Capítulo 5
Hace apenas una semana habían ingresado a la Universidad de Tokio, Ryoma se adaptaba rápido a las clases y muchos de sus compañeros comenzaban a interesarse en él por sus conocimientos, deseando aprender a ser como él. En cambio Sakuno, si bien no era tan buena como el ambarino, se sentía a gusto en Todai, teniendo a Midori y Miyuki como compañeras. Por supuesto, no sólo era eso, el campus también lo era, siendo tan hermoso e inspirador, que se sentía maravillada cuando lo recorría. Al igual a como era su interés por las clases que tenían, llevando tan sólo una semana de clases, había conocido a todos sus profesores, cada uno tenía una modalidad diferente, pero la misma pasión para enseñar aquello que todos amaban. "Alguien de ustedes ¿Sufre algún problema psicológico?" Preguntó un profesor interesado, deseó levantar la mano, para contar la experiencia que había tenido hace un año, pero no se atrevió. Sin embargo, para su sorpresa muchas personas levantaron la mano. Entonces comprendió que no era algo de que avergonzarse, sino que era algo bastante común incluso en estudiantes de la mente.
—Es común que sucedan estas cosas, les puedo preguntar ¿Porqué decidieron estudiar ésto sobre todas las otras carreras bien pagadas en Japón? —Sonrió —Hay una teoría que dice que los estudiantes de Psiquiatría suelen entrar por dos razones ¿Saben cuáles son? Una porque algún pariente suyo sufre un problema psicológico, o dos porque uno de ustedes lo tiene. Lo que es frecuente, así que no deben avergonzarse de ello. No es sólo amar y estar interesado en la mente, también es el deseo por responder a una pregunta en especial. Imagino que cada uno debe tener la suya ¿no?
Todos asintieron, viendo como el profesor escribía en la pizarra con letra elegible un mapa conceptual que explicaba las preguntas que todo el mundo se hacía, versus cuales eran aquellas que podían ser respondidas. Increíblemente no todas tenían el mismo significado.
Kevin se encontraba merodeando por los alrededores de la Universidad, cuando divisó como la castaña de ojos carmesí caminaba por el mismo parque en silencio, por primera vez parecía encontrarse sola, sin sus amigas. Era su oportunidad, tenía que demostrarle al ambarino que ella no era para él, pero ¿Cómo hacerlo? La había seguido los últimos días, pero no parecía esconder ningún secreto. Incluso había obtenido información de cómo se habían enamorado, en un principio su amigo no la tomaba en cuenta, pero no comprendía qué había hecho ella para que cambiara de opinión. No tenía nada de especial, aparentaba ser bastante tímida, distraída, centrada en sus seres queridos, tenía buenas habilidades en tenis, pero nada de que asombrarse. Por más que buscaba su similitud con Ryoma no encontraba nada, eran completamente opuestos ¿Qué tenía ella que lo había hecho cambiar de tal forma? Aún si habían vivido juntos, era extraño pensar en algo que los conectara. Aturdido, contrató a un chico para que se hiciera pasar por su enamorado y le declarara su amor, quizás si encontraba a otro chico interesado en ella se olvidaría de Echizen. Al menos eso pensó.
—Sal conmigo, Sakuno Ryuzaki. —Le dijo un chico de cabello castaño y ojos verdes que había aparecido hace unos minutos, diciéndole que estaba enamorada de ella hace mucho tiempo. Provocando que la castaña se sonrojaba. Como estaba sola, no podría actuar frente a otras personas.
—L-Lo siento…pero ya estoy con alguien.
—Yo puedo ser mejor que él, haré lo que sea.
Kevin miró desde los arbustos con una sonrisa maliciosa, de seguro con esa última frase caería rendida a sus pies ¿Qué chica podría contenerse después de esa proposición?
—Lo siento, pero yo lo amo… y mucho. Siento que jamás podría estar con alguien que no fuera él. —Respondió la castaña, pensando por todas las cosas que habían pasado.
—Entiendo…—Susurró triste.
—De seguro encontraras a alguien que si pueda corresponderte. —Le sonrió la castaña.
