Capitulo 3

Un padre de verdad

-Candy tienes el expediente legal que tengo que revisar.

-Si tío, lo tenemos en el departamento, si gustas vienes con nosotras no es correcto estar tanto tiempo en un hogar de caballeros. Sonriente le contestó

-Tienes razón hija vamos. Con tono serio, vio a los chicos dijo -En un momento vengo a hablar con ustedes. Al salir Archie y Alister se burlaban de Albert y Anthony. Candy en el pasillo sonreía, alcanzaba a escuchar la algarabía de los chicos. Notaba la solemnidad de su tío para con ellos mientras que la alegría y la calidez se las daba a ellas.

-Tío si deseas que nos vayamos a vivir contigo, solo espera un poco mientras investigo como cambiar de escuela a mis hermanas y de trabajo para mí.

-Candy no va a ser fácil, pero de ahora en adelante de ellas me encargo, mientras te dedicarás a otra cosa que después hablaré contigo, por lo pronto cumple el contrato, por cierto también quiero verlo, de Honey y Sweet, si ellas me lo permiten seré el padre que necesitan no el que tenían.

Honey y Sweet se abrazaron a él, Honey sentía que su tío, la aceptaría como hija, no la trataría mal como lo hacía su padre, mientras Sweet, estaba feliz de no llamarse Rebeca gracias a su madre y a su tío. Candy sonreía jamás nadie le ayudo a solucionar nada, ahora se encargaría no solo de sus hermanas sino de ella también, ya era una adulta, no podía ser una carga para su tío, pero deseaba estar al tanto de sus hermanas, no dejarlas solas.

Entraban al departamento, presentaban a su tío con las tres valiosas amigas sonreían abiertamente al notar la felicidad de ellas. Paty dijo

-Señor Johnson no sabe como lo hemos buscado, ni por cuanto tiempo, Andrea agregó

-Mi padre contrato un investigador, dijo que probablemente trabajaba para el FBI, porque nadie quería dar noticias de usted, Annie dijo

-Lo mejor es que ya está aquí, debimos contratar al vecino Albert desde el comienzo, así le daría alegrías a todas nosotras, haciendo unas sonrisas burlonas con Candy, quien recibió la noticia por medio de Albert. George con ojos de enamorado veía a Honey, le recordaba al pequeño que perdió en un accidente, sus ojos obscuros, su tez blanca y su cabello azabache, tal como su sobrina.

Honey lo notaba lo abrazo y le daba un beso, se sentía aceptada totalmente, sus ojos que siempre habían sido fríos y endurecidos, por cómo había sido rechazada por su padre, ahora era aceptada totalmente por su tío que con exceso de amor y respeto las abrazaba. George les dijo,

-Me gustaría señoritas que supieran que este departamento será prestado a ustedes, por el apoyo que han recibido mis sobrinas de su parte, ellas cuentan con casa, escuela, trabajo y todo lo que necesiten para salir adelante sobre todo amor de familia, las vi nacer, las tuve conmigo, de Candy y Honey soy culpable por sus nombres, puedo asegurarles que recompensaré el tiempo a mis niñas esta es la nueva dirección y su teléfono.

Todas sonreían les prestarían el departamento de Candy, ella sonreía sus hermanas se merecían lo mejor. Candy pensaba en lo que le dijo su tío, que ya él se haría cargo de sus hermanas, que tenía algo para ella le daba curiosidad saber, se fue a su habitación regresaba con un folder de documentos, le entregó los documentos de la custodia, los del departamento, el convenio que mostraba porque les quitaron la casa donde vivían, y el contrato donde estaba trabajando.

George notaba la buena disciplina que sus sobrinas tenían, Candy llevaba un listado de gastos e ingresos, no manejaba ningún tipo de crédito, un listado de los faltantes y de los impuestos, recibos, control en total de todo para un solo sueldo miserable que ella tenía.

-Hija que organizada eres.

-No tío eso no es mío, eso es de Honey, ella es quien lleva la administración general, yo solo soy el ingreso, trabajo por turnos, debo dormir y ellas se encargan de comprar y de administrar todo. El fin de semana me encargo de darles dinero, de revisar que todo esté en orden, lavar, acomodar y revisar sus ropas, cocer, planchar, preparar sus alimentos de la semana.

Para cuando termino de dar la lista George abría sus ojos, por todo el esfuerzo que Candy hacía para ser la madre de sus hermanas y la proveedora de la casa. Lo sorprendente para él fue los listados controlados y administrador por Honey, eran igual a los de él, Honey era definitivamente su contraparte femenina, si él hubiera sido mujer sería Honey, era administrada, seria, controlada, dura en lo necesario, pero la mejor administradora de su edad quince años.

