PERFECTA PARA MÍ
CAPITULO # 7
Por: Tatita Andrew
Candy fue abriendo lentamente los ojos, una tenue luz le decía que un nuevo día ya había comenzado intento moverse, pero sintió un cuerpo duro abrazándola, tuvo miedo pero escucho su respiración sobre su cuello y se dio cuenta que el miedo fue momentáneo que estaba dando paso a otras sensaciones como seguridad, sosiego, y bienestar, se acurruco un poco más a su cuerpo y por primera vez tuvo un escalofrío que la recorrió de los pies a la cabeza era una sensación nueva para ella pero no tuvo tiempo de disfrutarla porque a pesar de que todavía estaba un poco soñolienta escuchaba voces gritando de varias personas, llamándolos a viva voz, se dio cuenta para su vergüenza de que ambos estaban desnudos se levanto pero ni siquiera el movimiento brusco hizo que Albert siguiera moviéndose, tal vez estaba demasiado cansado pensó. ¿Qué pensarían todos al verlos así? Sin pensarlos dos veces se fue a poner como pudo el vestido que había dejado secando, acercándose al rubio mientras se colocaba el vestido intento llamarlo pero nada los pasos estaban todavía mas cercas aún, podía escuchar el ruido de las hojas al ser pisados.
-¡Albert! Por favor despierta nos están buscando.
Cuando lo hizo se levanto de un solo y se puso de pie, que Candy se quedo mirando todo su cuerpo desnudo, los anchos hombros la cintura estrecha las largas piernas, y ese pecho oh Dios mío tuvo que tragar saliva.
-¡Por favor cúbrete!
A lo que le dijo este dio una maldición e inmediatamente se subió los pantalones.
-¿Qué sucede? Pregunto bruscamente.
-Escuche voces gritando y pasos, ya no demoraran en aparecer por aquí.
-¿Y porque diablos no me despertaste? Imagina si entraran y nos hubieran visto en la forma en que estábamos y todo era tu culpa.
-¿Mi culpa? ¿Qué cree que he estado haciendo Sr. Andrew los últimos minutos intentaba despertarlo? Además de que su idea de que nos quitáramos la ropa y durmiéramos abrazados fue suya.
-Intentaba hacer que sobreviviéramos la noche. ¿Y es así como me das las gracias? Después de que por tu culpa estamos en este lio.
Dejaron de hablar cuando varias personas del pueblo estaban en la entrada incluyendo a una molesta Sara Legan, su esposo el Presidente, la tía Pony, Tom, y Jimmy e incluso están varias personas mas hasta Terry.
-¿Qué sucede aquí? ¿Esto es el colmo de la indecencia?
-No es lo que parece. Dijo Candy intentando calmar los ánimos.
-¿No entonces son imaginaciones mías? Dijo la Sara enojada, que tienes el vestido a medio abrochar y que el caballero aquí presente apenas y se ha puesto la camisa sin abrocharse los botones.
-Tuvimos que resguardarnos de la lluvia. Dijo Albert sin mostrar una pizca de arrepentimiento o sin ganas de dar mas explicaciones.
-¿Estas bien Candy? Pregunto Terry preocupado y acercándose a ella.
-Claro que si, no paso nada, el Sr. Andrew solo me vino a buscar porque no pude pasar el rió cuando se desato la lluvia.
-No hay excusa que valga creo que Señor que usted es una mala influencia para las personas decentes en este pueblo.
-Pero… eso no es justo estábamos empapados y…
-Ya basta Candy déjame que yo resuelva esto.
Ella se sintió ofendida por la forma en que el rubio la hizo callar.
-Déjalo ya Candy Terry la tomo por el codo, vamos afuera y dejemos que resuelvan esto ya nada puedes hacer aquí es mejor que te des un baño y que vayas a tu casa.
-Eres muy amable Terry.
Albert se fijo como Candy era conducida por Grandchaster afuera de la cueva.
-No veo el alboroto, señores aquí, tuvimos que pasar la noche en esta cueva para abastecernos de la lluvia.
-A otro con ese cuento, desde que llego aquí no ha traído mas que problemas a nuestras sencillas costumbres, lo mejor que podría hacer si le importan las personas que tiene como vecino es tomar sus cosas y largarse a otro lado, con sus habilidades no creo que se le haga difícil comenzar de nuevo.
