Capítulo 18

Eran cerca de las once de la noche, Sakuno se había despedido de sus amigas hace una hora en el pasillo, estaba cansada y había llegado el momento de que todos fueran a dormir. Sin embargo, no era capaz de conciliar el sueño. No era por encontrarse en una habitación ajena a la suya, ni mucho menos por el clima que había, la cama era tan cómoda que no necesitaba contar ovejas para dormir plácidamente, más bien el problema era que le faltaba alguien a su lado. Hace mucho tiempo que no dormía sola, era divertido considerar eso posible, teniendo en cuenta que no estuvieron casados toda la vida, hubo instancias en que dormían en camas separadas bajo el mismo techo, cuando su amor no era certero que llegara a consumarse. No obstante, una vez que se acostumbró a la calidez de los brazos del ambarino, el aroma que desprendían sus cabellos, la respiración que emitía por las noches y esa manía suya de atraerla a su cuerpo como si fueran imanes cada vez que dormían, la hacía sentirse vacía en esos momentos.

Sus manos encuentran el celular que hay junto a la mesita y se encuentra con una fotografía que tiene junto a Ryoma de hace unos días antes de irse al campamento, en la cita que habían tenido. Sus dedos se detienen en su rostro y siente deseos de que la imagen del ambarino cobre vida y salga del teléfono, por muy fantasioso que sonara eso, Ryoma solía causaba ese efecto en ella desde que lo había conocido, sobre delirar cosas inexistentes. Desviando ese pensamiento irracional, miró los últimos mensajes que habían tenido, examino fotografías de su luna de miel, miró videos en los que escuchó su voz y se deleitó con su sonrisa, hasta finalmente conciliar el sueño con los recuerdos de él en su cabeza...

Mientras tanto en el campo de Medicina, Ryoma en su lugar no corría la misma suerte de poder conciliar el sueño en un par de horas, porque llevaba precisamente dos horas intentando dormir y simplemente no podía. Aunque intentaba ser optimista con respecto a la situación en la que se encontraba, teniendo en cuenta que tenía toda una cama para él solo, la cual contaba con todas las comodidades que podía exigir. Pero no era suficiente para poder dormir plácidamente como otro en su lugar. Escuchaba los ronquidos a lo lejos de sus compañeros, todos parecían dormir profundamente y los envidiaba por no poder ser como ellos.

Apoyó su cabeza entre sus manos y miró hacia el cielo, las estrellas brillaban en lo alto, flanqueando la hermosa luna menguante que resplandecía a lo lejos como si se tratara de un diamante. Se preguntó qué sería de ellos sin la luna, sin esa esfera preciosa que los vigilaba todo el tiempo y más en la noche que irradiaba luz, guiando a todos al mundo de los sueños. Suspiró, era precisamente cómo se sentiría él sin Sakuno. Era ridículo pensar que se sintiera tan vacío sin ella, no es como si se hubieran separado de verdad y se encontraran a miles de kilómetros a la redonda, simplemente estaban separados a unos metros por así decirlo y podrían verse en el día. No obstante, quería que fuera suya también por las noches como siempre lo era.

No podía simplemente tomar una almohada y unirse al sueño como los demás, porque el simple hecho de tener todo ese espacio para él solo, lo incomodaba. Necesitaba estar con ella para sentirse completo. Deseaba atraerla hacia él, jugar con sus largos cabellos castaños, sintiendo el dulce aroma que se desprendía de él por su shampo. Quería ver su rostro dormido y sentir su respiración sigilosa, como si se tratara de un ángel. Anhelaba aproximarse a sus labios y besarla bajo las sabanas. Anhelaba perderse en sus bellos ojos carmesí y acariciarla. Escuchar esa voz que le causaba ternura. No podía entender porque tenía esa clase de pensamientos, era sólo una noche, bueno, la primera de muchas ¿Y ya sentía como si el mundo se fuera a acabar sólo porque no podía tenerla en sus brazos?

Miró su celular en silencio, iban a ser cerca de las 1 am, no podía seguir así, necesitaba dormir bien para estar atento a las próximas clases. Sus ojos se detuvieron en una fotografía que tenía junto a ella, creía que mirándola podría ser como su amuleto para dormir bien, pero no era así. Porque mirando dicha imagen, sentía más deseos de estar con ella. "¿Y si ella también se encuentra en la misma situación?" pensó, dirigiéndose inconscientemente a los contactos para encontrarse con su número y escuchar su voz otra vez. Pero entonces se detiene, imaginando lo posesivo que sería eso de llamarla la primera noche que permanecían separados. Negó con la cabeza, debía ser racional y respetar su espacio, no podía invadir su vida siempre que deseara, aunque en estricto rigor tenía el derecho de hacerlo desde que se habían casado, sin embargo no era el momento para hacerlo. Apartó el celular de él, dejándolo a una distancia prudente y se acomodó en la cama para no llamarla a esas horas. Debía dormir, cerró los ojos y pensó en ella una última vez para dormir en brazos de Morfeo.

Sí bien es capaz de dormir unas cuantas horas, se ve así mismo buscando inconscientemente a la castaña, extendiendo sus manos hacia el lado izquierdo de la cama buscando su silueta o deseando sentir sus cabellos castaños, pero no hay nada, sólo está él en medio de la oscuridad.

A la mañana siguiente, despierta asustado al darse cuenta que el bulto que dormía con él se escapa de sus manos y cae al suelo, al mirar al suelo, se siente aliviado al ver que sólo se trataba de una almohada, pero al mismo tiempo se siente tonto por haber alucinado que se trataba de ella. Finalmente, se levanta y toma su toalla para ir a darse una ducha, el sol resplandece en su ventana, dando inicio a un nuevo día.

Sakuno ya se ha levantado y camina con sus compañeros al laboratorio, Miyuki les habla sobre el sueño que ha tenido en que el instructor (Un chico de unos veintiocho años, cabello negro, ojos miel y una mirada deslumbrante) tenía un amorío con el profesor de su clase. Midori le dice que baje la voz, porque los demás la pueden escuchar y entonces añade que ella también considera que harían una buena pareja por cómo se miraban. La castaña ríe por lo bajo por las locuras de sus amigas.

— ¿Y qué hay de ti? Sakuno-Chan, luces cansada. —Observó Midori preocupada.

—P-Pues…no dormí muy bien anoche. —Rió nerviosa.

—Deja adivinar… ¿Extrañabas a alguien? —Se burló Miyuki.

—Sí, hace mucho que no dormimos separados.

—Ya veo, además imagino que no sólo extrañabas dormir específicamente ¿Verdad? —Le susurró maliciosamente.

— ¡Miyu-Chan! —Exclamó Midori, mientras Sakuno estaba completamente roja.

—Es una broma, sólo quería ver su reacción. —Se encogió de hombros— Pero es bueno que no se vean tan seguido ahora, sí lo piensas bien.

— ¿Porqué? —Preguntó Sakuno confusa.

—Porque este obstáculo va a fortalecer más su relación, eso he leído al menos en los mangas. —Le cerró un ojo. —Además teniendo en cuenta que se extrañan constantemente, cuando vuelvan a reunirse, habrá más pasión por las noches.

— ¿Pasión?

—Sí es que sabes a lo que me refiero. —Le cerró un ojo.

—Miyu, no puedes evitar ser pervertida al parecer. —Rió Midori.

— ¿Eh? ¿De qué hablan? No entendí.

—No es nada. —Se rió Miyuki, hasta Nanase era menos inocente que ella o quizás las historias que leían permitían entender a lo que se refería. —Ya experimentarás los cambios tú misma.

Guardaron silencio para escuchar la clase, el instructor hablaba sobre los efectos que los fármacos pueden lograr, tanto sus ventajas como desventajas. Lo que no sólo dependía de las dosis adecuadas, también los efectos adversos que pueden provocar, dependiendo de cada persona. Dando como ejemplo, casos clínicos en los que han aparecido cambios de humor, temblores, sarpullidos, etc. Como debían leer un libro de Psicopatología para ese día, debían tener al menos los conocimientos previos para poder entrar en el mundo de la Psiquiatría.

Ryoma recorría los pasillos en compañía de Kevin tras haber salido de la clase teórica, este último le menciona que estaba sorprendido por haberlo visto llegar tarde a una clase, considerando que nunca lo hacía. El ambarino llevaba ojeras notorias, sin duda no había dormido bien. Pero no tenía deseos de hacer comentarios sobre ello y prefería guardarse todo, más sabiendo que el rubio no lo entendería. Así que se dirige a la clase práctica en la que otros instructores van a abrir cuerpos para enseñarles como se hace una autopsia y las ventajas de dicho procedimiento. Identifican un cuerpo de una mujer con el pecho abierto, se trataba de una muerte por ingesta de sustancias, se podía ver claramente la diferencia entre una muerte natural y una alterada, les informan que se trata de un suicidio. Al escuchar eso, Sakuno vuelve a su mente, teniendo en cuenta que ella tendrá que hacerse cargo de pacientes de ese tipo, se pregunta si tendrá el valor para hacerlo, más si ella es sensible ante algunos testimonios. Suspira, descartando esa idea, ya que sabe que la castaña hará un gran trabajo cuando llegue el momento. Estaba seguro de ello, no la ve en otro sitio que no sea ese.

Al salir del hospital, camina junto al rubio a ver el menú del día, ya que ambos habían olvidado comprarse algo antes de entrar a clases, por lo que necesitaban comer o morirían en el intento, era una exageración por supuesto, no morirían, pero quizás andarían como zombis. Sin embargo, cuando sus ojos se encuentran con la silueta de la castaña, el hambre cambia de prioridades para ese día. Sakuno caminaba con sus amigas sonriendo, comentando lo interesante que habían estado las lecciones ese día. Su cabello castaño parecía que brillaba producto del sol y su rostro se veía más angelical que de costumbre, necesitaba estar con ella, sentía como si no la hubiera visto en mucho tiempo. "Necesito hacer algo, nos vemos luego" Le anuncia a Kevin y desaparece en el pasillo.

— ¿Qué habrá de comer hoy? —Le comenta Miyuki ansiosa. —Muero de hambre.

—Creo que había arroz con…mmm curry. —Habla pensativa Midori. —No estoy segura.

—Por cierto, Sakuno. —Sonríe Miyuki al sentir la presencia del ambarino cerca de ellas. — ¿Almorzarás con nosotras o irás a buscar a tu esposo?

— ¿Eh? No lo había pensado. —Se tocó la barbilla pensativa. —Me gustaría estar con él, pero debe estar ocupado.

—No lo creo, tengo el leve presentimiento que ahora mismo está deseando comer contigo. —Se burló, notando que él ahora se detenía tras ellas. —Oh miren, esa chica.

Ambas dirigieron la mirada hacia donde se encontraba la persona que señalaba, entonces Ryoma aprovechó el momento de verlas distraída para tomarla del brazo y atraerla hacia el pasillo. Sakuno se sonrojó al distinguir su mirada penetrando en la suya, iba a pronunciar su nombre, cuando él la jaló hacia el jardín.

— ¿Qué hay con esa chica? —Preguntó Midori.

—Creo que llevaba un manga yaoi, deberíamos hablarle.

— ¿En serio? Deberíamos, es sólo que Sakuno de seguro se sentirá incomoda ¿Verdad? —Sonrió a la castaña que estaba tras ella, pero al voltear se percató que no estaba. — ¿Dónde está, Sakuno-Chan? Estaba aquí hace un minuto.

—Ni idea. —Se encogió de hombros. —Quizás fue al baño o alguien se la raptó. —Susurró maliciosamente.

— ¡¿Qué?! ¿Y por qué lo dices tan tranquilamente? ¿Y sí le sucede algo?

—No le sucederá nada. —Agitó la mano para calmar la situación. —No creo que se resista a los encantos del secuestrador, más que se desveló pensando en él. —Le cerró un ojo.

— ¿Hablas de Echizen-Kun?

—Así es.

—Ah, qué alivio. —Suspiró. —Me lo hubieras dicho antes.

—Lo habría hecho, pero quería sorprender a Sakuno.

Recorrieron todo el campus buscando el lugar indicado para hablar, aunque Sakuno tenía muchos en la mente, Ryoma no parecía tomarlos en cuenta, teniendo planeado hacia dónde dirigirse, exactamente el mismo lugar en el que habían estado la noche anterior. No entendía porque la había apartado así de sus amigas, pero no estaba enfadada por ello, más bien emocionada, ya que anhelaba estar con él a solas.

Al detenerse, la castaña tuvo que mantener el equilibrio en sus pies para descansar, mientras inhalaba y exhalaba, estaba agotada por la maratón que habían tenido. Mientras Ryoma buscaba apoyo en el árbol para recuperarse. Entonces de pronto, sin poder evitarlo la castaña se río al ver el estado en el que se encontraban, mencionando que ya no estaban en forma cómo antes y Ryoma también se unió a ella, porque estaba pensando lo mismo. Cuando se sentaron bajo el árbol a descansar, Sakuno se percató que no tenían nada que comer, porque no había alcanzado a comprar algo. Lo único que veía a la vista, eran unas moras silvestres en el centro del campo.

