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Los chicos de Candy

Por Mayra Exitosa

Capítulo VI

¡Mis bebes!

1980 Escocia

Afuera de la mansión Andrew, Dimitri se encontraba vigilando, como todos los días… veía que continuaba visitándola un hombre, con el pretexto de ser médico de confianza por ser hijo descendiente de los Mc Crone, el joven Dr. Leonard Mc Crone, asistía todos los días a conversar con la Srita. Elroy, ahora que su cuñada tenía un hijo y se encontraba enferma.

- Doctor Leonard, ya le dije que no regresaré jamás con él, es imposible, no pienso comentarle nada, al final el dijo que… deseaba una mujer virtuosa y… yo… ya no lo soy…

- Srita. Elroy, le he dicho que un caballero no mide su virtud por lo que usted pasó, debió contarle a su novio, que por ir a su cita, usted sufrió un atentado.

- Por favor Dr. Leonard, ya no quiero que lo mencione siquiera, puede escucharlo mi hermano y… ¡Dios! ¡Qué vergüenza!

- No es vergonzoso, es un acto de violencia que debe ser castigado, Srita. Elroy.

- No pienso en eso ya doctor, gracias por guardarme el secreto, mi cuñada sabe que sufrí una infección y… de solo pensar que Dimitri se entere que fui… no quiero pensarlo ya, el me dijo que… deseaba ser el primer hombre en mi vida y… que le diría ahora… que no se en que numero quedaría…

En ese momento Elroy se cubrió el rostro con llanto al recordar que tuvo que terminar su relación después de lo sufrido, el Dr. Leonard quien no sabía cómo reconfortarla, se acercó para darle su apoyo abrazándola, sin embargo Dimitri quien vigilaba afuera de la mansión observaba como el Dr. Leonard era su remplazo.

Días después, el Dr. Leonard perdía a su padre en un accidente y le avisaban que tenía que desalojar la casa por embargo, que lo mejor era irse a América, que en Escocia ya no tendría un buen futuro. Con el paso de los años, Leonard se casaría con Marie, quien al quedar embarazada sufre un accidente y pierde la vida junto a su pequeña hija que todavía no nacía. Para el Dr. Leonard la vida había sido de luchas y de tristezas, pérdidas y soledad, se refugió en darle salud a la gente y con la actitud de servicio se ganaría no solo su lugar, sino la experiencia en Chicago, donde fuese el mejor cirujano del país por varios años.

La vida le sonrió al conocer a Candy una alumna especial, con la mirada de Marie, su esposa fallecida, ahora en ella, veía a una hija que la vida le arrebato, apenas la vio entrar y presentar sus exámenes solicitando beca, el Dr. Leonard se volvió su protector y desde entonces vigilaba diariamente sus avances médicos, ella excedía en conocimientos y no le daba miedo las nuevas tecnologías que surgían ahora, el marcapasos era su reto a vencer y estaba seguro que Candy lo conectaría algún día con la facilidad de sus pequeñas y diestras manos.

2001 Chicago

En el consultorio de la Dra. Janik, las cosas se tornaban angustiantes, por más que había repasado una y otra vez, las consecuencias y reacciones del cuerpo de Candy, ahora había aprendido que nunca confiará en una mujer y sus palabras, eso de virgen y sin novio, no era un título permanente, más que estudiar para avances ginecológicos y sus tecnologías modernas, estaba aprendiendo a distinguir que la vida era una ruleta, que todo eso daba vueltas y que algo le estaba cobrando caro la vida por haber viajado a Chicago para tener un estudio intensivo y poder dar solución a madres que no podían tener hijos, ahora temía por la vida de Candy, por cómo no dejaban de romperse embriones y posiblemente significaba un revés para sus pruebas. Con angustia evidente en un lamento se decía a si misma

- ¡Dios Candy! ¡Perdóname! No sé si yo… pueda perdonarme a mi misma…

La Doctora hablaba sola en su consultorio, pero Edward que estaba afuera la escuchaba serio, ahora comprendía, ella era quien hizo proliferaciones en el cuerpo de Candy. Si algo le pasaba a su amiga, el se encargaría de que la Doctora pagara por ello, como es posible que le haya aplicado una prueba a una joven, si es una becada, su compañera de todos sus estudios, casi una hermana desde que llegaron a la universidad. Al salir Janik se topaba de frente con él, este molesto comentaba,

- Mejor dígame todo… porque no me despegare de su lado en ningún momento. La doctora hizo un suspiro de tristeza, lo hizo pasar y le facilitó el expediente, ahí entre los dos sacaban una y otra cosa con temas, hasta que Edward, dio la solución para detener el sangrado. Ella aceptaba, no perdía nada y podría salvar los embriones de Candy. Ambos corrieron a la habitación explicaron todo ante ella y aceptaba de inmediato, así de un día para otro se detuvo el sangrado. Candy no hacía ningún esfuerzo, todo para que se lograran los últimos sobrevivientes de su vientre.

