Después de descansar por un rato del viaje, rápidamente se puso de pie y se quitó la sudadera que traía, era hora de hacer la limpieza de su departamento y acomodar sus cosas. Levemente se golpeó las mejillas para poder despertar y darse ánimos.

—¡Muy bien, a limpiar todo esto!.

Dejó a un lado su sudadera y fue directo a una pequeña bodega que está a un lado del baño, suponía que tal vez ahí se encuentra todo lo de limpieza, y no se equivocó; había una pequeña aspiradora vieja, telas y un pequeño plumero.

—Bueno… comprare todo lo indispensable cuando tenga un poco más de dinero.

Tomó el plumero para iniciar con las partes que tiene polvo, notó que había tanto pues el departamento está en perfectas condiciones, no obstante debe de quitar hasta la más mínima gota de suciedad.

No le llevó tanto tiempo, siete minutos después pudo terminar con su labor de limpieza, el departamento no estaba del todo sucio, todo se encontraba en perfectas condiciones. Lo único que ella debe hacer es acomodar sus cosas.

—La habitación que tiene un baño será mía —bajó su mirada acariciando su vientre —Y la segunda será para ti mi amor, tú no necesitarás el baño por las noches, después de todo te limpiaré y te quitaré los pañales bebé —al imaginar cómo sería esa experiencia, río bajito y con ternura.

Tomó sus maletas y fue directo a la habitación principal, no era tan grande pero si tiene una ventana la cual deja entrar todo el aire y se puede apreciar la vista que hay afuera, el baño con el que cuenta únicamente tiene un retrete y un lavamanos, es pequeño pero bueno para alguna emergencia en la noche. Rin sonrió.

—Es cómodo.

Y así, fue acomodando poco a poco sus pertenencias en una mesita y sus prendas en un pequeño guardarropa que hay ahí, también se dio cuenta que hay dos futones para dormir, por ahora solamente utilizará uno.

Al terminar de acomodar sus pertenencias, notó que en la cocina no tenía nada de alimentos, tal vez cuando ganara su primer pago lo primero que haría es comprar lo necesario para poder comer, por el momento solo comerá ramen que venden en los súper mercados y onigiris, ya vería después con qué cosas se alimentará.

—Perdóname mi amor —dijo con ternura tomándose el vientre —Por ahora solo nos alimentaremos de cosas baratas —sonrió —Pero no te preocupes, tu tía Moe te regaló muchas vitaminas y ácido fólico. —y justo en ese momento, su estómago rugió como si de un león se tratara. —¡Ay! ¡Rayos! —exclamó enojada. Por fortuna tiene un poco de dinero para comprar algo ligero y sabroso.

Tomó las llaves de su departamento y salió no sin antes ponerle seguro, Mientras caminaba en los pasillos, una anciana con rostro gentil le habló.

—Hola jovencita, eres la nueva ¿Cierto?. —Rin le sonrió.

—Hola señora. Si, así es, soy la nueva vecina mucho gusto —dio una reverencia y se incorporó.

—El gusto es mío jovencita. Verás, soy una anciana solitaria con un perro, y muchas veces me veo con la obligación de regalar mis alimentos o tirarlos ya que… —rió con nerviosismo y vergüenza —Mi edad es tan avanzada que muchas veces ya no mido la cantidad de comida que debo preparar para mí, me siento tan mal por ello. ¿Te gustaría un poco de curri que tengo en el refrigerador?, Bueno… si gustas, si no quieres está bien no…

—¡Encantada! —respondió rápidamente Rin. Y de verdad necesita esa comida, después de todo debe de alimentarse muy bien ya que su bebé lo requiere. La anciana sonrió ampliamente.

—Sígueme jovencita.

