༺═───────⊰❪ PRESA DEL DESEO ❫⊱───────═༻

❛02 • Punto de vista de Judy Hopps •


Sentí unos temblores en mi cuerpo que terminaron por sofocarme; quedé pasmada y en completo silencio, muy avergonzada.

¡¿Qué me había hecho?! Mi cuerpo lo tomó tan… ¿Bien?

—Torpe zorro —musité.

El aludido me miró de reojo y me obsequió una sonrisa tan amplia que incluso podía observar lo bien afilados que deben estar sus caninos. Guardé la compostura y reflexioné sobre lo ocurrido; aunque seamos una especie mejorada en la actualidad, Nick continúa llevando la sangre de un depredador que no nos une en ningún sentido.

Solo podía ser mi amigo, y por mucho que quisiera un felices por siempre, sabía que no se haría realidad.

—Ya, ya, ya —quebró mis ideas, observándome desde el espejo retrovisor delantero—. ¿Seguirás pensativa? Porque tenemos trabajo esta semana, el tiempo es plata —batió el expediente al aire.

—Ja —sonreí ante sus últimas palabras, aquella casual frase me recordó el momento exacto en el que decidió ayudarme luego de haberle condicionado, y, desde entonces no nos hemos separado—. ¿Mi nuevo jefe? —desafié, recibiendo la carpeta.

—Si quieres, suena interesante —volvió a mirarme. Esta vez sus ojos me pusieron nerviosa—. No sabía que podías tener tan buena imaginación, eres una caja de sorpresas —soltó un fuerte resoplido, provocando un palpitar en mi pecho por culpa de su sarcasmo.

¿Qué intentó decirme? —sin evitarlo me sonrojé y rechacé el magnetismo de su mirada.

No tenía planes de mantener contacto visual con él y opté por revisar el informe sin recrear algún tipo de distracción. Sin embargo, aunque mis manos alborotaban las hojas, mi mente seguía pensándolo.

Desde que tuvo la osadía de defenderme ante el jefe Bogo, no he podido sacarlo de mis pensamientos; cada cercanía con él no solo puede ser divertida sino también confusa, pues él tenía algo que despertaba en mí una sensación nueva que tenía miedo descubrir.

—Zanahorias, indícame el camino.

Reaccioné y busqué desesperadamente las evidencias hasta reconocer alguna señal de la posible ubicación de aquella extraña red de criminales que está alterando el orden de la Savanna Central—. Tenemos dos ubicaciones, la calle East Hazelnut y a una cuadra más abajo se encuentra la calle Huge Apple Tree —estreché mis ojos, analizando la situación—. Creo que deberíamos hacer guardia.

—Con tremendo vehículo, ¿crees que podríamos pasar desapercibidos? —se mofó, estacionándose en un parqueo autorizado únicamente para voltear a verme con comodidad, nuevamente con su encantadora sonrisa—. Eres una torpe…

Puse una mano sobre su boca para evitar que continúe hablando, impidiendo la manía que tiene por acelerar mi corazón; es así como atiné por desviar su rostro al instante que intentaba pasar hacia el asiento del copiloto para tomar el radio intercomunicador y notificar una petición ante la estación policial.

Es tiempo de enfocarnos en la actividad de hoy.

—Recepción, Benjamín Garraza. Mensaje urgente del dúo Wilde–Hoops.

La risa burlona del pelirrojo se elevó.

¿Por qué tuve esa magnífica idea? —me lamenté con ironía.

—Te queda bien mi apellido —remató, acortando la distancia entre los dos mientras me veía fijamente.

Ante sus verdosas iris no pude resistirme; mi ser vibró ligeramente.

—Mi dúo favorito, ¿qué necesitan? —el chillido de la voz del guepardo me libró de mi lujurioso inconsciente.

Pasé saliva y ordené con ímpetu—. Preparen un automóvil civil para ejecutar la labor de la semana —disimuladamente bajé la vista antes que los nervios vuelvan apoderarse de mí y me delaten.

—Correcto, se le equipará por dentro. No les faltará nada.

—Gracias —apagué el radio intercomunicador y de inmediato sentí la respiración de Nick muy cerca de mi nuca; me estaba olfateando—. ¿Por qué lo haces? —murmuré, congelada en mi sitio.

—Hueles delicioso —rozó su nariz sobre mi piel, contorneando mi cuello y descendiendo suavemente hasta mi clavícula—. Es normal en una hembra joven como tú —de pronto se alejó, acomodándose en su sitio para poner en marcha el vehículo.