—No deberías comerlas. —La tomó de la mano. —Son venenosas.

— ¿Eh? Creí que se podían comer.

—No, hay todo tipo de frutos en este lugar y esos precisamente son los que no se pueden comer. Sin embargo, las bayas rojas de ahí son comestibles. —Se levantó para acercarse a ellas y tomarlas. No tardó mucho en regresar y le ofreció algunas.

—Gracias. —Sonrió y comió una. —Son dulces.

—Sí, lo son.

—Por cierto, no teníamos que correr, habríamos ido alcanzado a comer.

—Tienes razón. —Susurró avergonzado, no había pensado con la razón.

—Era una broma. —Se burló, notando lo preocupado que estaba, se veía cansado además.

—Aún así, no me arrepiento del todo. —La miró a los ojos. —Quería tenerte sólo para mí.

Sus mejillas se volvieron de color carmín al escuchar dichas palabras, pero entendía a lo que se refería, ella también quería tenerlo sólo para ella, porque había anhelado su compañía por la noche. "Yo también quería verte." Le susurró ampliando una enorme sonrisa, mientras posaba sus manos frías en su rostro, de modo que al sentir su contacto se estremeció.

—Tengo las manos frías hora. —Rió nerviosa y quiso apartarlas.

—No importa, quería sentirlas. —Posó sus manos sobre las suyas. —Te extrañé, Sakuno.

—Y-Yo también, Ryoma-Kun. —Se sonrojó aún más. —De hecho me desvelé anoche, como nunca. —Al ver su rostro de sorpresa, continúo. —No me digas que ¿Tú también?

—No te imaginas cuanto me costó dormir. —Admitió incomodo.

—Oh te entiendo tanto. No tienes de que avergonzarte. —Lo abrazó, sorprendiéndolo. —Hace mucho que no estamos separados, debe ser eso.

Pensar que ahora ella era quien lo estaba consolando, diciéndole que no tenía de que avergonzarse y él era el que se sentía fuera de lugar. Cuando ella se apartó de él, le confesó que había tenido pesadillas incluso que algo le había pasado y quería llamarlo a las 4 de la madrugada. Hora exacta en que él aún no podía conciliar el sueño, porque también había despertado de una pesadilla. Lo que sentían era una locura, quizás desde el punto de vista de otros, pero ahora que ella podía entenderlo, no lo consideraba así. Era como si las parejas tuvieran telepatía, como si sintieran lo mismo que el otro, pensaran las mismas locuras y no fueran capaces de hacer otra cosa sin estar en compañía del otro. Claro que habían momentos que la telepatía se terminaba, como todas las parejas, pero él no creía que eso les llegara a suceder de nuevo.

De súbito, la tomó de los hombros para besarla, Sakuno se dejó llevar por las mariposas que revoloteaban en su estómago para corresponderlo, aferrándose de su cuello. Se había sorprendido al escuchar que él también se había desvelado como ella, incluso le costaba creer que eso fuera posible, no obstante con los sentimientos que le transmitía con ese beso, se daba cuenta que tenía razón, provocando que se manifestara un regocijo en su interior tan ostensible que no sabía cómo podría apartarse de él más tarde.

Se quedaron contemplando el atardecer abrazados, aunque sólo habían comido algunas bayas, se sentían satisfechos. Deseando sólo estar en compañía del otro el tiempo que les quedaba.

—No sé qué haré esta noche sin ti, otra vez. —Confesó la castaña.

—Yo tampoco. Será difícil.

— ¿Y sí…? —Murmuró pensando en una estrategia. — ¿Hablamos por teléfono antes de dormir? De ese modo, podemos al menos estar juntos a la distancia.

—Es buena idea, podríamos hacer eso. —Habló Ryoma, quería estar con ella de manera presencial, pero con el sólo hecho de escuchar su voz bastaría para sentirse tranquilo.

—Al menos nuestra estancia aquí.

—Tienes razón, después de aquí…las cosas volverán a ser como antes.

—Sí.

Cuando llegó el momento de despedirse, se detuvieron frente al hall principal en que todos se reunían para comer, sus edificios estaban flanqueando este lugar y debían apartarse. Ryoma la besó por última vez y la dejó ir, aunque no deseaba hacerlo, sabía que sólo sería por una noche. La observó alejarse a la distancia, Miyuki y Midori la esperaban en la entrada deseando interrogarla, conocía esa mirada en sus rostros, similar a los que le dedicaban Osakada y Tachibana en sus tiempos. Cuando ella desapareció en la puerta principal, decidió hacer lo mismo. Para su sorpresa, Kevin lo esperaba apoyado en un árbol con sus tan característicos lentes de sol en su cabeza.

