Disclaimer: Nada de lo que puedas reconocer me pertenece.

NA: Se supone que es canon... pero no sé, fue lo que salió.


Costumbre nocturna


En completo silencio, Naoki se aproxima a su lecho matrimonial donde Kotoko reposa dormida, aunque no con la expresión apacible que surca su rostro durante las noches y que secretamente observa unos momentos antes de dormir. Esta vez su cara transmite una pizca de tensión, que acompaña al rastro de lágrimas en sus mejillas.

Kotoko ha llorado al acostarse en la cama.

Como en muchas ocasiones, Naoki se siente un bastardo al saber que la causa del malestar de su esposa, es él.

Deja escapar un suspiro y se sienta con cuidado en el colchón de la cama, contemplando las facciones de su bella e infantil mujer; permite que en su rostro transluzca las emociones que brotan dentro de sí y que no puede expresar, no sabe expresar. Como genio, el manejo de los sentimientos le es muy difícil, y en momentos como ahora es que eso le trae consecuencias. Es normalmente cuando está solo, o tiene la certeza que nadie le ve, que deja fluir lo que siente sin algún control.

A veces desea cambiar ese aspecto de su persona, en especial cuando hiere a su muy amada esposa. Le asusta en lo más profundo que ella se canse de su actitud y le deje, no tanto por el hecho de que se lleve a Kotomi con ella y termine solo; ama a su hija, claro, pero no es capaz de vivir sin Kotoko, ella es su ancla y su motor, un mundo sin ella sería gris, lúgubre.

No puede soportar la idea de perderla, siquiera.

El problema está en que no puede expresar todos los sentimientos conflictivos que guarda dentro de sí, y siempre cabe la posibilidad que el hartazgo gane la batalla y Kotoko le deje.

Admira la tenacidad de su esposa, pero ante todo, su amor.

Siente que el amor de ella le sobrepasa, mas también cree que ella sí sería capaz de sobrevivir sin él, si se esfuerza.

Sucesos como los de esa tarde le dan la certeza que ella se cansará.

Naoki suspira otra vez y, haciendo uso de extrema delicadeza, después de comprobar la respiración acompasada del cuerpo durmiente en la cama, desliza su pulgar sobre el pómulo derecho de su esposa, borrando el rastro de una de las lágrimas que por su culpa ella derramó. Saber que ha llorado por él, le causa desazón, y rabia consigo mismo.

Lo peor del caso es que de ella no haberse girado ella mientras dormía, no se habría dado cuenta de su llanto, el cual había sido tan silencioso, que no lo escuchó mientras leía y trabajaba en un caso clínico que al final no tardó nada en resolver.

El motivo por el que se negó a pasar una tarde relajada con ella, no tuvo su razón de ser. En su momento fue consciente de que era la peor excusa para no aprovechar el día libre de ambos —después de meses sin coincidir—, uno en que incluso sus padres se ofrecieron a cuidar de Kotomi para darles un descanso y un tiempo de calidad como pareja.

Cuando Kotoko le preguntó si podían salir juntos y seguir los planes que tenía en mente, su negativa fue cruel…

"Tengo trabajo que hacer, Kotoko" (si lo hubiera dejado ahí). "Yo no soy desobligado como tú, no voy a perder mi tiempo cuando puedo aprovecharlo en cosas que sí valen la pena".

"Pero, Irie-kun…"

"No quiero que me molestes con tonterías".

"Es nuestro día libre…"

"Seguro tienes con quien disfrutarlo, déjame en paz".

Pensándolo con detenimiento, en el momento de hablar con ella tenía en mente la imagen del nuevo enfermero del hospital muy amistoso con ella y por eso le contestó groseramente. Otra vez los celos le dominaron.

Sabe que le debe una disculpa grande. Como muchas otras veces.

Y le pesa que no dirá nada, al día siguiente hará como si todo fuera normal, ni siquiera abordará el tema… porque él no es así, nunca lo será. No dirá en voz alta lo que calla, no admitirá su error tan fácilmente. Simplemente dejará que el asunto quede en el olvido para ella, que le perdona rápido, de forma sencilla, sin guardarle rencor… aunque haya lágrimas de por medio.

Por ello ocupa las noches para, en silencio, mientras la observa, pedirle disculpas por sus fallos; aprovecha ese momento para reprenderse por herirla y encontrar una forma sutil de reparar su daño.

Solo es en la privacidad de su dormitorio que la máscara cae, sin que nadie más que él se dé cuenta.

Naoki se recuesta sobre su brazo derecho y con una minúscula sonrisa mira embelesado el rostro de su esposa, como si de una obra de arte se tratara; no deja de admirarle lo bella que es, la buena suerte que tiene de tenerla a su lado. A pesar de todo lo que él hace, de que no es perfecto realmente, a pesar de no ser el mejor esposo del mundo.

Él sabe que es afortunado, aunque nadie lo crea. La mayor parte de los errores grandes que se cometen en su matrimonio, son de él. Y es una suerte que ella no se rinda.

Apaga la luz de la mesa de noche y se inclina a besar la frente de su esposa.

—Te amo, Kotoko. —En un susurro pronuncia las mismas palabras cariñosas de cada noche, cuando está dormida.

Entonces, la apega a su pecho, aunque sabe que en unas horas ella comenzará a dar vueltas y al amanecer estará apartada de su cuerpo, sin reparar en cómo durmió acobijada por él. No importa, se conforma con el tiempo que puede mantenerla segura entre sus brazos, compartiendo su calor y recordando que ella está a su lado, que sigue ahí.

La abraza con fuerza y finalmente cierra sus ojos para descansar.

Ahí es cuando Kotoko sonríe, como siempre; es cuando se alegra de poder regular su respiración lo suficiente como para engañarlo y poder disfrutar esos instantes que le aseguran que él la ama, que le dan las fuerzas para no perder las esperanzas. Aun cuando todos creen que vive con un completo témpano de hielo.

También te amo, Irie-kun, dice en su mente, dejando que Morfeo la atrape en sus brazos.


AN: Se me antojó esta pequeña escena cursi.

Actualicé aquí porque me están matando los pendientes que tengo y necesitaba despejarme un rato (por lo menos media hora que me lleva escribir algo corto); sigue mi promesa de que "Algo tiene el destino" se actualiza en mayo, no desesperen que yo sí lo hago... A ver si para entonces mis obligaciones ceden...


Gema: Eres muy linda, y me complace que te guste. Yo te confieso que hago mi mejor esfuerzo para que sea entendible lo que escribo; es fantástico que pueda agradarles.