Disclaimer: Nada de aquí me pertenece.
NA: Nueva dinámica, pondré antes algo sobre el escrito para que se den una idea y decidan si leer o no.
Kotoko contempló los ojos de la viuda de Irie-kun y finalmente comprendió que él la amaba. Porque amar, también era soltar.
Dejando ir
El ambiente lúgubre se respiraba en ese sitio que guardaba los cuerpos de las almas que habían cesado su existir en el mundo y buscaban un lugar de reposo para la eternidad. Aquel cementerio, ese día frío de enero, reunía a los seres queridos y cercanos a la persona respetable que había fallecido, joven, pero con grandes logros que enorgullecían su nombre.
La muerte era aceptada como un hecho natural en la vida, aunque a más de uno le sobrevenía el pensamiento de que, quizá, no era el tiempo todavía para quien presentaban sus últimos respetos.
Las lágrimas de la madre reflejaban el deseo de ocupar el lugar de su retoño, el dolor del padre se lamentaba la prontitud del deceso y la interna culpa de que ocurriera.
Ambos sabiendo que no podían cuestionar los designios del ser supremo.
Kotoko emitió un suspiro secándose una lágrima y leyó la inscripción de la tumba de Irie-kun, que se había ido con apenas poco más de treinta años, sin haber vivido lo suficiente, arrebatado de la vida por la presión sobre sus hombros y un día a día cubierto de monotonía.
Se acercó unos pasos hasta oba-sama y le ofreció su mano, pero ella le rodeó con sus brazos y siguió llorando la pérdida de su hijo mayor, sin encontrar el consuelo en su marido e hijo menores, igualmente perdidos en los sentimientos que provocaba la muerte de Naoki.
Konomi permanecía junto a su esposo Yuuki, silenciosa, apretando su mano en forma de apoyo. Su papá con una mano en el hombro, le daba ánimos a su amigo del alma.
Y estaba la viuda, quien más allá de una lágrima o dos, observaba el sitio de descanso de su pareja, con una mirada aliviada. Kotoko encontró que los ojos de Sahoko eran extremadamente reveladores.
En la muerte de Irie-kun, Sahoko había encontrado su liberación, porque lo amó y nunca fue correspondida, y cuando aquel sentimiento se agotó, no lo dejó ir en vida, no consiguió cortar una relación basada en el honor, que a la larga los hizo miserables.
Kotoko lo sintió por ella, una joven maravillosa que se marchitó con el paso del tiempo, como las flores sin amor ni riego. El pensamiento pudo ser egoísta, pero notó que aquella pudo ser ella misma.
Abrazando a oba-sama, miró nuevamente el nombre de Irie-kun y se despidió en silencio, agradeciéndole, entendiendo finalmente lo que él había querido decir hacía más de diez años.
Irie-kun le confesó que la amaba, que estaba enamorado de ella, y cortó desde un principio algún vínculo entre los dos, diciéndole que pensaba en su bienestar no alimentando una relación entre ellos. Llevaba tiempo queriéndola y aun esforzándose mucho, no podía dejar de herirla… actuaba por instinto, de tantos años siendo alguien frío, que dañaba con sus palabras y acciones crueles a los otros, lamentándose después, pero no haciendo nada para reparar el mal hecho.
Deseaba evitarle eso, porque sabía que la heriría más de lo que la haría feliz; ella derramaría más lágrimas de dolor e infelicidad por él, que sonrisas y buenos momentos tendría. Su personalidad acabaría con ella y la Kotoko que era se apagaría, buscaría amoldarse a él y en el camino se perdería a sí misma.
Sería lo único que no se perdonaría nunca.
No quería presenciarlo, mucho menos provocarlo.
Así que Irie-kun se alejó, la dejó ir, instándola a ser feliz con alguien merecedor de ella, explicándole que encontraría a alguien mucho mejor que él, porque estaba allí afuera, esperando a que ella rompiera lazos con un amor que la dañaba.
Y él hizo a un lado su expectativa de ser médico, cumplió con lo que se esperaba de sí como heredero de la empresa, resolvió sus problemas uniéndose en un matrimonio concertado. Se convirtió en una máquina, sin mostrar sus sentimientos, viviendo pensando en los demás, condenándose a sí mismo a una existencia sin verdadero sentido, arrebatándose su propia felicidad. No sorprendía que la vida se le fuera… porque prácticamente no vivía.
Se preguntaba si Irie-kun estuvo todos esos años así, como castigo por no querer darles una oportunidad a los dos… no creyendo que podría funcionar. Incluso cuando ella mucho lo quiso intentar.
No podría preguntárselo.
Aunque él no se equivocó, le tomó diez años pasar página, pero llegó alguien a quien verdaderamente amaba y que la amaba, y que la hacía tan feliz como Irie-kun había deseado.
Le pidió perdón ante su tumba, por haber dudado de los sentimientos de él por ella. Respetó los sentimientos que le tuvo, que le impidieron desarrollar más que el respeto que siempre vio en su relación con su esposa, alguien maravillosa que amó a la persona equivocada y no supo poner el amor a sí misma primero. Quizá, por su forma de ser, era tan difícil para Naoki desarrollar sentimientos por los otros, dando todo por la persona querida y siendo exclusivo en el tipo de afecto que daba a la persona afortunada.
No lo supo en su momento, ni lo sabría.
Nunca lo pensó más que en ese instante; ya que, esa vez, a través de la mirada de Sahoko, entendió que él la amaba. Y cómo la había amado. Porque amar, también era soltar. Él la había dejado ir, y quizá eso lo mató, pero la puso a ella en primer lugar.
La amaba, quiso evitarle ser como su esposa. Prefirió sufrir, entregándole solo a ella, Kotoko, su amor, y atesorando sus propios sentimientos dentro de sí, porque tal vez por algo más ella debía pedirle perdón, con un pequeño sentimiento de culpa surgido del entendimiento de ese día.
La invitación a su boda debió quitarle a los sentimientos de Naoki la última esperanza de vivir, aunque él mismo se lo buscó.
Se aferró a ella y luego, la dejó ir.
NA: ¡Saludos!
Un poco melancólico y trágico, es sólo que me puse a leer algo y me mandó esta clase de "reflexión", un Irie abnegado, que en vez de decirle que no amara a otro que no fuera a él, la animaba a lo contrario. Me hizo pensar que para algunos sería falta de amor por no luchar, o un tipo de amor sin valentía, pero también da a la posibilidad de un amor genuinamente preocupado por la otra persona, sabiendo que la va a herir, aunque deja de lado el amor propio, que últimadamente viene acompañado del conocimiento de los propios defectos y virtudes.
No sé, quise explotarme un poquito mentalmente, a ver si pude expresar lo que quería en lo anterior. Ahora sí, sin eso dándome vueltas, puedo continuar escribiendo el capítulo de mi fic que dejé a medias.
Besos y abrazos, Karo.
lulu2154: Gracias por el comentario, me da gusto que leyeras y te agradara la lectura que encontraste, es bonito poder hacer cosas de los gustos de los otros. Espero que más adelante también te parezca buena otra de las historias :D