"No puedo creerlo…lo ha rechazado" Pensó Kevin sorprendido, pero no se iba a rendir en su primer intento. Quizás no era de las chicas directas, sino de otro tipo. Durante todo el descanso, se dedicó a contratar a personas para que lo hicieran, ya que no faltaban los chicos que accedían a su dinero sin decir nada. No obstante, falló en cada uno de sus intentos.
Sakuno se sentía extraña, era la primera vez que tantas personas se le confesaban en un día, nunca le había pasado semejante cosa. Ahora comprendía lo que sentía su esposo en el Instituto, pero a diferencia de él, ella no podía simplemente rechazarlos, porque cada vez que lo hacía, le recordaba las veces que él la había rechazado, por lo que prefería decirle que estaba saliendo con alguien más para no lastimarlos, diciéndole cosas tales como "No eres mi tipo", encontraba que eran palabras demasiado hirientes para una persona. El único chico que estaba interesada en ella en Instituto y lo restante de Preparatoria era Kintaro, el pelirrojo era tan insistente, que no importaba cuantas veces le dijera que no lo quería, él siempre estaba ahí. Se alegraba que al final de todo hubiera encontrado a la persona que si fuera capaz de valorarlo tal como era. Pero entonces después, había llegado Dan… su primer novio, él se le había confesado y no había sido capaz de rechazarlo, porque en verdad sentía lo mismo por él, así que había decidido darle una oportunidad haciendo caso omiso a sus sentimientos por el ambarino, lo que no había sido bueno, considerando que al final terminó haciéndole mucho daño. Entonces cuando menos lo imaginaba, Ryoma se le había confesado y esa declaración superaba todas las otras, pero a diferencia de las que había tenido que rechazar, esa no podía. Porque lo amaba demasiado.
Cuando Kevin regresó al salón, se percató que el ambarino ya se encontraba sentado en su lugar leyendo un libro de medicina. Suspiró, comenzaban a agotarse las ideas, no sabía qué hacer para demostrarle que ella no era para él, porque aunque eran opuestos, Ryoma no parecía importarle los fundamentos que tuviese. "Tardaste mucho…" le susurró el ambarino sin apartar la vista del libro. El asintió, dando como excusa que no había encontrado lo que buscaba en la biblioteca. Con la llegada del profesor, todos guardaron silencio para escucharlo, ya que tendrían una larga clase de anatomía y debían poner atención en todos los detalles. Como siempre, Echizen sabía todas las preguntas que el profesor hacía, lo que lograba más suspiros por las chicas de medicina que no comprendían cómo a su edad podía estar casado. Era un desperdicio.
—Echizen ¿irás a la fiesta de bienvenida de Todai?—Le preguntó Mizuki cuando salían del salón.
—No lo creo.
Mientras Mizuki le seguía hablando sobre todas las cosas que habría, Kevin pensaba cuidadosamente en qué hacer con respecto a la castaña, debía haber algo en lo que fuera débil ¿Pero qué? Entonces prestó atención a la conversación que tenían, si dicha fiesta se haría en honor de todos los nuevos estudiantes, quería decir que no estaría sólo la carrera de medicina en ese lugar, sino todas las demás. Sus ojos se iluminaron al pensar en eso, si iban los dos, podría conseguir demostrarle al ambarino que ella no era para él, ya que podría descubrir algo estando en ese lugar.
— ¿Qué hay de ti? Smith—Suspiró Mizuki resignado, no había conseguido convencer al genio y se había marchado sin escucharlo— ¿Irás a la fiesta?
—Tal vez. —Sonrió maliciosamente, viendo como el ambarino se reunía con la castaña a la salida de la facultad.
Sakuno se despidió de sus compañeras, para caminar con Ryoma hacia la salida, le habló sobre las cosas que había aprendido en clases y le preguntó cómo había estado su día, como siempre no entraba en detalles sobre su rutina, simplemente respondía que era de la misma forma que siempre. Pero la castaña siempre conseguía que hablara más de lo normal, logrando que le hablara sobre su día tal como había sido. El camino les resultaba menos largo que en las primeras ocasiones.
