Su madre tenía ideas locas, pero que Kotoko era su hermana lo superaba todo…
NA1: AU, OCC, solo romance, basado ligeramente en el Naoki del anime que vemos después de sus celos con Keita. Oneshot largo.
Prohibida
A Irie Naoki le gustaba llevarle la contraria a su madre y ese fue el comienzo de todo.
Naturalmente, al principio no tenía interés en Aihara Kotoko. Ella era torpe, infantil, tonta y escandalosa, lo opuesto a él y nada que le gustara en primer lugar, pero fue el objeto que Irie Noriko le prohibió de forma tajante, volviéndola el centro de su atención. Su madre no tenía control de su vida amorosa, no podía decidir con quién saldría él o no, y si Naoki quería que Kotoko fuese su novia, lo sería, ella no iba a impedírselo.
Así pues, al declararla imposible para él, su progenitora determinó el destino de su relación temprana con Kotoko. No se habría acercado si hubiera apoyado el enamoramiento de la chica con él, pero ella se opuso y no estuvo contento con el poder que pretendía tener en su vida. Y entonces pasó lo que ella quiso evitar.
Le gustaría haber sabido en dónde se metería.
.
.
.
Cuando los Aihara fueron invitados a su casa después de que un terremoto leve acabó con la suya, Naoki odió la idea tanto como su hermano, no por el hecho de verse obligado a compartir su dormitorio, sino porque sospechaba que terribles cosas llegarían a su vida por la chica anodina que estúpidamente trató de entregarle una carta de amor en un pasillo concurrido de la escuela. Su madre estaba ilusionada con una hija y una novia para él; esa adición con la posibilidad de convertirse en ambas, sería catastrófica.
Sin embargo, nunca habría esperado la reacción de su madre.
Al llegar la joven y su padre, después de un grito sorpresivo de la chica al reconocerlo, su madre declaró a Kotoko como propia y sentenció que sería una hermana para sus dos hijos, de manera que Naoki no podía mirarla con otros ojos a pesar de lo hermosa que era y los bellos nietos que le darían. Sabía que era un adolescente y el efecto que podía suscitar su nueva hija en sus hormonas, por lo que le puso un límite. Viviendo bajo la misma casa, ella era sagrada, había dicho con voz de hierro, cual dictador que no aceptaba opiniones en contra. Acompañado a eso, para su propia tranquilidad, hizo que ambos prometieran guardar el secreto de que compartían techo, porque los hombres se llevarían una idea errónea de su inocente hija si sabían que vivía con un joven de su misma edad y odiaría que la hicieran víctima de cosas desagradables.
Él obviamente sospechó que era una argucia para disimular sus verdaderas intenciones, pero quedó en evidencia que no se trataba de tal cosa al ver que su madre hacía lo posible por mantenerla lejos de su alcance y enfatizar que su hermana y ella debían pasar tiempo juntas. Incluso contrató a una tutora universitaria para enseñarle cuando se dio cuenta que le iba mal en sus estudios, ya que sabía que él odiaría la tarea.
Su madre tendría que habérselo pedido a él, hasta haberlo chantajeado, para inadvertidamente hacerlos estar a solas en el dormitorio de ella.
(No solo eso, sino que esas horas de la tarde la ponían a distancia de él.)
Y se enfadó. De verdad pretendía dictar quién podía ser su novia; quería controlarlo y hacer de su vida lo que ella quería, como cuando era un niño y lo atavió de vestidos y prendas color rosa hasta dirigirlo a la humillación ante sus coetáneos. Tenía gran valor para inmiscuirse donde no le llamaban.
¿Qué si le gustaba Kotoko? No que lo hiciera. Ni estaban vinculados por sangre para que una relación entre ambos fuese indebida. ¿Esperaba que contuviera sus sentimientos porque ella así lo decía y porque supuestamente se habían convertido en hermanos?
Estaba equivocada si pensaba que funcionaría.
Si quería a Kotoko, las ridiculeces de su madre no serían impedimento. Sería capaz de actuar en secreto y cuando hubiera pasado un tiempo le soltaría en la cara que estaban juntos a pesar de su renuencia y sus intentos de mantenerlos alejados.
Durante un momento visualizó la satisfacción de esa escena, al saberse triunfador, dueño de su propia vida y burlador de la prohibición.
Específicamente, la idea le vino a la cabeza la noche en que celebraban el ingreso de ella a la lista de los cincuenta mejores promedios de los exámenes, producto del empeño de Kotoko por salir bien en sus pruebas y demostrar su valía a los estudiantes que se mofaron de ella por su incidente con la carta —a quienes dejó con la boca abierta al alcanzar el puesto cuarenta y nueve—. Él no había esperado tan sorprendente resultado, más bien uno decente, por la constancia que observó en sus estudios al grado de aprovechar los descansos en el instituto para repasar; a veces se la encontró en la biblioteca y otras la vio desde lejos en los pasillos. Se admiró de su ímpetu y empezó a ver un poco diferente a las clases inferiores (la D, E y F, de acuerdo al sistema de la escuela Tonan de acomodar a los alumnos en grupos según sus calificaciones, siguiendo un orden alfabético de la A a la F); con la guía correcta y personalizada, podían mostrar mejores resultados, siempre que se trataran de jóvenes con la motivación y tenacidad de la nueva residente de su casa.
—¿No es genial lo que consiguió Kotoko-nee-chan? —les preguntó su madre a Yuuki y a él, que participaban silenciosamente en ese evento que, desde que tenían memoria, ambos habían rechazado porque siempre saldrían bien y odiarían todo el revuelo del que ella era capaz. Sin duda la llegada de los Aihara le había dado a su madre lo que había ansiado por años.
—Supongo, el otro día logró decirme qué kanjis tenía en mi tarea —resolvió su hermano encogiéndose de hombros. Yuuki era reluctante de acoger a Kotoko por lo tonta que fue al no poder resolver un ejercicio de japonés de tercero de primaria, así como por la aversión que Naoki mostró inicialmente al saber del interés de la chica por él. No obstante, con este nuevo acontecimiento, la forma en que se desenvolvió en otra prueba de Yuuki y los nulos intentos de robarle las preciadas atenciones de su hermano mayor, habría un avance en su aceptación de la joven.
Que su madre disminuyera la cantidad de agasajos que no quería, por dirigirlos a Kotoko, y le permitiera pasar más tiempo con él, era otra cosa que aumentaban el agrado del menor.
—¿Y tú, onii-chan? —prosiguió su madre mirándolo a él, colocando sus manos entrecruzadas a un costado de su rostro, tocando los rizos color miel que rozaban sus mejillas.
Sus orbes marrones, iguales a los de su hermano, le observaron expectantes.
—Tiene que ser una hermana digna —aseveró él en tono neutro, si bien tenía toda la intención de burlarse de la ridiculez de su madre sobre el parentesco entre ellos.
Ella entrecerró sus ojos y él desvió la vista al oír el jadeo de su supuesta hermana, quien escondió su rostro detrás de sus largos cabellos bermejos al recibir su atención, algo que comenzaba a fastidiarlo sobremanera. Desde que llegó a casa, cada vez que estaban cerca, ella tendía a bajar la cabeza y hacer una barrera con su flequillo y los mechones de cabello que se deslizaban sobre sus hombros.
Sabía que no era precisamente tímida, porque alguien así no lanzaba chillidos ruidosos, ni escogía el peor momento del día, visible y lleno de público, para entregarle una carta de amor.
Tenía la sospecha que era una técnica para ocultar lo que no quería mostrar con el libro abierto que era su cara, cuyos ojos almendrados, líneas faciales y labios rosas se unían para expresar sus sentimientos sin contemplaciones, como adivinó en el encandilamiento que exhibió al hablarlo para presentarle su carta, o en algunas de las ocasiones que de reojo la vio con su madre mientras estaban en la sala de estar. Dudaba que su interés en él ya hubiese desaparecido y la mejor manera de no demostrarlo era no mirarlo, especialmente cuando él mismo lo hacía.
Kotoko debía querer ser fiel a su madre, respetando el estatus de hermanos. Rehuirle era una manera de no caer en tentaciones y a la larga olvidarlo.
Y eso le inquietaba; era una forma de aprobar el control de su madre.
(Por supuesto cabía la posibilidad que después del rechazo de su carta no quisiera verlo y con ello trabajara en borrar su interés, pero ni le dedicó más de un segundo al pensamiento, aunque otrora habría estado pletórico de aquello.)
Le daba igual que antes desdeñara los sentimientos y el intento de confesión de la chica, su madre no iba a tener más poder que él en cosas que no le competían con la excusa estúpida de la hermandad. Kotoko no iba a ceder y, en consecuencia, hacer que efectivamente Irie Noriko dominara algo de la relación entre ellos… Primero intervendría a permitirlo.
Quizá sería una buena opción si a escondidas le daba una oportunidad a Kotoko y luego lo revelaban, para romper más adelante, con la finalidad de demostrar a su madre que no era su dueña y que si tenían sentimientos mutuos no podría interponerse.
No le haría daño a nadie, su hermana eventualmente se daría cuenta que se enamoró de alguien que no conocía y que ambos no encajaban juntos por sus personalidades opuestas; vería que ella congeniaba mejor con sujetos como el amigo ruidoso que el día después del terremoto, al saber su casa derrumbada, se dedicó a recaudar a gritos frente al instituto… Un hombre expresivo como ella, con el que no debiera pensar mucho para entenderlo y al que realmente le importaran las relaciones sentimentales. Eran jóvenes, a esa edad necesitaba experiencia de noviazgo que le enseñara a discernir lo que querría para su futuro.
Al final, su madre tendría que admitir que se había equivocado y le daría fundamentos para que no volviera a ponerle trabas.
Él sonreiría con satisfacción.
¿Pero valía la pena el esfuerzo?, se preguntó observando con cierta inquina a la cobriza que se sonrojaba por alabanzas de la matriarca Irie.
{…}
Al cabo de poco tiempo, pareció que los Aihara habían vivido con ellos por años, acoplándose a los Irie con menos dificultad de la que se pensaría. La vivaz forma de ser de la hija y la afable personalidad del padre aportaron elementos a la ecuación que incluso fortalecieron a su familia, logrando que convivir entre todos no fuera molesto, sino que se sintiera correcto de alguna manera.
Irie Shigeki obtuvo en Aihara Shigeo un varón maduro que lo comprendía y acompañaba; Noriko consiguió la hija que quería, un blanco para sus "cosas femeninas", y una forma de equilibrar la relación con sus vástagos y todas las emociones que la desbordaban; los hijos Irie finalmente consiguieron la atención sana de la mujer que les dio la vida, en vez de una excesiva que los mortificaba; Naoki tuvo una figura adulta con sabiduría diferente; Yuuki se hizo con nuevas fuentes de aprendizaje y conoció el expresivo afecto fraternal; Kotoko entendió lo que era el amor de una madre y una casa alejada de la soledad.
Armaron un rompecabezas con piezas diferentes pero que encajaron entre sí. Podían estar contentos y relajados con el ambiente.
Hasta Naoki.
Sin embargo, para él hubo algo que obstaculizó su completa comodidad. No podía con el asunto de la hermana.
E inevitablemente llegó a una resolución respecto a Kotoko, siguiendo su idea de iniciar un noviazgo con ella, sin ver más alternativa, porque razonar con su madre sin pruebas era inútil y a final de cuentas de nada serviría para él.
No brincó a eso rápidamente. Los primeros días se convenció de lo ridículo que pensó, ¿por qué iba a salir con una persona así solo por rebelarse y mostrar su punto a su madre?, ¿y por qué iba a enseñarle a una romántica empedernida que si ellos se querían ella no tenía voz en la situación? Era bastante estúpido. Su necio deseo de una hija le impedía ver "un punto imprescindible del romance", que ella presumió por años; si era amor verdadero lo que sentían, superarían los obstáculos.
Pero conforme su progenitora presionó con el tema de que eran hermanos, y Kotoko siguió ignorándole, inclinando la balanza hacia su madre, más frustrado se sintió Naoki por permitir que ella presumiera férreo control sobre él, sin él hacer nada para frenarlo. Su mente lo tomaba como que se jactara de algo que no debía ni estaba en sus manos.
Así pues, durante un receso en el que ella acudió a la biblioteca fue que aprovechó la oportunidad para abordarla. Al no ser periodo de exámenes, el lugar estaba casi vacío, con alumnos presumiblemente de clase como únicos ocupantes, si bien Naoki sabía por experiencia propia que acostumbraban a estudiar en sus silenciosas aulas.
Kotoko, como era de esperarse, estaba sola, en su afán de estudiar que no compartían sus amigos, e iba distraída sin saber que la seguían; por lo que su tarea de aproximarse fue relativamente sencilla. Anduvo detrás hasta llegar a la sección final de la biblioteca y caminó por el pasillo contrario, apareciendo frente a ella al doblar la esquina, dejándola entre un estante firme y la pared junto a una ventana.
Él sintió un instante de gracia cuando la vio saltar, hacer volar el papel que sostenía en su mano —que leía concentrada hasta ser interrumpida—, dejar escapar un gritito y cubrirse la boca con alarma.
Su jocosidad desapareció cuando ella le reconoció y llevó a cabo la irritante acción de bajar la mirada.
Eso sirvió para motivarlo más.
Parsimoniosamente, igual que un predador, hizo retroceder a su presa hasta hacer chocar su espalda con la pared libre, ocasionando un gemido de la criatura indefensa al tiempo que pasó. Mientras se movían, él comprendió al eslabón fuerte de la cadena alimenticia por sentirse poderoso ante otro individuo, porque experimentó algo posesivo y satisfactorio al saberla a su merced; una retorcida satisfacción que su mente saboreó con placer.
