Fic

Historias de Albert y Candy

Besarte el Alma

Por Mayra Exitosa

Historia inspirada en la imagen de Lulú Mtz

La inocencia de su mujer lo tenía bastante inquieto, por como la observaba, era virgen y llevaban tres semanas, donde cada día podía hacer más cosas, la rehabilitación en el agua, lo emocionaba, pero jamás se imaginó que ella no supiera nadar, así que le pidió que le contara de su familia, cuando yacían en su habitación.

- No hay mucho que contar, mis padres murieron en un accidente, mi madre antes de morir me dejó con la jefa de enfermeras y le pidió que se hiciera mi tutora, que no me dejara lejos de su vigilancia jamás y que me cambiara el nombre y mi apellido. - ¿Por qué? - No lo sé, pero si supe que ella pidió que, si me sacaban del hospital, me casaran con quien me llevaba, pensé que sería el señor Johnson, pero luego me llevó usted. - ¿querían casarte con quien sea? - Es que mi tutora es una mujer mayor y cree que no me casará como se lo prometió a mi madre. William estaba fascinado, pues la habían engañado para que contrajera nupcias con él y al final no había estado mal, soltaba el aliento tranquilo y de pronto meditaba eso que Candy le había contado, pues su familia le pidió que le cambiaran el nombre y el apellido, por lo que debía investigar sus verdaderos orígenes. - Candy, cuando te cambiaron el nombre y el apellido, ¿fue de manera ilegal? - No, Jane Marie Montero estaba casada con el doctor Robert White, ella era la señora White, más su titulo como enfermera esta expedido cuando estaba soltera, así la adopción la hizo su esposo y ella, por eso tengo el nombre de Candy White. - ¿Cuál era tu nombre antes de que fueras adoptada? - Me dijeron que lo olvidara, para que no me reconocieran y me diera problemas. - ¿darte problemas? - Mi madre por algo pidió que me lo cambiaran ¿no lo cree? - Supongo que sí, pero ahora soy tu esposo, puedo guardar el secreto contigo. Ella se acercó y bajó su tono de voz, - Serás el único que lo sepa, Cargill, Candice Cargill es mi primer nombre, mi padre era Charles Cargill y mi madre Christine Cargill.

Él la vio cerca, sintiendo su aliento se giro suavemente para tomar su boca, probando el sabor a menta de su enjuague bucal, para luego extasiarse de su gentileza, al estar durmiendo con un león todo ese tiempo, sin tomarla como su mujer, ella no se había quejado de nada, pero él estaba agonizando al tenerla a su lado sin poderla poseer. Cuidadoso, la atrajo acariciando su espalda y ella parecía aprender por primera vez a seguir ese ritmo pasional al que estaba siendo invitada. William sabía que la herida estaba cerrada, que podía hacer movimientos de su cadera, más la ansiedad de poseerla era demasiada y temía perder el control, por lo que se había estado conteniendo para poder ejercer su derecho a consumar su matrimonio, así delicadamente notaba que ella se dejaba llevar por él, motivándolo para que fuera más su entusiasmo y confianza, lentamente le fue alzando la bata, moviendo cada prenda sin dejar de besarla, hasta que ella notaba que estaba casi desnuda y se alarmaba, - pero ¡No puedes! - ¿Me estas retando? Has sido una tentación tu boca, tu cuerpo a mi lado cada noche durante más de tres semanas, no puedo seguir esperando a consumar nuestro matrimonio. - Yo nunca he… - Lo sé, pero ese nunca lo dejaremos en el olvido esta noche.

Con tiernas caricias, la fue convenciendo de que lo despojara de las prendas que él portaba, para al final quedar completamente desnudo y ver como ella estaba muy avergonzada, a pesar de que había estado con el en la ducha, y muchas veces le tallaba la espalda, por lo que pensaba que lo veía desnudo, más ella lo respetaba y no lo tocaba del todo, no deseaba obligarla sobre todo cuando ella todo el tiempo se avergonzaba, así que ahora la animaría a ser su mujer, tomaba sus manos, mostrándole como tocarlo, mientras él hacía lo mismo, en su cuerpo haciendo que ella se alarmara por las nuevas sensaciones que sentía y él aseguraba que también lo estaba sintiendo con su toque, así trataba de corresponder lo que le iba mostrando, más su desesperación fue mucho mayor y no pudo soportar más, se fue a su cuerpo con caricas candentes, logrando agitarla y al hacerlo, él también se endurecía emocionado por como su clímax, era tan ardiente como deseaba que continuara varias veces antes de que él comenzara y así, dejaba lacia y agotada de las ocasiones que le la llevaba con sus dedos, boca y ahora era el turno de hacerla vivir lo mejor de un hombre con su mujer, reconocía que ella fue valiente como él se lo pidió, hasta que la subió a su cuerpo y la ancló donde ella podía resistirse o continuar, más sus piernas resbalaron en la seda de las cobijas y se dejó caer palideciendo de la intrusión tan dolorosa que sintió, él trato de calmarla y ella se aferró a su cuello sin poder levantarse, más sus besos, sus caricias y la humedad que ya gozaba de ella, hicieron que se relajara y él pudiera brindarle con seguridad sus movimientos, cuando ya la sentía más adaptada a su enlace. - ¡oh cariño! ¡lo siento! - Estoy… bien. - Te prometo que no volverá a doler, es solo por ser la vez primera. - Si, creo que lo había estudiado, más no es lo mismo la teoría medica que, la práctica. Él le sonrió y se acercó a su oído asegurando que le gustaría practicar mucho con ella, hasta que le gustará tanto que lo hicieran continuamente.

El cambio de posición, fue el mejor al estar ahora encima sin presionarla, donde él la tomaba tras su espalda luego se movía con un constante ir y venir que la hacía sentir en su cuerpo una agitación constante y agradable, él arrodillado estaba sin presionar la herida y a la vez tomaba por acariciar sus senos, su entre pierna así provocaba que ella se agitara y deseara mayor la intensidad, por lo que con uno de sus brazos la anclaba en su cintura ayudando a chocar con ella una y otra vez, dejando claro que lo estaban disfrutando los dos con tal placer que no esperaban el clímax tan pronto, solo lo ansiaban y lo solicitaban en cada ocasión con más velocidad hasta que con golpe final y un largo espasmo, derramaba su ser en su mujer y ella lanzaba su cabeza hacia atrás coincidiendo con sus rostros en un beso demandante por agradecerle lo reciente vivido por ambos.

La noche se hizo larga, ninguno de los dos deseaba que finalizara, él por tanto tiempo de escases y ella por el ansia de los nuevos conocimientos prácticos de esa teoría insípida que no agregaba lo que su marido le enseñaba con tanto esmero.

Continuará…


Gracias por sus comentarios, llegando con el Especial Amor Ardiente del mes, logrando incluir esta historia en el reto,

deseando sea de su agrado, para seguirla continuando con tantos comentarios como sean posibles.

Gracias por el respeto a los escritos al no copiar ni adaptar parte o completa de mis historias

Respetando a sus creadores originales al no escribir con fines de lucro en esta historia

Un abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa