Capitulo 5

Viaja conmigo

Candy llegaba del trabajo, esta vez no fue Albert por ella, puesto que Paty insistía en traerla, quería conocer al tipo que ya estaba rentando parte de la casa y que era también paciente.

- Vamos Paty sé buena con él, es una persona agradable.
- ¿Ah sí? porque trae barba y no sabes su apellido.
- Bueno hicimos el convenio de renta verbal, si se porta mal, llamo a la policía y se va.
- Candy, estás sola con él, quien te dice que de noche, no suba a tu habitación y…
- ¡Paty! Esta lastimado del pie, no puede subir las escaleras, además cierro mi puerta.
- Candy no nacimos ayer amiga, ¡pie lastimado! es un hombre y como tal…

En eso se abría la puerta, salían Tom y Albert sonriendo. Paty abrió los ojos al oírlos hablar

- Si Tom lo haremos mañana.
- Albert cuenta conmigo, soy todo tuyo.

Candy apretaba la boca al ver la cara de Paty, pero al menos Albert ahora contaba con la amistad del vecino.

- ¡Hola Tom! ¿Tú, en mi casa? Veo que ya conociste a Albert.
- Si Candy, por supuesto, -buenas noches, gusto en verte. Con permiso.

Tom salía emocionado, repararían la casa de Candy como regalo para su cumpleaños, su tío o familiar, la llevaría de fin de semana a ver a otros familiares y podrían hacer mejoras en la casa, el pagaría los gastos y le daría un adelanto en la mañana.

- Paty, el es Albert
- Hola Paty, mucho gusto.
- Patricia O´Brien.
- Adelante hay postre y pastel de zarzamora, café o té si desean. Cambio el tema tajante Albert al ver que Paty quería saber su nombre completo.

Candy escuchó zarzamora y abrió los ojos corriendo a la cocina. Albert trajo pastel y eso, no se lo perdería, ella había perdido muchos kilos por no tener alimentos suficientes, pero esta vez, un postre lo agradecía eternamente.

Paty vio a Albert con una ceja levantada escudriñándolo despiadadamente, al entrar vio como la casa estaba con detalles, muy limpia, al parecer la luz ya no era tenue ahora brillaba más, algo estaba haciendo en casa y lo que fuera era muy bueno, porque no le faltaba nada, al parecer su amiga ya tenía el refrigerador con alimentos y una alacena bastante surtida.

Albert agregó
- Candy, no comas mucho, hoy habrá pescado al vino blanco con verduras.
- ¿En serio? Que rico, ¿tú lo hiciste?
- Si del recetario que tienes en la cocina.
- Gracias Albert. Iré a cambiarme, Paty estás en tu casa. Candy subió y Paty con sutileza comentó
- Al menos parece haber olvidado al que tenía en su corazón… giro rápidamente y lo vio a los ojos preguntándole, -¿Qué intensiones tienes con Candy?

- ¿Perdón?
- No te hagas el ingenuo, vi como la miras y ella no se da cuenta pero yo sí, ahora bien… ¿Tus intensiones?
- Las más honorables. Candy me está ayudando, soy su amigo y ¿Quién es ese que está en su corazón?
Con cara de interrogación y de incomoda respondió.

- No lo sé, pero ella baila para él. Paty se sentó en el pequeño comedor de la cocina, preocupada contó a grandes rasgos de quien sospechaba. – Debe ser alguien que baila o se dedica a las contrataciones de ballet algo así, porque ella sabe mucho de baile, es su pasa tiempo y cuando se trata de chicos…. No salía para nada, le da el lugar a ese, pero creo que es casado… porque estaba comprometido hace tiempo, la vi llorar por él, no me quiso decir nada, ya sabes cuando Candy se empeña en no decir nada, no lo dice… pero si sabes quién es o lo averiguas, ¿me lo dirás?

- Por supuesto. Es casado. ¿Y aun así lo ama? Asombrado Albert respondía ante la confianza que Paty le brindaba contándole las cosas de la vida de Candy.

- No lo sé, es solo mi teoría, ella lo añora, lo idealizó y ella lo sabe, eso es malo… pero ya que te dejo entrar es porque eres respetuoso… por cierto, con Candy nada de nada, si sé que te pro pasas, traeré a mis amigos y te sacamos a golpes.

- ¡Paty!
- Perdón, pero por si acaso… ya sabes nada que ella no quiera. Albert… Candy ha tenido una vida muy difícil, no sabes por todo lo que ha tenido que pasar, no es justo que te ayude y después en agradecimiento… la dejes sufriendo.