Su acción aceleró mi ritmo cardiaco y volví a sentir mi cuerpo quemar, una sensación de bienestar emanaba por todo mi interior. Me encontraba en completo shock.

Ese ojiverde estaba logrando que mis feromonas se desborden, algo que podía controlar, pero no con él; naturalmente se le llamaba celo y cualquier macho podía percibirlo, es así como los animales dejaban descendencia, no obstante, gracias a la adaptación evolutiva de nuestros cuerpos, somos libres de expresarlo en el momento adecuado y con el macho indicado, no solo para reproducirnos.

Creí que solo podía atraer a los de mi especie…—pensé, demasiado desconcertada; temía que la situación se salga de control. Si bien es cierto, es la primera vez que mi ser se manifiesta de esta manera, pero no quisiera experimentarlo con un zorro o tal vez, sí.

—No intentaré tragarte —rompió el silencio con una risa despreocupada—. Pero si sigues provocándome puede que lo intente —amenazó, logrando que me sintiera ofendida.

Nadie antes me había hablado con tanto descaro.

Apreté mi puño y sin pensarlo dos veces lo estrellé contra su hombro en un duro golpe—. ¡Respétame, Nicholas Piberius Wilde!

De repente frenó de golpe y al instante me sujetó con una de sus manos, posando el antebrazo sobre ambas piernas contra el asiento, evitando así que mi cuerpo se golpeara contra el vidrio frontal del vehículo.

Aquella acción me desorientó.

—Tu olor me está invitando aparearme contigo —habló, lanzándome una mirada fija y espantándome con su facilidad de palabra. Se veía irreconocible, como un animal salvaje en busca de una diversión sexual.

Fruncí el ceño, decepcionada con su faceta depredativa—. ¡Qué atrevido! —al segundo levanté mi mano y la estrellé contra su pómulo—. Eres un insolente, sinvergüenza —le recriminé.

—Tu frescura no tiene límites —reía, mientras se sobaba la mejilla de mala gana.

Lo miré extrañada por unos segundos hasta que comprendí. Él ha captado mi aroma y cree que estoy ofreciéndome.

Me avergoncé ante esos inmundos pensamientos y aunque no podía juzgarlo por su naturaleza, había actuado como un patán, por lo que atiné en volver a propinarle una buena y bien merecida cachetada; sin embargo, fui detenida por el astuto y mañoso zorro.

—No tan rápido, pelusa —gruñó, acercando su rostro hasta el mío mientras apretaba el agarre de su mano en mi muñeca, causándome incomodidad—. Sigue provocándome y no me resistiré —abrí mis ojos, sorprendida ante el ágil movimiento de su tacto por mis muslos, masajeando y apretando mi carne—. Sé que así lo deseas—sonrió ampliamente, dejando a la vista su fina dentadura, amedrentándome.

—Estas equivocado, no soy esa clase de hembra —aclaré, para que no siga sobrepasándose conmigo. No iba a permitir que conozca mi debilidad, aunque las circunstancias estén acalorándome.

—Tienes razón, tampoco eres de mi especie —susurró, esta vez muy cerca de mis labios—. Eso lo vuelve más apasionante —sus ojos no dejaban ni un segundo de observar mis gestos al detalle.

Tragué saliva y separé mis labios mientras se agitaba mi respiración, ya que no podía controlar la reacción de mi cuerpo ante los sutiles apretones que él me proporcionaba, logrando tensar los músculos de mis muslos hasta irradiar en mi pelvis un calambre sofocante.

—Nick, no estoy interesada en ti…—hablé bajito, pues mentía; estaba segura de lo que sentía, aunque lo negara, pero tampoco quería que fuese lo más vulgar posible y mucho menos dentro de un horario de trabajo.

Soy una coneja con principios…—lo mentalicé más de una vez ante la inminente tentación.

—Tu perfume corporal me expresa lo contrario —murmuró lascivo, subiendo tranquilamente su mano por mi cadera hasta llegar a posicionarla en mi cintura—. Pero suena bien, no quisiera enredarme contigo, zanahorias.

Sus palabras cayeron en seco, aplastando mi ilusión y destruyendo cualquier tipo de posibilidad en ser correspondida; debía afrontar mi error. Mentalmente me debatía si continuar con este engaño a pesar del dolor que me causaría o simplemente ceder, olvidar mis sentimientos y caer presa del deseo.


↠ Siguiente capítulo: CARNE FRESCA