Si algo tenían los hermanos Irie, era que se parecían un poco…
Similitudes
Pese a llevar unos meses coincidiendo en las prácticas del hospital, a Naoki seguía asombrándole —indignándole a veces— que alguien como Aihara Kotoko estuviese por convertirse en una enfermera. Ella era bastante acelerada, torpe y olvidadiza, adjetivos que no podían acoplarse mucho a la labor de ese perfil profesional.
Entre sus buenos rasgos estaba su bondad y perseverancia, por lo que todavía se salvaba de ser rechazada para la profesión, pero no era suficiente todo el tiempo. Naoki había compartido casos y observado su labor, para opinar de esa forma.
Se estremecía de pensar en ser su paciente; en ocasiones veía los respingos de estos al realizárseles una extracción sanguínea o serles insertada una intravenosa. Los pacientes bajo su cuidado podían pasar sufrimientos innecesarios.
Quizá por ese motivo, tanto Naoki como Kamogari, un practicante de enfermería, usaban parte de su tiempo para hacerle recordar esas tareas.
En resumidas cuentas, Aihara Kotoko no era la más destacable de las aprendices, y él continuaba preguntándose cómo consiguió siquiera aprobar el examen de ingreso a la carrera (aun si era por transferencia de departamentos). Como futuro médico, era una preocupación válida.
No obstante, al observar las dificultades que la chica pelirroja enfrentaba y superaba, él se admiraba de su determinación, hasta el punto de encontrar agrado por ella. Una persona que ponía tanto de sí, teniendo mucho en contra, era digna de cierto respeto. Para él, al que casi nada era un obstáculo, su esfuerzo le suponía un rasgo destacable en alguien así de común (y de no haber descubierto el amor por la medicina, también uno para envidiar).
Con todo eso, Naoki se había descubierto pasando mucho tiempo alrededor de ella, fuese para reprenderla, corregirla, o simplemente observarla.
(Bueno, también para alejarla del también exigente Kamogari. Le gustaba ser él quien hiciera notar sus errores.)
Lo que no entendía era por qué extendía su tiempo compartido a las horas después de prácticas, cuando nada le obligaba a estar en el mismo espacio que ella… Fuera una biblioteca, un restaurante, o su automóvil.
¿Qué hacía él mezclándose así con la casi incompetente estudiante de enfermería?
No asistían ni a la misma carrera para excusarse. La única pista que tenía era que cuando la veía estar por su cuenta al salir, o dispuesta a reunirse con sus compañeros de facultad, sentía un impulso involuntario de acercarse e instruirle que partiera con él.
Igual que en ese día.
Él abandonaba el hospital cuando escuchó que ella iría a la biblioteca de la universidad y Kamogari expresaba su deseo de hacerle compañía. Entonces su boca actuó antes de que su mente pudiera registrarlo a su totalidad, y comentó que Kotoko iba con él, tras lo cual se adelantó.
Los siguientes segundos fueron de tensión y sus hombros se relajaron cuando oyó sus pasos detrás de él, hasta darle alcance.
Caminaron a la par e incluso respondió a los intentos de conversación de ella; luego estudiaron en la misma mesa y le explicó más de una vez; para después él sugerir —o indicar— que almorzaran juntos… y al final ofrecer llevarla a casa.
Todas esas eran acciones muy raras para él.
Escuchando un suspiro, miró de soslayo a su izquierda.
Kotoko dormía en el asiento del copiloto.
Naoki no supo si sentirse halagado de que se sintiera en confianza con él, u ofendido de que ella pudiera dormir tranquilamente mientras él tenía inquietudes por la compañía de ella.
—Kotoko —llamó con la atención puesta en el camino.
Por el rabillo de su ojo vio que no se movía ni un ápice. Resopló; al menos ella le había dado su dirección antes.
Llegó a una intersección, donde el semáforo se puso en rojo, así que se detuvo.
—Kotoko. —Desde que horas atrás la llamara por su nombre, éste salía de sus labios con mayor familiaridad de lo que debería. Y de la misma forma fue escucharla decir su nombre, como si así tuviese que ser y estuviese acostumbrado.
Ella no se movió. Él comprobó que todavía no fuera tiempo de avanzar y se giró para tocarle el hombro.
Al mirarla bien, vio la calma en su rostro y el modo en que hacía un mohín con sus labios, que de alguna manera le impulsó a inclinarse y rozarlos con los suyos.
{…}
Yuuki, que regresaba del instituto tras quedarse para los preparativos para el Festival Cultural, reconoció el automóvil de su hermano en la vía y pensó que era su día de suerte. Aprovecharía para que le llevara a casa.