Ambas entraron al departamento, Rin junto con la dueña fueron recibidas rápidamente por un perro salchicha, viejo y regordete, apenas podía caminar. La anciana le hizo cariñitos a su tierno pero viejo perro llamado 'Cochito', el can movía la cola de felicidad y Rin se enterneció por cada acción que hacía el animal. Rápidamente Cochito agarró confianza hacia Rin y ambos empezaron a jugar mientras la anciana descongelaba el curri dentro del horno.

—Y… ¿Qué te trae por aquí mi niña? —preguntó relajadamente la anciana.

—Vine por un empleo… —respondió con un poco de nervios, pero en parte era verdad.

—Comprendo… ¿De dónde eres?.

—Soy de Tokio —la anciana se sorprendió, pues en la capital hay innumerables trabajos.

—Creí que provenías de algún pueblo y por eso estás acá, pero me alegra mucho que hayas encontrado un trabajo aquí en Kioto. Yo he vivido toda mi vida aquí, lamentablemente mi esposo falleció de cáncer y mis dos hijos no están conmigo, ellos viven su propia vida con sus familias, no me quejo, me visitan con mis nietos cuando ellos pueden.

Rin se entristeció al escuchar aquellas palabras de la anciana, la nostalgia llegó rápidamente a ella pues, su abuelita siempre le decía que ella es la única que tiene en este mundo, su abuelito falleció del corazón hace ya bastantes años atrás, y sus padres en un trágico accidente en la carretera dejándola huérfana y al cuidado de su abuelita Kaede, una mujer fuerte que siempre la cuidó y la consintió, una mujer que luchó duro para darle lo que más necesitaba, sin embargo… le pagó mal y todo por su inmadurez e irresponsabilidad al meterse con un profesor que solo buscaba sexo.

—No se preocupe señora, si quiere le puedo preparar su comida para que no tenga que esforzarse, me dará tiempo ya que los horarios que ocuparé en mi trabajo serán a partir de las cuatro de la tarde.

La anciana miró con cansancio y felicidad a Rin, no pensó que aún existían personas tan buenas y humildes como lo es la joven que tiene enfrente.

—Gracias jovencita. Por cierto, me llamo Hana… Takahashi Hana.

—Que bonito nombre señora Takahashi, mi nombre es Yamanaka Rin —se reverenció —es un placer.

—Que hermoso nombre jovencita.

Después de presentarse como se debe, el sonido del horno anunció que la comida ya estaba descongelada al cien por ciento, la señora Takahashi lo sacó rápidamente y se lo dio a la castaña. Después ambas se despidieron con una sonrisa y con mucha amabilidad, Cochito también se despidió de su nueva amiga.

Y así transcurrió su primer día en aquella nueva ciudad, tenía curiosidad de conocer más, pero el cansancio y el sueño la venció por completo. Mañana sería un nuevo día en el que conocería varias cosas, ya se daría la oportunidad de conocer la ciudad y sus antiguas costumbres.

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TOKIO.

Un hombre alto, fornido y moreno corre a toda velocidad en las calles oscuras y lluviosas de aquella gran ciudad temiendo por ser capturado, internamente maldecía aquella mujer por haber hecho eso, ahora sabía que sus amenazas eran ciertas.

FLASHBACK…

Koga camina gallardamente en dirección a la gran mansión Taisho, estaba dispuesto en contarle el tipo de mujer que es Kagura y los años de romance que tuvieron juntos, pero antes de ingresar, los policías llegaron y rodearon al moreno.

—¡Las manos arriba!.

Al escuchar eso, Koga volteo rápidamente pero sin subir las manos, estaba totalmente sorprendido pero toda sorpresa se esfumó cuando vio a la pelinegra tomando el brazo de su padre, su mirada era de tristeza y miedo, sí que sabía cómo actuar.

—¡Queda detenido por robo y acoso!.

—¡¿Robo y acoso?! —preguntó completamente incrédulo. Miró con coraje a la pelinegra —¡Kagura ¿Qué es todo esto?!.