Cuando regresaron a casa, Rinko los esperaba con la mesa puesta, para que comieran juntos a los demás y charlaran sobre sus días. Sakura aun no llegaba de la Preparatoria, de seguro había salido con sus amigas, pensaba la chica de ojos carmesí cuando notaba su ausencia, estaba tan grande y hermosa, no sabía en qué momento había crecido tanto. "Iré a darme una ducha" anunció el ambarino, levantándose de la mesa, mientras Sakuno se hacía cargo de los platos sucios con Rinko.
— ¿Cómo te ha ido? ¿Te has logrado adaptar?—Le preguntó Rinko con una sonrisa.
—Bien, he podido hacerlo. —Sonrió y entonces recordó lo de las declaraciones. —Pero hoy…han estado sucediendo cosas extrañas.
— ¿Eh? ¿Por qué? ¿A qué te refieres con extrañas?
—P-Pues…—Susurró sonrojada, observando como Rinko se apartaba del fregadero para mirarla. —muchos chicos me han hablado.
— ¿Y qué tiene eso de malo? Es común que lo hagan ¿no?
—Sí, es sólo que…ellos
— ¡No me digas! ¿Ellos se te han declarado? —Al verla asentir, prosiguió. — ¿Y qué les respondiste?
—La verdad…es sólo que me sorprende que sean tantos.
— ¿Cuántos han sido?
—Creo que cerca de cuatro el día de hoy.
—No debería sorprenderte, eres muy bella.
—Ya llegué—Anunció Sakura apareciendo frente a ellas, luciendo su uniforme de Preparatoria. — ¿Qué sucede?
—No es nada. —Rió nerviosa Sakuno. — ¿Cómo te ha ido? Sakura-Chan.
—Bien, pero… ¿Por qué tienen esas caras?
—Sakuno es una rompecorazones en la Universidad. —Sonrió Rinko.
— ¿Eh? ¿Se te han declarado? ¿Quién?
—No fue solamente uno, sino que son cuatro —Se burló Rinko.
— ¿De verdad, Sakuno? Quiero oírlo todo. —Sonrió Sakura—Por cierto ¿Dónde está Nanako-chan?
—Salió con unas amigas.
Rinko y Sakura la escucharon bebiendo una taza de té, Sakuno parecía tan afligida por lo sucedido que no comprendía los comentarios que le daban, sobre que debería sentirse feliz por ser tan popular. La mujer incluso le mencionó sobre lo sucedió en sus tiempos de gloria, antes que Nanjiro apareciera en su vida.
Luego de unos minutos, cuando el ambarino bajó al salón, se percató que su padre espiaba la cocina sonriendo maliciosamente. "Viejo ¿Qué haces?" Le preguntó, provocando que su padre rodeara sus hombros y lo condujera a la escalera, sólo limitándose a decir "Hijo, deberías cuidar más a Sakuno. Parece que tienes competencia en la Universidad" Le susurró dándole golpecitos en la espalda. Sin siquiera poder preguntarle a qué se refería, él se marchó sin prestarle atención. Suspiró y se acercó a la cocina, llevando aún la toalla de baño sobre sus hombros. Entonces escuchó como su madre decía "Si han sido cuatro en este día, no puedo imaginar cuantos serán mañana. Eres muy popular entre los chicos, Sakuno". Con esa frase no necesitaba escuchar más, alguien se había atrevido a declararle sus sentimientos. Iba a irse, cuando se percató que la puerta de la cocina se abría y salía de ahí nadie menos que ella.
—Ryoma-Kun…no creí que estarías aquí.
—Ya terminé de ducharme, por si deseas usar el baño.
—Oh es verdad, iré a hacerlo ahora. Gracias. —Sonrió.
La observó caminando hacia la escalera, no sabía si preguntarle directamente sobre eso o esperar que ella lo hiciera, pero de seguro no lo haría. Así que la siguió sigilosamente, sin percatarse que su madre y su hermana lo miraban a la distancia preocupadas por su presencia en esos momentos. "Esos dos tendrán una conversación seria, de seguro se ha puesto celoso" Comentó Rinkodivertida y su hija asentía, era probable que lo estuviera como siempre.