Aunque a la par sentía algo pequeño e irreconocible al ver su menudo cuerpo temblar y respirar un olor de fresas en su cabellera rojiza.
—Mírame —dijo sibilinamente, acorralándola con los brazos a ambos lados de ella, a la altura de sus pechos, para que no escapara.
—Naoki-kun —susurró ella de forma trémula, llamándole por su nombre como su madre dijo que debería, así como a él le orilló a decirle Kotoko. —¿Todo… bien?
Con la quietud de la biblioteca y concentrado solo en ella, captó el cariz en su voz. Se dio cuenta que modulada era agradable de escuchar, podía ser suave y melódica; pero era extraña porque ya estaba habituado a la emoción que impregnaba por la seguridad que le daba la compañía de su madre.
—¿Por qué me tienes así? —continuó ella en volumen bajo, pausado y tembloroso, dándole la impresión que se controlaba, pese a la ansiedad presente. —¿Hice algo?
—No voy a hablar con tu cabello, Kotoko. ¿No te duele el cuello de inclinar la cabeza cada que me ves en casa? ¿Y ahora en la escuela? —preguntó con un deje de irritación porque no alzara el rostro. Si quería realizar su cometido, necesitaba cambiar eso.
Los hombros de ella se tensaron, pero continuó evitándolo.
—¿Qué razón hay para que no puedas mirarme? —presionó en tono engañoso, porque sonaba impávido, aunque en realidad la exigía veladamente.
—Yo… ¿lo hago?
Bufó irónico, agitando un poco su cabello, que así de cerca daba la impresión de ser sedoso.
—¿Tratas de engañarme a mí… —hizo una pausa que trajo tensión— …hermana?
La escuchó coger aire de golpe.
—¿Hay algo de malo que te diga hermana?
Kotoko pareció congelarse unos instantes y luego agitó su cabeza con suma lentitud.
—Pensé que sería difícil para ti porque al principio del año escolar trataste de darme una carta de amor, Kotoko-nee-chan.
De soslayo, captó que sus manos se empuñaban a sus costados. La visión le causó algo raro y fugaz, que hizo a un lado por confirmar que ella no había dejado libre el tema de sus sentimientos.
Suspiró, fingiendo preocupación por el asunto. —Todavía te gusto, ¿verdad? —Trató de evitar la sonrisa lobuna que pugnaba por surcar sus labios, aunque ella no le estaba viendo. —Y mi madre no lo sabe, ni quieres que lo sepa.
—Yo… no…
—No me miras para reprimirte.
—Nao-ki-kun —tartajeó ella negando con la cabeza.
—¿Estás tratando de ser buena hija para mi madre? ¿Crees que no comenzará a sospechar que apartes la vista? Se dará cuenta como yo lo hice. —Kotoko jadeó—. Si todavía no cambian tus sentimientos por mí, lo mejor que puedes hacer es aprender a disimularlos hasta que se esfumen.
—¿Cómo? —murmuró ella tan bajo que casi no la escuchó.
Sin pensarlo, su mano acudió por cuenta propia hacia la zona de su espina dorsal que abarcaba su cuello, presionando sus dedos en la piel que no podía ver, pero que al palpar fue delicada y cálida. Con lentitud, deslizó su palma hacia su barbilla, llevando su pulgar a la altura de su garganta, sintiendo el latido desbocado de su pulso y un escalofrío que acompañó al calor que subió desde su mano a su pecho.
Delicadamente la animó a elevar la cabeza.
—Primero tienes que dejar de huir —indicó en un susurro mientras le alzaba hacia él.
Solo no esperó el impacto que causaban los orbes de ella al mirarlo en un palmo de distancia. Había tal profundidad y sentimiento en ellos que sintió una especie de vértigo por la marea en que se vio atrapado; era abrumador ver a alguien tan emocional de cerca, conectando sus ojos sin otra interrupción, consciente de la confianza que su dueña le daba.
Naoki tragó saliva, siendo el primero en apartar la mirada porque no podía prolongar el contacto por más tiempo, aunque ella era la acostumbrada a no verlo.
Pero al bajar la vista sus ojos recorrieron el rostro pequeño de ella, su fina nariz, sus mejillas arreboladas y sus delgados labios rosas entreabiertos… y por primera vez sintió un brote de curiosidad en besar a alguien, preguntándose cómo sería el roce de sus labios y la reacción que traería.
A tiempo su cerebro le recordó su objetivo, su ubicación y todas las cosas que se habían esfumado unos momentos.
—Desde el día de hoy estás obligada a convivir directamente conmigo. Me verás a la cara, me hablarás y tratarás de actuar como si yo fuera alguien normal, ¿queda claro?
Kotoko pestañeó y él se preguntó si había estado soñando despierta.
—¿Por qué te… interesa? —pronunció ella débilmente, sosteniendo la mirada en su nariz, ganándose una aprobación silenciosa de él.
—¿Está bien ignorar a un hermano?
Tras ello, se enderezó y cuadró los hombros, subrayando la diferencia de tamaños de ambos, de al menos veinte centímetros y varias libras; él podía cubrirla con todo su cuerpo o cargarla sin sudar por el esfuerzo.
La vio parpadear innumerables veces, conmocionada.
No esperó a que ella hablara y le dio la espalda para regresar a su aula, pero antes de que lo perdiera de vista sintió el impulso de mirar sobre su hombro. Lo hizo y la vio con expresión estupefacta, atenta a él.
Naoki le sacó la lengua y se volvió cuando escuchó su chillido, alejándose finalmente.
Al imaginarse que ella cubría su boca como al abordarla, dejó escapar una risa baja.
Para sí mismo, admitía que no le fastidiaba la presencia de Aihara Kotoko y podía vivir con ella.
Si tan solo su madre no hubiera intentado meterse donde no debía.
{…}
A partir de aquel acontecimiento privado, Naoki notó los primeros esfuerzos de Kotoko para tomar en cuenta su presencia y sintió alivio porque inconscientemente colaborara con su propósito. Si la haría su novia, necesitaba que participara de forma activa o cuando saliera a la luz no sería creíble.
Entretanto, viendo lo favorable que iban las cosas, él se puso a pensar en que por primera ocasión tendría un noviazgo, algo que no imaginaba en su adolescencia, o en su vida en general, si tomaba en cuenta que, cuando reflexionó si alguna vez decidía casarse, lo haría con la cómoda ayuda de una agencia matrimonial, tras la que, antes de llevar a cabo el matrimonio, tendría unas cuantas citas con la joven escogida para decidir si le gustaría hacerla su esposa y madre de sus hijos. Todo tranquilo y racional, para asegurarse un futuro sin exaltaciones que pudieran afectar a su progenie o su estilo de vida.
Tener un noviazgo sería novedoso y una perspectiva que podía servirle para el futuro, con el objeto de no ser tan inexperimentado en el contacto físico con una mujer, como lo era en el presente. Hasta el momento no había tenido alguna clase de intimidad con chicas, porque ninguna le había gustado como para tentarlo; había sentido atracción por el sexo opuesto, pero nada que animara a más, y ciertamente veía con mejores ojos a las famosas que a las féminas en su inmediación. Asimismo, oportunidades no le habían faltado, porque siempre había alguien que intentara flirtear o confesársele; sabía que sus cualidades, un cuerpo tonificado por practicar tenis, altura de uno con setenta y ocho, rostro cincelado, ojos violáceos, porte de seguridad y cociente intelectual de doscientos, le hacían atrapar el interés de muchas personas y si quería podía usarlo a su favor.
Todo considerado, dejó que las cosas marcharan a su propio ritmo y se acostumbró de lleno a que Kotoko formara parte de sus días como lo habría hecho si a ella no le gustara él y su madre solo la nombrara hermana, pero no prohibida.
Se habituó a ella tanto que comenzó a percatarse bien de aspectos que no habría visto antes. Era empática y obstinada, procuraba ser honesta, entregaba su lealtad con sangre, no sabía hacer las cosas pero estaba abierta a aprender, le temía a los perros, no veía en la oscuridad, se preocupaba por consolar a los otros, amaba comer, prefería lo dulce, tendía a soñar despierta, se tropezaba en ocasiones mas nunca sin hacer daño a alguien ni tirar una sorprendente cantidad de platos en sus diminutas manos, sacaba conclusiones apresuradas, veía el mundo con pureza y humanidad,… entre tantos más puntos que se almacenaron en el amplio espacio de memoria que tenía, sin ambages, porque su habilidad de recordar todo lo que veía u oía una sola vez lo había hecho posible.
Naoki en momentos sintió lástima de su nerviosismo por controlar sus sentimientos hacia él cuando estaba su madre, que genuinamente la ayudó a soportarle mientras estaban a solas, y no con la presión de hacerlo para sus fines. Le habló sin insultarla, bromeando sanamente y siendo educado como con cualquier ser humano, aunque mostrando su verdadero modo de ser, mayoritariamente calmo, parco y racional… pues descubrió que estaba más relajado, divertido y cálido en la sola compañía de Kotoko, sacando una faceta que desconocía de sí mismo, la cual aceptó en lugar de negarla.
Si bien hubo ocasiones en las que un sentimiento indescriptible, combinación de desagrado, enojo, frustración y desconcierto, se manifestó en él, sin gustarle.
Una de ellas fue un par de días después del encuentro en la biblioteca, cuando hicieron el festival deportivo de la escuela, en el que todos tenían que participar de una manera, y que por sorteo (ya que a ninguno de la intelectual clase A le interesaba el evento) a Naoki le correspondió competir contra las demás clases de tercero en la carrera varonil de cien metros y la de relevos mixto, donde coincidió con Kotoko.
Aquella vez estaba incómodo por saber que su madre había acudido a apoyar a Kotoko, justificando que él nunca había querido que lo animara; él pensaba que alguien podía reconocerla de algún momento en que apareció por la escuela con él y sacar conclusiones de que se asociara con la chica del F que trató de confesarse meses atrás, que más tarde ocasionarían problemas.
El gritón compañero de ella, descubrió se llamaba Ikezawa Kinnosuke, llegó a empeorar ese mal humor, mientras los dos calentaban para la carrera varonil. Ese idiota hizo comentarios referentes a la incapacidad de su clase de ganar un evento deportivo, usando como excusa que no les interesaba actividades no intelectuales, e implicó que le demostraría que era mejor hombre para Kotoko con su rendimiento y así de una vez por todas ella se olvidaría de él, aunque no lo hiciera por rechazar su carta y su burla del día que recaudaba dinero —Naoki había colocado un billete en la alcancía haciendo un comentario sarcástico en su irritación por saber que la tendría en casa esa misma noche, y la pelirroja no se lo había tomado bien, brincando y quejándose alterada por la humillación.
Posterior a su triunfo siguió insistiendo en lo mismo con su irritante acento de Kansai, celebrando a la clase F. De haber corrido con verdadera energía, se habría ahorrado esa ridiculez, así como las risitas disimuladas de su hermana.
…quien con sus participaciones terminaría de fraguar su desconocido sentimiento.
Luego del triunfo que obtuvo al llevar a su madre como objeto en la competición de "prestados", que más tarde su llorosa progenitora presumiría por ser "alguien que amas", y con el que atraería atención en Irie Noriko, Kotoko ocupó el tercer turno en los relevos mixtos.
Como Naoki era el cuarto y último corredor de su grupo, ella lo tuvo en su línea de visión para entregar el testigo a Ikezawa, que para su desgracia estaba a su lado, y la coincidencia provocó que se equivocara al correr a su destino, dirigiéndose a él en lugar del idiota. Se imaginó que estaba presa de alguna ilusión con ambos de protagonistas, pero debió permanecer en su sitio para no estorbar a los demás, por lo que ella le tocó.
Lo que siguió no lo olvidaría; Kotoko despertó de la ensoñación, se despegó de él como si tuviera la peste y brincó a los brazos de Ikezawa, soltando el bastón en el suelo. Asombrados los tres, tardó en darse cuenta que su compañera llegó para darle la vara roja de su grupo y solo reaccionó cuando el chico del F chilló y recuperó el testigo verde; tras esto, los dos salieron corriendo al mismo tiempo a la meta, que él rebasó primero, pero impedido por sus emociones y la lógica de la física, no pudo evitar colisionar con Kotoko, la cual por algún motivo desconocido estorbaba después de la línea de triunfo.
Ambos aterrizaron en la pista. Naoki cayó encima de ella y pronto se levantó aturdido, tardando en recordar inspeccionarla, momento que aprovecharía Ikezawa para cargarla y llevarla corriendo a la enfermería, mientras él los seguía con la mirada, sentado en el suelo.
Cuando la ola de fanáticas lo rodeó y le acordó ponerse de pie, él ignoró el escozor de las palmas de sus manos, porque el sentimiento que se arremolinaba en su pecho y su estómago era más grande.
Por otro lado, una más de ellas sería a siete días de la primera.
En ese caso, estaban todos viendo las noticias en la sala de estar, y de repente Ikezawa apareció detrás de la puerta de cristal que daba al jardín, haciendo gritar a su hermano de susto al mismo tiempo que ese idiota pelinegro profería quejas de los arreglos de vivienda de Kotoko.
A continuación, el chico pidió permiso para entrar y perdón por interrumpir, después se puso a decir que él se casaría con Kotoko en unos años y que su futura esposa no podía vivir con el genio-bastardo, porque él se la robaría. Afortunadamente su madre lo interrumpió antes de que mencionara la carta y lo sentimientos de su dueña, pero su elección de palabras fue peor.
