Capìtulo 21
Cuando abrió los ojos, Sakuno salía del baño corriendo a la velocidad de la luz, aunque intentaba no hacer alboroto, no podía hacerlo. La vio cepillarse el cabello, ya llevaba su ropa y se preparaba para salir, se preguntaba a donde. Entonces se percató que eran casi de las ocho de la mañana, tenía que irse antes que alguien notara su ausencia en su campus. Había olvidado que no se encontraban en casa, seguían ahí en ese lugar separados el uno del otro, pero al menos restaban unos días para marcharse de una vez por todas.
Sakuno se sorprendió al distinguir su silueta en la oscuridad, antes de poder decirle los buenos días, Ryoma se aproximó a ella tomándola de la cintura para abrazarla. Sintió su aroma tan peculiar que deseó quedarse con él.
—Debes irte ¿Verdad? —Le preguntó sabiendo la respuesta. Ella asintió triste y él se encargó de darle su chaqueta negra para que la cubriera del clima húmedo. —Quédate con ella.
—Pero ¿Y qué hay de ti?
—Tengo suficientes para estos días, además la necesitas ahora. Hay una leve llovizna.
—Gracias. Te la devolveré cuando...
—Cuando regresemos a casa. —Concluyó Ryoma, subiendo su cremallera y cubriendo su cabello castaño con su gorra otra vez. —Sí no lo hicieras, daría igual. —Sonrió notando sus mejillas sonrojarse. —Todo lo mío es suyo, señorita Echizen.
—Es verdad. —Rió un momento, se sentía como si fueran adolescentes en pleno noviazgo, pero olvidaba que estaban casados. —Si me disculpa...debo irme ahora, señor Echizen. —Se alejó sigilosamente hacia la puerta.
—Desearía no dejarla ir jamás, señorita Echizen. —La abrazó por última vez. —Pero no me queda otra alternativa ¿O sí? —Besó su frente en forma de despedida.
—Me gustaría que hubiera otra, pero no se puede. —Le dio la espalda para abrir la puerta. —Hasta mañana.
— ¿No quieres que te acompañe?
—Preferiría que no, sería más difícil la despedida. Nos vemos, Ryoma-Kun. —Tras haber asegurado el perímetro, lo besó por última vez y se desplazó por el pasillo.
No quería admitirlo, pero estaba nerviosa o quizás había simulado su valentía para tranquilizar al ambarino aquella mañana en lugar de preocuparlo. Pero él la conocía, lo hacía más que nadie, así que había advertido su miedo y le había dado todas las indicaciones en una servilleta, sabiendo que su memoria espacial no era la mejor.
Una vez que localizó el elevador, seleccionó el número indicado y cruzó los dedos que todo saliera bien. Su corazón dio un vuelco cuando se detuvo en algunos pisos a recoger gente, no eran muchas personas, sólo algunos estudiantes que se habían desvelado estudiando y buscaban algo delicioso que comer, mientras otros simplemente bajaban a ejercitarse. No obstante, estaban tan sumidos en sus propias preocupaciones que ni tomaban su presencia, además su cabello castaño se ocultaba tras la gorra y la chaqueta de Ryoma disimulaba sus curvas.
Cuando llegó al primer piso, caminó por el pasillo con seguridad para no llamar la atención, divisó a lo lejos la pileta característica que salía en el mapa, la cual la llevaría a la entrada principal, no obstante su piel se erizó al escuchar unas voces autoritarias, no se trataba de estudiantes, sino más bien del Director de la Facultad de Medicina charlando con el guardia, precisamente en la entrada. Asustada se escondió tras la máquina dispensadora, esperando que se marcharan. Pero su conversación giraba precisamente en torno a unos estudiantes que se habían saltado las normas, el guardia era el encargado de darle la lista al Director y él inspeccionaba sus datos cuidadosamente. Esperaba que Ryoma no estuviera en esa nómina y no los hubieran descubierto.
— ¡Hey, muchacho! ¿Qué haces despierto a éstas horas? —Alzó la voz el guardia, señalando a un chico que caminaba unos pasos más delante de ella. Era un chico de cabello negro y gafas oscuras. Era uno de los que habían descendido con ella.
—Pasé la noche estudiando, así que quería un poco de aire fresco. —Se excusó, bostezando sin siquiera mirarla.