-Aquí la puritana es usted Sara que no se fija en los hijos que tiene a su lado, y se anda metiendo en las vidas ajenas.
-¿Cómo se atreve sinvergüenza? Usted ni nadie tienen que hablar de Eliza y Neil son unos buenos chicos creados con buenas costumbres. Es usted el rufián aquí.
-¡Ya Basta! Grito el Sr. Leagan que hasta ese momento había estado callado. No tenemos que insultarnos nosotros mismos sino buscar una solución.
La señorita Pony que al igual que otras personas habían estado en silencio hasta ese momento hablo.
-La solución es obvia hablo serenamente deberían casarse así todos olvidan los rumores y no se ensucia el nombre de la muchacha.
Ella le había tomado mucho cariño a Candy la quería como si fuera uno de sus 16 hijos, y deseaba que estuviera protegida, sabía que el Sr. Andrew se iba a resistir era un hombre muy testarudo pero se notaba a leguas que sentía una fuerte atracción por la muchacha aunque el se empeñara en lo contrario, pero tarde o temprano caería, y mas siendo ella tan inocente, dulce y testaruda como él.
-Eso es absurdo- grito Sara Leagan –La solución es que se marche no se puede consentir estas indecencias.
-Cállese usted señora, es tan estirada que ni siquiera se como es que su esposo le ha hecho dos hijos de seguro que nunca más se ha dejado tocar por él, pobre hombre lo que debe sufrir al estar casado con una bruja.
El marido ni siquiera la defendió porque la señorita Pony estaba en toda la razón ya ni recordaba las pocas veces que había estado con su esposa, y esas veces fueron tan cortas y trabajadas que ni siquiera la había podido ver desnuda, pero eso ahora ya no le importaba para eso tenía como amante a una mujer que lo complacía en todo, se rió para sí si supiera la estirada y correcta de su mujer en done amanecía cuando se iba al bar, o cuando le tocaba irse de viaje, además de la idea de Pony era ingeniosa ya que no quería por ningún modo deshacerse de alguien como Albert además de su juventud tenía a favor que se llevaba muy bien con los animales, se encargaba de cuidar a casi todos los caballos y cuando venía un animal salvaje prácticamente era como si le hablara para que se alejara antes de que alguien siquiera hubiera tenido tiempo de sacar un arma.
-Eso es, a pesar de que a simple vista parece que no ha pasado nada, estoy segura que una boda acallaría cualquier rumor sobre la muchacha y también hablaría muy bien de su integridad como caballero Andrew.
-¿Se han vuelto loco todos? Se les olvida que ya estuve casado y que quede viudo hace pocas semanas, además de que la mujer que me quieren obligar a unirme es la hermana de esta. Jamás haría algo así prefiero irme en este momento.
En ese momento entraba Terry quien había enviado a Candy con uno de sus empleados para que estuviera segura, le interesaba aquella conversación es destino de la chica estaba en juego y el ansiaba casarse con ella, lo supo desde el momento en que la vio.
-¿Esta usted seguro Sr. Andrew? Se alejaría de aquí sin mirar atrás después de todo lo que le ha tocado levantar su casa, tener sus animales, ganarse el respeto de las personas, no le será nada fácil comenzar desde cero en otra ciudad a estas alturas y con la migración son pocas las tierras que estarán disponibles, ¿y si es que encuentra una, cree que serán lo suficiente productiva para la siembra?
En ese momento Albert analizo los pro y los contra, desde pequeño todo le había sido arrebatado, y tener que volver a empezar desde cero le bajaría mucho el animo, a pesar de que no deseaba por nada del mundo casarse con ella, había algo en ella que no deseaba conocer, apenas la veía solo deseaba huir a muchas millas lejos de ella, tenía unos ojos que podrían embrujar a cualquiera, se preguntaba a ¿Cuántos hombres habrá conquistado con ellos? Y por la forma en que Terry la saco posesivo de la cueva sabía que él era uno más de la lista. Pero en cambio él no era como todos los hombres, era fuerte había sufrido, no caería en las artimañas de una pequeña con ojos verdes, aunque esta tuviera la cara de inocente, no la conocía y eso lo intrigaba. Sabía que tenía un pasado y que no debía ser tan ingenua como a todos quería hacer creer.
Además no le caería nada mal la ayuda de una mujer en su casa, desde que estaban viviendo juntos su casa parecía un verdadero hogar, todo estaba limpio, ordenado, la comida siempre caliente, con Annie la vida de él no había cambiado mucho ya que como hasta el momento en que la conoció había sido siempre una señorita rica, no sabía hacer nada y por muchos intentos que hizo las quehaceres domestica no eran lo suyo, por eso el siguió haciendo sus cosas por sí solo, a regañadientes acepto que con la ayuda de la rubia le había quitado mucho trabajo y ese tiempo libre lo dedicaba a sus animales o a cazar. Justo cuando se iba haciendo a la idea la voz de Terry lo saco de sus cavilaciones.
-Yo me voy a casar con la señorita Candy.
-¿Que? Se escucharon todos al mismo tiempo.
-Lo que escucharon, en vista de que el Sr. Andrew no tiene intenciones de casarse, pido que se me conceda a mí el honor.
-¿Esta usted loco? Dijo Sara Leagan. Ella amaneció con otro hombre. ¿Acaso no le importa?
-En absoluto ella me dijo que no paso nada, y yo le creo. Cuando dijo eso enfrento su mirada a la de Albert, en vista de que el responsable de esta situación no quiere asumir su responsabilidad yo la tomare como esposa.
Candy ya se había dado un baño, y estaba haciendo la comida, a esas horas del día todavía no habían probado bocado, la esperaba la desesperaba. ¿Por qué demoraba tanto el rubio? Solo rogaba de que no lo hubiera metido en problemas, cuando decidió salir no pensó que las cosas acabarían así, pero que hombre mas obstinado a veces no lo soportaba, era muy testarudo. ¿Cómo osaba de culparla? Si ella intento despertarlo. No podría mirarlo a la cara si lo obligaban a marcharse, eso era lo que más temía. ¿Qué iba hacer de ella sin memoria, sin pasado? ¿A dónde iba a ir? Ojala que haya logrado convencerlos de que nada paso.
Escucho los pasos de Albert que llegaba apenas le dirigió una mirada diciendo que se iba a bañar.
Que odioso, ella estaba allí muerta de miedo por el destino de él, y llega como si nada, sin decirle nada ahora tendría que esperar a que terminara su baño.
Y la cosa no le fue mejor, mientras le servía parecía que no tenía intenciones de mencionarle nada de lo que había sucedió en aquella reunión.
-¿Por lo visto no lo van a echar del pueblo?
-¿Y que te hizo pensar eso?
-No se, se notaban muy molestos en especial al Señora Leagan.
-Esa mujercita no hace más que meterse en la vida ajena, ya es hora de que el marido se ponga los pantalones y la haga entrar en prudencia.
-Así es, pobre hombre no ha de ser nada fácil vivir con ella.
-¡Pobre hombre! dices, pobre yo, que también tengo que soportar mi propio tormento en casa.
Ella casi se atraganta al escucharlo.
-¿Cómo se atreve? ¿Cree que es fácil vivir con usted? Deberían darme una medalla por soportarlo.
-Y seguirás ganando créditos por un tiempo más.
-Lo sé, hasta que recupere la memoria y pueda saber de donde vengo.
-En realidad, será hasta que las personas se queden tranquila, luego podremos viajar a New York en las ciudades mas grandes fácilmente se puede disolver un matrimonio.
-Sí he escuchado comentario. Cuando se dio cuenta lo que acaba decir abrió la boca y pensó que no había escuchado bien. ¿Matrimonio quien se casa?
-Tu yo por supuesto.
-Acaso se volvió loco.
-Loco si, creo que sí me volví loco cuando acepte esta absurda idea, pero no tuve más opciones.
-¿Y no se ha puesto a pensar que yo no deseo casarme con nadie y menos con usted?
-¿Y porque no?
-No es tan inteligente si tiene que preguntar algo así, es insoportable vivir con usted.
-Pero te convendría, tienes techo, comida, mi protección, tendrás mi apellido, las personas te respetaran si alguien sale ganando de todo esto eres tú.
-Dígame cómo porque en verdad no le veo la ventaja. No se pudo negar, debió dejarme hablar.
-De nada hubiera servido ya nos habían juzgado por los hechos, y créeme cuando te digo que me ha costado mucho trabajar todo lo que tengo, para tener que dejarlo solo porque intentaba ayudarte. Además… por casi le iba a decir que había estado a punto de convertirse en la señora Grandchaster y que Terry no había quedado nada contento cuando el había dicho que se casaría con Candy.
-¿Por qué lo hizo? ¿Esto no puede ser? No saldrá nada bueno de esto.
que le podía decir. Porque me moría de celos al pensar que ese Grandchaster tendría derechos sobre ti, que podría tocarte, besarte, ¿Qué solo cuando le sonríes me da ganas de matarlo? Que siento que eres mía y de nadie mas. Había visto su oportunidad y la había tomado no iba a permitir que aquel canalla sacara provecho de aquella situación, si alguien tenía que casarse con Candy sería él, aun cuando tendría que seguir resistiendo a la tentación
-Porque no había otro modo de conservar tu reputación y de conservar lo que es mío.
-No lo sé, sinceramente no veo bien esto de casarnos sin amor.
-Reacciona niña ese sentimiento que mencionas no existe, es solo un invento, las personas se comprometen por soledad, conveniencia, acuerdo mutuo nada mas.
-¿Amó a mi hermana Annie?
El la miro molesto.
-Eso no es de tu incumbencia.
-¿Por qué nunca me habla de ella? Tal vez si me contara cosas podría recordar algo de mi pasado.
Ella pensaba que la negativa del rubio de decirle algo es porque la había amado mucho y le dolía recordarla.
-En otra ocasión será ahora tengo cosas que hacer. Pero dime estas dispuesta a casarte cuando cualquiera de los dos quiera dar por terminada la relación lo haremos sin problemas.
-Esta bien lo haré. Nos casaremos.
Después de todo Candy necesitaba alguien que la protegiera a pesar de su mal carácter se sentía segura y confiada cuando lo tenía cerca, y no sabía porque tenía la sensación de que había algo turbio en su pasado por eso había preferido olvidarlo todo.
-Nos casaremos mañana entonces.
-¿Mañana? ¿Tan pronto? No tengo nada para ponerme.
-No podemos seguir dándole alas al asunto entre mas tiempo pase, mas hablaran de ti, de eso no te preocupes lo único que tienes que hacer es presentarte ante el sacerdote y listo.
Albert había viajado a la ciudad más próxima y a la mañana siguiente Candy estaba siendo ayudada por todas las chicas y por la señorita Ponny para la celebración de matrimonio que sería delante de todas las personas en el pueblo. No sabía que se pondría y el problema quedo resuelto cuando ella llego con un hermoso vestido.
-No puedo aceptarlo no se hubiera molestado.
-No seas tímida niña, que no soy yo quien te lo da es tu futuro esposo Albert, sabía que este día es especial para cualquier mujer.
-¿Albert está segura?
-Pues claro, pequeña, no es tan ogro como parece.
Ella se dejó arreglar y a pesar de que el vestido era sencillo se sentía como una reina y no quería pensar el motivo por el cual Albert le había regalado ese vestido, no sería por sus sentimientos ella más que nadie sabía que se casaba dada las circunstancias, tal vez solo lo había hecho para evitar habladurías sobre su aspecto.
Albert ya la esperaba pero los nervios se le fueron cuando lo vio sonreírle era la primera vez que lo hacía, no se hacía ilusiones tampoco debía llevar la fiesta en paz.
Ni siquiera puso atención a las palabras del reverendo solo cuando dijo la palabra puede besar a la novia ella se quedó de piedra.
-¿Besarla? Sería la primera vez que un hombre la besaba y no sabía qué hacer, pero no tuvo tiempo a reaccionar al voltearse a un lado, Albert la tomo de los hombros y se acercó a su boca, ella estaba con los labios tan quietos, no sabía que hacer tenía que suspirar, sintió como cosquillas cuando la siguió besándose y no pudo evitar ruborizarse.
Todos silbaron aplaudieron y vinieron las felicitaciones.
Mientras tanto Tom se dio cuenta que la hija de la Sra Legan Eliza le estaba haciendo señas sin dudarlo la siguió le encantaba esta muchacha tenía algo que lo atraía, ella le había confesado que era virgen y él estaba loco por ella, se alejaron un poco y ella se recostó sobre un árbol.
-Tom, que calor hace se tocaba los pechos, estaba muy aburrido allá, todos celebrando, ella no es mujer para el Sr. Albert.
Ya Tom no podía ni hablar pues prácticamente la pelirroja se había levantado la falda del vestido y lo usaba como abanico para ventilarse.
-Ey, te vas a quedar todo el día allí acércate.
-Solo estaba admirándote.
-Te parezco bonita.
-Mucho, y también Candy.
-Solo debes pensar que yo soy bonita entendido.
-Por supuesto.
-¿Tom que serías capaz de hacer por estar conmigo?
-Todo yo…
-Tom…. Se escuchaba la voz de su madre.
-Es mi madre.
-Te espero mañana en el río sin faltas no me vayas a dejar esperando.
Cuando llego la señorita Ponny su hijo tenía esa cara de embobado.
-¿Cuántas veces te he dicho que no te quiero ver cerca de aquella chica?
-Solo estábamos hablando. Mamá.
-Ella es una mala influencia para ti, Tom tu estas empezando a vivir, esa chica anda descarriada ni su padre ni su padre y menos su hermano se preocupan por lo que haga no te quiero ver cerca de ella, no me gustaría verte con el corazón roto.
-Ah ya mama, eres una anticuada.
-¿Anticuada? Te enseñare ahora lo que es ser anticuada, lo jalo de las orejas y lo dirigió de nuevo hacia la fiesta.
Después de la celebración Albert estaba confundido no sabía porque razón había besado a la muchacha, solo pretendía hacerlo para evitar rumores pero desde que la vio había pensado que la chica debía ser muy experimentada pero apenas había intentado mover los labios, y a pesar de eso, no se había sentido así en años, quería seguir saboreando, incentivarla para ver hasta donde llegaba. Pero no había prometido que las cosas seguirían como hasta ahora, no podía dejar que ella se enterara lo mucho que le afectaba su presencia, por eso cuando regresaron a la casa, se había puesto de mal humor cuando Candy empezó a hablar de todos los pormenores de la fiesta estaba molesto. Ese sentimiento lo tenía muy presente cuando la tenía cerca solo así lograba no acercarse a ella.
-Ya basta de tantas estupideces, es tarde mañana tengo que madrugar, y no puedo hacerlo por tu cháchara, vete por favor a descansar que yo haré lo mismo.
Se acostó en un colchón que había colocado en el piso no se imaginaba durmiendo con la muchacha tan cerca y no tocarla después de todo era hombre se dijo, y no podía dejar de saber que tenía sus encantos.
-Gracias por el vestido. Dijo ella acostándose.
El no quería ni imaginársela con el puesto le recordaba a su noche de bodas y el no tendría una.
-Ya duérmete.
-Ok lo hare. Pero gracias de nuevo.
-¿Candy?
-Está bien está bien, hasta mañana Albert dulces sueños.
Maldición pensó porque le tenía que poner las cosas tan difíciles era muy pequeña pero que testaruda y obstinada era, y porque razón tenía que llamarlo por su nombre justamente hoy que quería olvidarse haberse casado con ella, esa pequeña no le traería más que problemas lo supo desde el momento en que la vio.
A la mañana siguiente de su boda, Albert estaba comiendo su desayuno y mientras Candy se lo servía él estaba esperando tener noticias sobre su ex suegro y si ya habría sabido la noticia de la muerte de Annie
En eso escucho caerse la bandeja con la comida al suelo.
-¿Pero qué te sucede Candy acaso te volviste loca?
Quiso levantarse hacia donde estaba ella cuando los platos se cayeron.
-No me toque.
Se quedó de piedra cuando al alzar la vista hacia la muchacha es como si hubiera visto un fantasma. Se había quedado de pie en medio de la casa con la mirada perdida.
-¿Candy?
La llamo pero ella estaba metida en su mundo, al parecer ni siquiera escuchaba cuando la llamaba.
-¿Candy volvió a intentarlo?
Y cuando a la tercer vez no le respondió se fue acercando a ella.
-No, no, no, no lo haga.
