiera un impedimento físico que me imposibilitara tener relaciones, ahora tenía la completa certeza de que era mi propia mente la que me impedía disfrutar.

La doctora me había asegurado que dos sesiones no eran suficientes para notar progreso pero si me había recomendado hablar con Edward, mantener una conversación real con él, no el intercambio de mensajes que manteníamos de vez en cuando por su preocupación por mí. Incluso Rose había sido alertada por Edward, lo cual odié y adoré de iguales maneras.

Había ignorado a Edward y a Rose por un mes completo antes de finalmente tomar la valentía de acomodarme en mi sofá y marcar el número de Edward.

— ¿Bella? ¿Ocurre algo? —preguntó Edward

— Hola, no, no ocurre nada —aseguré— ¿Estás ocupado? —

Miré el reloj de la sala, eran pasadas las 8 de la noche y sabía que el estudio había cerrado.

— No, para nada, estoy en casa preparando algo de cenar —respondió

— Oh, bien —asentí— En realidad supuse que debía darte una explicación por mi desaparición —

— Bella, tú no me debes ninguna explicación —prometió— Si quieres contarme que ocurre me agradaría porque sigo inquieto pero no debes explicarme nada —

— Han sido unas semanas extrañas —admití— No estoy segura de poder admitir algunas cosas aún —

— No tienes porqué —negó— Lo entiendo Bella, tienes tu propios tiempos de proceso —

— Eso debe ser —respondí— ¿Qué preparas? —

— Nada muy elaborado, solo unos macarrones con queso —señaló— ¿Tu? ¿Qué vas a cenar? —

— No lo sé, no pensé en eso —admití— En realidad he estado tan ocupada pensando en llamarte que no pensé en eso —

— Bella no tienes que preocuparte por eso —negó

— Es solo que…—dudé

Cerré los ojos recordando las palabras de mi psicóloga, esconderme de Edward no iba a hacer que mi deseo por él desaparezca.

— ¿Bella? —insistió

— No quería llamarte y que no respondieras —admití finalmente abriendo los ojos— Me preocupaba que mi desaparición estas semanas me alejaran de ti —

— Bella, me debes una cita, ¿Recuerdas? —

— ¿Aún la quieres? —pregunté

— Por supuesto, cuanto sea que estés lista bebé —prometió

Solté una risa sintiendo el escalofrío recorrer mi cuerpo, había extrañado tanto el 'bebé'.

— Pronto, ¿De acuerdo? —pregunté

— Pronto, por supuesto —asintió

— Mientras… ¿Que dices de una cerveza? —ofrecí— Yo invito, mañana —

— No voy a oponerme a cerveza gratis —negó

— Chico inteligente —aseguré

— Bella…—dudó— ¿Quieres que me mantenga lejos de ti mañana? —

— No estoy asegura —admití— Como te digo están siendo unas semanas extrañas—

— De acuerdo, sigamos con la extrañeza —comentó divertido— Si quieres acercarte hazlo, voy a darte tu espacio, ¿De acuerdo? —

— Por supuesto, gracias —asentí

Mantuvimos nuestra conversación activa hasta que finalmente me convenció de ir a buscar por algo de comida y dejé que el terminara su cena tranquilo.

Al día siguiente llegué a su estudio diez minutos antes de que su horario terminara, saludé a Leah y me acomodé en la sala de espera.

Edward salió unos pocos minutos después con una chica que iba siendo sostenida por su pareja.

— Terminamos por hoy Leah —habló dirigiéndose a la recepcionista— Yo cierro —

— De acuerdo, buenas noches Edward —se despidió tomando sus cosas

— Hola —saludó Edward acercándose a mi

— Hola —respondí poniéndome de pie

— Lo siento, debemos pasar por mi departamento antes de irnos —explicó señalando la mancha negra en su playera blanca— Mi última clienta se desmayó de la impresión, me manché de tinta intentando sostenerla y debí esperar a que se recuperara —

— Claro, no hay problema —aseguré— ¿Ella está bien? —

Recordaba a su última clienta, la chica aún se veía algo pálida al irse.

— Lo está —asintió apagando las luces del estudio— Por suerte su novio estaba aquí también —

— ¿Pudiste terminar el trabajo? —pregunté bajando las escaleras junto a él

— No, no iba a arriesgarme a que volviera a desmayarse —negó— Le di agua y esperamos a que se recuperara, acordamos otra cita—

— ¿Y crees que vaya a soportarlo en esa ocasión? —

Edward destrabó el auto abriendo la puerta del copiloto para mí.

— Eso espero, de lo contrario la chica va a llevar una luna a medio tatuar el resto de su vida —señaló

Entré al auto y Edward me imitó entrando por el lado del piloto.

— Puede quitárselo —comenté— El tatuaje —

— Es cierto —asintió arrancando el auto— Pero esperemos que la próxima pueda soportarlo —

— Esperemos —repetí

Condujo en silencio hasta detenerse frente a su casa.

— Puedes quedarte aquí si te sientes más cómoda —ofreció

— Estoy bien, entro —respondí— Si no te molesta —

— No, para nada —negó bajando del auto

Lo imité caminando junto a él, abrió la puerta dejándome pasar primero.

— Hogar dulce hogar —hablé

— Algo así —rio ingresando justo detrás de mi— Voy a tomar una ducha rápida y nos vamos —

— Claro, tomate tu tiempo —ofrecí

— Tu bebe o husmea lo que quieras —señaló divertido— No me tardo — prometió desapareciendo por un pasillo

Aceptando su ofrecimiento caminé por la sala de su casa viendo sus detalles y objetos personales. Un cómodo sofá de cuero marrón estaba justo frente a una gran televisión, también había una pequeña biblioteca con lo que adiviné eran una multitud de libros y diseños de tatuajes.

Me llamó la atención ver una biblia entre sus libros, la tomé de forma curiosa ojeándola y me acomodé en el sofá pasando algunas páginas, había ciertos pasajes y versículos marcados, algunos incluso me gustaban.

— ¿De todo lo que hay elijes la biblia? —preguntó divertido

Alcé la mirada viéndolo recargado en la pared. Estaba usando un jean azul, una playera blanca y una camisa a cuadros azul y negros.

— Justo por eso lo agarré —admití— No esperaba encontrarla aquí —

— Mi madre me la regaló cuando me mudé a Seattle —confesó caminando hacia mi

— Y no la has tirado —señalé

— ¿Por qué debería? —preguntó sentándose junto a mí— Que yo no tenga las mismas creencias de mis padres no hace que deba odiarlas, además esa era de ella —

— Supongo que es lo que ocurre cuando ellos si aceptan que pienses diferente —suspiré cerrando la biblia

— Y odiaría ese libro del mismo modo que tu si hubiera sido obligado a moldear mi conducta a sus conceptos —comentó— De cualquier modo más allá de las creencias religiosas también hay mucho de machismo en su conducta Bella, machismo que justifica con la religión —

— Lo sé —acepté

— Y no digo que mi concepto sea el mejor, simplemente intento no dañar a nadie con ello —explicó

Dejé la biblia sobre el sofá y me acurruqué a su lado, su brazo me rodeó y besó mi cabello. Cerré los ojos soltando un suspiro tembloroso, lo había extrañado mucho.

— ¿Dónde quieres ir? —pregunté

— Por una pizza —respondió— ¿Te agrada? —

— De hecho si, bastante —asentí alejándome de él— ¿Ya estás listo? —

— Lo estoy, vamos —asintió


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Bella acaba de dar un gran, gran paso. ¿No creen?