— ¿Estudiando? —Enarcó una ceja el guardia. —Tú eres Mamura-Kun ¿no?
— ¿Eh? Sí, soy yo. —Preguntó confuso.
—Precisamente hablábamos de ti. —Suspiró el Director. —Tenemos que hablar.
—N-No hice nada. —Susurró nervioso.
—En primer lugar, no estabas estudiando anoche precisamente, no estabas en tu cuarto durante la inspección. Y en segundo lugar, encontramos drogas bajo tu cama.
Mientras Sakuno escuchaba como lo interrogaban, se atrevió a dar unos pasos al otro pasillo para tomar un atajo, sabía que la única salida estaba junto a la pileta, pero no tenía otra alternativa hasta que ellos no se marcharan. Así que se sentó junto al baño a leer un libro de medicina que había en su mochila para fingir que estudiaba para el examen final. Aunque no entendía absolutamente nada, no quería que el director también la descubriera.
— ¿Inspección? ¿Qué inspección? —Escuchó a Mamura gritar nervioso.
—Inspección sorpresa, sé seleccionaron personas al azar y se revisaron sus cuartos, éstas personas fueron notificadas cinco minutos antes, pero al parecer no estabas en el campus cuando sucedió.
El director acabó con la distancia entre ellos y cruzó el pasillo para dirigirse a él. Sakuno sintió como sus rodillas temblaban al verlo acercarse. El director estaba a tan sólo unos metros de ella, tenía que salir de ahí. Se levantó de un brinco y trató de visualizar otra salida, debía haber otra, aunque fuera una ventana. Su corazón latía a mil, el único lugar en el que podía refugiarse era en el baño, no veía ningún otro lugar. Entonces escuchó unos pasos acercarse a ella, Mamura y el director caminaban hacia ella, él con la cabeza abajo frustrado por haber sido descubierto, mientras que la figura de autoridad le gritaba por haber faltado una de las normas más importantes de Todai, ingresar con drogas al campus de Medicina. Miró hacia todos lados, buscando una salida ¿Qué debía hacer? Antes que pudiera pensar en algo, el director fijó sus ojos en ella, provocando que su corazón latiera a mil, era su fin.
Entonces sintió unos brazos fuertes aferrarse a ella, atrayéndola hacia el baño de hombres, lo que le recordó a lo sucedido en la fiesta de Todai ¿Acaso eran esos sujetos otra vez? No, ellos habían sido suspendidos ¿Entonces quién? Intentó gritar, pero el sujeto le cubrió la boca y la obligó a entrar al baño sin preámbulos. Cerró los ojos temiendo ver a hombres desnudos, pero no había nadie, sólo se encontraban ellos dos. Intentó ver en el espejo a su secuestrador, pero sólo podía distinguir su cabello rubio, porque estaba cubierto con una gorra y llevaba lentes de sol. El nombre Kevin se vino a su mente ¿Podría ser que él...? La dirigió hacia una cabina cerrada, lo que le causó pavor.
—¿Quién eres? —Preguntó nerviosa.
—Soy yo. —Suspiró el sujeto sacándose las gafas, permitiendo mostrar sus ojos azules grisáceos.
—Kevin...
— No pienso hacerte daño. Supuse que tendrías problemas, así que vigilé tu regreso a la Facultad. Aguardaremos un momento y te ayudaré a salir de aquí.
— Gracias, Kevin. —Se atrevió a decir, estaba asustada, pero se aliviaba que estuviera de su lado.
"¿Viste eso, Mamura?" Le preguntó el director desde el pasillo, el negó con la cabeza, pero aun así el director decidió entrar a los baños a corroborar si sólo había sido su imaginación o no lo era.
Al sentir su voz, Smith le hizo una seña que guarda silencio un momento y ella asintió nerviosa, si los descubrían no sólo ella saldría perjudicada, también él y por supuesto Ryoma, era el siguiente complice de su fuga. Escucharon como el director golpeaba cada cabina y no encontraba nada, esperaban que se rindiera en la tercera, pero no era el caso, la búsqueda seguía.
"Si hubiera alguien aquí, no sería extraño. Son cerca de las 9 de la mañana". Anunció Mamura, estaba cansado ya de su travesía, si quería que hablaran que lo hiciera ahora, después de haber ingerido tantas drogas estaba mareado. "Tienes razón, vamos a la oficina" Le ordenó cansado.
