Capítulo 24
Una semana después de lo ocurrido, tanto Ryoma como Sakuno retomaron su rutina diaria en la Universidad, ya que si bien se presentaba un nuevo desafío en su relación siendo futuros padres, aún no podían abandonar sus estudios, considerando que faltaban meses para ello. Por lo mismo, luego de separarse de su esposo como todas las mañanas, Sakuno caminó rumbo a su sala, siendo flanqueada por Miyuki y Midori, a quienes aún no les daba la noticia. Había pensado en comunicárselos cuanto antes como lo había hecho con sus mejores amigas, sin embargo considerando que era una noticia tan reciente, pensaba que tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo.
Durante la clase de neurociencias, observó cómo funcionaba la ilusión óptica a través de ejercicios mentales expuestos a otros individuos, donde se podía llegar a dudar de un color determinado a partir de una palabra distinta, ejemplo si aparecía un cuadrado azul y la palabra escrita decía "Verde" era complejo dar una respuesta esperada ante dos estímulos diferentes. No obstante, cuando el profesor los invitó a hacer un nuevo ejercicio en el que debían asociar un color a un sentimiento específico o un momento, se sorprendió a si misma asociando el rojo de una lamina con la sangre, provocando que todos voltearan a verla confundidos. "¿Por qué cree eso? Ryuzaki" Le preguntó, sacándola de sus pensamientos. "P-Por el color…" Susurró nerviosa, recordando el sueño que había tenido la otra noche, no podía evitar asociar ese color con la angustia y el miedo que había tenido en esos instantes. En un intento de enmendar lo que había visto, observó los otros colores que se le presentaban, tratando de dar una mejor después, no obstante sólo fue capaz de proyectar más sentimientos de angustia que preocuparon a los demás.
Por ello, una vez que las clases terminaron su maestro se acercó a ella, señalándole que si necesitaba ayuda podía buscarlo en su oficina. Suspiró, no sabía porque había dicho esas palabras tan deprimentes, debería haber abordado la clase en silencio.
— ¿Te encuentras bien? Sakuno. —Le preguntó Midori preocupada.
—Sí, lo estoy… ¿Ustedes también creen que son alarmantes las palabras que dije?
—P-Pues…parecían altos indicadores depresivos. —Susurró Midori.
—Descuida, no le diremos a nadie tu secreto. —Le cerró un ojo Miyuki.
— ¿Q-Qué secreto? —Se sonrojó Sakuno, quizás ya lo sabía.
— Qué estás loca. —Rió. —Pero descuida, la mayoría de las personas de aquí lo están.
—Tienes razón. —Rió Midori. —Especialmente Miyuki.
—Por supuesto.
Miyuki siempre conseguía sacarle una sonrisa, aunque se encontraba en los peores momentos, le recordaba tanto a su mejor amiga, la gran diferencia entre Tomoka y Miyuki, era que Miyuki amaba el Yaoi y Osakada en cambio, lo odiaba. Pero aún con ese pequeño detalle, a veces pensaba que se llevarían tan bien si se conocieran, hasta podrían volverse grandes amigas. De pronto, su celular vibró en su bolsillo tras recibir un mensaje del ambarino: "Te espero en el parque después de clases, recuerda que iremos al hospital". Su corazón comenzó a latir ante dichas palabras, no se sentía preparada para a ver un doctor, menos después de la pesadilla que había tenido, la voz de ese niño sonaba como eco en sus oídos ¿Qué significaba realmente? ¿Sería un mal presagio?
— ¿Sakuno-Chan? —Le preguntó Midori.
— ¿Eh? ¿Sí?
—Te decíamos que podíamos ir la siguiente semana con Miyuki en celebración de su cumpleaños, considerando que se aproxima su cumpleaños.
— ¿Porqué mejor no vamos a un karaoke? —Sonrió Miyuki. —Eso sería más animado.
—Sí, me gusta la idea. —Sonrió Sakuno. —Por cierto, debo irme ahora. Me reuniré con Ryoma-kun para ir al hospital.
— ¿Eh? ¿Alguien está enfermo? —Preguntó Midori.
—P-Pues…yo—Miró su vientre nerviosa.
— Oh ¡¿acaso estás…esperando un bebé?! —Señaló Miyuki sorprendida su estómago.
— ¿EH? ¡¿Estás embarazada?! —Gritó Midori.
Dichas reacciones consiguieron que muchos voltearan a verlas, Sakuno las hizo callar a ambas y se marchó sólo con el compromiso de dar detalles de todo más tarde, aún así Miyuki se sentía indignada de que no le dijera que había un bebé entre ellas escuchando toda su conversación, podría convertirlo incluso en fan de yaoi de pequeño o pequeña, mientras Midori sólo la observaba sorprendida, no sabía qué decir ante esas circunstancias más que intentar controlar a su mejor amiga de que no gritara locuras a los cuatro vientos. Cuando se encontró con Ryoma en el parque de la Universidad, caminaron tomados de la mano hacia el hospital, Ryoma aún parecía preocupado por ella y le preguntaba en todo momento si estaba bien que caminaran, debido a su salud, pero Sakuno en cambio sólo sentía nervios ante la primera visita que tendrían.
Luego de hablar con la secretaria del hospital, ambos aguardaron en la sala de espera a que fueran llamados, Ryoma comenzó a hojear unas revistas que habían sobre la mesa, mientras Sakuno dirigía su mirada hacia las otras mujeres que esperaban frente a ella, algunas iban en compañía de sus esposos, otras de sus familias y algunas iban solas como si estuvieran acostumbradas. Su mirada se dirigió a una en particular, una mujer que acariciaba su gran vientre que parecía dar a luz a su bebé en cualquier momento, mientras una niña pequeña le preguntaba en todo momento si su hermanito podía oírla y ella asentía, diciendo que pronto lo conocerían. Entonces imaginó que era ella, esperando a su segundo hijo en compañía del ambarino, mientras su hijo mayor la esperaba sonriéndole, sin embargo la imagen se distorsionó cuando su sueño volvió a cobrar vida en su mente y se vio a sí misma sangrando, provocando que sus manos comenzaran a temblar de miedo. De súbito, las manos cálidas de Ryoma se posaron sobre las suyas y la contuvieron.