Se tuvo que quedar en el mismo sitio porque el terror de Candy fue autentico cuando intento acercarse se había sentado cerca de la mesa con las piernas a la altura de su pecho y la mirada perdida, ahora con más calma se acercó a ella.
-¿Candy soy yo me oyes? Soy Albert
-No, le haga daño, por favor no.
-Nadie te va a hacer daño, estas segura se arrodillo a su lado y le toco el rostro, ella todavía estaba nerviosa pero no rechazo su caricia. Y eso lo animo a seguir hablando.
-Mientras estés conmigo nadie te lastimara. ¿Me escuchas soy Albert?
-Albert…. Oh Albert…
-No dejes que se acerque a mí, por favor, detenlo.
-Calma. Estoy aquí.
Ella se apoyó en su pecho y el rubio le acarició el cabello suavemente.
Él sabía que estaba recordando algo, o tal vez era solo miedo a él, pero sabía que no era esto nunca la había visto tenerle miedo. Tenía que hacer algo no soportaba ver ese miedo en sus ojos, no quería que sufriera, quería que saliera de aquel lugar en sus pensamientos donde se había metido y ya sabía que iba a hacer lo supo desde el día anterior cuando la beso, que deseaba besarla otra vez, y aquella era la oportunidad perfecta la haría olvidar cualquier cosa que la estuviera atormentando.
Le levanto el rostro y sin dudarlo descendió sobre aquellos labios que estaban entreabierto y que le pedían ser besados, lo hacía por ayudarla se decía así mismo, pero muy en el fondo sabía que eso solo era un pretexto, ella poco a poco fue moviendo sus labios tímidamente y cuando abrió la boca para que le entrara aire a los pulmones aprovecho para introducir su lengua, sabía muy bien, a ninguna fragancia artificial, era su olor, su fragancia única, que lo envolvía con su lengua llegaba a todos los rincones de su boca explorando, saboreando, ella alzo su boca más para profundizar el beso y su gemido fue directo hacia su parte mas vulnerable escucharla gemir así, y saber que era el quien le producía esas sensaciones lo hacía sentir tan hombre. Podría seguir todo el día no fue hasta que escucho que alguien entraba.
-¿Candy que ha sucedido escuche cosas quebrarse? ¿Estás bien?
Se quedó de piedra ante la escena ambos arrodillados en el suelo.
El rubio se levanto bruscamente, y se maldijo asi mismo, conocía muy bien a la señorita Ponny y sabía que tal vez su cabeza ya estaba imaginando cosas, lo que menos deseaba era tener algo con ella, jamás, no mientras no sabía nada de ella. ¿De dónde venía? ¿y porque estaba viajando para encontrarse con Annie?
-Me tengo que ir, yo…. Ayúdela por favor.
-Pero que hombre, salió como alma en pena mi muchacha. ¿Pero qué paso?
Candy sabía lo que había pasado, y era que había recuperado la memoria lo supo cuando estaba sirviendo el desayuno, recordó como García intentaba propasarse con ella y como ella no cedía a propósito tiraba la comida al piso y la restregaba para ensuciarlo.
-Limpia.
Con mucha paciencia iba a hacerlo.
-No, tú no, ella.
-Pero… ella no puede moverse. Yo lo hago.
-He dicho ella, si no quieres tener nada conmigo, tu madre pagara las consecuencias.
-No, yo lo hago.
-Déjalo Candy puedo hacerlo, y con mucha dificultad intentaba limpiar la mancha sin éxito.
-Ja ja, vieja tonta, hazlo bien, y volvía a tirar comida.
-Dejela, por favor no, García no le haga daño, no le haga daño.. sus llantos de impotencia cuando el no le permitía ir a ayudar a su madre.
-No hasta que me des de buena voluntad lo que yo tanto deseo. Solo allí podrás ser libre.
Ahora prefería no haber recuperado la memoria nunca, no quería recordar todo el sufrimiento y el dolor, la perdida de sus seres queridos su madre, y luego su hermana Annie por su culpa estaba muerta, y lo que era peor apenas un día después de su matrimonio Albert la iba abandonar a la voluntad de Dios cuando descubra que su esposa fue asesinada por el hombre que la perseguía.
CONTINUARÁ…
ACTUALIZANDO CHICAS LAMENTO LAS DEMORAS LENTA PERO SEGURA JA JA.