—Kotoko-chan y Naoki-nii-chan son hermanos, no digas tonterías, niño. Si mi hija quiere estar contigo, la cortejas como es debido y respetas a su familia y su forma de vida. Y si no lo desea, te comportas. Sin embargo, ella tiene todavía mucho tiempo perdido que recuperar con su nueva madre antes de casarse. ¡Oh!, ¡podríamos ampliar la casa para que su futuro marido y ella vivan con nosotros! ¡Y Naoki y Yuuki! ¡Todos tendrían a la abuela Noriko cerca!
—¡Yo no voy a vivir con ese molesto genio! ¡Lo siento, señora! ¡Futuro padre yo trabajaré para un hogar de los tres! ¡Me iré para comenzar a planear el futuro!
—¡EH! —detuvo su madre cogiendo al chico de una manga. —Te advierto, amigo de Kotoko-chan, no dirás nada de que vive con nosotros, no quiero que nadie abuse de mi niña porque comparte techo con un joven de su edad, o yo no estaré contenta —dijo con tal tono amenazante que hasta Naoki sintió frío en el cuerpo. —¿Lo harás?
—¡Sí! No quiero que nadie sepa que se relaciona con ese genio. ¡Buenas noches!
Las próximas veces involucrarían a Ikezawa, a comentarios de circunstancias al salir de la estética, al pasear por el centro comercial o al ir al club deportivo para ejercitarse, y al recuento de la visita a la familia de su madre en las vacaciones de verano, cuando él no pudo asistir por practicar para un torneo de tenis.
{…}
El cumpleaños de Kotoko fue un evento puramente familiar y en casa, para desilusión de su madre, que se resignó a cumplir los deseos de su hija; el de no hacer mucho gasto en ella, teniendo en cuenta todo lo que le había dado en los seis meses que llevaba viviendo ahí, y el de disfrutar en privado de su fecha importante.
Para Naoki fue gracioso saber que la chiquilla infantil era mayor que él por mes y medio, pero no señaló el hecho al reconocer la alegría que le dio a ella pasar un momento diferente en el aniversario de su nacimiento, distinto al pasado, cuando festejaba en el restaurante con sus amigos, su padre y los empleados de este, con dos horas robadas del ajetreo habitual del establecimiento.
A semanas de la fecha (el día después de su cumpleaños, que aconteció con normalidad como todos los doce de noviembre, por su petición años atrás), ella seguía sonriendo al rememorar la pequeña celebración, sosteniendo múltiples ocasiones la cadena de oro con un dije de corazón que había recibido de parte de su madre; aunque no lo decía en voz alta, era obvio por sus acciones.
—Reprobarás los exámenes si sigues así —comentó él apenas desviando la mirada de la novela que leía.
Estaban sentados en el suelo del rincón de la biblioteca donde él la acorralara meses atrás, que habían descubierto prácticamente sin visitantes. Aquella ocasión, Kotoko se había equivocado al anotar la bibliografía y había terminado en el pasillo con obras que nadie buscaba en los días que se reunían allí; lunes, miércoles y viernes. Su privacidad le había hecho nombrarlo su punto de reunión dentro de la escuela, ya que tampoco iba a soportar las eventualidades del clima en la azotea, el otro sitio al que podían ir —prohibido para todos excepto él, gracias a su asesor de grupo, que le creyó su interés de un lugar calmo para estudiar—. Fuera del campus, tendían a acompañarse en el camino a casa, donde eran pocas las veces que estaban por su cuenta.
Por fortuna, hasta el momento nadie los había descubierto.
Pasados unos segundos de su frase, ella saltó y apartó la mano de su pecho, apurándose a coger el cuaderno en su regazo.
—Desearía no tener que estudiar como tú —refunfuñó Kotoko en voz baja, haciendo un mohín que vio al encararla.
Él rió entre dientes.
—Debe ser interesante esperar con ansiedad unos resultados, para saber si aprobaste —comentó admitiendo una sensación que no conocía.
—Qué dices, ¡es horrible! —replicó ella con sentimiento, aunque mantenía la entonación adecuada para la biblioteca. —Se me acaban las uñas del temor.
Kotoko puso sus manos frente al rostro de él, mostrando así cuan tranquila podía estar en su compañía, si bien en momentos se perdía en su mundo y se sonrojaba, pero era lo mejor que podía lograr con su personalidad y ya estaba complacido con que no le evitara como antes.
Sonrió de lado al observar los dedos con marcas de tinta, haciendo que ella alejara sus manos.
—Pasarás y podrás entrar a la universidad. —Las pruebas siguientes determinarían si podía ingresar, al menos, a la institución universitaria vinculada a la escuela, aunque con los resultados de los últimos meses que la ubicaban en el puesto cuarenta y nueve o cincuenta de la lista de los mejores (lo cual mantenía asombrados a alumnado y profesorado), le permitirían intentar en otro sitio.
—¿Lo crees, Naoki-kun? Probablemente sea la única de mi clase, me siento triste por ellos. Nos pegan afiches de ferias de empleo y volantes con oportunidades laborales. Pero Kin-chan —Ikezawa— es el único al que no le importa, dice que ya tiene planes. Será chef y sueña con abrir un restaurante.
Le provocó un golpe a su ego que el idiota tuviera un sueño y la certeza de qué quería para el futuro profesional, algo que él no tenía. Ni siquiera sentía ánimos de tomar el examen para la Universidad de Tokio, el alma máter de su padre y el lugar que desde niño había planeado para él… lo que le molestaba, porque como su madre quería decidir sobre su vida, mas no había sentido en llevarle la contraria, ya que se trataba de la mejor universidad del país, digna de mentes privilegiadas.
Tampoco le emocionaba como debería la idea de suceder a su padre en Pandai, la empresa que había fundado en su juventud, cosa que se esperaba de él… otro fastidio, pues le imponían, en vez de darle la opción de decidir.
Para ser justos, al no tener certeza de qué quería hacer en el futuro, no había replicado por ese camino trazado para él por otros, era mejor que nada.
Y la causa de su desconocimiento eran su personalidad, que todo se le daba bien una vez que se ponía a ello y que generalmente sabía qué esperar. Sentía que con alguna profesión su inteligencia le jugaría en contra y su carácter lo empeoraría. A la larga la habilidad de hacer las cosas, de controlar hechos y de predecir con facilidad, aumentarían su indiferencia habitual y le darían una emoción pasajera.
Razón de que Kotoko mantuviera su sitio junto a él, porque era una fuerza de la naturaleza, impredecible. Nunca sabía con qué saldría a continuación y era interesante lo que eso hacía con él.
Por otra parte, lo que más le parecía sensato era pasar de la educación superior. Si trabajaría en Pandai, no tenía por qué contar el historial académico con el que aspirar a un buen trabajo; tampoco veía con ganas estudiar formalmente cosas que podía aprender por su cuenta, el experto que lo iba a guiar en lo que hiciera falta era su padre. Se gastaría innecesariamente en una matrícula elevada por una educación que solo era papeleo.
¿Para qué perder esos años "en prepararse", si podía ingresar de una vez a la empresa en un puesto bajo e ir escalando posiciones con los conocimientos y experiencia que podía adquirir en ese tiempo, mucho por sí mismo?
—¿Naoki-kun?
La voz de Kotoko llamándole le recordó que no estaba solo para reflexionar sobre el tema.
—Sí, el próximo año estarás en la universidad.
—Aunque no sé para qué estaré preparándome, pero lo descubriré ahí. Dicen que la universidad te puede ayudar a decidir. —Ella rió y él contuvo la respiración. —¿Y tú qué vas a estudiar? ¿Negocios? ¿Ingeniería en sistemas? ¿Las dos al mismo tiempo?
El aire que mantenía prisionero en su pecho escapó en un suspiro largo.
—Ni siquiera estoy seguro si estudiaré la universidad —admitió a alguien más por primera vez, perdiendo su mirada en el vacío. Se sintió confiado en Kotoko.
—¿Por qué? —cuestionó ella anonadada—. Si no lo haces, te perderás de las experiencias universitarias y la emoción de compartir con personas que tengan tus mismos intereses. Y todo lo que expertos te pueden enseñar.
—¿Para qué? Mi padre quiere que lo suceda en Pandai.
—Pero, ¿es tu sueño? —arguyó Kotoko con tono comprensivo—. Yuuki-kun quiere trabajar en Pandai, lo dice siempre… es su sueño. Y la empresa es el sueño cumplido de oji-san. En cambio, tú no pareces soñar con Pandai.
En su interior sonrió; Kotoko parecía entender parte de su dilema. Lo iba conociendo como él a ella.
Le miró sintiendo agradecimiento porque no le juzgara duramente, como harían todos los demás.
—¡Ya sé! —Kotoko se cubrió un segundo la boca, por el grito, y Naoki rió entre dientes—. Te ayudaré a descubrir tu sueño y yo descubriré el mío. Pero el tuyo es más importante, porque eres un genio y podrás hacer mejores cosas para la sociedad. Y si no quieres trabajar en Pandai, oji-san lo entenderá, te quiere mucho y prefiere que seas feliz.
Ella era increíble y, contrario a lo que creía, era más importante su futuro trabajo, porque donde fuera llevaría su bondad y su vivacidad para mejorar el mundo de los otros. Él era prueba de ello.
—Primero dedícate a estudiar para los exámenes —reprendió para calmar las emociones que estaba experimentando en ese momento y retornar a la normalidad.
Kotoko asintió frenética y cogió el cuaderno que había abandonado junto a ella. Él regresó a su novela histórica.
—Eh, ¿me ayudarías con este problema? No sé cómo resolverlo y por eso me distraigo.
Resopló con la nariz antes de hacerlo… con ningún ápice de molestia.
{…}
Cuando los resultados salieron fueron los esperados. Kotoko logró aprobar para ingresar a la Universidad de Tonan, donde presuntamente estudiaría Literatura en el Departamento de Artes, según sabía por rumores el destino típico de un graduado del F, haciendo que fuese considerado la "Clase F" del campus. Naoki no menospreciaba a los graduados de la carrera, después de todo era un asiduo lector, pero sentía que ella podía aspirar a otra cosa, solo debían averiguar qué.
Por otro lado, como él predijo, solo las amigas de Kotoko fueron otras en obtener el pase directo, haciendo de ellas tres la excepción entre sus compañeros gracias a la joven pelirroja. Ishikawa Satomi y Komori Jinko habían sido anexadas en el secreto de la residencia actual de su amiga cuando, por sugerencia de Kotoko al verlas frenéticas, se pusieron de acuerdo en estudiar juntas en casa y escogieron donde la cobriza porque era la única que tenía habitación propia. Habían acordado ir varios días en un horario anterior a la llegada de Takahashi Hitomi, la estudiante universitaria que hacía de tutora. Y aunque según Kotoko les había advertido de antemano que al salir de clases se encontrarían con él en la estación y después viajarían juntos a la casa Irie, ambas lo habían mirado ojiabiertas al verlo asentir cuando llegaron al punto donde aguardaba el tren, donde fueron presentados.
Seguramente creyeron que eran fantasías de una enamorada.
(En resumen, supo que pasarían por la influencia de Kotoko, quien les explicó y las impulsó a dar más de sí.)
Era indiferente a ellas, pero le parecieron más aceptables que Ikezawa… el cual comenzó a trabajar medio tiempo con Shigeo-san y ofreció ser su sucesor en el futuro, resolviendo el dilema de que Kotoko no tuviera el don de su padre y el muchacho (para su disgusto, había que reconocer que el idiota sabía lo que hacía en la cocina). La aludida rechazaba la idea y su padre no estaba convencido, mas su madre proclamó que los esfuerzos del chico para procurar el bienestar de su amada eran loables, por mucho que no estuviera de su lado, con la negativa de su hija.
Naoki solo detestó todo el asunto del pelinegro, sintiendo un calor bien recibido propagarse por sus miembros, que le animaba a borrarle la sonrisa presumida al susodicho.
El único consuelo era que a ella no le interesaba.
Entonces, con el peligro de no pasar eliminado, Kotoko pudo relajarse más en los estudios durante diciembre y quiso dar oportunidad a pensar en el tema del sueño, que no olvidó pese a las distracciones.
Eso hacía en ese preciso instante.
Allí en la biblioteca, ella revisaba un libro de orientación vocacional y planeaba llenar hojas de su cuaderno con las respuestas de los test que venía en las páginas, algo que ambos hicieron en los últimos dos años y que no les dio mucha ayuda en ninguno de los casos, pero que según ella podía hacerlo ahora que sus vidas habían cambiado y el tiempo imperaba y era diferente; cerca de concluir la preparatoria sus mentes tenían otras prioridades, o así escuchó de su profesor, que al ver la mejora en sus estudios le pudo hablar de otras posibilidades que aquellas de las que acostumbraba dar a sus alumnos del F.
De brazos cruzados, con la novela cerrada en la alfombra, Naoki observaba a Kotoko leer con vasta concentración, rozando la punta de su pluma en su mentón cada cierto rato; sus cejas se juntaban y sus dientes mordían su labio inferior entre otros. Contemplarla era una actividad que en ese momento le sabía más entretenida que el misterio de su novela, el cual ya creía resuelto sin haber llegado al final.
Los movimientos de ella le cautivaban y causaban muchas más reacciones en él, manteniéndolo atento a lo que le competía a esa chica. Era mucha más emoción de la que había sentido en años.
Y le gustaba, no era una cosa que quisiera rechazar.
—No aceptaría cartas de desconocidas —dijo súbitamente, no sorprendido de sí mismo al hacerlo. Era parte de la razón por la que le rechazara en abril, porque su desinterés por las relaciones románticas y su deseo de no mezclarse con personas estúpidas completaba la lista de motivos, aunque estos últimos también habían cambiado sutilmente conforme lo hizo su perspectiva.
Le interesaba algo con ella y había aprendido que había más detrás de algunas de las personas que consideraba "estúpidas".
Kotoko se detuvo en su lectura y posó sus brillantes orbes color caramelo en él.
—¿Qué? ¿De qué hablas, Naoki-kun? —Ella aguardó unos segundos y formó una expresión dubitativa en el rostro. —¿Ahora aceptarías mi carta… mi confesión? —murmuró casi imperceptiblemente.
—¿Te gustaría? —preguntó como si nada, pero su corazón palpitaba de manera peculiar en su pecho.
Kotoko dejó escapar un jadeo.
— Tú dijiste que yo… Madre… Tú y yo… Ella… —balbuceó con labios temblorosos.
—¿Sería fácil para ti negarte por lo que ella diga? —Se centró en la única cosa que importaba de momento.
—Tú no quieres salir conmigo.
—¿Eso crees? —musitó con tono íntimo.
Tan lento como una tortuga, su mano derecha ascendió a su mejilla colorada, que ella cubrió con la propia, con los ojos abiertos como platos.
Al ver que no hacía ademán de huir, inclinó su cabeza hasta dejar una distancia mínima entre los dos, en la que se sentían sus respiraciones irregulares y expectantes. Ella cerró los ojos y él la siguió al instante para luego presionar su boca sobre la suya.
Un calor cosquilleante lo colmó y sintió cosas inexplicables en esa unión.
Y quería más.
Ladeó su cabeza y entreabrió los labios, inexperto, pero intuitivo y deseoso, obteniendo una respuesta similar de ella, que aceptó el movimiento marcado por él. Hizo una pausa y la acercó con su brazo libre, sentándola sobre sus piernas; después volvió a pegar su boca a la de ella.
Escuchó el sonido que hacían con sus respiraciones y sus labios y fue feliz de saber lo que estaba ocurriendo; lo último que supo por un tiempo inexacto hasta que alguno de los dos le puso fin a sus besos.
Abrió los ojos y contempló su cara mientras ella permanecía con los párpados abajo. Sus labios se veían ligeramente diferentes y su cuerpo transmitía una relajación placentera que lo hizo sonreír.
Se le ocurrió que podría estar con ella, besarla y tenerla entre sus brazos por horas, días, meses, años. En algún momento de su convivencia habían nacido sentimientos por ella y quería que no se quedara en eso.
Sería su novia. Suya. Por él y por ella.
Ya ni por asomo consideraba salir juntos para demostrar algo a su madre. Kotoko le gustaba. Su singularidad le había hecho lograr que ninguna otra hasta el momento. Y solo quería estar con ella.
La haría su novia porque le gustaba y dejaría que ellos mismos se guiaran hasta dónde llegarían. Mantendrían lo suyo en secreto mientras la reacción de su madre pudiera causar situaciones drásticas que ninguno de los dos podía manejar todavía.
—Ya no eres una desconocida —expresó suavemente.
Ella abrió los ojos y le observó con una emoción tan fuerte, más que la de meses antes, pero que esta vez pudo sostener con su mirada. Sabía que los sentimientos de Kotoko eran superiores a los suyos, incluso si incrementaban en adelante, mas no por eso eran menos e incapaces de responder a los de ella. De momento solo podía afirmar que era la mujer más importante para él y eso le presentaba en la medida que su personalidad le permitía.
Su intuición le decía que ella comprendía.
—¿Significa que eres mi novio o…?
—Sí.
Kotoko ocultó su rostro en su cuello, riendo alegremente sin hacer mucho ruido. Su piel se erizó y fue un poco incómodo para su libido, que controló, pero le dejó ser, porque le agradaba que estuviera contenta.
Escuchó un timbre y miró su reloj, comprobando que era el primer anuncio antes de que las clases continuaran. Por un segundo consideró no regresar, pero era peligroso, llamaría mucho la atención; era lo único que le preocupaba, no necesitaba la lección, iba adelantado al programa, y podría enseñarle a Kotoko el tema que se perdiera, aunque dudaba que continuaran dándoles conocimientos nuevos al F, si es que alguna vez los profesores se esforzaban por enseñarles, como ella le compartió en privado.
—Debemos irnos.
Kotoko asintió y se bajó de su regazo para coger sus pertenencias rápidamente.
—Ve primero, Naoki-kun, mi maestro no llega a tiempo.
Le sorprendía poco.
Él se puso en pie y le dio la mano para ayudarla.
—Nos vemos en la sal…
—¿Tendremos que ocultarlo a madre?
Suspiró. —Por ahora.
Kotoko asintió y él partió a paso ágil, no por miedo a una reprimenda, sino para alargar la distancia de llegada de los dos al pasillo de tercero.
Y aun si alguien podía descubrirlos, en ese instante le daba igual, la satisfacción que tenía porque fuese suya era tan enorme como para ser opacado por un problema.
{…}
Los días de asueto invernales llegaron una quincena después que comenzaran su noviazgo, y estos trajeron consigo las constantes alusiones de sus padres a los exámenes que tomaría el siguiente año; la prueba de clasificación nacional para jóvenes en último grado de preparatoria, en enero, y la evaluación de ingreso a la Universidad de Tokio, en febrero, limitada por el desempeño de la primera. Estaban ansiosos por su realización, más por su desinterés por ambos que por desconfianza de sus habilidades.
Día con día lo bombardearon con frases directas o indirectas referente al tema, causándole hartazgo que no disimuló. Estuvo ceñudo y completamente arisco, a diferencia de su acostumbrada actitud hermética que a veces relajaba con alguna risa o tono educado. Hacían gran revuelo de algo que no importaba si trabajaría en Pandai.
Yuuki y Shigeo-san procuraron permanecer al margen; su hermano a veces pidió que le dejaran en paz —o que hablaran otra cosa porque estaba aburrido de lo mismo—; su suegro secreto comentó una que otra vez en favor de los adultos, desde el punto de vista de padre, y el resto de sus raras participaciones fueran sobre su capacidad y confianza en él.
En lo tocante a Kotoko, ella guardó silencio frente a todos, concentrándose en cualquier cosa para no intervenir, porque sabía lo delicado que era para él y, según le dijo en un breve instante a solas, porque temía que su estrecha relación quedara en evidencia al hablar de más (lamentaba que una joven sincera como ella se viese obligada a omitir la verdad, pero ella ponía todo de sí misma para callar, pues entendía los motivos de hacerlo, y estaba triunfando, como conseguía por su gran determinación. Él se lo reconocía y la recompensaba cuando surgía la oportunidad). En privado, de las contadas ocasiones que pudieron estarlo durante el descanso de invierno, ella le dio ánimos y disminuyó parte de su mal humor.
Y para más molestia, al regresar a clases sus profesores también lo atosigaron con el asunto, en público y en privado.
Como consecuencia, el peso de todo le hizo excederse en la ingesta del alcohol el día anterior a la prueba de clasificación, cuando toda su familia se reunió en el restaurante de Shigeo-san, "Fugu-kichi", para "brindar" por él.
Mientras su madre, Yuuki y Kotoko platicaban en una esquina del local (su novia no había querido probar el alcohol ante el inocente comentario de Yuuki de que podría sacarle verdades estando borracha, que por supuesto grabaría y sería entretenido), junto al idiota de Ikezawa que estaba ahí de entrometido, él invitó a los dos adultos restantes a servirle continuamente de la botella de sake, con la insidiosa idea de emborracharse y responsabilizarlos de su pésimo rendimiento… toda vez que tendría una excusa para no ingresar a la universidad sin echarse atrás por iniciativa propia.
Desafortunadamente, su plan fue obstaculizado por una mayor resistencia al alcohol que los dos mayores, quienes se desmayaron demasiado pronto e hicieron que todos se retiraran a casa después de despertarlos y darles a beber café cargado.
Aunque sí experimentó efectos del estado etílico y no pudo dormir después de ducharse, sino que sintió tremendas ganas de llevar a cabo un deseo repentino… y les hizo caso.
Sigiloso, buscó su abrigo cuidando no despertar a Yuuki, luego abandonó su dormitorio y caminó hacia los aposentos de su novia, todavía consciente de que no debía hacer ruido. Con una sonrisa, abrió la puerta y se coló dentro de la habitación, donde avanzó lentamente hacia la cama, en la que su pelirroja dormía plácidamente abrazando un oso de peluche, como pudo ver por la luz encendida en la mesita.
—Hablas en sueños —susurró divertido al oír que ella mencionaba los nombres de los protagonistas de la serie que veía con su madre.
La observó unos segundos más y la llamó, agitándola del hombro, hasta que su sueño pesado se interrumpió. Kotoko no gritó, algo para lo que estaba preparado, solo parpadeó hasta decir su nombre roncamente.
—¿Qué haces aquí? —preguntó haciendo una cara adorable mientras ladeaba su cabeza.
—Ven —repuso sonriendo de lado, extendiendo su brazo.
—¿Eh? —Aun sin comprender ella cogió la mano que le ofrecía.
Él haló de ella hacia la salida del cuarto, tomando el abrigo de Kotoko de la silla para también llevarlo. —No hagas ruido —indicó con un poco de excitación por la fechoría.
De la mano, bajaron al piso principal, buscaron calzado y anduvieron hasta la puerta de la sala de estar que daba al jardín, con él guiándola por su ceguera nocturna. Antes de abandonar el interior de la casa se colocaron sus abrigos y después los llevó hasta un árbol que los podría ocultar de la vista.
—Hay frío —manifestó Kotoko temblando.
La verdad era una locura estar afuera con pijamas y un abrigo cuando la temperatura debía estar a cinco grados, pero Naoki no lo sentía y le causaba emoción esa reunión secreta a expensas de los demás, que estaban a pocos metros.
Sin detenerse a pensar en lo raro que era de él, para confortarla, desabrochó el frente de su abrigo y la rodeó con este, atrapándola dentro de la prenda y de sus brazos.
Kotoko jadeó.
—Naoki-kun —dijo distorsionada por la ropa.
—¿Mejor? —cuestionó con picardía.
Apoyó su mentón sobre su coronilla cuando ella se acomodó con el oído en su pecho.
Luego de un tiempo en esa posición la escuchó soltar una risita.
—Estás borracho.
Más bien achispado, como desinhibido, no tan inconsciente de sus actos, pero tampoco arrepentido o deseoso de contenerse. Posiblemente mañana pensaría diferente.
—Lo disfrutas.
—Yuuki tenía razón al decir que un borracho es entretenido.
Él bufó.
—Sin embargo, es el peor momento para que te emborraches. Tienes un examen temprano.
—No quiero hacerlo.
—Si descubrimos tu sueño reprobar no te dejará inscribirte en Todai.
—Lo haría el próximo año.
—¿Y este? —refunfuñó ella, olvidando que él podía ir a Tonan.
Aunque él mismo lo olvidó por un segundo; primero pensó que trabajaría y ahorraría más de lo que tenía para vivir solos.
Y se sorprendió.
—¿Naoki-kun?
Suspiró. —Mejor regresemos, si ambos tenemos ojeras sospecharán.
—Está bien.
Hicieron el camino de vuelta a sus dormitorios, colocando sus botas en su lugar y subiendo con la misma quietud de minutos atrás. Agradeció la situación para no mostrar su asombro con el pensamiento que tuvo, el cual ni el alcohol afectó.
Esperó a que Kotoko entrara para cerrar con el cuidado que ella no tendría, pero ella se volvió y alzó en puntas antes de alejarse de él.
—Naoki-kun, no tengas miedo de un futuro incierto, no te dejaré solo.
Con eso, se giró y avanzó hasta la cama, mientras él se tomaba unos segundos en cerrar la puerta, maravillado de ella.
Sabiendo lo riesgoso de prolongar su estadía frente a su cuarto, Naoki agitó su cabeza ligeramente y cerró con debida cautela.
A los pocos minutos de acostarse, pudo conciliar el sueño, sintiendo una calma nueva para él.
{…}
A un mes de aquello, Naoki recordaba cada momento de esa noche y la mañana que le siguió. Él, de buena condición de salud, se despertó con sed, cansancio, mareos, jaqueca, asco, estornudos y dolor de garganta, una combinación de resfrío y resaca que le hicieron jurar nunca más beber como lo hizo, aunque su resistencia fuera superior al promedio. Todas esas sensaciones juntas eran fatales y no entendía cómo algunos podían alcoholizarse en sus reuniones sin pensarlo dos veces, bajo la excusa de entretenerse y amenizar.
Pero más se preguntó cómo podían andar con tranquilidad al día siguiente, porque él solo quiso quedarse recostado en la cama durmiendo.
Su deseo de hacerlo fue mayor cuando bajó al primer piso y provocó lloriqueos en su padre, que al verlo cansado se culpó por olvidar su deber de medir el consumo de alcohol de su hijo. Su madre trató de sosegarlo mientras Yuuki y Kotoko daban vueltas a su alrededor, buscando darle confort.
El caos le empujó a irse, después de tomarse una aspirina y forzarse a comer una tostada; pero antes, en una distracción de los demás que se quedaron atrás, Kotoko le metió un ridículo amuleto en el saco, al que otro pudo haber adjudicado su puntaje de noventa y ocho sobre mil, que le dio el primer lugar a nivel nacional.
En suma, sus pérfidas intenciones le pasaron factura.
Por eso para el examen de Todai se limitó a asistir sin trabas, aunque nadie se dio cuenta y terminaron haciendo que Kotoko se ofreciera a acompañarlo para el examen, comprobando que todo fuera bien hasta que llegara al campus, ya que su compañía era menos vergonzosa a la de cualquiera de sus progenitores —cuando su padre había declarado que iría, Yuuki había reído señalando el bochorno futuro.
De modo que ahí estaba con su novia, quien iba a su lado sin parlotear como siempre, inquietándolo. Algo debía ir mal.
—¿Qué ocurre? —preguntó con la vista al frente y las manos en los bolsillos.
—¿Ah? —Kotoko soltó una risita nerviosa—. Nada. Hoy es San Valentín y no pude hacer un chocolate para ti, Naoki-kun. Tuve que comprar uno y lo olvidé en casa.
Entrecerró los ojos, sopesando su respuesta. Creía que le afligiría, pero no para cambiar su habitual comportamiento y desaprovechar que podía actuar sin la presión del secreto.
—Madre dijo que cuando quisiera ella me enseñaría a preparar uno, le hizo feliz saber que no se lo pedí este año —agregó Kotoko triste, haciendo que apartara la duda de su mente.
Suspiró.
—Lleva el chocolate a mi cajón cuando sea la hora de cenar, haré que Yuuki esté abajo.
No le gustaba el dulce y tampoco creía en el festejo de origen occidental; sin embargo, cedería un poco. Nadie más que él lo sabría, y era un sacrificio para levantarle el ánimo decaído, indirectamente parte de su relación secreta.
Ella aplaudió. —¡Sí! La dependienta aseguró que no era muy dulce.
Se detuvo al notar que se quedaba atrás. Ceñudo, miró sobre su hombro y la vio ofrecerle una sonrisa forzada.
Algo en verdad estaba mal.
—Kotoko…
—Se hará tarde —interrumpió ella mirando el reloj de su muñeca, confirmando su sospecha. Ponía mejor esfuerzo por ocultar sus sentimientos hacia él —o realmente hacerlo se llevaba toda su energía y cuando se sabía libre se le olvidaba esmerarse.
Kotoko le cogió de la mano y lo haló antes de que pudiera continuar, reanudando el camino recto que indicaban las señalas verticales de la calle.
Y a él poco le podía importar el maldito examen.
Pudo haberla detenido fácilmente, pero respetó su deseo de no querer compartir lo que pasaba. Él agradecería que ella hiciera lo mismo en su caso.
—¡Llegamos! —exclamó Kotoko contenta minutos más tarde, cuando él los terminó de guiar hacia la universidad, sin apartar su mano de la de ella para que no se perdiera entre el mar de gente.
Kotoko se soltó y aplaudió, pero alcanzó a ver una gota de sudor en su frente y una contorsión de su rostro.
—Sé que saldrás bien, y cuando encontremos tu sueño solo tendrás que pedir el cambio en la dirección escolar.
Con gran renuencia, asintió y partió de su lado para ir a la entrada donde recibían los comprobantes de registro a la prueba. No quería apartarse de ella porque tenía el presentimiento de que algo ocurriría.
Se detuvo antes de formarse en la línea; necesitaba saber qué tenía o no ingresaría. Se giró, avanzó hacia el lugar del que había venido y casi al doblar escuchó una conmoción.
Temor y preocupación lo asaltaron y apuró el paso, corriendo cuando vio un círculo de personas a unos metros, llamando a alguien.
Naoki se coló entre ellas sin preocuparse por la educación, sintiendo un pálpito agudo en el pecho al ver a su novia en el pavimento.
—¡Kotoko! —gritó arrodillándose junto a ella, tirando su maletín escolar al suelo. —¡Kotoko!
La escuchó gemir tocándose el estómago.
—Me duele… Naoki-kun… tu examen —musitó ella antes de desvanecerse.
Rápidamente la cogió en brazos y se puso en pie, preguntando por un hospital. Cuando le dijeron que el de la universidad estaba cerca y que le guiarían, se apresuró detrás del hombre, quien más tarde le entregaría su maletín.
En Urgencias recibieron a su novia e, impotente, debió permanecer en la sala de espera hasta que tuvieran noticias, donde llamó a su madre con la esperanza de que el tiempo pasara más rápido. Al llegar ella, acelerada, el médico salió para indicarles que Kotoko sufría de apendicitis y que estaba a tiempo de recibir el tratamiento antes de una afección más grave.
Ante esto, su madre le indicó que aún podía responder la prueba. Él lo sabía, aun comenzando tarde podría tener un desempeño satisfactorio, pero decidió no hacerlo y en vez de eso se quedó en la sala de espera con ella. Allí, vio la llegada de su padre y Shigeo-san, que se apresuraron en su dirección.
—Lo siento mucho, Iri-chan —dijo el padre de Kotoko tan pronto como supo que su hija estaría bien, arrodillándose, llamando la atención de varios presentes. —Naoki-kun no pudo hacer el examen por…
—¡Oh, Ai-chan, levántate! Él pudo haberlo hecho si quisiera, tendría tiempo suficiente desde que mamá me llamó. De todos modos, no parecía interesado. Ahora solo preocupémonos por la salud de Kotoko-chan.
Con expresión pesarosa, Shigeo-san se paró.
—Sí, Ai-san. Y puedo decir que estoy orgullosa de onii-chan porque se preocupa por Kotoko-chan, él nunca había sido tan considerado por alguien más.
—Pero… —Shigeo-san musitó.
—Somos una familia, no hay rencores —continuó su madre y su padre asintió.
Naoki se aclaró la garganta. —Estudiaré en Tonan, es una buena universidad.
Y le daría oportunidad de estar más cerca de su novia, a diferencia del tiempo que le quitaría otra institución. Además, quería saber si con ella cerca podría vivir las experiencias de las que había hablado con anterioridad.
Su suegro pareció tranquilizarse un poco y asintió. Entonces se dedicaron a aguardar a que pudieran ver a Kotoko, lo que hicieron en unas horas, cuando ella se despertaba cansada y confundida a causa de la intervención laparoscópica.
—Naoki-kun… ¿ya terminaste tu examen? —preguntó ella una vez que le explicaron las circunstancias.
Un silencio tenso llenó la habitación privada.
—No lo presenté —informó en tono desenfadado.
Los ojos de su novia se cristalizaron y él lamentó la visión. —Por mi…
—¡No, Kotoko-chan! —exclamó su madre apretando los hombros de la aludida—. Onii-chan tenía tiempo de sobra para hacer la prueba cuando yo llegué, pero decidió quedarse.
—Oji-san, yo…
—No te preocupes, Kotoko-chan, no es una sorpresa para mí. Naoki tomó una decisión puramente personal.
—Tonta —dijo tranquilo para no indicar que era un insulto—, yo no necesito una universidad de élite para hacer un gran futuro.
Ella bajó la cabeza y dio un asentimiento débil, jugando con la sábana.
No pudo hacer nada más por la presencia de sus padres y porque la enfermera les indicó que su paciente debía descansar.
Definitivamente detestó la loca idea de su madre de que eran hermanos.
{…}
Naoki y su familia visitaron a Kotoko el día siguiente, y el lunes temprano, mientras él estaba en clases, ella salió del hospital para reposar en casa.
Pero no sintió mucha calma. Una situación estúpida se presentó en la escuela y se enfadó de sobremanera, ya que tan pronto como su novia regresara se vería absorbida por el tsunami de rumores sobre el impedimento que fue para que él tomara el examen universitario.
Algunas personas le vieron acompañado de Kotoko de camino a Todai y otras fueron testigos de su auxilio a ella y su subsecuente ausencia en la prueba, cuya falta de realización fue confirmada por el exabrupto de su tutor al preguntarle por esta a primera hora de la mañana. Cada uno de estos factores contribuyó a que en los pasillos de todo el instituto se chismorreara del problema que ella causó en su futuro y las posibles razones de que anduvieran juntos hasta la universidad, que muchos asociaron a acoso.
Por lo menos nadie los relacionó con la biblioteca, aunque por la atracción que suscitaron tendrían que suspenderlo en las pocas semanas que restaban del ciclo escolar.
Y no le gustaba nada de eso.
Odiaba que la gente no tuviera mejor cosa que hacer y se dedicara a entrometerse en la vida de los demás. Tenía bastante experiencia con su madre, pero lo toleraba un poco porque eran cercanos.
Lo peor era que por la magnitud del asunto tenía las manos atadas y de cualquier forma no podría evitar que tocara la vida de Kotoko.
Solo tendría que advertirle para que no la cogiera de sorpresa.
Así que en la noche de su regreso, al corroborar que todos dormían, se coló al dormitorio de su novia.
—Sabía que estarías despierta —expresó al verla parada frente al armario abierto, sin atreverse a mirarlo.
Su maleta descansaba en la cama.
No se sentía decepcionado del todo, porque había imaginado esa ruta de acción.
—¿Pensabas irte sin despedidas? —inquirió caminando hacia la maleta, que cogió y depositó junto al armario.
Ella sollozó.
—¿Qué clase de novia soy que afecto tu futuro?
—¿En realidad lo haces? —repuso sarcástico.
—Iba a encontrar tu sueño y estudiarías en la Universidad de Tokio para alcanzar distinción.
—¿Dudas de mí? ¿No crees que pueda destacarme por mi cuenta?
Ella agitó su cabeza todavía sin encararle. Y en realidad le molestaba que lo ignorara.
—Deja de pensar como una tonta. Además, quiero ver si estudiando en la misma universidad que tú podrás mostrarme esas experiencias de las que hablaste. Tengo curiosidad… y espero tocar a mi novia de vez en cuando —agregó con un deje de gracia.
La cabeza de ella se movió como un resorte y sus irises castaños se posaron en él. Una risa baja la abandonó, mas se llevó la mano al estómago y paró.
—Es que… no quiero ser una molestia.
—¿Quién dice que lo seas? —Se sentó en la cama y ella lo imitó, pero volvió a ponerse de pie y rebuscó en una ropa del armario, sacando una pequeña cajita.
—Tu chocolate de San Valentín —murmuró con las mejillas color granate, sentándose de nuevo.
Él no lo cogió, sino que alargó sus brazos y la rodeó de los hombros, acercándola hacia su pecho. Había necesitado comprobar que estaba bien y no había tenido un momento a solas con ella.
Se sentía aliviado de que su apendicitis no llegara a una condición fatal; el pensamiento de que algo malo hubiera pasado lo llenaba de pavor. Era una urgencia frecuente, pero el problema del conocimiento era que podía cavar más profundo, sobre todo con una implicación emocional, donde la lógica no siempre predominaba.
—Si te sientes mal, dilo —ordenó sin dejar lugar a réplica.
Ella asintió.
—Naoki-kun… ¿qué piensas de ser médico?
Pestañeó y la alejó de su cuerpo, indicándole con su silencio que continuara.
—Verás, con escuchar tu voz sentí calma, aunque no es por eso que pensé… —Ella cogió aire y continuó hablando más lento—: Al ser atendida por el doctor pensé que parecía inteligente y tan genial como tú que… pensé en ti y que… ser médico es algo que tú podrías hacer. Eres tan listo y bueno en lo que llevas a cabo. Podrías curar a las personas y contribuir al campo de la salud con tu labor. ¿Viste a toda esa gente en el hospital que confía en los médicos? Tú harías sentir seguro a cualquiera… y sé que eres amable y a la vez tan serio.
Kotoko se apretó las manos, signo de que no había concluido.
—Te dará risa… pero… durante un breve momento me pregunté si yo podría atreverme a algo así de importante, aunque me gusta más el trabajo de los enfermeros de acompañar a los pacientes y hacerlos sentir mejor, bien atendidos, que el del médico a quien vi muy poco… Claro que yo nunca podría hacer un trabajo como el de los enfermeros.
Naoki colocó la mano sobre la cabeza de ella.
La verdad es que sí había considerado la Medicina y la Abogacía, las carreras más comunes y las más cambiantes que conocía, pero no confió en que pudieran ser para él, porque era indiferente a los otros y dudaba que un paciente o cliente no lo percibiera… No obstante, en los pasados meses algo había ido cambiando en su persona gracias a la llegada de los Aihara, que cabía la posibilidad de probar lo que le ofrecía una de esas profesiones, en este caso la carrera médica.
Sin haberla conocido, no habría cambiado y su visión de muchas cosas permanecería.
En cuanto a ella, su desempeño académico en el año y su personalidad le hacían creer que ser enfermera era una carrera para ella.
—Podrías.
El rostro de ella se iluminó y le infló el ego que su opinión fuera tan importante.
—Podría.
Bajó la mano de su cabeza, sonriendo petulante.
—¿Tú qué piensas de… ti?
—Ya lo veré. —Si bien prácticamente estaba decidido.
—Irie-kun —ella abrió los ojos como platos—, si tú eres médico y yo enfermera, será muy…
—Casualidad. Tú te interesaste en la enfermería después de estar internada. Yo vi el libro y me decidí a admitir mi gusto por la carrera… O vi el libro y me atrajo.
—Madre dirá que me sigues.
—La convenceré de que le conviene que cuide a su hija de los médicos coquetos.
—Yo solo veré a Naoki-kun —Kotoko soltó una risita apenada—, también pensé que lucirías muy guapo en bata blanca.
Le sacó la lengua, imaginando que así sería.
Lamentablemente, tuvo que llamar a la seriedad y procedió a contarle de los acontecimientos en la preparatoria, asegurándose de borrar con un beso la consternación de su rostro, al mismo tiempo que reafirmaba el sitio que ella tenía en su vida.
Por su madre tenía que orillarla a guardar un secreto y ser deshonesta, así como a no acceder a su defensa públicamente ni a salir a las citas que le gustarían, pero podía estar segura que a él le importaba.
{…}
En su regreso a clases Kotoko no se libró de los comentarios maliciosos, mas se reconfortó por completo diciéndose en voz alta que ella lo animó a estudiar la universidad cuando él no quería y que era un genio que podría hacer grandes cosas donde quisiera, cosa que era mejor a la alternativa triste de Naoki.
Y también la graduación llegó, pasando página a esas cosas, pese a que en la ceremonia de clausura todos se quedaron con el recuerdo de que estaban relacionados, por la emoción de su madre al vitorear a los dos representantes de sus clases para entregar los diplomas.
