"Capítulo 9"
Sakuno permaneció atrás del ambarino en silencio, mientras él miraba con odio a cierto chico de cabello negro que sonreía de oreja a oreja.
—Tranquilo hermanito, no le haré nada—Se burló Ryoga, haciendo notar lo celoso que también era ahora—Ya no eres un pequeño como aquella vez, sin duda has alcanzado a tu hermano mayor.
—Aquella vez fue hace mucho tiempo, así que es lógico que nuestra estatura sea distinta a la de antes.
La castaña pidió con todas sus fuerzas que aquella situación terminara pronto, quería detenerlo, pero no sabía cómo porque no parecía oírla. Seguía estando en la misma postura que hace unos minutos, haciendo una barrera entre ella y Ryoga como si fuera alguien peligroso. Iba a intentar hacerlo entrar en razón otra vez, cuando de súbito apareció Nanako caminando a zancadas hacia ellos, su salvadora.
—Aquí estaban, sospeché que vendrías a este lugar. —Suspiró Nanako cansada.
—Me has sorprendido otra vez, Nanako-Chan. —Sonrió Ryoga—Al igual que en el pasado, has descubierto mis planes otra vez.
—Por supuesto, te conozco mucho después de todo. En fin, volvamos a casa ahora. La tía espera por nosotros.
—Es verdad, es hora de irnos. Vamos, Ryoma. —Rió nerviosa Sakuno.
—Bueno, me rindo. Total podremos seguir hablando en casa más tranquilamente. —Le cerró un ojo a Ryoma. —Vamos, Nanako-chan.
Cuando Ryoga les dio la espalda, Nanako y Sakuno intercambiaron miradas de alivio, la chica de cabello negro se atrevió a caminar junto a él a zancadas. Mientras Sakuno se ubicaba a un lado del ambarino, que al fin parecía haberse olvidado de su enojo principal.
—Deberíamos ir también ¿no crees?
—Sí. —Susurró tratando de controlar lo exasperado que estaba en esos momentos.
Sakuno en un intento por desviar el asunto, le dio la espalda para dar la marcha primero, susurrando lo agotada que estaba de aquel día y lo ansiosa que estaba de volver a casa, pero entonces sintió como la mano de su esposo se aferraba a su muñeca, provocando que lo observara extrañada.
— ¿Qué hablaste con ese tipo específicamente?
— ¿Eh? No mucho, no habían pasado muchos minutos cuando habías llegado. Lo había visto hace un rato desde la biblioteca, en un comienzo creí que eras tú, después me percaté que se trataba de él. Como temí que te enfadarías si lo veías aquí, decidí ir a hablar con él.
— No debiste hacerlo. —Dejó ir su mano, cabizbajo.
—Creí que era lo mejor para que no se encontraran.
—De igual manera lo haríamos, tarde o temprano. No se puede evitar, lamentablemente.
—Lo sé.
—Esto no te concierne, no deberías haberlo hecho. Ya estoy acostumbrado a este tipo de visitas.
—Sé qué es algo entre hermanos y no debería interferir entre ustedes. Pero desde que mi nombre comenzó a llevar tu apellido y estamos juntos…todo lo que tiene que ver contigo me concierna. —Susurró triste—Y no puedo quedarme de brazos cruzados viéndote de ésta manera. Has estado actuando extraño desde que te enteraste que Ryoga vendría, todos me dicen distintas hipótesis, pero nadie me dice la verdad. Por más que pretendas disimular lo que sientes, no puedes engañarme. Te conozco bien. Aunque a veces crea lo contrario, porque hay muchos aspectos de tu vida que desconozco por completo.
—Tienes razón, pero
— Quizás porque no estás acostumbrado a hacerlo o no confíes lo suficiente en mí, pero espero algún día saberlos…para poder entenderte y apoyarte. —Se apresuró a decir antes que interviniera una vez más—Porque de este modo, creo que no puedo —Sintió su mirada escrutadora sobre ella, penetrando sus ojos carmesí como si fueran imanes, provocando que sus mejillas se sonrojaran. —N-No me mires así ¿te enfadaste? no pensaba decir esas cosas…creo que me he pasado otra vez.
—Al contrario, lo has hecho bien. Sí no me dices como te sientes, tampoco puedo entenderlo. Además me gusta que seas honesta en este tipo de cosas y segura cuando algo te preocupa.
Iba a disculparse por haber hablado demasiado, no obstante él no le dio tiempo para hablar, porque la envolvió en sus brazos, logrando que su corazón latiera como una locomotora otra vez. Sintió su delicioso aroma una vez más, dejándose llevar por dicho abrazo.
