Capítulo 3
Despertó con un ligero dolor de espalda, sin contar lo que sentía en todo su cuerpo. A su lado, dormía profundamente la castaña apoyada en su hombro. Aun se encontraba en la sala, durmiendo en el sillón (O sofá), no sabía en qué momento había sucedido. Acarició su rostro con delicadeza, notando que curiosamente había rubor en sus labios, lo que no era habitual en ella. Además podía sentir el dulce aroma que desprendía de sus cabellos sedosos que descansaban en sus hombros, olía a uvas.
Producto del contacto que tuvo con sus mejillas, Sakuno abrió los ojos con dificultad. Ryoma la observó embotado por su belleza. Lucía más hermosa que de costumbre. "Buenos días" susurró la castaña, notando como la observaba.
— ¿Cómo es que pasamos la noche en el sofá?
—Te quedaste dormido ayer. —Se aclaró la garganta, recordando todo lo que había hecho la noche anterior. Estaba avergonzada por ello. —Y como no pude despertarte, me dormí a tu lado.
— Ya veo...—Suspiró, tratando de comprender porque llevaba rubor. No sabía qué decir.
—I-Iré a preparar el desayuno. —Anunció sonrojada por su mirada.
Al levantarse, apartó las sabanas que la envolvían para caminar a la cocina, olvidando por completo el atuendo que llevaba. Ryoma la observó perplejo, ese pijama jamás lo había visto, era demasiado corto para ella. La castaña se dirigió a la cocina ignorando el inesperado silencio del ambarino, para abrir el frigorito (Refrigerador) para sacar unos huevos y acercarlos al mesón. Tarareaba una canción mientras encendía la cocina para hacerlos. Lucía un pijama de una sola pieza de colores vivos, compuesta por una camisa de tela azul que se sostenía en sus hombros con tiras negras, además de llevar correas del mismo tono que se amarraban a su espalda. Unido a un pantalón azul corto de la misma tela suave con bordes negros. Estaba a punto de servir los huevos, cuando escuchó pasos a sus espaldas. Al voltear, se percató que se trataba del ambarino, "Están listos" sonrió y apagó la cocina para dejarlos sobre el mesón.
— ¿Porqué me miras así?—Preguntó confusa, notando que permanecía de la misma forma que antes, observándola a la distancia.
— ¿Qué quieres que haga? Es la primera vez que te veo así…—Susurró, viendo como su figura perfecta se marcaba. Sentía deseos de besarla y… ¿En qué estaba pensando? No podía hacer eso—No estoy diciendo que te quede mal, es sólo que…no sueles usar ese tipo de ropa.
— ¿Qué ropa?—Preguntó confusa, entonces recordó que aún llevaba el pijama de la noche anterior. Provocando que su rostro se volviera rojo. —O-Olvidé que aún lo tenía… vuelvo en un momento. —Caminó a zancadas hacia la salida, pero fue detenido por el ambarino que tomó su muñeca para que volteara a verlo.
— ¿Tiene relación con…anoche?
—S-Sí… pero ya no tiene importancia. —Se sonrojó.
—Tú… ¿Acaso querías intentarlo?
—Sí…—Asintió cabizbaja, estaba tan avergonzada por ello que no era capaz de mirarlo a los ojos. —Confió en ti, sé que no me harás daño por eso me atreví a hacerlo.
—Ya veo…ahora entiendo porque anunciaste de pronto que irías al baño, no comprendía porque lo habías hecho. —Suspiró, significaba que todo lo había hecho la noche anterior había sido por él, incluso haber tenido que arreglarse más que de costumbre para llevar a cabo su deseo.
—Iré a cambiarme, debo lucir ridícula ¿Verdad? —Fingió una sonrisa para voltear a la puerta.
De pronto sintió como los cálidos y fuertes brazos del ambarino le rodeaban la cintura, sintiendo como su cabeza se apoyaba en sus hombros. Su respiración le hacía cosquillas en el cuello, provocando que volviera a sentir esas extrañas emociones que había experimentado la noche anterior. "No he dicho eso, al contrario… te queda bien. " Le susurró, apoderándose del delicioso aroma que desprendía de sus cabellos. La castaña sintió como su cuerpo flameaba en su interior y no podía controlarlo. El sonido de un tintineo los apartó bruscamente, alguien llamaba a la puerta y tenían que ir a atenderla. Sakuno se ofreció a ir por él, sería la mejor excusa para alejarse en esos momentos. Cruzó la cocina para dirigirse al salón, pero el ambarino la detuvo entregándole su chaqueta para que se abrigara.
—Olvídalo, no puedes salir así. Yo iré —Sentenció, acercándose a la puerta para ver quién era.
—Está bien. —Asintió, cogiendo su chaqueta para envolverse en ella y caminar a la habitación de regreso ¿Qué había sido eso de la cocina? Quizás tan sólo la había abrazado, pero no comprendía por qué el simple roce de sus cuerpos, despertaba sensaciones como esas.
Cuando el ambarino regresó, la castaña lo esperaba en la mesa, luciendo el mismo pijama de siempre. "Se van a enfriar" Susurró la castaña, viendo como él permanecía frente a ella apoyándose en la silla, indeciso sobre qué decir. Asintió y se sentó junto a ella para comer. El silencio se apoderó de ellos por primera vez en mucho tiempo, provocando que ambos se sintieran incómodos por la situación que vivían. En un intento por acabar con eso, Ryoma le realizó un cumplido por el desayuno, que no podía negar que estaba delicioso. Ella agradeció sus palabras alegre, pero la sonrisa duró menos de lo que esperaba, se sentía nerviosa y no comprendía el motivo, su cabeza no se cansaba de repetir la misma escena una y otra vez. Suspiró, no debía pensar en ese tipo de cosas. Entonces de súbito, como si hubiese leído sus pensamientos, la mano del ambarino se posó sobre la suya, sus miradas se hicieron una y sus labios se movieron tratando de comunicar algo, pero nada salía de ellos.
