PERFECTA PARA MI

Por: Tatita Andrew

Capitulo # 8

Candy no sabia que hacer se sentía inquieta y angustiada, no solo había recuperado la memoria, se sentía sucia al no decirle la verdad a Alberrh. Sabia que si lo hacia en aquel momento el le pediría el divorcio, todavía no podía estar sola. Necesitaba la protección de el rubio hasta que tuviera una idea de que iba a ser con su vida. A la mañana siguiente se fue en busca de la señorita Pony.

-¿Qué te angustia muchacha? ¿te noto preocupada?

-Señorita Pony, he recuperado la memoria.

-¿Qué? ¿Cuándo?

- Fue justamente ayer me volvió de golpe.

-¿Y es algo tan grave que no puedes contarme?

-Por ahora no, nadie puede saber nada, lo siento si lastimo la confianza que usted ha depositado en mi pero no puedo.

-Pobre mi muchacha. Tranquila cuando quieras hablar yo estaré aquí. Voy a hacerte una pregunta ¿le contaste a tu marido que recuperaste la memoria?

-¿todavía no? ¿pero tarde o temprano tendré que hacerlo.

-Ni se te ocurra hacerlo, escucha mi consejo, si lo haces al siguiente minuto estarás de patitas en la calle. Espera con prudencia se que con el tiempo te ganaras su cariño.

-Lo dudo, es un hombre tan cerrado.

-Confía en mi.

A la mañana siguiente había un festival en el pequeño pueblo Candy se arreglo, pero todavía se sentía mal, por no poder decirle la verdad a Candy, aprovecho un momento en donde las señoras terminaron de servir la comida y se alejo un poco para calmarse, encontró un enorme árbol, siempre estar cerca de un árbol calmaba su espíritu.

No se había dado cuenta que estaba tan metida en sus propios pensamientos hasta que escuchó una voz tan familiar acercándose.

Ella estaba recostada sobre el gran tronco.

-¿Candy que te sucede? ¿te busque y no te hallaba por ningún lado? No quiero que las personas piensen que descuido a mi esposa a días de habernos casados.

Ella encogió los hombros con indiferencia.

-¿Y que? Los dos sabemos que este matrimonio es una farsa. ¿Qué mas da lo que piensen de ti?

-Cuida tu boca muchachita.

-Es la verdad estoy segura que si hubiera recuperado la memoria ya me hubiera echado.

-Y no te equívocas, desde que entrante a mi vida no me has traído mas que problemas.

-¿Y crees que para mi es fácil? Que no me gustaría estar en cualquier lugar del mundo que aquí contigo.

-¿Crees que fue un error haberte casado conmigo? Pues pienso igual. Yo soy aquí el perjudicado, con una mujer que sabrá Dios si era una mujer decente antes de llegar a este pueblo.

-Eres un maldito pervertido y pedófilo. Grito Candy y en ese momento los dos se quedaron callados ya que Ferry venia caminando hacia ellos.

Candy rogaba para que el, no hubiera escuchado la pelea.

-Hola Candy, Sr. Andrew buen día hace hoy.

-Si excelente.

-Estaba pensando Candy que el día esta muy hermoso y podría llevarte a enseñar el paisaje que esta por allá cerca del lago, es hermoso, claro si el Sr. Andrew esta de acuerdo.

En aquel momento Albert la tomo por la cintura y la coloco delante de el abrazándola por la espalda.

-Precisamente le estaba haciendo a Candy la misma proposición.

-Entonces no los interrumpo, que disfrutes tu paseo Candy, hasta pronto a los dos. Y se fue alejando tal cual llego.

Cuando ya estaba lejos Alberth la soltó.

Candy se sintió decepcionada por un momento pensó que sería agradable poder pasear como una pareja normal, pero debía recordar que ellos no eran como un matrimonio normal.

Y para su sorpresa en ese momento Alberth estallo en una carcajada sonora.

-¿Cómo me llamaste Candy? Fornicador y pervertido. ¿Dónde has escuchado esa palabra?

Y seguía riendo.

Ella la dijo en un momento de rabia, algunas veces se la había escuchado a su madre al referirse de Garcia.

-Por allí. -¿Es algo malo?