— ¿Estás bien?
—S-Sí…—Susurró triste.
— ¿En qué piensas? —Rodeó sus brazos, viendo como desviaba su mirada. —Desde aquella noche que actúas extraño ¿Qué soñaste realmente?
—Y-Yo…no podría describirlo. —Reprimió sus emociones. —Fue algo que desearía no vivir jamás.
—Puedes decirme, si quieres.
—Era sobre nuestro hijo…
"Señorita Sakuno Echizen, por favor dirigirse a la habitación 101. " Habló una mujer en el altavoz, provocando que ambos se miraran y se atrevieran a caminar hacia el lugar indicado. Cuando entraron a la habitación, un hombre de bata le pidió que se sentaran. Una vez que hubieran verificado los síntomas, el doctor programó una ecografía en la que podrían ver el estado del bebé y saber cual sería el próximo paso a seguir. No obstante, una vez que se encontraron afuera, Sakuno se detuvo en el pasillo anunciándole que había algo que olvidó mencionarle, por lo que prefería que la esperara un momento. Cuando Ryoma se sentó en un lugar extrañado, vio como su esposa se devolvía a la habitación nerviosa.
—Doctor
— ¿Ha olvidado algo? Señorita Ryuzaki.
—P-Pues… ¿Podríamos adelantar la ecografía?
— ¿Porqué? ¿Hay algo que le preocupa?
—Sí, nunca he estado embarazada…así que no sé cuáles son los síntomas reales. Pero tengo un mal presentimiento sobre esto. Siento unos dolores que no le mencioné.
— ¿De qué se trata? Es normal sentir temor al principio, más considerando que es madre primeriza.
—Lo sé, pero…siento que algo no anda bien.
—Muy bien, la escucho.
Al salir de la habitación, había conseguido que el doctor reprogramara la cita para otro día con anticipación, no sabía si eso era una ventaja para poder salir de la duda o si se trataba de una mala noticia considerando que había accedido ante los síntomas que le había planteado. Ahora tendría que decir una mentira piadosa a Ryoma en función de no revelar el verdadero motivo del porque había cambiado la cita. Suspiró, no le gustaba mentirle, pero tampoco deseaba preocuparlo teniendo en cuenta que podrían ser sólo ideas suyas y quizás todo estaba bien. Tal vez el doctor tenía razón y como era madre primeriza, sentía ciertas inquietudes como todo el mundo, pero no podía dejar de pensar en esa pesadilla ni en la voz de ese niño.
Cuando llegaron a casa, Rinko los esperaba con una cálida sonrisa anunciando que había horneado un delicioso pastel de crema con el fin de satisfacer los antojos que debía sentir, considerando que el azúcar conseguía estimular los movimientos del bebé. Por ello, aceptó la invitación y se sentó junto a los demás a comer, Ryoma sólo las miró un momento, recordando cuando iba en secundaria y su madre siempre le decía que esperaba que le dieta nietos algún día, en ese entonces lo consideraba demasiado pronto, pero ahora que se encontraba próximo a dicha promesa le costaba aún trabajo asimilarlo. Ser padre no era tan sencillo como sonaba, teniendo en cuenta que él no había tenido el mejor ejemplo a seguir, pensó mientras miraba a su padre sentado en el sofá leyendo revistas de mujeres en traje de baño. Definitivamente él no sería así, sería cien veces mejor, además no le iba a imponer qué camino seguir tanto en los estudios como en lo laboral, lo apoyaría en todo, incluso si no decidiera seguir con el tenis. Por lo mismo, esperaba que no se pareciera a él, sino a su esposa. "¿Ryoma vas a comer?" Le preguntó Rinko, interrumpiendo sus pensamientos y viéndolo asentir. Pero aún era muy pronto para pensar en ello, ahora lo que realmente importaba era que todo saliera bien y después podría replantearse todas sus expectativas como lo había hecho hace unos minutos.
Luego de unas horas, ambos subieron a la segunda planta a arreglar sus cosas para el día siguiente, Ryoma tenía muchos libros de los cuales ocuparse, considerando que se aproximaban algunas evaluaciones, mientras que Sakuno ordenaba su bolso pensando en lo que le había dicho el Doctor, si pensaba en sus palabras no podría asistir a la ecografía sola, necesitaba ir en compañía de él, no obstante no quería preocuparlo acerca de lo que le sucedía. Quizás sólo eran ocurrencias suyas y era una falsa alarma. Aún así, tenía que hablarlo con él, después de la discusión que habían tenido, sabía que ya no podía ocultarle ninguno de sus planes, ya que estaban juntos en eso y él tenía derecho a saberlo.
—Ryoma…he reprogramado la ecografía. —Susurró dándole la espalda mientras se ponía el pijama, viendo como su vientre había crecido. —Será mañana en la tarde, cerca de las cinco de la tarde.
— Está bien, me saldré antes de clases. Sin embargo… ¿Por qué motivo se ha cambiado?
—Pues…no me he sentido muy bien estos días. Por ello, quiero destacar que se trate de algo grave.
—Ya veo. Aunque puede que esos malestares estén asociados a los síntomas de embarazo.
—Es posible, de hecho el Doctor me mencionó que era normal tener aprehensiones durante el primer embarazo, ya que soy madre primeriza. —Se acostó a su lado, viendo como él le prestaba atención a sus palabras. —No obstante, pese a ello deseo confirmar por mí misma que nuestro bebé está bien.