—Sakuno yo…lo que pasó ahora—Intentó decir Ryoma, pero no sabía cómo hacerlo. Por primera vez en su vida, le costaba conectar sus pensamientos para crear palabras.
—No te disculpes por ello, yo también me dejé llevar.
—Sí quieres nos olvidamos de esto por hoy…—Apartó su mano de la suya, notando que estaba temblando. — no tienes que verte en la obligación de hacerlo precisamente hoy sólo porque confías en mí. Puedo esperar el tiempo que sea necesario.
—Pero…
—Tú esperaste muchos años por mí ¿Lo olvidas?—Notó como sus ojos se abrieron en par de sorpresa y sus mejillas se sonrojaron. —Es mi turno de hacer lo mismo.
Dichas esas palabras, Ryoma recogió los platos para llevarlos al fregadero y hacerse cargo de ellos. Abrió la llave para tomar la esponja y lavarlos, Sakuno siempre hacía muchas cosas por él, era hora que él hiciera cosas por ella.
La castaña lo observó en silencio, jamás imaginaba que algún día recordaría cuantos años estuvo enamorada de él y permaneció a su lado sabiendo que era en vano. Es más, podría reconocer que en verdad lo que hacía todos esos años no era esperarlo, porque estaba segura que ellos no sentían lo mismo por el otro. Sin embargo, la gente creía eso, incluso se lo habían mencionado en más de una ocasión que estaba esperando algo que jamás sucedería. Cuando en realidad, no sabía en verdad el motivo por el cual lo hacía, ¿porqué seguía mirándolo a la distancia, si sabía que no servía para nada? ¿Por qué se preocupaba de él, aunque él no velara por su bienestar? ¿Por qué pensaba en él todo el tiempo? ¿Por qué lo siguió amando…? Jamás había sido capaz de responder a esas preguntas, pero tenía razón, aunque creía haber perdido la esperanza, en el fondo una pequeña parte de ella seguía esperando que todo cambiara. Y ahora él estaba ahí, diciendo el itinerario para ese día, los planes que tenía o las posibles opciones que tenían para disfrutar lo que quedaba de su luna de miel. Ella sólo pensaba en sus palabras, sin decir nada, escuchando lo que tenía qué decir. Tomó las cosas restantes que permanecían en la mesa y caminó a la cocina, guardó todo en su respectivo lugar para mirarlo. Ryoma ahora miraba a un punto fijo, manteniendo la misma mirada perdida que tenía siempre y que nadie era capaz de leer. Siempre tenía curiosidad sobre sus pensamientos ¿En qué pensaría cuando aguardaba silencio y nadie podía notarlo? No tenía idea y jamás podría saberlo, porque no era capaz de leer todo lo que sentía. Aún así, estaba completamente enamorada de él tal cual era.
Producto del silencio que había en la cocina, el ambarino comenzó a preocuparte ¿Acaso se sentía mal? Antes que pudiera decir algo al respecto, sintió como la castaña se aferraba a él, rodeando su cintura con sus brazos. "¿Sucede algo?" Le preguntó, pero sólo sintió el ligero movimiento de su cabeza en su espalda negando. No lo abrazaba así desde que había tenido cierto resfriado, claro que en ese momento no estaban juntos y eran otras circunstancias, no obstante recordaba perfectamente el extraño sentimiento que había despertado en él aquel entonces. A diferencia de ese día que quería apartarla de él, ahora quería todo lo contrario. Cuando volteó a verla, sus mejillas estaban rojas como siempre,
—Lo siento por hacer eso otra vez, tan repentinamente.
—Ya te he dicho que no te disculpes por ese tipo de cosas. —Suspiró y la estrelló contra él para abrazarla con fuerza. —Además, estamos juntos ahora.
—Lo sé. —Sonrió y se dejó llevar por la calidez de sus brazos.
Luego de haberse duchado, se vistieron y salieron a pasear. Ryoma llevaba su bolso de Seigaku, lo que no era tan extraño para la castaña, ya que el ambarino solía llevar su raqueta a todos lados, porque podría ser útil para él siempre.
Recorrieron uno de los museos más importantes del Caribe y recorrieron las calles a pie, disfrutando tanto del clima como de los bellos colores que veían. Teniendo a Ryoma a su lado, sabía que no necesitaba ningún guía turístico, ya que él sabía mucho más. De hecho a eso se dedicó la mayor parte del viaje, le habló sobre los datos curiosos de la construcción de una catedral, incluso el modo en cómo había nacido el Caribe, su historia real, más allá de lo que podrían decir los rumores. Recordando las palabras de Rinko, Sakuno tomó su cámara fotográfica y se encomendó en la misión de tomar fotografías de cada lugar que visitaban.
Como habían cenado gran parte de los días en el Ressort, decidieron ir a comer a un lugar diferente esta vez. Encontraron un bello lugar con vista al mar, rodeado de palmeras que le entregaban frescura al lugar. Se sentaron frente a la terraza a esperar que alguien fuera a atenderlos, las mesas llevaban manteles de color marfil que le recordaron a la castaña al día de su boda. No sabía por qué aquel día estaba nostálgica, infería que era por las palabras del ambarino, pero quizás era por algo más que desconocía por completo. Ordenaron el menú 1 que correspondía a arroz con una parrillada con jugo de coco.
En cuestión de minutos, la comida llegó a su meta. Era increíble que la comida caribeña llevara más condimentos que la japonesa, con suculentas salsas y gran parte de los ingredientes eran mariscos. Aun así, era deliciosa.