Kagura tomó con más fuerza el brazo de su padre, fingiendo miedo. Naraku miró con desdén al moreno ¿Cómo se atrevía?, Los policías comenzaron acercarse a Koga para arrestarlo pero, el moreno fue más rápido y salió corriendo para no ser atrapado.

FIN DEL FLASHBACK…

Ya era de noche y sus pies le dolían, tenía que esconderse muy bien en alguna parte, y si tenía que salir de la capital o del país lo haría, pero en donde. Se sentó en el suelo para poder pensar con claridad y también para descansar, cerró los ojos, así transcurrieron diez minutos, hasta que pudo escuchar el ruido del tren que te lleva al sur de Japón. Rápidamente abrió los ojos, tenía una idea, así que se levantó y fue corriendo hacia las estaciones del tren, no llevaba nada con él pero daba igual, tenía que salir de la ciudad lo antes posible.

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KIOTO.

Por fin ya había amanecido, cómo es de esperar, millones de personas se levantan temprano para comenzar su día a día. Los rayos del sol se cuelan en la ventana de un departamento pequeño en donde la joven castaña habita, la alarma en su celular sonó inmediatamente anunciando las ocho en punto, con pereza, la joven se levanta y toma su móvil para apagar aquella escandalosa alarma, con sus nudillos se restriega el ojo derecho para poder quitarse el sueño. Aún se sentía cansada, tal vez era por su embarazo, no obstante tiene que tener las suficiente fuerza para salir adelante y poder darle un buen futuro a su pequeño o pequeña.

Se levantó y lo primero que hizo fue ir al baño para lavarse la cara, los dientes y desde luego sus necesidades humanas, después desayuno un poco de curry que le habían regalado ayer. Después de desayunar, se quitó su pijama y tomó un vestido naranja el cuál le llega por debajo de las rodillas, también tomó una playera blanca con mangas largas el cual iría por debajo del vestido, su atuendo lo acompañaría con unos tenis color blanco.

Al terminar de vestirse, salió con toda calma de su nuevo hogar para dirigirse a la salida del edificio y tomar un taxi, caminaba tranquila pues aún le queda tiempo para llegar. A la salida del edificio se topó con la señora Takahashi, ambas se saludaron con amabilidad y siguieron su camino.

Afortunadamente encontró rápidamente un taxi, al ingresar al auto, le dijo al chófer en donde sería su destino y sin problema alguno él llegó a tiempo, pues conocía muy bien ese lugar, el restaurante "Excelencia" uno muy bueno y alegre. Rin le agradeció al chófer y le pagó para poder bajar del taxi.

Con un poco de nervios, Rin ingresó en aquel restaurante que por fuera tiene una muy buena imagen al igual que por dentro, maravillada, admiraba los hermosos dibujos que estaban tallados en la pared, Youkais y guerreros. Rin estaba tan distraída que aún no se percataba de un joven que se encontraba a un lado de ella.

—¿Te gusta? —habló aquel joven con una voz raramente femenina. Rin dio un pequeño saltito del susto.

—¡Ah! ¡Si, es muy bonito! —dio una reverencia —Disculpe, no me percate de su presencia.

—¡Oh no te preocupes, llegué sin avisar! —rio nervioso —¿Dónde gustaría sentarse señorita?.

—¡Oh! ¡No, no! ¡Yo soy la nueva empleada! La seño… —se corrigió —Sango me contrató, soy Yamanaka Rin.

—¡No puede ser, que distraído soy! Mi prima me dijo que vendrías ¡Ash! —se golpeó levemente la cabeza —Soy Jakotsu, un placer, mi prima Sango me dijo que vendrías, ella está por aquí, sígueme.

Ambos comenzaron a caminar en dirección a lo que parecía ser, una oficina. El joven afeminado tocó levemente la puerta y desde adentro se pudo escuchar un "adelante", ambos ingresaron, encontrando a Sango acomodando alguno que otro papel.