Sakuno se encontraba soltando sus trenzas frente al tocador, cuando escuchó el sonido de la puerta cerrándose. Ryoma parecía abrumado, se preguntaba si estaba cansado por el largo día que habían tenido. Lo observó desde el espejo, dejando a un lado la toalla que llevaba en sus hombros para acercarse a ella.
— ¿Qué sucedió hoy exactamente?—Preguntó sin rodeos. — Escuché lo que hablaban.
—P-Pues…durante el descanso, unos chicos se acercaron a hablarme y
— ¿Qué les dijiste?
— ¿Eh? La verdad por supuesto, que amaba a otra persona y estaba comprometida.
—Ya veo… ¿Son de tu carrera? ¿Te dijeron sus nombres?
—N-No, y no me parece haberlos visto ahí antes—Susurró nerviosa, no comprendía por qué le hacía tantas preguntas. —Fue extraño—Musitó y se levantó una vez que desató por completo sus trenzas, para caminar hacia el baño—Iré a bañarme.
Se dejó caer sobre la cama para encender la televisión, no comprendía en qué momento había conseguido tener tantos admiradores, ya le bastaba con Kintaro en su momento y Taichi. Ahora que la Preparatoria había terminado y se encontraban en la Universidad, no imaginaba que tendría más pretendientes. Suspiró, no debía preocuparse por ello ahora. Presionó los botones tratando de encontrar algo, pero sólo estaban transmitiendo lo mismo de todos los días. Se detuvo en un canal de deportes, había un encuentro de tenis entre dos chicos que le recordaba a sus tiempos en América. Aquellos momentos en que había conocido a Smith, lo había visto como un simple rival que quería enfrentarse con él, pero después de haberlo conocido, su perspectiva cambió. Era un gran tenista y se había vuelto poco a poco en un gran compañero de torneos. Recordaba cuando le había prometido que se enfrentarían nuevamente en otro partido internacional, él había sonreído diciéndole que algún día sería capaz de vencerlo con su entrenamiento. Él ansiaba ese juego de la misma forma que él, pero con el paso de los años, no volvió a jugar otra vez en el extranjero, porque se dedicó a sus estudios y a seguir los planes de su padre. En ese tiempo el tenis era lo más importante para él, pero ahora era todo distinto. Amaba el tenis, pero no era lo único que importaba. Había otra persona en su vida. Sus pensamientos se detuvieron al ver como la castaña caminaba por la habitación llevando su pijama rosa y su cabello húmedo. La observó acercarse al tocador para tomar un cepillo y desenredarse el cabello, quizás no lo había notado como siempre, pero Sakuno comenzaba a verse cada día más deslumbrante. No podría explicar lo que sentía, pero ya no lucía como una chica de Preparatoria en verdad, sino como una chica de su edad. Tenía curvas bien pronunciadas, su cabello castaño caía sobre sus hombros alisándose con el contacto del cepillo. "¿Has visto el secador de cabello?" Preguntó Sakuno, pero el ambarino no parecía oírla.
— ¿Me estás escuchando?—Insistió la castaña volteando a verlo.
— ¿Eh? ¿Qué decías?
— ¿Has visto el secador?
—Creo que lo vi en el baño. —Murmuró, dejando a un lado el control remoto para ir a buscarlo.
— ¿Puedes traérmelo?
—Sí, aquí está. —Susurró acercándose a ella.
—Gracias. —Sonrió —No sabía dónde estaba. Por cierto ¿Asistirás a la fiesta de bienvenida?
—No lo creo.
—Ah es que Miyumi-Chan decía que iría y Midori también estaba entusiasmada con la idea. Así que yo…
— ¿Quieres ir?
—S-Sí…
—No creí que estuvieras interesada en esas cosas, pero si es lo que quieres…
—No te estoy pidiendo que vayas también. —Declaró, viendo como el ambarino la miraba sorprendido—Sí no deseas ir no te voy a obligar, puedo ir con ellas.
—Supongo que estás al tanto sobre cómo son las fiestas de Todai ¿verdad? No son como las de Preparatoria, si es lo que pensabas.
— ¿Eh? ¿A qué te refieres? Es obvio que no son iguales, pero no significa que por eso sean malas ¿no?
—No estoy diciendo si son buenas o son malas, pero el sólo hecho de que estén todas las carreras universitarias ahí reunidas, da mucho que pensar.
—No lo sé, no creo que sea un problema que estén todas ahí.
—Está bien. —Suspiró —Haz lo que quieras, pero si sucede algún problema ese día…no digas que no te lo advertí.
—No sucederá nada, ya verás. —Bufó
Esperaba estar equivocado por primera vez, de modo que nada malo le ocurriera esa noche. No estaba interesado en ir y ahora que no tenía la obligación de acompañarla, porque no deseaba que fuera de esa manera, tenía la libertad de quedarse en casa leyendo o podría ir a jugar tenis. Eso haría, lo tenía decidido.
A la mañana siguiente, observaron como los primeros rayos de sol caían perpendiculares sobre el cielo, dando a conocer que ese día sería radiante. Sakuno caminaba animadamente hablando sobre los gatitos de Karupin, ya que los había visto de casualidad en el jardín, pero para la mala suerte de Ryoma no había podido saber de ellos aún. Eran tan pequeños y hermosos, eran blancos con gris al igual que Karupin. "Hemos llegados" anunció el ambarino, deteniéndose frente a la pileta que se encontraba en el centro de la facultad de Psiquiatría.
—Es verdad, nos vemos a la salida. —Esbozó una gran sonrisa la castaña—Qué tengas un buen día.
—Tú también. Nos vemos—Anunció el ambarino, notando que algunos chicos de su facultad los miraban a la distancia ¿Acaso uno de ellos se había atrevido a declararle su amor?
La castaña le dio la espalda como siempre para marcharse, pero entonces él estiró su brazo sorpresivamente y la cogió de la muñeca para que volteara. Lo miró confusa, tratando de comprender porque había hecho eso, considerando que no había peligro alguno y ni siquiera le hablaba sólo permanecía en silencio. Hasta que la besó sin previo aviso, provocando que sus mejillas se tiñeran de rojo cuando se separaron ¿Qué había sido eso? Él no solía besarla en la Universidad, sino que era más reservado y prefería hacerlo en otros lugares, sin embargo lo había hecho y no comprendía el motivo. Susurró su nombre buscando su mirada para que le diera una explicación respecto a lo sucedido, pero sólo lo escuchó limitarse a responder "Hasta pronto" y volteó para irse. Lo observó en silencio, hasta que logró perderse entre los árboles.
—Buenos días, Sakuno. —La saludó Miyuki
—Oh, buenos días. —Fingió una sonrisa, tratando de disimular lo que sentía ahora.
— ¿Ha ocurrido algo?
— ¿Eh? N-No ¿Porqué?
—Porque todos te están mirando y tu cara lo comprueba.
— ¿A qué te refieres…con todos?—Susurró nerviosa y al mirar a su alrededor, notó que muchas personas la miraban murmurando cosas.
—No ocurrió nada en verdad, vamos adentro Miyuki-Chan. —Rió nerviosa.
Un rubio que caminaba por los alrededores de dicha facultad, frunció el ceño al ver lo sucedido. No podía creer que ese chico que la había besado era el mismo con el que jugaba cuando pequeño, sus personalidades eran totalmente distintas ¿Acaso ya no quedaba nada de él? No obstante, no podía rendirse aún, ya que de algún modo lo haría cambiar de opinión. Y eso lo conseguiría a través de la fiesta de Todai, dado que había confirmado que la castaña asistiría, si bien él no deseaba hacerlo, estaba seguro que con su plan haría que hasta él mismo Ryoma Echizen tuviera que asistir a esa fiesta para ver cómo en realidad eran las cosas.
La fiesta se llevaría a cabo esa misma noche, no precisamente en el campus Hongo, producto de que el establecimiento no se haría responsable de lo que sucedería en sus instalaciones, considerando que no eran los encargados de todo, más bien eran los mismos estudiantes. Por lo mismo, se decidió que la fiesta se llevaría a cabo de un recinto privado dentro de Tokio, pero organizado y mantenido financieramente por los estudiantes de otros años.
