Fic

Los chicos de Candy

Por Mayra Exitosa

Capítulo IV

Amor Complementado

El departamento recibía nueva tecnología para manejar desde ahí las inversiones en su equipo de cómputo, cámaras de seguridad automáticas con respaldo de gran capacidad y un respaldo en su departamento con suficiente especialidad para cuidar de la automatización del departamento, huellas de acceso en la puerta y en los interiores del mismo, automatización que disfrutaba Albert ingeniándose por tener técnicas que solo en la NAZA obtenían. Ya podía estar más tiempo con ella. Cuando regresara, podría tenerla cerca y además le quedaría más tiempo libre, para coincidir con los descansos de su novia, pensaba en llevarla el fin de semana a la playa, ambos necesitaban un descanso.

- Solo será el fin de semana, mi vida.

- Si es así, acepto Albert. Contigo iría hasta la luna, mi amor.

- Creo que ya hemos estado ahí, eso fue hace dos noches.

- ¡Albert! No me hagas recordarlo, al día siguiente tenía una cirugía, fue un poco difícil concentrarme… te pensaba todo el tiempo, mi amor.

- Doctora Candy White, usted es una profesional, cuando estés en una cirugía debes concentrarte y olvidarlo todo, con la seguridad de que cuando termines, estaré aquí para abrazarte.

- Tienes razón mi amor, contigo se me olvida las angustias y todos mis temores.

- ¿Ya dejaste de ir a esas pruebas de medicamentos?

- ¡Albert! ¿Cómo lo sabes?

- Candy… te amo. Me interesa tu bienestar, y todo lo que tenga que ver contigo, toma, esta es la tarjeta del departamento.

- ¿Cambiaste la chapa de seguridad?

- No, mi vida, esta tarjeta es donde se cobran en automático todos los gastos del departamento y esta a tu nombre, no quiero que te haga falta nada, si requieres comprar algo, lo harás de ahí.

- No puedes estar hablando en serio. No recibiré dinero de tu familia o de ti, soy responsable de mi vida.

- No he dicho que sea para tus gastos Candy, he dicho que con ello podrás comprar lo necesario para el departamento y para ti si te hace falta, pero no quiero que sigas haciendo pruebas con tu cuerpo.

- No son pruebas de riesgo, Albert, en todo caso, no puedo estar haciendo esas pruebas ahora, la Dra. Janik es una especialista seria, apuesto a que ya no quiere hacer pruebas conmigo para darme tiempo y que me desintoxique o se pase el efecto de los vitamínicos que me dio hace tiempo.

- ¿vitamínicos? ¿Estuviste enferma y no me lo dijiste?

- No, mi amor, la prueba de medicamentos se pasa en procesos para que dejen de hacer efectos, en este momento ya no puedo recibir ningún tipo de medicamento debido a que debe dejarse un espacio para que mi cuerpo deshaga lo que tome en su momento.

- No eres un ratón de indias, Candy.

- Ya… basta mi amor, no debiste investigarme, me haces sentir mal, en su momento fue bueno y… ya paso, no lo volveré a hacer, ¿Estás de acuerdo en eso?

- Si. Prométeme que no volverás a proceder a pruebas de medicamentos.

- Te lo prometo.

- ¿De que se trataban esos medicamentos, Candy?

- La última prueba fue vitamínicos, para elevar la proliferación de óvulos.

- Candy y si eso sale mal, ¿Qué acaso no quieres algún día tener una familia?

- Son vitamínicos, siempre reviso de que se tratan, medirán mi evaluación durante varias semanas, ya paso Albert, por favor mi amor, no sabía que te ibas a enterar.

Albert la abrazaba con fuerza, no quería hacerla sentir incomoda, pero pensar que podían hacerle daño, todo por falta de recursos, siendo que es su novia, el podría ver por ella, pero Candy no aceptaría nada, seguía pagando el uso de la habitación mes a mes, sin falta, ese dinero lo dejaba en un cofre en la habitación, nunca lo tocaba, era de ella, no deseaba cobrarle nada, pero podía quedarse ahí para una emergencia.

En Escocia, Elroy veía orgullosa los estados de cuenta bancarios, el incremento de recursos dentro de las bases Andrew era cada vez mayor, intrigada investigaba a que se debía que su sobrino podía multiplicar las ganancias. Existía la cuenta en Norte América y los fondos eran cada vez más elevados, dejando aun los impuestos seguía en un crecimiento constante, las inversiones de su sobrino era multiplicativas y eso lo vería con George, extrañaba no ver más seguido a William, pronto sería el año luctuoso de la muerte de su padre y se aseguraba de que el no faltara, sin embargo en ese momento, recordó cuando vino a verla Dimitri la hizo sentir incomoda, sobre todo al culparla a ella de la separación de su sobrina con William.

Elroy pensaba que Dimitri era un hombre chapado a la antigua, no conocía bien a Elisa su sobrina, era negar que ella tenía una doble vida, la cual no estaba en la mentalidad de Dimitri, pues para él solo ocupaba su centro de ideas estar vigilándola, desde que se separaron, Dimitri se convirtió en un hombre muy rico, sus inversiones muy acertadas todo el tiempo, sin saberlo pensaba porque no se había casado, pero eso ya no importaba, la discusión sostenida una semana anterior en las oficinas centrales de Escocia, terminaron por desilusionarla, quien admiraba la forma ética y profesional de Dimitri. Al insinuar que ella fue la que alejo a su sobrino para no tener un lazo entre ellos, fue una ofensa que no soportaría jamás, una duda que la dejo inquieta fue eso de obligar a su sobrino a casarse para no tener posibilidades con Elisa, eso fue algo que ella jamás haría, pero cuando lo mencionó Dimitri, llamo de inmediato a los guardias y se vio obligada a sacarlo por la fuerza de las oficinas de manera radical y definitiva.

En un hotel Albert llamaba a su Tía

- Hola mi vida, como has estado hijo.

- Muy bien Tía, me dijo George que tuviste un resfriado la semana pasada, todo bien ahora.

- Solo fue un resfriado hijo, nada importante, veo que las inversiones van viento en popa, ¿te veré pronto aquí en Escocia?

- Eso espero. Estoy seguro que… esta emocionada, por ver nuestro incremento en los dividendos y también estarás intrigada como lo logré.

- Me conoces muy bien hijo, si pensaba en eso, parece haber algo nuevo que… realmente siento mucha curiosidad.

- Me encantaría comentártelo, pronto lo haré, iré a Escocia en las fechas programadas.

- Llámame mas seguido mi vida, sabes que me preocupas mucho.

- Lo haré. Eres la novia posesiva que todo hombre debe tener.

- ¡William!

- La veré pronto, mi bella novia… usted siempre me inspira a incrementar no solo mi cariño, sino nuestra fortuna. Emocionada y con una sonrisa Elroy soltaba sus lágrimas, en un suspiro agregaba,

- ¡Hijo! ¡Te extraño mucho!

- Yo también, mi hermosa dama.

Candy sonreía al ver cómo le respondía a su tía, como la honraba por haberlo cuidado toda su vida, suspiraba por solo escucharlo desde el marco de la puerta donde lo esperaba.

El fin de semana en la playa, fue la primera vez que Candy visitaba un hotel privado con lujos jamás imaginados, el trabajo de su novio era supervisar ese hotel y lo estaba haciendo realmente bien, no le daría las cinco estrellas, le daría diez.

Albert estaba feliz, ella merecía todo, nunca le exigía nada, era su pareja ideal, amarla se había vuelto su prioridad, esa noche algo paso que lo hizo ponerse nervioso, su preservativo se rompió y Candy no se dio cuenta, pero el sí, estaba preocupado y no quería asustarla, conocía a su novia y su angustia, tenía que decírselo de una u otra manera, era doctora y sabía que comprendería, así que una cena a la luz de las velas, tocaría ese tema, ella lo seguro era que estaría por recibir sus días del mes y no habría de que preocuparse

- Amor, tengo que hablar contigo

- Te noto preocupado Albert, ¿Qué sucede? ¿Te sientes mal? ¿Tal vez fue algo que comiste? Ya sé… ¿Quieres que te revise?

