Capítulo 27
A la mañana siguiente, se despertaron con los golpes de la puerta, cuando Ryoma se levantó a ver de quien se trataba se sorprendió al ver que se trataba de la Señora Toyo que les traía el desayuno por cortesía de la posada. Luego de agradecerle y despedirse, llevó el desayuno hasta una mesa cercana y llamó a la castaña para que fuera a comer. Sakuno se levantó a duras penas, se sentía tan cansada que apenas podía mantenerse en pie y todo era debido a esa alucinación suya que estaba junto a ella en esos momentos, había soñado tanto con él que había despertado muchas veces en la noche y le había costado conciliar el sueño.
—Qué rico, nos han traído el desayuno. —Sonrió Hiro sentado a un lado de Ryoma. —Apresúrate, mamá. O nos comeremos todo.
— ¿Qué ocurre? Te ves como si hubieras visto a un fantasma. —Habló preocupado el ambarino, notando el cambio que había tenido al llegar a la mesa.
—No es nada, sólo recordé que había prometido llamar a mis amigas cuando llegaramos y no lo hice.
—Ah ya veo. Puedes hacerlo después de comer.
—Mamá, eres mala mintiendo. Deberías decirle la verdad a papá. —Suspiró Hiro comiendo un trozo de pan.
—No lo haré. —Susurró con enfado.
—¿Eh? ¿No quieres hacerlo? —Preguntó el ambarino confuso, su tono había cambiado tan repentinamente que ahora él era quien estaba asustado.
—¡No es eso! —Se sonrojó la castaña. —Lo siento, estaba pensando en voz alta. —Rió nerviosa.
—¿Y en qué pensabas? Luces molesta.
—En otras cosas que tenía que hacer. Pero descuida, no es nada contra ti. —Fingió una sonrisa.
—Está bien, como digas. —Se levantó de la mesa para caminar a la otra habitación ¿Entonces contra quien lo era?
—¿A dónde vas?
—Iré a hacer unas llamadas, yo también olvidé que tenía que hacerlas. —Se encogió de hombros. —Qué disfrutes tu desayuno.
—Pero…¿Qué hay de ti?
—Comeré más tarde.
En cuanto Ryoma salió de la habitación al pasillo exterior, Sakuno miró con odio a Hiro y no pudo evitar hablarle "Mira lo que hiciste", sabía que eso no tenía sentido y era su cabeza quien jugaba con ella, pero aún así estaba enfadada con ese niño. Dicho comentario, no pasó inadvertido por el ambarino quien pese a haber salido de la habitación, había dejado la puerta entre abierta para ver si sus sospechas eran ciertas y lamentablemente estaba en lo correcto.
Luego de distanciarse de dicha escena, miró el contacto que le había enviado Momo sobre la psiquiatra, dudando de si sería bueno hacerlo o no, sabía que si pensaba objetivamente como el médico que pensaba llegar a hacer, no era normal que Sakuno comenzara a hablar sola y tampoco su estado de ánimo, teniendo en cuenta dichos indicadores debería hacer una interconsulta psiquiatrica si ella fuera su paciente, no obstante…era su esposa y no podía dejar de lado lo que sentía por ella. Tomó aire, tenía que tomar una decisión lo antes posible, porque si no lo hacía sería muy tarde para enmendar sus errores. Ahora le hacía sentido las preguntas que le había hecho la castaña la noche anterior de que pasaría si ella comenzara a perder el juicio, pero si pensaba en ello, eso quería decir que Sakuno era consciente que estaba viendo cosas que no estaban ahí y eso le daba la esperanza de que su pronóstico no era tan malo después de todo. Aún así, temía que tuvieran que internarla o algo parecido, ya que eso significaba que no podría estar con ella por mucho que lo deseara. Su corazón latía a mil, no sabía qué hacer y ni siquiera su lado racional lo hacía reaccionar. Entonces recordó cual era su deber "Hacer todo lo que estuviera a su alcance para que ella fuera feliz". Por ello, sin pensarlo otra vez, sus dedos pulsaron el contacto de la Psiquiatra y se atrevió a llamarla.
—Buenos días ¿Con quién desea hablar?
—Buenos días, me gustaría hablar con Rina Hamasaki ¿Se encuentra disponible?
—Sí, en estos momentos está atendiendo unos asuntos, pero puedo dejarle el recado ¿Quién la llama? ¿Y porqué motivo?
—Mi nombre es Ryoma Echizen, soy estudiante de Medicina de la Universidad de Tokio. Quiero contactarme con ella, debido a que mi esposa…no se encuentra bien en estos momentos. Por ello, necesito que me contacte lo antes posible para hablar sobre ello.
—Está bien, le avisaré.
—Gracias.
