Capítulo 3
La enfermera baila…
Por Mayra Exitosa
Ambos volvieron a sonreír. Paty que estaba bailando vio a Candy con un chico en la mesa y esta ya no quería interrumpir, así que continuaba bailando, el chico que le giño el ojo era realmente muy atractivo y bailaba muy bien. Albert viendo a todos bailando y las mesas casi vacías, comentó
- Con gusto la llevaría a bailar, pero temo que me dirá que no. Candy sabía de su pie y por nada lo dejaría bailar, ella quería que se recuperara, se acercó a su oído para hablar más claro sin gritar y respondió,
- Albert, no te preocupes, no es necesario bailar, podemos conversar un poco, además aunque no lo creas… soy enfermera y acabo de salir de trabajar, así que estar sentada no es un sacrificio en este momento. Sonrió traviesa, Albert vio sus ojos, le eran familiares, ambos sin darse cuenta se quedaron viendo fijamente, la música no los dejaba hablar mucho así que se quedaron en silencio unos minutos, después nerviosos tomaron de sus bebidas y sonrieron al notar que la música se había terminado.
Paty para no interrumpir se iba a la barra, pero el chico con el que bailaba, al ver a donde se dirigía la invitó a su mesa.
- Ven, vamos a mi mesa, ahí tengo un lugar y estaremos al frente.
- Si gracias. Vio hacia Candy que estaba acercándose al rubio y conversaba, mientras la pareja de Paty le pasó el brazo por la espalda, llevándola a la mesa donde estaban Archie y compañía.
El locutor dio su bienvenida, de inmediato se hizo silencio estaban muy atentos, sonreían en las comicidades que decía y como a todos les daba una razón para estar relajados, mencionaba varios casos, uno de ellos hizo enojar a Candy… "Bueno ya ven lo que paso hace meses en New York, el mejor bailarín del mundo, metió la pata… y nosotros aquí evaluando que ya no va a regresar, al menos ustedes pueden bailar, eso es tranquilizante"
Albert giro a ver a Candy quien estaba roja y molesta, este hizo media sonrisa, le paso la mano por encima de las suyas ajustándolas en señal de apoyo, ella no lo sabía pero lo estaba defendiendo. Candy sintió sus manos y vio al rostro de Albert donde él hacia una sonrisa suave con ternura, ella soltó el aire y ya no dijo nada, bajo el rostro se acercó un poco a su oído y comentó
- Ellos no sabe todo lo que pasa en el baile, le comente que fue la señorita la que daño al bailarín ¿verdad?
- Si. Pero lo hace porque aquí están bailando y para hacerlos reír, no se moleste.
- Lo siento, si me molesta, espero no lo vuelva a mencionar si no desea ganarse un puntapié. Albert se sonrió en complicidad con ella. Como no imaginarse que lo estaba defendiendo su enfermera. Si lo volvía a mencionar, con gusto acercaría a la enfermera al locutor.
Este continuaba jugando con el público, pero ambos no escucharon la metodología que seguía en el juego y era que escribieran en papelitos el nombre de la persona que pasaría a cantar. Paty para relajar a Candy al ver que no había bailado escribió su nombre y lo puso en una canasta que pasó el mesero. Este camino frente a Albert y Candy, quien al verlo no entendieron de que se trataba porque ambos estaban en su propia conversación con los puntapié futuros al locutor.
- Bueno damas y caballeros ahora llego el momento de pasar al grande, al único, al mejor… ¡Ronald! quien cantará para ustedes… este ponía el micrófono y una pantalla arriba de la barra indicaba lo que el joven cantaría, el joven llamado, se ponía al frente todo apenado subía y aclaraba que nunca había cantado en su vida, que era una broma de sus amigos… así que sonaba la música y este seguía las palabras que salían en una pantalla, haciendo reír a todos porque su intento por cantar no era precisamente el de un tenor.
- ¡Por Dios! ¡Qué pena! Para eso era la canasta que paso el mesero para colocar a los cantantes dijo Candy a Albert y este no paraba de reír… Ronald estaba todo rojo, cantaba y se le pasaban las palabras apenas decía algo y ya le habían quitado las letras y la canción no la conocía.
Candy estaba muy tranquila, porque ni ella ni Albert pusieron nombres en la canasta, así que se unía a la pena del cantante y aguantaba las risas, porque el mismo Ronald se burlaba cambiando las palabras.