- Amor… el preservativo de hace una noche… se rompió.

- ¡Albert!

Candy de inmediato se levanto de la mesa, busco en la habitación y abrió su bolso, un pequeño librito, hizo que se pusiera una sonrisa en los labios y regreso a la mesa romántica en el balcón donde ambos estaban cenando, agregando

- No tenemos nada de qué preocuparnos, todo estará bien, mi amor.

- Lo siento, no quería echar a perder nuestro fin de semana, que bueno que no lo tomaste a de mala manera.

- Elegí Cardiología por mi familia, pero la pediatría es la especialidad más bella que conozco y… me encantan los niños Albert.

- A mi también, solo que… no quiero que interrumpamos tus estudios y… me preocupe.

- Todo está en orden. Confirmo con una sonrisa Candy.

- Bueno, ahora que lo dices de esa manera…. Esta noche será especial.

El resto del fin de semana, fue aun más gratificante, el amor de ellos era más sólido, lleno de confianza y ambos compartían una atmosfera de complicidad y buenos entendimientos, la comunicación era de conocimientos, de pensamientos increíbles.

Candy desconocía el ámbito internacional, en el que la supervisión de hoteles hacía que Albert dominara más de cinco idiomas, conocía de las culturas de varios continentes y el despliegue de conversaciones eran algo que ella disfrutaba escuchar, pues nunca había viajado, su pueblo natal era un lugar cercano a Chicago, ahí sus padres la habían dejado con una Tía y de su profesión no se hablaba. Sus amigos de la infancia solo uno de ellos conservaba, el que fue como un hermano mayor para ella, se convirtió en Sheriff de Lakewood, lo más emociónate de lugar en el que nació era la feria, su muestra de caballos y ganado.

Las siguientes noches fueron extremo placer, las más hermosas, ya se había roto un preservativo, qué más daba protegerse cuando ya estaba por recibir sus días del período, el se iría a Escocia y regresaría días después de sus siguientes días del mes, así celebrarían con libertad de preservativos. Según el libro de cuentas de Candy.

Para Albert contarle de Escocia, era lo mejor que podía hacer, hablar de su familia y de como muchas de las generaciones de él, solo tenían un hijo descendiente y pocos tuvieron solo dos hijos, la familia cada vez fue menor y no había posibilidades de incrementarla, cada vez eran menos los Andrew en la familia y caía sobre él ser el último hijo descendiente original de su apellido.

- Si Candy, imagínate que le dije a mi Tía que pensaba unirme al clérigo católico y casi se cae de espaldas, ella espera mucho de mí, por eso cuando paso ese incidente…

Candy lo interrumpió al ver sus ojos iluminados y una sonrisa traviesa por lo que habían vivido.

- Albert… también soy hija única, perdí a mis padres y… me hubiera encantado tener hermanos, pero… ahora agradezco que no fuera así, mi tía trabajaba mucho para poder darme estudios y… qué bueno que solo somos nosotras dos.

- No te he hablado de mi padrino y el mejor amigo que tengo, George es… como mi familia también, el es el hombre que más admiro en los negocios, estoy seguro que cuando lo conozcas, serás su favorita y te querrá mucho Candy, a él le encantan las competencias de conocimientos, como a ti.

- ¡Albert! Creo honestamente… que si competimos, me ganarías.

Albert la vio a los ojos, definitivamente la amaba, más de lo que nunca había amado a alguien, su Tía Elroy era su otro gran amor, ahora Candy lo sabía, irse un mes para estar con ella, a Candy no la molestaba en nada, pues comprendía que se ausentara al saber que ella era como su madre, aun que dijera que era la novia posesiva que decía, Candy lo tomaba a bien, no le importaba eso.

Candy guardaba algunas fotografías como tesoro, Albert y ella estaba besándose en una de esas tomas, el traje de baño la hacía lucir increíble, eso de tener varios trajes de baño como servicio a la habitación era un lujo excepcional del hotel, uso todos los colores que le enviaron, Albert dijo que se los habían regalado para ella, porque tenían el kit de luna de miel del hotel.

- Este viaje fue el más hermoso que he vivido en toda mi vida, Albert.

