Fic
Los chicos de Candy
Por Mayra Exitosa
Capítulo XIV
La foto
Las compañeras de Candy, Annie y Victoria salían de sus prácticas, con regalos en mano para ir a visitar a su amiga, por fin verían sin incubadoras a los pequeños, tres niños del grupo, entre ellas comenzaban a platicar.
- Será una madre joven, sus hijos crecerán y ella seguirá viéndose bien cuando ellos estén mayores, Victoria.
- Si Annie. A mí me encantaría tener un bebe, pero solo uno, no tres, y ojala se animara Patrick para al menos practicar.
- ¿Ya son novios?
- Si. Pero quiere respetarme hasta que nos casemos y para cuando tengamos bebes, solo queremos uno, en eso estamos de acuerdo.
- ¿En serio?
Patrick y Daniel caminaban por un pasillo al reconocer las voces se detuvieron para sorprenderlas porque ellos las llevarían a ver a Candy, cuando escucharon sin querer la conversación, pensaron que era una queja, Daniel vio a Patrick, quien bajaba el rostro avergonzado, para que no los vieran se retiraron sin seguir avanzando. Daniel le comentaba
- Oíste bien, quiere estar contigo, no esperes a que Edward o Peter te la ganen Patrick, Victoria te quiere, no le gusta eso de tu respeto.
- Por favor Daniel, esta conversación no debimos haberla oído, me da pena contigo.
- Mejor conmigo que con Peter. En cuanto lo sepa, se lanzará a hacerle el favor a tu novia.
- La invitaré a pasar la navidad para que conozca a mis padres.
- Bien, ya en tu casa, piérdete o hazte el sonámbulo, pero mejor es que seas tú y no que se queje de ti.
- ¿También vas así con Annie, Daniel?
- Annie es mía, Patrick. Ella y yo nos amamos desde que cursábamos el segundo año.
- Vamos, nos están esperando, Peter y Edward también irán. Los dos regresaron para encontrase con ellas, Victoria estaba seria y avergonzada. Patrick la abrazaba y le daba tiernos besos tomando su rostro con ambas manos. Jugando saludaba a Annie y agregaba,
- Annie, ya te contó Victoria que conocerá a mis padres en Navidad.
- No, no me había dicho nada aun, que escondidito te lo tenías amiga.
Ya era tarde cuando entraban los amigos de Candy y el doctor Leonard los recibía orgulloso, al ver a todos esos jóvenes destacados tanto igual que Candy, habían demostrado su pasión por la medicina, los vio luchar en sus prácticas y aunque Candy era la más joven de ellos, terminaba adelantándose y demostrando porque no solo en los estudios era buena, en la práctica era eficiente, eficaz y muy acertada, sería la mejor cardióloga del país.
- Adelante muchachos, bienvenidos están en su casa, no doy permiso de fotos con mis nietos, cobro caro por cada una. Todos soltaron a reír, definitivamente el doctor se tomaba en serio su papel de abuelo con los pequeños, haciendo sentirse en familia a su lado, ellos de inmediato jugaban con comentarios respetuosos y agradables, porque si algo era seguro, había un enorme respeto entre Candy y todos los que estaban en el hospital.
- Mire doctor, este es el regalo de los hombres para hombres. Imagine cuando los lleve al parque en primavera, ya sabe que puede sorprenderlo la lluvia, pues bien vea usted tiene capota como un auto, quema cocos y porta mamilas, dirán que es usted un abuelo increíble, si a esto le aunamos que vayamos Edward y yo con usted, en serio pareceremos sus guardaespaldas, ni el papa de los niños se podrá quejar. Todos se reían por la broma de Peter, quien pareciera un verdadero tío pues siempre había admirado a Candy y le debía mucho de sus estudios a ella.
Después de estar mostrando los regalos por fin coincidían los tres pequeños despiertos. La mujer que ayudaba en la casa del doctor, tocaba la puerta anunciando un nuevo visitante.
- Doctor Leonard, llego el doctor Henderson a visitar a los bebes. De estar divertidos en la habitación enorme de los niños, ahora el silencio se hizo presente, Edward fue el primero en ponerse erguido y soltar al pequeño dos, por ser el segundo en nacer.
- Toma Victoria, este pequeño necesitará de tus brazos y de Patrick al frente. Peter vamos a ver al doctor Henderson. El doctor Leonard de inmediato intervino.