- Ahora con ustedes, la única, la inigualable, la mejor ella es… ¡Candy!
Albert y Candy se vieron uno al otro, serios, se les había borrado la sonrisa que Ronald había dejado en sus rostros, ahora le tocaba a ella. Albert estaba más sorprendido cuando esta se levantó y caminó hacia el escenario.
- Bueno como dijo Ronald… tampoco sé cantar y menos si no me sé la canción… la gente se relajó al ver el cuerpazo de Candy, lo que cantará era lo de menos, ella portaba tacones pantaloncillo malla y blusita coqueta, así que con una sonrisa busco entre el público y vio a Paty escondiéndose, la vio levantando una ceja, con la mirada le dijo de cómo se las iba a cobrar, levantó el rostro y vio a su paciente, este ni se reía estaba sorprendido, la enfermera estaba guapísima…
La música se empezó a escuchar. Candy sonrió, al menos con eso soltó el aire pues era conocida la melodía, y como no, si ella todo el tiempo escuchaba música…
Tarzan and Jane were swingin' on a vine)
Candy man, candy man
(Sippin' from a bottle of vodka double wine)
Sweet, sugar, candy man
Hey, uh
I met him out for dinner on a Friday night
He really got me working up an appetite
He had tattoos up and down his arm
There's nothing more dangerous than a boy with charm
He's a one stop jive, makes my panties drop
He's a sweet talkin' sugar coated candy man
A sweet talkin' sugar coated candy man
Candy cantaba y se movía al ritmo de la música moviendo sus caderas y su cuerpo de manera sexy y coqueta sin separarse del micrófono, imitando un poco el baile de la artista y poniendo de su propia inspiración, su voz era seductora y su movimiento de labios y rostro provocaban detalles en quienes la veían, pero el baile fue lo mejor. Albert estaba sorprendido, su enfermera era buena para bailar, y vaya que lo hacía.
Los bailarines de la mesa de Archie, estaban de pie ella se movía con pasión y sabía cada movimiento perfectamente bien. Los aplausos acompañaban a la melodía y todos estaban fascinados complementando la pieza musical.
Candy notó que los hombres la observaban en espera de ser correspondidos, ella dirigió su camino quitando el micrófono realizó unos pasos… bailo y cantó frente a su compañero de mesa, así todos sabrían que no estaba sola, esto dejo impactado a Albert, con barba se veía mayor, pero al caminar Candy hacia él y ver la cara de los hombres de la mesa del frente, supo porque Candy lo hizo, este lo tomo como un halago, sonrió fascinado, era una lástima no poder bailar con ella, pues aunque no cantaba como la cantante, al menos si se sabía la canción, bailaba extra bien y su voz estaba causando estragos en varios caballeros.
Terminó de cantar se devolvió para dejar el micrófono, muchos gritaban
- ¡Otra! ¡Otra! El locutor sonriendo respondió
- Bueno si sale de nuevo el papelito aquí, ella tendrá que cantar, si no… tendrán que pedirle permiso a su novio…
La frase al final la hizo en son de burla para todos los que estaban pidiendo que cantara de nuevo.
Candy sonrió llegando a la mesa, Albert de inmediato se paro, movió su silla para que ella se sentara y el locutor lo vio esperando una respuesta, este movió el dedo diciendo no, de forma muy posesiva, que no daba permiso de que siguieran viendo a su novia.
Candy le dio las gracias. Y agregó
- La primera semana de re habilitación va gratis.
Albert soltó una carcajada, ella era genial.
La velada era magnifica, Paty estaba en la mesa de los bailarines, pero el chico con el que estaba no era de ellos, su nombre Stear, hermano de un bailarín, ellos iban a continuar la velada e invitaban a Paty, esta vio que Candy estaba bien acompañada, y se separó para hablar con ella.
- Candy me invitan a continuar la velada, ¿quieres las llaves de mi auto?
- No Paty, me iré en taxi hasta el hospital y tomo mi auto, que te diviertas.
- Gracias Candy, me das suerte amiga, el chico es lindo y me agrada, esta es la dirección a donde vamos y llevo mi teléfono.
- Estaré al pendiente.
- Veo que no te fue nada mal, ¿Te gustan mayorcitos?
- ¡Paty!
- Si, ya sé, nos vemos.
Candy no le quiso aclarar que se trataba de un paciente, esta se fue y Albert pagaba la cuenta de Candy sin decir nada.
- ¿Qué dice tu amiga? Pregunto Albert travieso al ver que lo observaban de lejos y Candy se había apenado. Candy respondió apretando los labios en señal de nerviosismo,
- Nada. Todo bien. ¿Vas a tomar un taxi?
- Tal vez. ¿Y tú?
-Si, voy al hospital de nuevo.
- Bueno, si deseas te acompaño hasta el hospital. ¿Me permites un momento?
- Por supuesto, adelante. Albert se retiró a los sanitarios y regresaba sin tardar mucho,
Archie vio a Candy sola, el no estaba con Annie, había tomado bastante y varios de sus amigos lo llevarían, al verla sola este se acercó pasado de copas, se fue a bromear con ella
- ¡Preciosa! Bailaste genial amor. Candy lo reconoció, era bastante atractivo, solo era por las copas que estaba coqueto con ella, así que no le respondía. - ¿quieres irte conmigo? Albert llegó por la espalda de Candy y este notó a Archie pasado de copas,
-Tranquilo, ella no está sola.
- Ah ¿quieres un baile seductor, preciosa? Dijo viendo que Albert estaba ahí, este recordó el baile seductor de Terry y Archie, si Albert ocupaba el lugar de Terry y Candy el de su pareja, este retaba al bailarín… Albert le respondió,
- ¿No creo que puedas bailar amigo?
- Por supuesto que sí, hizo un giro y cayó al suelo. Los amigos de él corrieron y vieron a Candy, ella asustada comentó, aguardando una sonrisa de pena,
- ¿Dice que quiere bailar? Giro y cayó. Uno de los amigos lo levantó y lo tomo de un brazo para colocarlo por su espalda y llevárselo, con amabilidad respondió
- Discúlpalo es un caballero, pero su novia termino con él.
- No se preocupe.
Albert salió con Candy y no pasaban taxis así que caminaron un poco, el no estaba en su casa, y se lamentaba no traer un auto para su enfermera, por fin un taxi pasaba y este alzaba la mano, se separó un poco de Candy y dos hombres pasaban tratando de acariciarla o de quitarle su bolso, esta se defendió, levantó una pierna y encajo su rodilla en el vientre del hombre que le acarició el brazo, el otro tomó la bolsa y Albert giro, dio un par de zancadas y puso un puño en el rostro del maleante, rescatando la bolsa de Candy, mientras que veía al otro caer frente a ella doblándose del rodillazo que le propinó.
Candy comentó retirándose de él,
- Si gusta vaya al hospital, aunque no creo que pueda justificar el golpe. Levantó su rostro, vio a Albert con su bolsa, ambos subieron al taxi. Llegaron al hospital, Albert se aseguraba de que llegará bien, esta le dijo
- ¿A dónde te llevo?
- Esta bastante retirado donde vivo.
- Ya son más de las tres de la mañana, si gustas, puedo proporcionarte una habitación para que pases la noche.
- ¿No está lejos?
- No lo creo, trabajo en este hospital, este es mi auto, y vengo todos los días, haré tus terapias, así que te veré a diario.
- No encontré un lugar cercano para rentar.
- Bueno, eso lo arreglaremos, en mi casa hay habitaciones, si deseas rentar una, estarías con tu re habilitación sin lastimarte con los largos trayectos.
- ¡Hecho! Pagare bien, con tal de que garantices mi recuperación.
- Pensé que dirías para aprovechar la semana gratis. Ambos sonrieron, Albert estaba todo doblado en el mini auto de Candy, nunca en su vida se había subido a un auto tan pequeño.
Al llegar a la casa, esta parecía un poco abandonada, con descuido y en la obscuridad daba una sensación de tétrica por no tener la pintura actualizada, ni la iluminación adecuada. Candy se apeno un poco al ver el rostro de su paciente escudriñando su hogar y bajaba la vista sacando las llaves, este comentó
- Es enorme y perfecta, ¿De verdad me puedes rentar una habitación? Esta mejor ubicada que el lugar donde me quede.
- ¡Grandioso! Entonces haría tus terapias antes de irme a trabajar y podrías descansar, eso puede incrementar la velocidad de tu recuperación.
- Gracias.
