Disclaimer: Nada mío.

Noriko Irie, con su característico actuar, solo deseaba ver la felicidad de su hijo.


El alcance de un sueño


Una mamá gallina, presumía de conocer a sus polluelos.

Irie Noriko se jactaba de hacerlo, hasta que su querida Kotoko-chan llegó a su vida.

Yuuki era predecible, un niño pequeño cuya mayor aspiración era imitar a su querido hermano, esforzándose para ser una copia de él, con un ceño fruncido que más de dar temor, lo hacía ver adorable. Su hijo de diez años era listo, pero fácil de adivinar, y no tan frío e imperturbable como su onii-chan —lo cual admitía que podía ser su culpa—.

Naoki, el mayor, también tenía comportamientos que adivinaba fácilmente, podía describir que su vida era muy monótona y todo cuanto hacía no necesitaba mucho análisis, aunque bien sus reacciones tenían una cualidad muy lógica, si se les buscaba explicación. Era serio y rutinario, sonreía en ocasiones especiales, generalmente cuando se trataba de su hermano menor, y no hacía nada que no pareciera salido de un libreto.

En realidad, era aburrido, si lo pensaba comparando con lo que deseara ver. También el menor, solo que este último le proveía de un poco más de diversión y entusiasmo con sus pucheritos cuando ocurría algo que le desagradaba.

Sin embargo, algo cambió con el arribo de Kotoko-chan a su casa. Ella había traído vida a su hogar, y no solo más emoción a su querido Yuuki, sino también al de su querido Naoki. Especialmente de él.

Pronto, el menor de sus hijos volvió a ser fácil de determinar… solo que con el mayor ella se tornó incapaz de discernir entre sus comportamientos. Ya no era el completamente hermético chico adolescente, sino que se convirtió en un joven con menor estabilidad y algo de él, que ella no habría podido esperar antes, surgió.

No era el encantador o inexpresivo chico que ganaba la atracción de todas, sino tenía un actuar insoportable que hería muchas veces a Kotoko-chan, para luego hacer pequeñas cosas, casi imperceptibles, que le hacían pensar que su adorada niña no le era tan indiferente… tal vez no como prospecto amoroso, como ella quería que se tornara y por ello empujaba mucho a Kotoko-chan en esa dirección.

Insistía a Kotoko-chan porque veía que quería enormemente a su hijo, pero también no negaba que la utilizaba para que su onii-chan saliera de esa crisálida, o más bien caparazón, imaginaba que en su interior no podía ser tan bello como una mariposa —lo más difícil de aceptar para una madre, era notar que sus hijos no eran perfectos.

Onii-chan era mejor con Kotoko-chan cerca, mas su hijo no lo veía, y hacía lo posible, lo sabía, de ir en la dirección contraria, situación que la obligaba a entrometerse para que viera lo bueno de la hija de Shigeo-san en su vida. Cierto que ella no era muy virtuosa en los aspectos prácticos, pero sí tenía un corazón enorme, así como una gran vitalidad, la fórmula faltante en la ecuación de su hijo, quien tenía gran capacidad intelectual, aunque era ciego en lo que refería a las relaciones humanas.

Odiaba que fuese así. Podía ser que su gran entusiasmo por una niña la cegara y afectara a su hijo mayor, solo que no recibía todo el mérito… su impresionante inteligencia e indiferencia a los aspectos emocionales, lo hacían rechazar aquello que consideraba banal —y por descontado, desconocido—, haciéndole una persona frustrante para alguien como ella, a quien el intelecto no le llamaba tanto la atención como el corazón.

Él era como su familia, de la que había escapado cuando tuvo la oportunidad.

Le fastidiaba enormemente, y no conseguía evitar estar detrás de aquellos dos pajarillos. Su polluelo que necesitaba abrir los ojos; y la pollita que no tenía una gallina cuidándola y necesitaba de apoyo e instrucción.

Su único deseo, al final, era que ambos fuesen felices, y tenía la certeza que aquella felicidad estaba garantizada con los dos juntos. Si no, ¿por qué Kotoko-chan habría alcanzado destacar una vez en la escuela? ¿Por qué su onii-chan se tornaba más humano con ella alrededor?

Naoki estaba mejor con Kotoko-chan en su vida, punto. Su adorable sobrina adoptiva, que esperaba se convirtiera en esposa de él.

Excepto que alguien llegó a arruinarlo todo. ¿Quién era esa chica distinguida, según perfecta, que se entrometía donde no le llamaban?

¿Qué era eso de que a su hijo le gustaba? ¿Y qué con Kotoko-chan, la cual ahora estaba con el corazón roto y pretendía darle una oportunidad al chico cocinero?

Estaba mal, muy mal. No podía asegurar que a su onii-chan le gustaba su querida Kotoko-chan, pero tampoco podía romperle el corazón de ese modo.

Si era justa, y en esa batalla no pretendía serlo, él nunca ofreció indicios para pensar que estaría con ella, solo se comportaba irritantemente y frustraba sus planes de verlo feliz con una joven maravillosa.