Esperaron que sus pasos no se oyeran para salir de ahí, entonces recién dejaron escapar los suspiros de alivio. Kevin abrió la puerta de la cabina y la dirigió hacia el pasillo, cuidando que nadie los viera. Si ya eran las 9 de la mañana, tenían que apresurarse antes que comenzara la inspección en Psiquiatría. Para sorpresa de Sakuno, Kevin había mensajeado a Miyuki para que la cubriera hasta su regreso. Eso quería decir que Ryoma estaba en lo cierto sobre él, al fin estaba comenzando a aceptar su relación o tal vez sólo lo hacía porque el ambarino era su mejor amigo. Quien sabía realmente la realidad, sólo estaban las respuestas en la cabeza de Kevin.
Después de muchos intentos de fuga, consiguieron salir del campus cuando vieron que el guardia estaba distraído, Sakuno pensaba darle las gracias una vez que tuviesen un pie fuera de Medicina, no obstante Kevin le ordenó que no se detuviera hasta que llegaran a la Facultad de Psiquiatría. Para ser su primera vez en ese lugar, conocía bien los sitios a dónde dirigirse. La condujo por el patio central y la acompañó hacia el comedor, lucía exhausto, pero aún así no se detenía por nada, se preguntaba porque había cambiado tan drásticamente de un momento a otro.
Entonces se detuvieron en el gimnasio, lo que le pareció extraño, ya que sólo iban a ese lugar cuando querían liberar estrés. Tuvo la intención de preguntarle a Smith por ello, sin embargo él le hizo un gesto que se callara, así que asintió cabizbaja. A esas horas, se encontraba un maestro dirigiendo una clase de yoga en la cancha de voleibol. Su corazón comenzó a latir, cuando identificó a las personas que estaban participando en él, precisamente eran estudiantes de su clase. No podía creer que precisamente ese día estuvieran ahí. Fue cuando localizó a Miyuki en la multitud, seguía los pasos con maestría, sin duda era la mejor. Cuando sus miradas se encontraron, se separó de los demás sigilosamente simulando que iría a llenar su botella de agua y caminó hacia los camarines. El rubio le señaló que la siguiera y eso hizo, parecía que sabía bien dónde encontrar a todos.
—Sakuno, llegaste tarde. Por un momento creí que te habían descubierto. —Suspiró Miyuki aliviada.
—Estuvieron a punto de hacerlo, sino hubiera sido por Smith-Kun. —Susurró sonrojada.
—Dime Kevin. —Le corrigió él, volviendo a cubrirse el cabello con su gorra para evitar ser descubierto. —Ahora que estás a salvo, es hora de irme.
—Gracias por traerla. —Le sonrió Miyuki, notando un leve sonrojo en sus mejillas.
—No lo hice por ella, sino por Echizen. —Resopló disimulando lo avergonzado que estaba.
—Aún así, muchas gracias. —Le sonrió Sakuno. —Si no hubiera sido por ti, no habría podido salir de ahí fácilmente. Aunque lo hayas hecho por Ryoma-Kun, te lo agradezco.
—No tienes nada que agradecer, Ryuzaki. —Se puso las gafas oscuras otra vez y les dio la espalda. —Hasta pronto.
Tras haberse marchado, Miyuki la acompañó a los camarines a dejar sus pertenencias y le entregó ropa limpia para que se uniera a los demás a la clase de Yoga. Luego de haberse cambiado, Miyuki le relató que la noche anterior no habían hecho inspección, sin embargo había inventado una de sus historias de que la castaña estaba con dolor de estómago y por ello, pasaba mucho tiempo en el baño. Gracias a esa mentira, habían podido engañar al maestro de Yoga por su tardanza, diciendo que se había quedado dormida tarde producto de los dolores y ahora se sentía mejor. No le gustaba mentir, pero en momentos como esos era necesario.
Tras su clase de yoga, caminó directo a su habitación. En lugar de sentirse relajada por las clases de respiración, debido a la maratón que había tenido horas antes, no había podido liberar estrés, ya que su corazón aún latía como si se encontrará todavía en la facultad de medicina tratando de escapar.