Candy suspiró, no le hizo ningún comentario por el abandono de su hogar, pasaban y la luz era muy tenue, le brindó una habitación cercana a la puerta y la sacudió un poco, estaba muy limpia, ella y su tía llevaban una limpieza espectacular, sabían que el polvo causa alergias y decididas a renovar el hogar de Candy, ambas habían dejado en condiciones habitables la casa.
Salió dejando a Albert sentado en la cama, pero con la puerta abierta, ella volvió y Albert sonreía por la confianza ganada de la enfermera, le prestaba un pijama, le proporcionaba cobertores gruesos y pantuflas grandes. Albert tomo las cosas asombrado preguntó
- Gracias, ¿Cómo es que tienes ropa de hombre? ¿Tienes algún hermano?
- Eran de mi Papá, las tenía guardadas, si necesitas ropa, tengo toda la de él, pero no sé si te quede. Albert se quedó serio, la enfermera había perdido a su padre, por eso estaba abandonada la casa, no había quien le ayudara a mantener en buenas condiciones su hogar, ahora él había ganado un lugar excelente y céntrico para desplazarse en Chicago.
- Muchas gracias, ya verás que no te arrepentirás de darme alojamiento, soy un caballero y un buen paciente.
- Lo sé, sabes, mi bolso trae mi sueldo, si me lo hubieran robado esta noche, no tendría con que surtir de nuevo la despensa y pasar estos días, te ganaste el hospedaje a pulso. Albert sonrió satisfecho. Ella se retiró a su habitación, no sin antes darle instrucciones y ubicaciones de los baños, la sala, la cocina y otros detalles. - Que pases buenas noches Albert. - Igualmente.
Candy se retiró con tranquilidad, estaba agotada, se dio un baño para quitarse el olor impregnado en su cabello, salió con un suspiro…agotada entro a su cama y quedo dormida de inmediato.
Por la mañana, Albert continuaba dormido y soñando, bailaba junto a su madre y su padre lo observaba, este tomaba a su madre de la cintura haciéndola girar ahora estaba muy alto y era algo especial, porque ella seguía joven, mientras él ya estaba mayor, las sonrisas y la felicidad que expresaba era único, no había tenido un sueño así jamás, suspiraba al ver a sus padres felices y sonrientes, terminó la pieza y despertó sonriendo, fue el mejor sueño de su vida.
Lo curioso es que ya estaba despierto y seguía escuchando música, se levantó en pijamas sin ponerse la bata que acostumbraba y no tenía en ese momento, sintió el dolor intenso del pie no vendado, y cómo pudo, camino hacia donde escuchaba la música… al llegar se recargo en la pared y vio por la puerta entre abierta a su enfermera vestida de ballet con zapatillas, sudaba bastante de haber bailado por horas y continuaba el baile que la melodía brindaba, ella lucía hermosa y sus ojos estaban distantes en otra parte de sus pensamientos, sin hacer mucho ruido, abrió un poco más la puerta y vio el salón con espejos en las paredes, con diseño antiguo y muy bello.
Candy se desplazaba en puntas con una facilidad de una profesional levantó una pierna por completo y realizó el giro dejando a Albert sorprendido, ella era bailarina profesional a parte de enfermera, por eso lo comprendía, por eso sabía tanto de baile…. Y no lo reconoció, la barba y el cabello largo definitivamente eran un buen disfraz.
La pieza termino, Candy hizo un suspiro sonriente, el final deseado lo estaba logrando al terminar agotada su premio estaba ahí, en su mente. Sentada en el piso se desató las zapatillas y camino con suavidad hasta donde tenía la música.
Albert pensaba que ya había terminado y lo vería sin poder evitarlo así que no se movió, definitivamente no podía correr. Pero Candy colocó una música distinta, no era ballet era una melodía romántica, sin calzado comenzó a desplazarse suavemente al son de la melodía cerró sus ojos y sentía la música recorriendo su cuerpo, suavemente dio rienda suelta a su imaginación, haciendo un baile inventado y realmente seductor ante los ojos de su espectador.
La música cambio un poco incrementando el tono de romántico a movimiento rápido y ella subió sus manos acariciando su tórax y su pecho elevando en un movimiento cautivante sus brazos, doblando su cintura como si de un ave tratara elevar el vuelo, dio un par de pasos y la música martillo la batería en señal de salto al aire, ella sonrió abriendo sus piernas y era ver volar a un ave, se vio en el espejo caía con gracia y bajaba sus brazos para continuar la melodía excitante de caricias perezosas del ave que limpiaba sus plumas.