Pregunto con inocencia

-Ay Candy a veces me sorprendes con tu inocencia, solo te diría que si fuera mujer jamás repetiría esa palabra delante de nadie.

-¿Y porque le dijiste a Ferry que íbamos a dar un paseo? ¿Por qué me rodeaste con el brazo?

Formo la pregunta mirando sus zapatos porque había bajado la cabeza con timidez.

Los pensamientos en la mente del rubio llegaron rápido.

Porque no voy a permitir que Grandchaster te corteje, porque solo el hecho de que te lo haya pedido despertó mis celos, porque me proporcionó la excusa perfecta para tocarte

-Porque estoy seguro que Grandchaster nos escuchó discutir, y no quiero que piense que te trato mal.

-Ahhh dijo Candy decepcionada.

-Vamos volvamos a la celebración.

Y Alberth la llevo de la mano todo el proyecto de vuelta, pero Candy no se hizo ilusiones lo hacia solo para aparentar.

Esa misma noche Toma había decidido ir a darse un baño al lago, como estaba oscuro lo hizo sin ropa quedándose en ropa interior. Cuando de repente se dio cuenta que Eliza estaba en la orilla con la falda levantada usándola para ventilarse. El pobre muchacho trago en seco.

-¿Qué haces allí espiándome?

-Yo no he venido a espiarte se defendió, vine por la misma razón que tu hace demasiado calor, es mas creo que me quitare los zapatos y medias y meteré mis pies en el agua.

-Eliza susurro.

Ella metió los pies en el agua mientras se tocaba los labios sensualmente.

-Es tan placentero, como otras cosas que yo he hecho? ¿Te gustaría saber que es?

-Si.

-No, mejor no, después tu le dices a alguien.

-No te lo juro. Dijo el muchacho y se acercó por el agua un poco mas cerca a donde estaba ella.

-¿A que no te atreves a quedarte desnudo?

-Claro que puedo hacerlo. Mira así lo hizo Tom que siempre aceptaba los retos.

-Eres un salvaje por hacerme ver estas cosas Tom, ahora ya me dio mucho mas calor voy a mojarme mas. Desabrocho los tres primeros botones de su vestido y se echo agua encima.

-¡Ohhh!

-Tom, no me mires de esa manera.

-Tu me has mirado antes.

-Eres un descarado te estas aprovechando de una chica indefensa, tal ve haces lo mismo con todas mas chicas de aquí.

-No te lo juro, no me gusta nadie mas.

En ese momento Tom escuchó pasos que se acercaba al río rápidamente se puso los pantalones y salió del agua para tomar en resto de ropa.

-Tom, su madre lo miraba furiosa desde la orilla. Tu padre te espera para que lo ayudes.

-Si, mama.

Salió corriendo y cuando estaba lejos la tomo a la muchacha de los cabellos y la levantó.

-Mira niña, yo estoy educando a un hombre decente, y quiero que continúe siendo así.

-Ey señora.

-Todos en el pueblo sabemos la clase de putita que eres. Así que mantente alejada de mi hijo te lo advierto.

-Le diré a mi mama lo que me hizo.

Al fin la mujer la soltó.

-Claro que no lo harás, si quieres que le diga lo de tus encuentros con Scott lo dudo.

Vio la forma en que la muchacha había palidecido y de dio cuenta que había ganado.

-La próxima vez que sientas calor entre las piernas ve a mostrar tus partes a otra cara. No a mi hijo. ¿Entendido?

Cuando Tom vio llegar a su mama, se sentía muy avergonzado la cara la tenia roja, y por el modo la forma en que lo miro sabia que no le gusto nada la escena del lago, así que se fue a seguir ayudando a su padre.

Aquella mañana Candy estaba en sus quehaceres cuando llego Ferry.

-Buenos días señora Andrew.

¿Cuándo crees que me llamaras por no nombre? Yo ya lo hago.

-¿No crees, que tu marido se moleste.

-No se ni me interesa, soy yo la del nombre.

-Claro que si Candy, te traje a regalar este libro, se que te gustara.

-¿Para mi?

-Si, quiero que lo leas.

-No quiero parecer grosera, pero… yo no se leer.

-Perdóname mucho Candy ese día leías la portada supuse que sabias leer.