- Eso jamás Paty, te doy mi palabra.
- He visto otras palabras dadas y sencillamente no lo creo, pero no me queda de otra que arriesgarme. Albert acercó el platito con pastel y preguntó

- ¿Pastel?
- ¿No habrá pescado para mí? Sonó suculento cuando lo mencionaste… Albert sonrió, lo bueno es que hizo suficiente y ella se prestó a preparar la mesa, mientras que Albert sacaba los platos y se los entregaba, para servir las verduras y el pescado.

Paty lo observaba, como acomodaba los cubiertos y estos eran los que Candy había escondido por ser de plata, traían las iniciales de sus apellidos, los platos que no quería usar Candy, ahora estaban en la mesa, los arreglos florales naturales en los rincones, el pasto recién cortado, la luz brillante, el pescado… definitivamente no venía a robar.

Albert sonreía al ver a Paty muy observadora, todo lo que le comentó le agradó, pero ya eran muchos los que hablaban del tipo ese que amaba Candy, ya que no era un novio, novio, lo que se dice novio, se la llevaría a Escocia a ver a sus padres, decirle la verdad, y conquistarla, si aun así… el semi novio sigue ahí, pues ni hablar.

La tarde paso a la cena, los tres se la pasaron contando detalles, del auto y del mini auto de la tía Vero, después el incidente del bar y como Albert la había ayudado en el rescate de su sueldo.
-Paty debiste oírlo "Bailaste genial amor". Imitaba Candy a Archie y hacia de borracho.- ¿quieres irte conmigo? ¿Un baile seductor?

Paty se botaba de la risa y Albert soltaba la carcajada, cuando imito el giro y al suelo.

- ¡Candy! ¿En serio quería bailar contigo? Hay Candy… ya no tiene novia, es Archivald Cornwall, el mejor bailarín de América, no me digas que no te agrada… ¿piénsalo? Te gusta el baile, le gustaste, hubiera sido genial. En ese momento a Albert se le borró la sonrisa y Paty sonreía discreta, pensaba " Ya se descubrió, le gusta Candy"

- Paty, Archie es una persona especial, muy buen bailarín, pero su corazón no está unido a la razón…

- ¿Perdón? Mira como dices eso Candy, es un chico joven, apuesto, y razonablemente - me hablas de razón, cuando no quieres conocer a nadie por ese…

- ¡Paty! Por favor, ni se te ocurra continuar. Albert soltaba la boca y abría los ojos, estaba defendiendo al novio ese, tenía razón Paty… estaba enamorada de otro y Tom también lo sabía. Este se aclaró la garganta y decidido entró en la conversación.

- Candy, ¿háblanos de tu novio, novio, lo que se dice novio?

- No Albert, nunca he tenido un novio, además mi vida sentimental es solo mía, no es justo preguntarme por alguien que no es tal.

- Pues ni hablar Paty, ya lo ha dicho todo Candy, no ha tenido novio. Albert hizo una sonrisa, y tomo la copa con elegancia dio un sorbo. Paty lo vio a los ojos. En su mente pensaba "Este ya cayo".

Candy bajaba el rostro contenta por la respuesta de Albert, era cierto, no era su novio, era mucho más que eso, era ese deseo de volverlo a ver, esa idea de bailar con él de nuevo, de tocar su mano, esa sonrisa hermosa, pelear algún día por ganar un lugar en su corazón, volverlo a ver. Candy levantó el rostro y se topo con los ojos de Albert.

Este sonrió, ella dijo que nunca ha tenido novio, esa teoría de Paty, era totalmente errónea, y Tom… estaba igual o peor, mejor que creyera que si tiene novio.

Albert las invitaba a pasear, pues su trabajo lo llevaba cerca de la bahía, invitaba a Paty y al chico que conoció, pasarían un fin de semana agradable, como su trabajo podía pagar el hotel, les darían habitaciones para los cuatro.

- ¿En serio Albert? Preguntaba Candy asombrada,
- Si Candy, hay algo más que me dan, como voy a estar viajando, necesito contratar una enfermera, y en eso por estar de viaje puedes ganar más.

Candy asombrada solo dijo,
- ¡Albert!
Paty estaba emocionada, la estaban incluyendo a ella y hasta podía invitar al profesor. Ella feliz acepto de inmediato.
-Por supuesto que sí. Candy iremos. No perdemos nada, nunca aceptas salir de viaje, ni pasear, es más ¿Has tenido vacaciones? No. Y esto es por trabajo, el contrato se acaba en dos días y renovarías de nuevo, tomate un tiempo… revisa tu sueldo actual.

Candy estaba seria bajo su rostro, enseguida lo levantó vio a Albert,

- Albert, ¿podré tener mis tres horas? … Albert asintió, sabía a lo que se refería, pero Paty se quedo seria, vio a Albert y este si sabía. Candy agregó - Y daremos la terapia tres veces al día.

- ¡Tres! Asombrado Albert al incrementar las terapias.

- Me estas contratando y debo dar buenos resultados, lo mejor es tomar más en serio tu recuperación, no creo que quieran contratarme por tiempo completo.

- Ya lo veremos, por lo pronto estarás como enfermera particular.
- Está bien, me parece buena idea, pero nada de gastos extras que no me pueda costear.
- Muy bien. Albert sonrió y Paty esbozo una amplia sonrisa, tenía que hablar con Stear, con su padre y salir el fin de semana.

Por la noche estaba inquieto, no podía dormir, por fin se llevaría a Candy y el tenía que decirle la verdad, vio hacia una esquina de la habitación de la entrada y había un agujero de cables, los siguió y estaba una cámara de vigilancia, esto le causo intriga y continuo hasta el cuarto de seguridad de la casa, había una puerta y la abrió, sobres empolvado, y uno de ellos con su nombre " William Albert Andrew" Este abrió en silencio y había casetes de VHS guardados ahí, los fue colocando y por fin descubrió que era lo que Candy sabía…

Salió molesto, hizo un paquete especial en una caja de cartón, metió todos los casetes y los encintó, preparo todo para llevárselos, tenía una idea y eso lo hacía ajustar las quijadas con enfado.

Días después Candy estaba muy nerviosa, sentía algo en su hogar al alejarse de nuevo, se sentaba en el piso del salón de baile, recargada en los espejos, se vio a sí misma recordando tiempo atrás.

" Candy, estarás sola, pero mi corazón se queda contigo, recuerda todo lo que pasamos juntas, mi rostro puede ser buscado, pero mi nombre jamás, soy Tía Eloísa para los que vinieron aquella ocasión… Has cambiado mucho, sabes defenderte, en cambio yo, puedo ir a la cárcel ¡Te robe Candy! ¡Te robe mi amor! todos estos años a mi lado se los robe a él. Te juro que lo hice por ese hombre que vino por ti…

-Tía lo escuche todo, lo recuerdo bien, ellos decían que mi papá había perdido todo, que la casa ya no era mía, no era verdad, estaba a nombre de mi mamá y en su falta quedaba a mí nombre. Tía hablaré con William, le diré que fue por mi bien, le diré que me cuidaste, que me protegiste, que me amaste como una madre…

-Candy, tenías solo diez años mi amor, tome decisiones muy fuertes, me hice pasar por Luisa, tome todo y lo coloque a tu nombre, eso lo debía hacer William, no yo.

- El no sabe como pasaron las cosas… yo jamás pude olvidarlo… ¡jamás!
- Candy, si vez de nuevo a esos hombres, dile a William lo que iban a hacer, ¡prométemelo!
- Te lo prometo. Le diré lo que dijeron de mi padre, como quisieron ensuciar su nombre, como querían tu firma para los documentos por ser mi supuesta tutora, mi Tía Eloísa murió cuando era una bebe. Ellos querían eliminarme, les estorbaba.

- ¿Te acuerdas de ellos Candy?
- Si. Uno se llamaba Eliot y el otro Brian
- Si los vuelves a ver, dales un punta pié aquí, por mi.
- Seguro que sí. Verónica sonreía, le explicaba quien era Candy White, porque ahora sabía que su tutor legal había sido William Andrew, le levantaba la autoestima diciéndole él porque de las cosas.

Candy abrazaba a la mujer que había robado a Candy por varios años, mientras ella explicaba una vez más como se la llevó, como salió del país y como ahora la volvía a traer, tenía que dejarla, apenas volvió a Chicago, a Candy se le iluminó el rostro, no podía seguirla ocultando, si esos hombres ya no estaban, era porque la creían muerta. Ahora que ya era una mujer, no podrían con ella.

- Candy eres administrada, lista, con una memoria brillante, no olvidas nada, direcciones de varios países, idiomas en español y portugués. Sin haberte enviado a colegios elegantes, siempre mantuviste tu porte de dama, tus formas de caminar, de tratar a los demás con desinterés. Candy lloraba mojando su hombro, ahora su Tía le llegaba a su nariz.

- Tía te quiero mucho. Entonces… ¿ya no me llamarás?
- No. Pero el día que te cases… pones un anuncio en el periódico y vendré a verte.
- ¡Tía! Candy la abrazaba llorando."

Albert ya había subido el equipaje, le dio el dinero a Tom, le dejaba una copia de la llave y le decía que no confiará en nadie las pertenencias de la familia White. Se daban la mano y este buscó a Candy por toda la casa, luego sonrió, debía estar en el salón.

