Capitulo 6
Hombre especial
Escocia…
-Si me dieron esta dirección, me envió el Sr. George Johnson, soy la enfermera del Sr. William Alister Andrew.
-René déjala pasar, George me aviso déjame verla. Candy pasaba y observaba un lujo interminable, estaba dentro de un castillo, su Tío la envió a un castillo, con paisajes y jardines, y ahora…
-Buenos días, Soy Candy… el señor…
-Si, te esperaba, -René dile cual es su habitación…
-Por supuesto señor,
-Estaré en el salón.
Candy lo vio irse y ella seguía a René una señora que parecía sacada de una película de terror, faldón bajo las rodillas saco negro, cabello obscuro envuelto en una bola arriba de su cabeza simulando una cebolla, su cara sin el más mínimo maquillaje…
-Esta es su habitación.
- Llámeme Candy
-Como desee señorita Candy.
-Me puede llevar al salón con el señor.
-No se lo recomiendo, el se sienta por horas a observar las fotografías del salón.
-No importa, le prometo no molestarlo.
-Por supuesto, sígame.
Candy estaba asombrada, era un lugar enorme y gigantesco, los pasillos amplios, las pinturas magistrales, hasta que llegó a una fotografía perfecta, eran cuatro niños y sus Padres, se detuvo asombrada, era Albert… de niño se parece a su madre…al igual su hermano menor… y el hombre sonriente, con una efusiva sonrisa como Alister quien estaba abrazado por su madre, mientras que Archie se parecía también a ella, solo Alister se parecía al Padre de ellos.
- Ya no son niños, son hombres ahora… esta fotografía tiene muchos años, es la favorita del joven Alister.
- ¡Del joven Alister!
-Fue la última fotografía que se tomaron con su madre.
- ¡Su madre! Candy empezó a derramar lagrimas, ella ya no estaba con ellos, desde que eran niños, como ella y sus hermanas, perdieron a su madre quedándose con un padre que los alejo ahora de él.
-Este es el expediente médico de Sir William, debe leerlo para las instrucciones que dejo su doctor.
-Por supuesto, gracias.
-Este es el salón, el está ahí sentado, lo ve…
-Si, gracias señorita René.
-Con permiso señorita Candy.
Candy se quedo viéndolo después se acercó y vio hacia donde se dirigía su mirada, por Dios eran fotografías enormes de su s cuatro hijos. Albert traía el cabello corto su mirada era hermosa con el traje negro, la camisa semi abierta y una seriedad, mientras que Alister aparecía en otra fotografía como si estuviera viendo la fotografía de Albert recargado en un brazo su traje azul marino la camisa abierta y con media sonrisa, Paty se hubiera desmayado si lo ve en esa fotografía…pensaba Candy, vio la fotografía que estaba del otro lado de la de Albert era Archie, su cabello hasta los hombros, castaño su sonrisa más pronunciada que la de Alister, sus ojos grandes su nariz pequeña sus labios coquetos, su traje gris claro, desvió la mirada a la de Alister y estaba del otro lado de él la de Anthony con una sonrisa efusiva comparada con sus hermanos él tenía la sonrisa más amplia en la fotografía, su traje blanco su camisa celeste haciendo lucir más sus hermosos ojos. Volvió a la fotografía de Albert, dijo en un suspiro
-Al menos aquí no te voy a extrañar.
El señor William la vio miraba como ella observaba las fotografías, haciendo que el ya no las viera, la observó detenidamente y no quitaba la mirada de su hijo mayor, dijo algo pero solo escucho extrañar, se quedo asombrado. Tratando de saber porque lo miraba dijo
-Son mis hijos
-Lo sé, Alister se parece a usted.
-Los conoce. En ese momento Candy salió de sus pensamientos había contestado sin pensar.
-Si señor, los conocí hace poco, bajo su cara con tristeza, haciendo que el hombre se levantará
-Porque lo dice así, ¿les paso algo? Pregunto con cierto recelo al ver la tristeza de la joven.
- Usted es su padre debe saber donde están.
- No, no lo sé. Dijo el bajando la cabeza.
- ¿Por qué? Pregunto ella con delicadeza, para que el dijera algo.
- Porque son hombres y deben hacer su camino.
- Y yo por ser mujer debo hacer el mío, pero no lejos de mi padre ¿o sí?
- No, eres una mujer, debes estar con tu padre y tu madre.
-A mi madre la perdí hace diez años y a mi padre hace tiempo también, estoy segura que si mi madre viviera, sería muy feliz por estar conmigo.
-Si mi esposa viviera seria la mujer más feliz y orgullosa del mundo.
-Si pero usted no lo está.
-Por supuesto que sí.
-No. Usted no sabe donde están sus hijos y ella si sabría donde están. Estaría con ellos.
-Usted no comprende, no sabe nada
- Se que soy madre, tengo dos pequeñas que dependen de mi y por ellas me convertí en madre.
