NA: Esto no es mío, ¿bien? Agradezcan a sheblunar las sugerencias.


Y lo malo continuaba... o solo era el curso de la vida.


La burla del destino II


Definitivamente para Naoki, pensar que había hecho algo inequívoco en otra vida, era la mejor teoría para definir por qué en la presente el destino se reía en su cara.

No era suficiente con que Kotomi tuviera novio con catorce años, sino que este fuese el hijo del único hombre que le hizo dudar de su relación con Kotoko, era el colmo.

Kagamori Takeru definitivamente no era la opción más aceptable para ser el primer romance de su hija —si es que algún hombre podía serlo—, en especial porque estaba en un curso menor que ella —nació casi ocho meses después—, sino porque desde esa tierna edad le parecía probable que pudiera robarse el corazón de Kotomi, debido a que parecía un espléndido jovencito, como el padre lo fue a ojos de todos, hasta los suyos.

Y, simple, el joven era tan parecido al padre y la amable madre, que no podía sino conseguir lo que el enfermero de ahora cabellos cortos, no consiguió en su momento, quitarle algo preciado. No su esposa, sino su hija.

Una relación de siete meses, mientras los dos tenían catorce y trece años, era mucho tiempo.

Por si eso no fuese poco, el destino seguía riendo, Haruki era la luz de los ojos de Kotoko; nunca, nunca, se había sentido tan desplazado de la vida de su esposa como en la actualidad, con la atención que le obsequiaba ella su hijo de ocho meses, por quien ella se desvivía. Si hasta había postergado mucho su vuelta al trabajo, solo por el bebé.

Algo que no había hecho con las niñas.

Ella, que juraba estar a su lado siempre, hasta esforzándose en estudiar enfermería, hacía de lado aquel deseo por atender al más pequeño de todos los Irie. Todo un hecho.

¿Y podía ser el destino peor? Pues sí, porque su esposa no era la única centrada en el pequeño Haruki, sino sus dos hijas, cuyo alboroto por él terminó ante la llegada del bebé, a quien dirigieron todas sus atenciones (desde que decidieron su nombre juntas).

Lo más irónico de todo era que, su pequeño hijo, la respuesta a sus plegarías de tener a alguien en su bando entre tantas mujeres, prefería la compañía de su madre a la suya. Con poco más de ocho meses, esa etapa donde los bebés rechazaban a los extraños, su niño no deseaba apartarse de su madre. Como si, después de haberle hecho pasar tortuosos meses de embarazo, donde cansaba más a Kotoko —con cuarenta, las energías de ella eran menores—, no hubiera sido suficiente y debía dejarla agotada por no querer alejarse.

Era increíble lo que hacía un bebé regordete, que lo había hecho acreedor de desagradables comentarios de parte de Kinnosuke, presuntuoso de no ser el médico que no supo usar protección y tenía dos hijos con trece años de diferencia.

Aquel idiota tenía cierta razón, pero replicar con que al menos tenía vida sexual entonces, único argumento válido, no servía para el hombre cuya tensión sexual con su esposa era perceptible —horrendo de pensar—. Por lo que mantener la boca cerrada era su mejor respuesta.

Naoki suspiró y dio unas palmadas suaves a la espalda de Haruki, que le frustraba mientras lloraba en brazos, porque sabía lo que quería.

—Dámelo, el pobre está sufriendo —le dijo su esposa desde el sofá, con las manos en alto.

La miró ceñudo. —Kotoko, estás cansada —recordó, sintiendo el puñito de su hijo golpetear contra su pecho, removiéndose. —Haruki, tranquilo.

—Sí, pero…

—Soy su padre, ¿no? —masculló, interrumpiéndola.

—Lo sé, es solo que…

—No, ¿qué clase de pediatra no es capaz de calmar a su propio hijo? —musitó, acariciando la cabeza del niño, con quien podía sentirse receloso, pero que amaba de todos modos, solo era su estúpida inseguridad emocional lo que hacía verse afectado.

Sabía que Haruki no se sentía tan cómodo con él por el estrecho apego con su esposa, la cual evitaba que lo tuviera mucho tiempo en brazos, pero el tiempo y momentos que le daba a su hijo era el mismo que con las mayores, así que era una lástima el que ahora no aceptara su cercanía.

Observó a Kotoko, que tenía un mohín en los labios por lo que le respondió, mientras esta mantenía los ojos en su lacrimógeno hijo, aunque este iba apaciguándose, por fortuna.

