Tan pronto yo te vi
No pude descubrir
El amor a primera vista no funciona en mí
Después de amarte comprendí
Que no estaría tan mal
Robar tu otra mitad
No me importó si arruinaríamos nuestra amistad
No me importó, ya que más da

PERFECTA PARA MÍ

CAPITULO # 4

Por. Tatita Andrew.

Tom y su hermano más pequeño Jimmy gustaban de pasear muy lejos ya sea, cazando algún animal, conejo o roedor, o solo por la aventura de lo desconocido habían caminado a las afueras de la ciudad cuando divisaron dos cuerpos tendidos en el piso bañados de sangre.

Jimmy que era muy tímido quiso retroceder, pero Tom ya era casi un hombre con sus 17 años y como hermano mayor, le gustaba la aventura tomo un palo y se acercó para comprobar que se trataba de dos mujeres jóvenes.

-No lo hagas Tom gritaba su hermano.

El miedo lo invadió y la nostalgia al pensar como habían terminado dos mujeres hermosas en aquella tragedia, acercó el palo y empezó a mover a la primera la cual por más pinchazos que le dio no reaccionaba, por lo que supuso que estaba muerta.

Con temor se acercó al siguiente cuerpo inerte esperando encontrarse con la misma escena, era una mujer demasiado hermosa para tremenda suerte, él que empezaba a gustarle las mujeres pensó que aquella sería la mujer ideal, hace poco se sentía tentado por una chica del pueblo pero ella era demasiado hermosa para fijarse en él y lo molestaba que era demasiado chico.

Casi se dio por rendido cuando un quejido salió de sus labios y supo que estaba viva.

Para su pesar claramente pudo reconocer a una de ellas, y supo que era del pueblo.

-Jimmy corre a buscar a mamá, y dile que venga con varias personas. Busca ayuda por favor.

Se quedo tratando de ayudar a aquella muchacha, no abría los ojos pero se quejaba fuertemente y hablaba incoherencias hasta que dejo de hablar, solo rogaba que no fuera tarde cuando la ayuda llegará.

Su cabeza la sentía como si una loza le hubiera caído encima, deseaba abrir los ojos, escuchaba voces que jamás había oído, pero su cuerpo no respondía, quería gritar diciendo que estaba viva, pero nuevamente se perdía en el mundo de la obscuridad.

No sabía cuanto tiempo había pasado, escuchaba gritos desgarradores, y luego nuevamente la obscuridad.

Lentamente abría los ojos y vio a una mujer de mediana edad con lentes quien tenía un trapo con agua y le estaba limpiando la cabeza.

-¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?

-Todos me llamaban señorita Ponny. Estas en Lakewood. ¿Acaso no recuerdas como llegaste aquí?

Trataba de recordar algo, pero su mente era como un pizarrón en blanco, el cual no había ninguna información.

Negó con la cabeza.

-Pobre muchacha el golpe debe haber sido muy fuerte, por un momento pensamos que te morías igual que la esposa del Sr. Albert.

-¿Sabes tu nombre?

Volvió a negar con la cabeza.

-Te llamas Candy, y viniste en busca de tu hermana.

Ni el nombre le resultaba familiar.

-¿Qué le paso? Aunque no recordaba nada, no quería pensar en que su hermana estaba muerta.

-Nadie sabe, esperábamos que cuando despertarás nos darías información de quien las ataco y porque.

De pronto la cabeza empezó a dolerle nuevamente y la señorita Ponny dijo que no esforzará mejor descansará.

Todos los días, tenía visita, cada uno de los hijos de la señorita Ponny incluyendo Tom, tenían curiosidad por la chica nueva, y le iban a alegrar el día, a veces escuchaba la voz de alguien que gritaba, un hombre, pero por el modo que hablaba Candy no quería cruzarse en el camino de aquel individuo.

Cuando empezó a sentirse mejor y en vista de que ese día no había tenido la visita de nadie, procuro levantarse, llevaba una bata transparente que ni siquiera sabía de donde había salido, empezó a caminar por la pequeña casa, esperando que algún recuerdo llegará a su mente pero nada era inútil. Los muebles, la chimenea, la pequeña mesa.

Se quedo mirando por la ventana, de algo estaba segura, es que ella jamás había estado allí, en esa casa.

Su vida había dando un giro de 360 grados en pocos días, se sentía amargado y molesto con todo el mundo, porque tenía que morir, una muchacha tan joven, porque la había traído con él para morir de aquella forma tan horrible y haber estado para ayudarla.