—Tardaste, Echizen. Por un momento, creí que no dormirías aquí esta noche.

—No estaba dentro de mis planes. —Suspiró, aunque no era mala idea. —Vamos adentro.

—Todo el mundo se preguntaba dónde estabas, pero yo infería que se trataba de ella.

— ¿Inferías? —Enarcó una ceja. —No debería sorprenderte, Sakuno es mi esposa.

—Lo sé. —Le dio la espalda para caminar rumbo al edificio, siendo seguido por el ambarino.

—Aún no lo entiendes ¿Verdad?

—No, no logro entender tu interés por ella.

— ¿Te has enamorado alguna vez?

—No. —Gruñó ¿Acaso él en serio estaba enamorado? —Y no pienso hacerlo, no está dentro de mis planes de vida. Sólo medicina y el tenis es lo más importante para mí.

—Antes yo decía lo mismo. —Reprimió una sonrisa. —Pero no puedes controlar todo, simplemente suceden y ya está.

—En mi caso no será así, no quiero distracciones.

—No puedes saberlo, sucederá cuando menos lo esperes. —Se encogió de hombros.

Kevin hizo caso omiso a sus palabras para adelantarse en el pasillo, Ryoma sintió deseos de reír, Smith parecía entenderlo, pero no quería hacerlo. Ahora que lo recordaba, había una chica en América con la que siempre hablaba, con la que incluso llegó a pensar que tenían algo más, no podía recordar su nombre. Caminó hacia el edificio siendo observado por muchas chicas que lo llamaban por su nombre sin honoríficos, no obstante no estaba interesado en nadie más que la castaña, así que las ignoró para seguir su camino. Comenzaba a tener hambre y no quería perderse el banquete que había.

Sakuno por otro lado, se encontraba en su habitación charlando con sus amigas sobre lo sucedido, Miyuki había pensado en su apetito, por lo que había comprado comida para que se alimentara. Además le comentó que ella ya había visto al ambarino antes que se diera cuenta, en cambio Midori se había sorprendido por su extraña desaparición. "Considerando que tardaron demasiado en volver, debo imaginar que el secuestrador te trató muy bien ¿no?" Se burló de oreja a oreja, Sakuno sólo se atrevió a asentir apenada, escuchando como Nanase la regañaba por burlarse de ella otra vez.

—Mañana será un largo día con el examen de fármacos y los trabajos que debemos realizar. —Comentó Miyuki.

—Sí, tienes razón. Será agotador, pero me encantó la clase de fármacos de hoy. Es decir, es tan interesante saber los efectos de todo.

—Eso lo dices, porque te gustó el instructor. —Sonrió Miyuki, haciendo sonrojar a Midori.

—No es así, la clase en sí estaba entretenida.

—Midori tiene razón, aunque sea agotadora, en sí estuvo interesante. —La apoyó Sakuno.

Miyuki tan sólo negró con la cabeza, diciendo no estar de acuerdo con ellas, ya que a pesar de estar estudiando psiquiatría, la clase de fármacos de ese día no habían sido tan dinámicas como mencionaban y lo peor de todo, debían aprenderse un montón de dichos medicamentos para el día siguiente.

"Bueno, me iré a dormir. Buenas noches" Anunció Miyuki agotada y Midori se levantó también para seguirla, considerando que debían levantarse temprano. Sakuno las fue a dejar a la puerta y volvió a estar en su habitación a solas, aún no se acostumbraba a ese lugar en el que debía dormir y no creía que fuera hacerlo. No obstante, aquella noche sería distinta a la anterior, porque podría hablar con él antes de dormir. Como aún tenía tiempo de darse un baño antes de recibir su llamada, ordenó sus cosas y se dirigió al baño. No podía darse un relajo en la tina, pero al menos podía disfrutar de una ducha caliente.

Cuando salió llevando una toalla en su cabello, eran cerca de las 11pm, se había tardado más de lo común, pero no tenía ninguna llamada del ambarino. Así que aún tenía tiempo para lucir su nuevo pijama, secar su cabello y cepillarlo a la vez. Una vez que todo estuvo listo, la canción tan característica de su celular sonó en la habitación. Al ver la pantalla, se trataba de él.