—Tienes razón.
La observó acurrucarse con cuidado, como temiendo en todo momento que algo le sucedería al bebé, su madre le había dicho minutos antes que ella solía ser así de aprehensiva con su primer hijo, así que era normal que se sintiera de esa manera, así que lo único que tenía que hacer él era apoyarla y darle la confianza para que compartiera todo con ella. La miró un momento pensativo, quizás no eran sólo ideas de una madre primeriza, tal vez había algo más, Sakuno no solía exagerar con malestares, al contrario solía reprimirlos, pero esperaba con todas sus fuerzas que ésta vez estuviera equivocada. Tomó los libros que tenía sobre su regazo y los dejó en su velador, acabando con la distancia que había entre ellos, estrechándola hacia sí, sintiendo su dulce aroma cerca de él. Sakuno se acomodó en su hombro y lo abrazó, lo que más necesitaba en esos momentos era permanecer de ese modo y olvidarse de todos los miedos que sentía. "Todo estará bien" Le susurró al oído.
—Aunque tenga dos meses, me pregunto que será. —Sonrió Sakuno, viendo su rostro de sorpresa. —Si será niño o niña.
—No lo sé. —Tocó su vientre esperando encontrar una pista.
—Sabes, estos días he estado soñando con nuestro hijo. —Recordó que no sólo había tenido pesadillas con él, sino también había soñado con su rostro.
— ¿U-Un niño? —Murmuró, recordando que él había pensado en esa posibilidad.
—Sí, su cabello era castaño como el mío y sus ojos eran como los tuyos. Era tan hermoso. —Esbozó una sonrisa.
—Con respecto a eso, he leído en algunos libros sobre la conexión entre los fetos y sus madres. —Carraspeó. —Y lo curioso, es que hay muchas que se sienten tan conectadas con sus necesidades incluso antes de nacer que han tenido una idea de cómo pueden ser.
—Eso quiere decir que estamos conectados.
—Así es.
—Ya quiero conocerlo. —Sonrió, acomodándose a su lado.
—Yo también, pero podemos hacerlo. —Jugó con su cabello. —Cierra los ojos.
— ¿Eh? Está bien. —Obedeció.
—Lo haré también. Ahora imagina un niño de…
— ¿Tres años?
—Sí, estatura promedio, cabello castaño y
—Ojos ámbar como los tuyos. —Sonrió.
—Así es ¿Puedes verlo ahora?
—Sí, lo veo sonreír jugando con Karupín. —Susurró cansada.
—Yo también, lleva una jardinera.
—Oh puedo verlo de la misma manera. —Esbozó una sonrisa con los ojos aun cerrados. —Un niño sobresaliente y listo como tú.
—No sólo se parece a mí, también es amable, valiente y distraído como tú.
—Tienes razón, será lo mejor de ambos.
—O incluso puede superarnos. Ahora sólo debemos pensar en un nombre que represente tales características. —Abrió los ojos, viendo como ella también lo hacía.
—Es verdad…podría ser "Kotaro" (Significa Valiente).
—También significa soberbio y no tiene que parecerse al abuelo. —Se burló Ryoma pensando en su padre.
—mmm entonces pensemos en otro. —Susurró, omitiendo el hecho de que él también era soberbio.
— ¿Qué tal "Ichiro" (Significa primer hijo)?
—No es muy significativo. —Se burló Sakuno. —Que sea nuestro primer hijo, no quiere decir que deba llamarse así. Es mejor darle un nombre que lo represente más.
—No pensé en eso. —Suspiró.
— ¿Y qué tal…"Souta"? (Significa sobresaliente).
—mmm podría ser, mientras no le estemos imponiendo que sea de esa manera por su nombre. —Se burló, sabiendo la lógica de la psicología.
—Es cierto. —Bostezó.
—Bueno, no podemos predeterminarnos a que será un niño, también es posible que sea una niña.
—Lo sé, así que no podemos pensar en un único nombre, podemos tener más opciones.
—Sí, ya pensaremos en algo. —Bostezó sin poder controlarlo. —Ahora debemos descansar.
—Es verdad. —Cerró los ojos. —Buenas noches, Ryoma.
—Buenas noches, Sakuno.
"Buenas noches, bebé" Pensó la castaña, tocando su vientre con una sonrisa, quería conocerlo pronto. Sea lo que fuese, estaba seguro que lo amaría de igual manera, ya que ese niño o niña vendría a iluminar sus vidas como el sol en medio del amanecer. Cuando cerró los ojos por fin, fue capaz de ver nuevamente al niño que habían imaginado, su sonrisa reluciente, su voz suave, su cabello castaño, la mirada que solía encontrarse a diario y un rostro que quería observar por siempre, el hijo que nacería fruto de su amor con Ryoma.
A la mañana siguiente, Ryoma la sorprendió llevándole el desayuno a la cama, incluso él la consentía en momentos así. Aunque deseaba comer con él, Ryoma había anunciado que debía salir pronto, ya que tenía un examen en la Universidad y no podía llegar tarde. Por ello, una vez que estuviera listo para irse, se acercó a sus labios para darle un beso en forma de despedida y se marchó, ya que Sakuno no asistiría a clases ese día, debido a que habían sido canceladas. Sin embargo, no se quedaría en casa todo el día, sino que un modo de disminuir la ansiedad que sentía de ir al hospital y también una manera de hacer el día más productivo, era ir compras con Rinko al centro comercial, dado que insistía que le faltaban algunas cosas para el hogar.