Tal vez eso era lo ambos requerían en aquellos momentos, necesitaban demostrarse lo importante que eran el uno para el otro, Sakuno debía ser honesta como mencionaba el ambarino, dando a conocer su opinión respecto al asunto y demostrando sus verdaderos sentimientos. Porque a él no le gustaba la chica insegura que era en ciertas ocasiones, le gustaba más aquella que era valiente y manifestaba lo que sentía. Como al mismo tiempo, Ryoma tenía que dar a entender a la castaña que no omitía cosas porque no confiara en ella, sino porque tal como ella había mencionado, aún no se acostumbraba a la idea de tener que contarlo todo. En un comienzo su madre era la persona con la que podía decirlo todo, hasta que creció y comenzó a reprimir todo. En cambio ahora, había una chica similar a su madre físicamente, que había dejado de ser una simple compañera de Instituto y Preparatoria, ahora era mucho más importante que eso, era su esposa. Cuando se apartaron, se miraron fijamente, la castaña tenía sus mejillas coloridas como siempre. Se sentaron en la pileta en silencio, el cielo comenzaba a teñirse de un fuerte color anaranjado, anunciando que una nueva tarde estaba terminando, pero no les importaba en absoluto dicha advertencia. La castaña se apoyó en su hombro un momento, sintiendo como el ambarino le acariciaba el cabello, provocando que sintiera un leve cosquilleo en el estómago por la cercanía de sus dedos. Sí bien habían pasado por muchas cosas y había comenzado a acostumbrarse a sus caricias, aún así sus manos siempre le generaban la misma sensación, como si las mariposas que vivían en su interior escogieran ese preciso momento para revolotear dentro de ella, provocando un leve cosquilleo que no podía definir. Más que todo, era como la sensación que tenía cuando sus labios sellaban los suyos, como de una calidez placentera.
—Es una hermosa tarde, creo que amo los atardeceres como éste. Desearía que nunca se extinguieran y duraran para siempre.
—Tienes razón, pero en general las cosas no son para siempre. La mañana tiene un período de tiempo único, al igual que la mañana y la tarde. Aunque hay lugares que no se distingue el amanecer.
—Es verdad, conozco algunos. En cada país además, el período de tiempo que tiene cada uno de esos acontecimientos es distinto. Cómo en nuestra luna de miel, la hora era distinta.
—Sí, depende el país.
—Lástima que no pueda durar para siempre. —Suspiró la castaña—Deberíamos irnos ahora que se está poniendo fresco.
—Es curioso que yo soy el que suele decirte eso, pero ahora tú eres la que desea volver.
— ¿Eh? ¿Quieres que nos quedemos más tiempo? Por mí no hay problema. .
—No importa, de todas maneras no podemos quedarnos en la Universidad todo el tiempo. —Se levantó en silencio y le extendió una mano. —Volvamos a casa.
Lo miró dudosa, pero entonces contempló que no se encontraba enfadado por ello, sino más bien sonreía. Cuando tomó su mano, sintió como sus dedos se acomodaban hasta entrelazarse, como si uniéndose dejaran de ser dos cuerpos completamente distintos y se volvieran uno solo. Caminó por los alrededores del jardín de la Universidad, sintiendo el aroma a tierra húmeda, de seguro los jardineros estaban regando el césped a esas horas aprovechando que el sol se despedía a la distancia. Al cruzar finalmente el umbral de la salida, charlaron sobre sus días, Sakuno le habló de lo duro que había sido terminar ese trabajo, mientras el ambarino le contaba de los trabajos que debía hacer durante el semestre, incluso de los libros que debía leer, pero para él no era un problema. Cómo debía pasar a una librería, precisamente en la búsqueda de uno de ellos, la castaña lo siguió hasta el centro comercial. Tardaron tan sólo unos minutos en comprarlo, ya que como el ambarino lo había cotizado antes. Salieron cuando la noche se había apoderado del cielo, tornando todo oscuro y siendo iluminado tan sólo por los faroles que había en el camino.
— ¿Cuándo comenzarás a leerlo?
—Esta noche.
—Ya veo, se ve interesante.
—Lo es, son algunas investigaciones que se han hecho en otros países sobre la cura del cáncer, dando a conocer los beneficios que genera y todo lo demás.
—Tienes razón que lo es, me gustaría aprender de ello también.
—Cuando lo termine puedes leerlo, si deseas.
— ¿De verdad? Me encantaría leerlo.
—Sí, puede que tarde algunos días.
—Está bien, lo esperaré con ansias. —Esbozó una gran sonrisa.
—Por cierto, Sakuno. —Susurró apretando más su mano—Lo de mi hermano…
—Oh si no quieres decirlo ahora, no te preocupes. Lamento haberte presionado antes, pero debe ser difícil para ti expresarlo. Sí no quieres, puedo esperar.