Sakuno estaba tan ansiosa por la celebración, pero al mismo tiempo las palabras de su esposo revoloteaban en su mente, Ryoma no solía equivocarse a menudo ¿Y si tenía razón otra vez? Esperaba no meterse en problemas, porque sabía que si lo hacía, él le recordaría la advertencia que le había hecho y ganaría otra vez. Sin embargo, quería hacerlo y esperaba por una vez que no tuviera la razón. Miyuki fantaseaba con todo lo que habría en ese lugar, alucinaba con encontrar más chicas amantes del yaoi, lo que motivaba a Midori también a que asistiera. En cambio ella, no sabía que esperaba de la bienvenida, porque como no solía ser sociable, no podría tener como meta conocer a más personas, ya que si bien era lo que deseaba, no consideraba que debía asistir a una fiesta como aquella para hacerlo.
Se dedicó a escuchar lo que la profesora les estaba diciendo, estaban viendo antecedentes de la Psiquiatría, conociendo a los principales autores que postularon las teorías, tantos los nacionales, como los de otros países que fueron aportando algo distinto, pero que en el fondo tenían una estrecha relación con lo que se planteaba. Se preguntaba si ella sería capaz de crear una nueva teoría, ya sea aportando a la psiquiatría o la psicología, planeaba dedicarse a ambas, sin embargo aun no tenía claro si se dedicaría a adultos o niños. Si seguía su antiguo sueño de convertirse en maestra algún día, debía admitir que tenía una gran admiración por la enseñanza infantil, deseaba ser parte de eso y ayudar a los pequeños en su formación, por ello si los podía ayudar a enfrentar sus más grandes miedos psicológicos, sabía que serían capaces de superar todo después. Aún así, Midori le había mostrado el lado malo de la Psicología infantil, la mancha negra que nadie quería aceptar, vinculado con los traumas, ya que no todos los niños eran dulces como todos creían y no todos se atreverían a confiar en cualquier adulto, confiando sus males de tal manera que sería más fácil para el profesional interpretarlos correctamente. Más bien, tener un niño como paciente era un verdadero desafío, debido a que no expresan como los demás. Se ha comprobado que a través de dibujos o por medio de juegos los niños son capaces de demostrar lo que sienten, sin embargo, no se pueden utilizar las mismas herramientas con todos, ya que a veces presentan mascaras que no reflejan su verdadera identificad . Por ese mismo problema, muchos prefieren hacerse cargo de adultos, dado que se puede interpretar tanto por medio de su discurso oral como corporal. Aunque eso aun no podía decidirlo, ya que le faltaba mucho camino por recorrer antes de llegar a concluir que era lo que realmente le gustaba.
Al llegar la tarde, se preparó para la ocasión, Midori y Miyuki la esperarían en un paradero. Observó su closet un momento, mirando que podía llevar aquel día, creía que lo mejor sería lo casual. Pero entonces, Rinko entró a su cuarto y le pidió que la acompañara a su habitación, ya que sabía cómo debía lucir para su primera fiesta universitaria. Asintió sin comprender a qué se refería con que la ayudaría, al entrar a la habitación sus ojos se abrieron de par en par cuando se encontraron con una blusa beach que se amarraba a los hombros con dos tiras con unos short azul marino.
—Tía…esto—Lo tomó nerviosa. —No debería haberse molestado.
—No me molesta, Sakuno. —Sonrió—Ahora no me des explicaciones y pruébatelo.
— ¿Eh? P-Pero yo…
— ¿Cómo no podría preocuparme por ti? Si te quiero casi como a una hija. Ya pruébatelos, son de tu talla. —Le cerró un ojo—Me avisas cuando hayas terminado, cuidaré la puerta.