-Honey hija, cumplirás dieciséis en tres meses, tendremos que celebrar tu fiesta, de dulces dieciséis, donde la festejaremos. Con cara de asombro se quedaba Honey, sus amigas ya habían festejado sus dulces dieciséis, pero ella no lo haría, ahora su tío le preguntaba eso. Candy lloraba abrazando a Paty. Por su parte Sweet reía a sus diez años ella era una niña feliz, de inmediato dijo

-Tío eso es fantástico, Honey siempre quiso una fiesta, pero no podíamos festejar nada, porque se salía de presupuesto, no creo que tenga idea alguna de cómo quiere su fiesta, porque lo más que podíamos hacer era ir al parque y hacer un picnic, cooperando entre todas.

George estaba serio, el había asistido a las mejores fiestas y eventos toda su vida del nivel social de los Andrew, contaba con una excelente fortuna como administrador, podía hacer diez fiestas por año si así lo deseaba, sin embargo su manera administrativa, siempre fue igual al señor Andrew, controlado y cumpliendo con la felicidad de sus hijos, al no contar con hijos, ahora tenía tres hijas, se encargaría de todo cuanto fuera necesario, incluyendo la fiesta de Honey y sus dulces dieciséis, para eso Dios le envió la oportunidad de ser su tutor.

-Honey hija debes entender que soy no solo tu tío, sino tu tutor, soy quien se encarga de ti, me haré cargo de que tu cumpleaños la pases como puedo festejarte, eres mi hija ahora. Honey lo vio se acercó, le dijo

-Tío debes de comprender, que mi padre jamás me acepto, que tanto Candy y Sweet fueron tratadas como niñas de orfelinato, pues aun con nuestro padre, es como si no lo tuviéramos, así que esto para nosotras es como si realmente hubiésemos llegado a los brazos de un padre, no de un tutor o un tío, George se levantó la abrazó le dijo

-Eso son para mí mis hijas, ahora que lo comprendes, sabes que ya están en casa, el viaje fue largo, mi vida solitaria, ahora no voy a desperdiciar ni un solo segundo de mi existencia para demostrarles lo mucho que las quiero. Candy y Paty escuchaban sus palabras el departamento no era grande, Candy no podía dejar de sentirse mal por querer más a su tío, que con solo verlas las abrazo, mientras que su padre siempre fue muy duro con ellas. Y hasta grotesco por las exageraciones de Rebeca contra ellas.

Candy se fue a cambiar para entrar en el turno de enfermera, cuando salía George veía que hasta el uniforme lucía viejo, muy limpio pero bastante deplorable, sus ropas no eran muy buenas se sentía miserable por no estar con ellas, George pensaba acompañarla al hospital, se despedía de sus sobinas y sus amigas, al salir Albert estaba entrando al edificio y se ofreció a llevarla, George acepto porque requería hablar con los muchachos. Y que esperaría a que regresara Albert, que por favor la llevará hasta la puerta del hospital, no deseaba que estuviera sola Candy a esas horas en día domingo.

-Por supuesto George, no tardaré.

-Candy a qué horas sales de tu trabajo, si no puedo ir por ti alguno de mis hermanos lo hará. George sonrió, ellos no las dejarían solas, al menos ya sabían que eran de su familia.

- A las seis de la mañana pero es muy temprano, puedo regresar sola.

- No señorita, iré por ti estoy libre a esa hora. Candy sonreía a esa hora tal vez estaría dormido, no libre. George se despedía, ella emocionada por estar acompañada, ahora si el doctor que tanto la perseguía una cuadra antes de llegar al hospital, notaría que Albert la acompañaba.

-Albert no te molestes bajo ninguna circunstancia que oigas o veas

- ¿Por qué lo dices Candy?

-Tengo un doctor medio mujeriego y juguetón que siempre bromea conmigo, me asusta una cuadra antes, ya estoy acostumbrada, pero no hace nada, solo lo hace por acompañarme, es doctor ginecólogo del hospital en el que trabajo pero no es muy bueno.

Albert sonreía, no se imaginaba a un doctor con falta de disciplina, los que conocía eran muy serios.

- ¿Te pretende Candy?

-Digamos que pretende a todo el hospital y parte de sus pacientes, ambos sonrieron. Efectivamente al bajar del auto, quedaba muy lejos el estacionamiento, se topo con el doctor, cuando Albert cerraba el auto, para caminar con Candy hasta la puerta. El doctor dijo

-Ahora se vino por otro lado, pensó que no la acompañaría Candy, no me dará el gusto de que la acompañe al hospital. Albert de inmediato dijo

-No viene sola me tiene a mí, así que le pido que no se le vuelva a acercar a Candy, ella tiene quien la acompañe y la lleve de hoy en adelante. El doctor vio a Albert de arriba abajo, realmente era alto y muy bien parecido, ahora entendía porque no le hacía caso Candy.

-Bueno espero que realmente no la deje sola, pues le hacía el favor de que no caminará sin compañía, -veo que ahora tiene quien la cuide con permiso señorita Candy. Se retiraba a paso veloz para irse muy serio.

-Nunca había visto al doctor Stefan serio y molesto, a ver cómo nos va con él en el hospital.

-Solo dile que soy abogado, que estuve a punto de meter una orden de acoso por asustarla una cuadra antes del hospital, que lo bueno es que es un doctor muy disciplinado por eso no requiere de ninguna orden. Ambos soltaron las risas, para continuar caminado el tramo restante, al llegar a la puerta de enfermería, Albert se despidió dándole un beso en la mejilla a Candy.

-Vuelvo antes de las seis por ti, cuídate mucho.

-Gracias, te espero.

Al irse, todas las enfermeras la miraban sonrientes, ella de inmediato entró a reportarse, no le tocaría el área de consultas ginecológicas, sino que la enviaban a pediatría, donde ella sonreía. Se reportaba, le asignaban el consultorio donde apoyaría, pero no fue así, la mandaron a piso directamente para revisar signos vitales de los pacientes.

Mientras Albert feliz regresaba, después de haber visto al doctor, que realmente Candy necesitaba ser acompañada, recogerla por la hora y por el espacio solo que había que recorrer caminando.

George mientras tanto hablo con ellos, para ver cómo iban sus planes, cada uno mostraba sus cuentas e ingresos, como estaban llevando ahora sus vidas, al final llegaba Albert, que era el que menos se preocupaba por nada, el tenía todo estimado a su manera, su preocupación era saber que haría George con Candy, si se la llevaría a vivir a su casa, este rentaría un departamento cerca de esa propiedad para verla y acompañarla.

-Albert qué bueno que llegas, tus informes.

-En orden George aquí tienes, sabes fui a dejar a tu sobrina, ya le dije como se defienda si la molestan, pero no hay que dejarla sola hay un ginecólogo medio idiota que se ha empeñado en seguirla una tramo antes de llegar al hospital, me preocupe un poco pero estaré temprano por ella, no sabía que hubiese médicos con falta de ética. George abrió sus ojos, se aceleró un poco para decir.

-Albert tengo que hacerme cargo de las niñas, Candy es adulta, te puedo pedir que si esta en tus manos al menos no la dejes sola, no quiero que nadie le falte al respeto. Puedo pagar extra por ese servicio a tu cuenta, créeme lo haré.

-Estoy por completo de acuerdo contigo, no me parece que después de que una loca, las dejo en la calle, un acosador la moleste y no me incomoda acompañarla no tienes que págame nada.

-Sería mejor que le compre un auto ella debe manejar.

-El hospital tiene el área de estacionamiento muy lejos fue ahí donde me di cuenta que el doctor ese Stefan la molestaba.

- ¡Que! ¿Ya lo viste? ¿Sabes quién es? puedo dar una orden por acoso.

-También le dije eso a Candy, pero ya la oíste es muy precavida, piensa que después la pueden correr o molestar, no sé que tantas influencias tenga ese medicucho para que la muevan de área a una donde ella se incomode.

-En cuanto pueda la saco de ese infierno dijo George molesto, haciendo sonreír un poco a Albert quien exageró para que pudiera acompañarla - Mientras tanto cuento contigo Albert,

-Por supuesto es tu familia George, es como si fueran de nuestra familia, le dije que iría por ella. George reviso los ingresos de Albert todo estaba en regla, le devolvió los papeles, pero George estaba pensando en Rebeca, en Honey, su cumpleaños y Sweet su educación su tiempo para ellas. George dijo,

-Honey cumplirá años pronto, son esos que las jovencitas quieren festejar con emoción

- ¿los dieciséis?

- Exacto. Al parecer no han festejado nada en su vida, solo sobrevivir, la escuela donde esta Sweet es de bajos recursos, donde estudia Honey igual, el documento de Rebeca y lo poco que les quito no merece pelear por ello. Ya debe haberse gastado todo. Me preocupan mucho, Candy es muy independiente, estas semanas buscare la manera de llevarme a las pequeñas, pero Candy me preocupa más, creo que debo poner a alguien que la cuide. Albert sonrió dijo,

-Trabajo en un horario abierto sabes que puedo ir y venir sin que me tomen el tiempo, me haré cargo de cuidarla, mientras te la llevas a vivir contigo.

-Gracias, aunque creo que tendré que buscarle un mejor empleo y un departamento para ella en un mejor nivel, no puedo ni pensar que alguien le haga daño, cuando está bajo mi cuidado.

-Eso será imposible cuentas conmigo ¿y si no? están mis hermanos, nos ayudaste al menos a encontrar como empezar, cuando mi padre nos hizo esta prueba de eficiencia individual.

-Gracias Albert pero sé honesto, te conozco desde niño que interés tienes en Candy.

- El más honorable, es una persona independiente, agradable, sabes bien que no juego con nadie, me molesta de sobremanera que traten de abusar de ella, si ella me considera bueno, tratare de ganarme su afecto.

-Albert me conoces como administrador, como abogado, como al servicio de tu familia, pero tratándose de mi familia soy un tío muy difícil para ti.

-Crees que me arriesgaría George.

-Por eso estoy hablando claro, si el interés es bueno por ella adelante, pero te aviso la puedo alejar de ti si la lastimas y juro que no la encontrarías ni con lupa.

-La verdad pensaba rentar un departamento cerca de donde las lleves a vivir. Ambos sonrieron, -es mejor honesto y directo. Al final ambos se conocen bien.