- Hijos, deténganse. Esto me corresponde a mí. Salía y de inmediato entraba con el Dr. Michael, quien apenas podía con los regalos tan grandes que llevaba. - Pasa Michael, mira mis nietos apenas se despertaron, tienes mucha suerte, al parecer ninguno salió a Candy, todos se parecen al padre, ahora que regrese de Escocia, se volverá loco, ya le envíe las fotos de los tres.
La boca del Dr. Henderson se quedo semi abierta, y los que estaban ahí, disimulaban lo que habían escuchado, Peter fue el primero que apretaba los labios al ver la cara de espanto en cuanto mencionaron que el padre estaba en Escocia.
- ¿Entonces, ya lo encontraron?
- Por supuesto. Sabes bien quién es él ¿No es así? Arrastrando las letras y nervioso solo atinó a escucharse un sonido silbante
- Ssssi
- Candy, hija, el doctor Michael ya no será profesor, ahora esta directo en el hospital, ya hablamos de tu especialidad y comente con el tu interés de terminar la especialidad de cardiología y posterior veras la posibilidad de intentar con neurología… ambos coincidimos en que tu amarías la segunda especialidad, después haber logrado la primera. Candy se ajustaba la bata cubriéndose casi hasta el cuello, se levantaba y respondía
- Por supuesto, - Dr. Michael, gracias por sus regalos, no debió molestarse, porque tan grandes cajas.
- Son… asientos para auto, en cuanto… puedas llevarlos de paseo, harán mucha falta tenerlos seguros.
- Bueno no sé manejar… Edward de inmediato agregó
- Pero Albert sí. El iba a comprarlas cuando llegará, le avisaré que ya te las regalo el Dr. Henderson. El doctor Michael bajaba el rostro apenado, solo comentaba para librarse del tema
- No creo que desee manejar después de todo lo que pasó, si él no se encuentra, todos podremos llevarlos, al final, esos niños serán muy consentidos en el hospital. Candy sonrió por ver como el doctor suavizaba su tono y buscaba agradar, ella se acerco y le dio un abrazo suave de gratitud.
- Muchas gracias… doctor, como le dijo a mi tía, ahora seremos colegas, con gusto podrá acompañar a Peter y a Edward, al final son tres mis hijos, así en primavera iniciaré mi especialidad, estos pequeños aprenderán mucho de distintas especialidades, quien le dice que uno de mis hijos no llegue a ser un neurólogo fantástico.
Michael hizo una sonrisa radiante, pensando la posibilidad de tener a un pequeño parecido a Candy, inteligente y sonriente, que cuando fuera mayor continuara con el legado de su especialidad. Había tres oportunidades, uno de ellos tenía que parecerse a su madre.
- Cuenta conmigo Candy. Si… su padre lo permite.
- Por supuesto doctor.
El doctor Leonard, observaba receloso la actitud simpatizante de Michael, si William no aparecía pronto, Henderson sabría que le habían mentido, pero confiando en que regrese, al menos la dejará continuar con sus estudios tranquila.
Candy también lo pensaba, pero en sus pequeños bebes, como se sentiría Albert con ellos, estaría orgulloso de ser padre, por supuesto que sí, habían hablado de la posibilidad y… definitivamente los amaría más de lo pensado.
En Lakewood, la casa cercana al lago hacía golpetear algunas ventanas, mismas que Albert revisaba y ajustaba para cerrarlas, veía algunas cajas que con el viento se habían caído, este las levanto y con la luz de la ventana acomodaba de nuevo en su lugar.
Las cajas eran de libros y cuadernos, comenzaba viéndolos y en todos al frente anunciaban a Candy White. Tomo un trapo suave y empezó a sacudir uno a uno colocándolos dentro de la caja, era como ver crecer a alguien, la letra se iba mejorando, los trazos en los cuadernos y al ver otra caja un álbum estaba ahí, una pareja tenía en sus brazos a un bebe, después varias fotografías decían que era una niña, los rizos y esos ojos lo hicieron reír
- Así que tú eres… Candy White
La fotografía al final era de una graduación, lo cierto es que se veía muy pequeña para graduarse, ella había avanzado en sus estudios. El álbum fue llevado a la casa, y así fue acomodando algunos libros en el librero, también notaba que tenía agilidad para agrupar y ordenar de forma veloz, eso lo hacía inconscientemente, su mente no dejaba de ver que los ojos de la niña eran los que hacía meses había visto en su mente cuando llegó a trabajar en el hotel.
- Te pareces a alguien pequeña, vio el año de la fotografía en un letrero de la generación, de inmediato se puso a buscar fotografías más recientes, por algo Tom estaba enamorado de ella, tenía que verla, al final ya estaba casada, en espera de bebes.