"¿A dónde iremos?" Le había preguntado una vez que habían salido del restaurante, no obstante el ambarino jamás le respondía, sólo le decía "Ya lo verás". Caminaron por las calles en silencio, el viento soplaba tan fuerte que lograba combatir contra el calor, favoreciéndoles el clima. Cruzaron la arena blanca para dejar atrás el océano y caminar por la angosta vereda. Las calles eran similares a las de Japón, pero las personas no eran como ellas, ya que no tenían los mismos ojos que solía ver a menudo y su piel era más oscura a diferencia de la suya. No sabía si era por aquel chico de cabello negro y grandes ojos ámbar que la llevaba de la mano en esos momentos o por otro motivo, pero sentía que aunque estuvieran en un país completamente desconocido que estaba a miles de kilómetros del suyo, se sentía cómoda estando en ese lugar. "Ya queda menos" Le susurró Ryoma, sacándola de sus pensamientos. Sí, definitivamente era por él que se sentía así. Porque si él no estuviera ahí en esos momentos, quizás nunca hubiera tenido la oportunidad de salir de saltar hacia lo desconocido. Sí antes creía que todas las cosas que hacía Ryoma por ella eran raros o extraños, porque no sentía nada por ella. Ahora no podía decir lo mismo, dado que ahora eran reales y no producto de su imaginación.
El estival que los envolvía, comenzaba a molestarle. Ya que donde se encontraban el viento no soplaba tan fuerte como antes y el sol se volvía a ratos más intenso. Suspiró, quedaba poco, se decía mentalmente, dándose ánimos para avanzar y confiar en él. Tras dos cuadras de caminata, se encontraron paseando bajo la sombra de unas palmeras que flanqueaban el terreno, eran tan majestuosas que llegaba a admirar el gran tamaño que tenían, acabando con el sol que los atormentaba durante el viaje. Se detuvieron en el lindero del bosque, justo en el centro había algo que no podía distinguir. Iba a preguntar de que se trataba, cuando de súbito Ryoma la condujo hacia atrás de las palmeras para enseñarle lo que era. Sus ojos se abrieron de par en par al percatarse que en el centro del bosque en que se encontraba, había una enorme pista de tenis, que a diferencia de las otras que había visto, ésta no se encontraba protegida por una reja, sino que más bien estaba al aire libre.
— ¿C-Cómo sabías de este lugar? —Vaciló la castaña.
—Cuando supe que vendríamos aquí, estuve investigando algunas cosas. —Sonrió—Encontré muchos lugares para pasear y entre ellos, estaba este lugar.
—P-Pero…no traje mi raqueta.
—No te preocupes por ello. —Bajó el bolso de su hombro para abrirlo y extraer de él precisamente su raqueta. —La empaqué por ti, inferí que la necesitarías.
—Oh gracias…—Susurró pasmada, mientras veía como él también sacaba la suya y se acercaba a un lado de la cancha.
— ¿Sucede algo? —Le preguntó, una vez la vio ubicada al otro lado de la malla.
—P-Pues…no juego contra ti desde…esa vez. —Susurró nerviosa, recordando esa vez que le había enseñado a jugar.
—Eran tiempos distintos, además en ese momento querías que jugara en serio contigo por el partido que tenías —Tomó la pelota y comenzó a probarla en el suelo. —Esta vez no haré lo mismo.
—Pero…
—Confía en mí. No puedo ser duro contigo ahora. —Lanzó la pelota hacia el cielo para detenerla en la raqueta. —Sólo jugaremos ¿Estás lista?
—S-Sí. —Asintió, una vez que se puso en la postura correcta. Ryoma la observaba desde el otro lado, su mirada era distinta a la de ese entonces, ahora era una persona diferente. Además el tenis no siempre era parte de una competencia, el tenis también era divertido y ella era testigo de eso.
Escuchó el sonido de la pelota siendo golpeada por la raqueta del ambarino, dando inicio al juego. La devolvió sin dificultad, observando como la pelota volvía a su dueño raudamente para luego volver a ella otra vez. Entonces se dio cuenta lo mucho que anhelaba jugar de nuevo, extrañaba el sonido que las raquetas emitían cuando golpeaban la pelota, lo agiles que debían ser para responderla, todo. De pronto todas las amarguras del viaje e inseguridades comenzaban a volverse insignificantes. No sentía nervios ni tristeza en aquel momento, sino todo lo contrario, sentía un enorme regocijo.
Jugaron tenis hasta el ocaso, las horas habían pasado tan rápido que ninguno de los dos lo había notado, hasta que se percataron que el cielo se había teñido de naranjo. Así que guardaron sus raquetas para despedirse de la cancha y caminar de regreso. "Fue divertido" Habló la castaña esbozando una gran sonrisa, estando de acuerdo con regresar otro día. El camino de palmeras terminó frente a una playa desierta de arena blanca. Se sentaron frente al crepúsculo a contemplarlo, la castaña observó como el sol comenzaba a esconderse en el océano, tiñendo cada vez más el cielo de naranjo y logrando que corriera una fría brisa alrededor de ellos.
— ¿Tienes frío?—Le preguntó al verla temblar.
—N-No es nada.
—Debe ser por la ropa húmeda que llevas por jugar tenis. —Rodeó sus hombros para abrazarla. —Descansemos un momento y continuamos.
—Está bien. —Apoyó su cabeza en él para mirar el cielo. —Me gustó este lugar, vamos a volver ¿Verdad?
—Sí, lo haremos.
En esos minutos, deseo con todo su ser que el tiempo se detuviera y esa velada jamás terminara, para quedarse junto a él de esa misma forma por siempre, pero no fue así. La noche se aproximaba y debía marcharse, abandonar ese esplendido lugar y regresar al hotel.
