Capítulo 16
Después de un sinfín de pesadillas, la castaña finalmente había podido conciliar el sueño y permitir que Ryoma descansara a su lado, era la última vez que verían una película de ese tipo, lo había decidido por mucho que ella insistiera en que podía hacerlo, sólo lo decía para que no se sintiera mal.
Eran cerca de las diez de la mañana, cuando el sonido de su estómago comenzó a molestarlo, no sabía porque tenía mucha hambre, imaginaba que se debía a que su resfriado se había ido, pero después de una larga noche como aquella le daba cierta pereza levantarse a desayunar, por lo que decidió ignorarlo unos minutos. No obstante, su estómago crujió de tal modo que sonó como si estuviera molesto. Suspiró y se reincorporó en la cama para levantarse, Sakuno llevaba algunos minutos moviéndose más de lo común, se preguntaba si se debía a lo mismo o si seguía con problemas para dormir. La observó un minuto antes de levantarse, su rostro no tenía expresión alguna, no parecía asustada ni nada parecido. Tomó uno de sus mechones rebeldes y lo puso en su lugar para verla mejor, podía escuchar su respiración profunda como si se encontrara en un sueño en niveles, porque ni siquiera sus propias manos podían despertarla. Acarició su mejilla y encontró rastros de leves lágrimas. De seguro eran producto de todo ese tipo de pesadillas que tuvo antes. Las limpió con delicadeza y se estiró para levantarse. De súbito su mano lo detuvo aferrándose a su pijama, "Ryoma...no me dejes" Murmuró entre dormida. Cogió su mano y sonrió, dicho gesto le recordó a aquella vez que estaba con fiebre y no quería apartarse de él, en ese momento deseaba lo mismo, pero no quería admitirlo. En cambio en esos instantes era distinto, quería y podía hacerlo. "Jamás te dejaré, Sakuno" musitó cerca de su rostro.
—Ryoma…—Se sonrojó al verlo cerca de ella.
— ¿Soñabas que te dejaba? —Se burló.
—P-Pues…no en ese sentido. —Rió nerviosa. —Soñé con la película de anoche.
—Otra vez. Esta es la última vez que veremos ese tipo de cosas.
—Oh tienes ojeras. —Examinó su rostro preocupada. —Lo siento.
—No me preocupo sólo por mí, también es por ti. —Se acomodó otra vez para acariciar su cabeza. —Yo sólo vi como reaccionabas, tú viviste la experiencia de la maratón de pesadillas.
—Entonces por el bien de ambos no debemos ver esas películas. —Sonrió.
—Así es. Y por el bien de mi estómago, debemos ir ahora mismo.
Tras haber desayunado huevos revueltos, Ryoma propuso que salieran a pasear del mismo modo que había sugerido el día anterior. Era un bonito día para salir a caminar, quizás él hubiera preferido salir a jugar tenis, pero su esposa no se lo permitió recordándole que estaba saliendo de una gripe. Así que después de haberse dado una ducha caliente por separado y dedicarle el tiempo requerido para vestir decentes, finalmente habían salido al exterior.
Se sentía extraño sin llevar su bolso deportivo en su hombro, por lo que no le quedaba otra alternativa que esconder sus manos en sus bolsillos, en cambio la castaña lucía complacida con el simple hecho de caminar en su compañía. El sol irradiaba luz en lo alto del cielo, obligándola a cubrir sus ojos con sus manos. Sí bien no se encontraban en la época adecuada para vestir ropa de verano, el clima en lo general era impredecible, por lo que habían decidido dejarse influenciar por la intuición de ambos.
Su cabello castaño parecía volverse rojizo al ser iluminado por la brillante luz que se proyectaba en él. Sakuno esbozaba una gran sonrisa, murmurando lo agradable que estaba el día, a pesar de que habían dormido poco, el clima la animaba a sonreír. "Oh mira eso" señaló una caja musical en forma de castillo que se encontraba en una vitrina de vidrio. Sin que escuchara su opinión sobre ello, la vio entrar decidida a la tienda para preguntar por ella. Suspiró, típico de ella no escucharlo. La siguió sin decir una palabra, entonces la observó tomar la pequeña caja musical que la empleada le otorgaba, atreviéndose a darle cuerda. El majestuoso castillo abrió sus puertas, dejando en libertad una pequeña bailarina que danzaba por el salón exterior, emitiendo la dulce melodía del cascanueces. Sakuno miraba ensimismada dicha acción, volteando a verlo con emoción para que se uniera a ella. Claramente él no se emocionaría por dicho objeto, pero sí se dedicó a observarla, lo que más le gustaba hacer era verla sonreír. De un momento a otro, salió un nuevo individuo correspondiente a un soldadito de plomo que danzaba hacia ella y la tomaba por la cintura para unirse a ella.