—No te haré esperar más, considerando como te sientes. Sólo había pensado en mí y olvidé que esto también te concierne a ti. Por ello, es hora que lo sepas. —Dijo de una vez, dirigiendo su mirada hacia el camino.
—Está bien.
—Imagino que Sakura debe haberte hablado sobre algunas cosas.
—Sí, no sólo ella, también la tía y Nanako-Chan. Ustedes solían llevarse bien, pero algo cambió todo.
—Sí, ese algo fue su partida. Como bien sabes, mi familia ha sido reconocida en el mundo no sólo por el trabajo de mi padre, sino también por su carrera de tenis y sus habilidades en ello. Todos adquirimos su don, también el de mi madre. Pero a diferencia de Sakura, nosotros nos involucramos más con el tenis, dejamos de verlo como un simple juego y lo convertimos en nuestro pilar central. Es decir nuestra vida. —Suspiró—Ryoga y yo éramos unidos como cualquier otro hermano. Como era más pequeño, todos los días competía contra él para ser el mejor y poder derrotarlo. Ese era mi mayor sueño, porque creía que una vez estando a su nivel, sería capaz de derrotar a mi padre. Ya que solían estar en el mismo nivel según ellos. Nunca me rendí, me esforcé cada día por ser mejor que él. Considerando que no era tan bueno, pero entonces llegó un día que pude jugar contra él y nos olvidamos por un minuto de la competencia, para divertirnos de verdad.
—Pero entonces…
— En un principio el heredero de la organización que mi padre administraba, era Ryoga como su hijo mayor. Quien apoyaba la decisión de mi padre y se esmeraba por ser el mejor candidato, pero entonces se dio cuenta que no podía. Tenía un sueño más grande, quería convertirse en tenista profesional en lugar de ser arquitecto. Mi padre respetó su decisión, quizás porque se veía a él mismo tratando de conseguir aquello a lo que él había renunciado por otros planes. Así que lo entrenó y lo dejó competir en torneo internacionales. Solíamos ir a verlo, no todos, pero al menos mi padre y yo. Era tan bueno que calificó en individuales en el Open, gracias a esto un hombre de negocios se interesó en él y lo conquistó con su dinero. Como mi padre no podía entrenarlo y dedicarse a él, así que le preguntó a Ryoga que era lo que deseaba, quedarse con él y conseguirse contactos para ayudarlo, siguiendo en contacto con la familia. O si prefería irse con él y volverse un tenista profesional.
— ¿Eligió a ese hombre?
—Sí, pero más allá de cual haya sido su decisión, no fue eso lo que me molestó. Más bien que se marchó sin despedirse, desapareció de un día a otro sin decirme ni una palabra. Decían que como era pequeño no lo entendería, pero no era así. Hubiese preferido que me lo dijera personalmente.
—Ya veo…creí que se había despedido.
—No lo hizo, envío una carta unos meses más tarde pidiéndome disculpas. Intenté creer en él, apoyarlo y seguirme comunicando. Pero entonces pasaron alrededor de cinco años sin saber de él, volvió a Japón meses después que había nacido Sakura. Se quedó un tiempo, pero nada era lo mismo, él había cambiado. Solía jugar con los sentimientos de algunas personas, era un mujeriego. Todo el día hablaba por teléfono, parecía un adulto en lugar de ser un niño. Presumía sus competencias, todo.
—Sentías como si esa persona que había regresado…ya no fuera tu hermano.
—Sí, eso mismo. —Susurró.
Caminaron en silencio, la historia no había asimilado los kilómetros que habían recorrido hasta ahí, estaban a tan sólo minutos de llegar a casa. Las estrellas lucían radiantes ese día, iluminaban el cielo en distintos puntos de él, sin embargo la luna que se encontraba precisamente en el centro diminuta por la forma que tenía aquella noche, irradiaba mucho más que cualquier otra pequeña estrella. Pero eso no era lo que más sorprendía a la castaña, sino la historia en sí, imaginaba que habían tenido algún problema como cualquier otro conflicto que había escuchado en su vida, pero no de aquel tipo. Ryoma había sido abandonado por su hermano en teoría, precisamente cerca de la llegada de Sakura, teniendo en cuenta el mal ejemplo que tenía de Ryoga, él había querido ser mejor que eso y por lo mismo había cambiado su forma de ser. Le había demostrado a Sakura que siempre estaría ahí para ella y no la abandonaría, no de esa forma. Sin embargo, de igual manera se sintió influenciado en aquella época del jardín de infantes, en que había sido engañado por cierta chica, lo que había provocado que su personalidad se configurara de otra manera. Ryoma había pasado por tantas cosas que nadie imaginaba, sólo lo cuestionaban sin saber realmente quien era. Pero ella no, porque podía conocerlo en todas sus facetas. Lo escuchó susurrando que quizás era una tontería de niños, pero no era así. Tenía ganas de abrazarlo, de decirle que lo entendía, que comprendía ahora el sufrimiento por el que había pasado, más considerando que su padre le había exigido a él que se hiciera cargo de arquitectura, tras haber perdido a su heredero principal, obligándolo prácticamente a ser tan exitoso como su hermano y cumplir su meta, sin pensar en él. Vivir a la sombra de otra persona que fue alguien importante para ti, pero cambió de un momento a otro, no es algo que sea fácil de contar. Ahora comprendía porque no podía decírselo, aún si quería hacerlo, era una historia larga y compleja. Pero ahí estaba a su lado, sosteniendo su mano, contándole todo, confiando en ella al fin. Se sintió inútil en esos momentos, quería decirle muchas cosas, pero ninguna podía formular, todas invadían su mente, pero no salían a la luz. Y eso no era justo para él.
