Disclaimer: Nada de aquí me pertenece.

Naoki pensó que con Kotoko había sido suficiente, pero esa vez era peor. Ningún chico le arrebataría a su niña.


Celos de padre


Al llegar a casa para cenar, después de un turno agotante a causa de veinte chiquillos enfermos de varicela, Naoki se encontró en el recibidor con una escena que le pareció enteramente desagradable.

Muy a gusto, a una distancia demasiado angosta y cerca de unas flores amarillas que no acababan de morir, su hija platicaba con otro adolescente que, con ojos atentos a su rostro y una sonrisa, mantenía ajena a Kotomi de su presencia. El chico de cabellos y ojos negros portaba uniforme escolar y con una conversación sobre astronomía, le robaba la atención a una de las adoraciones de sus ojos.

Aquello no le gustaba.

Se aclaró la garganta, pero ninguno de los dos pareció escucharlo.

Ese mocoso estaba quitándole la atención de su hija, en su propia cara.

—Hiroshi-kun, ¿seguro que no quieres quedarte a cen… ¡Irie-kun! —exclamó su esposa con voz alegre apareciendo en el pasillo que daba a la cocina de la casa, acercándose a él para saludarlo con un abrazo—. No te escuché llegar.

Su hija se fijó, finalmente, en él, y le ofreció una sonrisa antes de aproximarse para darle un beso en la mejilla y luego apartarse hasta volver a ubicarse de lado de Hiroshi-kun, con un poco de color en su rostro, que solo él consiguió notar.

Kotoko, también, volvió su mirada a los ojos negros del sonriente chico.

—Se lo agradezco, Irie-san, me esperan en casa —habló el mocoso con una sonrisa que tuvo un efecto de espejo en su mujer y en su hija.

De Kotoko podía entenderlo, solo que de Kotomi, casi tan circunspecta como él, le sorprendió sobremanera; a menos que fuese familia, ella no era muy expresiva en su modo de ser y con ese muchacho parecía actuar diferente a lo que acostumbraba.

Una idea repugnante apareció en su cabeza. No-podía-ser.

Pensó que con Kotoko había sido suficiente, pero esa vez era peor. Ningún chico le arrebataría a su niña.

—Es una lástima escuchar eso —musitó su esposa y se despidió antes de escabullirse a la cocina, donde debía estar preparándose la comida, y que si se distraía mucho, podía quemar.

Con los años y la práctica, y la revisión de él, el único del que ella demostraba poder aprender bien, Kotoko había mejorado en lo que el aspecto culinario se debía, no al alcance de las habilidades de su madre, su padre o de él, pero sí comestible y aceptable. Ella estaba en casa más horas que él, habiendo recortado sus turnos cuando decidieron tener su propio espacio para su familia y porque la remuneración de él era superior y les permitía un estilo de vida cómodo.

—Papá. —Los orbes marrones que Kotomi heredara de su esposa, se enfocaron en él, como lo hicieron los ojos oscuros de Hiroshi-kun. Su hija señaló a su compañero. —Él es Fujiwara Hiroshi-kun… —Por todos los dioses, que no fuese de la clase F, o estaba perdido—…que acaba de ser transferido de Kyoto y fue ubicado en mi salón.

Naoki suspiró, parcialmente aliviado. Las relaciones entre un estudiante del A y uno del F, en su experiencia, tenían resultados que, tratándose de su hija, no esperaba se repitieran.

—Irie-san —saludó con una inclinación el muchacho—. Gracias por recibirme en su casa, Kotomi-san me ha ayudado mucho —comentó irguiéndose, reflejando mucha educación.

—Gusto en conocerte —dijo, cambiándose los zapatos a las zapatillas de casa, aliviado de escuchar cómo se despedía de su hija aquel chico.

Se fue a cambiar cuando escuchó la puerta de entrada cerrarse.

[-]

Por la falta de su hijo menor, que estaba en casa de su hermano, donde dormiría con su "mejor amigo", su primo, la cena fue algo silenciosa, interrumpida por Kotoko haciendo preguntas a él y a su hija sobre su día, y entre momentos platicando algún acontecimiento que hubiese pasado.

Naoki estaba disfrutando de sus alimentos, dichoso de que la cena no fuese arruinada por la compañía del compañero de su hija, a quien no esperaba escuchar nombrar ni ver por ahí otra vez, si de él dependía. Le enojaba solo pensar que su hija pudiera ser atraída por ese muchacho, en quien no confiaba, aunque su esposa y su hija hubieran actuado muy afablemente en su presencia.

