Disclaimer: Absolutamente nada me pertenece.

NA: Algo extraño, corto y rápido de realizar, porque no pude explotar demasiado la situación que planteaba sheblunar, pero sí lo suficiente para poner un poco de celos fraternos.

Tal vez Naoki no tenía demasiada suerte con el destino, o era el karma.


La burla del destino


El destino tenía su modo de reírse de la gente, en especial de personas como Irie Naoki, a quien ya antes le había dotado de sucesos extraordinarios, y cualidades sobresalientes para la media de la población.

El médico, mejor de su promoción, exitoso a pesar de no estudiar en la Universidad de Tokio y no contar con esa credencial, ya había sido muy afortunado de tener una mujer entregada y amorosa como su esposa, Kotoko, de quien debía cuidar no solo de sí misma, sino de aquellos sujetos que se sentían atraídos por su característico brillo. Antes de llegar a la estabilidad conyugal, había pasado su serie de sucesos que lo hicieron sufrir, y pensar que el destino se había ensañado con él, un chico tranquilo al que se cruzó la persona más sorprendente del mundo, que arruinó su calma.

Claro que le trajo felicidad y muchas cosas más, para después pensar que el destino no había sido tan malo, porque no veía su vida sin esa mujer con quien pasaría el resto de sus vidas. Tal vez se rió solo entonces de él, que pagó lo suficiente en su momento y se sintió en paz con la fortuna que le había tocado.

Pero el destino le tenía más y mejores sorpresas, capaces de hacer reír a sus conocidos, y brincar a su madre, Irie Noriko.

La primera de ellas, Kotomi, su hija mayor, la encantadora niña que convirtió el mundo del genio en alboroto, pero lo colmó de amor familiar y le hizo cambiar un poco su serio modo de actuar. Toda su apariencia, pero mucho de la personalidad de su inigualable esposa.

Su hija menor, Naomi, fue la segunda sorpresa, nacida cinco años después que la primogénita, de apariencia idéntica a su esposa, como dos gotas de agua —para su gran alegría, debía admitir—, toda su personalidad e inteligencia. Y todo se refería a la seriedad, indiferencia y gran intelecto, que con los siete años que tenía, asustaba, porque del temperamento que podía haber heredado de Kotoko, el único rasgo, fue su persistencia.

Y aquello fue lo que ocasionó que el destino se riera. Otra vez.

Tres mujeres en casa. Todas peleándose por su atención.

—Papá es mío.

Naoki puso los ojos en blanco ante las palabras infantiles de Kotoko, que aun entonces se divertía peleando con sus dos hijas, por el predominio de él. Claro que ella tenía preferencia, por haber llegado primero y porque sería la que prevalecería fielmente a su lado cuando sus hijas —horrorosamente— se enamoraran y partieran de casa.

Eso lo entendía su esposa, pero no parecía detener ese juego estúpido con las niñas.

—¡Mamá! ¡También es nuestro! —replicó Naomi, perspicaz, sacando la lengua.

—Solo que más mío que tuyo, Nao-chan, porque yo nací antes que tú —intervino Kotomi, con quien la "riña" con su madre había acabado antes, para dar paso a uno con su hermana.

—¡Eso no es cierto! Él me quiere más a mí porque soy muy lista.

Lo que hacía Kotoko era inocente en comparación a las peleas entre sus dos hijas.

Su esposa rió y la vio continuar haciendo dibujos a una revista de modas. Tenía la prudencia de evitar meterse en ese enfrentamiento que él, sin desearlo y darse cuenta muy tarde, incitó, por darle un poco más de atención a la menor, para ayudarla por pasar con las mismas dificultades que él tuvo, en su momento. No se dio cuenta que pareció dejar de lado a su hija mayor, quien ya había pasado por la etapa de los celos iniciales con el nacimiento de su hermana.

Tomó dos años superar eso, para que él con su ignorancia, lo retornara, cuando con cuatro años fue notable el gran intelecto de su hija menor.

—Papá, ¿me ayudas con mi tarea? —preguntó Kotomi en ese instante, sonriendo con superioridad hacia su hermana menor, que abrió los ojos cruzándose de brazos.

Naomi no tenía ninguna necesidad de pedir apoyo —tampoco su hija de doce—, solo que la pequeña no lo sabía, y Kotomi lo usaba a su favor.

—Claro —respondió él, apartando la mirada del artículo médico que leía, invitando a su castaña a colocarse a su lado, con su cuaderno de matemáticas.

Sentía que le debía a ella aquella atención, pero tampoco quería alimentar aquella desastrosa situación.