Tardaron alrededor de una hora en volver en taxi, ya que si caminaban por el eterno sendero sabía que tardarían más. Al subir a su habitación, se percataron que sobre el mesón del pasillo había un sobre negro con una invitación que Ryoma sabía muy bien a quien pertenecía. Lo tomó entre sus manos y lo leyó, verificando sus sospechas.
— ¿Qué es esto?—Preguntó la castaña tomando un traje que había sobre la cama, estaba envuelvo en un forro por lo que no podía saber lo que era.
—Supongo que es tu vestido. —Suspiró— ¿Recuerdas la noche de sorpresas?—Al verla asentir incrédula por esa pregunta, prosiguió. —Me informaron en la mañana que no podíamos postergarla más, porque estaba programada para estos días y ya estaba cancelada. Por ello, debemos cenar esta noche en el salón principal.
—Y-Ya veo…—Susurró nerviosa, si se trataba de una cena, significaba que no pasaría nada. —Entonces iré a vestirme.
—Sólo cenaremos. —Anunció. —No menciona nada más el sobre.
—Está bien, vengo en un momento. —Sonrió y se dirigió al baño.
"Mamá espero que no hayas tramado nada" Pensó el ambarino, dejándose caer sobre la cama para ver el traje que estaba colgado frente a él. Cuando la puerta del baño se abrió, caminó hacia ella llevando su traje, ya que era su turno de vestirse. Pero entonces, se encontró con una hermosa chica que dejaba caer su lacio cabello castaño por su cintura, embotado dejó caer su traje como si fuera una fina pluma, no sólo sus pómulos tenían más color, sino también llevaba un bello vestido de color rojo de tela suave con escote que se sostenía en un corsé que trepaba por su espalda. Además una cinta negra le rodeaba la cintura diminuta que tenía. Observó en silencio como el vestido de gala le llegaba a tan sólo dos dedos antes de la rodilla. Llevando además zapatos del mismo tono.
—E-Es demasiado corto ¿Verdad?—Susurró apenada.
—S-Sí…en verdad no, es decir. —Balbuceó sin saber que decir, no le salían las palabras. —Luces bien.
— ¿Eh? G-Gracias. —Sonrió con un leve sonrojo.
—Iré a darme una ducha. —Anunció el ambarino, recogiendo su traje que seguía intacto en el suelo para perderse en la puerta.
—Está bien.
Cepilló su cabello con cuidado, pensando en la reacción que había tenido el ambarino hace tan sólo unos minutos, era similar a la que había tenido por la mañana. Cualquiera habría pensado que esos trajes habían sido elegidos al azar, pero ella sabía muy bien que en ese tipo de situaciones no era así, porque Rinko debe haber preparado todo para ellos, incluso ese tipo de cosas. No sólo el vestido de esa noche, también el pijama que había empacado para ella no era el indicado. Siendo honesta, cuando había visto el vestido antes de vestirse en el cuarto de baño, había dudado un momento sobre sí ponérselo o no. No obstante, no tenía otro vestido de gala para lucir en la cena, además Ryoma decía que no pasaría nada.
Una vez terminó con su cabello, decidió atarlo a dos trenzas, ya que no se sentía a gusto llevándolo suelto. Sus trenzas cayeron sobre sus hombros como siempre solían hacerlo, dándole apoyo para no sentirse tan desnuda llevando ese tipo de atuendo.
Se encontraba en el comedor viendo una revista, cuando escuchó la voz del ambarino preguntándole si estaba lista. "Sí, sólo estaba viendo la revista que nos habían dejado…" Susurró, tiñendo sus mejillas de rojo carmín al encontrarse con Ryoma llevando un smoking negro con una corbata azul. Lucía tan guapo que quedó hipnotizada al verlo a su lado.
—Mi madre exageró un poco con esta vestimenta. —Suspiró, mientras se acomodaba la corbata. —Como siempre.
—Déjame ayudarte. —Sonrió la castaña, sabiendo que no lo estaba haciendo bien. —Ya está.
—Thank You. —Extendió su brazo hacia ella. — Es hora de irnos.
—Sí. —Aceptó su brazo para caminar a su lado.
Luego de salir de la habitación, caminaron por el pasillo tomados del brazo, Ryoma lucía tan guapo que muchas chicas volteaban a verlo, incluso los chicos del salón miraban a la castaña de ojos carmesí. Provocando que se sonrojara por ello, pero no estaba nerviosa, porque él estaba ahí junto a ella y sabía que caminando a su lado sería capaz de hacer cualquier cosa.
Creía que cenarían junto a los demás, no obstante uno de los hombres de smoking los condujo a un lugar completamente distinto al que habían comido antes, que se encontraba nada menos que en la terraza del hotel bajo la luna y las estrellas. El viento fresco los acompañaba en la velada, gracias a una malla (Toldo) que los protegía del frío, podían disfrutar de la comida sin sentir frío. La mesa lucía elegante, llevando un mantel blanco con dos velas que la iluminaban. Se sentaron uno al frente del otro para esperar la comida, esperando recibir la típica comida del Caribe, sin embargo no fue el caso. Ya que en cuanto el hombre de negro apareció frente a ellos para anunciar cual sería la cena, su perspectiva cambió. El menú era nada menos que comida japonesa. Se sorprendieron al leer que en el menú, su comida favorita estaba escrita en la carta, Rinko lo había preparado todo otra vez. Salvo la gaseosa Ponta, que según el anfitrión no había conseguido encontrar. "No se preocupe por ello" Le había dicho el ambarino, pensando en lo detallista que era su madre. Para beber estaba inscrito champgne, aunque Rinko sabía que su nuera no tomaba demasiado, ya que todo terminaba en un desastre si eso ocurría, aún así había ordenado un poco para ella.