Al entrar y verla llorando en el piso, corrió con ella
- ¿Te lastimaste? ¿Te caíste? ¿Dónde te duele?
- No Albert, solo estaba pensando en mis cosas.
- ¿Tus cosas? Cerraremos bien la casa.

Candy soltó una sonrisa. Albert le dio ambas manos para ponerla de pie, ella lo abrazó de su cintura, este aprovecho para oler su cabello, estrecharla junto a él. - ¿Qué cosas?
- Recordaba porque me tuve que ocultar.
- ¿Por qué te ocultaste? ¿Hiciste algo malo?
- Escuchar. Albert, mi familia era importante, mi padre… no murió en un vuelo. Murió en un avión saboteado para que muriera. Albert abrió los ojos, como sabía eso…

- ¿Cómo supiste eso? ¿Algún periódico?
- Enviaron por mí para ir a despedir a mis padres, pero mi Tía dijo que me había llevado mi abuelo, ni siquiera tenía abuelo… me oculte bajo las escaleras y escuche todo… Candy tomo aire, pensó que no debía involucrar a nadie más, lo mejor era ya no hablar.

- ¿Escuchaste todo?
- Es algo que… solo debo decírselo a alguien más…
- ¿Alguien más? ¿A quién?
- Albert, a veces es mejor no saber nada. Candy hizo una sonrisa tierna y Albert la abrazó por su espalda, pensando que sabía Candy que él debía saber.

Alistear llegaba en otro auto lo estacionaban en la casa, dejando la llave en la misma, subía en el auto de Albert, donde Paty y Candy se iban atrás mientras ellos conversaban de que música elegir.

Por la noche llegaban al hotel, Albert ponía todo a nombre de George su administrador, así si veían el estado de cuenta el sabría donde estaba.

Asignaron habitaciones individuales y Paty se iba a ver a Candy a la suya.

- ¿Y bien Candy? ¿Te gusta?
- Pensé que ibas a hablarme del hotel, Paty… es mi paciente, voy a ganar más y reuniré dinero para ir a Europa.
- ¿Te irás?
- Tengo que hacerlo, si no lo hago me arrepentiré toda la vida de no haberlo intentado.
- Solo para ver donde descansan tus padres.
- Si Paty, solo para eso.
- Tienes razón, pero que sea hasta después de fin de año, debo estar libre para acompañarte.
- Ya veremos Paty.

Sonaba la puerta, Albert y Alister en la puerta sonrientes con la invitación de la cena.

Stear contaba detalles de la ingeniería y como los universitarios estaban llenos de ideas brillantes, Paty insistía en porque no explotarse a sí mismo y hacer su propia empresa, el no respondió se quedo pensativo, Albert lo vio esperando una respuesta y este por fin con una hermosa sonrisa vio a Paty y le tomó la mano…

-Es que antes no tenía por quien hacerlo.

Candy sonrojada con una sonrisa nerviosa, mientras veía a Paty quien por primera vez se quedo sin palabras.

Los cuatro caminaban por la bahía y tomaban sus zapatos en una mano, Stear y Paty se quedaron atrás, mientras Candy y Albert continuaron caminando un rato más.

-Albert, no te da calor traer barba en la playa, te noto un poco irritada la piel.

Albert sonrió discretamente pensaba, y si sabes que soy William, ¿Me tratarías con tanta familiaridad? ¿O me reclamarías?

- Candy, mientras llegábamos me enviaron un mensaje tengo que ir a una empresa que está en Irlanda o Escocia…

- ¡Escocia!
- ¿Si? ¿Pensaba proponerte ir? Para que aprovecharás y buscaras donde están tus Padres ¿Están en Escocia?
- No lo sé, al parecer fue muy privado, y… ellos murieron en Inglaterra.
- Pues… a mi me mandan pronto… y ¿No me has dado de alta? Candy sonrió tiernamente, se aceró a él se paró de frente, lo vio a los ojos y respondió

- Dile a tu empresa que no me pague nada… pero ayúdame a llegar a… Candy se quedo sin mencionar nada, con la luna que se reflejaba en los ojos de él se quedó sin palabras…

- ¿A Escocia?
- Eh, si.
- ¿Quieres incluir a Paty y a su novio?
- Paty no puede hasta fin de año. Y por las clases Stear tampoco.
- No te molesta irte sola conmigo.
- Porque habría de molestarme, vives en mi casa y somos compañeros de guerra.
- ¿De guerra?
- Tu estas herido… yo soy tu enfermera.

Albert sonrió juguetonamente, tomo las manos de Candy y puso ambas en su pecho. Candy sonrió con ternura seguía el reflejo de la luna en los ojos de Albert, perdiéndose en ellos. Mientras Albert sentía alivio porque no quitó sus manos de su pecho.