—Hola, lamento haberme tardado. —Suspiró Ryoma al otro lado de la línea. — ¿Cómo estás?

—No te preocupes, yo también tuve algunas cosas qué hacer. Estoy bien ¿Y tú?

—Cansado, mañana será un largo día.

—Te entiendo, yo también lo estoy. De hecho tengo examen.

— ¿De qué?

—Fármacos, lo que vimos hoy.

—Ya veo ¿Haz estudiado?

—Sí, me he juntado con Midori y Miyuki a hacerlo.

—Entonces te irá bien. Confía en ti misma.

—Lo sé, lo haré. —Sonrió. — ¿Y tú que harás mañana?

—También tengo muchas actividades con mi facultad, es probable que esté todo el día ocupado.

—Los dos lo estaremos, quizás no nos podremos mañana.

—Me daré el tiempo. —Declaró Ryoma. —Aunque sean unos minutos, quiero verte.

—Yo también…es sólo que es probable que estemos cansados o no tengamos un tiempo para vernos.

—Sí eso sucede, encontraré otro modo.

Sakuno se quedó un minuto en silencio, Ryoma estaba actuando más aprehensivo que lo normal, ella no decía que fuera malo que no se vieran un día, porque eso podría suceder estando o no dentro del campus, no obstante no era un problema para ella. Lo extrañaría, por supuesto. Pero no era el fin del mundo, o al menos eso creía. Parecía como si se hubieran cambiado los roles, ahora él se preocupaba constantemente de las cosas y pensaba más en ello.

— ¿Estás ahí?

— ¿Eh? Sí, lo estoy.

—Pensé que te habías dormido.

—No lo haré aún, sólo estaba pensando en lo que decías. —Admitió sonrojada.

—¿Qué hay con eso?

—¿No sientes que el campamento nos está poniendo a prueba de algún modo?

—Ese es su trabajo, ponernos a prueba para ser mejores profesionales.

—No me refiero a eso, sino a lo nuestro. —Rió. —Ahora que no nos veremos tan seguido como quisiéramos.

—Ah es verdad, no lo había pensado así.

—Se me acaba de ocurrir. —Bostezó. —Lo siento, estoy algo cansada.

—No te disculpes, te he escuchado bostezar antes. —Se burló. — ¿Acaso olvidaste quién soy?

—Jamás podría. —Rió ¿Cómo decía eso? —E-Eres mi esposo, por supuesto.

—Sí, así que no deberías disculparte por cosas triviales.

—Es verdad, lamento hacerlo otra vez.

—Nuevamente te estás disculpando, Sakuno. —Suspiró.

—Lo sé. —Rió nerviosa. —No puedo evitarlo.

—Sí estuvieras aquí en estos momentos, te recordaría porque no debes hacerlo.

Esas palabras le hicieron erizar su piel, imaginándose todas las cosas que podrían estar haciendo en esos momentos. Podría acariciar su rostro, despeinar su cabello negro, encandilarse con sus ojos ámbar, sentir su aliento cerca de ella. Quería abrazarlo y encontrarse con sus labios.

—También me gustaría que estuvieras aquí, Ryoma-Kun.

—Pronto volveremos a estar juntos por las noches.

—Ansío ese día, me siento como en los programas de televisión o en los amores medievales. —Rió. —De seguro estás pensando que soy melodramática.

—No es así. Creo que me siento del mismo modo.

— ¿En serio?

—Sí.

— Es decir que los dos somos dramáticos. —Rió. —Sí la tía y Sakura se enteraran, se burlarían de la situación.

—No es necesario que se enteren.

—Es verdad. —Dejó libre un gran bostezo. — L-Lo…

—No lo digas, sé que estás cansada. Nos vemos mañana, qué descanses.

—Gracias, tú también descansa. —Susurró. —Y una cosa más, Ryoma.

—Dime.

—Te amo.

—Yo también te amo, Sakuno.

Tras colgar, Ryoma fue capaz de cerrar los ojos y dormir plácidamente a diferencia de la noche anterior.

***Continuará***

Hola! Lamento la eterna demora, sé que me demore mucho, pero debo aclararles que nunca dejaré esta historia y voy a continuarla. Tardé por otros motivos. Espero que les guste y comenten! :)

Mi página de facebook es hinata-sakuno fanfiction/locaescritora93

Qué estén bien!

Saludos