Con esa idea, él alzó una mano para pedirle que se detuviera en la siguiente cuadra, ya que el semáforo cambiaría pronto.
Sin embargo, Yuuki se congeló de la sorpresa y dejó caer su maleta al ver que su hermano se aproximaba a la cara de su dormida copiloto, y seguramente la besaba durante unos segundos, antes de separarse con expresión de asombro.
No pasó ni un instante de eso cuando se sintió lanzado al frente para caer sobre sus rodillas y manos, gimiendo al rasparse las palmas con el pavimento.
—¡Konomi-san! —Oyó por detrás, mientras rápido se arrodillaba para pararse, pues estaba en el comienzo de la vía.
Sus ojos dieron primero con Naoki en el vehículo, a quien le hizo una señal de que todo estaba bien, despidiéndose a la vez. Hecho eso, se regresó a la acera y se dio de bruces con un cuerpo menudo, perteneciente a una chica, a quien sujetó de los codos para estabilizarlos a ambos, sintiéndola como piedra.
La cabeza de ella le llegaba a la nariz, así que lo inundó un delicioso olor a chocolate proveniente de su cabello, igual a su sabor preferido.
Tentado, él inspiró con más fuerza, sintiendo que su corazón se aceleraba de gusto.
—¡Konomi-san! —gritaron unas voces femeninas, sacándolo de su ensoñación, y la chica pelinegra se puso más tensa de lo que ya estaba.
Rápidamente se soltó de la aludida en los gritos, sintiéndose avergonzado de sí mismo.
Yuuki no podía ver su rostro porque estaba cabizbaja, pero imaginó que tenía la cara roja, como él. En su caso, porque había estado olfateándola, y en el de ella, porque tal vez fue quien se chocó con él.
—Lo… si-siento… —susurró ella bajando más la cabeza, y casi no la oyó por las chicas que llegaron a ellos.
Reparó en que todas ellas usaban el mismo uniforme que él, aunque no las reconoció.
—Konomi-san, no huyas más de nosotras. Solo queremos que te pruebes el disfraz de camarera para el festival —dijo una castaña de lentes, que recibió un codazo de parte de otra castaña.
—¿No ves que se ha chocado con Irie-san? —comentó la chica restante, pelirroja, básicamente gritando su susurro.
Las dos chicas castañas jadearon sonoramente y él frunció el ceño por su exageración, y siguió haciéndolo al oír sus risitas divertidas.
Sus ojos descendieron hacia Konomi-san, quien bajó sus hombros y cabeza poniendo la actitud de un cervatillo asustado. No quería pensar que le tenía miedo, cuando nunca la había conocido.
O no.
Ella se inclinó con cuidado para coger la maleta de él, y al incorporarse ladeó la cabeza, de modo que le dio una visión de su perfil, que ya conocía.
Se trataba de la chica a la que había visto espiarle a escondidas desde el último año de la escuela elemental.
Ya entendía las risas de las compañeras.
Era su "acosadora".
Pero como nunca había estado tan cerca de ella, no sabía cómo era vista desde arriba, ni el embriagante aroma que tenía. Era consciente de su presencia y le entretenía su torpeza para verlo, pero ni una sola vez había sentido la tentación de acercarse y pedirle que parara. Era inofensiva y le halagaba tener la atención de una chica bonita.
Sí, al principio en la escuela elemental le fastidiaba, mas con el paso de los años fue dándose cuenta de lo bien que hacía a su ego tener un poco de atención femenina, sobre todo si era alejada de su hermano.
De haber sabido que olía así, se habría acercado antes para ser amigos. Tal vez trabajaba en algo relacionado al chocolate.
—¿Irie-san? ¿Está bien? —preguntó Konomi-san en un bonito tono dulce, elevando la cabeza un poco para poder verlo.
Yuuki se dio cuenta que se había quedado ensimismado pensando, mientras ella le extendía su maleta. Sintiéndose sonrojar, la cogió con premura y un poco de brusquedad, y asintió.
—Ten más cuidado —musitó con más amabilidad que antes. Y, sintiendo un extraño impulso, se acercó a su oído y agregó—: Creo que te verás bien con el uniforme.
Asombrado, se giró y agradeció que el semáforo peatonal estaba en verde, por lo que pudo alejarse con mucha rapidez, tratando de ignorar el calor en sus mejillas.
{…}
Tanto Naoki como Yuuki se espiaban mutuamente, silenciosos. De manera inconsciente, lo hacían de forma alterna; cuando uno miraba, el otro permanecía quieto; y cuando uno desviaba la mirada, el otro prestaba atención.
Lo habían estado haciendo durante la cena, de sorpresa sin captar el interés de sus perspicaces padres.
Ambos habían visto algo del otro en ese día, del tipo vergonzoso y sorprendente, así que estaban incómodos por ello.
Como siempre, fue el menor quien no pudo quedarse callado ni inquieto, y acudió a la habitación de su hermano antes de acostarse en la cama, decidiendo saldar el asunto de una vez por todas. Yuuki le aseguraría que no mencionaría el suceso, y pediría lo mismo de su parte.
Obviamente, él quería saber la explicación que tendría Naoki por haber besado a la pelirroja torpe que le había presentado al encontrársela en el supermercado, luego de ayudarla a no tirar unas cajas de cereal en forma de torre. Si recordaba bien, con sus comentarios posteriores respecto a su falta de habilidades como futura enfermera, y otras tareas cotidianas en general, se había quedado con la idea de que la rechazaba.
Claro está, su hermano mayor no hablaría de sus pensamientos… mucho menos sus sentimientos.
Yuuki, tras analizarlo un poco esas horas, podía apostar que después de mucho desdeñarla, terminó gustándole.
Y por la cara de asombro de su hermano mayor, él no lo sabía en ese momento.
Le había tomado crecer para percatarse que Naoki tenía problemas para tratar con los sentimientos y emociones; y si bien él no era un experto, sabía más de ello que su casi estoico hermano. Así pues, Aihara-san le gustaba.
Sonriendo divertido por ser menos ignorante que su hermano en algo, llamó a su puerta y se anunció. Cuando le fue concedido el acceso, ingresó en silencio, no queriendo alertar a su madre de la reunión.
Naoki estaba sentado frente a su escritorio, con su mirada violácea puesta en un libro de medicina cerrado. Segundos después, apartó sus ojos y los enfocó en él.
—Vengo a hablar de eso —dijo con una sonrisa incómoda.
Su hermano achicó un poco los ojos, como a modo de advertencia. Afortunadamente no quiso hacer algo inútil, como fingir que no sabía de qué hablaba. Se lo creería a otro.
—No hay nada que hablar, Yuuki —sentenció Naoki secamente.
Él sonrió y se encogió de hombros, lamentando un poco su parquedad.
—Está bien, hagamos como si nada. No digas a nadie que una chica pequeña me derrumbó. —Heriría su orgullo de hombre. —Y yo no diré que te vi besando a una que detestabas —manifestó sin poder evitar una nota de ironía al final. Era atrevido, pero su suceso era menor al de él —porque no le vio olisquear a la pelinegra— y tenía el privilegio de una vez llevar el mando de la situación entre ambos.
Yuuki lo oyó suspirar antes de asentir.
—Procuraremos no pensarlo —añadió y se volteó a la puerta, yéndose lentamente. —Buenas noches, onii-chan.
Escuchando su pausada respuesta, salió y cerró, esbozando una sonrisa.
¿Cómo su hermano no podía darse cuenta que le gustaba?
Esperaba no llegar a estar en su situación.
NA: Me divertí mucho escribiendo esto, ¿saben?
Estas escenas iban a formar parte de otro fic (por si lo han leído, "Detrás del imposible"), pero al final las descarté y terminaron aquí. Estos Irie tienen algo con las chicas del F. Al ser un universo alterno y algo corto, solo puse unas pocas referencias a las cosas, pueden imaginarse miles de escenarios para que Naoki estudie medicina y que Yuuki creciera menos serio sin la influencia de Kotoko.
Besos, Karo.
caro: Ja,ja, a mí también me gustó hacer el anterior, más que nada al pensar en la ignorancia de Naoki con la identidad de Kotoko, y la vergüenza posterior al descubrirlo. Me alegra que te gustara. Gracias por tus comentarios.
Guest: Nice! I liked it too. Thanks for the review.
Jacky: ¡Hola! Pues no estoy segura, nunca se sabe cómo pega la inspiración, pero por ahora es un OS. Si lo alargara, se los comentaría antes, y si le agregara una continuación corta, lo pondría al comienzo del escrito. Y bueno, a mí también me gustó imaginarme a Naoki como mesero y lo avergonzado que estaría de darse cuenta que su clienta era la hija de su jefe ja,ja. De tu posdata; me encanta leer eso, yo acudo también al ff cuando termino algo, y a veces encuentro tan poco que me decepciono. Es un gusto poder ayudarte a ti con tu vacío. Gracias por tu lindo review.
I4Anf: ¡Gracias! Es genial. Veri n1c3wc4st0riwC
a2uK7: Gracias por tu review. Me gusta que te agrade.
7wdfg: ¡Genial! Gracias por comentar.