Y al mirar a aquella mujer en su casa, en su ventana, vestida de aquella forma la odio en ese mismo instante, con solo verla, se notaba que clase de mujer era, una chica decente, jamás andaría desnuda por una casa que no era la suya, se notaba claramente los pezones a través de la bata de seda, oscuros y firmes, y su silueta muy bien formada, su cabello rubio cayendo despeinados por su espalda, no quería sentir lo que estaba sintiendo en aquel momento, después de todo su esposa la había enterrado dos semanas atrás, pero su dura erección no lo engañaba, y la odio aún más, quería respuestas, tal vez era una prostituta de paso, o una mujer huyendo de su marido, porque otra razón viajaría sola sin compañía y sin carruaje, o vestimenta alguna.

Era capaz de torcerle el cuello hasta que hablara, la miraba intensamente esa mujer llamaba el pecado, pero por el alma de Annie que se desharía de ella antes de caer en la tentación, porque no murió ella en lugar de su esposa.

Candy a pesar de estar de espaldas, sintió la mirada profunda e intensa de alguien se giro y se encontró con un hombre rubio, sus ojos como azules ardían en llamas, su barba de varios días lo hacían parecer mayor, por un momento sintió miedo, pero se dio cuenta que entre más enojado el la miraba, más tranquila se sentía ella, no entendía porque. Sin sentir vergüenza lo miro directo a los ojos y le dijo.

-Créame que lo pedí.

-¿Qué?

-Morir en lugar de ella, aunque no recuerdo nada de mi pasado, me viene a la mente que le rogué a Dios, que me llevará, no se porque razón su esposa murió y yo no, pero no puedo hacer nada para cambiarlo.

Albert se sintió muy molesto al comprobar que ella le había leído la mente. Y la forma en que le había respondido.

-La quiero fuera de mi casa grito.

-Créame que no me gusta la idea de darle molestias tampoco.

-Como se atreve, hablarme así en mi casa fuera.

-Ella no se va a ningún lado.

Se escucho la voz serena de la señorita Ponny.

-En primer lugar, no entiendo porque la ha traído a mi casa.

-Usted sabe que tengo 17 hijos. ¿en donde quería que la llevará? ¿Además es como si fuera de su familia?

-Yo no tengo nada que ver con una mujer así.

-Pero su esposa, sí, era su hermana ella me lo conto antes de ir a buscarla, se que se llama Candy y ahora es su responsabilidad, aún más cuando ha perdido la memoria.

En ese momento entraba Sara Leagan junto a su esposo quien había sido elegido como Presidente comunal.

-Esto no se puede permitir un hombre y una mujer viviendo solos sin estar casados, que horror decía la estirada de su mujer.

Como odiaba aquella bruja pensaba Ponny.

-¿Y donde la piensa llevar a su casa?

-Por supuesto que no.

-Lo suponía, dijo con desdén. Debido que no la podemos echar sin memoria, y como era familia de la mujer del Sr. Albert el tendrá que hacerse cargo. Hable Sr. Leagan como Presidente que opina.

-Creo que es lo mejor, hasta saber de done viene la muchacha.

La mujer le lanzó una mirada asesina.

Albert se dio cuenta que hasta el viejo Leagan que era muy serio no podía quitar la mirada de aquella mujerzuela, que a pesar de tantas personas no hacía nada para cubrirse.

-No la quiero conmigo. Es basura salida de quien sabe donde.

-Deberían preguntarme primero si me quiero quedar, hablo Candy con orgullo y mirando a todos, y no quiero vivir, con semejante hombre, recogeré mis cosas y me marcharé de aquí.

Paso entre la multitud sin mirar atrás.

-Ya vio lo que hizo, dijo Ponny si le pasa algo a esa chica lo responsabilizaré directamente a usted.

Albert no quería cargar con otra muerte sobres sus hombros.

-Si no queda de otra, la dejaré quedarse solo mientras recupere la memoria, después se podrá ir.

Ponny asintió satisfecha.

-Ahora vaya y hablé con ella.

-Yo…

-Sí, usted, hirió sus sentimientos y dudo que si voy yo, desee quedarse.

-Que quede claro, que no estoy de acuerdo con esta idea absurda dijo Sara Leagan , antes de irse, y los tendré muy vigilados, en donde vea algo que atente a la moral y buenas costumbres del pueblo se van los dos.

El Sr. Leagan suspiro aliviado, no le gustaba las riñas y ni siquiera sabía porque lo habían elegido como Presidente.

Albert molesto se fue en busca de aquella bruja de ojos verdes, para pedirle que se quede, cuando desde el fondo de su corazón quería hacer todo lo contrario.

CONTINUARÁ..

Actualizando me dejan comentarios y sugerencias.