Se detuvieron frente al portón que separaba su casa del exterior, Ryoma cogió la llave y giró la cerradura, invitándola a pasar. Ella accedió en silencio, pero no podía seguir así. Antes que Ryoma se dirigiera a la otra cerradura que estaba a unos metros más del jardín, Sakuno se interpuso en su camino.
— ¿Algún problema?
—Ryoma yo…siento no haberte dicho nada hace unos minutos. Pero me sorprendí tanto con lo que me contaste que no sabía qué decir.
—Lo sé, no te preocupes por eso ahora.
—Si me preocupo, porque entiendo lo importante que ha sido esto para ti. De la forma en que te marcó…
—Podemos hablar esto después…
No sabía qué decir ante sus silencios, seguro que no quería mencionar más el tema porque se sentía incomodo por ello. Lo entendía, pero aún así, quería demostrarle lo que sentía por él. Sintió sus manos en sus hombros, sus ojos la miraban pensativo, como si analizara la situación. Entonces recordó las palabras que alguna vez le había dicho el ambarino, que le gustaba cuando era segura de sí misma y se expresa imperiosamente. Incluso recordó lo que Ann le había dicho alguna vez, "Cuando sientas deseos de besarlo o abrazarlo, no te sientas insegura, simplemente hazlo.". Sintió un ardor en sus mejillas al recordar esas palabras, sin embargo cuando su rostro se acercó más a ella para susurrarle algo, se atrevió a mirar la comisura de su boca y presionó sus labios con los suyos, escuchando su gemido de sorpresa. Esperando que de esa manera entendiera lo que sentía en esos momentos, se liberara de ese dolor que había tenido que reprimir por tantos años y se sintiera apoyado. Quería que sus labios fueran capaces de comunicar aquello que ella no era capaz de pronunciar. Cuando se apartó de él sigilosamente, lo observó sonrojada. Él la miraba incrédulo, pero no molesto, era más bien una mirada de una grata sorpresa. "Sobre eso…yo" susurró la castaña, pero fue callada por otro beso que él le daba esta vez, menos delicado, podía sentir sus manos rodeándole la cintura, consiguiendo que la fuerza de sus labios, despertara un frenesí en ella que la hizo perder la noción del tiempo.
Pero fueron interrumpidos por el carraspeo de alguien, al mirar hacia atrás se percataron que algunos integrantes de la familia los miraban con una sonrisa maliciosa, salvo Ryoga que en esos instantes se daba una ducha caliente.
—Sí quieren hacer ese tipo de cosas, tienen una habitación arriba. —Se burló Sumire
— ¡Abuela!—Gritó Sakuno sonrojada
—Es verdad, si necesitan privacidad incluso podíamos salir. —Rió Nanako
—No creo que eso realmente les importe, por algo están en el jardín. —Sonrió Nanjiro.
—No es lo que creen.
— ¿Qué es entonces? —Habló Sumire confusa.
—Ya veo porque tardaron tanto. Pero están casados, no nos incumbe su vida privada. —Intervino Sakura, viendo como su hermano y su cuñada se volvían rojos.
—Es verdad, además están en plena juventud. Cosa que algunos perdimos ¿no?
—No hables por mí, sigo siendo joven. —Se aclaró la garganta Nanjiro.
—Están malentendiendo todo. Vamos, Sakuno. Dejemos aquí a todas estas personas mal pensadas—Habló por fin Ryoma, quien tomó de la mano a Sakuno y se abrió paso entre todos para ir al salón.