Por ello, tomó su celular y leyó los últimos mensajes que tenía, uno de ellos era de Miyuki que le ordenaba que tuvieran una reunión en su cuarto ahora, ya que moría de curiosidad por saber cómo había sido su noche en Medicina. Ella parecía olvidar que había un límite en toda amistad y era no decirlo todo, porque existía la intimidad de pareja. Sin embargo, por la salud mental de Nanase que había tenido que tolerar a Miyuki todas esas horas con sus inquietudes, había aceptado reunirse con ellas y hablarles sobre las conversaciones que había tenido con Ryoma en la terraza, cosas que si podía decir.
Y entonces distinguió junto a su mensaje, el de Ryoma, había olvidado decirle que había llegado bien, incluso tenía llamadas perdidas. Creía que Kevin le diría que había llegado a salvo, después descartó esa posibilidad considerando que era demasiado frío para admitir que había hecho algo por ella, a quien consideraba una enemiga usurpadora en un comienzo. Por ello, prefirió guardar su secreto y quizás hablarle del asunto en otro momento. Así que decidió escribirle que estaba a salvo y que se daría una ducha para que no intentara llamarla.
Ryoma se encontraba leyendo las últimas páginas del libro de la semana, aunque intentaba concentrarse en la lectura, su mente parecía estar dividida en dos partes, por supuesto una dedicada al estudio, pensando en lo interesante que eran las investigaciones con las células madres, mientras que otra estaba ligada a ella. Si bien solía ser distraída y no contestaba el teléfono como debía, le preocupaba que no le respondiera en tantas horas. Era absurdo pensar que la habían descubierto, porque sabía que si hubiera así de ese modo él habría sido el primero en enterarse. Pero aún así, no podía leer tranquilo si no le respondía a sus mensajes, le costaba trabajo entender ¿En qué momento se había vuelto tan aprehensivo? El no solía ser así, sabiendo que de ambos, él era el que mantenía el control de las situaciones de estrés, pero ahora no sabía realmente quien tenía el control. Con Sakuno todo era un caos. Y le gustaba que fuera así, estaba tan acostumbrado a vivir en el equilibrio aburrido antes de conocerla, que ahora le agradaba entrar en la entropía y disfrutar mas la vida que antes.
Un mensaje sigiloso llegó a su celular, perteneciente a la castaña, un mensaje que le permitió respirar tranquilo y sonreír aliviado cuando leyó que se encontraba bien.
De alguna manera, Sakuno no solo causaba caos a su alrededor, también generaba tranquilidad y equilibrio. No podía explicarlo, aunque había intentado hacerlo con Kevin, sólo Momo-Sempai lo entendería. La castaña era eso precisamente, lo inexplicable, lo que no tenía lógica alguna, lo que escapaba de las leyes del universo, por lo mismo era un caos.
Pero así como la entropía es necesaria en la vida de cada uno, Sakuno permitía crear la homeostasis a partir del mismo caos. Es decir, si no estaba ella su vida no tenía sentido, siendo rutinaria y aburrida. Pero si ella estaba ahí, en su mundo, tenía la motivación para seguir adelante.
Después de unos días, llegó el momento tan esperado por todos, volver a casa. Miyuki actuaba como una adolescente en plena graduación, abrazando a Sakuno diciéndole que la extrañaría, su personalidad tan impulsiva le recordaba a Tomoka. Mientras que Nanase no se parecía en nada a Ann, salvo porque siempre era la que traía paz y trataba de controlar las emociones de las otras. Además de eso, su personalidad no tenía la base fuerte de Tachibana.
Tras despedirse de ambas, se encontró con el ambarino en la entrada de la Universidad, quien hablaba con su madre por teléfono en tono despreocupado, como siempre. Se ubicó a su lado derecho y espero que terminara si conversación, asumiendo que vería pronto a Rinko.
—¿Estás lista?— Le preguntó Ryoma luego de haber colgado.
—Sí, lo estoy.
—Vamos a casa. —Tomó su mano para dirigirla a la calle a tomar un taxi.
Cuando pronunció dichas palabras, sintió como si hubiera viajado en el tiempo y volviera a encontrarse en si boda, era increíble como con sólo una frase podía despertar tantos recuerdos en ella y tantas sensaciones. Su mano era tan cálida, que con sólo sentir como se unía a la suya, sintió un cosquilleo en su estómago.
—Mi madre llamó y mencionó que atrasaran su vuelo a Japón.
—¿Porqué? ¿Sucedió algo? —Preguntó preocupada, una vez que se sentaron en el taxi. —¿Está todo bien?