En la puerta Albert soltaba sus labios literalmente al verla, era increíble, no era ballet pero algunos pasos si lo eran, estaba combinando varias cosas a la vez, ella se veía original y muy hermosa al hacerlo, pues sus cabellos estaban humedecidos ante el sudor del baile, su rostro pequeño y sus ojos grandes, su sonrisa eran el moño del regalo que estaba observando, sus pensamientos se autoanalizaban y se decía a sí mismo que hizo bien en la vida para encontrarse a una joven con tantas cualidades, bueno mínimo las que el necesitaba que tuviera, no solo era una bailarina sino una enfermera, en ese momento y gracias a su pie, el la había encontrado, con esos pasos y esa forma de bailar, América se había ganado su corazón.
Candy terminó la pieza y Albert aplaudió emocionado, ella levantó el rostro realizando una hermosa sonrisa, estaba en traje de baile, un poco viejo y relavado, pero no sentía pena con el espectador sorpresa que la felicitaba.
Ella hizo una caravana agradecida, su espectador la estaba haciendo feliz, nunca nadie le aplaudía desde… en ese momento se borró su sonrisa, recordando las veces que escuchó aplausos en ese salón, su padre era el único que había estado en ese lugar, aplaudiendo emocionado al ver a su pequeña, ella abrió sus ojos y vio la sonrisa y el rostro de Albert, sonrió por lo que estaba haciendo que recordara, el no lo sabía pero le estaba devolviendo la vida y su sueños a la realidad, como… un jovencito que amaba de manera platónica… si… como ese amor platónico que hizo que de sus sueños despertará para verlo a él… ahora su paciente estaba haciendo un enlace hermoso entre el recuerdo de su padre y de él en la puerta del salón.
Emocionada y evitando llorar, dio un par de pasos, se colocó unas zapatillas distintas cambio la melodía y salió un baile de música árabe, la cual dio un movimiento de caderas y de pecho tipo el baile hawaiano, con música oriental, el movimiento era preciso, delicado y único sorprendiendo a Albert quien tomó una silla para observarla detalladamente ya que sabía que él estaba viéndola y no la intimido en su manera de danzar, al contrario, parecía premiarlo por haberle aplaudido.
El baile mostraba un estilo de la danza de los siete velos por la música, el movimiento de la cintura para pasarlo en exclusividad a sus bustos al sonar los tamboriles y bajarlo a la cadera cuando cambiaba la música, haciendo del baile no solo movimientos seductores rítmicos, sino adecuados al sonido y a la melodía por completo, terminaba el baile y cubría la mitad de su rostro con la toalla pequeña que usaba para secar el sudor. Haciendo evidente que era estilo árabe. Ella le guiñaba un ojo al tener al espectador adecuado.
Albert sonrió efusivamente, cuando en su vida había amanecido con show matutino personal, esto era un extra que no podía pagar, la enfermera realmente pretendía curarlo y estaba mejorando la salud de su corazón estrujado por la soberbia compañera que lo lastimo, no solo dejándolo botado en un baile y cambiándolo por un compañero de buenas a primeras, sino lastimándolo casi permanentemente gracias a su Tía, que deseaba que no volviera a bailar, y esta enfermera estaba curando con creces ese desaliento, porque todo lo que ella bailaba, él ansiaba bailarlo a su lado.
Emocionado y en pijamas aplaudía con sonrisas el hermoso baile, viendo que Candy deseaba continuar, cambiando sus zapatillas por otras más altas, la música diferente por completo, era otra mujer la que estaba ahí… ahora bailaba salsa. Albert casi se come sus bigotes al cerrar la boca y abrir más sus ojos ante la sorpresa de su enfermera.
Candy bailaba con tacones girando su cintura en una forma de pasos que hacían el baile de salsa de un lado a otro con movimientos engarzados en sus brazos, los cuales movía a un ritmo que Albert gozaba en Sudamérica y que ella le estaba recordando a detalle. Termino quedando en una pose profesional y con sonrisas trataba de recuperar el aire agotada, por como cumplió sus tres horas y aun se dio tiempo para hacer una extra, con el motivador profesional que estaba aplaudiendo frente a ella.