- Te lo mereces, eras una doctora genial y estoy muy orgulloso de ti.

- Albert… me ves con ojos de amor. Aquí el mejor de nosotros eres tú, ese trabajo que te brinda supervisar hoteles, en serio, es muy bueno.

- Buscaré que me den una supervisión en otro continente para robarte, Candy.

- No necesitas robarme Albert, solo deja que sea la mejor doctora en cardiología y… prometo ir de viaje contigo a donde quieras.

- ¿Es una promesa?

- Lo prometo Albert, a donde quieras, iré contigo, en cuanto me gradué de mi especialidad.

Los días pasaron, había una euforia y nerviosismo interno en ambos acercándose a la fecha de irse a Escocia, Candy entraba a exámenes en el periodo en el que se marchaba y la despedida fue bastante emotiva.

Albert estuvo en Escocia, George estaba emocionado por la acertada inversión en el área medica, eso jamás lo habían probado, pero resultaba ingenioso que la tecnología que ellos creaban, sirviera para el ámbito de la medicina, no sabía cómo era que William se había empapado tanto de la información, hasta lograr invertir en un hospital en América, así George para sorprenderlo invertía en Glasgow, creando el mejor hospital para que las inversiones las manejara con cautela Elroy, quien a la fecha no había perdido en ninguna inversión supervisada por ella.

- Si, hijo, ella supervisara aquí las acciones nuevas de las inversiones, tenemos mucho más de que hablar, esa fórmula que creaste, está dando incrementos estrafalarios y no nos has dicho, como te inspiraste en ella.

- Ese es un secreto George. Pero prometo que pronto lo sabrás, y dime, como se ha comportado el ave de mal agüero.

- Al parecer hizo comentarios muy fuertes en tu contra con su Tío Dimitri, este apareció en las oficinas Andrew, reclamándole que su pequeño angelito fue rechazado por tu Tía de manera intencional, imagina que dice que te obligo a casarte para alejarte de su demonio de Tasmania.

Albert se quedo serio, la sonrisa se le borro en ese instante, como le explicaría a su Tía acerca de su matrimonio en apariencia, lo mejor era guardar silencio. George agregó

- Lo cierto es que tu Tía jamás te obligaría a casarte hijo, mucho menos para quitarte de encima a esa mujer, pondría toda la guardia completa tras de ti antes que ese engendro se acercara o te hiciera daño, la conoces bien.

En ese momento soltó el aire, al parecer, no estaba claro lo del matrimonio y no sabía a ciencia cierta lo que estaba pasando, lo mejor era mantenerlo en secreto, Candy tenía que terminar sus estudios y su especialidad, si su Tía se enteraba, lo presionaría a casarse y sacar a Candy de trabajar y de prepararse en su especialidad, ella no se le separaría hasta ver un hijo suyo, así que mejor no adelantaría nada, en cuanto Candy terminará su especialidad todo quedaría resuelto.

George notaba algo que inquietaba a William, pero no sabía que era, tal vez no quería ser presionado para las formulas de inversión que ahora estaba manejando, lo dejaría que continuara con el éxito solo, tal vez lo que deseaba William era demostrarles que podía ser mejor, y que el dividir en tres todo tenía una razón de ser. Los huevos no se ponen en una sola canasta, eso era un lema viejo, las inversiones tanto de Elroy como las suyas estaban de manera tradicional y cautelosa, mientras que con anterioridad Albert se había jugado mucho en sus inversiones, posiblemente podría tener un revés con el tiempo y sentirse incomodo, así que sin presión era lo mejor para que se desarrollara de manera personal. Al final los genios aprenden de sus errores y William era el genio desde su juventud, sus estudios y todo lo que había aprendido tanto de Elroy como de él.

- Vamos hijo, tu tía ha estado muy ansiosa por verte, no me gusta verla presionada, su salud se merma cuando no estás, hay que recuperar el tiempo perdido.

- Por supuesto, también deseaba estar a su lado, sería bueno que mientras esté aquí, nos hagamos cargo de todo y que ella descanse ¿Te parece bien?

- Excelente idea, hijo.


Para ti abro mis paginas... son blancas y nadie escribe...

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa