Capítulo 26

"Bienvenidos" Les habían dicho los señores Toyo, mientras los conducían por los pasillos de la posada, Sakuno se sentía nostálgica de volver a ese maravilloso lugar, Ryoma caminaba a su lado sosteniendo su mano, escuchando las instrucciones de los dueños. Si bien no se encontraban en la misma época en la que habían ido la última vez, aún así el paisaje que se abría paso entre ellos era igual de hermoso que antes. "Esta será su habitación matrimonial" Anunció un hombre mayor de cabello negro, enseñándoles un cuarto equipado con todo lo necesario para ellos, tenía una cocina, una habitación para ambos con dos futones, un gran baño con jacuzzi y un comedor con vista a la terraza.

— ¡Qué lo disfruten! —Anunció la señora Toyo sonriendo.

—Gracias. —Dijeron ambos viendo como se alejaban.

— ¿Qué haremos primero? —Preguntó Ryoma, dejando las maletas en la habitación. Normalmente ella era la de la iniciativa y él solía dormir tras viajes largos, pero en una situación como esa tenía que poner de su parte.

—No lo sé. —Miró un folleto con las actividades a realizar. —Podemos ir a las aguas termales, o ir a recorrer el lugar. Hay unas canchas de tenis también, si quieres.

—Ahora que lo pienso, no traje mi raqueta. —Murmuró Ryoma, aunque era consciente de que no lo había hecho, porque no quería que ese viaje fuera como los otros en que él siempre deseaba jugar tenis y velara por sus propios deseos.

—Yo si lo hice. —Respondió, notando su rostro de sorpresa. —Empaque las dos, en caso de que deseáramos jugar.

—Ah buena idea.

—Así que si quieres, podríamos hacerlo.

—Mejor vamos a recorrer el lugar. —Anunció, advirtiendo que ella no daba su opinión con respecto a lo que deseaba hacer, sino que todo lo involucraba a él. —Al parecer han hecho nuevas instalaciones que no estaban antes.

—Sí, tienes razón. Vamos. —Sonrió.

La última vez que habían ido, el lago era sólo un lugar turístico que se podía apreciar de lejos, ya que no había botes en buen estado para dar paseos en él y no contaba con mucha seguridad, por lo que Sakura había caído ahí la última vez. En cambio, en esos momentos parecía haber sido remodelado por completo, ya que no sólo el puente parecía más alto y seguro con poderosas protecciones, sino también habían construido en el medio, un centro turístico que contaba con botes de cisne en los que se podía pedalear en el lago, ya sea de manera individual, como también para dos personas o en grupo. No fue necesario preguntarle a la castaña si estaba interesada en los botes, dado que el ambarino había aprendido a leer su rostro con el pasado del tiempo y sabía muy bien lo que deseaba hacer en esos momentos. Así que sin pensarlo, la tomó de la mano y la condujo hacia el centro para alquilar los botes.

Ryoma parecía pedalear más que la misma castaña, por lo que tuvo que bajar la velocidad al notar que su esposa no lograba sincronizarse con él. "Así está mejor" Se burló Sakuno, ante lo cual el ambarino se disculpó avergonzado, debía controlar su adrenalina de vez en cuando. Pese a que no era la primera vez que estaban ahí, era inevitable no sentirse admirados ante la magnitud del lago de color turquesa oscuro que los flanqueaba, sentían la sensación de que se encontraran navegando en acuarelas con lo hermoso que era todo. La fría brisa los acompañaba, manteniéndolos frescos aún bajo el radiante sol que estaba sobre sus cabezas. Pero más allá del hermoso paisaje que estaban presenciando, Ryoma se sentía asombrado y también aliviado de que la castaña no se mostrara sombría aquel día, ahora parecía ser una persona completamente distinta a la que era hace unos días, precisamente esa persona que creía haber perdido. No obstante, sabía que no podía alegrarse aun de ello, teniendo en cuenta que todavía no superaba las fases del duelo y podía tener una recaída en cualquier momento, así que tenía que permanecer alerta.

Luego de dar una caminata por el lugar y tomar fotografías, se dirigieron hacia los baños termales, donde a diferencia de la última vez que fueron separados por un muro entre hombres y mujeres, ahora podrían compartir un espacio a solas con la condición de usar traje baño y no hacer otras cosas. Sakuno se sintió avergonzada al leer tal regla, nunca lo habían hecho en otro lugar que no fuera en su habitación, quizás claro algunas parejas buscaban otros lugares exóticos para hacerlo, pero ella no era ese tipo de personas. No obstante, no se cerraba a ninguna posibilidad, como decía Miyuki "Nunca digas nunca, porque todo puede pasar" y en cierto sentido tenía razón. Por ello, tras dejar sus pertenencias en un casillero cercano, caminaron luciendo su bata hacia el interior del lugar, los baños termales matrimoniales tenían una forma distinta al otro compartimiento, ya que en lugar de ser cuadrado y espacioso, aquel lugar parecía más apto para dos personas, siendo circular.

Ryoma fue el primero en quitarse la bata para sumergirse en el agua, su cuerpo tonificado invocó sensaciones que no tenía hace un tiempo y también le recordó que hace muchos meses que no tenían contacto físico, no se había percatado de ello hasta ese momento. No es que Ryoma no le causara esas sensaciones antes, él seguía siendo el mismo chico guapo de quien se había enamorado en el Instituto, pero quizás ella no era la misma chica que había conocido en ese entonces y ahora era una muy distinta. Se quitó la bata también, luciendo su hermoso traje de baño de dos piezas color violeta y acto seguido se sumergió en el agua para estar a la misma altura que Ryoma.

Por unos minutos, nadie dijo nada y sólo se concentraron en el agua que los rodeaba, no estaba muy caliente ni tampoco tibia, estaba simplemente perfecta. Observó como el ambarino miraba el horizonte en silencio, se preguntaba que estaría pensando en esos instantes o si realmente no pensaba en nada. Le gustaba observarlo cuando estaba concentrado en sus pensamientos, se veía tan lindo que sentía su corazón latir. Aún por cosas tan sencillas como esas, era capaz de sentir mucho más. Mientras lo observaba, pensaba que era curioso el hecho de que era la persona más afortunada del mundo por tenerlo a su lado y se sentía privilegiada de verlo despertar todas las mañanas, como también comenzar el día a su lado y mirar ese bello rostro. Quizás en el último tiempo estaba tan ensimismada en sus problemas que ni siquiera había podido emocionarse con la simpleza de la vida como lo hacía en esos momentos. O incluso pensaba que la misma Sakuno que había ido a esa posada con él hace un tiempo, se sentiría envidiosa de tener la suerte que ella tenía.

— ¿Te has ido a otro mundo otra vez? —Le preguntó Ryoma a su lado.

—Sí, hace tiempo que no lo hacía. —Rió nerviosa, realmente hace mucho tiempo que no se separaba de su realidad de esa manera.

— ¿En qué pensabas?

—Son sólo tonterías.

—No creo que lo sean, además me gustaría oírlas.

—No es nada. —Fingió una sonrisa.

— ¿Pensabas en la regla de éste lugar? —Se burló, provocando que se sonrojara.

—N-No, realmente no es nada.

—Porque si guardamos silencio, podemos romperla. —Sonrió maliciosamente.

—No, prefiero que no. —Su rostro ardía ¿En qué estaba pensando Ryoma? Eso era una locura, además no se sentía segura de hacerlo en ese momento.

—Bueno, como digas. —Se encogió de hombros.

—Esa frase…—Pensó en voz alta, viendo su reacción se sonrojó. —Acabo de recordar que siempre la decías, precisamente en esos momentos en que te burlabas de mí de cometer este tipo de locuras.

—Tienes razón. Me gustaba burlarme, porque es divertido el rostro que pones cuando algo te molesta. —Tomó su rostro. —Pero ahora no se trata de ninguna broma, hablo muy en serio.

—Y-Yo también lo hago. —Sintió su corazón latir. —Este no es el momento.

—Lo sé y lo respeto. —Sonrió, viendo su rostro de sorprendida. —Siempre te ha dicho que jamás te voy a obligar a hacer algo que no quieras y este tampoco será el caso. —Besó su frente y se apartó.

—Lo sé…nunca me has obligado a nada y sé que tampoco será el caso, pero aún así…Miyuki-chan dice que a veces es bueno experimentar ciertas cosas. Así que no me cierro a nada, no estoy diciendo que lo hagamos ahora mismo, pero en otra oportunidad…lo intentaré.

—Más que intentarlo y lo que diga Miyuki ¿Quieres hacerlo? Esa es la pregunta que te deberías hacer.

—P-Pues…sí. —Respondió, sorprendiendo al ambarino.

—Bueno, si es así. —Rodeó sus hombros. —Ya llegará el momento, no tiene que ser éste.

—Es verdad. —Se apoyó en su hombro para sentir su aroma de cerca y su cuerpo húmedo junto al suyo. Aunque quería hacerlo, quizás ese no era el momento ni el lugar para hacerlo.

Si lo pensaba bien, no le sorprendía que Ryoma no la obligara a hacer cosas que no deseaba, teniendo en cuenta que ya había transcurrido bastante tiempo desde que no tenían contacto de ese tipo y pese a ello, él no parecía molesto ni insistía en la idea de retomar su intimidad. Había sido una idiota al pensar en esa tonta idea de que él se iría de viaje con otra persona y la dejaría, quizás las teleseries del momento le habían lavado el cerebro y la habían hecho pensar así, porque realmente su esposo no era ese tipo de persona que podría juzgarla o algo parecido. Más bien, era demasiado bueno para ella y a veces se cuestionaba si merecía tenerlo a su lado.

Luego de salir de los baños termales, ambos se dieron una ducha por separado y se colocaron sus nuevas batas de algodón. Sakuno sentía deseos de dormir, realmente haber estado ahí la había tranquilizado. Sin embargo, Ryoma tenía otros planes para ella que no tenía contemplados, por lo que la dirigió a otra habitación que se encontraba a unos pasos de la que estaban. Cuando entraron al interior, una mujer de unos cuarenta años les sonrió y les anunció que entraran, la castaña miró al ambarino confundida y él asintió a sus pensamientos. Cuando pasaron a una sala que se encontraba a una temperatura elevada, se percató que les harían masajes. "¿Son para usted?" Preguntó otra mujer y él respondió por ella, sorprendiendo a la castaña.

— ¿Y qué hay de ti? ¿No te harás? —Preguntó dudosa Sakuno.

—No, los necesitas más que yo. —Sonrió.

—Gracias, Ryoma-kun. —Le agradeció avergonzada, no estaba que le hiciera un regalo así. — ¿Cuánto ha costado? —Le preguntó despacio para que la mujer no los escuchara.

—Eso no importa. —La ayudó a acostarse. —Disfrútalo, yo debo hacer una llamada.

—Está bien.

Cuando Ryoma salió al pasillo, se percató que tenía dos llamadas perdidas, una era de su madre que por supuesto infería que quería saber cómo se encontraba Sakuno, y otra no muy usual de su mejor amigo, por lo que decidió tener en consideración la última llamada. En cuanto inicio la llamada, Momo no tardó demasiado en contestar y comunicarle que se encontraba en un supermercado comprando algunas cosas para la semana, ya que tenía pensado reunirse con Kikumaru a jugar un partido amistoso en las canchas de siempre.

— Por cierto ¿Cómo van las cosas con Sakuno?

—Por el momento bien.

—Eso es bueno. Quizás le hacía falta desconectarse un momento de sus problemas.

—Sí, parece que el viaje ha sido una buena idea.

—Qué bueno, me alegro que sea así. —Habló Momo alegre. —A propósito de eso, te había llamado porque me dieron el nombre de una Psiquiatra excelente, su nombre es Rina Hamasaki. —Aguardó un momento esperando su respuesta y prosiguió al no escucharla. —Tiene una consulta privada cerca de nuestra antigua Preparatoria. Y también trabaja en el Hospital de Tokio.