En New York, Tifany cuidaba de su sobrina, mientras Terry manejaba el auto, la pequeña le fue entregada y ambos se habían propuesto en protegerla, para esto buscaría que estuviera lejos de los escenarios y a la vez cerca de él, la pequeña no sería vista ni tratada mal por la prensa o las especulaciones, anexaría a su hija en cada contrato como vida privada protegida.
- Terry, tome una decisión y… no te la consulte.
- ¿Qué fue lo que hiciste? Uniendo el entrecejo Terry se preocupaba por el corazoncito de su bebe.
- Le perforaron sus orejitas y puse unos pequeños diamantitos, se ve más linda.
- ¿La hicieron llorar? La angustia del padre fue más evidente.
- No. La belleza cuesta, pero a esta edad, le pusieron sedante para que no tuviera dolor, apuesto a que si no te lo digo, no te darías cuenta.
- Por supuesto que me di cuenta, no tiene cabello, es lo que brilla más que sus ojitos.
- Se parece a su mami. Afirmaba Tifany.
- Si. Pero estará cerca de ti, será una Grandchester fabulosa.
- Y… ¿A dónde vamos? Llevas horas manejando. Solo nos detenemos poco.
- Creo que por la seguridad de la pequeña, alejarla un poco de mamá, además sería bueno que vivieran en Chicago, relativamente esta cerca de New York y volaría a mi trabajo, es un lugar no muy fácil de que me encuentre ahí.
- No lo había pensado. Pensé que buscarías estar cerca de especialidades para la niña.
- Dice que al menos tenemos que esperar a que cumpla cinco años para poder intervenirla con éxito.
- Por mi está bien, pero ten por seguro que nuestros padres, quieren conocerla.
- Ya hable con Papá, vendrán el fin de mes, si la niña no está con ellos es por la seguridad, mamá no podrá… si algo le sucede a la niña y ella se encariña demasiado, no quiero pensar negativo, pero es mejor que se encuentre contigo por ahora.
- Si piensas en serio dejarme ser tu representante y darme la posibilidad de manejar tu carrera de manera seria, por supuesto que me interesa Terry, soy buena en lo que hago, que mejor que sea tu hermana quien te cuide y vea por ti.
- No creo que lo tome muy a bien Joseph, pero te lo prometí, después de la cirugía de Susy, serás mi representante.
Tifany sonreía satisfecha, su trabajo era bastante menospreciado, como representante de Terry ella podría lograr tener algo más serio y formal, estaba en los medios, gracias a sus padres conocía todo en producciones y actuaciones, ya era tiempo de que le diera una oportunidad su hermano, aun que haya sido un trato a largo plazo, ya estaba ganado mejor sueldo del que tenía, no gastaría en nada, pues viviría con él, vería todos los por menores de cerca, para cuando Terry lo hiciera oficial, ella estaría lista. Y ya no sería tan joven.
Terry por su parte pensaba que si Tifany estaba con Susy, sería un buen ejemplo, el no podría tener más problemas ahora con su hermana y su hija cerca, era momento de tomarse su trabajo con mayor responsabilidad, no dejarse llevar por la actuación que le apasionaba y por nada se enamoraría de una compañera, si el actuaba, lo hacía bien, pero la diferencia entre actuar y vivir era muy clara en él, mientras que sus compañeras parecían actuar en la vida real.
En Lakewood, llegaba una enfermera joven, algo atolondrada en el hospital atendiendo una emergencia. Rosana era la menor de siete hermanos, parecían las coincidencias más evidentes al ser la última de la familia y al ser siete, se consideraba tontín. Los hombres de su familia eran enérgicos, dos de ellos militares, todos bastante altos y corpulentos, originarios de Roseland llegaba a vivir por fin a Lakewood, había conseguido trabajo formal y aunque era un lugar muy tranquilo nunca faltaban las emergencias del lugar, el hospital era muy bueno de unos años recientes, habían cambiado la administración, ahora atendían de forma gratuita a los menores rescatados en un incendio y ella fue enviada de manera provisional para apoyar al orfelinato.
La joven era rubia de ojos azules, cabello ondulado pequeña comparada con sus seis hermanos mayores parecía no formar parte de su familia los Mc Millán, verla tan entusiasta con los niños escucharlos decir que su padre los había sacado del incendio y que todos parecían conocerlo de siempre. La dejaba curiosa por saber acerca del héroe de Lakewood. Al ver a Tom bajar de la patrulla y saludar a los niños, sintió un estremecimiento muy extraño, era como ver a sus hermanos, el hombre era alto de cabello castaño, sus ojos miel claros su espalda ancha y sus piernas alargadas, ver como trataba a los menores y como lo recibían las encargadas del lugar, la dejaba con curiosidad, misma que una pequeña resolvía
- El es el sheriff del pueblo, es el Jefe Tom Stevens ¿Verdad que es muy guapo? Sin darse cuenta y sin dejar de ver hacia Tom ella respondía con un suspiro un simple si, haciendo que la pequeña Gina sonriera dándole un grito al Sheriff
- Jefe Stevens, usted es mi novio ¿verdad? Tom hizo una hermosa sonrisa, a lo que por primera vez vio a la enfermera que revisaba a Gina.
- Por supuesto, pensé que me habías cambiado por tu héroe.
- Mi héroe es más guapo que usted sheriff, pero el es mi papá y usted siempre será mi novio. La enfermera Rosana sonreía efusivamente al escuchar a la pequeña confirmando como cuidaba al sheriff, pues hace un momento había afirmado que era muy atractivo, ahora sabía porque y la pequeña estaba cuidando lo suyo. Tom se acerco a conocer a la enfermera a lo que ella nerviosa tiraba una charola metálica, una botella de alcohol y los utensilios cercanos, apenas podía creer todo lo que había hecho solo por acercarse Tom a ella.
- Disculpe sheriff, soy la nueva enfermera del hospital de Lakewood. El nerviosísimo hizo que Tom como siempre dudara de la credibilidad de las personas y de inmediato revisaba sus identificaciones y se alejaba de ella apuntando sus datos. Definitivamente la investigaría, esa mujer podía ser alguien sospechosa, nunca la había visto en Lakewood.
En la casa del lago Albert admiraba a su supuesta prima Candy, un par de fotos recientes de un cumpleaños estaban ahí, ella lucía un blusón suelto con el vientre abultado y la Tía que lo había contratado a él, estaba con ella.
Pensativo solo se quedaba tomando su té viendo la foto, al alzar la cabeza vio hacia la ventana caer las hojas de colores marrones por la ventana… comenzaba a recordar la mirada de la que había soñado… unas voces lo llenaban en su mente…
- ¡Largo de aquí! no puedes entrar. Se veía a sí mismo gritándole a la culpable de sus desgracias - Pensaste que no te encontraría William. Esa voz era la de la pelirroja que lo quería sin piernas… - No me importa, ¡largo! Su corazón se sentía alterado al recordar esa voz y el era quien corría a la mujer… - ¡Mi amor! ¿Qué hace esta mujer aquí? Era la mujer que había soñado, tenía una hermosa voz, lo llamaba mi amor, pero su mente lo interrumpió bruscamente el recuerdo de la escena en voces de la pelirroja- ¡Vives con una amante! El vio de nuevo a la mujer del retrato gritando y dándole un golpe en la cara- Mi esposo la corrió de aquí, no soy una amante.
En ese momento saltó de la silla, ¡el estaba casado!,¡esa mujer era su esposa!… la que se parecía a la del retrato... estaba casado con ella o con quien fuera, pero estaba casado y ella lo defendió frente a la pelirroja, ahora sabía porque estaba molesta y a quien se refería la pelirroja, se llamaba Elizabeth y su mujer… mi mujer como se llama… mi mujer… mi mujer.
Mareado por saber algo de él, se volvió a sentar para tranquilizarse, en eso sonaba la puerta de la casa y Tom aparecía llevando una bolsa de pan y algo para Albert.
- ¿Como estas amigo? tenemos más mujeres en Lakewood, solo que la nueva tendrá que ser investigada, está nerviosa y… parece que oculta un delito, la investigaré, definitivamente.
- Hola Tom. Estaba a punto de irme a recostar, está bajando la temperatura.
- Te noto muy pálido, te asustaste, te paso algo, ven vamos a la cocina, traje pan recién hecho, mi padre dice que somos un par de solteros empedernidos, este cree que voy a casarme con la primer escoba con falda que vea.
- Tom, puedes decirle a tu padre, que soy casado, que no estoy disponible.
- ¡Eres casado! ¿Por qué no me lo habías dicho?
- Porque no estoy con mi mujer, supongo.
Gracias por comentar, por seguir esta historia y por la espera, no fue intencional querer alargar los días, es trabajo... mil gracias
... Y de ser un libro abierto... también es mi comportamiento... pues cuando estoy contigo... nada esta en mis pensamientos...
Un abrazo a la Distancia
Con cariño
Mayra Exitosa
