Fic
Los chicos de Candy
Por Mayra Exitosa
Capítulo XIII
El héroe
En New York,
Fastidiado y bastante molesto estaba otra vez ahí en el hospital Joseph el representante de Terry, pues nuevamente la mujer llamando la atención. Aburrido esperaba a ver el dictamen de Susana, quien ya había estado cada semana en el hospital, vio salir a Terry y a su madre de la habitación y este se puso de pie, con cautela entraba a la habitación de la actriz.
- ¿Y bien Susana? Si le sigues quitando el tiempo a Grandchester, lo único que harás es dejarlo fuera de todas las oportunidades de grabar películas, llevas estos últimos meses fastidiándolo todo…
- Ya basta Joseph, mi suegra se quedará conmigo, el se irá
- Vaya una buena noticia, por fin, haber como le haces ahora que nazca tu mostrito ese, sobre todo porque escuché a Eleonor que como abuela tiene derecho a evaluar a su nieto, le hará un estudio de paternidad, querida.
En ese momento sonrió triunfal, la cara de espanto que hizo Susana fue suficiente para saber que ese bebe no era de Terry, se había metido con medio Hollywood, se salió al ver como se ponía pálida, no quería ver a Terry regañándolo por haberle avisado, se fue discretamente hacia la máquina de refrescos, vio volver a Terry entraba y salía gritando a las enfermeras. Volvía a entrar y Susana le llamaba
- Terry, perdóname, mi bebe… no es tuyo… no sé quién es el padre. Con miedo lloraba pidiendo perdón y con un suspiro imploraba -por favor, no lo abandones, te lo suplico, no lo abandones. El desmallo altero más a Terry, el bebe no era suyo, pero no importaba, la vida de una mujer estaba en peligro, vio como todas las enfermeras corrían de un lado a otro llevándose a Susana al quirófano, ahí le practicaron la cesárea, estaba muy mal, su corazón ya casi no latía. El llanto de un bebe, fue la esperanza que hizo que el color volviera a Terry, al menos ya había terminado la agonía, pero al ver salir al doctor con la cabeza y la mirada baja, le dio la noticia, que la bebita había nacido, pero que la madre no resistió la cirugía, su corazón estaba muy mal, la pequeña fue llevada a las incubadoras, ahí Terry fue pasado con varios médicos y este hablo con uno en particular.
- Sí, sabía que mi madre lo había solicitado, solo quiero que le diga que ya me hice las pruebas y que es mía, no voy a permitir que la niña sufra ningún tipo de invasión, su madre dijo ante ustedes que yo soy el padre y eso es suficiente, la pequeña es mi hija, no hay más que hacer, la madre murió, no tiene familia, mi niña… solo me tiene a mí.
- Como usted lo disponga señor, esto se manejara a discreción, queda entre usted y yo, nadie más tendrá acceso a la pequeña.
- Gracias doctor Coleman.
Terry dio órdenes, de incinerar el cuerpo de Susana a petición de la actriz y ser llevados sus restos a Florida. Desde un barco fueron arrojadas sus cenizas en un cuadrante especifico, la prensa se enteraba que la actriz Susana Marlow, dejaba una hija al actor Terrance Grandchester, quien continuaba siendo vigilada en un sanatorio por ser prematura y tener un pequeño soplo en el corazón.
- Hijo, me haré cargo de mi nieta, mi amor, déjala en mis manos.
- Madre, no estoy de humor para ver quien se hace cargo de ella, soy el padre y estará por lo pronto conmigo, hasta que se encuentre sana, cuando sea dada de alta, te harás cargo si lo deseas de su educación, no quiero estar en los sets de momento, mi hermana también necesita de ti, la pequeña tiene todo un escuadrón de médicos, en cuanto tengamos algo, te llamaré… dile a Joseph, que es tu decisión, no la mía, que de momento no lo necesito aquí.
- Hijo, no me gusta verte deprimido…
- No lo estoy, sabes bien que no he tomado vacaciones en años, mi hija estará con los médicos, me iré de viaje, estaré en Grecia, solo un mes, volveré por la niña y te la llevare después.