—Mi-chan —dijo de repente su esposa—, ¿es él? —preguntó, casi atragantándolo.

Para su mala fortuna, fue muy rápido en alegrarse.

—¡Mamá! —exclamó su hija, un poco sonrojada, dándole una mirada a él, que sintió su párpado temblar. Kotomi nunca perdía el temple de esa manera, y ya dos veces en ese día había visto un cambio en ella a causa de ese mocoso.

—¿A qué te refieres, Kotoko? —inquirió él, parcamente, tratando de fingir ignorancia, que no cabía en él. Se imaginaba algo que no le agradaba.

Su esposa se cubrió la boca con ojos abiertos. —Oh, ¡Mi-chan! Lo siento —farfulló entre sus dedos—. ¿Ya has terminado? —preguntó mirando el plato finalizado de su hija—. Oh, entonces puedes retirarte —invitó con una sonrisa, y su hija, encogiendo los hombros, agradeció por los alimentos y se retiró.

Kotomi era demasiado lista como para hacer ese tipo de escape. La número uno de la clase A, ni más ni menos. Aunque quedaba su esposa, que no se escaparía de un buen interrogatorio, si podía darle mayor información.

—Kotoko —pronunció apretando los dientes, dirigiendo sus ojos a la aludida, esperando, aunque sea esa vez, amenazarla. Después de todo, sí se sentía enojado y transmitírselo sería muy sencillo. Su hija, ¿con novio? —¿A qué te refieres? —repitió, y ambos sabían que odiaba decir dos veces lo mismo.

Kotoko sonrió, inmune a su mirada, sus años juntos la habían hecho saber muchas cosas de su marido, como que esa vez se encontraba celoso. Se sintió divertida, más que nada, porque su controlado esposo no podía disimular lo alterado que le ponía el que alguien del sexo opuesto pusiera demasiada atención en ella, y ahora en su hija.

Si cuando pacientes hombres agradecidos por su cuidado, ignorantes de quién era su esposo, le llevaban flores, o la invitaban a salir, él tiraba miradas asesinas a diestra y siniestra. Más cuando llevaba las flores a casa para la mesa junto a la puerta de entrada, pues sería un desperdicio desecharlas; no lo hacía con mala intención, ella aguantaba que todo el personal y todo paciente atraído por él, prodigara atenciones al afamado doctor Irie, unas cuantas llevándole chocolates el día de San Valentín, disfrutados por sus hijos. Si él no podía rechazar aquello de un paciente para no ser maleducado, aun cuando dijera que estaba casado, ella bien podía aceptar aquellos hermosos arreglos florales, que no hacían mal a nadie y alegraban y daban un mejor aspecto a su hogar.

Y bueno, admitía para sus adentros que por lo menos a él le había enseñado que, en las fechas especiales, debía comprarle flores. Soltó una risita a ese pensamiento, sintiéndose como cuando le mostró a él que tenía una de las fotografías del tiempo en que su madre lo enfundaba en vestidos de tul rosa.

—Kotoko —llamó Naoki con los ojos en blanco, sin preguntarse en medio de qué ensoñación estaba su esposa, aun a su madura edad.

—A Mi-chan le gusta Hiroshi-kun —expresó Kotoko comprendiendo por fin las ilusiones que le daba a Noriko emparejar a sus dos hijos. Mi-chan y Hiroshi-kun se veían tan tiernos estudiando en el salón, y hacían una bonita pareja.

—Eso no puede ser —casi bramó Irie-kun, apartándola de una futura ilusión con los dos adolescentes.

—No sé por qué te sorprende —dijo ella encogiéndose de hombros—, tiene dieciséis años, a su edad yo ya estaba enamorada, llevaba poco más de un año así.

—Es diferente –espetó Irie-kun.

—¿Ah, sí? —musitó Kotoko con malicia. —¿Y eso por qué? —emitió inclinándose con una sonrisa de burla hacia él, que a Naoki le ocasionó un mal presentimiento. —¿Porque era de ti de quien estaba enamorada?

Él se mantuvo en silencio, con la nariz arrugada por el pensamiento de su hija saliendo con alguien. Era muy pequeña todavía y, de cualquier manera, no había quien la mereciera.

—Eso no tiene nada que ver, él no se la merece —apostilló Naoki, sin cambiar de parecer.

—Bueno —repuso Kotoko, casi inocente—, había quienes decían, sobre todo Kin-chan y Keita-chan, que yo no te merecía, Irie-kun.