Él recibió unos cuantos cuestionamientos durante la cena que compartió con su clase, que permanecieron sin responder. Y Kotoko le comentó que sus compañeros estaban más preocupados por sus trabajos de medio tiempo y conseguir empleos, como para apartar tiempo de la celebración de ya no tener que estudiar, entreteniéndose en el festejo que tuvo lugar en el restaurante de Shigeo-san; el dueño lo ofreció contento por el mejor año escolar de su hija, quien un mes antes había anunciado se convertiría en enfermera.
Ahora bien, inmediatamente después de terminar el curso, Naoki compartió a sus padres la decisión de estudiar Medicina, que provocó desmesurada decepción de su progenitor hasta que Yuuki manifestó firmemente su sueño de dirigir Pandai al crecer, presumiendo los dibujos infantiles de personajes que había hecho.
De manera que en abril él y Kotoko ingresaron al Departamento de Medicina y Enfermería de Tonan como estudiantes de primer grado, comprometiéndose de lleno a las carreras de su preferencia.
Él, como era de esperarse, consiguió atracción desde su ingreso.
Los profesores estaban informados de su desempeño a nivel nacional y al poco tiempo de observarlo en clases le comentaron que el próximo curso podría avanzar hasta cuarto año, en el que comenzaba la incursión clínica, si tomaba los exámenes de conocimientos teóricos y prácticos, que seguramente lograría aprobar. La emoción del reto le hizo intentarlo y organizó su tiempo para prepararse a las pruebas que realizaría en febrero y marzo siguientes; no perdía nada con tratar, o al menos avanzaría un año.
Por su parte, estudiantes del departamento comenzaron a hablar de él, por su intelecto y su físico, algo a lo que estaba acostumbrado y no prestó el menor interés. Hubo uno que se destacó por su animadversión, Seiichi Funatsu, quien alcanzó el segundo lugar a nivel nacional y tenía potencial que brillaría si se desviara de él, pues el pelinegro de lentes hizo de ganarle su motivación —le daría un colapso si adelantaba curso.
Y también atrajo la atención de otros estudiantes de la comunidad universitaria, como Sudou Akio, mayor que él y su rival perdedor en el torneo de preparatoria de dos años atrás, quien lo invitó a formar parte del club de tenis del que recientemente fue nombrado líder. Su petición fue tan insistente que debió acordar ir solo cuando quisiera y participar en una competición si no intervenía con sus estudios; había planeado hacer ejercicio para su bienestar físico y mental, solo lo ajustaría a sus horarios. Realmente no iba a dejar a un lado ese tiempo del día en que hizo espacio para Kotoko como su novia, pues en casa se reunían en el estudio para repasar temas en común… con la constante aparición de su madre.
En lo concerniente a Kotoko, poco a poco ella explotó su potencial, máxime al dar los primeros auxilios a su hermano cuando tuvo una obstrucción abdominal en casa, de la que después le operarían, y al saber sobre la posibilidad de que ambos acabaran la universidad a la par si ella no reprobaba, ya que ella confiaba en que el próximo año él estaría en cuarto. Había renunciado a formar parte de un club ese año, incluso con la pena de rechazar al amable Sudou, porque no sabía si podría con la demanda de su carrera (tampoco tenía habilidad para el tenis, deporte favorito de su madre, que trató de enseñarle y nunca consiguió progreso, hasta que ambas reconocieron su incapacidad. Y qué bueno que se salvó de un obsesionado en la disciplina que dejaba su afabilidad al tocar una raqueta).
Prácticamente vio cómo la madurez crecía en ella, manteniendo su candidez particular, y se admitió enamorado. Los sentimientos que tenía por Kotoko iban más allá del gustar; amaba los rasgos característicos de ella y cómo iba descubriendo algo nuevo que lo conquistaba más. Era una fuente de constante emoción para él, miles de piezas, pequeñas, medianas y grandes, que apreciaba por su propia singularidad.
A ese punto agradecía que su madre no supiera su relación y pudieran ir a su ritmo, aunque la misma circunstancia le impedía soltarle a Ikezawa, que la había seguido hasta la universidad trabajando en la cafetería, que Kotoko era suya.
Igual veía con buenos ojos el tamaño del campus universitario y la numerosa matrícula, que le regalaron momentos para ambos.
Como ése.
Los dos se encontraban detrás del edificio de clubes, que se encontraba vacío al haber concluido el primer trimestre, cuando los alumnos volaban para el periodo de descanso de verano. Comían paletas heladas y él veía con interés una gota anaranjada que había resbalado de sus labios hasta su mentón, esperando que ella se olvidara de la servilleta.
Era tan bueno que su candor siguiera ahí, pensó acabando con su paleta de limón.
Rió entre dientes y ella le miró anonadada.
—¿Qué pasa?
—Termina tu paleta o harás un desastre.
Kotoko hizo un mohín, pero siguió disfrutando de su helado, haciendo soniditos de gusto.
Al distraerse cuando iba a devolver el palito de madera al celofán, él se inclinó y lamió su barbilla, sacándole un pequeño grito de asombro, consumiéndolo al subir siguiendo el camino de la gota seca hasta su boca.
Contento, su lengua jugó con la de ella besándola suave e intermitentemente, mientras su corazón latía desbocado en su pecho. Era tan adictiva y no podía parar, una sensación de plenitud lo recorría y el entusiasmo le empujaba y empujaba en su dirección, a su boca, a su cuerpo. Le gritaba a fundirla con él sin un solo milímetro entre los dos. A rodearla con sus brazos y apresarla con pura posesión.
El calor llenaba sus extremidades cuando le dio un último roce de labios, terminando el beso.
Inspiró varias veces para controlar su respiración, dándole espacio.
—Te quiero, Naoki-kun —suspiró ella entre sus labios hinchados.
No era la primera vez que se lo decía, solo que él nunca replicaba, pero en esa ocasión quiso expresar que le correspondía.
Alzó su brazo y llevó su mano a un costado de su rostro, sintiendo grato el contacto con su piel suave. Era tan delicada en contraste a la áspera piel de sus manos, que se habían endurecido por el uso de la raqueta y las lagartijas que hacía para mantenerse en condición.
Su pulgar acarició su pómulo enrojecido, donde el calor de su emoción por él concentraba una calidez agradable. Más arriba, su ojo brillaba con el mismo sentimiento expresado por su gemelo almibarado, atento a nadie más que él, que no podía sino mirar el rostro de Kotoko con embeleso, igual que lo haría otro en su lugar. Ella daba una imagen encantadora que atraería el ojo de un artista deseoso de retratar a un cándido ser humano.
Pero era suya y solo él tenía el privilegio de ver la cara de arrobamiento que no hacía por nadie más. Únicamente esbozaba esa expresión en su presencia, mientras estaban a solas y podía mostrar lo que no quería que otro viera.
Te quiero, le dijo sin palabras.
Kotoko sonrió, entendiendo.
{…}
Al cumplir un año de noviazgo con Kotoko, por primera vez Naoki dejó que fuera más de un pensamiento fugaz el asunto de compartir su vida con ella.
Estaba joven, pero pensar en una relación a largo plazo con ella no le hacía correr en sentido opuesto, ni temblar como lo haría un hombre de diecinueve años. Se excitaba ante un futuro con ella a su lado, disfrutando de las etapas restantes de su vida en compañía de una mujer que veía el mundo de forma positiva y trataba de contagiarle ese color y esa emoción a sus ojos.
Podía imaginarse el convertirse en padre con ella. No como una posibilidad, sino un deseo de vivir aquella experiencia con Kotoko.
Y así cayó en la cuenta que ella logró su propósito de darle un sueño.
Quería la aventura de ser un médico y estar con una persona que comprendiera el valor y la demanda de su carrera, que le inspirara a formar una familia a la que atesorar y que le terminara de dar satisfacción y plenitud… felicidad.
Se podía ver en unos años teniendo todo eso con Kotoko.
Hasta se atrevía a creer que ella podía sentirse igual. No lo habían hablado, pero a veces una frase suya le daba a entender un "para toda la vida".
Su madre tendría que lidiar con eso.
Resopló y abrió la puerta de casa. Una mínima parte de él no dejaba de cuestionar el comportamiento de su progenitora con ser "hermanos". Sin embargo, no ahondaría en ello o sufriría dolor de cabeza; ella era extraña.
Prefirió concentrarse en lo que valía la pena. Y hablando de eso, la casa estaba casi a oscuras y Kotoko no lo haría tal cosa.
¿Se habría equivocado al creer que estaría allí? Sus mejores amigas no pudieron hacer planes con sus respectivos novios para ese "día de pareja" y Kotoko, que ya no pasaba mucho tiempo con ellas por sus estudios y tampoco podía compartir la Navidad con él por segunda vez, se organizó con ambas para celebrar la fecha. Aunque lo planeó antes de saber que había una fiesta con los empleados de Pandai en un hotel, al que asistiría toda la familia.
Justo de ahí regresaba él, que había estado intranquilo por ser abordado de padres con jóvenes de su edad y por recordar que Komori había llamado para cancelar, y en la ida al evento había visto a Ishikawa con su pareja.
Sospechaba que la dejaron plantada.
Lo único que podía hacer era irse a casa para aprovechar que estarían solos unas horas. Así que le dijo a sus padres que estaba harto de recibir insinuaciones y se fue; visitó el restaurante de comida rápida que vendía pollo frito y, al oír de la pareja de enfrente que solo necesitarían un pastel para completar su celebración, acudió a la tienda de postres para comprar uno. Si iba a seguir una costumbre ridícula de Navidad, daría lo mismo que fuera parcial o completa.
Entonces quizá se había ido con alguna de las amigas. Suspirando, se dirigió a la cocina para dejar las cosas; su buena voluntad le haría comerse todo solo.
—¡Tengo un arma y llamé a la policía! —escuchó de repente en tono grueso.
Soltó una carcajada y las luces se encendieron.
—¡Naoki-kun! —Kotoko saltó frente a él con expresión de felicidad—. ¡Pensé que era un ladrón! ¡Llamé a la policía!
—Tú les explicarás que te equivocaste —sentenció entre risas. —Pero hiciste bien.
Ella infló los pómulos sonrojados.
—¿Podrías? —preguntó tímida. —Por favor…
En ese momento él vio una sombra en la puerta. Puso los ojos en blanco y le tendió su compra.
—Llévalo a la mesa que preparaste.
Tras chillar de alegría, ella cogió los artículos de su mano. Él fue a la puerta y sorprendió al par de oficiales que miraban a su alrededor. Les explicó concisamente el malentendido, se despidió y se dirigió a la sala de estar que Kotoko había preparado para la reunión con sus amigas.
Ella tenía todo listo en la mesa.
—¿Qué le ocurrió a tus amigas? —preguntó sentándose.
—Jyunpei-san, el novio de Jinko, finalmente consiguió llevarla a su concierto y Ryo-san, el de Satomi, le tenía preparada una sorpresa.
Ambas prefirieron a sus novios y Kotoko les había dado prioridad, pero ella no les guardaría rencor.
—¿Y tú? ¿La fiesta era aburrida?
Se encogió de hombros.
—¿Por qué comprarías un paquete para dos de pollo frito? ¿Y pastel? A ti no te gusta lo dulce. ¡Oh!
El análisis crítico de enfermería le había ayudado. La insultaría y sonaría estúpido negando lo obvio.
Su novia brincó para dar la vuelta a la mesa y se lanzó a sus brazos. —¡Gracias, Naoki-kun! ¿Cómo supiste que estaba sola?
—¿No deberías decir, "sabía que eras un genio"? —murmuró arrogante en su oído derecho, y a continuación mordió el lóbulo de su oreja.
La sintió estremecerse.
Descendió los labios hacia su cuello y le besó la curvatura nívea que el vestido había dejado al descubierto; la prenda no tenía tirantes y se sostenía precariamente en el busto y los brazos, con dos lazos que se amarraban con mayor intención de adornar. Había atrapado su mirada desde que la vio bajar las escaleras.
Subiendo una mano a su pecho, acunó su redondez y lo apretó, haciéndola gemir. Ella se agitó y rozó su miembro que comenzaba a inflamarse.
Buscó su boca y se besaron sin ir más allá de unas caricias sobre la ropa. A pesar de que quería continuar, sabía que no quería correr, lo que sucedería si los demás volverían en un par de horas. El sabor del peligro no le apetecía; ninguno de los dos era merecedor de algo burdo.
Cuando dejaron de besarse, respirando acelerados, ella se sentó en su regazo y se coloreó más al sentir su excitación, aunque alzó la cabeza y plantó sus labios en un lado de su mandíbula. Era un avance a las dos veces pasadas que estuvieron a solas y su encuentro había sido fogoso; en tales, se comportó como estatua al sentirlo.
—Comamos —dijo él y ella asintió, se bajó de sus piernas y se ubicó a su lado en el suelo.
—¡Por más Navidades juntos! —brindó Kotoko elevando su vaso de soda.
Él cogió una pieza de pollo y la mordió, indicando que no desdeñaba esa actividad.
{…}
El verano siguiente se acostaron por primera vez.
Naoki de último minuto canceló su ida a un campamento con el club de tenis, porque Matsumoto Yuuko, una compañera del mismo, le insinuó que buscaría un momento a solas para comunicarle "algo importante" —una confesión que quería evitar—. Y Kotoko permaneció en casa cuando su familia se fue a pasar el fin de semana en el bosque, por petición de Yuuki, que se había entusiasmado desde el año anterior cuando él trabajó en una villa durante el mes de julio; visitaría la alberca con sus amigas de la preparatoria y la universidad, y ocuparía el resto de los días a repasar los temas en los que falló en sus últimos exámenes.