- Perfecto hijo, tus ordenes, serán las mías.
Eleonor salía del departamento de Terry, llevándose a un enfadado y molesto Joseph. Quien con celular en mano cancelaba las entrevistas del actor, hasta nuevo aviso.
Tifany Grandchester, veía como su madre salía, entraba al departamento y hablaba con su hermano.
- Terry, ya estoy lista. Entonces me haré cargo de mi sobrina personalmente. Hable con el cardiólogo, me asegura que deberá crecer un poco más para poder intervenirla… en estos momentos ya fue controlado con medicamento y el tratamiento la mantendrá bien. En cuanto sea operable, buscaremos la solución para ella. Una Grandchester no se rinde y esa pequeña es muy fuerte. Tiene los ojos avellana, no heredo tus ojos hermanito.
Terry sonrió abrazando a su hermana, ella siempre sería la mejor cómplice de su vida.
Cerca del lago en Lakewood, Tom jugaba con el primo de Candy.
- Vamos Albert. Si te quitaras esa barba, conquistarías a todas las chicas del pueblo.
- Tú no tienes barba, ¿Por qué no has conquistado a tu chica?
- Tenía la esperanza de que tu prima, me hiciera caso. Pero con eso de que está casada y ahora con niños…
- Vamos Tom, vi que la maestra del pueblo no te quita la vista, ya no la hagas sufrir. Sonreía Albert lanzando la carnada para pescar.
- Crees que debería darme una oportunidad con ella.
- Es bonita, no sé porque te aferras a un imposible.
- No viviste todo lo que yo, con Candy.
- ¿Candy?
- Si, tu prima, siempre fue el reto a vencer, tenía más cerebro que todo el pueblo completo, ver su vientre abultado… y que no fueran míos…
Albert giro al ver como ya había tomado demasiado Tom, lo mejor era que lo llevara a la casa, no iba a manejar en ese estado. Con que se enamoró de mi prima eh. Con una sonrisa chueca Albert movía la cabeza, sacando las cosas para regresar a la casa y ayudar a Tom, así llevarlo a la suya. Su padre se angustiaría pensándolo mal, lo mejor era dejarlo en horario prudente.
El padre de Tom sonriente le ofrecía su camioneta, para que se regresara en ella, no era justo que Albert se devolviera a esas horas caminando,
- Llévatela hijo, mañana Tom me la traerá, ya es tarde.
- Gracias señor Stevens.
Albert manejaba la camioneta, a lo lejos vio humo en la cima de las colinas, manejo hacia ese rumbo y lo que encontró lo dejaba impactado, se escuchaban llantos de niños y gritos frustrados, buscaba tras el asiento de la camioneta, sacando un hacha, en una pila se sentaba y se mojaba por completo, luego rompía las puertas y entraba a la casa de madera antigua, corriendo sacando a una mujer en el suelo y varios niños lo seguían, este los alejaba y volvía a entrar, para esta vez, sacar a otra mujer en el cuarto de los recién nacidos, apenas la dejo corría porque quedaban muchos niños dentro, los escuchaba llorar angustiados.
- ¡Aquí! ¡Aquí! ¡Ayuda!
Albert subió a dos pequeños en su espalda y se trajo en una cuna a tres de los recién nacidos, casi de rodillas para no respirar el humo negro que se producía con el fuego.
Entraba de nuevo rompiendo otra puerta, esta vez, había niños en el suelo, el humo se ponía más denso, a base de señas y a gatas, todos se fueron detrás del para seguirlo.
Llegaban los bomberos, apagaban el incendio, no había heridos, Lakewood tenía un nuevo héroe, uno muy especial, porque después de haber salvado a todos, no quiso ser entrevistado y nadie lo encontraba, las señoras encargadas del hogar, protegían la identidad del joven que les había salvado de manera desinteresada y heroica.
Los periódicos del suceso llegaban a la mansión más bella de Lakewood, Elroy los leía admirada, había más de treinta niños y solo un hombre los había sacado. Con una media sonrisa, dio órdenes vía telefónica, y mando a un constructor para realizar todos los arreglos y reconstruir el orfelinato con todos los costos cubiertos por ella.