Bebieron champgne sonrientes, chocando sus copas para brindar por su matrimonio una vez más, ya que no se arrepentían de ello. La luna y las estrellas brillaban en el manto de la oscuridad, haciendo todo más bello. Además la comida estaba deliciosa, extrañaba tanto el mochi (Pastel de arroz) y Oyakodon (Pollo y huevo con salmón). Esbozó una gran sonrisa cuando terminó, ya no odiaba a Rinko por sus locuras, la amaba porque con esa comida en el Caribe la hacía sentirse como si estuviera en casa.
—Está delicioso…extrañaba comer todo esto— Confesó la castaña alegre.
—Sí, yo también. —Tomó su copa para beber un sorbo. —Aunque falta mi Ponta.
—Pero son detalles. —Rió divertida por la cara que había puesto.
—Dejando eso de lado, creo que lo demás está bien. —Admitió el ambarino, pero más estando con ella ahí. No podía quitarle los ojos de encima, se veía tan hermosa.
—Sí, es todo perfecto… —Sonrió, mirando al chico que tenía frente a ella. Sus ojos ámbar parecían brillar con la luz de la luna, volviéndose—En realidad, todos estos días lo han sido.
—Tienes razón. —Sonrió pensando en todo lo que habían pasado, a pesar del problema que habían tenido días anteriores, ahora todo estaba en paz.
Escucharon a lo lejos como una canción lenta llegaba a ellos, lo curioso es que no era común de ese país, sino que del suyo. Sakuno miró nostálgica, conocía bien esa canción se llamaba "For you", la cual había escuchado en la celebración de su boda, Rinko sin duda pensaba en todo. "¿Quieres bailar?" Le preguntó el ambarino, apartándola de sus pensamientos. Sin saber qué responder a su pregunta, súbitamente apareció a su lado extendiéndole la mano para ayudarla a levantarse. Jamás podría negarse a esa mano, por más que su vergüenza lo impidiera, simplemente no podía.
Al tomar su mano otra vez sentía que estaba completa, caminaron hacia el centro de la terraza que estaba totalmente vacía y se dejaron llevar por la música. Ryoma rodeó su cintura para apoyar su mano en ella y deslizarse hacia su espalda desnuda, provocando que la castaña sintiera un cosquilleo cuando su mano tuvo contacto con su piel, mientras que la otra mano sostenía la suya. Sus ojos penetrantes se encontraron con los suyos, se preguntó cuantas veces había mirado esos ojos ambarinos a la distancia y ahora lo podía apreciar de cerca. Observó como su cabello negro se mantenía en su lugar por el fijador de pelo (O gel) que había comprado al igual que su flequillo que le cubría la frente. Su boca formaba un amplio arco. Se veía tan bello aquel día, siempre lo era, pero en esos momentos lo era aun más.
— ¿En qué piensas?
— ¿Eh? ¿Por qué? —Preguntó la castaña nerviosa.
—Parecías estar en otro mundo otra vez.
—En nada en particular. —Rió nerviosa. —Esta situación me recuerda a otra…no hablo de nuestra boda, sino del baile de la empresa de tu padre.
— ¿A qué viene eso?
—No es lo mismo, pero…ese día lucías tan guapo. —Se sonrojó. —Quizás cuantas chicas querían bailar contigo en ese entonces.
—No bailé con nadie, si te preguntabas eso.
— ¿Y porqué…?
—No estaba interesada en ellas. Prefería volver a casa que pasar un minuto más en esa aburrida fiesta.
—Ya veo.
—Quería estar contigo…aunque no quisiera reconocerlo, era verdad. —Susurró.
— ¿Por eso volviste temprano aquella vez? Pensé que era por la fiesta…
—Fue por ambas cosas, pero si hubieras estado ahí…quizás habría sido diferente. —Suspiró.
Cuando la música terminó, se separaron para seguirse observando. "Quería ir…ese día. Quería estar contigo y tal vez vivir esto" Le susurró, sabiendo lo mucho que había soñado con ese día en que bailarían juntos quizás, aunque fueran tonterías para los demás, ella tenía la pequeña esperanza de poder vivirlo. "Pero ya lo vivimos ahora" le había respondido.
Una vez que terminaron sus postres, caminaron de regreso de regreso recordando la hermosa velada que habían tenido, Sakuno comentaba lo hermoso que había sido todo y se dejaba maravillar por la decoración del pasillo. Al entrar a la habitación, se percataron que sobre la mesa de centro había un florero con rosas rojas y alrededor habían velas que alumbraban la habitación creía que se debía a algún problema, eso explicaría porque la terraza estaba del mismo modo. "Iré a buscar más velas" anunció la castaña, sabiendo que con las que había no eran suficientes. El ambarino asintió, tratando de encender la luz, pero no había forma de hacerlo. Dejó su chaqueta a un lado para mirar con más atención. De pronto, el sonido de los tacos de la castaña lo alertaron y alcanzó a tomarla de la cintura antes que cayera.
—Gracias…no estoy acostumbrada a caminar con ellos. —Susurró la castaña apenada.
—Deberías sacártelos, en ese sentido mi madre no pensó en lo que sería más cómodo para ti. Se dejó llevar por la apariencia en lugar de la comodidad. —Suspiró el ambarino. — ¿Estás bien?—Preguntó viendo como permanecía en silencio.
—Sí, lo estoy.
—Espera un minuto. —Tomó una silla y la puso junto a ella. —Vengo enseguida.
—Está bien. —Asintió confusa.