- ¿Usted es madre?
-Me convertí en una al cuidar de mis pequeñas.
-Dejo a sus hijas para trabajar aquí.
- Están con su Padre no están solas, pero créame apenas llevo unos días sin verlas y me da una tristeza no estar cerca de ellas.
-La comprendo desde que deje de ver a mis hijos me siento igual.
- ¿Porque lo hace?
- ¿Hacer qué?
- Separarlos de usted
-Ya se lo dije son hombres deben ser fuertes, cuidar de sí mismos y formar su propio camino. Pero en su caso porque su esposo no trabaja para que usted cuide de sus hijas
- No estoy casada
- Tiene hijas y no es casada
- No, usted no lo comprendería, en ese momento volteo a ver a la fotografía de Albert y el hombre dijo
- ¿Conoce a mi hijo?
-Por supuesto, pero no se ve como en esa fotografía, ahora luce diferente.
- ¿Diferente?
- Si, en esa foto parece un príncipe, mientras que donde lo conocí parece un hombre sencillo.
- ¡hombre sencillo!
-Usted no lo comprendería, Candy abrió su expediente y vio que todo estaba en orden, el tenía un tumor operable cerca del hígado, debía ser operado, pero no la había hecho.
-Es mi expediente médico.
-Si lo estoy viendo, porque no se ha operado
-De algo debemos morir
- Si su esposa estuviera aquí, cree usted que no se angustiaría.
-Pero donde esta, me está esperando.
-Si fuera inverso créame ella se operaría para estar más tiempo con sus hijos y cuando Dios la llame contarle más a usted acerca de ellos. El hombre se quedo con la boca abierta, salieron sus lagrimas mirando los ojos de Candy que observaban la fotografía de Albert, sin darse cuenta que el estaba viéndola fijamente y lloraba al escuchar lo que decía desde el fondo de su corazón.
-Usted lo cree.
-Candy, llámeme Candy.
-Candy usted cree que ella se operaría para quedarse con sus hijos, en vez de desear irse junto a mí. Candy dejo de ver la fotografía y lo vio a los ojos, dijo,
-La vida es un presente muy valioso, ninguna madre tan buena desea alejarse de sus hijos, siendo egoísta y sacrificar ese bello amor, cuando tiene una eternidad para vivir con el amor de su vida.
El hombre bajo la cabeza, dijo
-Veo que le agrada mi hijo Albert
-Si, me imagino que mis pequeñas deben estar cerca de él en este momento. Candy se retiro con el expediente, tenía que cambiarse estaba todavía con la ropa del viaje, salió del salón. Dejando a William asombrado viendo la fotografía de Albert que estaba en ese momento con las hijas de Candy.
William salió al estudio, de inmediato abrió un cajón con llave sacó un teléfono y marco unos números, dijo
-Porque no me dijiste que Albert estaba cerca de la mujer que enviste aquí. ¿Dejo a sus hijas con Albert y se vino a cuidarme? ¿Qué está pasando? ¿Qué me estas ocultando George?
George recibía llamada, no sabía que estaba pasando ni que había dicho Candy como que sus hijas, acaso dijo una mentira para hacerlo volver, pues algo estaba haciendo porque hasta una llamada recibió de él.
-William dijiste que un año, todavía falta tiempo. Colgó el teléfono. La cara de William estaba asustada en un suspiro dijo
-Si un año.
Albert estaba recostado en su cama pensaba en la noche en la que estuvieron juntos y de cómo se des hizo del papel, sonreía
-Candy te gusta ser enfermera
-Mucho Albert, puedes cuidar de la salud de los demás, pero además cuando están enfermos, se ven tristes, al curarlos y cuidarlos, sonríen de nuevo es muy hermoso ver saludables a las personas, pensé que si fuera doctora ahora, no sería tan feliz como lo soy siendo enfermera.
- ¡Candy! ¡Candy!
Andy estaba viendo el saló junto a George que se desplegaba en elegancia y superaba todos los presupuestos estimados, feliz porque su hija tendría una fiesta, sonreía imaginándose bailar con Honey, y verla sonreír, su porte , su distinción, esa seriedad su manera conservadora y a la vez superior, la daba un orgullo que no podía creerlo, estaba fascinado viendo que ella escogía colores azules porque a George le gustaba el celeste, ella en vez de escoger un color más femenino, escogía todo en azul celeste, mientras Sweet tomaba un vestido rosa pastel, con vuelo en tul muy esponjoso y se giraba en el.
-Honey debemos escoger uno para Candy
-Si pero lo quiero muy atrevido, creo que Albert se volverá loco y le pedirá que sean novios. Andy sonreía recordaba lo que Paty le comentó de que Albert se había puesto muy molesto porque se llevaron a su Candy, sonreía sin decir nada escogía un vestido en color marrón hermoso recto y las chicas la veían. Honey dijo
- ¡Wow! a quien quieres conquistar Andy
- A nadie quiero lucir bien para tu fiesta. Honey hizo una media sonrisa y vio la cara de su hermana Sweet dijo
-Albert es de Candy, él la quiere.
-Yo no he dicho que Albert me guste Sweet, de hecho se molestó mucho porque Candy se fue sin despedirse y ha estado triste, pero me lo dijo Archie, no lo he visto. Honey dijo
-Mas te vale, si Albert quiere a Candy no quiero que el deje de hacerlo, ya le dije que escogeré el vestido de Candy y él me pidió que le dijera su color porque escogerá una camisa para combinar con ella. Andy sonrió
-No te preocupes Honey, no estoy en lo más mínimo interesada en Albert y me encanta que sean tan celosas, Candy no mostraba interés en nadie solo en él y él en ella, todos lo notamos. Las tres sonrieron más relajadas, pues Sweet había llorado junto a Albert por la ausencia de Candy y el prometió ir todos los fines de semana a verlas y convivir con ellas hasta que regresara su hermana.
George estaba pensativo, porque le había llamado William y dijo que Candy era la madre de unas niñas y que ella conocía a Albert, pero sonrió pensaba en que de una u otra manera lo haría volver, si al final no quería ver a sus hijos, la traería con una emergencia por las niñas de Candy y sonreía, que ocurrencia.
Mientras tanto en Escocia, pasaban dos semanas Candy conversaba con el médico porque debía operarse el señor William y se recuperaría con muchas posibilidades si no le daba largas a esto, así que ella hablo con él y este accedió siempre y cuando no le dijeran a nadie, Candy se sentía muy incómoda, toda la responsabilidad caía en ella, pero pensaba, es peor tener un tumor y perder el tiempo en convencerlo de que vengan sus hijos, oraré para que mi madre desde el cielo y la esposa del Sr. William convencieran a Dios de dejarlo más tiempo.
-Candy estoy tranquilo de que usted esté conmigo, siento que voy a salir de esta operación.
- Eso es muy bueno, le quiero presentar a mis niñas y ya verá a sus hijos felices, debe sentir que los veremos pronto, pero debe pensar que todo saldrá bien, imagínese a usted sentado lleno de nietos corriendo de un lado a otro. William se quedo pensando, ya había visto a Candy frente al retrato de Albert varias veces, sus hijas estaban con su Padre y Albert estaba con sus hijas, ella se veía con mucho amor hacia el retrato de Albert, acaso no quería decirle que ese par de niñas eran sus nietas y eran hijas de Albert, por eso mi hijo no se había casado, no le había presentado a ninguna mujer como su novia, en ese momento vio a Candy y ella le sonrió con ternura este para comprobar sus pensamientos dijo
-Candy entrare a la operación y espero salir de esta lo prometo y tendré muchas ganas de hacerlo si me contesta una sola pregunta, con toda honestidad y júreme que no me mentirá ni me ocultará nada.
-No acostumbro mentir señor William, ahora miso me siento muy mal que sus hijos no estén aquí y que dirá Albert cuando se entere que usted está en una operación a la que debe enterarse por lo menos él, sentirá que lo estoy traicionando.
- ¡traicionando!
- ¿Cual es la pregunta señor William?
- ¿Usted ama a mi hijo Albert?
Candy se quedo con cara de descubierta se sonrojó por completo y William dijo
- No es necesario que me conteste ya me lo dijo todo. Se fue pensando, no se casó con ella tiene dos hijas fuera del matrimonio, me va a oír, a ese lo caso yo, porque lo caso, ya verá, por eso George me la mandó tenía que enterarme de alguna manera, tal vez el se dio cuenta de las niñas, y si se parecen a mi querida esposa, ¡Santo Dios! Me estoy muriendo por imbécil, mis nietas son las que me necesitan ahora, ella lo dijo si mi esposa estuviera aquí jamás los hubiera dejado, jamás fui un imbécil, Albert no quería dejar de trabajar para mi, debe tener problemas ahora, y si no tiene como mantener a mis nietas y su mujer está trabajando, ¿qué hice?
Candy estaba asustada se sentía descubierta, pero ella no era novia de Albert, ahora se había delatado frente a su Padre, que pensará Albert si se entera que pena, pero al menos el no hablará con él hasta dentro de muchos meses, para entonces tal vez ella ya no esté aquí, y si no desea volver a verlos, pues traerá a otra enfermera pero ella tiene que ir a la fiesta de Honey, debo cuidar mis palabras, no debo delatarme más frente al señor William, ellos son de un nivel distinto, lo más seguro es que el señor William se haya molestado, soy la sobrina de un empleado de él. Debo olvidar de una posibilidad entre Albert y yo, el es inalcanzable, definitivamente no podían ser, ambos somos de niveles sociales distintos.