—Está bien…
No le gustaba vestirse en otro lugar que no fuera su habitación, pero no podía dudar de las palabras de Rinko en ese sentido, porque era como una madre para ella y siempre velaba por su seguridad. Luego de vestirse, le anunció que estaba lista. Rinko entró sonriendo de oreja a oreja, estaba en lo correcto después de todo, le quedaba increíble. Levantó su dedo gordo en señal de aprobación, diciendo que se veía hermosa así y que deberían ir de compras un día de esos, porque Sakuno seguía usando la ropa de Preparatoria, considerando que había crecido de estatura y necesitaba más ropa. En lugar de oír lo que decía, Sakuno se preocupaba de lo corto que era el short, no solía utilizar más que faldas, quizás era más cómodo que eso, pero no podía dejar de verse en el espejo dudando sobre su vestimenta. La puerta sonó inesperadamente, si se hubiera tratado de Nanjiro simplemente hubiera entrado, pero si era otra persona tocaría la puerta por cortesía. Ante lo cual, Rinko le gritó que pasara a esa persona, sin siquiera saber quién era. Cuando la puerta se abrió, se encontró con Nanako que llevaba una pequeña maleta con ella, similar a las que usaban las modelos en la peluquería, lo que le llamó la atención.
—Woo te queda muy bien, Sakuno. —Habló Nanako—Realmente esplendido.
— ¿T-Tú crees?
—Por supuesto que te queda bien ¿Crees que te mentiría?—Inquirió Rinko—Ahora Nanako se hará cargo del maquillaje.
— ¿Maquillaje?—Vaciló la castaña. —Yo no necesito eso…
—No seas tímida, Sakuno. Te quedará bien, con tu tez de piel ya he pensado en que color ponerte—Le sonrió Nanako conduciéndola hacia la cama. —Siéntate, confía en mí. Todo saldrá bien.
—No es que no confía en ti, Nanako-Chan. Es sólo que…es sólo una fiesta, no considero que todo esto sea necesario para eso.
— ¿Bromeas? No es cualquier fiesta, es universitaria. —Abrió su maletín —Además no será nada exagerado, sólo le daré un poco de color a tus mejillas y me encargaré de tus ojos.
—Sé que es una fiesta universitaria, pero…yo pensaba lucir de la misma manera que siempre.
—Por esta vez, deberías lucir distinto. —Le sugirió Rinko. —Cuando mi hijo te vea así, se arrepentirá de no haber aceptado acompañarte.
—La verdad…yo preferí que no lo hiciera, porque no quería molestarlo. Además necesita un día de paz, hace tiempo que no va a jugar tenis con Momo-Sempai, todo el tiempo ha estado conmigo.
—Tienes razón, supongo que eso ocurre en los matrimonios. —Susurró, inclinándose para pintar sus labios con un rosa pálido.
—Sí, suele ocurrir eso las primeras semanas. Pero después, cada uno hace lo que quiere. Claro que Nanjiro no es el mejor ejemplo para compararse con Ryoma.
—Ahora te voy a pedir que te quedes quieta, o si deseas puedes hacerlo tú. —Habló Nanako sosteniendo el encrespador.
—Creo que puedo hacerlo.
Sakura se encontraba con su hermano preguntándole acerca de donde estaban las demás, cuando escuchó los gritos de Rinko en el pasillo. Ambos salieron a ver qué ocurría, Rinko sostenía su cámara fotográfica y tomaba fotos por doquier. Mientras la castaña de ojos carmesí le pedía que no lo hiciera, pero había algo distinto en ella. Ryoma también podía apreciarlo, entonces se abrió paso para caminar a ella junto a Sakura. Esa ropa…nunca antes la había visto usarla, eso implicaba que su madre estaba tras eso sin duda. Sin embargo, no era sólo la ropa lo que le llamaba la atención, también sus pestañas y sus labios lucían como aquella noche que habían dormido en el sofá.
— ¿Qué opinas Sakura? ¿Luce o no maravillosa? —Preguntó con orgullo Rinko.
—Tía, no diga eso. —Se sonrojó la castaña, mientras el ambarino la miraba sin decir una palabra.
—Estoy de acuerdo, luces encantadora. —Asintió Sakura, levantando el pulgar igual que su madre en forma de aprobación.
—Tu teléfono estaba sonando—Masculló Ryoma.
— ¿Y no contestaste?
—No alcancé.
—Debe ser Midori o Miyuki-Chan. —Murmuró —Iré a revisarlo…Gracias tía y Nanako-Chan por todo.
—Por nada, para eso estamos. —Habló Nanako por ambas.