Con eso sobrevenía la culpa, ya que ella empujó a Kotoko-chan hacia su hijo, quien al parecer prefería a las jovencitas cuasiperfectas sin chiste, que no aportaban emoción a la vida de uno, y solo servían para aparentar ante los demás que tenía a alguien maravilloso a su lado. Era una pantalla, ambos se aburrirían el uno del otro, su onii-chan sería un tipo con una vida extremadamente monótona, y no llegaría a casa para encontrar a una entusiasta esposa, llena de alegría, sino a alguien recta como él, que solo le aportaría información de un día tan calmo y exitoso como el de él, para al final llegar hasta el hastío.

¿Qué era eso?

Onii-chan necesitaba a Kotoko-chan. Punto.

Aunque ahora todo se veía perdido; él estaba en sus trece sobre casarse con aquella muchachita rica, Kotoko-chan le daría una oportunidad al aprendiz de chef, y su querida familia y la perfecta armonía que tenían hasta entonces se resquebrajaría, con la partida de Shigeo-san y Kotoko-chan de su hogar, cuyas habitaciones pensadas para ella, su hijo pretendía compartirla con esa nueva chica.

Ni de broma, las pondría en renta antes de que esa usurpadora pusiera pie en aquel sitio. Incluso demolería la casa ella misma si su hijo se atrevía a insistir en tenerla bajo su techo. Simplemente no aceptaría a otra que Kotoko-chan, no importaba cuanto dijera onii-chan y quisiera razonar papá con ella.

Tenía su apoyo en Kotoko-chan. Le importaba su hijo también, sus mejores intereses siempre tenían el bienestar de sus retoños en mente; simple y sencillamente, sabía que la felicidad de onii-chan no era con una recién llegada, que no lo conocía en lo absoluto, y solo veía al encantador de serpientes, una pantalla agria que engañaba a las ingenuas. Por ello su apoyo estaba en su niña, ya que era la indicada.

Probablemente eso no era demasiado justo para su niña, si notaba el modo grosero en que Naoki era con ella.

Suspiró, y siguió escuchando las palabras de Shigeo-san, donde les comunicaba una y otra vez las razones de su partida. No podía aceptarlo, aunque era capaz de entenderlo, principalmente porque no quería que su adorada niña sufriera por su hijo, comprometido con una modélica chica, que sacaba el lado amable de su hijo, pero no lo que realmente había en el fondo, como la hija del amigo de papá.

Se hallaba en una situación lamentable. No garantizaba los sentimientos de su hijo por Kotoko-chan, y tampoco quería que ella siguiera sufriendo presenciando ese teatro desagradable en que su hijo los tenía. Era terrible, solo quería echarse a llorar.

Malagradecido hijo tenía, y tonto, por ignorar a quien tenía enfrente. Le era imposible comprender por qué no podía enamorarse de alguien tan maravillosa como Kotoko-chan. De verdad que no lo entendía.

Aun no debía dar su brazo a torcer.

Replicaba nuevamente a Shigeo-san, justo al momento en que la puerta de la sala de estar se abrió.

Unos empapados onii-chan y Kotoko-chan ingresaron a casa, respirando agitadamente. Su hijo la llevaba sujetada de la muñeca, y se imaginó que debía llevar alguna réplica de ella a Shigeo-san.

Su sentido común la hizo buscar toallas para proporcionar a los dos jóvenes, por las que fue rápidamente, para no perderse lo que dijera su hijo y salir en defensa de Kotoko-chan, como correspondía. Naoki tendía a ser obcecado.

—Quiero casarme con su hija.

Las toallas que llevaba en sus manos salieron volando y su cuerpo se precipitó al suelo, sin poder evitarlo.

Podría haber tenido un ataque como su esposo, de la impresión. ¿Era acaso otra de sus fantasías más secretas, que onii-chan estuviera enamorado de su Kotoko-chan? ¿Estaba soñando mientras escuchaba de la partida de sus amigos de casa?

Entonces salió de su estupefacción y escuchó el modo en que Naoki conversaba con Shigeo-san, hasta poder atisbar un cambio en la expresión de su hijo, al mirar a una estupefacta Kotoko-chan, que bien podía describir como aprecio.

Aquello era…

Gritó de la emoción cuando su futura hija aceptó ser la esposa de onii-chan, presa de la mayor alegría de su vida, hasta ver que ella se desmayaba, con su hijo sujetándola como si fuera lo más preciado para él. Si ella estaba pletórica, Kotoko-chan debía tener su felicidad a niveles mayores.

Sonrió y le dejó llevarla escaleras arriba, sintiendo que el momento más esperado de su vida había llegado.

Onii-chan y Kotoko-chan, casados. Ella siendo su hija oficialmente.

Aplaudió de felicidad, con una fugaz idea, que dio paso a algo más elaborado. En su cabeza, un nuevo plan se esbozaba.

Lo lamentaba por onii-chan, pero una vez que se libraran de la otra chica, no desaprovecharía la oportunidad de unirlo a Kotoko-chan.

Una tenía que ponerse a la acción, no fuera que él se arrepintiese más adelante.

Sería la boda del siglo.


NA: Ya se me ocurrió una idea con lo que me dijo shelblunar, pero primero esta.

Hace unas semanas, no sé, conversaba con Melina Tolentino, y salió a colación un punto de vista de la madre, que ninguna de las dos se lo imaginaba, así que esto salió el jueves o viernes, creo. Es un pequeño intento, la verdad que creo que la mente de esta mujer estaba más loca ja,ja.

Un abrazo grande, Karo.