En las orillas de lo que fue el incendio una mujer con los pequeños en tiendas de campaña improvisadas, sonreía por ver lo casi insalvable, una caja con fotografías, era abrazada por la hermana que atendía ese lugar, al menos sus niños se encontraban completamente bien.
- Eso es todo lo que quedo, hermana.
- Lo más importante es la vida de los niños, gracias a la publicidad, han venido nuevos benefactores y muchos de nuestros pequeños han sido adoptados.
- Realmente me alegra que nadie haya salido herido, hermana. Ese hombre que salvo a todos es mejor que todo el escuadrón de bomberos, si sabe algo de él, le darán la llave de Lakewood, el alcalde está muy emocionado, también le mandaran enfermeras y nutriólogas para apoyar al orfelinato.
- No hay mal que por bien no venga. Nuestro Ángel, no solo nos salvo la vida, sino que nos trajo bendiciones maravillosas. Quién diría que Juanito al dejar la velita prendida pidiéndole a Dios que le mandara un papa, resulto que nos mando todo lo mejor del mundo y no solo para él sino para todo el orfelinato, tenía muchas goteras y ya viene el invierno.
En una elegantísima Casa en Chicago, Candy no podía creer todo lo que el Dr. Leonard había comprado, tenía una habitación lista para que sus nietos llegaran a casa de su abuelo, toda en colores pasteles desde blanco, celeste, verde y amarillo, tres cunitas impecables, cambiadores y mucha ropita, una habitación a un lado para ella y otra para su Tía.
El Dr. Leonard, aseguraba que todo era regalado, cuando Candy se sentía comprometida, él le contaba todo…
- Mira Candy, tu marido no ha vuelto, pero dejo esto. Mostrándole un documento con una cantidad enorme estaba ahí, con ello se había cubierto los gastos médicos de ella, también estaban los gastos de los especialistas, una suma importante en ropa y accesorios de bebes, al ver como aun quedaba tanto dinero, se daba cuenta que el documento estaba abierto y que era incrementada porque estaba enlazada a las inversiones de William Albert Andrew, ya que con esa cuenta cubriría la especialidad de Candy White, de ser requerido también nuevas especialidades, todo para la exclusividad de ella.
- ¡Dios! Pero como lo hizo… Candy lloraba abrazando a uno de sus bebes en la silla mecedora de la habitación privada dentro de la casa del Dr. Leonard. Su Tía se había ido a Lakewood a contratar un vigilante y jardinero para la propiedad de Candy, debido a que con el frío por llegar y los cuidados de los recién nacidos, no sería posible regresar a su casa para tener cerca el hospital y los accesorios para sus pequeños.
-Candy, este dinero es para tu especialidad, puedes iniciar en cuanto te sientas mejor, tu Tía se quedará con los pequeños, sé que te estoy presionando para que estés aquí, pero solo será por el tiempo en que los niños necesiten de nuestros cuidados, ya que decidas regresar a tu departamento, se marcharan.
- ¿Y si viene a verlo la Srita. Elroy?
- Ella sabe que te aprecio como una hija, pero no sabe que eres la esposa de su sobrino y que esos pequeños son sus nietos.
- ¿Cree que me descubrirá?
- Te prometí no decir nada, no lo haré… pero, cuando me dijiste que si no salías de ese hospital, le entregara a ella los niños, es porque confías en ella, para que cuide de los pequeños.
- Me gustaría mucho ser yo quien le diga a Albert primero que es Padre, antes que a su Tía decirle que es abuela, no ve que ella no sabe quién soy.
- Te comprendo. Sabes… con la nieve por llegar, no he podido continuar con la búsqueda de mi hija.
- De eso quería preguntarle también doctor, ella tuvo una hija de usted, ¿se la robaron?