Después de hacer una leve reverencia de agradecimiento, subió las escaleras para ir a ver su celular. Efectivamente se trataba de una de ellas, nada menos que Miyuki que le decía que ya la estaban esperando en el lugar estipulado. Guardó sus cosas en su pequeño bolso y se miró una vez al espejo, se sentía extraña, como si realmente no fuera ella en esos momentos, pero debía confiar en los comentarios de los demás. Entró al baño para preocuparse de lo último. Para finalmente enviarle un mensaje a sus amigas avisando que iba saliendo y caminar hacia la puerta de la habitación. De súbito la puerta se abrió y apareció Ryoma en ella con su mirada escrutadora.
— ¿Ya te vas?
—Sí, Miyuki me ha avisado que me están esperando en el paradero.
—Ya veo, pero olvidas algo. —Tomó una chaqueta que había colgada y le cubrió los hombros. —Así está mejor.
—Oh es verdad, la había olvidado. —Rió nerviosa y se la colocó. —Gracias.
— ¿No deberías ir con pantalones?
—Le dije lo mismo a la tía, pero ella me compró esta ropa y no podía rechazarla. Pero son cómodos, creo que jamás he tenido unos así.
— ¿En qué paradero se van a juntar? —Cogió su chaqueta.
—El que está frente de nuestra ex Preparatoria. —Susurró, sin comprender porque cogía su chaqueta ¿Acaso él planeaba acompañarla?
—Está bien, Vamos.
— ¿Eh? ¿Vas a ir?
—Te iré a dejar al paradero, no pienso ir a la fiesta. —Suspiró—De ese modo, sé que llegarás a salvo ahí. Ya que comienza a oscurecerse.
—Oh, es verdad. —Asintió mirando por la ventana, no creía que en debía acompañarla, si aun no se oscurecía, pero no le molestaba estar junto a él unos minutos.
Tras salir de la casa, caminaron bajo la copa de los árboles en silencio, Ryoma no le había dicho nada sobre su gran cambio, pero no importaba. De todas maneras, él era así y no debía sorprenderse. Lo observó de reojos, llevaba la ropa deportiva, lo que indicaba que se reuniría con Momo a jugar tenis y estaba feliz por ello. Deseaba que lo hicieran para que pudiera distraerse un momento de la universidad y se dedicara a lo que había abandonado por su culpa, el tenis. Su gorra blanca le cubría los ojos, lo que le traía recuerdos del Instituto. Aún sentía que cuando tomaba su mano era como un sueño, ya que siempre había imaginado eso y creía que no podría vivirlo, salvo en un mundo paralelo.
—Sí ocurre algo, no dudes en llamarme. —Habló el ambarino cuando iban llegando al paradero.
—Lo haré.
—Y olvida lo que te dije el otro día, no porque me estés llamando significará que tengo la razón. Tal vez me equivoque. —Se bajó la gorra. —Espero hacerlo.
— ¿Estarás con Momo-Sempai?
—Sí, jugaremos tenis.
—Lo infería, me alegro que puedan hacerlo. Hace tiempo que no se veían ¡Que se diviertan!
Sakuno se acercó a sus amigas agitando el brazo, saludándolas a la distancia. Ryoma sólo la observaba pensando en lo que había dicho ¿Acaso ella no quería que él asistiera para que pudiera distraerse? Había olvidado lo considerada que era. Esperaba que estuviera bien ese día. Porque no podría estar tranquilo si acertara en sus sospechas. Saludó a sus compañeras con un gesto y se despidió de la castaña para marcharse, al menos había llegado a salvo al paradero.
Kevin se encontraba bebiendo un trago con Mizuki que analizaba el estado de la fiesta, "¿En qué piensas, Smith? ¿Te aburres?" le había preguntado Hajime. No podía responder a su pregunta, porque lo único que le inquietaba es que no veía a la chica de cabello castaño, sólo faltaba ella para que llevar a cabo su plan. Pero entonces, su rostro se iluminó al percatarse que había llegado junto a sus amigas de Psiquiatría, "No, de hecho creo que me divertiré mucho a partir de ahora" susurró el rubio, dejando al pelinegro confuso.
Continuará…