De esta manera, tras haber terminado de desayunar caminaron rumbo al paradero, donde esperarían el bus que las llevaría a su destino, "Hoy es el día ¿Verdad?" le sonrió Rinko aludiendo a la ecografía, no le había comentado a nadie sobre ello, salvo a Sakura. De seguro la tía iría al hospital a verla, conociendo su personalidad estaba seguro que lo haría. Así que sólo se obligó a asentir y le contó algunos detalles sobre ello, omitiendo por completo los síntomas que había tenido recurrentemente, ya que sabía que si Rinko se enteraba de ello, sólo conseguiría que fueran al hospital de inmediato y aún no deseaba ir hasta que llegara la hora. Además después de haber tenido la conversación con Ryoma sobre cómo sería su futuro hijo(a), sintió que ya no deseaba pensar más en el asunto y sólo quería creer que nacería una personita saludable. Iba a cambiar el tema al respecto, sin embargo Rinko la sorprendió preguntándole acerca de que nombre le pondrían, lo que la impulsó a contarle acerca de la gran charla que habían tenido la noche anterior, la mujer de cabello castaño se sintió tan entusiasta con la idea de buscarle un nombre que le mencionó que llevaba en su cartera un libro con significados de nombres japoneses y podrían verlo de camino. No sabía si fingir sorpresa ante dichas palabras o omitir comentario alguno, teniendo en cuenta que Rinko a veces solía asustarle por las ocurrencias que tenía, a veces le encontraba razón a su esposo de que tenía un tipo de personalidad psicópata. Pero aún así, la quería como una madre y la admiraba por estar preparada ante toda situación.
Cuando se encontraban en el centro comercial, Rinko la sorprendió nuevamente diciéndole que ya había comprado una cuna que llegaría a casa esa misma tarde y también aprovechó en el recorrido del supermercado darle algunas ideas de nombres que tenían. Entre ellos, muchos eran de niña, dado que había pensado mucho en la idea de tener una nieta que había incluso soñado con ella. Era divertido pensar que lo mismo le había sucedido, pero en caso contrario. Se preguntaba que sería realmente. Algunos padres preferían mantener el suspenso hasta el día del nacimiento, mientras que otros preferían saberlo de inmediato, ella era una de esas personas. Pero aún así, tenía el presentimiento de que sería un niño, no sabía porque realmente.
Después de realizar muchas compras en la ropa de bebé y leer un sinfín de nombres en el libro de Rinko, finalmente encontró uno que le hizo sentido "Hiro" (Generoso), aunque implicaba imponerle nuevamente que fuera de ese modo, se había enamorado de dicho nombre, ya podía verse llamándolo de ese modo o cuando pronunciaran su nombre en la lista de la secundaria "Echizen Hiro", le daba ilusiones de que sería una gran persona. "Sakuno, es hora." Le había dicho Rinko, mencionándole que no podría acompañarla de inmediato, teniendo en cuenta el exceso de bolsas que llevaba en sus manos, así que le había prometido que una vez que dejara todo en casa, le pediría a Nanjiro que la acompañara al hospital en auto, sólo de esa manera podría llegar a tiempo.
Por ello, tras haberse despedido de ella, Sakuno había decidido caminar rumbo al hospital, ya que Ryoma le había enviado un mensaje diciéndole que estaría dentro de cinco minutos ahí. No sabía si era por la presión de que debía llegar pronto o por el hecho de que estaba ansiosa por la visita, pero su corazón comenzaba a latir tan fuerte que sentía que le sudaban las manos. Así como también muchas ideas pasaban por su mente en esos instantes, la conversación que había tenido con su suegra, los intentos de Ryoma de encontrar un nombre, los sueños que había tenido y su deseo de conocerlo. Estaba nerviosa, al fin podría escuchar su pequeño corazón latir y vería una imagen de él en la pantalla.
Al llegar al hospital, localizó a Ryoma en la entrada del establecimiento, teniendo la misma expresión que ella de terror, como si se encontrara ansioso y nervioso de presenciar un acontecimiento como ese. En un intento de tranquilizarse mientras caminaban a la recepción, aprovechó la ocasión de comentarle acerca del nombre que había encontrado en el libro de su madre, creyendo que no la tomaría en cuenta en momentos así, no obstante la sorprendió señalando que era un buen nombre. En la sala de esperas no tuvieron que esperar demasiado, ya que como había reprogramado su cita debido a síntomas preocupantes, fue llamada a los pocos minutos, conduciéndola a la habitación contigua.
Luego de instalarla en la camilla correspondiente, el Doctor le realizó algunas preguntas y prosiguieron a realizar el examen. Ryoma sostenía su mano con fuerza, como si se encontrar aún más nervioso que ella. Los latidos de su propio corazón se apoderaron de la pantalla, aunque tenía que mantener la calma, no podía controlar su ritmo cardiaco. Entonces la imagen de la pantalla se ve clara y es capaz de distinguir una pequeña forma en medio de la oscuridad. "Él es…" Susurra, intercambiando miradas con el ambarino que presionaba su mano en silencio.
— ¿Puede ver lo que es? Doctor. —Pregunta la castaña curiosa.
—No se logra detectar bien. —Susurra pensativo. —Sin embargo…—Comienza a desplazarse hacia los lados con el fin de medirlo. Pero entonces el doctor detecta un problema, cuando se detiene a escuchar los latidos y llama a la enfermera inmediatamente.
— ¿Sucede algo? Doctor. —Pregunta Ryoma, viendo como dos mujeres aparecía.
—Sí, algo no marcha bien. —Los miró con seriedad. —No puedo confirmar nada, antes que realicemos otras pruebas. Por esto mismo, serás trasladada a una habitación en función de descartar algunas complicaciones.
— ¿P-Pero él está bien? —Pregunta Sakuno nerviosa.
—No lo sabemos aún.