Justo entonces se asomó en la sala al mocoso al que odiaba abrirle las puertas de su casa, tensándolo y ocasionando que Haruki renovara su llanto.

Apretó los dientes y siguió paseando por la sala.

—Venía a despedirme, porque me voy a casa —comunicó el hijo de Keita, sonriendo, antes de cambiar su expresión a una preocupada—. Oh, debe estar muy irritado porque la señora Irie no lo tiene con él.

Pudo haber acabado con el adolescente ahí mismo, si no hubiera sido porque tenía a su hijo en brazos, y su primogénita apareció en aquel momento. ¿Por qué debía ser respetuoso con un mocoso que lo único que hacía era quitarle momentos con su hija? Y que debía de besarla.

O sonreírle como solo su hija hacía con su familia, igual que en ese momento, en que parecía intercambiar un mensaje silencioso con la mirada.

Eso lo irritó más.

Solo era cordial por deferencia a Kotomi.

—Papá hizo algo que sirvió con mi hermana —expresó el chico moreno, entrando del todo a la sala. —Señora Irie, ¿le molestaría que Tomi-chan ocupe la funda de su almohada?

Kotoko negó, y Kotomi desapareció con rapidez.

Naoki puso los ojos en blanco comprendiendo la solución, que funcionaría, aunque era reticente a las posibles bacterias en la almohada, pese a que cambiaban las fundas con regularidad.

Odió que lo sugiriera ese muchacho, y mucho más que viniera de origen del enfermero entrometido.

En compañía con Naomi, Kotomi regresó y le entregó la funda amarilla, que él depositó con cuidado en su hombro, adivinando lo que había de hacerse.

Como si hiciera maravillas, Haruki se apoyó en él, sujetándose de su camisa, disminuyendo el llanto.

Él soltó un suspiro, eliminando las lágrimas del rostro suave del niño. Era risible que sus pacientes lo adoraran y su propio hijo necesitara algo de su madre para estar cómodo en sus brazos.

Solo él, la luz de los ojos de Kotoko, lo hacía sentir como mal padre.

—Gracias, Takeru-kun —emitió su esposa con una sonrisa, aunque la vio muy atenta a él, que se sentó finalmente al sofá.

—No tiene por qué, señora Irie, con gusto ayudo. En especial si es a la familia de Tomi-chan. Ahora me retiro, hasta luego.

Kotomi acompañó al otro a la puerta y Naomi se sentó junto a su madre, sobre la que se recostó en su brazo. Ambas, mirando a Haruki, que comenzaba a dormirse.

—Hasta aquí llegará el único hijo que me prefería a mí antes que a ti —musitó Kotoko con un puchero, haciéndole abrir los ojos de la sorpresa.

¿Ahí iba todo eso? Estupendo, y él pasándose con la sensación de ser menospreciado. Eso debía sentir ella con sus dos hijas, era una perfecta cucharada de su propia medicina.

Enfocó los ojos en el pacífico bebé entre sus brazos, pensando en que, realmente, los pequeños debían sentir las emociones por las que pasaban los demás, y por ello lo repelía a veces también.

Sabiendo lo que era, debía apaciguar las aguas.

Kotoko lo amaba, y sus hijas también; una adición masculina, que le hiciera cambiar su puesto como único varón, era solo de adaptarse.

En realidad, todo era cuestión de adaptación; y el destino no se burlaba tanto de él, ni quería hacerlo sufrir, determinó en cuanto Kotomi regresó y se sentó en medio de ellos cuatro, con una sonrisilla. Algunas cosas también, eran parte del ciclo de la vida.

Quizá lo malo no se debía al destino, sino a su modo de interpretarlo. Y a que debía adaptarse, tal como lo hizo con la llegada de Kotoko a su hogar, aunque algunas cosas le disgustaran.

Al final, no todo era terrible.

El destino le había dado algo muy bueno y que atesorar.

Cerró los ojos arrellanándose en el sofá, apoyando su cabeza sobre el respaldo, sin dejar de sujetar con cuidado a Haruki.

Era excelente lo que tenía gracias al destino. Simplemente tendría que aguantar lo desagradable.


NA2: Esto será lo último de este universo, porque si continúo quemaré cartuchos para posibles historias del futuro (también el hecho de su faceta como padres me gusta xD).

¿A poco Naoki con un bebé en su pecho no parece lindo? La verdad que me da debilidad esa imagen. Esto lo escribí algo rápido, pero igual espero que les guste :)

Un abrazo, Karo.