-Recuerdo que mi madre me enseñó, pero hace mucho que no lo hago, no se si lo habré olvidado.

-Tu inténtalo ya veras que lo logras.

En ese momento llego Alberth.

-¿Cómo le fue hoy cazando Sr. Andrew?

-Muy bien Grandchaster, traía dos presas en la mano.

-Mira Alberth, Ferry ha pasado a darnos un libro.

-Que bien, iré a la parte de atrás a preparar estos animales.

Candy se sorprendió en todo el tiempo que llevaban juntos ella siempre hacia esa labor, aunque con asco le gustaba matar a los animales por lo que se sintió agradecida de que el rubio se ofreciera.

-Bueno Candy hasta luego.

-Ahh claro Ferry, que te vaya bien y gracias por el libro dijo algo distraída todavía mirando hacia la dirección en que se había ido Alberth.

Luego como todas las tardes cuando Candy y Alberth habían terminado sus labores tocaba montar un caballo.

Al principio el rubio se sorprendió de que ella no supiera, por lo que le dijo que eso era una prioridad. En las primeras clases maldijo una y otra vez por la inexperiencia de la pecosa, pero luego de varios días ya lo hacia mucho mejor.

Al parecer Candy sujetaba las brias del caballo con mucha fuerza, y se había lastimado las manos, Alberth se enfureció al darse cuenta. ¿Acaso de comportaba tan grosero con ella, que no era capaz de decirle que estaba lastimada? Pero así era ella jamás se quejaba de nada.

Fue al pueblo cercano y le trajo a su esposa unos guantes y una crema.

-Dame tu mano

-No hay necesidad…

Dijo ella cuando el tomó la suya entre sus manos y frotó la pomada, era una sensación tan placentera.

-Debiste habérmelo dicho.

-Creí que se me pasaría.

-Promete que no me ocultaras nada de ahora en adelante.

Ella se sintió tan falsa cuando dijo que si, ya que le ocultaba que había recobrado la memoria.

Candy daba vueltas galopando en el caballo, y Alberth la observaba desde lejos mientras hablaba con otro hombre.

Candy ni siquiera supo que sucedió al parecer el animal se había asustado por algo, y empezó a alterarse y a correr con mucha mas fuerza de lo habitual lo único que logró hacer fue sostenerse para no caer.

Albert monto rápidamente su caballo y la alcanzo al galope.

Candy estaba muy nerviosa pero vio que Alberth se acercaba y en un momento estaba a su lado.

-Detente Candy.

-No puedo.

En ese momento el rubio puso los caballos muy cerca y salto al de Candy, lo que hizo que el animal corriera más precipidamente.

Entonces el rubio puso las manos encima de Candy para ayudar a controlar el animal. Lo unico que ella sentía en aquel momento era el corazón de Alberth latiendo contra su espalda, sus manos sobre las de ella, su rostro pegado a su mejilla, y la respiración sobre su oreja.

-No lo sujetes tan fuerte, suelta un poco las brias. Buena chica lo estas haciendo bien, controla al animal suavemente.

Y entonces el caballo se detuvo y Candy estaba feliz.

-Lo hice Alberth lo detuve, lo hice.

-Si eres muy valiente

Ella se giro y los dos de quedaron mirando fijamente por mucho rato. Alberth no entendía porque ella lo miraba tan ingenua y a la vez tan sensual, pero una sensualidad tan sutil que la hacia verse mucho mas bella, lo pudo ver en sus ojos que deseaba besarla nuevamente y se arrepintió.

-Debemos volver.

Candy supo en ese momento que deseaba que la hubiera besado.

A la mañana siguiente Candy estaba ayudando a preparar la comida junto a las demás damas los hombres estaban cada cual en sus faenas, y como siempre la Señorita Pony con su enorme corazón y también su empeño en unir a la pareja de rubios.

-Candy yo termino aquí, anda ayuda a tu marido con los caballos.

-Pero…

-Anda muchacha yo termino aquí.

Ella no sabia con que propósito la señorita Pony la enviaba junto a su esposo, si el casi siempre la evitaba.

-¿Alberth necesitas ayuda?

-Claro, coloca esta silla de montar allá ya casi termino de guardar los caballos.