Ambos se sorprendieron al despertarse la mañana del sábado y ver que se encontraban solos; pero como ella tenía planes para ese día, fue hasta la noche que se relajaron juntos en la cena y posteriormente se dirigieron al dormitorio de su novia, donde dejaron que la necesidad por el otro los guiara.
Le gustó la manera en que su cuerpo respondió a su toque y al éxtasis del acto sexual entre los dos; habían combinado la inexperiencia, el ansia y la veneración con una relación pausada donde conocieron los rincones del otro.
Asimismo, disfrutó dormir y amanecer con ella apoyada a su pecho; la forma en que se abandonó al sueño entre sus brazos y la iluminación de su rostro al verlo cuando abrió los ojos al alba.
Habían permanecido silenciosos en la cama, abrazados, hasta que el hambre los obligó a bajar a la cocina. Desayunando, por iniciativa de él, discutieron los asuntos sensatos y prácticos de su relación física; le habían dado uso al preservativo que tenían a la mano (cargar uno era costumbre de él desde que empezó a salir con ella; portarlo era nuevo hábito de Kotoko animado por su profesora, quien repartió anticonceptivos en clase —condones masculinos y femeninos—, y él supo por lo ruborizada que su novia estuvo aquel día), pero mientras no tuvieran equilibrio para lidiar con un embarazo, la consecuencia con más probabilidades de ocurrir, lo mejor que podrían hacer era limitar el coito a su periodo menos fértil, incluso si utilizaban profiláctico.
Por la manera en que ella reaccionó ante la posibilidad de concebir, él estuvo seguro de que le ilusionaba tener hijos juntos algún día y lo celebró internamente. Si bien se amargó un poco cuando segundos después ella le reveló que tenía sus fotografías de niño donde usaba vestidos, faldas y moños, porque era justo que, si él conocía algo privado como su ciclo menstrual, supiera que ella también guardaba información suya de naturaleza delicada.
Tras ese acontecimiento, emplearon excusas de actividades escolares cuando querían intimidad sexual, no muchas veces, porque sus carreras ocupaban sus tiempos, y cuando pasaron a quinto y tercero, respectivamente, ambos tenían muchas prácticas que cumplir.
Fue durante ese curso que los dos concordaron prever un mal futuro con su padre, quien les pareció más estresado que nunca y que por su estilo de vida podría desarrollar padecimientos crónicos. En un domingo sacaron el tema a relucir y, ante el interés de su madre de contribuir para que su esposo hiciera cambios, su progenitor tuvo que admitir que solo tenía tiempo para pensar en la empresa, la cual pasaba por problemas con el bajo número de ventas, el éxito de la competencia y el público demandante que ya no se complacía como antes.
La preocupación de Naoki y la consternación de Kotoko que le llevó a parlotear incesantemente de múltiples índoles inconexas, le permitió a él a dar ideas a su padre, como la que tuvo mayor éxito al sacarla en septiembre, una aplicación y un videojuego de roles, acción y acertijos que ayudaban a los jóvenes de preparatoria, principalmente a los de último grado, o universitarios confundidos, a explorar sus habilidades para guiarse a ciertos trabajos o profesiones, que con la posterior colaboración de los orientadores educativos se terminaría de definir. Al igual que él y Kotoko, muchos nipones tenían problemas para analizarse a sí mismos y trazar un camino, en virtud de la presión puesta por la sociedad japonesa.
…aunque cuando sacaron la versión demo en inglés, comprobaron que así pasaba con otros en el mundo y pronto el nombre de Pandai fue más popular alrededor del globo. Y con los beneficios económicos, pudieron contratar a más personas en el equipo creativo y de desarrollo, con ideas frescas y más novedosas que presumían traer el éxito para la empresa en años venideros.
Consecuente a los resultados obtenidos en los últimos meses, en la Navidad su padre lanzó otra fiesta de celebración en el salón de un hotel —pese a que no acostumbraba a ello en años seguidos—, a la que todos tuvieron oportunidad de acudir.
En dicha ocasión, a Naoki le desagradó sobremanera no poder estar al lado de su novia para frenar los avances de las sanguijuelas que la querían para ellos. El maquillaje y el vestido azul cobalto le daban sofisticación a Kotoko y atraía las miradas de los hombres jóvenes, quienes terminaban encantados al percibir su calidez cuando hablaban por ella… y por supuesto creían que emparentarían con el fundador de la empresa.
Sabía que eran celos. Después de un tiempo había podido caer en la cuenta, pero lamentablemente había tenido que desarrollar colosal autocontrol, muy influenciado por la falta de interés de su novia en otros.
Claro que a veces era tan difícil.
¿De verdad tenía que esperar a salir de la universidad, quince meses, para casarse con Kotoko y anunciar que le pertenecía?
—Naoki-kun, quiero bailar esa canción. —La voz de ella cortó de raíz sus elucubraciones.
—Onii-chan no baila —resolló su hermano dejando de comer un dulce que cogió de la mesa de postres.
—Es cierto, Kotoko-chan, onii-chan no baila, pero creo que algún joven querrá hacerlo.
—Creo que sus manos no se mantendrán quietas.
—¡Dime quién, Kotoko-chan!
—Bailaré contigo —intervino ofreciendo su mano. Con los nombres no se tentaría de vengarse del atrevimiento.
Kotoko aplaudió antes de depositar sus dedos sobre los suyos.
Caminaron a la pista donde otras parejas danzaban al ritmo de la melodía lenta que el DJ había puesto; según chilló su madre, era de la banda sonora de una película dramática. Al mezclarse entre los bailarines, colocó sus manos sobre la cintura de ella, que rodeó su cuello; sus zapatillas hacían que alcanzara con más facilidad.
Comenzaron a moverse circularmente al tiempo que se mecían de un lado a otro, obligándose a mantener una distancia prudente.
Kotoko alzó un poco la cabeza para mirarlo a los ojos. —Otra Navidad juntos —dijo y sonrió—. No estamos en una cita solos, pero que bailes conmigo hace que valga la pena.
No se perdió de la añoranza que todavía susurraba en sus palabras.
—Te ves tan guapo con esmoquin, como el año pasado. Y cuando usas traje. O te vistes con tu uniforme deportivo. ¡Oh! Siempre te ves tan bien, pero hoy luces elegante como un príncipe.
Ella soltó una risita.
—Este baile, pensé que lo haríamos hasta nuestra…
A pesar de saber lo que calló, Naoki enarcó una ceja. Ella agitó la cabeza y empezó a comentar sobre la maravilla del evento hasta que la larga melodía concluyó y volvieron con los demás.
{…}
Pocas semanas después, Naoki regresaba de prácticas en el hospital cuando su madre lo abordó sonriente y dubitativa en la entrada de la casa, augurando nada bueno. Rápidamente se preguntó si era una actitud engañosa que ocultaba su conocimiento de la relación con Kotoko, que el paso en falso de bailar juntos en Navidad le había hecho comenzar a sospechar.
En realidad todavía no concebía que fuera tan ciega, cuando la conocía bien, y en el fondo de su mente la duda serpenteaba hasta que el momento preciso de atacar llegara.
Debido a ella accedió receloso a reunirse en el estudio, donde su madre señaló una fotografía en el centro de la mesita central.
Se sintió extrañado y cogió la imagen, reconociendo el rostro de una chica a quien había ayudado hacía algún tiempo, ese mismo año, afuera del hospital. El tacón de su zapatilla se había atorado en una rejilla y la auxilió, corroborando que no tuviese un esguince o fractura, mientras ella musitaba que no quería faltar a la visita de Megu-chan.
Era una joven de ojos y cabellos oscuros, que vestía elegantemente, a partir de su encuentro y la fotografía.
¿Qué significaba eso? Podía sacar múltiples conclusiones, pero su madre tenía ocurrencias tan sorprendentes que tal vez se equivocara.
—Ella es Oizumi Sahoko.
Si esperó que el nombre le dijese algo importante, fracasó. Había una Corporación Oizumi, aunque tampoco tenía relevancia para él.
—¿Crees que es bonita?
Encogió los hombros. Era simpática, no había sentido en negar eso.
—A veces eres tan necio con tu sequedad.
Viró los ojos en su fuero interno.
—Papá me comentó de una cosa sobre Pandai —prosiguió ella ante su silencio, y supuso que el cambio de tema explicaría la fotografía de la joven. —Una empresa muy importante quiere hacer nuevos negocios con él y, aunque es independiente del trato, el dueño sugirió algo que podría hacer más estrecha la relación.
Sintió un vuelco en el estómago.
—Oizumi-san tiene una nieta y podría unir su familia a la nuestra para un compromiso y poder más sólido entre ambas empresas. Su nieta, Sahoko-san, no se opuso. Tu padre especificó que no obligaría a su hijo a nada y prefería continuar el negocio sin involucrar un asunto privado, si ustedes se conocían posteriormente y decidían sostener una relación, sería su decisión.
Finalmente, su padre había aprendido. Solo que…
—Para ser franca, yo sentí curiosidad de una chica que hoy día estaría conforme.
…su madre no.
Ella suspiró.
—Me dispuse a investigar a la nieta de Oizumi-san y me encontré con una sorpresa. Es perfecta para ti.
—¿Cómo? —espetó sin poder contenerse.
No podía estar planeando orillarlo a una boda con la chica.
—Onii-chan, no quisiera involucrarte en un matrimonio arreglado, pero estás soltero y los rumores que he escuchado de Sahoko-san me hacen pensar que ella tiene lo que a ti te gusta, lo que has comentado cuando te insinúo de alguien —cuya finalidad era presentar a una mujer perfecta que le hiciera imposible hallarla—. Sahoko-san es una dama de sociedad sofisticada, es lista, atlética, educada y socialmente correcta, estudia Administración y Marketing en una universidad para mujeres y en sus tiempos libres se dedica a la beneficencia, con especial énfasis en infantes con problemas cardíacos. Pueden salir unos años y decidir más adelante; es una oportunidad para conocer a una chica que se ajuste a tus expectativas y que tus obligaciones como médico no te dejarán encontrar de otra manera. Además, entenderá de tus responsabilidades, por sus actos benéficos y porque es nieta de un hombre ocupado.
Sonaba como un aburrido folleto de la mujer perfecta para una agencia matrimonial, como planeó. Pero todas esas veces se llevó la impresión que ella no daba fe a sus palabras. ¿Su madre sí creía que se vería atraído por insípido elemento de la sociedad? Podría sostener conversaciones inteligentes y llevarla del brazo sabiendo que no habría problemas, pero no habría emociones en una unión con Oizumi Sahoko. Sería una vida demasiado plana y predecible, y no es que estuviera considerándolo realmente, solo veía la imagen que su madre tendría proyectada en su cabeza con base en lo que él había hecho creer que prefería.
Y que antes de Kotoko habría estado de acuerdo. Sin su novia en su vida, fácilmente se habría ido por el camino sugerido por su madre, pensando que estaba a la par de él y su estatus, y porque sería una unión racional.
Qué estúpido era.
Se habría conformado con una mujer así, sin importarle encontrar una relación con más sustancia. Habría estado "cómodo" en esa existencia. Con alguien que podría ser opuesto a Kotoko.
Cuan feliz estaba de que ella apareciera en su vida.
Y ya era tiempo de ocultar la importancia que tenía, aunque su madre se llevara un disgusto, lo cual en el pasado era su objetivo y ahora no le interesaba en lo absoluto.
Pero antes debía hablar con Kotoko, para que ella estuviese de acuerdo y los dos lo revelaran juntos.
Y aun antes de eso debía retirar algunos ahorros del banco, que había acumulado gracias a los beneficios de algunas las inversiones que hizo con la asignación que recibía y el trabajo de verano de su primer año de universidad. Necesitaba ir a la joyería.
Sonrió por una razón distinta a la que imaginaría su madre.
La sugerencia de una vida sin Kotoko le había empujado a una situación en la que había pensado durante un tiempo. Su relación se mostraría como sólida si estaban comprometidos y nadie podría oponerse.
Pese a que le daba igual lo que pensaran los demás si Kotoko quería ser su esposa.
(Más bien le había regalado la excusa perfecta para no lucir como un impetuoso joven que no podía esperar para casarse con la chica que amaba.)
—No me interesa —dijo con adustez y se puso en pie para cumplir lo que su corazón gritaba que hiciera.
{…}
En su intento de seguir su corazón, a Naoki nunca le pasó por la cabeza que Kotoko se le resistiría. De algún modo pasó una semana y ella le había escapado cada uno de esos días, como al principio… hecho que le encolerizaba.
Sospechó que su madre le había dicho de Sahoko y ella había escuchado detrás de la puerta, convencida de alguna tontería de la que la mayor sembró la duda.
Pero el catorce de febrero la haló en un pasillo de la universidad y, bajo la atenta mirada de muchos, la raptó hasta uno de los patios del campus. Allí los llevó detrás de un ancho tronco desprovisto de hojas en sus ramas.
—¡Naoki-kun! —exclamó ella después de jadear. —¿Qué acabas de hacer? Tengo que irme…
—¿Y tu chocolate? —preguntó con un deje de prepotencia, solo para "justificar" su actitud inusitada y evitar que se fuera.
Los dos años anteriores le había entregado uno, si no lo hacía en ese sería sospechoso.
—Eh… como tú no me das nada el "Día Blanco", pensé que no te importaría —declaró ella huyéndole con la mirada, la cual se humedeció.
Sí era como decía, porque dos días, el chocolate o el regalo, no determinaban que tuviera sentimientos o no. Pero hacía el esfuerzo de comer dulce por ella.
—Eso no te molesta —contrarrestó cogiendo su barbilla con ternura.
Los labios de Kotoko temblaron.