Sakuno escuchó la hermosa melodía, ensimismándose en ambos individuos, imaginando que se trataba de ellos. Ryoma luciendo un traje de soldado y ella luciendo un largo vestido rosa que la hacía sentirse realmente feliz, perdiéndose en los ojos ámbar de su esposo. "Mira eso…es hermosa" Murmuró un chico señalando a la castaña junto a otro chico que asentía sorprendido.
— ¿Quieres llevarlo? —Le susurró Ryoma, rodeando sus hombros.
— ¿Eh? Sólo lo estaba viendo. Además cuesta mucho dinero.
—Sí es lo que quieres, puedo dártelo.
—No te preocupes ¿Vamos?
—Está bien. —Le tomó la mano sorprendiéndola. —Salgamos de aquí.
Lo siguió notando como dos chicos la observaban, no entendía el motivo ¿Acaso estaba hablando demasiado fuerte? ¿O era otro motivo? Antes que pudiera comprenderlo, ellos se habían perdido en el pasillo. Cuando salieron, recorrieron el centro comercial sin separarse un instante, Sakuno sonreía con frecuencia dejándose sorprender con todo lo que veía como una niña pequeña.
Almorzaron en un pequeño Restaurante, donde disfrutaron platos tradicionales que hace tiempo no probaban en casa y vivieron un grato momento al aire libre. Ambos merecían un descanso de sus actividades de la Universidad y distraerse más seguido. Por lo que Sakuno aprovechó la ocasión para tomar fotografías de ellos, incluso dando paseos en los botes en forma de cisne que los turistas acostumbraban a utilizar para recorrer algunos lugares por vía marítima. Como era domingo, muchos aprovechaban aquella ocasión para distanciarse de sus problemas. En su caso, se sentían como la cita que nunca habían podido acordar en un principio, porque en lugar de las parejas normales que primero decidían salir y luego casarse, ellos habían decidido de un segundo a otro contraer matrimonio.
Ryoma se detuvo al reconocer la silueta del ex capitán de Seigaku, Tezuka se encontraba en una cafetería hablando por su celular mientras revolvía un café. No lo veía desde su boda, había viajado por él a Japón y luego había regresado a Alemania para hacerse un tratamiento al hombro que sería el último que tendría en su vida. No podría volver a jugar tenis como antes, pero sí podría ocuparlo que era lo importante.
"Lo sé, he estado revisando ese documento ahora" Habló el hombre de cabello castaño, explicándole lo fundamental que era, su colega no parecía entenderlo. Gracias al liderazgo que poseía, le habían permitido ser el encargado de dirigir una gran empresa perteneciente a su familia. Cuando colgó su teléfono, dejó escapar un suspiro por lo agotado que estaba y tomó su taza de café para tomar un sorbo, pero se detuvo al notar que alguien lo observaba. Nadie menos que la nieta de su entrenadora Sumire Ryuzaki y precisamente a su lado estaba uno de los mejores titulares de Seigaku, Ryoma Echizen quien esbozaba una amplia sonrisa.
— ¿Mucho trabajo?
—Sí, algunos problemas de la compañía. Pueden sentarse.
—Gracias. —Sonrió Sakuno sentándose frente a él. —Se nota que está agotado.
—No he dormido bien los últimos días. —Carraspeó. — ¿Qué hay de ustedes? ¿Cómo han estado?
—Bien. —Habló Ryoma— Ahora dábamos un paseo.
—Es bueno que se distraigan de ese modo. Más considerando que está en su primer año de Universidad.
—Sí, es uno de los motivos por los que hemos decidido salir.
— ¿Cómo te ha ido en los estudios? Echizen.
—Ha sido complejo en un principio, pero poco a poco comienzo a acostumbrarme, supongo.
—Aún así, le ha ido excelente. —Habló orgullosa la castaña.
—Me alegra saberlo. —Sonrió Tezuka, sorprendiendo a ambos. —Tienes que dar lo mejor de ti, Echizen. Estudiar medicina no se compara con el tenis, me atrevería a decir que es más complejo de lo que parece.
—Tienes razón, lo he notado.
— ¿Y qué hay de ti? Ryuzaki-San. —Habló siempre con respeto. — ¿O debería decirle…Señorita Echizen?
—En la Universidad ha decidido no usarlo y utilizar su apellido de soltera.
—Así es, debido a que quiero dar mi mayor esfuerzo por ser la mejor psiquiatra, en lugar de estar a la sombra del apellido Echizen.
—Ya veo, tiene lógica.
—Y con respecto a mis estudios, ha sido complejo de igual manera, porque el ritmo no es el mismo que la Preparatoria. —Se sonrojó.
— ¿Te arrepientes de haber estudiado eso?
—No, al contrario siento que cada día más amo más lo que estudio. —Sonrió.
—Además le ha ido bien. —Habló Ryoma, rodeando sus hombros. —Gracias a su propio esfuerzo.
—Ryoma-Kun. —Susurró sonrojada, le sorprendía oír eso de él.
Observó a ambos, era increíble lo bien que se llevaban, ahora podía ver la combinación perfecta que había entre ellos, precisamente de la que hablaba Ryuzaki-Sensei. Aunque el ambarino era más centrado en lo racional y le costaba expresar sus emociones, parecía encajar bien con la personalidad humilde y emocional de la castaña.
—Ustedes dos…
— ¿Eh? —Lo observaron ambos.
—Hacen una buena pareja. —Declaró Tezuka, bebiendo lo que quedaba de su café. —Ahora entiendo a qué se referían los demás.
— ¿Porqué lo menciona? —Preguntó Sakuno sorprendida ¿Qué decían los demás de ellos?
—Porque se nota que hacen una buena combinación entre ustedes, a pesar de lo distinto que son. Me recuerdan a la leyenda del Ying y el Yang ¿La conoce?
—Sí. —Susurró Ryoma, había sido inesperado ese comentario por parte de Tezuka.
—Es similar a la metáfora de los dobles en tenis para poder congeniar necesitan
—Unir sus fuerzas y complementarse con las fortalezas del otro. —Respondió Ryoma como monólogo.
—Así es.
— Sobre eso, capitán —Preguntó Sakuno nerviosa. — ¿Ha encontrado a alguien que lo complemente?
—Pues…—Susurró nervioso, viendo como ambos lo observaban en silencio. —Sí te refieres a encontrar a una pareja, no. Pero si he encontrado a alguien que me complementa en habilidades.
— ¿Te refieres a mí o no? — Habló una voz a su lado.
— ¡¿Eh? ¿Fuji-Sempai?! —Exclamó la pareja nerviosa, notando como el castaño lucía ropa casual y llevaba una carpeta en sus manos. ¿De dónde había aparecido?
—Tal vez.
— ¿De dónde apareciste? —Preguntó Ryoma exasperado.
—Los vi hace un rato conversando, por lo mismo quería sorprenderlos. —Sonrió inocentemente.
—Lo has hecho. —Rió nerviosa Sakuno.
— ¿Trajiste los papeles que te pedí?
—Por supuesto, aquí están. —Se los ofreció.
—Gracias.
— ¿Están trabajando juntos? —Preguntó Sakuno curiosa, entonces las ideas de sus amigas brotaron en su mente sobre el yaoi.
—Sí, hace algunos meses. —Sonrió Fuji.
—Ya veo, por un momento creí que ustedes estaban…—Susurró nerviosa, viendo como Ryoma se alarmaba, sabía a dónde iba a terminar la conversación.
—Es hora de irnos, Sakuno. —La interrumpió, levantándose. —Tenemos cosas qué hacer.
— ¿Eh? ¿Qué cosas? —Preguntó incrédula.
—Debemos ir al supermercado a comprar cosas para el viaje.
— ¿Se irán de excursión? —Preguntó Tezuka confuso.
—Iremos a un campamento de nuestras facultades.
—Ya veo, qué interesante. —Sonrió Fuji. —Deben aprovechar ese tipo de oportunidades ¿No es así, Tezuka?
—Así es, deben esforzarse al máximo.
—Lo haremos. —Sonrió Sakuno levantándose, Ryoma ya le cogía la mano.
—Nos vemos en otra oportunidad, saludos a los demás si se contactan con ellos. —Anunció Ryoma y se marchó.
"Se ve que se llevan bien" Susurró Fuji curioso y su amigo asintió, estaba de acuerdo con sus palabras, ya que él también lo creían.
Ryoma caminó a zancadas hasta perderlos de vista, deteniéndose en un parque para charlar. Sakuno estaba agotada ¿Qué había sido eso? ¿Porqué habían prácticamente huido de ellos? ¿O realmente debían ir al mercado?
—No vuelvas a insinuar eso. — Bufó el ambarino por fin.
— ¿Eh? ¿Por qué lo dices?
—Sé bien lo que estabas pensando sobre el capitán y Fuji-Sempai.
—Ah te referías a eso. —Rió nerviosa. —Pues era lo que parecía.
—Aún así, no deberías haberlo dicho.
—Quizás me dejé llevar por las ideas de Miyuki-Chan…—Reconoció nerviosa. —Es que como habían dicho lo del ying y el yang.
—No hablaba de eso, se refería a qué había alguien que lo complementaba, como es el caso de los dobles con Fuji-Sempai en tenis.
—Ah ya veo, siempre he oído hablar de ella, pero supongo que no sé bien en qué consiste.
— ¿Entonces porque pensaste en eso? —Suspiró. —Está bien…te la contaré camino a casa, para no generar malos entendidos nuevamente.
—Bueno. —Sonrió victoriosa. —Por cierto ¿Iremos realmente de compras?
—Por el momento no, pensaba que podríamos ir mañana después de clases.
Caminaron de regreso a casa y Ryoma comenzó a relatarle la historia, sí bien habían muchas historias que giraban en torno a lo mismo, Sakuno necesitaba comprender lo fundamental a qué se refería el Ying y qué era el Yang. Le habló de cómo el mundo fue constituido según una teoría, donde un hombre la mantenía segura en una bola de cristal, pero cuando este hombre falleció el ying y el yang crean la tierra. Ying por su lado habla del lado femenino, es decir se vincula con la oscuridad, la absorción. Mientras que el Yang es lo masculino, la luz, cielo y la penetración. Es así como se crea el Universo a partir de la unión de éstas dos grandes fuerzas, diferentes entre sí y completamente opuestas, las cuales aún así son capaces de complementarse.
Sakuno comenzó a reflexionar sobre ello, sí eran como el ying y el yang, a pesar de sus diferencias hacía la combinación perfecta, eran la fuente de la creación del universo según las leyendas de China. Ahora que sus manos permanecían unidas, le encontraba sentido a lo que decía Ryoma sobre de que el ying y el yang forman un equilibrio a partir de sus propias diferencias. Era como cuando hablaban de la importancia de lo racional y lo emocional en el cerebro, aunque eran ideas contrarias estaban conectadas del mismo modo que en el ying siempre habría parte del yang y así simultáneamente. De tal modo que no podían existir uno sin el otro. Sí lo pensaba bien, no se imaginaba un mundo sin Ryoma a su lado, quizás en el pasado había intentado hacerlo, pero ahora que estaban juntos sentía que él era tan fundamental en su vida, como el mismo aire que todos necesitan. Se preguntaba si él se sentiría del mismo modo.
Cuando llegaron a casa, Ryoma se dejó caer sobre el sofá, mientras la castaña preparaba limonada para ambos, eran exhaustos. "¿Crees realmente en el ying y el yang?" Le preguntó Sakuno al sentarse a su lado. Antes de responder, el ambarino se tomó toda la limonada que había preparado hasta no dejar ningún rastro, necesitaba liquido después de esa gran caminata.
—En algunos aspectos sí ¿Y tú?
—Creo que sí. —Suspiró. — ¿Q-Qué harías si desapareciera?
— ¿Eh? ¿Por qué lo mencionas?
—Porque siento que si algo te llegara a pasar, no sabría qué hacer. Sí tú no existes, yo tampoco.
— ¿A qué viene ese pensamiento ahora? ¿Es por la existencia de ambas fuerzas? —Al verla asentir prosiguió. —No me he hecho esa pregunta antes, pero si lo pienso en el caso hipotético como sucedió en el bosque…creo que me desesperaría. Al igual como el día no puede existir sin la noche.
— ¿De verdad? —Al verlo asentir prosiguió. —Aún así, pienso que si algún día fuese a desaparecer sea cual sea el motivo, no me gustaría que dejarás de existir por mí. Aunque claro no puede existir el día sin la noche, del mismo modo que la luna para brillar necesita de un sol, deberías ser capaz de seguir adelante con el tiempo.
— ¿Porqué lo dices como si fuera a pasar? No quiero ni imaginarlo, pero si sucede inversamente supongo que tampoco desearía que fuera el único en tu vida. Deberías salir adelante. —Habló con sinceridad. —Pero como ahora es el caso, ya te lo he dicho antes, no pienso dejarte. —Tomó su rostro para verla de cerca. —Como dicen, lo haré sobre mi cadáver.
—No digas eso. —Rió por lo que había dicho. —No te preocupes, yo tampoco lo haré jamás.
Sus labios se unieron con pasión, luchando contra los cojines que había entre ellos, estorbaban en un momento como ese. En cuestión de segundos, Ryoma se encontraba sobre ella a lo largo del sofá, sintiendo su aliento junto al suyo. Sakuno respiraba profundo, sentía que de pronto el calor se apoderaba de la sala, provocando que incluso la vestimenta que llevaba fuera molesta. El ambarino se acercó a su cuello y comenzó a besarlo sigilosamente, descendiendo poco a poco hasta su clavícula, acelerando el pulso de ambos. "R-Ryoma…espera" le susurró con dificultad la castaña.
— ¿No quieres hacerlo?
—No es eso, es que...no podemos hacerlo aquí.
— ¿Porqué?
—Sakura-Chan llega esta noche. —Se sonrojó, no quería que los viera en el living.
—Es verdad, lo había olvidado. —Se apartó de ella para ayudarla a levantarse. —Vamos.
Una vez que se encontraron en su habitación y aseguraron la puerta, Ryoma le bloqueó la salida para besarla otra vez con fuerza, Sakuno se aferró a su cuello y se dejó llevar por sus brazos que comenzaron a rodearle la cintura hasta sentir como sus pies dejaban de tocar la tierra y empezaba a volar por los aires como si estuviera flotando en amor, hasta finalmente aterrizar en el suave colchón que le dio la sensación de caer sobre las nubes con un hermoso ángel a su lado. Ryoma retomó su lugar en su cuello y comenzó a besarlo otra vez con ternura, mientras ella desabotonaba su chaqueta y la lanzaba lejos, deslizó sus manos sobre su cintura y se afirmó de él. Los besos del ambarino se detuvieron en su clavícula, sintiéndose tan ardiente que soltó un respiro desesperado, Ryoma en su deseo de aliviarla le desabotonó la blusa verde con cautela, dejando a la vista sus sostenes para proseguir con sus maniobras. Sakuno se atrevió a hacer lo mismo, deteniéndose a apreciar su torso desnudo que la hipnotizaba."¿Quieres que siga?" Le susurró en el oído, ella asintió respirando profundo.Sus besos descendieron por su pecho hasta llegar al final de su abdomen. La castaña tomó la iniciativa esta vez y desabrochó su cinturón con su corazón martillando en su pecho mientras su short salía, apareciendo sus sexys boxers de color negro. "Es mi turno" declaró él, expulsando la falda de sus caderas, ahora estaban al mismo nivel. Estaban frente a frente respirando con dificultad, pero aún así no querían detenerse. Ryoma la aprisionó entre sus brazos y la besó apasionadamente, hasta que la ropa interior de abajo fue innecesaria.
"¿Estás lista?" Le susurró Ryoma, ella asintió preparada para que sus cuerpos se unieran una vez más, pero esta vez en lugar de sentirse temerosa y curiosa de lo que significaba ello, ahora se sentía distinta, más bien estaba ansiosa y consciente de lo que estaba sucediendo. "Te amo, Ryoma" Le susurró al oído, cuando él comenzó a acercarse a su cuello otra vez, lo que fue correspondido casi en un suspiro ahogado. Y así fue como el ying y el yang, dos fuerzas tan opuestas como la luz y la oscuridad se fusionaron gracias al poder del amor, demostrando que en el amor las diferencias no son un obstáculo entre ellos, sino más bien es lo que permite crear una energía tan poderosa que es capaz de unirlos y complementarlos. Del mismo modo que el día y la noche son necesarios, ellos lo eran. No se imaginaban un mundo sin el otro, además sentían que a partir del amor que tenían el uno por el otro podían crear un equilibrio dinámico, es decir sí Sakuno sufría, Ryoma haría todo lo posible por hacerla feliz. Eran dos polos opuestos, pero al mismo tiempo eran tan necesarios como el mismo oxígeno en la tierra. Su amor era tan fuerte que nadie ni nada podría separarlos.
Continuará….
Pensé en la canción de Aerosmith "I dont wanna miss a thing" porque para escribir este capítulo y bueno en algunos aspectos siento que la historia de ellos con sus sentimientos tienen que ver con esta canción, es como lo que expresan y en todo los sentidos.