—¡Rin, ya viniste! —se levantó de su asiento para poder acercarse a la joven —Tenemos que platicar de varias cosas —miró su primo —Gracias Jakotsu, puedes retirarte, hay mucho trabajo por hacer.

—Como usted diga Jefa —contestó sarcástico, Sango y Rin rieron.

Una vez estando solas, Sango comenzó a platicarle sobre las reglas y la educación con la que se debe tratar al cliente, tratar de no hacerlos enojar para no llevar al escándalo del restaurante muy lejos, también le dio una playera blanca con el nombre del restaurante, era algo sencillo pero cómodo.

—Por ahora solo contamos con eso para el uniforme debido a que nuestro restaurante es nuevo y apenas está siendo reconocido, no obstante nos va muy bien.

—No hay problema Sango, me esforzaré y no le daré decepciones.

—Espero que así sea, como ya conoces las reglas, necesito que también conozcas el lugar, debes de establecerte muy bien.

—me parece buena idea Sango.

Las castañas se pusieron de pie y salieron de la oficina. Sango le mostró donde quedaba la cocina, en donde se guardan los utensilios, trastes y ollas, por donde queda el baño únicamente para el personal y al final, le presentó a sus compañeros de trabajo.

—Él es mi primo Suikotsu, me ayuda a cocinar, es muy bueno en su labor.

El hombre castaño y musculoso le regaló una sonrisa cálida a Rin y se reverenció en símbolo de saludo, la joven correspondió e hizo lo mismo.

—El ya lo conoces, es mi primo más pequeño, Jakotsu, se encarga de las cuentas y de mantener limpia las mesas, tiene tu misma edad —el joven afeminado le sonrió con amabilidad.

—Así es querida, nos llevaremos muy bien, ya hacía falta una compañía femenina. —todos rieron ante el comentario del joven.

—Será un placer trabajar con ustedes, me esforzaré mucho para no dar tantos problemas —contestó Rin.

—¡Espera! Aún falta Bankotsu ¿En dónde está?. —preguntó muy preocupada Sango. Jakotsu contestó muy relajado.

—Seguramente debe de estar en el baño.

—Ni siquiera estaba ahí —una voz masculina atrajo la atención de los presentes, se trataba de un hombre alto, con buen físico, cabellera completamente negra, unos orbes profundos y azules —¿Para que soy bueno "jefa"? —preguntó muy sarcástico, y en seguida desvío su mirada hacia la joven que tiene enfrente —¿Y está belleza? —Rin se sonrojó al instante.

—Rin —llamó Sango ignorando las ocurrencias de su primo —El es Bankotsu, mi otro primo, hermano mayor de Jakotsu y menor que Suikotsu, es el mesero y trabajarás a la par con él.

—Encantada de conocerlo Bankotsu, soy Yamanaka Rin.

—Así que tú eres la nueva mesera —el moreno la miró de arriba hacia abajo disimuladamente —Bien, espero llevarnos muy bien… Rin —el tono con el que se dirigía a la castaña, era indescriptible, era como una combinación de sarcasmo y molestia, aún así, la joven no le importaba ya que sus metas es salir adelante sin importar que.

Los días transcurrían con tranquilidad, Rin cada día se esforzaba para no dar decepciones, Sango y sus primos se daban cuenta, Bankotsu fingía no importarle, pero por dentro se alegra al ver aquella chica trabajadora, amable y muy educada.

Para poder tener más dinero, Rin consiguió un trabajo por las mañanas en una tienda de conveniencias, su horario empezaba desde las siete de la mañana para finalizar a las doce del medio día. No se queja, pues es necesario seguir trabajando para que en el futuro, le de lo necesario a su pequeño que viene en camino. Afortunadamente, la señora Takahashi comprende la situación por la que está pasando la joven, por lo que a escondidas, va a la casa de la joven castaña a dejar un poco de dinero por ayudarla a preparar sus alimentos, en una ocasión intentó pagarle pero Rin lo rechazo ya que se sintió apenada, así que la anciana a escondidas le deja un poco de dinero, no es mucho pero si lo suficiente para comprar alguno que otro bocadillo.