—¿Por qué… —sorbió por la nariz— …estás tan seguro?
Él acunó su rostro con ambas manos.
—¿Es por Oizumi Sahoko?
Las lágrimas cayeron de los ojos de Kotoko y su llanto llenó los oídos de Naoki, que apretó los dientes al oírla. No podía estar más seguro de su decisión al ver su dolor y ser parte de la causa.
Con sus brazos la rodeó y la pegó a su pecho, acariciando su espalda para que terminara de llorar. Hasta que acabase no pondría la atención necesaria a sus palabras.
—Puedo guardar el secreto… porque sé de las circunstancias… de madre, y soy feliz contigo, pero no puedo soportar que vayas a… una entrevista de matrimonio… con alguien perfecta para ti. —Ella hipó. —Y me duele que ella sí tenga la aprobación… para estar contigo… pero más me duele que no te opusiste. Sé que me quieres, solo…
—No acepté.
Ella se apartó y lo miró a la cara.
—¿Cómo?
—Casémonos. —Los ojos y boca de ella se abrieron desmesuradamente. —Registremos nuestro matrimonio y cuando trabajemos tendremos la ceremonia que quieres.
—¿Eh! ¡Yo no…!
—Sueñas despierta y una vez te escuché hablando con mamá.
Kotoko se sonrojó.
Delicadamente le besó los labios, transmitiendo sus sentimientos por ella.
—Después de casarnos les diremos. Quiero que mamá y los demás sepan que eres mía. Nunca más tendrás que guardar un secreto así —dijo sobre su boca.
—Naoki-kun —susurró.
Acarició su mejilla con su pulgar, contemplando su rostro y las diferentes emociones que expresaba genuinamente. Tocó el copo de nieve que cayó sobre su nariz, solo para ver que otro caía en su pestaña.
Ella soltó una risita y empezó a asentir lentamente, para continuar de forma vigorosa. Se lanzó a abrazarlo con mucha más fuerza de la que creerían en alguien de su tamaño, pero él la cogió de la cintura alzándola. Sonriendo, descansó la cabeza en su cuello.
—Ya no tienes que seguir ocultando lo que sientes por mí —manifestó con suavidad, apretando su agarre.
Permanecieron así un tiempo indefinido, con una sensación de felicidad que provenía de los dos; del alivio de revelar que tenían una persona especial, del júbilo por el futuro juntos, y del amor que tenían por el otro. Sentimientos de ambos, porque a solas él había aprendido a abrirse a las emociones y dejar que ella conociera a su verdadero ser, aquel que ayudó a crear con su presencia.
Se volvieron a besar y luego hablaron de sus siguientes pasos, los cuales pusieron en marcha a partir del día posterior.
De tal modo que una semana más tarde, ambos entraron de la mano a la sala de estar, en ese momento ocupada por toda la familia.
Su madre de inmediato frunció el ceño.
—¿Qué le ocurre a Kotoko-chan? ¿Por qué la has obligado a venir?
Él se inclinó dirigiéndose a su suegro.
—Discúlpame, oji-san, por no haberte pedido permiso para casarme con Kotoko.
Su familia jadeó en unísono y su madre agregó un chillido de indignación.
—¡Naoki! —vociferó con energía, poniéndose en pie. —¿Qué significa eso!
Kotoko apretó su mano trémula y de reojo la vio hacer una reverencia antes de que él hiciera un comentario irónico.
—Lo siento, madre, quiero a Naoki-kun y siempre lo haré. Nunca he podido verlo como un hermano.
Se irguió y le dio un tirón para imitarlo, cosa que hizo y en seguida él puso un brazo sobre su hombro.
—Nos hemos unido en matrimonio. Firmamos un acta en el ayuntamiento. No me puedo imaginar un futuro con alguien más que no sea Kotoko.
—Queremos su bendición; papá, madre, oji-san, Yuuki-kun.
Los dos hombres adultos también se levantaron de los muebles.
—¿Están seguros, Kotoko, Naoki-kun? —preguntó Shigeo-san sin reaccionar de forma temperamental, pese a la falta. —¿No es una decisión repentina?
Se miraron y asintieron.
—Fui su novia por un tiempo. Sé que compartimos el mismo amor que tú y mamá.
Los orbes oscuros de Shigeo-san brillaron acuosos con las palabras de su hija.
—Entonces, Naoki-kun, hazla feliz y cuídala bien.
Movió la cabeza en asentimiento. Su padre se aclaró la garganta.
—Nao, tengo la certeza que no habrías hecho algo así sin motivos. Has escogido una buena mujer. Kotoko-chan, no tengo que darte la bienvenida a la familia de la que ya eres parte. Les deseo un buen matrimonio.
Yuuki levantó sus pulgares antes de que todas las miradas recayeran en su madre, cuyas manos temblaban frente a su pecho.
Ella se cubrió los ojos con las manos para posteriormente pasárselas por el cabello. Esta vez fue él quien puso presión en Kotoko para calmarla, en su hombro.
—Han hecho mal —articuló de forma lenta la mujer que le dio la vida. —Han hecho mal.
—Mamá —dijo su padre.
—No. Debía respetarla como su hermana.
—Mamá —replicó él entre dientes.
—Pero incluso si no era así, han hecho mal —continuó su madre con tono firme. —Registraron su matrimonio y ahora son marido y mujer. Lo han hecho mal. Si tanto quieren estar juntos, lo harán como se debe y no así. Organizaré una ceremonia y una fiesta y le dirán a los demás que quieren estar juntos. Es lo correcto. Mi hija y mi hijo se lo merecen.
—Madre —habló su esposa dando un paso hacia ella.
—Puedes decirme mamá, Kotoko-chan… Lo que gano con su matrimonio es que seas mi hija por la ley y una excusa para que me llames así. Y si amas a mi hijo y él te ama, estaré feliz por los dos. —Su madre se colocó el dorso de la mano sobre la frente en un acto dramático. —Naoki es tan frío que por eso le advertí mantenerse lejos de ti, pero supongo que no puedo hacer nada en contra del amor verdadero.
Su madre abrazó a Kotoko.
—Oh, Kotoko-chan, por mí no pudiste tener tu boda antes de registrar tu matrimonio, como debías. Pero voy a corregir eso. ¿Y él te trata bien? Lo enderezaré si es malo contigo.
Su esposa movió la cabeza de arriba a abajo.
—Es el mejor.
Apartándose de Kotoko, su madre caminó hasta él y lo abrazó.
—No creas que porque eres mi hijo dejaré que la trates mal.
Bufó.
—Bien —su madre lo soltó—, ahora tengo que planear la boda y la recepción, iré por mis cosas. Después, Kotoko-chan, me platicarás a detalle desde cuándo están juntos.
Él se adelantó y cogió la mano de su esposa, caminando hacia la escalera para salir.
—En otro momento —le informó a su progenitora. Pensaba que era sospechosa su actuación y habría indagado más en ella si no tuviera otros planes, de mayor relevancia.
—¿A dónde van? —preguntó su madre curiosa, a sus espaldas.
Su esposa se giró. —Naoki-kun me prometió una cita hoy, a partir de pasado mañana tendremos exámenes finales.
Kotoko usó sus mismas palabras para justificar su cita, pero sabía que ella entendió sus verdaderas intenciones; nunca antes habían tenido una salida oficial, como aquellas con las que su esposa fantaseaba por la ficción. Soportaría una película romántica y un restaurante meloso por ella.
—¡Oh! ¡Oh!
Dejó escapar una carcajada por la respuesta de su madre.
Él se detuvo bajo el dintel de la puerta, una vez que su esposa pasó primero.
—Catorce de marzo —dijo sobre su hombro, directamente hacia su madre que los observaba boquiabierta.
—¿De qué hablas? —inquirió ella con el ceño fruncido.
—La ceremonia de boda.
Fuera de la sala, Kotoko soltó un jadeo como el de los demás.
—Esas son dos semanas para planear, pero supongo que quieres disfrutar una luna de miel. ¡Ay, los esfuerzos que debo de hacer!
Riendo, él salió de la sala y animó a Kotoko para que caminara, porque permanecía congelada en su sitio. Cogió su abrigo y le ayudó a ponérselo, tras lo que abandonaron el interior de la casa.
Cuando bajó el primer escalón, ella se aclaró la garganta y le hizo detenerse para mirarla, teniendo su rostro casi a su altura. La vio sonrojada, pero sonriendo con tanta amplitud que debían dolerle los músculos del esfuerzo.
Y sin poder él preverlo, ella le atrajo de las solapas de su abrigo y juntó sus labios con fervor.
Ojiabierto, tardó un instante en reaccionar y rodear su cintura para profundizar su beso, absorbiendo el calor su boca y borrando el brillo de sus labios. Bajó los párpados para disfrutar de ella, sin importarle nada más.
Nunca habría creído dónde le metería la prohibición de su madre, pero no se arrepentía. Ya era propenso a sentir y no era indiferente a las emociones, las abrazaba adaptándolas de un modo cómodo para él; estaba casado con la mujer que amaba; tenía una carrera con la que podría sentirse vivo; le ilusionaba el futuro y dudaba que la monotonía llegara.
Pensar que una vez estuvo convencido que romperían con el tiempo y que él le ayudaría a ver qué le convenía para su forma de ser.
Qué bueno que se equivocó. Una cosa que no conocía verdaderamente y le hacía mal como ser humano, acercándolo a un robot sin sentimientos, que ya no era.
En la actualidad Irie Naoki no era el mismo, sino mejor.
Todo por su hermana prohibida.
…a quien se devoró con su boca y de la que pasaría una eternidad para que se separara.
—¡Te quiero, Naoki-kun! —exclamó ella al recuperar el aliento.
Él le observó el rostro resplandeciente, sintiendo las reacciones del amor, y la abrazó. Absorbió su aroma, grabándose de nueva cuenta ese rasgo de ella.
En esa posición, por primera vez, le dijo: —Te quiero.
Y así sería por siempre.
.
.
.
Escena extra:
A solas, durante la luna de miel de Kotoko y Naoki, y mientras los ocupantes que quedaban en la casa dormían, Noriko revisaba las fotografías de la boda que ella misma había tomado con su cámara, registrando lo único que quería ver en la ocasión y que el fotógrafo del evento tardaría en hacerle llegar, la pareja.
Seleccionando una de las imágenes donde el novio y la novia se miraban como si nadie más que ellos existiera en el universo, de un momento privado cuando salieron del salón de fiestas, Noriko se puso en pie y bailó con ella en las manos, celebrando la unión y el resultado que había aguardado por años.
Cómo le había costado reprimir sus impulsos de juntarlos con obviedad durante todo ese tiempo y atenerse al ingenioso plan de fingir que quería todo lo contrario, que tocaría un nervio en el ego de su hijo y le haría hacer su voluntad aun si implicaba salir con una chica. Había sido difícil, sobre todo el no espiarlos en sus encuentros secretos, o pretender ignorancia ante sus miradas apreciativas en casa, que solo quería grabar… pero el fin justificaba los medios.
Naoki le hacía sentirle orgullosa de sí misma por no hacerle dudar de su triunfo. Lo conocía tan bien y con la inteligencia emocional a su favor, además de la capacidad idéntica a su hijo —que ella le había transmitido en herencia—, había podido ganar la partida más importante de su vida.
¡Ay, si supiera que había caído en su trampa! Probablemente se enteraría algún día que fue sujeto de manipulación —o lo confirmaría—, pero estaba tan enamorado que no se atrevería a dejar ir a su amada (siempre había sabido que Naoki amaría intensamente como lo hacía a su querida Kotoko).
Ahora solo restaba exhibir mayor aceptación que la prudente "actitud resignada" y esperar cuando le dieran un bebé que la "ablandaría" por completo, para poder demostrar suma felicidad con su relación, como se sentía.
Mientras tanto, podría entretenerse con Yuuki y cierta jovencita pelinegra a la que había visto espiándolo cuando ella también lo seguía, y que ya había obtenido su aprobación como Kotoko hacía años.
Mañana comenzaría a planear.
NA2: ¡Y el Óscar va para...!
Se han leído 41 páginas de letra 11, que he escrito en seis días desde la semana pasada. Y no saben el trabajo de eso (ya sé que se puede escribir más en ese tiempo, pero es una proeza para mí ja,ja). Solamente le he dado una lectura después de concluir, así que perdonen las fallas e incoherencias, que pueden señalarme; con tres fics en progreso y otras ideas con ganas de ser escritas, este OS que comenzó para despejarme de los dramas que estoy escribiendo actualmente, no puede robarme mucho tiempo ;P .
En fin, ¿este Naoki no fue lindo? (¡CURSI! Griten conmigo) Todavía serio, pero más cálido, semejante al del anime cuando ella está embarazada.
Este OS se basa en el anime, como dije al principio, pero no pude dejar de poner cosas del manga y doramas que tanto nos gustan, y, por supuesto, usar a Sahoko como la sugerencia de Noriko; es que me dio un morbo de que la rechazaran a ella y no Chris, que es más "Meh". Por supuesto, dado los cambios porque eran "hermanos", muchas cosas fueron diferentes.
¡Ojalá que lo disfrutaran!
Besos, Karo.
DACA: Yo te extrañaba a ti, qué grato leerte y saber que mis historias mejoran tu día. Yo espero seguir entreteniéndoles con mis fics, y quiero que se cumplan tus palabras de que algún día pueda tener algo mío en un espacio como una librería (cruzo los dedos). Me encanta que te gusten mis fanfics y ojalá este tenga buena opinión también. Gracias por tus palabras. Besos y abrazos.
KATHIA: ¡Gracias! Qué linda eres, espero que mis historias sigan gustándote, es un placer compartir mis ideas con ustedes. Un abrazo desde la distancia.