A los pocos minutos regresó con unas pantuflas del algodón, las más cómodas que tenían. Venían incluidas en el baño junto con la bata, eran tan agradables que sentía como si caminara sobre nubes. Él ya llevaba las suyas, "Yo lo haré" anunció el ambarino, antes que se moviera. Se hincó a su lado y sacó con cuidado un zapato para reemplazarlo con la pantufla, lo mismo hizo con el otro calzando perfectamente. Sus ojos se posaron en los suyos de manera tan ardiente que la castaña sintió algo extraño en su interior. Apartó la silla y se levantó para ir a hacer por más velas. En tan sólo dos minutos ya estaba ahí de nuevo, llevando velas rojas que colocó junto a las demás y las encendió para que hubiera más luz. "Con eso bastará" sonrió la castaña, viendo como el ambarino se aproximaba hacia ella.
— ¿S-Sucede algo?
De súbito sin que lo pudiera ver venir, Ryoma la estrelló contra si para poder abrazarla. Dejándola pasmada ante tal acto, siempre solía hacer eso, lograba sorprenderla. Ya que no era como cualquier chico que expresaba sus sentimientos por su novia, sino que simplemente lo hacía sin dar luces de que fuera a suceder. Cuando se separaron la siguió mirando, no podía controlar lo que estaba sintiendo por ella en ese instante, se veía tan hermosa…pero tenía que hacerlo, porque se lo había prometido. Rodeó su cintura para acercarla más hacia él, podía notar los nervios que había en ella, porque solía morderse el labio cuando lo estaba.
Cuando sus manos se aferraron a su cintura, obligándola a acercarse a su cuerpo, sintió como su cuerpo se tensaba y un extraño escalofrió la recorría por completo, apoderándose de sus sentidos. Era tan guapo, podía sentir su respiración a tan sólo centímetros de ella, sus ojos ámbar brillaban a la luz de las velas, ya no parecían ser los fríos ojos que alguna habría observado, eran todo lo contrario…dulces y ardientes a la vez. Sus labios acabaron con la distancia que había entre ellos, logrando acoplarse con los suyos y presionarlos con fuerza. Producto de la fuerza que tenían, deslizó sus brazos hasta su cuello para aferrarse a él y sostenerse. Su lengua se detuvo al sentirse intimidada por la suya que había entrado en su boca y comenzaba a explorarla. Intentando huir de esa electrizante sensación retrocedió sigilosamente, pero él la siguió sin dejar de besarla. En cuestión de minutos se encontraban en su habitación, lo que hizo que el corazón de la castaña latiera frenéticamente. Al abrir los ojos, deslizó sus brazos de su cuello y lo liberó, para dejarlos caer. La habitación tenía el mismo voltaje que la sala de estar. Ryoma abrió los ojos confundido, entonces comprendió todo. La habitación conspiraba para que eso sucediera. La dejó libre y miró la decoración que había. Los muebles estaban flanqueados de velas rojas que desprendían olor a fresas, como si fueran inciensos. En el suelo yacían pétalos de rosas del mismo tono que las anteriores que formaban un camino hacia la cama, la cual llevaba un cubrecama blanco. Al lado de la ventana había un mueble con una botella de champgne, cortesía del hotel según decía en un sobre.
Sakuno caminó nerviosa hacia la cama, se veía hermosa rodeada de velas. Tomó una rosa que había sobre el cubrecama y la olió, sintiendo el aroma que había en ella.
—Lo siento…no estaba enterado de esto—Susurró el ambarino, sentándose a su lado. —No debí haberte besado así. —La contempló un momento, esperando que lo mirara, pero estaba concentrada en la rosa que sostenía. Nunca estuvo dentro de sus planes hacer algo así, ya entendía a qué se refería con "Noche de sorpresas", su madre estaba tras de eso de nuevo. —Vamos a olvidarnos de esto.
—No tienes que disculparte, es normal que nos besemos si estamos casados. —Se sonrojó, ella también tenía la culpa por haberse dejado llevar. —Al igual como este tipo de cosas…
—Aunque sea normal, no debes sentirte obligada a complacerme. Puedo esperar todo el tiempo que sea necesario.
— ¿Y si nunca estoy preparada…? ¿Seguirías conmigo?
—Por supuesto. —Tomó su rostro para que lo mirara. —No me casé contigo para que llegáramos a esto, lo hice por otro motivo y lo sabes. Observó cómo sus mejillas se tiñeron de rojo al percatarse que quería besarla de nuevo. —Por lo mismo, no te obligaré a hacer algo que no quieres. —Se apartó de ella para acercarse al teléfono y cancelar todo, quería tener luz en lugar de velas.
— ¿Qué haces?
—Llamaré para que nos devuelvan la luz. No podemos seguir así.
—Ryoma-Kun yo…—Susurró cabizbaja—Q-Quiero hacerlo…
— ¿Estás segura? —Se sonrojó por primera vez, dejando el teléfono a un lado. —No tienes que hacerlo por mí…
—S-Sí, estoy segura…. —Su rostro ardía, no podía creer que estuviera diciendo eso.