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En las estaciones del tren, un hombre alto y moreno camina con brusquedad y mirando a sus alrededores. Las personas que pasan por ahí se sienten intimidadas por lo que desvían la mirada para no toparse con ese tipo que al parecer son de los que siempre buscan problemas.

Al llegar a las afueras de la estación, aquel sujeto mira por todas partes esperando encontrar a la persona que lo espera. Mientras busca con la mirada, otros dos sujetos caminan con tranquilidad, sonriendo con rebeldía al poder encontrar a su viejo amigo y hermano Koga. A simple vista parecen dos gánster, por el peinado y el estilo que utilizan.

—¡Oye imbécil, ya estamos aquí! —habló el tipo con peinado de guitarrista de rock, el otro sujeto que está a su lado solamente se ríe por el comentario que hizo su hermano.

Koga volteo levemente encontrándose a esos dos estúpidos pero muy fieles amigos que tiene, sin ellos él no estaría en Kioto con otra identidad nueva para no ser encontrados.

—Hola idiotas, creí que me dejarían plantado —respondió con toda calma Koga.

—No somos tan culeros como para dejarte solito amigo.

—Ginta tiene razón Koga —Hakkaku miró su reloj —Bueno, menos plática y más trabajo, vayamos al departamento, muero de hambre, el estúpido de Ginta se olvidó de ver la hora y tuvimos que salir corriendo por tu culpa Koga.

—¡Ja! Pendejos… —comentó Koga fastidiado por el viaje y por los quejos de sus amigos.

—Bueno, tengo una idea ¿Qué les parece si vamos al restaurante Excelencia, ahí aparte de la comida hay una mamacita bien rica que atiende —dijo con morbosidad.

—¡Ja ja! Tienes razón Hakkaku, esa mesera tiene un trasero que uf… —ambos amigos hablaban de aquella joven mesera con mucha morbosidad. Koga simplemente los ignora con fastidio.

—¡Ya cállense imbéciles y vamos a comer! —exclamó Koga. Hakkaku y Ginta rodaron los ojos con fastidio y prosiguieron en tomar un taxi para poder ir al restaurante.

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Mientras tanto en el restaurante Excelencia. Rin limpia con tranquilidad la mesa en donde se habían sentado un par de jóvenes a comer un rico platillo tradicional, sabía que de esa labor se encarga Jakotsu pero a ella no le importa pues le gusta ayudar.

A lo lejos, Bankotsu mira con mucha atención los movimientos y el rostro de ángel que tiene la castaña, a sus adentros admite que es muy atractiva, tierna y linda, dan ganas de protegerla para que nada malo le pase.

—¿Te gusta verdad?.

El moreno reaccionó rápidamente y miró con un leve sonrojo a su hermano menor

—No digas tonterías Jakotsu, estaba pensando si ayudarla o no.

—Si claro… como tú sabrás hermano, no me gusta las mujeres pero… si yo fuera heterosexual créeme, ya estaría saliendo con ella…

—Hmph… Mejor dedícate a limpiar las demás mesas Jakotsu, Rin no es la encargada de todo tu trabajo.

—¡Qué grosero!.

Los hermanos se separaron para seguir con su labor, pero a los tres minutos, en las puertas del restaurante, un trío de hombres entran tratando de intimidar a todo aquel que está enfrente, Jakotsu rueda los ojos con fastidio al verlos, pues no son clientes fáciles de tratar, habla por los dos con peinados raros, ya que el nuevo que viene con ellos no lo conoce, no obstante tiene el fuerte presentimiento de que también es así.