Sin darles una respuesta concreta, Sakuno es trasladada a una habitación en el pasillo de urgencias, donde se le administran múltiples pruebas esperando descartar el diagnóstico planteado por el Doctor, pero aún con los resultados obtenidos no reciben una explicación ante dichos procedimientos. "¿Qué pretende probar con esto, Doctor?" Le pregunta Ryoma cuando lo ve revisando unos papeles en la habitación, "¿Le sucede algo a nuestro hijo?" Pregunta Sakuno sintiendo un nudo apoderarse de la garganta, pero el médico es incapaz de darles una respuesta coherente, por lo que termina excusándose que sólo sigue el protocolo ante tales emergencias. Tras haberlo visto partir nuevamente, siendo seguido por las enfermeras, Ryoma se rehúsa a quedarse de brazos cruzados y decide seguirlo con el fin de obtener alguna respuesta a todo lo que estaban siendo sometidos. No obstante, cuando lo encuentra hablando con la recepcionista escucha la palabra que deseaba no oír jamás.
—Doctor, necesito hablar con usted. —Le dice, tratando de olvidar la palabra que había escuchado.
—Lo sé, acompáñeme a mi oficina.
— ¿Qué le sucede a Sakuno y a nuestro hijo? —Pregunta sin preámbulos.
—No es algo fácil de explicar aquí, preferiría que me acompañe a la oficina.
—No puedo esperar, necesito una explicación ahora.
—Las tendrá. —Suspiró. —Al principio creía que su esposa estaba teniendo las típicas inseguridades que tienen las mujeres primerizas a su edad, pero cuando me habló acerca de algunos síntomas que había tenido, consideré que era necesario realizar esta ecografía.
— ¿Qué síntomas?
—Sangrado vaginal leve y dolor abdominal. Ahora que he visto la ecografía, todo me hizo más sentido.
— ¿A qué se refiere?
—No había actividad del bebé en ningún momento. Además no se ha detectado ningún latido.
—Eso quiere decir que él…—Sintió una punzada en el pecho, no podía ser cierto.
—Ha sufrido un aborto involuntario.
Al oír esas palabras, las palabras de Sakuno se apoderaron de su mente y comenzó a sentirse culpable, la había convencido que eran inseguridades comunes, diciéndole que pronto conocerían a su hijo y no la había escuchado realmente. "Lo siento" le había dicho el Doctor, tocándole su hombro en forma de consuelo, pero ni sus palabras ni su gesto lo harían sentirse mejor. De pronto, un grito desesperado lo hizo reaccionar, era el grito de la persona que más amaba. Nervioso se abrió paso entre la multitud de enfermeras que se dirigían a la habitación y logró llegar antes que todos los demás. No obstante, cuando cruza la habitación para acercarse a ellas, sus ojos se abren de par en par al percatarse que las sabanas estaban cubiertas de sangre y sus manos también lo estaban. "Dime que no es verdad… Dime que esto es normal y que todo estará bien" Reprimió un sollozo, mientras sus lágrimas corrían. Por más que deseaba decirle esas palabras tranquilizadoras y pensar que todo era normal, era incapaz de mentirle, su rostro como nunca ya expresaba lo que estaba sintiendo. "Di algo, por favor ¿Acaso Hiro se ha ido?" Le rogó, sintiendo simplemente como posaba sus manos sobre las suyas mirándola fijamente. Un simple asentimiento bastó para que la castaña perdiera la conciencia, creía que se debía a la conmoción del momento, pero cuando se vio rodeado de muchas enfermeras que lo obligaron a salir de la habitación, fue cuando escuchó que se debía a la hemorragia.
Una vez que salió al corredor, sintió el balancín de sus rodillas, aunque había intentado mantenerse bien ante la situación por Sakuno y deseaba controlar sus sentimientos, no podía hacerlo. Sentía una fuerte opresión en el pecho que le dificultaba respirar, sus manos temblaban y su cabeza latía como si su corazón hubiera cambiado de lugar. Entonces vio a su madre sonreírle a la distancia y supo que no podría soportarlo más.
—Ryoma ahí estabas ¿Cómo está Sakuno? ¿Les dijeron que era? Sakura ha ido a buscar unas gaseosas. —Sonrió, dirigiéndolo a los asientos cercanos, donde se sentaron un momento. Sin embargo cuando notó su rostro su expresión cambio de inmediato. — ¿Estás bien? Estás pálido, hijo.
— Sakuno…—Susurró cabizbajo, no quería encontrarse con su mirada —Ha perdido el bebé.
— ¡¿Qué?! ¿C-Cómo sucedió eso? —Quedó petrificada ante esas palabras y comprendió porque estaba de esa manera.
—Ha sufrido un aborto involuntario. Ahora la están estabilizando producto de que ha tenido una hemorragia. —Presionó el puño.
—No puedo creerlo…se veía tan bien hoy y…no entiendo cómo es posible.
—Ella siempre notó algo extraño y yo le decía que eran los nervios propios del embarazo. Intenté tranquilizarla todo el tiempo en lugar de tomar en cuenta sus palabras. —Una lágrima sigilosa recorrió sus mejillas, sorprendiendo incluso a su propia madre, hace muchos años que no lo veía llorar. —Es mi culpa.
—No, no es así. No es tu culpa. —Lo abrazó, pensando que se apartaría como siempre lo hacía, pero para su sorpresa guardo silencio. — Estas cosas pasan, hijo. Y no es culpa de nadie, ni de ella, ni tuya.
—Pero debí haberla escuchado. El Doctor me mencionó acerca de los síntomas que tenía antes de ésta revisión y no me lo había mencionado, porque yo no le di la oportunidad de hacerlo. Si lo hubiera hecho…él o ella seguirían aquí.
— ¡No es así! Ryoma no te atrevas a decir que tú lo mataste, porque no es el caso. —Lo abrazó con fuerza. —Ahora más que nunca, necesitas estar bien para apoyar a Sakuno-Chan. Y no sentirte culpable.
Cuando Sakura apareció en la sala llevando unos globos, esperaba encontrarse con un ambiente alegre en que todos hablarían animadamente de su futuro sobrino, no obstante se encontró con un escenario muy distinto en el que Ryoma abrazaba a su madre mientras lloraba. Nunca en la vida lo había visto en ese estado y sólo podía esperar lo peor.
—Eso he intentado, mantenerme sereno ante la situación, pero cuando salí de la habitación sentí que no podía soportarlo más. —Se apartó de ella, aprovechando de quitar sus lágrimas. —Más ahora que Sakuno también se encuentra inestable físicamente.
—Es normal, hijo. Es una situación compleja, incluso yo no me esperaba esta noticia…y me duele que estén pasando por esto. Esperaba ansiosamente conocerlo como ustedes, por eso había convencido a Sakura-Chan que me acompañara hoy. —Susurró, oprimiendo sus propios sentimientos. —Pero no conseguimos nada estar de este modo, tenemos que apoyar a Sakuno ahora, los necesita más que nunca. O más bien, te necesita a ti. Debes apoyarla y comprender la situación en la que se encuentra. Ya que no sólo se sentirá inestable físicamente, también psicológicamente y debes estar preparado para ello.
— Lo sé.
— ¿Q-Qué le ha sucedido a Sakuno-Chan? —Preguntó Sakura nerviosa. — ¿Está bien?
"Ella…está siendo atendida. "Fue todo lo que logró decir Ryoma, no quería hablar más del tema. Así que sin preámbulos se levantó anunciando que iría por una Ponta, considerando que su hermana no le había llevado y necesitaba despejarse un momento.
— ¿Qué está pasando? —Preguntó Sakura sentándose a su lado. —Nunca había visto a mi hermano así ¿Y dónde está Sakuno?
—Te lo explicaré, hija. —Tomó sus manos. —La situación no es buena.
— ¿Porqué? Me estás asustando.
—Sakuno… ha sufrido un aborto.
— ¿Qué? Eso es imposible…si estaba bien.
—Lo mismo pensé, pero no era así. —Susurró triste. —Ahora ha tenido una hemorragia y producto de esto, se ha desmayado. Así que están intentando estabilizarla.
—Pero…ella no se va a morir ¿Verdad? —Estalló en lágrimas. —No quiero que le pase nada a Sakuno.
—No sucederá, ella estará bien. Pero no emocionalmente, tenemos que apoyarla en ese sentido. Bueno, necesitamos apoyarlos a ambos. —Suspiró. —Tu hermano tampoco se encuentra nada de bien, le ha afectado la noticia del mismo modo que nosotras. Y se siente culpable.
Ryoma ya se encontraba en la azotea del hospital bebiendo su Ponta mientras contemplaba el paisaje, no podía dejar de pensar en lo que había pasado, aunque su madre tenía razón y debía ser fuerte en esas circunstancias, se sentía incapaz de hacerlo. Siempre había sido el racional de la relación, él que la contenía cuando se encontraba mal y la ayudaba a levantarse. Pero nadie lo había preparado para vivir un momento así, sabía que la ley de la vida es que en algún instante todos iban a morir, tanto por los años como precipitadamente. Sin embargo, no esperaba que el último caso iba a vivirlo con el que sería su primer hijo o hija. El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos de improvisto, se trataba de Momoshiro. Suspiró, no contestaría, no quería hablar con nadie en circunstancias así, así que le colgó. No obstante, el teléfono volvió a sonar no sólo una vez más, sino infinitas veces y comenzaba a hartarse de ello.
—Al fin contestas, Echizen.
—No es un buen momento, Momo-Sempai.
— ¿Porqué? Ann-Chan me dijo que hoy se harían la ecografía, sólo quería saber si debemos comprar rosado o azul.
—Ninguno.
— ¿Eh? ¿Qué quieres decir? —Preguntó preocupado. — ¿Acaso ella…?
—Sí, lo ha perdido.
—Lo siento, Echizen. —Susurró triste.
—Lo mejor será que le avises a Tachibana, no quiero volver a hablar de esto.
—Está bien, lo haré. Por cierto, si necesitas cualquier cosa…ya sabes.
—Sí, lo sé. Gracias, Momo-Sempai.
Luego de colgar, se acostó en el suelo como lo hacía en los viejos tiempos en que se encontraba en Preparatoria y solía dormir siestas en los recreos, extrañaba esa época en que no tenía que preocuparse por nada, ya que incluso su rendimiento era bueno. Cerró los ojos un momento, deseando desconectarse de todo al igual que antes, tratando de imaginar que volvía a esa época. Sin embargo, en lugar de soñar con el pasado se vio a si mismo criando a un niño de cabello castaño que no tenía rostro alguno o no podía distinguir su mirada, pero algo si sabía era que ese niño era Hiro Echizen, el hijo que habría tenido. Lo vio revoloteando en el jardín, llevando una pelota de tenis en sus manos y vistiendo su ropa, como si tratara de parecerse a él. Jugaron en el jardín y le enseñó algunas técnicas de tenis, aunque solía caerse a menudo, aprendía rápido todo lo que le enseñaba. Pero había algo extraño en todo eso, el hecho de que Sakuno no estaba en casa y no aparecía en ningún momento.
—Me divertí mucho jugando contigo. —Le sonrió Hiro. —Me hubiera gustado conocerte, Papá.
— ¿Por qué dices eso? Podemos seguir jugando.
—No es así, no podré volver a verte.
—No digas eso, tu madre y yo hemos esperado mucho por conocerte.
—Lo sé, yo también quería conocerlos. Pero es hora de irme. —Susurró triste.
—No lo hagas, tu madre se pondrá muy triste si se entera que te vas.
—No lo hará, porque mamá se va conmigo.
— ¿Dé qué hablas? ¿A dónde se va?
Al abrir los ojos, sintió la sensación como si estuviera cayendo de un edifico, una mezcla entre vértigo y miedo. Pero más que esa vaga sensación, le preocupaba lo que había dicho su supuesto hijo en el sueño ¿Qué quería decir con que Sakuno también se iba con él? En lugar de detenerse a pensar sobre lo que había querido decir, corrió hacia la sala de esperas recordando que la castaña aún se encontraba en urgencias, mientras él dormía la siesta. Ahora no sólo era culpable de no haberla escuchado, también lo era de haberse ido a dormir sin siquiera medir las consecuencias de sus actos, su esposa aún estaba ahí en peligro. Cuando llegó, se percató que no sólo Rinko y Sakura lo esperaban, sino también estaban Momo, Ann, Tachibana y incluso Sumire con Nanjiro. Sin embargo, no tenía tiempo para escuchar sus condolencias, necesitaba saber cómo se encontraba Sakuno, ya habían pasado muchas horas de agonía en que nadie sabía de ella.
—Ryoma, al fin llegas. —Le habló Rinko. —El Doctor ha venido.
— ¿Cómo se encuentra Sakuno?
—Su hemorragia ha durado más del tiempo esperado. —Susurró Sakura triste. —Así que ha tenido que entrar a pabellón.
— ¿Qué? ¿Hace cuanto tiempo vino?
—Cerca de una hora. Necesitaban tu autorización para hacerlo, pero como no estabas y no contestabas en teléfono, Sumire lo ha hecho.
—Así es, ha sido necesario. —Susurró Sumire. —Por cierto ¿Dónde estabas? ¿Cómo has podido desaparecer en un momento tan crucial?
—Lo siento, yo…me he distraído.
—¿Cómo has sido capaz de distraerte mientras mi nieta está en peligro? Ya hemos perdido a mi bis nieto, no podemos ahora a su madre.
—No sabes lo que dices, Sumire. —Gruñó Rinko, nunca la había enfrentado así, pero comenzaba a hartarle. —Mi hijo ha estado preocupado por la situación en todo momento, de hecho no tiene idea por todo lo que ha pasado. No puede decir esas palabras sin base.
— ¿Sin base? Es su esposo, lo mínimo que debe hacer es quedarse a su lado. —Gruñó Sumire. —Si algo le sucede a mi nieta no te lo perdonaré.
— ¡No tiene ningún sentido discutir ahora! —Gruñó Sakura. —Sólo importa que Sakuno esté a salvo.
—Es verdad, pero yo tampoco me perdonaría si le sucede algo a Sakuno, ya ha sido un día ajetreado hasta ahora. —Susurró el ambarino, viendo como todos guardaban silencio. — Perder a Sakuno, sería perder el sentido de todo. —Miró a Rinko que sentía deseos de gritarle aún más a Sumire. —Así que ella tiene razón, no debí haberme ido. No sé en qué estaba pensando.
—Nadie tiene la culpa de nada. —Intervino Nanjiro entre todos. —Mi hija tiene razón, no tiene sentido que sigan discutiendo en estos momentos. Además Ryoma, es normal que hayas actuado así, tu madre me ha contado lo que ha sucedido. Era obvio que necesitabas un momento de paz para decidir qué hacer. —Tocó su hombro. —Así que Sumire, no debes juzgarlo sin ponerte en sus zapatos. Es cierto que hemos perdido ya a alguien en esta oportunidad, pero no por eso vamos a discutir entre nosotros. Ahora todo lo que importa es el bienestar de Sakuno, todos estamos aquí por ella. Incluso sus amigas han venido, no está sola en esto. —Vio como Sumire se sorprendía ante sus palabras. —Por lo mismo, no podemos dividirnos, tenemos que luchar juntos, así mismo como Sakuno ahora mismo lo está haciendo por su vida.
—Es verdad, tienes razón Nanjiro. —Suspiró Sumire. —Me disculpo contigo, Ryoma. Y también contigo, Rinko. Me he pasado.
—Lo entiendo, yo también estaría así si mi hija estuviera en esa situación y espero que nunca le pase. —Habló Rinko. —Así que me disculpo también, Sumire.
—Yo también me disculpo por haberles gritado. —Admitió nerviosa Sakura.
—Bueno, ahora que todos nos hemos disculpado. —Rodeó los hombros de Ryoma para conducirlo hacia la recepción. —Ve a preguntar por su estado, siendo su esposo podrías estar más presente que nosotros. —Le cerró un ojo.
—Gracias, padre.
— ¿Eh? ¿Por qué? —Preguntó sorprendido, él no le agradecía por nada jamás.
—Por todo lo que has dicho. Y también, gracias por estar aquí ahora.
—Por nada, muchacho. —Le sonrió. —Siempre lo estaré para ti y para Sakuno, por supuesto.
Ryoma habló con la señora encargada de la recepción en función de preguntar por el estado de Sakuno, quería al menos saber algunas noticias de ella, además ese sueño de su hijo sonaba como eco en sus oídos y esperaba que se tratara de una mentira. La mujer de unos treinta años, revisó la computadora buscando el registro que tenían de la castaña y le anunció que habían detenido la hemorragia al menos, pero sobre su estado no se sabía nada todavía. Luego de dar los agradecimientos respectivos, regresó a su lugar junto a su familia en la sala de espera, donde aprovecharon de acercarse sus amigos más cercanos a darle apoyo por lo que estaba pasando. Sin duda Ann y Tomoka eran las más preocupadas, podía ver su semblante y comprender que estaban sintiendo lo mismo que él. Pero el bebé había sido desplazado en las prioridades, si bien era un gran pérdida, lo más importante era Sakuno, ella era la que realmente todos esperaban que se encontrara bien.
Después de muchas horas de agonía, el Doctor salió luciendo su ropa de operaciones y llevando guantes, todos se acercaron a él nerviosos, aunque esperaba darle las noticias de una sola persona, se encontró con más personas de las que creía.
— ¿Cómo se encuentra, Doctor? —Preguntó Ryoma exasperado.
—Ahora se encuentra fuera de peligro. —Al ver a todos suspirar aliviados, prosiguió. —Se encuentra en la habitación de recuperaciones, pero a posteriori será trasladada a la habitación 304, donde podrán visitarla.
— Gracias, Doctor. —Lo miró aliviado. — ¿Puedo verla?
—Por ahora dejémosla descansar, cuando pase a la otra habitación podrá verla.
—Está bien. Esperaré a qué despierte.
A pesar de que no podría verla de inmediato, ya sentía alivio de que se encontrara fuera de riesgo. Era consciente de que no sería una recuperación fácil, teniendo en cuenta todo lo que había pasado, pero una cosa estaba seguro es que estaría ahí para ella y saldrían juntos de eso, nadie diría que lo harían de inmediato, quizás tardarían un tiempo en hacerlo, pero lo harían en compañía uno del otro. Ya que tenían un duelo en común, la pérdida de la persona que más querían conocer y soñaban criar, su primer hijo.
Con el pasar de las horas, finalmente Sakuno fue trasladada a la habitación señalada y permitieron que Ryoma fuera a visitarla. Esperaba encontrarla acostada tratando de recordar lo que había sucedido, pero al contrario se encontraba sentada en la cama mirando hacia la ventana como si le costara asimilar lo que había sucedido. Cuando pronunció su nombre, notó como unas pequeñas lágrimas se deslizaban por sus mejillas y su corazón dio un vuelco al verla así otra vez. Así que sin pensarlo, cruzó el espacio que había entre ellos y se aferró a sus brazos, sintiendo como sollozaba en su hombro.
— ¿Porqué…? —Habló con un hilo de voz. — ¿Porqué Hiro se ha ido? ¿Acaso hice algo mal?
—No es así, no es tu culpa. —Susurró, sintiéndose identificado con sus palabras, se sentía de la misma manera que él. —No podemos controlar todo, así que esto que ha sucedido no ha sido a causa de ti.
— En este caso si lo eres, debí haberlo cuidado más, debí haber visto las señales que enviaba y haber hecho al respecto. —Se apartó de él, reprimiendo un sollozo. —Estaba ahí, frente a nuestros ojos y no logré aferrarme a él, no pude evitar que se marchara.
—No es cierto, yo tampoco pude salvarlo. —Sintió el nudo en la garganta asfixiarlo cada vez más. —Debí haberme percatado de los síntomas que tenías y haberlos diferenciado de otra cosa. Soy un fracaso como estudiante de medicina ¿Cómo podré volverme un gran doctor, si no se ha sido capaz de identificar los síntomas que tenías?
—No es tu culpa, no tenías como saberlo. Yo no te di detalles sobre mis malestares…yo soy la única culpable. Debí haberme ido con él.
— ¡No digas eso! —Gruñó, sintiendo sus lágrimas caer nuevamente. —No habría podido soportarlo, perderlo a él y luego perderte a ti.
—Ryoma…estás llorando.
—Así que no quiero oírte decir más eso, si te hubieras ido, no me lo habría perdonado. —Se quitó las lágrimas de nuevo para tomarla de los hombros y mirarla fijamente. —Deja de responsabilizarte de todo, la culpa fue de ambos, ya que no era sólo tu hijo, también era nuestro hijo. Así que también tengo la culpa de lo que ha sucedido.
—Es verdad, pero…
—Además, si Hiro está viendo esto no le debe estar gustando escucharnos hablar así. —Vio como sus ojos se abrían de par en par, al fin lo estaba escuchando. —Él está observándonos ahora. Así que como buenos padres, tenemos que demostrarle lo fuerte que somos. Sólo de ese modo él también podrá serlo ¿no crees?
—Tienes razón…Hiro no puede ver lo débiles que somos. —Fingió una sonrisa. —He sido egoísta otra vez ¿no?
— ¿Porqué?
—Porque sólo he pensado en mi sufrimiento y me he olvidado del tuyo. —Tomó su rostro. —Nunca pensé que te vería llorar y ahora lo has hecho.
—Yo tampoco pensé que podría hacerlo.
—Sin embargo, lo has hecho por nosotros. Hiro y yo. —Acarició su cabello. —Lamento haberte preocupado otra vez.
—No te disculpes. —Tomó su mano para atraerla hacia él. —Pero no vuelvas a decir esas palabras de nuevo, no quiero perderte también.
—Lo sé. —Tembló tratando de contener sus lágrimas. —No volveré a hacerlo.
—Con respecto a lo de Hiro. —La abrazó. —Tampoco podemos enseñarle que reprimir las emociones está bien ¿Verdad?
— ¿D-De qué hablas?
—Sé que quieres llorar y puedes hacerlo. —Acarició su cabello. —No es un sinónimo de debilidad, sino de valentía, el poder conectarte con tus sentimientos.
—P-Pero…
—Ya te lo mencioné una vez. —La abrazó con fuerza. —No debes fingir que eres fuerte frente a mí, si quieres llorar o maldecir al mundo, debes hacerlo. No te guardes nada, Sakuno. —La escuchó asentir en un leve susurro. — Estaré siempre contigo, en las buenas y en las malas. Así que no te contengas.
Dichas esas palabras, la castaña no fue capaz de reprimir más sus emociones y se entregó al llanto, pasaban tantas cosas por su mente en esos minutos. Ryoma tenía razón, si no liberaba ahora lo que sentía, sabía que en cualquier momento estallaría. Sin embargo, se sentía aliviada de tener el apoyo del ambarino siempre, si no estuviera él apoyándola, el mundo se vendría abajo y no sabría qué hacer.
Continuará …..