- ¿De Elroy? Leonard soltaba risas avergonzadas y confesaba - Candy, yo era doctor de Elroy, su ex novio me confundió con un amante, pero Elroy… no puede tener hijos, perdió la matriz hace muchos años, te hable de mi esposa, tuvimos una hija la cual se pensaba no había alcanzado a nacer, pero la realidad es que fue confundida y traspapelada su información. Mi hija si nació y Elroy se tomo algunas fotografías, estaba interesada en comprar la mansión de la que ahora es dueña, se encontró en aquel tiempo con mi esposa, hubo luna llena y se le rompió la fuente, ella la registro en el hospital y se quedo con ella hasta el nacimiento de mi hija, pero… se tuvo que ir por una emergencia, cuando llegue, mi esposa tuvo muerte por una negligencia médica, molesto al ver el cuerpo de mi hijita, y con el dolor de la perdida de Marie, ya no tuve cabeza para pensar en que la pequeña no era mi hija, sino que estaba en otro cunero, solita esperando que llegara su papá, el cual nunca llegó, fue entregada a un orfelinato, estamos viendo los papeles, al parecer no está registrada debido a que los padres la registraron como propia, ya que no tenía familia ni quien la reclamara, la hicieron pasar por su hija, estamos averiguando donde fue ese trámite.
- Por eso no me dejo en Lakewood, por como ese hospital le quito a su hijita. Gracias Dr. Leonard, cuando la encuentre, le diré a su hija, que usted es un gran padre, y pase lo que pase, oraré todos los días hasta que la encuentre. Leonard se hincaba y ponía su cabeza en el hombro de Candy viendo a uno de sus pequeños dormido en sus brazos.
- Hija, déjame llevarlo a su camita, no tardará en despertar otro de ellos, al parecer los estas programando para que los tres tomen un poco de tu pecho y alcancen tus defensas.
- Les daré lo más que pueda de mi, estoy muy contenta, nunca pensé que pudiera darle de comer a tres pequeños tan comelones.
- ¿Son de buen comer? Eso es que están sanos, hija.
- Si, eso lo heredaron de Albert, a él le gusta la buena comida, todos tienen los ojitos grises, solo espero que sean como los ojos de él, así sentiré su mirada cerca.
En el hospital Santa Juana, una conversación de amigos se daba,
- Edward, le compre a Candy el cochecito para los chicos, como lo tenemos planeado. Tiene quema cocos, limpia brisas, porta mamilas para cada asiento individual, el color es azul obscuro, son acabados Eddie Bauer ¿Quieres verlo? lo tengo en el consultorio del Dr. Leonard, saliendo de las practicas nos vamos. Mencionaba un emocionado Peter. Sin darse cuenta que el Dr. Michael lo escuchaba.
Pensativo el Dr. Henderson sonreía, en casa del Dr. Leonard eh, le llevare regalos para sus bebes, según Joanna son del doctor y fueron hombres los tres, el padre está desaparecido y lo seguro es que se deshicieron de él.
Joanna por su parte entraba a una oficina del comité con un hombre bastante molesto.
- Buenas noches señor. Lo que le conté acerca del Dr. Leonard es verdad, ya nacieron sus hijos aquí en el hospital, el mando traer especialistas carísimos y ya recibieron sus honorarios de inmediato, fue él quien consiguió becas y patrocinadores para su amante.
- Esta acusación es muy seria señorita, el Dr. Mc Crone tiene más de quince años trabajando para este hospital, su reputación es intachable.
- Debe ser la edad, es muy joven, no puede negarse que para tener casi cincuenta años, es muy atractivo, pero como a muchos hombres les gustan más jóvenes… los triates que tuvo la alumna son de él.
- Mañana estará reunido el comité administrativo, después lo mandaremos llamar, requiero esta información con evidencia señorita Joanna.
- Si señor.
Gracias por todos sus comentarios, por su brillante paciencia, su bella consideración y por mi amiga... que le encanta que suba capis extra...
Y de ser un libro abierto, solo para ti me abro, son mis paginas muy blancas, en espera de tu manos... me importas tu... tu que escribes muy bonito...
Con sincero aprecio, todo mi cariño muchos abrazos a la distancia
Mayra Exitosa