Bankotsu al ver de quién se trata, camina con rapidez para poder atenderlos pero Rin se adelanta sirviéndoles con su típica amabilidad. Se maldecía internamente al no poder llegar a tiempo, odia como esos tipos miran a Rin.

—Bienvenidos a 'Excelencia' —saludó la joven con una reverencia y una linda sonrisa tierna. Hakkaku y Ginta miraban con morbosidad a la joven mientras que Koga la ve con mucho interés, y con discreción su mirada viajó hacia el trasero de la chica, sonriendo de lado al ver que era cierto lo que dicen sus tontos amigos.

—Hola preciosa… —saludó Ginta sin despegar su mirada hacia los pechos de la joven —Quiero unos tacos de carne y bien jugosa… —comentó con sarcasmo y morbosidad. Koga y Hakkaku rieron al escuchar la estupidez que dijo su amigo.

—Lo sentimos señor, no vendemos eso, si gusta probar comida mexicana puede encontrar un muy buen restaurante en estás calles —la joven respondió con amabilidad.

—Es una broma preciosa —dijo Hakkaku —Queremos tres tazones de ramen, que sean de cerdo y de tomar…

—Agua de Naranja —interrumpió Ginta.

—Bien, se los traeremos en seguida señores —sin más, Rin se retiró dejando al trio de hombres relamiéndose los labios con morbo y excitación, más aún por ver el trasero de la joven al darles la espalda.

—Que culo… —comentó Ginta.

—Si… no en todos lados encuentras a Japonesas con ese cuerpo… solo mira como camina… meneando las caderas… ¡Ja! ¿Qué se sentirá darle una buena cogida?.

—No lo se Hakkaku… yo siempre la imagino dándole duro por las noches.

Ambos comenzaron a reír por comentar sus fantasías sexuales con la joven. Koga los ignora por un buen rato, su mirada y mente estaban sobre aquella joven castaña que los atendió con amabilidad, no niega que tiene un cuerpo de encantó y si daría ganas de cogerla mientras azotas esas bellas nalgas redondas. Ginta y Hakkaku se dieron cuenta de que su amigo estaba totalmente perdido viendo a la joven, ambos rieron al notar eso.

—¿Verdad que está bien buena, Koga?. —preguntó Hakkaku sacando a su amigo de su distracción.

—Hmph… —sonrió con malicia el moreno —Estúpidos, les tengo un reto. El primero que lleve a la cama a esa mujer, será el ganador. —Ginta y Hakkaku rieron ante la propuesta de su amigo.

—¿No hay premio? —preguntó Ginta con lágrimas en los ojos de tanto reír.

—Solo es un reto, de todos modos solo nos acostaremos con ella y ya.

Ambos amigos sonrieron satisfechos, Koga tiene razón, solo es un reto y gracias a ello podrían cumplir sus sueños de cogerse a la mesera del restaurante Excelencia. Asintieron con la cabeza.

—Trato hecho imbécil. —dijeron los dos al unísono.

Minutos después, Rin llegó con las órdenes, el trío de hombres la seguían viendo de esa manera tan desagradable. Koga se mordía el labio al imaginar cómo seria penetrarla con fuerza y sin piedad, tal vez esa joven es igual que todas, juegan con los sentimientos, mentirosas y zorras disfrazadas de niñas buenas, de ser así no sería tan difícil de hacer ese tonto reto.

Al terminar de servir al trío de hombres, Rin se retiró rápidamente para ir a la cocina, al llegar suspiró de alivio, no le había gustado la forma en cómo esos hombres la vieron, sintió tanta incomodidad.

—Rin… —la joven rápidamente levantó la mirada topándose con esos ojos azules y rebeldes.

—Bankotsu ¿Sucede algo?.

El moreno miró fijamente a la castaña, sabía perfectamente bien que se sentía incómoda por la presencia de esos tipos horribles.

—Te ves cansada, me encargaré de esos sujetos, hoy no hay tantos clientes así que… descansa un poco.