El corazón de Sakuno aún latía a mil, pero ya se encontraban todos en el comedor comiendo, las burlas sobre lo sucedido habían cesado, sin embargo ahora era Ryoga quien se reía de la situación, cuando Nanjiro le había comentado lo sucedido. Suspiró, no quería pensar en ello, no esperaba tomar la iniciativa y hacerlo por sí misma. Ni mucho menos esperaba que después él respondiera a ese beso, todo eso había sido vergonzoso si alguien más los había visto. Revolvió su té en silencio, escuchando como Rinko había tomado las tiendas del asunto y desviaba el tema para hablar sobre el día de cada uno, aunque nadie deseaba hablar sobre aquello. Así que se dispuso a cortar el pastel que había comprado por la llegada de Ryoga. Todos disfrutaron de él, era de fresas con crema el favorito de Sakura, quien sonreía de oreja a oreja por dicho consentimiento. Las miradas iban y venían, la castaña intentaba desviar la mirada del ambarino que se encontraba frente a ella, pero inevitablemente sus ojos se encontraban, sintiéndose igual de incomoda que en el pasado. A diferencia que ahora no eran sólo miradas sin sentido, sino que más bien tenían motivo. Rinko finalmente habla sobre sus carreras, diciendo lo orgullosa que está de tener a dos integrantes de su familia estudiando en las ramas de la medicina.
— ¿Qué estudias, Sakuno?—Preguntó Ryoga interesado.
—Psiquiatría.
—Oh ya veo, trabajaras con locos. —Se burló
—No hay sólo locos en la psiquiatría. —Habló el ambarino.
—Es verdad, también hay personas normales con problemas como todo el mundo.
—Lo sé, era una broma. Debido al estrés he tenido que consultar a algunos. —Susurró, viendo como todos se alarmaban. —Tranquilos, sólo medicamentos naturales.
—Pero ¿Estás bien?—Preguntó Nanako preocupada.
—Sí, nada que no pueda curarse con la buena compañía de la familia.
—Tienes razón, aquí te vas a mejorar. —Le sonrió Rinko.
—Por cierto, Ryoma. —Habló Nanjiro tomando un sorbo de café. —Mañana jugaremos un partido con Ryoga ¿Quieres unirte?
—No se me da bien con dobles, prefiero singles.
—No es lo mismo claro. Te entiendo perfectamente. —Opinó Ryoga—Entonces ¿Qué tal si tenemos un partido los dos? ¿Por los viejos tiempos?
—Las cosas han cambiado a los viejos tiempos.
—Lo sé, por eso quiero ver como juegas ahora. He oído muchas cosas buenas de ti, además de ti en la televisión el año pasado. Haz mejorado bastante.
—Sí ya me viste, deberías conformarte con eso.
—Ryoma. —Lo regañó Rinko
—Además no tengo tiempo en estos momentos, debo hacerme cargo de un trabajo para la Universidad. Gracias por la comida. —Se levantó de la mesa y se marchó por las escaleras.
—Sigue enfadado ¿eh?—Preguntó Ryoga casi en un susurro.
—Pero lo del trabajo es verdad, tiene que quedarse estudiando hoy. Me lo comentó de camino. —Habló la castaña de ojos carmesí preocupada.
—Puede que sea cierto, pero no hay duda que sigue enfadado por el mismo tema.
—Sí, es verdad. Me habló sobre ello, pero tengo la esperanza que puedan resolverlo pronto.
—Ojalá Sakuno. —Suspiró Rinko
—Eso depende más de él. —Comentó Nanjiro
—No, depende de los dos. —Miró a Ryoga—Sé que es algo entre hermanos, pero deberían hablarlo en lugar de fingir como si nada hubiera pasado.
—Tienes razón, Sakuno. Pero no sé si él querrá hacerlo.
—Tal vez lo demuestra, pero siento que en el fondo si quiere hacerlo. Conozco a Ryoma-Kun tal como ustedes, quizás menos en algunos aspectos que en otros, pero con el tiempo he aprendido que sabe bien camuflar sus sentimientos, los esconde de los demás y pareciera que no están ahí, pero en verdad si están. Sólo hay que saber sentirlos. —Se levantó de la mesa—Gracias por la comida, iré a verlo. Con permiso.
Ryoga la observó marcharse por el corredor, hasta que terminó desapareciendo en la escalera. "Confía en sus palabras, es una buena persona. Deberías intentarlo" Le susurró Rinko en el oído y comenzó a recoger los platos, mientras su hijo mantenía la mirada perdida en el pasillo.
Un chico de cabello negro y ojos ámbar se encontraba en la sala de estar, sentado en el sofá tomando un café mientras revisaba unos papeles. Creía que haciéndose cargo de ese trabajo en esos momentos, conseguiría distraerse y dejar de pensar en lo irritante que se sentía cuando Ryoga estaba cerca. Pero eso era lo único amargo de aquel día, porque lo demás había estado bien. Claro que aún no podía sacar de su mente dicha escena con la castaña, le había sorprendido por completo, aunque había cientos de cosas que se podían predecir de su comportamiento, ese beso no lo había visto venir. No había estado mal, pero se sintió extraño al verlo desprevenido. Pero luego de abstenerse, había tomado el control de la situación y por unos míseros minutos había olvidado que se encontraban en el jardín.
— ¿Te puedo acompañar?—Le habló la dueña de sus pensamientos a su lado, sosteniendo una pila de libros en sus brazos.
—Sí.
—Tengo mucho que estudiar también, así que aprovecharé este momento para hacerlo.
— ¿Planeas amanecerte?
—Sí, es importante que estudie para este examen, ya que quiero dar lo mejor de mí.
—De seguro lo harás, pero deberías descansar también.
—Lo sé, pero esta noche quiero quedarme unas horas más, aprovechando que tú también lo estarás haciendo.
—Ah ya veo, bueno es mejor estudiar con compañía.
— ¿Eh? Pero sí tú antes decías que…preferías estudiar solo.
—Y sigue siendo así, pero no es lo mismo estudiar con cualquier compañero que contigo. Eso es distinto.
— ¿D-De verdad?
—Por supuesto. —Rodeó sus hombros cuando se sentó junto a él. —Por ello, debemos dar lo mejor de nosotros esta noche.
—Sí, hay que hacerlo—Sonrió la castaña.
Las primeras dos horas se dedicaron completamente al estudio, en algunas ocasiones Sakuno le pedía ayuda y en otras, hasta el mismísimo Ryoma Echizen necesitaba complementar algunas cosas con Psiquiatría, siendo una rama de la medicina, debía manejarla de igual manera. En otros tiempos, el intelecto como tal, el cerebro era más importante que los sentimientos, lo abstracto. Al menos para él, pero en verdad estaba todo conectado, la amígdala precisamente era un órgano que se hallaba en el interior del cerebro y manejaba las emociones. Por lo tanto, ambas eran necesarias para la vida en general. Desde lo más básico a lo más complejo que se pudiera hacer.
Para que el sueño no venciera, la chica de ojos carmesí tuvo que bajar alrededor de tres veces a la cocina para ir a buscar café para ambos, lo que tenía sus beneficios, en algunas instancias estaba activa en sus lecturas, pero en otras tenía que leer dos veces el mismo párrafo. Hasta que llegó una hora en que ambos comenzaban a sentir sueño, sin embargo Ryoma luchaba por quedarse despierto. Hojeó un par de páginas del manual de medicina, hasta que encontró lo que buscaba. Leyó en silencio, notando como las letras parecían verse borrosas en el papel, pero eso no importaba, ya que debía completar el trabajo. De súbito sintió un extraño peso en su hombro, al voltear se encontró con que Sakuno dormía profundamente, iban a ser alrededor de las tres de la mañana, tal vez era hora de terminar con el estudio e ir a dormir. La acomodó en el sofá un instante, mientras ordenaba los libros en la mesa, para finalmente tomarla entre sus brazos y llevarla a la habitación, era tan ligera como recordaba. La depositó sobre el colchón y le sacó las pantuflas que protegían sus delicados pies, como ya llevaba pijama fue fácil. Suspiró, estaba demasiado cansado para seguir, después de todo era sábado, aún tendría tiempo para dedicarse a asuntos universitarios. Se acostó a su lado y se dejó contagiar por su sueño profundo para unirse a los brazos de Morfeo.
Sakuno despertó con los primeros rayos de sol invadiendo su ventana, no sabía qué horas eran. A su lado dormía profundamente el ambarino, sin duda su parte favorita del día era cuando podía verlo por las mañanas. Sintió su respiración a tan sólo unos centímetros de ella, pero no era sólo eso lo que le llamaba la atención, también su nariz perfecta, su cabello negro despeinado, su aroma, la comisura de sus labios, todo lo que era él. Sí una cosa sabía, era que jamás podría cansarse de admirarlo tal como lo hacía en esos momentos…era hermoso. Su mano subió sigilosamente hasta su cabello, estaba algo despeinado, pero le encantaba. Su piel era tan cálida, se sentía como si estuviera conociendo una obra de arte por primera vez, sus dedos descendieron tímidamente hasta sus mejillas. Pensar que ese rostro que tenía sólo a centímetros, alguna vez había estado a metros, incluso kilómetros de ella, pero ahora podía tocarlo y apreciarlo con claridad. Por más que pasaba el tiempo, sentía que más se enamoraba de él. Retiró su mano con la misma agilidad que antes, no obstante la mano de él la detuvo a centímetros de sus mejillas. "¿Estabas despierto?" preguntó nerviosa y vio como asentía. Pero no era eso lo que hacía su corazón latir, era la calidez que la mantenía. Tomó su mano y la besó en los nudillos, provocando que la castaña se sonrojara levemente. Entonces la abrazó, aprisionándola en su pecho, encajó su cara a un lado de su cuello y pudo sentir otro corazón latir, no era sólo el suyo que latía, también estaba podía escuchar el suyo.
— ¿Qué hora es?
—No lo sé—Dijo la castaña, dirigiendo su mano hacia el velador. Cuando tomó su celular se percató que eran más allá de las diez, eran nada menos que medio día. —S-Son las 12.
— ¿Eh? ¿En qué momento?—Se apartó las frazadas que lo acobijaban para caminar a su celular, efectivamente estaba en lo cierto. Sus alarmas habían sonado, pero al parecer no las habían sentido. —Dormimos más de la cuenta, pero es sábado.
—Oh es verdad, juré que era día de semana. —Rió nerviosa—Es un alivio que sea sábado.
—Sí, iré a darme una ducha.
— ¿No bajarás a comer?
—A estas alturas del día…creo que almorzaremos, no valdría la pena tomar desayuno.
—mmm tienes razón. —Apartó sus sabanas para levantarse. —R-Ryoma…sobre lo que pasó anoche
—si hablas del beso, no te disculpes.
— ¿Eh? P-Pero…lo hice en un mal momento.
—No es cierto, además tienes derecho a hacerlo también.
—C-Creí que no te había agradado. —Se sonrojó, notando como se acercaba a ella en silencio. —Es decir, no quise decir eso…pero lucías incómodo.
—Me sorprendiste… Pero eso no significa no me haya agradado. —Susurró nervioso, ahora ella estaba intimidándolo.
—Entonces… ¿realmente puedo hacerlo?
— ¿De qué hablas?
—T-Tocarte…cuando yo quiera. Es decir no en ese sentido…sino que me refiero —Su rostro se volvió de un tono rojo ardiente.
—Sé lo que te refieres. Puedes hacerlo—Puso sus manos sobre sus hombros, logrando que estuviera más nerviosa. —Cómo yo puedo acercarme a ti, cuando desee hacerlo—Besó sus labios con dulzura y se apartó para seguirla observando—También tienes ese derecho.
—Entiendo…
Observó como Ryoma le dio la espalda para caminar al baño, ella también tenía cosas qué hacer en su ausencia. Bajó las escaleras, pensativa, sintiendo su corazón frenético aún por aquel inesperado beso, pero no quería pensar en ello. En cierto modo, Ann tenía razón no debía durar sobre abrazarlo, besarlo o acariciarlo, porque era su esposo. Ya que desde que habían aceptado estar juntos y su apellido se volvió el suyo, él se había vuelto de alguna manera en esa persona que le pertenecía, al igual como ella le pertenecía. Se pertenecían mutuamente, por ello era normal que tuvieran ese tipo de derechos. Pero más que la palabra derecho en sí, que sonaba mal casi como si fuera dominante, consideraba que al haber firmado el acuerdo de amarse y respetarse, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte los separe…era una especie de contrato en que sus vidas habían cambiado, ya no eran esos compañeros de Instituto y Preparatoria que alguna vez habían sido, ahora eran un matrimonio que debían demostrar el amor que sentían el uno por el otro. Se habían unido bajo esa consigna "amarse y respetarse", pero quizás ella se había tomado demasiado en serio la palabra "Respetar" en lugar de sólo amar, porque se había dado cuenta que tan sólo la noche anterior y aquella mañana por primera vez sentía que podía tocar a Ryoma sin miedos, porque él le había permitido que así fuera en dicho contrato, pero no se había atrevido hasta ese instante. Suspiró, sentía sus mejillas tan rojas que era como si el salón se hubiera vuelto un horno por la temperatura que tenía. Caminó a zancadas hacia la cocina y se encontró con Nanako que cocinaba el almuerzo, mientras Rinko fregaba los platos.
—Oh, Sakuno has despertado. —Le sonrió la mujer de cabello castaño
—Sí, ayer nos quedamos hasta tarde con Ryoma estudiando. Por eso, nos quedamos dormidos.
—Lo imaginé, los sentí hasta tarde. Además, cuando desperté vi que en la sala de estar me percaté que había dos tazas que aún contenían café.
—Sí, tuve que bajar en tres ocasiones para preparar más. Teníamos que mantenernos de alguna forma.
—Ya veo, entonces tuvieron una dura noche de estudios. Los entiendo, he pasado por lo mismo en otras ocasiones —Suspiró Nanako.
—Sakuno, aprovechando el momento. Quería hablarte sobre algo.