—Está bien…
Al verla temblar, acarició su rostro y la besó con dulzura, no permitiría que saliera herida jamás, porque la amaba más que nada. Sakuno se dejó llevar por sus labios que se acoplaron con los suyos una vez más, al principio eran tan silenciosos que apenas podía sentirlos, pero poco a poco la intensidad comenzó a aumentar, incitando que los suyos se abrieran. Su lengua entró una vez en su boca, explorando su mundo y encontrándose con la suya en el interior. Entonces se dejó caer sobre la cama, Ryoma se posó sobre ella para mirarla de manera tan ardiente que llegaba a cohibirla, sintiendo como una energía electrizante se apoderaba de ella, asustándola por un momento. "Si quieres que me detenga, lo haré" Habló el ambarino en susurros, pero ella negó con la cabeza, no quería hacerlo porque confiaba en él. Sus labios se apartaron de su boca, lo que curiosamente la decepcionó porque tenía deseos de más. No obstante, la sorprendió cuando sintió sus labios deslizándose sobre su oreja, luego por su cuello para luego descender aún más. Ocasionando que la castaña se sintiera ahogada y tuviera que respirar profundamente, de pronto la habitación ardía en llamas y sentía el deseo de refrescarse, Ryoma le hizo el favor de hacer eso. Tomándola entre sus brazos para bajarle la cremallera de su vestido, el cual se soltó instantáneamente y sintió como de pronto el vestido se volvía más ligero. Ryoma se encontraba luciendo una camisa blanca, tenía deseos de conocer su piel antes que él lo hiciera, pero no se atrevía a hacerlo. Entonces lo vio sudando y desabotonándose la camisa, se preguntaba si algún día sería capaz de ayudarlo a hacerlo. Su vestido se hizo innecesario y se encontró en ropa interior frente a su torso desnudo. Sintió deseos de cubrirse, le daba vergüenza mostrar su cuerpo, pero él se lo impedía. Siguió besando su cuello para volver a descender, como si su cuello fuera un manjar suculento. Esta vez bajó hasta su pecho, sintiéndose invadida.
No sabía lo que estaba pasando, quería que se detuviera, pero a la vez quería que no lo hiciera…comenzaba a desconocerse a sí misma, Ryoma estaba despertando sensaciones que jamás había sentido por alguien de deseo y placer. Sus caricias provocaron que la castaña comenzara a respirar con dificultad y hiciera sonidos raros que no podía creer que vinieran de ella. "¿E-Estás bien…?" Le preguntó agotado, ella asintió. La recorrió con las manos, la yema de sus dedos ardía en su piel. Cuando sus labios volvieron a besarla, se sostuvo de su cuello una vez más para dejarse llevar por ello, pero seguía sintiendo que una parte de ella se resistía a sus caricias y no pensaba perder el control, se preguntaba hasta donde llegaría. "Confía en mí, todo saldrá bien…" Le susurró al oído, tranquilizándola ¿Cómo no iba a confiar en él? Desde que estaban juntos que no le había fallado ni una sola vez. Tenía que hacerlo…Cerró sus ojos mientras era besada por él, su primer amor. Sólo con él sentía que las horas se volvían minutos, incluso segundos. Por lo que en un pestañar de ojos lo tenía sobre ella en ropa interior, su fuerte cuerpo se unía al suyo. No podía resistirse un minuto más a él, era tan hermoso…"Te amo" Le dijo la castaña, antes que perdiera el control de su cuerpo escuchó su respuesta, él también lo hacía.
A la mañana siguiente, despertó alrededor de las doce. No sabía con exactitud a qué hora se habían dormido, pero recordaba bien todo lo que habían vivido, por primera vez su autoestima había aumentado, porque él le había mencionado que lucía hermosa aquella noche. A su lado, dormía el ambarino profundamente. Verlo por la mañana con el torno desnudo, no se cansaba de apreciar su lindo rostro descansando, era capaz de apreciarlo toda la vida y no se cansaría de ello. Miró los boletos que habían a su lado, dentro de poco tendrían que regresar a Japón y marcharse del Caribe. Pero nunca olvidaría todo lo que habían vivido ahí, estaría eternamente agradecida con los demás por haberles dado una tan maravillosa luna de miel, principalmente a Rinko quien había organizado todo. Estaba feliz por ello.
Regresaron a Japón dos días después, llevando alrededor de las once de la mañana al Aeropuerto. Sakuno no podía dejar de recordar todo lo que pasaron en el extranjero, las maravillosas veladas, tardes de tenis inolvidables, la sombra de las palmeras, la comida delicioso y su primera vez con el ambarino. Iban a tomar un taxi, cuando alguien los detuvo con su particular voz. Sakura se encontraba tras ellos sonriendo.
— ¡Sakura-Chan!—Gritó Sakuno y se aferró a ella para abrazarla. —Has crecido mucho en tan poco tiempo.
—Sí, es extraño. Mamá dice que es normal porque estoy en crecimiento. —Sonrió orgullosa de su nuevo tamaño, estaba alcanzado a Sakuno. —Te he extrañado tanto, Sakuno ¿Cómo lo han pasado?
—Ha sido un viaje maravilloso, he tomado muchas fotografías. Te las mostraré cuando lleguemos a casa.
—Hola, Sakura. —Intervino el ambarino, haciéndose notar porque su propia hermana lo había ignorado.
— ¡Onii-Chan! —Corrió a abrazarlo. —Olvidé que estabas aquí.
—Lo he notado. —Suspiró.
—Por cierto, Sakura-Chan ¿Has venido sola? Nosotros podíamos irnos solos, no debiste haberte molestado.
—No, he venido con Nanako-Chan. —Dirigió su mirada hacia atrás para ver donde estaba.
—Venía detrás de ti, Sakura. Pero has corrido demasiado. —Suspiró Nanako y se acercó a saludar a los recién llegados. — ¡Bienvenidos a Japón, chicos!
—Gracias, Nanako-Chan. —Sonrió la castaña, mientras el ambarino miraba confundido.
— ¿Ha sucedido algo?—Intervino
—Nada malo, hemos venido a recogerlos porque les tenemos una sorpresa. —Rió nerviosa Nanako, su primo era tan frío como antes.
Nanako los condujo hacia la furgoneta, ya que había obtenido licencia para conducirla. En el camino Sakuno y Sakura charlaban como si fueran hermanas, mientras Ryoma miraba por la ventana extrañado, la ruta que estaba siguiendo no era la que solían usar para ir al condominio. Infería que eso estuviera relacionado con lo que tramaban desde un principio.
Media hora después, Nanako se desvió en una calle desconocida para ambos, dirigiéndolos a una villa llamada "Los cerezos" que el ambarino calculaba que se encontraba a tan sólo minutos de la Universidad a la que asistirían. El nuevo condominio tenía más protección que el anterior, de hecho gran partes de las edificaciones estaban construidas a partir de materiales sólidos y estaban protegidas por grandes portones de maderas que rodeaban las casas. Cuando Nanako se detuvo frente a una casa que tenía el número #1234 afuera, reconoció de inmediato ese tipo de casas. Recordó un proyecto que la madre de Yuki había propuesto sobre unas casas modernas que comenzarían a construir con más tecnología que otras, facilitando las necesidades de los propietarios de esas casas. No obstante, para adquirir tal nivel de seguridad y belleza en una casa necesitaban mucho dinero para ello. Lo que le extrañaba porque sus padres no tenían semejante cantidad.
Sakuno caminó a su lado confundida, preguntándose si esa casa le pertenecía a alguien, pero entonces Sakura le respondió que era de ellos. Rinko abrió la puerta esbozando una gran sonrisa "Al fin han llegado, bienvenidos a su nuevo hogar" había dicho abalanzándose sobre ellos. Pero Ryoma no tenía tiempo para sus abrazos, merecía una explicación.
— ¿Qué significa esto?—Interrogó
—Esto es nuestra nueva casa. —Sonrió triunfante Rinko.
— ¿Eh? ¿Qué quiere decir con eso?—Preguntó Sakuno confusa.
—Sospeché que tramaban algo antes de partir al Caribe, pero jamás imaginé que gastarían tanto dinero en semejante cosa. —Gruñó.
—Ven Sakuno, permítenos enseñarte el interior de la casa. —Suspiró Nanako dirigiéndola por la puerta, sabiendo que discutirían por muchas horas.
Sakura le enseñó lo maravillosa que era la casa, ya que estaba compuesta por múltiples dormitorios, una gran cocina el doble de lo que era antes, una sala de estar digna, una cancha de tenis amplia. La habitación de Sakura era incluso más grande que la que tenía, lo que le daba espacio suficiente para decorarla a su gusto sin tener que lidiar con la compañía de Sumire, ya que ella también tenía un cuarto nuevo.
Finalmente le enseñó una habitación totalmente increíble, que creía que pertenecía a Nanjiro y Rinko, pero estaba equivocada porque todo el tercer piso le pertenecía a ellos, según le había comentado Sakura. Entre las habitación del tercer piso, había una sala de estar con repisas para que estudiaran juntos, otra que contenía dos camas que desconocía para qué eran. Y una gran habitación con una cama matrimonial con vista al jardín, un guarda ropa lo suficientemente grande para mantener la ropa de ambos, además de un baño dentro de la misma habitación. Se dejó caer sobre el colchón sorprendida, era demasiado para ellos. Ryoma apareció a su lado para tocarle el hombro.
—Es increíble que todo esto sea de nosotros…—Susurró Sakuno pasmada.
—Y no es todo. —Sonrió Rinko. —Como Sakura debe haberte mencionado, todo el tercer piso les pertenece para que tengan privacidad.
—Pero…es demasiado. Incluso había otras habitaciones.
—Una es para que se queden tus amigas cuando lo deseen. Otra para la sala de estudio para que puedan concentrarse. Y la otra le pertenece al bebé.
— ¿Qué bebé? —Articuló la castaña aturdida.
—He pensado en eso también, mis nietos deben tener su habitación.
—Eso es demasiado apresurado…
—Es verdad, aún no pensamos en eso. —Bufó Ryoma.
—Lo sé, pero es mejor pensarlo con anticipación ¿Quieren verla? Está junto a ésta.
Los dos se miraron un momento consternados y la siguieron en silencio. Junto a su habitación, había otra más pequeña pintada de color rosa, ya que Rinko soñaba con que fuera una niña. En el centro había una pequeña cuna que tenía una pelota tenis de juguete en ella. La castaña la observó en silencio, no sabía qué decir ante eso, ya que ni siquiera había pensado en ello. Sin embargo era tan hermosa, que se imaginó a un pequeño niño mirándola a lo lejos. Se preguntaba si alguien dormiría algún día en esa cuna, rodeada de peluches y juegos.
— ¿Y Karupin?—Preguntó Ryoma una vez que salieron de la habitación.
—Pues…debe estar alado supongo. —Habló Sakura.
— ¿Porqué debería?
—Durante el cambio de casa se nos escapó y lo encontramos ahí. —Fundamentó Nanako, tratando de calmar a su primo. —Al parecer se enamoró de una gata vecina.
— ¿En serio?—Preguntó Sakuno emocionada.
—Sí, de hecho…ella está esperando gatitos.
—Onii-Chan te han cambiado. —Sakura se burló, sabiendo lo unido que eran.
Ryoma hizo caso omiso a su comentario, mientras los demás reían junto con la castaña. Sakuno estaba feliz y agradecida de la vida que llevaban, ahora no sólo tenía una familia numerosa, también tenía a Ryoma junto a ella.
Continuará…..
Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, soy mala haciendo lemon (O smutt como le dicen ahora), así que el resto se lo dejo a su imaginación. Leí muchos fic así para ver si podía hacerlo, pero simplemente no es mi estilo xD ahora lo hice, porque me lo pidieron.
Bueno espero que les haya gustado este capítulo!
Gracias por pasarse y comentar n.n
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Sayonara!