—¡Pero no puedo! Sango…

—¡Sango no se va a enterar! —interrumpió abruptamente —No te preocupes… yo me encargo.

Rin sonrió con felicidad, por dentro se sintió muy aliviada al saber que su compañero de trabajo la ayudaría. No es de las que juzgan a las personas por su apariencia, pero le incomoda como esos tipos con apariencia de gánster la miran, es como si quisieran algo más de ella.

—Gracias Bankotsu…

Sonrió de lado —No es nada linda… descansa —antes de irse, acarició suavemente la cabeza de la chica.

Bankotsu está dispuesto en proteger a Rin de esos tres tipos que están sentados en la mesa comiendo, a él tampoco le agrada la forma en cómo la ven, es algo repugnante y odioso. Nadie la tocaría. Nadie…

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TOKIO

MANSIÓN DE LA FAMILIA OZAKI.

Kagura junto con su prometido Sesshomaru, se encuentran tomados de las manos mientras Naraku y su hija menor, Kanna, los ven emocionados al notar que ambos están felices por la boda que se llevará a cabo dentro de cuatro días.

—Sesshomaru, estoy muy feliz de que te vas a casar con mi hija, siempre he estado de acuerdo en esto. Quiero que la hagas muy feliz, y a mi pequeño nieto que viene en camino —dijo Naraku muy emocionado. Se acercó a su hija mayor y la tomó de los hombros —Hija, se que serás muy feliz a lado de Sesshomaru, quiero que te cuides mucho —le acarició la mejilla con suavidad, mirando a la pelinegra con ternura —Tu madre estaría muy feliz y sé que lo está, desde el cielo. —Kagura sonrió al escuchar las palabras de su padre, pero toda sonrisa se esfumó al recordar porque motivo ella se fue de este mundo. Enojada, miró a su hermana menor.

—Si padre, si no hubiese sido por ¡Alguien! —refiriéndose a Kanna —Ella estaría celebrando aquí con nosotros.

La albina solamente bajó la mirada con tristeza, ella no era la culpable de la muerte de su querida madre, en el parto Kikyo no pudo soportar más y falleció, es por ello que Kagura se la ha vivido culpando a su pequeña hermana de diecinueve años. La albina ha tenido que soportar cada insulto por parte de su hermana, siempre intentó agradarle pero… nada funciona, tristemente siempre será así.

Naraku miró molesto a su hija mayor, desde el fallecimiento de su amada esposa le ha enseñado y dicho que su hermana menor no tiene la culpa de nada, a veces no entiende el comportamiento de su hija. Por otra parte, Sesshomaru solo miraba sin meterse en la discusión, sabía perfectamente bien que Kagura odia a su hermana por el simple hecho de creer que está fue la culpable de la muerte de su madre, algo totalmente absurdo e inmaduro para la edad que tiene y no poder comprender.

—¡Kagura, basta por favor! Este no es el momento— regañó Naraku a la mayor, ella solo rodó los ojos sin decir nada, pues su padre tenía razón.

—Lo mejor es que me vaya —respondió Kanna muy triste, antes de irse dio una reverencia —Lo siento.

—¡No! —habló Sesshomaru —Eres su hermana y por lo tanto tu deber es estar con nosotros Kanna.

—Si hija, por favor —dijo Naraku.

—Está bien. —respondió nuevamente con una sonrisa.

Kagura miró a su hermana con reproche, su padre siempre la defendía y ahora Sesshomaru, maldecía a la albina por ser siempre la preferida, desde que nació solo trajo problemas, por su culpa su madre murió, su padre siempre la preferirá, siempre tiene lo que quiere solo por ser la consentida y ahora… hasta Sesshomaru la defiende. Se encargaría de hacerle la vida de cuadritos a su propia hermana, de eso está muy segura.

—Maldita… —susurró con enojo.

CONTINUARÁ…

Si el capítulo te gustó… que bien, me alegra muchísimo ;)