— ¿sí? ¿Qué es? Tía
—Pues como has notado, Ryoga y Ryoma no se llevan muy bien por lo sucedido hace unos años. Es por ese mismo motivo que hoy hemos organizado un paseo. Considerando que el lunes es feriado.
—Oh es cierto, lo había olvidado.
—Por lo mismo, queríamos invitarlos a ambos que participen. Así podremos unirnos más como familia, sé lo mucho que a Ryoma le incomoda este tipo de cosas, pero pienso que si tú hablas con él podrías convencerlo.
—L-Lo intentaré, pero en estos momentos no sé si debería…
—Confíanos en ti, Sakuno. —Nanako le tomó las manos para animarla. —Por favor.
—Está bien.
Una hora después, subió las escaleras decidida para hablarle, pero temía no tener una respuesta afirmativa de aquel paseo, sabía cómo se ponía con ese tipo de cosas. Cuando entró a su habitación, Ryoma lucía su ropa casual y leía una revista de tenis, la nueva de dicho mes. Tomó aire y cerró la puerta tras de ella, para sentarse junto a él. No sabía cómo decírselo, quizás no volvería a confiar en ella si le tendía ese tipo de trampa para arreglarse con su hermano, pero tampoco podía fallarle a Nanako y Rinko. Así que sin siquiera planear lo que iba a decir, se atrevió a anunciarlo.
—La tía ha organizado un paseo por el fin de semana, tomando en cuenta que el lunes es feriado. Por ello, nos ha invitado para que vayamos también.
— ¿Irán todos?
—Sí, incluso mi abuela.
—Ya veo. No nos vendría mal tomarnos un descanso, sin embargo…
—Sé que no te gusta este tipo de actividades, es mejor planearlas que improvisarlas como en este caso. Pero tu madre se ha esmerado mucho con ello, desea que compartas con la familia como en los viejos tiempos.
—Los viejos tiempos, eh. De eso no queda mucho.
—Lo sé, pero al menos si no puedes hacerlo por ella…hazlo por mí.
Al escuchar dichas palabras, dejó de un lado la revista para mirarla a los ojos, notando suplica en su mirada. Suspiró, había hecho muchas cosas por su madre en su vida, pero con el paso de tiempo había dejado de importarle aquello y había comenzado a preocuparse lo que era importante para él. Pero he aquí un nuevo obstáculo, no podía decirle que no a la chica de cabello castaño y ojos carmesí que estaba frente a él. Desde que la había conocido, muchas cosas habían cambiado y ahora su prioridad era hacerla feliz a ella. "De acuerdo iré" Susurró por fin, provocando que la castaña esbozara una gran sonrisa de oreja a oreja. Aquella sonrisa era una de las cosas que amaba de ella, parecía que cuando sonreía el tiempo se detenía, logrando que todo lo desagradable de su vida, se volviera todo lo contrario. Era como cuando un niño comenzaba a conocer los colores, al principio sólo creía que existían los primarios, pero después se daba cuenta que había mucho más que eso. Era como si la gente que solía percibir el mundo frío y gris, ahora descubría que no era tan malo después de todo, que en ocasiones se volvía alegre y de múltiples colores. Así se sentía estando con Sakuno, ella era la que irradiaba colores en su mundo oscuro y gris. Logrando volver todo más agradable.
Continuará….
Hola! ¿Cómo están? Espero que bien
Lamento la demora, seré franca estaba leyendo una saga xD Se llama "Oscuros" la conocen? *-* había leído el libro 1 como hace cinco años, pero no podía encontrar el dos, tardé una eternidad en encontrarlo, pero antes de ello llegaron todos los demás. Así que ahora sí pude leerlos de corrido xDDD En fin, volviendo al tema central :D este capítulo tiene 15 páginas, debido a que esta madrugada sufrí un ataque de inspiración incontrolable xD Este es el resultado de esto, hay cosas que tenía planeadas, pero hay otras que llegaron a mí solas.
Bueno, espero que les haya gustado. Estuve en paro universitario 1 mes y dos semanas, pero ahora finalmente regresaré a clases el día martes. Es altamente probable que no tenga vacaciones, por ello me daré el tiempo de actualizar antes que se vengan la avalancha de exámenes :( porque más allá de mis estudios, no sé si les he mencionado, pero cuando llega este tipo de inspiración no puedo ignorarla, aunque esté en exámenes o lo que sea, tengo que escribir. Es como una necesidad. Así que eso, les aviso cualquier cosa :)
Mi página de facebook es Hinata-Sakuno fanfiction ahí los mantendré informados sobre cualquier cambio en esto.
Gracias por leer, comentar y apoyar n_n me anima muchos leerlos
Saludos!