Edward y Janik estuvieron como enfermeros en la habitación, los especializas comenzaban a llegar por orden del Dr. Leonard, quienes al ver el expediente sonreían, para ellos era un reto a la vida, la mayoría doctores mayores, algunos retirados, otros con años de experiencia, después de varios días, notaron que Candy había salvado a tres embriones.

En Escocia, las cosas le salían mal a Elisa, una y otra vez… sus planes no estaba bien hechos, eran ingenuos y tontos los intentos para atraer a William, quien ya se cubría las espaldas todo el tiempo, en su país natal era muy protegido, asediado y la guardia de seguridad que tenían era mayor de lo imaginado, así Elisa cambiaba de estrategia pensando en un buen plan, ahora lo atraparía en América.

Mientras tanto Elroy, parecía renovada, ver como su sobrino estaba tomando el mando de las empresas, era como volver a ver a su hermano, La elegante Elroy Andrew a sus cuarenta y cinco años, se veía atractiva, sus trajes de marca, sus cabellos exageradamente lisos y difíciles de guardar, de su color castaño cenizo y sus ojos obscuros, esa nariz recta y de rostro sereno aun arrancaban suspiros de muchos caballeros.

Para George ella se había convertido en su hermana, aun que eran casi de la edad, George Johnson contaba con 42 años, de cabello negro obscuro, bigote delgado y decepcionado de la vida amorosa, pues las damas solo lo seguían por la posición confiable y de alto rango que tenía con los Andrew. Su mejor amigo era su propio ahijado William Albert, quien gozó en algún tiempo de una vida amorosa juvenil, pero actualmente ambos dedicados a los negocios, habían pasado esas etapas y preferían ver a una dama de verdad, la dueña recta y real de la familia, la Srita Elroy Andrew, una dama intachable que tenían que proteger del acosador desde su juventud el señor Dimitri Hampton, quien fue novio de ella y estuvieron a punto de casarse.

Ambos hombres no sabían porque habían terminado esa relación, concluían que era por la doble vida que llevaba, la de ser un hombre recto y ético frente al mundo, así como un tramposo, una fiera en las inversiones, ya que timaba especulando en los negocios haciéndoles que bajaran los precios en las construcciones e inversiones, las cuales el adquiría con facilidad, para después venderlas a precios multiplicados, ganado así en sus inversiones el máximo posible. Haciendo que los dueños originales salieran perdiendo. Un hombre libidinoso de doble moral ante las mujeres de dudosa reputación. Esto lo ignoraba la Srita Elroy, ella lo recordaba como un buen hombre, que la vida le dio oportunidades para tener mujeres y hasta podía haber intentado poner celosa a su ex novia, sin embargo eso jamás lo vería porque los Andrew eran muy orgullosos y escondían todo tipo de emociones con facilidad, misma que les ayudaba a sus tratos en los negocios.

Cuando Elroy perdió al doctor Leonard, sintió que ya no tenía con quien hablar de sus problemas, pues más que su médico, se había hecho su amigo, pero el Dr. Mc Crone tuvo que irse y jamás lo volvió a encontrar. Los años y su sobrino, hicieron que superara aquel dolor que un tiempo estuvo en su corazón, ver las noticias de que Dimitri era un exitoso hombre de negocios, que salía con libertad con muchas damas, no le era extraño, ya no sentía nada por él y cuando lo vio entrar en su oficina para sus reclamos aun después de tantos años, era un colmo que no le soportaría a ese hombre, que por más recto que hubiera sido en otros años, la vida lo había cambiado y ahora a sus cincuenta y cuatro años, ya era considerado un solterón amargado.

- Tía Elroy, tengo que regresar a América antes de lo programado, ya sabes, negocios como siempre, me gustaría volver pronto, solo dame un poco de tiempo y estaremos de nuevo juntos.

- Por supuesto hijo, lo que necesites, solo deseaba que estuvieras aquí para pasar estos días contigo, como siempre. Podrías llamarme seguido, si ves que los negocios te urgen presencia allá.

- Oh mi Tía querida, mi hermosa dama, a usted le llamaría a diario, pero la encuentro más difícil por la diferencia de horarios, mejor será que me llame cuando lo desee, sabe que siempre le contestaré.

- ¡William! Eres lo mejor que tengo, gracias por aguantarme tanto.

- Vamos Tía, ni que te llevara en brazos diariamente, sin ti, los negocios no serían lo mismo.