Candy fue a hacerlo y cerca de donde le tocaba colocar la silla estaba una tremenda serpiente.

Solo pudo gritar llamando a Alberth pues sabia que estaba a punto de ser mordida y no había nada que pudiera hacer.

Y en un segundo Alberth había disparado sobre la serpiente. Candy estaba tan alterada y sorprendida a la vez que cuando Alberth la tomó en brazos ella lo golpeo furiosa en el pecho.

-Suéltame.

-¿Estas bien?

Candy no conocía ese lado salvaje de el rubio y por un momento le dio pánico, no quería estar con un hombre violento. No después de todo lo que había pasado.

Pero Alberth la apretó contra su pecho mientras le acariciaba la espalda.

-Todo va a estar bien Candy.

Ella lloraba contra su pecho.

-No quería morir, Alberth, no quería dejarte, se que al principio pensaba así, pero no quiero morir.

-No lo harás, me tienes a mi para protegerte.

Y Candy supo que era verdad, a pesar de a veces comportarse tosco y distante con ella. Jamás la había maltratado.

Y en ese preciso momento se olvido de todo porque Alberth le alzo el rostro y la beso con toda la pasión que ambos contenían, eran puro fuego y pasión ella lo agarro por el cuello para acercarlo mas y Alberth la tomo por las caderas y la acerco a su virilidad ambos frotándose y queriendo buscar placer con cada roce y movimiento. Candy sintio un fuego caliente entre sus piernas y las piernas le temblaban como gelatina cada beso era mas urgente que el anterior cada caricia, mas intima. Y si no fuera porque la rubia escuchó voces que se acercaban ninguno de los dos hubiera terminado el beso.

-¿Qué ha sucedido escuchamos un disparo?

-Mi esposa estuvo a punto de ser mordida por una serpiente.

-Pero que puntería Andrew, justo en la cabeza.

-Fue solo suerte.

Luego llegaron también las mujeres entre ellas la señorita Pony y fue arrancado de los brazos del rubio para que se tranquilice.

A la mañana siguiente al despertar Candy se encontraba nerviosa no sabia como comportarse delante de Albert después de lo sucedido en el establo. Y tampoco sabia porque se había hecho la dormida cuando el regreso a la casa.

Parece que al rubio también le costaba hablar del tema y al final ninguno de los dos dijo nada sobre lo sucedido.

Pasaron dos semanas en tregua habían aprendido a convivir, en una aparente armonía, charlaban todas mas noches, reían hacían bromas, lo que hacia una pareja normal. Pero no hablar de los sentimientos no hacen que estos desaparezcan y la breve tregua que estaban viviendo se termino una noche.

Alberth tenia la costumbre de bañarse afuera todas las noches y en aquella ocasion Candy fue a buscarlo porque la cena estaba lista.

Y se percato de que al parecer Eliza Leagan todas las noches iba a ojear a su marido y se lleno de rabia.

-¿Qué crees que haces?

-Supongo que algunos lo llaman baño.

-¿Estas medio desnudo? ¿Y afuera cualquier puede verte?

-No creo que pueda bañarme sin camisa.

-¿Esta es la última vez que te bañaras afuera?

-¿Y quien lo dice?

-Pues yo, no quiero que mujeres como Eliza Leagan te vea mientras lo haces.

-Ahhh, no hay problema, no es la primera vez que viene a espiarme.

-¿O sea hay mas ocasiones y no has hecho nada?

-¿Qué quieres que haga ya saben todos en el pueblo que anda de calurienta?

-Pero no te vas a bañar mas aquí.

-¿Y porque no eres nadie para decirme lo que debo hacer?

-Soy tu mujer….

-Mi mujer esta muerta.

En cuanto lo dijo se arrepintió de aquellas palabras, era la mantra que se repetía diariamente para recordarse porque no debía besarla como la ultima vez que lo había hecho, quería poner como excusa a Annie diciendo que estaba faltándole a su memoria. Pero ni siquiera aquello podía amortiguar las ganas de poseerla allí mismo furiosa como lo miraba.

-No me lo recuerdes, se que jamás podre competir con mi hermana. Así que me imaginó que no te importara comer frio.