—Sí, están bien. Sólo quieren disfrutar más tiempo juntos, eso es todo.
—Oh eso es una gran noticia. —Sonrió—significa que se están llevando bien ahora.
—Sí, además hace tiempo que no salían a solas. Quizás quieren aprovechar más su momento. —Bostezó, estaba cansado por el viaje.
—Tienes razón. Algunos necesitan su tiempo a solas, de ves en cuando.
—Es necesario tenerlo ¿No crees? —Posó su mano sobre su rodilla.
—S-Sí...—Se sonrojó, sabiendo a lo qué se refería. —Por cierto, Ann-chan me escribió ésta mañana. Y se realizará lo que te mencioné.
—¿La fiesta sorpresa? —Enarco una ceja.
—Sí, es mañana. Por lo mismo me pidió si podrías distraer a Momo-Sempai, mientras organizamos todo. Así no sospechara nada.
—¿Y qué hay de Kaidoh-Sempai? Estoy al tanto que entrenan juntos. —Se encogió de hombros.
—Él no es indicado para ese tipo de cosas. —Rió nerviosa. —En cambio ustedes son mejores amigos y...
—¿Y qué hay con ello?
—Qué tú si podrías persuadirlo. —Suspiró. —Por favor, Ryoma-kun. Si no lo quieres hacer por Ann, hazlo por Momo-sempai.
—¿Y qué gano a cambio?—Sonrió maliciosamente.
—Mi gratitud. —Se burló.
—No me conformo sólo con eso. —Sonrió maliciosamente.
—Ya pensaré en algo.
Después de treinta minutos producto del tráfico, llegaron a casa agotados. Para su sorpresa, Sakura no se encontraba en ella, dado que había salido con Aoi y los demás no daban señales de vida. Por lo mismo, desempacaron sus maletas y comieron la comida que les había dejado Nanako en el microondas. Estaba exhaustos, si antes tenían planes para ese día, todo habia sido cancelado, porque todo lo que deseaban era dormir profundamente y olvidarse del mundo. El campamento los había dejado agotados.
Por ello, Sakuno se cambió de ropa y vistió su pijama compuesto por dos piezas, mientras que Ryoma simplemente se quedó en short, no tenía deseos de hacer grandes acrobacias buscando sus prendas, estaba cansado. Al fin estaban en hogar y dulce hogar, por lo que decidieron acostarse a dormir. Era una de las cosas que extrañaban.
Sakuno apoyó su cabeza en su pecho y Ryoma se dedicó a jugar con sus cabellos enrollandolos en sus dedos como si fueran enredaderas, mientras que ella escuchaba su corazón latir. Por un momento no quería hacer nada más que apreciar su bello rostro, sentir sus latidos y ser parte de sus caricias. Cuando voltearon a encontrarse, Sakuno beso sus labios con delicadeza, escuchando como él le susurraba que la amaba y lo mucho que extrañaba esa cercanía. Ella también lo hacía, por lo que terminó confesando sus deseos ocultos, sus deseos de simplemente quedarse ahí los dos en la oscuridad y desligarse la Universidad o cualquier otro ser externo a ellos. Extrañaba sus brazos y sus besos, por lo que sólo quería dar y recibir caricias.
—¿Y lo pensaste? —Insistió la castaña después de una hora .
—¿En qué?
—Sobre la fiesta sorpresa de Momo-Sempai.
—Si no queda otra alternativa, lo haré.
—Te lo agradezco, Ryoma-kun. —Lo abrazó.
—Pero no he dicho que lo haré gratis.
—¿Eh? ¿A qué te refieres?
—Necesito mi premio primero. —Sonrió aferrándose a su cintura para besar sus labios con pasión.
—Ryoma... Pueden llegar los demás. —Susurró quedando sin aliento.
—Descuida, no llegaré tan lejos ésta vez. Pero la próxima, no tendré piedad, estén o no presentes los demás.
Continuará...
Hola! Como están? Espero que bien, lamento la eterna demora, pero me quedan dos exámenes para terminar éste semestre. Por ello, éste capítulo es más corto que los que suelo subir, porque es mientras salgo de los exámenes. El viernes tengo el último y quedo libre, así que desde ese día podré seguir con la continuación.
Espero que les guste
Saludos! :)
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