—Ya veo, entonces debe ser muy conocida. —Murmuró Ryoma pensativo, si bien antes de dicho viaje estaba de acuerdo con la idea, ahora dudaba de si realmente necesitaban consultar a una psiquiatra en esos momentos.

—Sí. Te he enviado el contacto ahora. —Habló feliz Momo.

—Me ha llegado. —Anunció el ambarino notando que el contacto había llegado a su móvil. —Sin embargo, no sé si sea buena idea que consulte a una psiquiatra, teniendo en cuenta que cada persona vive el duelo a su manera. Quizás no necesite un tratamiento para ello.

— ¿Eh? Pensé que habías dicho que lo hablarías con ella.

—Sí eso pensaba hacer antes, incluso había estado siguiendo las etapas del duelo. No obstante, no creo que sea necesario recurrir a una. Puede que las cosas no estén tan bien como antes, pero hay que darle tiempo.

—Ya veo, entonces lo mejor es esperar. —Suspiró.

—Así es. —Tomó aire. —De todas maneras, te lo agradezco.

—Bueno, si llegas a cambiar de opinión al menos ya sabes dónde encontrarla.

—Sí, lo haré.

Si bien alguna vez había pensado en dicha posibilidad, ahora consideraba que no sería una buena idea llevar a su esposa a dicho lugar, teniendo en cuenta que se solía recurrir a un psiquiatra cuando la situación se había salido de control y en este caso, no quería cantar victoria todavía, pero las cosas parecían ir mejor, o al menos ese día lo era.

Sakuno se encontraba acostada sobre su abdomen con los ojos cerrados, la masajista ya había terminado su trabajo y ahora estaba a solas en dicha habitación a una temperatura agradable, escuchando sólo música ambiental de fondo que la invitaba a unirse a los brazos de Morfeo. Se sentía tan tranquila, se preguntaba hace cuánto tiempo no se sentía de esa manera, sin angustia ni tensión muscular, libre de pensamientos negativos y culposos, simplemente en paz con sí misma. Poco a poco, la música que sonaba a su alrededor, comenzó a hacerse menos audible, hasta que comenzó a extinguirse por completo de sus oídos…Cuando abrió los ojos, la oscuridad había desaparecido y se encontraba acostada en una silla de playa, disfrutando de un radiante sol que la obligaba a cubrirse los ojos, era extraño, pero ese lugar rodeado de palmeras y de arena blanca, le recordaba al lugar que había visitado en su luna de miel. Antes de preguntarse cómo había llegado ahí, Ryoma apareció a su lado luciendo traje de baño y llevando un jugo de coco en sus manos que le entregó en silencio. "Al fin despiertas" Le había dicho, mientras ella se reincorporaba para ponerse a su nivel. Examinó el lugar, parecía que se encontraban en pleno verano, pero no sabía dónde se encontraban realmente.

¿Dónde estamos? —le preguntó y él la miró sorprendido, de seguro creería que estaba alucinando otra vez, pero no recordaba cómo habían llegado ahí.

¿Qué clase de pregunta es esa? —Se burló su esposo, recordándole que se encontraban en su luna de miel, lo que le causó aún más extrañeza, porque sabía que eso era imposible.

Pero si eso es así…entonces aún no sucede lo de Hiro—Susurró, tocándose el vientre, tratando de sentir algún movimiento y no sentía absolutamente nada.

¿Hiro? ¿Quién es?

Abrió los ojos con fuerza, sabiendo que eso no era real, ya que por mucho que deseaba fingir como si eso nunca hubiera pasado, no era el caso y se sintió culpable por pensar en ello siquiera. Se reincorporó con cuidado y se acomodó la bata para levantarse, pero entonces una pequeña silueta la hizo gritar asustada al percatarse que se trataba precisamente de esa persona que creía que no vería jamás en persona.

—Hola, mamá—Sonrió un Hiro de cinco años, tal cual lo había visto en sus sueños.

— ¿Te perdiste pequeño? —Le preguntó Sakuno, quizás se trataba de otro chico, casi idéntico.

—No, estoy justo donde debería estar, contigo.

— ¿De qué hablas? —Rió nerviosa, estaba enloqueciendo, él no podía estar así. — ¿Cuál es tu nombre?

—Soy Hiro, mamá. —Sonrió. — ¿Acaso me olvidaste?

Ryoma irrumpió en la habitación junto con la masajista tras de él, ambos se veían agitados como si hubieran corrido una maratón, "¿Te encuentras bien?" le preguntó Ryoma dejando salir un suspiro, se oía exhausto. Ella asintió sin entender que le sucedía, entonces la masajista sonrió aliviada comentando que la habían escuchado gritar y habían pensado que le había sucedido algo. Para su sorpresa, ya no había nadie más a su lado y la figura misteriosa de su hijo perdido ya no estaba. "¿Habría estado soñando despierta?" se preguntó, quizás mucho calor le había hecho mal, sin embargo había sido tan real que no podía creer que fuera parte de una alucinación, hasta podría tratarse de un fantasma y si lo era, aunque se tratara de Hiro, era escalofriante.

Cuando regresaron a la habitación, no fue necesario leer la nota que estaba en el refrigerador para darse cuenta que les habían traído comida, porque el aroma a tofu ahumado con arroz había llamado la atención de sus estómagos a metros de distancia. Una vez que se instalaron en el comedor, notaron el modo en cómo estaba decorada la mesa, había un hermoso mantel de color crema que sabían que no duraría demasiado, teniendo en cuenta lo descuidados que eran para comer y sobre él, habían dos copas junto a una botella de Champgne. Si bien Sakuno no bebía hace un tiempo y no sabía si estaba segura de hacerlo, Ryoma la sorprendió sirviendo ambas copas con una maestría que le hizo fantasear que habría sido un gran príncipe en otra época.

—Brindemos…—Levantó su copa Ryoma.

— ¿Por qué?—Rió nerviosa, no tenían nada que celebrar realmente.

—Por nosotros. —La miró a los ojos, notando un leve rubor en sus mejillas. —Porque a pesar de todo seguimos juntos. Sé que los últimos meses no han sido fáciles para ninguno de los dos, por lo que en teoría no tendríamos nada que celebrar, no obstante el hecho de que sigas aquí con vida es un motivo por el cual celebrar.

—Ryoma-kun…—Susurró sonrojada, siempre recordaba ese día pensando en lo que ella había sentido y olvidaba lo que significó para él. —Tienes razón, brindemos porque estamos los dos aquí. Hace tiempo que no salíamos de paseo. —Sonrió.

—Sí, salud. —Chocó su copa con la suya.

En una situación así, la castaña del pasado habría tomado fotografías para captar tal enternecedor momento y llevarle las fotografías a su familia, no obstante ahora no era así, en esos instantes sólo quería disfrutar el presente en silencio, teniendo en cuenta que hace tiempo no disfrutaba una cena así junto al ambarino. Luego de reposar, ambos levantaron los platos y los dejaron en una bandeja, pese a que Sakuno deseaba entregarlos limpios, no había con qué lavarlos, así que tuvieron que dejarlos tal cual estaban, lo que no era problema para los Señores Toyo, considerando que eso estaba incluido en el servicio.

Después de que Sakuno se diera una ducha, Ryoma tomó su turno en el baño, ya que luego de las aguas termales ambos preferían quedarse en la habitación, teniendo en cuenta que estaban agotados por el viaje. La castaña se sentó frente a un enorme espejo que flanqueaba la cómoda para cepillarse el cabello, mientras oía a lo lejos como el ambarino se bañaba. Se preguntaba si lo que había visto en la sala de masajes había sido real o si se trataba de una alucinación posterior al duelo que estaba viviendo. No podía dejar de pensar en eso, era la primera vez que le pasaba y no sabía si debía preocuparse o no por ello, ya sea de consultarlo con alguien o buscar en algún libro de diagnóstico. Aunque si lo pensaba bien…no podía decírselo al ambarino, ya que si lo hacía su experiencia sólo traería problemas, considerando lo preocupado que ya estaba, además sólo había pasado esa vez, tal vez debía preocuparse si volvería a suceder y esperaba que no fuera el caso de volver a vivirlo.

Había quedado tan calmada después de los masajes que había tenido, que sentía que no quería hacer nada más que dormir. Por ello, tras secarse el cabello se acomodó en el futón para mirar el cielo aturdida, sus ojos comenzaban a volverse tirantes y creía que no podría resistir un minuto más de tenerlos abiertos, se sentía tan cansada como si no hubiera dormido en meses y ahora por fin podría hacerlo. "Descansa, mamá" le había susurrado alguien a su oído, obligándola a brincar de su futón asustada, dejando escapar un grito que fue inevitable de callar.

—Lo siento, otra vez te he asustado. —Habló triste Hiro, quien nuevamente se encontraba junto a ella mirándola de cerca.

—Esto no está pasando…tú no eres real.

—Sí lo soy.

—No es así, tú ya no estás con nosotros.

—Es lo que quieres creer, pero no es así, sigo aquí.

Antes de poder decir algo, escuchó la puerta del baño abrirse con rapidez, Ryoma aún no se secaba el cabello, pero eso no importaba, porque apenas había escuchado su grito otra vez, se había secado lo más rápido que podía para ir a verla.

— ¿Qué sucede? ¿Estás bien? —La tomó de los hombros preocupado.

— Sí, lo estoy. Es sólo que me había acostado a dormir y de pronto…—Miró la figura de su hijo a la distancia y supo que sería una locura si le decía que estaba ahí. —Vi una araña.

— ¿Dónde? ¿Estaba en el futón? —Preguntó extrañado, alejándose de ella para examinar la habitación.

—Sí, pero ya la maté. —Rió nerviosa. —Lo siento por haberte preocupado.

—Descuida, me alivia saber que sólo se tratara de una araña. —Frotó su cabello con la toalla para que se secara. Si bien Sakuno solía temerles a las arañas, le daba la sensación que no había gritado por ese motivo.

—Sí, bueno…creo que dormiré una siesta.

—Espera. —La tomó del brazo antes que girara.

— ¿Qué ocurre?

— ¿Estás segura que sólo gritaste por la araña?

—Sí ¿Por qué otra cosa iba a ser? —Rió nerviosa, no podía decirle la verdad.

—No lo sé, dime tú. —La miró con seriedad. — ¿No me estás ocultando nada? Sabes que no se te da bien omitir cosas.

—N-No, fue sólo una araña. Eso es todo. —Fingió una sonrisa y se apartó de su lado para dirigirse al futón.

— Sabes que puedes decirme lo que sea. —Se acercó a ella, notando que lo miraba nerviosa.

—Lo sé, pero descuida no es nada. —Sonrió.

—mmm está bien.

El ambarino suspiró, parecía que había cosas que nunca cambiaban y ella seguía sin confiar completamente en él. Mientras Ryoma se secaba el cabello, la castaña regresó a su futón que por poco lanza lejos después de tener otra aparición de Hiro, quien se aliviaba que ya no estaba. Recordaba que había visto esos síntomas en alguna parte, cuando le habían pasado Psiquiatría en clases, sin embargo esperaba que no se tratara de algo patológico.

Intento cerrar los ojos y mantener la calma, pero la voz de su difunto hijo revoloteaba en sus pensamientos, impidiéndole conciliar el sueño. Cuando Ryoma regresó a la habitación, anunciando que iría a ver la televisión, se sorprendió al notar que la castaña lo miraba asustada. De esa manera, más desconfianza le generaba lo que había dicho de la araña ¿Era realmente eso? ¿O había otra causa? Se dirigió a ella en silencio y se sentó a su lado a observarla, pensaba que estando a su lado le diría lo que le sucedía, pero la castaña hizo caso omiso a su presencia al igual como lo había hecho los últimos días, parecía perdida en sus propios pensamientos.

— ¿En qué piensas? —Le preguntó acostándose a su lado, haciéndola reaccionar.

—E-En nada.

—No puedo creer en tus palabras si actúas de ese modo. —Bufó.

— ¿De qué modo? Estoy actuando normal.

—No es así, hace un rato parecía que estabas disfrutando de todo como antes y ahora has vuelto a ser la misma de los últimos meses.

— ¿Porqué lo dices?

—Porque te conozco.

—No es nada, en serio. —Fingió una sonrisa. —Sólo estoy cansada por los masajes, quiero dormir.

"Entiendo, entonces iré a ver la televisión" Susurró el ambarino y se reincorporó en la cama, ya que sabía muy bien que no podía presionarla a que confiara en él de nuevo, después de todo, lo que estaba viviendo no era un proceso fácil, tendría altos y bajos, pero sabía que saldrían adelante, tenía la esperanza de que eso ocurriría y no requerirían de ayuda externa como psiquiatras, ya que no lo encontraba necesario. Cuando iba a levantarse, unos fuertes brazos se apoderaron de su cintura y lo obligaron a quedarse. Sakuno se encontraba abrazándolo con tristeza, diciéndole que no se fuera, lo que le extrañó por completo, dado que no esperaba tal reacción.

— No quiero que te vayas.

—No me iré a ningún lado. —Tomó sus manos y volteó a verla, no podía evitar tener la sensación de que algo sospechoso ocurría, pero sabía muy bien que si le preguntaba de que se trataba estaba seguro que no le diría absolutamente nada. — ¿Qué quieres hacer?

—Nada, sólo estar así. —Susurró la castaña acostándose en el futón, viendo como él la imitaba. —Hace tiempo no estábamos.

—Tienes razón. —Comenzó a acariciar su cabello, le gustaba hacerlo, aunque solía decir que lo llevaba demasiado largo, en el fondo le gustaba tal cual era. — ¿Así está bien?

—Sí. —Sonrió, acomodándose junto a él. —Extrañaba estar así.

—Yo también.

—Ryoma…

—Dime.

— Sí yo…enloqueciera ¿me seguirías amando?

— ¿A qué viene eso? —Bufó. —Por supuesto que sí.

— ¿Seguro? ¿Aunque dijera tonterías?

—Por supuesto, no me alejaría de ti, incluso si no tuviera alternativa.

—Podrías hacerlo…si eso llega a pasar. Lo entendería.

—No lo haré, aunque fuera el fin del mundo. —Tomó su rostro para mirarla. —No puedo alejarme de ti, ya intenté hacerlo una vez y no resultó. Sólo me hizo darme cuenta que no me imagino un mundo si tú no estás en él.

—Pero…si perdiera el juicio, lo entendería y no estaría mal, harías lo que es mejor para ti.

—Lo mejor para mí es que tú estés bien. —Besó su frente. —Por cierto ¿A qué vienen esas preguntas? ¿Hay algo de lo que quieras hablar?

—No, no es nada. —Susurró, notando como tras el ambarino seguía Hiro mirándola con timidez.

Continuará….

Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, lamento la eterna demora, soy consciente que ésta vez tardé demasiado: / Debido a que me encuentro en mi último año de Psicología, he estado con muchas cosas en la universidad, por lo que no he tenido tiempo siquiera de ver anime. Además antes de eso, estuve con la publicación de mi libro de poemas "Delirios del corazón", por lo que tampoco pude dedicarle mucho tiempo a mis fic, tardé demasiado en editar. Así que me disculpo por eso. Y no podría dejar los capítulos listos para todas las veces que me ausente, porque soy muy ansiosa y los subiría todos de una vez jajaja y no es la idea.

Así que bueno, no les daré una fecha de cuando actualice este fic, porque cada vez que pongo una, me atraso. Por lo que sólo procuraré hacerlo pronto. Y voy a actualizar las otras historias que dejé pendientes.

Quiero hacerles un recordatorio, puedo demorar mucho en actualizar, pero NUNCA voy a abandonar estas historias para que estén tranquilos.

Espero que les guste y comenten! Gracias a los que siempre me comentan y también a los que sólo leen.

Qué estén bien Mi página de facebook es Hinata-Sakuno fanfiction

Pdt: todas mis historias están ligadas con lo psicológico si se han dado cuenta, así que lo paranormal no cuenta en esta historia al menos.

Saludos!