Cuando Alberth llegó al camión todavía la rubia seguía molesta y en aquel momento Neil Leagan lo fue a buscar Candy supuso que algun problema había pasado en el pueblo.

Pero no había pasado ni media hora cuando llego la señorita Pony. Toda seria y molesta.

-Es mejor que vayas a ver a tu marido.

-¡Ve! Ahora hace una hora lo vieron entrar a la casa de los Leagan, ellos han viajado la única que esta es Eliza y ya sabes que esa mujercita no trae mas que problemas.

Candy atravesó las casas con pasos firme y todos a su alrededor la miraban como si supieran algo que ella no sabia.

Cuando llegó Alberth estaba en la entrada de la puerta de los Leagan.

-¿Piensa venir a comer Sr. Andrew?

-Señorita Eliza mi esposa Candy.

-Hola señora Candy.

La rubia ni siquiera la miró estaba con las manos sobre las caderas y un pie moviendo de arriba abajo mientras miraba a su marido.

-¿Te he hecho una pregunta?

-He ayudado a la Señorita Eliza quien necesitaba mi ayuda para mover algunos muebles de su sitio, y en agradecimiento me ha invitado a comer, así que creo que no iré a comer.

Los miró a ambos y luego de encogió de hombros.

-Como gustes.

Y luego se fue con la cabeza muy en alto.

Si Candy le hubiera ordenado que no se quedara, si le hubiera dicho que quería estar con el, habría ido, pero a su mujer le importaba poco o nada lo que el hiciera, pero no era ningún tonto Eliza significaba problemas. Se despidió de ella y se fue a beber unos tragos en la cantina.

Candy estaba furiosa, que hiciera lo que le diera la gana. Y en aquel momento llego Terry a conversar con Alberth.

-Hola Candy. ¿Esta tu esposo?

-No, y no se si debas esperarlo, no se cuanto demorara. A esas alturas pensaba ella que ya todos los del pueblo sabrían donde estaba su marido.

-Veo que te gusta el libro que te di.

-Si, algunas partes se me ha hecho difícil pero voy mejorando.

-Bueno entonces me voy, no creo que sea correcto estar aquí si tu esposo no esta.

-Gracias Terry.

-Adiós bella Candy.

A la mañana siguiente Candy despertó y sintió que estaba sintiendo aprisionada por unos brazos muy fuertes. Era Alberth que al parecer por el olor había llegado ebrio y quien sabe que habría hecho con la pelirroja.

Lo empujo con todas sus fuerzas y este se cayó de la cama.

-¿Pero que te pasa?

-Me estabas aplastando, además no te atrevas a tocarme después de haber estado en casa de esa "señorita"

-¿Por qué no me pediste que no me quedara?

-Porque me da igual lo que hagas, no me importa.

-¿Entonces porque estas tan molesta? No ves que me duele la cabeza.

-Me importa un comino lo que hagas, pero a la gente de este pueblo no, estaba guardando las apariencias que tanto te empeñas en que yo guarde, veo que la regla solo se aplica a mi.

-Exacto yo soy el hombre.

Ella se fue furiosa y el rubio la siguió.

-No te atrevas a dejarme solo cada vez que peleamos.

-No quiero olerte hueles a puta.

-Te dije que no me he acostado con nadie solo la ayude.

-Que generoso cuando llegue aquí pensaste que era una puta y me querías echar de patitas en la calle.

Otra vez hizo ademán de irse.

-Esta bien si quieres largarte cada vez que quieras, no seré yo quien te detenga.

-Yo no soy como tu, que va por allí emborrachándose y acostándose con cualquier mujer que le abra las piernas.

-Por ultima vez no me acosté con ella.

En ese momento llegó un trabajador de Terry.

-Señora Candy, buenos días me envía mi patrón el libro que le iba a entregar anoche que estuvo visitándola. Pero se olvido.

Miro a Alberth inmediatamente que estaba furioso tomo el libro de las manos del empleado y dijo un fuerte.

-Gracias.

El empleado se marcho enseguida y ella llamo a su esposo.

-¡Alberth!

Pero el rubio ya había abandonado la casa. Candy supo que estaba en problemas.

CONTINUARÁ…

Actualizando mis fic gracias por sus comentarios….