—Koto-chan siempre necesita ayuda —manifestó Naomi, con un puchero, que acompañado a sus dos colas altas pelirrojas, la hicieron ver adorable, ocasionándole una sonrisa.

De reojo, vio a su esposa negar, y él frunció el ceño. Entonces vio que su hija puberta lo miraba con ojos entornados.

—¿Dices que soy tonta, Nao-chan? —inquirió su castaña, en tono herido, y lo veía a él.

Lo único que se le ocurría era que había visto su gesto como apoyo a las palabras de la otra.

Eso le daba dolor de cabeza.

—No, es que no puedes hacer nada sola.

—Eh, eh —se metió él, sin ser capaz de hablar en tono muy grave a las dos, que sorprendentemente era su esposa quien más lo utilizaba.

Kotoko ya sabía discernir entre su humor y su acostumbrada sequedad, pero de ellas no quería que se llevaran una imagen tan severa. Podía ser algo firme, solo no mucho.

¿Por qué era así de débil con los dos pares de ojos que le miraban admirablemente?

Solo tenían que mirarlo como ahora, atentamente, para que se midiera en su exigencia. No quería repetir los fallos iniciales con su esposa, con la que afortunadamente completó aquella etapa... aunque no podía evitar el tono de reprimenda, habitual, que caracterizaba a su relación exterior. En el dormitorio, lejos de los ojos de todos, su actuar era diferente.

—Papá, ¿le das la razón? —habló Konomi.

—¿Verdad que prefieres que sea lista, papi?

Su diabólica esposa rió.

—No está mal necesitar ayuda —respondió él. —Hasta yo la necesito.

Los ojos marrones de Naomi parecieron decepcionados, mientras los de Kotomi brilaron.

"Demonios", no puedo evitar pensar.

¿Dónde quedaba el genio en esos momentos? Ah, sí, no tratando de herir los sentimientos de ninguna. Si no los tomara en cuenta, resolver aquello sería fácil... si las dos lo vieran con lógica.

Era todo un problema lidiar con los sentimientos, aun al día actual.

—Naomi, ¿tú ya concluiste tu tarea? —cuestionó Kotoko, llamando la atención de los tres.

—No.

—Qué extraño. Me pregunto por qué.

Él la miró con interrogante.

—El sensei no explicó... —susurró la más chica de todos.

—¡Necesitas ayuda! —exclamó Konomi riendo. —¡Vamos, yo te explico!

Y, para su incredulidad, Naomi, asintiendo, le dio la mano a su hermana mayor, desapareciendo las dos escaleras arriba.

¿Qué acababa de pasar?

—A veces puedes ser muy tonto, Irie-kun —dijo Kotoko poniendo en pie para cambiarse de lugar, a donde estaba él.

La observó tambalearse como cuando estaba mareada, antes de sentarse.

—Si las escucharas cuchichear en la noche, cuando van a dormir, lo sabrías. Decías que espiarlas no serviría de nada. —Ella puso una mano caliente sobre la suya, haciéndole fruncir el ceño. —Tienen la vena manipulativa y melodramática de okaa-san. Solo juegan contigo porque les divierte ver la cara de su otou-san. Conmigo no pueden.

—¿Estás embarazada? —cortó, dejando el tema del lado, más adelante indagaría en lo otro.

Ella lanzó un gemido demasiado fuerte, que le hizo mirarla intrigado.

—Esta última vez quería ser yo quien te lo dijera sin que adivinaras. ¡No pude ganarte! Es injus...

La cortó con un abrazo, aquel descuido tras un turno de noche de los dos, había tenido consecuencias. ¿Qué más podía hacer?

—Por favor, que no sea una niña —musitó, haciendo reír a su esposa.

Era mentira, el sexo no le importaba, pero no podía evitar desear algún apoyo y descanso, en el fondo de su alma.

Por sorpresa, el destino le sonrió.

Lástima que un mes después Kotomi llegara con su primer novio.

Así, el destino volvió a reír, como tantas otras veces.


NA2: No me quise meter en más explicaciones, pero ojalá que la intención de sacar una ligera risa (una), se cumpliera.

La situación de los celos fraternales es delicada, aunque con el modo que en el anime vemos su relación, parece posible. Nada debe ser peor para alguien como Naoki, que le tocaran niñas ja,ja. Casi le pongo que el tercer hijo (el inesperado, para atormentarlo más), fuera mujer, solo que no fui tan mala... y cambié de opinión con el novio inocente de la niña XD

Besitos, Karo.