En Chicago

Candy soñaba despierta, pronto sería dada de alta, el eco de las pequeñas esferitas sobrevivientes al rompimiento constante de embriones, había pasado. Ahora pensaba

Por fin dada de alta, vitaminas y todo lo necesario para un buen embarazo, continuaría los primeros tres meses estudiando para su especialidad o la cantidad de tiempo que su embarazo lo permitiera, después se dedicaría de lleno a cuidar de su embarazo hasta su nacimiento, con el apoyo del Dr. Leonard continuaría estudiando y los pequeños serían cuidados por su Tía Dorothy. Si Albert deseaba que viniera su hermosa Dama a América y se encargara de apoyarla con los pequeños, eso lo decidirían en cuanto estuvieran juntos en el departamento. Lo mejor era aceptar que ellos necesitaban a sus padres, y para eso… una sorpresa… si una sorpresa preciosa, compraría tres pares de zapatitos de bebes, blanco… verde… amarillo… niños o niñas, ella los amaría por igual, tres… ¡tres! Sobrevivieron tres… no dejare que nada malo les pase, si son niñas… volveremos loco a Albert… si son niños… seré la madre más envidiada… si se parecen a Albert… Albert… ¡Por Dios! ¿Su trabajo?... no le daré lata, puedo apoyarme con mi Tía Dorothy, la llamaré y le diré que… ¿Qué le diré? … y si en vez de zapatitos… le compro tres baberos… y… si… ¿si les cuenta el cuento de los tres cerditos?… mis hijas se sentirán feas… le diré que no les cuente ese cuento… queda sin permiso el cuento de los tres cerditos, nada que ponga en comparación a mis bebes… ¿y yo? ¿Me veré como una cerdita? ¡No! ¿Y si no le gusto? …. Pues que se quede con las ganas… me veré gordita pero sana, comeré bien… mis bebes estarán bien y… ¡mis bebes!

William Albert se distraía de solo pensar en ella, sus protocolos de seguridad para desaparecer en New York y tomar un auto hacia Chicago era ideal para despistar cualquier camino. Alguien tenía un seguimiento peor que el de una serpiente…

-Rupert, dale alcance, sácalo del camino, y… no dejaremos que llegue a Chicago…

- Como ordene señorita.

El camino era tranquilo y solitario, ya lo dominaba, pronto llegaría verla… de solo imaginarla, sonreía y deseaba abrazarla, tenerla en sus brazos, ver su tierna sonrisa, paso sus exámenes, entro a cirugía mayor y… ella es la mejor, y lo será a un más cuando realice sus estudios de la especialidad, estaré con ella… Candy, mi amor… estas semanas han sido un infierno sin ti… como te amo pequeña, eres lo mejor que he tenido en la vida… estoy seguro que en cuanto se comunique conmigo el Dr. Leonard, ajustare para que todo quede cubierto, antes de comenzar su especialidad, sería bueno llevarla de nuevo fuera de la ciudad, tal vez al campo, estoy seguro que con ello, recordará su hogar y… se sentirá tranquila… haremos planes…. Le diré que podemos casarnos legalmente y cuando termine sus estudios… conocerá a mi Tía… se llevaran de maravillas, ambas tienen mucho en común… les gusta el orden, son estrictas en sus actividades, les encanta la música de piano y violines, las imagino en un concierto y ambas estarían emocionadas suspirando ante la música de sus sueños…

En ese momento, un golpe a su auto lo saco de sus pensamientos, el auto se descontrolo cayendo por una pendiente sin poder detenerse, una piedra gigante hizo que se detuviera y el costado izquierdo del auto quedaba con la piedra cubriendo la puerta, el golpe hizo que las bolsas salieran pero la puerta izquierda con metal roto rompía la bolsa golpeando la cabeza del conductor soñador.

Candy en su habitación soltaba un grito frustrante, varios doctores corrieron al oírla, su vientre se endureció y el corazón se agitaba de tal manera que podía escucharse en sus oídos el golpeteo constante, tratando de recomponerse y pensando en sus bebes, se controlaba la respiración y soltaba lagrimas de angustia porque ya no deseaba perder a sus tres embriones, eran suyos, ya no debían irse.

En la carretera una pareja elevaba a un caballero en brazos, donde apoyaban a un adolorido accidentado, con un brazo y pierna lastimados, el golpe de la cabeza lo había noqueado, de inmediato se trasladaban a un lugar privado, para que lo atendieran, usando todas sus influencias, cubría al hombre de sus sueños.

- Sálvelo doctor, por favor, le daré lo que quiera, pero sálvelo.


En mi libro estas tu... en mis escritos... te pienso... tu lo sabes... solo soy un libro abierto

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa