Zapatillas de Ballet

Por Mayra Exitosa

Capitulo 4

Mi pequeña

Candy contenta y comentó
- Gracias Albert… Me encanta el baile… - Candy jadeaba por el aire que aun no recuperaba y continuaba -por eso sabía cómo lastimaron al bailarín, sé que tu lesión no es de baile, y no conoces de este tipo de música tal vez, pero – hizo un silencio ajustando su boca y continuó -… mi padre era el único que…. Me aplaudía en este salón y… me hiciste recordar tantas cosas… quería que el supiera que ahora bailo mucho más y… cuando te sentí aplaudir… era como decirle a él que seguía escuchando la música de mi corazón y que no lo he decepcionado…

Albert por su parte no recordaba haber escuchado bien su nombre así que le llamaba de forma cariñosa,
- ¡Linda! bailas hermoso, eres única… son muchas melodías distintas para bailes diferentes, eres de verdad una profesional, si te dedicaras al baile, podrías ganar mucho más que siendo una enfermera…

- ¡Albert! Ella corrió y lo abrazó emocionada, definitivamente era lo que su padre le hubiera respondido, era su padre y ella lo escuchaba a través de esas palabras,- ahora sabía que hizo bien en darle hospedaje a su paciente, su padre la alentaba desde el cielo a través de él, aunque él no supiera porque ya no pudo continuar siendo una bailarina profesional, esa era la respuesta de su Papá, ya que su madre estaría orgullosa de la enfermera que era, pero su Padre, le dijo que la vería bailando en los teatros de alto renombre, para él su niña lo era todo.

Albert sorprendido al sentir como ella lo vino a abrazar hasta su silla, como lo comparaba con el padre perdido, era un hecho que tenía poco de haber fallecido que todavía lo sentía a ese modo, el cuerpo de ella doblándose para quedar a la altura donde lo colocaba la silla y recargando su cabeza en su hombro, lo hizo cerrar los ojos y recordar cuando niño, como la niña de los White, lo hacía sentir un hombre mayor siendo un niño… haciéndolo sentir pareja de ella, ahora al tener a su enfermera, sabiendo su lesión y que lo abrazara, no por ser el millonario bailarín profesional William Andrew, sino por ser el mismo, un hombre lesionado llamado Albert, que pagaría renta en su casa y que le estaba brindando espacios mágicos de cada detalle de su vida.

- ¡Preciosa! es en serio, bailas mejor que muchos profesionales…. Dime la verdad ¿Dónde aprendiste ballet?

- Albert… yo… deje de hacerlo cuando tenía diez años… solo bailo practicando en mi mente tres horas diarias para no perder la habilidad…no soy bailarina profesional…soy enfermera… el bailar es…
Candy se quedó pensando ya no dijo nada, Albert la vio, levantó su rostro de su mentón, vio a sus ojos brillantes como estaban poniéndose tristes de nuevo.

- Nada de ponerse triste señorita enfermera, usted es excelente y algún día bailará en Viena, en Rusia y porque no… en toda Europa…

Candy sonrió limpiando con sus manos su rostro, ese hombre bajo del cielo y su padre lo había mandado, la hizo sentir bien en el canta bar, la rescató de no perder su bolso y el único uniforme que le quedaba dentro de este, le aplaudía como su padre lo hacía en el marco de la puerta del salón, ahora escucharlo hablar de Europa como si fuera tan fácil… eso solo era su padre quien lo hacía, y Albert apareció exactamente cuando no quería ir a conocer personas junto a Paty, para no ser infiel al recuerdo de su amor platónico.

- Gracias Albert, creo que ya es hora de desayunar… me daré un baño para entrar a la cocina y prepararte algo, dame unos minutos.

Albert se quedo sonriente, ella no le dijo nada por estar en pijamas, tal vez siempre veía a sus pacientes en menos ropa, que le molestaría u ofendería que estuviera en pijamas sin la bata, se fue lentamente a su habitación escuchaba como su enfermera subía las escaleras, ya que le había dejado una habitación en el primer piso, vio hacia la puerta y ahora entraba la luz de la mañana, giro y vio un retrato que lo dejó helado. "Los White" su enfermera era la pequeña de los White… sintió un mareo al ver todo a su alrededor, estaba en la casa y con la pijama del Sr. White, su hija lo abrazaba recordándolo a él, vio al hombre sentado en el retrato con Candy en sus piernas y su esposa cariñosa a su lado abrazándolo con la sonrisa que Candy poseía ahora…

Colocó ambas manos en la mesita sentía que podía caerse, ella no lo reconocía, tenían años de no verse, ahora era una mujer, él estaba en la habitación cercana a la entrada, la casa estaba casi abandonada, ella regreso a su hogar a valerse por sí misma, como le decía quien era, como a pesar de que no contaba con la herencia de su Padre, ella seguía ahí… tenía que saberlo todo, porque no acudió a él… porque después del accidente de su Tía desapareció… porque…

Sin querer una sonrisa brotó, la había encontrado… por fin estaba con ella, la pequeña bailarina había bailado para él, sin saber quién era. Hizo una sonrisa y entró a su habitación para ducharse y poder verla de nuevo.

Paty despertaba feliz, el chico era todo un caballero y la trajo a casa, estuvieron unidos apoyando a su hermano porque bailo en New York y se olvido todo el tiempo de hacer una invitación a Annie para que pudiera ir a verlo, la emoción y el exceso de trabajo, hizo a un lado a su compañera bailarina que tanto lo apoyaba dejándola en Chicago, en espera de que él quisiera invitarla, pues ella pudo pagar el boleto y verlo en New York, pero por cortesía su novio estaría siendo protagonista, mínimo era obvio que llevaría un boleto de palco a su novia, y esto no fue así… Annie terminó con él en cuanto lo vio llegar y buscaba una nueva pareja de baile para las nacionales.
Stear le comentó que el trabaja en la Universidad de Chicago dando clases de ingeniería, mientras Paty era administradora del consorcio de su Padre, ella tenía todo el tiempo del mundo para salir y entrar a su trabajo como la hija del dueño, estaba en el canta bar por animar a una amiga a olvidar a un viejo amor y lo había logrado.

Timbraba el teléfono y Candy corría saliendo de la cocina a la entrada donde estaba el teléfono para contestar

- ¡Hallo! Paty que sorpresa, tu llamando por la mañana de un domingo… si muy bien gracias ¿Y tú?... qué bien, se ve que es un chico agradable, me alegro tanto por ti… Si es un chico bueno… no… no sé su edad, Paty vas muy rápido… sabes bien que yo estoy comprometida… bueno es un decir… mi vida no es tan fácil como la tuya Paty. Está bien… Cuídate.

Albert se quedo serio, con quien estaba comprometida Candy. Salió y se topo con ella dirigiéndose a la cocina.

- ¿Tienes hambre Albert?
- Si un poco, debo tomar medicamentos… Candy abrió enorme sus ojos, apenada giro y dijo en voz alta
- ¡Lo olvide! Ven vamos a tu habitación, hare un buen vendaje y en un momento tomas las pastillas. Candy lo sentó en el ribete de su cama tocó su pie se puso de rodillas en el suelo y dio un masaje que hizo suspirar a Albert, continuo moviendo el pie y el empeine tratando de no lastimarlo, continuando con los movimientos después de minutos, colocaba la venda y Albert se quedaba absorto, como si al colocarle la venda volviera a la vida.

- Definitivamente es curativo este vendaje. Y tus manos parecen…

Candy lo interrumpió, no daba pie a que la conquistaran ni la halagaran por compromiso,
- Vamos te ayudo levantarte, ya tengo el desayuno… Ven, lo abrazo de su cintura y lo acompaño al comedor, debía estar lastimado y lo llevaba con cuidado.
- Candy, escuche que esta comprometida, no quiero ocasionarte problemas si me ve tu novio aquí.

- ¡Albert! No es ese tipo de compromiso, es distinto…
- Entonces ¿no tienes novio?

- Novio… novio… lo que se dice novio… bueno es que… es difícil de explicarlo, pero apuesto lo que quieras a que no vendrá a golpearte jamás…

Ambos sonrieron, tenía un novio o no lo tenía eso es lo de menos, no iba a parecer ahí y no era inconveniente.

Desayunaba y Albert veía que los platos eran pequeños, la comida era abundante en frutas; pero no había carne ni nada de lo que él comía.

- ¿Eres vegetariana?
- No, el sueldo te puede convertir en vegetariana, Candy soltó una sonrisa juguetona y agregó -Recuerda que iba a comprar alimentos hoy, acabo de cobrar mi sueldo ayer y…. Albert se sintió incomodo el estaba acostumbrado a tener de todo y ella no había tenido nada, gracias a él.

- Iremos juntos, recuerda que voy a rentar aquí y no es justo que pagues todos los alimentos.
- Está bien, no me caerá mal rentar una habitación, al menos si me sobra un poco de efectivo puedo comprar otro uniforme, porque el que tengo temí perderlo anoche.
- ¿El hospital no te da los uniformes?
- Si pero… quede bajo contrato hace unos meses, pensé que me iría con mi Tía, y ella me dejo aquí…entonces ya no alcance uniformes como enfermera de planta, ahora solo dependo de los que tenía y el que mejor me queda estaba en mi bolso anoche, me cambie en el canta bar.

- Bueno, entonces ya no compres uniformes, compra leotardos para baile porque deberías bailar y tal vez ganarías mucho más.

- Gracias, pero es muy costosa esa carrera y muy sacrificada para mis ingresos.
- Esta casa es enorme, tus padres debieron dejarte algo…
- Mis padres… no dejaron nada aquí… lo dejaron todo en otro lugar. Candy dio un bocado para no ponerse triste.

- ¿Tú no eres alguien a quien dejaron aquí?

- Mis padres murieron en Europa, no sé si dejaron dinero o no, lo importante es que estoy en casa, está a mi nombre y… Candy dejo de comer…se levantó aspirando aire y salió por la puerta trasera, ya no pudo explicar nada. Albert dejo el desayuno y se fue tras ella…

- ¡Discúlpame! No era mi intensión. Candy estaba sentada en una banca en el patio trasero, Albert llegó hasta ella se sentó y la abrazó, ella comenzó a recordar todo lo que pasó y como se dieron las cosas, Albert lloraba al escucharla abrazándola…

-… Fue muy difícil perderlo todo, perdí a mi familia y a mi Tía Luisa, su amiga Verónica me protegió y uso sus recursos para que todo quedara a mi nombre… todo lo que mi Tía Luisa tenía también y con eso sobreviví… No sé porque te cuento todo esto, si ya es una historia vieja, pero… Candy soltó el llanto a grito abierto y lo último que dijo hizo llorar más a Albert - Ni siquiera pude despedirme de mis padres… no sé ni donde están… no sé donde quedaron…

Albert lloraba con ella, la abrazó muy fuerte al sentir el mismo dolor que hacía tanto el sufrió, la abrazaba y sus lagrimas caían en el cabello de Candy, al sentir el llanto de Albert, Candy se sorprendió se soltó de su abrazo y lo vio con sus ojos en llanto, esos ojos celestes brillantes que la enternecieron.

-Perdóname Albert, vayamos adentro, ya debió enfriarse la avena del desayuno, ven… sabes todo esto es porque volví a casa, estaba en otra parte, lo poco que la he arreglado ha sido de una nostalgia tras otra, todos son recuerdos, no llores, mis padres están en el cielo, ¿tu perdiste a alguien?
- Si.
- Ahora comprendo, y yo haciéndote recordar tus tristezas, eso no lo hace una buena enfermera, vamos, las penas con pan son menos…

Candy lo tomo de la mano, -el era distinto, sensible, había llorado con ella, que solidario era Albert, se unió a su pena y la comprendía, pensaba Candy.

- ¿Más jugo de naranja?
- Si, por favor, y… Candy tengo que comprar un auto, ¿por qué no cambiamos el tuyo Candy?….
- No es mío, es de mi Tía Vero.
- Bueno, entonces compro un auto y me convertiré en tu chofer.
- ¡Albert! ¿Puedes manejar sin usar tu pie?
- Un automático si… además… me curarás pronto.
- Está bien. Los autos son muy caros… pero si puedes pagar eso…
- Eh… si vendí mi auto y con ese dinero podré comprar otro. Y tu Tía Vero ¿es hermana de tu padre o de tu madre?
- No, ella es amiga de mi Tía Luisa, es quien me protegió cuando me quede sola, tenía miedo que me llevarán a una casa para niños sin padres.
- Ah, entonces ella te cuido. Y por eso le dices Tía.
- Si. Ella sacó del seguro de mi Tía Luisa todo para ponerlo a mi nombre, después la casa de mis padres, la rescató con mis datos, ella hizo maravillas, aun que mis padres no estaban… no me llevaron a un hogar, ni me adoptaron otras personas.

- ¿Tu Padre no tenía amigos o familia?
- Si… en Europa, pero es muy costoso viajar, algún día lo haré… iré a ver a mis padres y a…

Albert levantó el rostro esperando escucharla, pero ella se quedo sin decir nada.
- ¿A quien Candy?
- A otra persona… solo que desapareció hace poco, al parecer está deprimido… tiene todos los motivos para estarlo… perdió al amor de su vida… y no podrá bailar nunca…

- ¡Qué!
- Perdón, es solo que leí unos periódicos y me da tristeza la situación de otra persona…

Albert se quedo asombrado, como que perdió al amor de su vida, sabía eso de no bailar nunca, fue por su tía pero cual amor…

Candy salió con Albert en su mini auto, este fue a comprar un auto, al llegar a un lugar de autos lujosos, Candy se sintió asustada.

- Vamos Candy, no voy a comprar la fabrica, es solo un auto.
- Lo que pasa es que estos autos son muy caros Albert.
- Bueno el seguro va a pagar el auto que escoja, no pagaré nada.
- Albert… los impuestos, el mantenimiento, no sabes todos los gastos que trae un auto así.
- No te preocupes, todo lo pagara el seguro.
- ¿Fue en un accidente de auto donde te lastimaste el pie?
- ¡Eh! No, pero ven quiero que escojas nuestro auto.
- ¿Yo? ¿Nuestro?
- Bueno Candy, vas a rentarme parte de tu casa, y el auto va a estar en tu casa, es justo que sea nuestro ya que iremos en él a tu trabajo.

- Si lo dices así. Bueno vamos.

Candy pensaba el seguro lo pagaría todo, el auto seria de Albert, la llevaría al trabajo, el auto de su Tía Vero, estaría en casa cuando Albert se fuera y se llevará su auto.

La cara de Candy era de felicidad, estaba en una tienda de autos nuevos, ni a los doctores del hospital, los había visto llevar esa clase de autos tan lujosos. Albert sabía mucho de esos vehículos de alta tecnología, leía las especificaciones y preguntaba cosas de rendimiento y detalles que Candy no entendía mucho, lo cierto era que él lo mencionaba para que notará que el gasto de gasolina era menor en el auto y así no preocuparla por los ingresos o bien por el costo del auto que él como inquilino pudo costearse.

- Candy, que te parece si nos vamos en el auto nuevo y que lleven el de tu tía a la casa.
- ¿Se puede hacer eso?
- Creo que sí.
- Está bien, por mi encantada.

Candy no veía nada, pero el auto quedaba a su nombre, era pagado por la cuenta de William Albert Andrew, después pasaban al supermercado, Albert la tomaba de la mano, conduciéndola para ir de compras, ella surtía las cosas limitadas y él le decía que ahora eran dos personas, y que el comía mucho más, que sería bueno llevar extra, lo que la dejo sorprendida, fue la carne, el pescado y las aves que llevaban, Candy le explicaba la cantidad de proteínas que podían comer y el aceptaba, llevando más pescado y otras variedades.

Albert nunca había estado de compras en un súper mercado con alguien, siempre en su hogar había quien se encargara de todo, en ocasiones restaurantes o comida rápida, sin embargo verla con esa sonrisa y las limitantes en las que había crecido, conocer cómo comprar la fruta y la verdura, ver las fechas de caducidad de los cereales y de la leche, definitivamente podría acostumbrarse a eso, porque le resultaba agradable verla sonreír por todo lo que tenía que elaborar de platillos con él ahí, lo cierto es que ella sacó la parte del efectivo que le correspondía y el dijo,

- Espera es para la renta de la casa.
- No hemos acordado en eso
- Ya lo haremos.

Albert subía bolsas a la cajuela enorme del auto, Candy no recordaba una compra así en su vida, pues él había agregado algunos juegos de sabanas, cobijas y detalles para la casa, bajaron las cosas en casa y guardaos refrigerados, después se fueron por su equipaje, el auto iba a toda velocidad, Candy estaba un poco asustada y comentó

- Creo que debes manejar más despacio, el seguro no te cubrirá accidentes continuos.
- Tienes razón, solo que esta muy retirado del centro y no quiero que desperdicies todo tu día de descanso.
- ¿Lo haces por mi? Gracias.

Llegaron a un edificio con departamentos estaba fuera de la ciudad, Candy lo esperaba en el auto, no consideraba correcto entrar a su departamento y Albert notaba lo respetuosa que era, no conocía a mujeres así, siempre estaban cerca y no lo dejaban solo. Candy no era así, ella se daba su distancia, tal vez su novio estaba fuera de la ciudad y no era celoso, pensaba Albert.

Los días transcurrían en calma, parecían un par de hermanos que no se habían visto en varios años, por cómo se llevaban, o tal vez un primo lejano ahora que se hospedaba en casa, pues no era tan grande para ser su tío, pero eso a Tom le molestaba, no estaba dispuesto a soportar que un abusivo y manipulador estropeara los planes futuros que tenía con la enfermera.

-Buenas tardes. Tom saludaba con cierta molestia, Albert respondía cauteloso
- Buenas tardes, si busca a Candy ella no está.

- Lo busco a usted, quiero saber quién es, porque vive con mi chica, quien se cree usted para manipular las cualidades de amabilidad y venir a vivir con ella, ¿es por lastima? por tener su pie dañado, cree que no le he visto, como todos los días sale adolorido de su pie, para llevarla al hospital, no se haga el tonto, mi padre incremento sus incapacidades para acompañarla durante tres meses seguidos a su re habilitación, y no me voy a lastimar una pierna, para decir que no puedo irme a mi casa y me hospede en la casa de una señorita decente.

Albert estaba sorprendido, pensaba si ese era el novio de Candy, o solo un pretendiente dolido, y eso de que su padre incremento sus incapacidades era bastante creativo.

- Candy no nos ha presentado señor… Dijo en un tono de voz suave, sin inmutarse y con tranquilidad.
- Tom, Tom Stevens, entonces usted no es un manipulador… ¿Es algún familiar?
- ¿No se lo ha dicho Candy?
- Ella no ha hablado conmigo desde hace tiempo, disculpe entonces… ¿es su tío?… Dijo apenado Tom al pensar que el hombre no era un inválido sino un familiar de Candy. Mientras este daba por sentado que tampoco era el novio de su enfermera.

- Bueno Tom, quieres tomar un café y me cuentas de tu amistad con Candy.
- Por supuesto, regrese temprano de mi trabajo, no podía pensar que mi pequeña se atreviera a faltar así la memoria de sus padres, viviendo con un desconocido… ¿usted es familiar de su madre o de su padre?

- De los White, por supuesto.
- ¡Excelente! Tom sonrió satisfecho, mientras Albert calentaba agua para un café, el comentaba cuanto hacía que Candy había regresado, como la señora se había ido y dejándola sola, le pidió a su padre y a él que la cuidaran, se las había encargado a ambos.

- Tom ¿Quieres a Candy? Este bajo el rostro apenado, por supuesto que la quería, era una chica especial, pero ella no… al parecer tenía otro amor y eso por fin lo soltó

- Señor… ella está enamorada de alguien más, tal vez ni le corresponde o ni la quiere, porque jamás se ha visto por aquí, pero ella lo ama, no puede aceptarme porque su corazón está ocupado.

- ¿Sabes cómo se llama? ¿Dónde vive? ¿Quién es él?
- No, le pregunte a su tía si se había enamorado allá donde estuvo viviendo con ella, y me aseguro que no, que ese chico estaba antes o lo conoció en otra parte, pero volver a Chicago le devolvió la vitalidad y el corazón a Candy.

- Entonces es de aquí, ¿vive en Chicago?
- No lo sé, mi padre y yo vivíamos más allá de Lakewood, nos cambiamos aquí hace años, cuando la casa se veía más abandonada. Pero cuando ella llegó… es como si un sol nuevo estuviera aquí… ella y su tía hicieron la limpieza y ella lavaba los ventanales, desempolvaba todo, quisimos ayudarles, pero al parecer no alcanzaban a comprar pintura, así que todo fue de bajo presupuesto.

- Ya veo, conoces personas que puedan pintar y remodelar esta casa para volverla como estaba.
- Por supuesto, lo haría personalmente, pero ella no aceptaba nada que viniera con dinero mío, es muy orgullosa.
- Si, lo sé.

Albert sonreía, Candy no había aceptado más que lo apropiado y justo por la renta, pero reparar la casa y ponerla como la tenía su padre cuando era niña, era algo que deseaba hacer, ella lo merecía y tenía que hablar con George para ver el fidecomiso de Candy y sus bienes, así como parte de lo asociado con los Andrew.