El argumento de Kotoko lo dejó en seco, consciente de lo que ella quería decir; ella era un alma alegre y soñadora, mientras que él era frío y reservado, que mostraba muy poco el afecto verdadero que le tenía a su esposa de veintitrés años. Y a la edad en que se conocieron, podía admitir que había sido todo un capullo con ella, que siguió amándolo, para su suerte, a pesar de todo. Ciertamente, Kotoko no se merecía a alguien así y lo había escogido, algo de lo que estaba agradecido hasta ese día, sin importar el buen partido que para muchos fuera, inconscientes de lo malo que podía ser muchas veces.

Sin embargo, eso no ganaba la discusión y era desviarse en otro asunto.

—Y Hiroshi-kun es un buen chico, amable, considerado y atento, y hace reír a Mi-chan. Es justo su opuesto, como tú conmigo —remarcó Kotoko sonriente—, le hace bien a esa pantalla reservada que heredó de ti, saca a la chica dulce que existe en el fondo de ella.

Naoki frunció el ceño, porque Kotoko sonaba como su madre en su tiempo de querer emparejarlos a ambos, y como cuando ambas estuvieron al querer unir a Yuuki con Konomi. Casi estaba viendo la batalla perdida.

—Ella es muy chica todavía para salir con alguien —manifestó, de cualquier modo. —Primero están sus estudios.

—¡Si es igual de perfecta que tú! —reclamó Kotoko alterándose porque le llevara la contraria y quisiera ponerle trabas. Luego suspiró, porque Irie-kun podría ponerse firme en ese punto, si se lo proponía. —Además, no están saliendo, se están conociendo, y solo le estaba ayudando al ponerse al día. Si el chico es de su grupo en unos días estará al mismo nivel que sus compañeros y no necesitará compartir tiempo con ella —analizó ella con decepción, ya que no podría ser el caso de Kotoko y Konomi con sus respectivos esposos. Sus hombros cayeron.

Irie-kun sonrió como si estuviese satisfecho.

—Pero si están en el mismo grupo —saltó de repente Kotoko, haciendo decaer la sonrisa socarrona de Naoki, quien sabía que se venía una buena de ella—, podrán hacer trabajos de equipo juntos —concluyó frotando sus manos en aire conspirador.

—Si tienen que hacerlo, que vengan a casa, nada de bibliotecas ni el hogar de él —masculló Naoki entre dientes, apartando lo poco que quedaba en el plato de comida, ya el hambre se le había ido por completo.

Vigilaría a aquel mocoso que podría quitarle a su hija.

—-Irie-kun, ¿por qué te molesta tanto? Sabes que es algo normal y papá lo tomó muy bien.

Kotoko pensó unos instantes en lo posesivo que podía resultar él con sus sentimientos y con ella, pudiendo llegar a una conclusión.

—¿No será que temes que Mi-chan se aleje de ti? —musitó ladeando la cabeza con su índice sobre su mejilla, observándolo, y viendo un pequeño cambio en su expresión. Podía ser que él, en sus celos, asociara el momento como cuando a ella casi la perdía por culpa de Keita, pero eso era diferente, porque Kotomi era su hija, mientras que ella su pareja.

Rió suavemente.

—Mi-chan nunca te dejará de querer, aunque haya otro hombre en su vida —consoló palmeando su mano con una sonrisa, después se paró y lo abrazó en un gesto cariñoso, que él no correspondió, aunque no le rechazó. —Aun para un genio como tú hay cosas difíciles de entender —susurró en su oído, antes de apartarse brevemente y mirar a la entrada del comedor, donde se encontró con los ojos atentos de su hija, a quien regaló un guiño cómplice, habiendo cumplido su objetivo.

Kotomi asintió con una sonrisa y se alejó a su habitación, sabía que podía dejarlo a su okāsan.

A veces, su madre tenía que ver a los ojos a su padre, para poder convencerlo, más de lo que ella podía.

Después de todo, ella había conseguido casarse con él.


NA: ¡Saludos!

Ja, ja. Siempre quise hacer algo por el estilo, con Irie teniendo que enfrentar ese momento en que sintiera que su niña podía ser alejada de él. Lo pensé originalmente con un chico del F (que igual estaba la situación de que Kotomi tuviera otra orientación, pero era más divertido de este modo), y luego no quise ser demasiado cruel, al menos dándole una pequeña esperanza. Es muy típico esto que puse aquí, mas tenemos que admitir que no hay mucho de esto en el fandom je,je.

En un momento pensé si ponerlo en un universo como el de su separación, pero para ese me vino otra idea que a ver si desarrollo más adelante.

Les dejo con muchos besos, Karo.