Cuando dio por finalizada la llamada, caminó de regreso a su habitación, esperando encontrar a la castaña sentada en el mismo lugar en que la había visto la última vez, pero para su sorpresa no se encontraba allí, sino que se encontraba tomando una ducha caliente, se preguntaba si seguiría hablando con ese ser de hace unos minutos. Le generaba curiosidad que forma había tomado ese individuo o animal con el que hablaba, siempre había leído sobre alucinaciones en los libros de psiquiatría, pero jamás había estado tan cerca de alguien que lo manifestara. Pero más allá de la forma que tenía, lo que le preocupaba era que la castaña no confiaba en él lo suficiente para decirselo, quizás era por la magnitud de las alucinaciones, pero aún así siempre le había mencionado que podía confiar en él todo el tiempo, aunque parecía que nunca podría hacerlo del todo.
Cuando la castaña salió, ya se encontraba vestida con una camiseta blanca y una falda celeste, así como también llevaba unas sandalias celestes que se aferraban a sus tobillos. Justo cuando iba a proponerle que se quedaran en la habitación ese día si deseaba hacerlo, daba la impresión que ella quería hacer todo lo contrario. Se acercó a ella en silencio, notando como su cabello humedo aún goteaba en sus hombros y Sakuno fingió una sonrisa.
—Está listo el baño.
—Lo he notado ¿Piensas salir?
—Sí, es decir…juntos. Es un lindo día y no deberíamos desperdiciarlo.
—Tienes razón ¿A dónde quieres ir?
—P-Pues…podríamos ir a jugar tenis, hace tiempo no lo hacemos ¿O no quieres?
—No he dicho eso, es una buena idea. Podemos hacer eso. —Tomó una toalla que había colgada. —Iré a darme una ducha mientras, tú deberías secarte el cabelo mientras, sino te vas a empapar, gotea mucho.
—Sí, tienes razón. Lo haré. —Le dio la espalda para ir a buscar el secador de pelo que lo tenía empacado en su bolso.
—Y Sakuno…cuando salí al pasillo, me pareció haberte oído que hablabas con alguien ¿Te llamó Osakada?
—N-No, de hecho tengo que llamarla.
—Ah entonces debe haber sido mi imaginación, juré haberte escuchado hablar.
—Es que a veces hablo sola. —Rió nerviosa.
—Ya veo, no me había percatado de que hacías eso. Sin embargo…—Cruzó la habitación para encontrarse con ella y tomó sus hombros. —Si estuvieras viendo cosas que…no están ahí o vieras seres de otro mundo, puedes decirmelo.
—¿Seres de otro mundo? —Se burló. —Eso suena como aliens.
—No me refería a eso, sino que…ya sabes, tú estudias psiquiatría y debes entender a lo que me refiero, ver cosas que no están ahí. Puede pasar, ya sea por algún trauma o algún duelo, las personas pueden tener visiones.
—¿Te refieres a alucinaciones? —Preguntó, viendo como Hiro aparecía tras Ryoma.
—Sí, visuales, auditivas o de otro tipo.
—¿Qué es una alucinación, mamá? —Preguntó Hiro temeroso.
—Sé a lo que te refieres. —Susurró Sakuno. —Pero no es así, no he tenido ninguna.
—¿Segura?
—Sí, segura. No te preocupes.
—Está bien, me alivia saber eso. Estaré listo en unos minutos.
—Bien, yo iré a secarme el cabello.
Cuando Ryoma entró al baño, Sakuno comenzó a sentir una fuerte presión en el pecho, no podía creer que nuevamente le había mentido a su esposo, le dolía mucho hacerlo, pero al mismo tiempo, no deseaba preocuparlo, ya que habían ido a ese lugar para desconectarse y no era justo para él enterarse que en verdad no lo estaba pasando bien. Por eso mismo, había estado viendo las actividades que ofrecía ese lugar y estaba dispuesta a participar en cada una de ellas. Porque sabía que si se cansaba de luchar, ese niño que estaba frente a ella, la haría perder el juicio aún más y eso no lo permitiría.
Luego de que Ryoma se hubiera bañado y vestido, ambos decidieron caminar hacia las canchas de tenis, las cuales según el folleto se encontraban en medio del bosque, cerca del templo donde los Señores Toyos iban a rezar. Por el aspecto que tenía el recinto, les daba la impresión que no muchas personas iban a jugar ahí, salvo Yuzuki por supuesto que debía ser una de las personas que solía ocuparlas con mayor frecuencia. "¿Te parece aquí?" Le preguntó la castaña, apuntando una cancha de cemento en buen estado que era flanqueada por árboles llorones y tenía dos bancas para dejar sus cosas, "Sí, me parece bien". Una vez que se instalaron en ella, Sakuno se ubicó al otro lado de la cancha para prepararse para jugar, aún después de tanto tiempo juntos, sentía que todavía se ponía nerviosa cuando se enfrentaba contra el ambarino en un partido amistoso. No sabía si era por lo bueno que era en dicho deporte o por lo guapo que se veía luciendo su traje deportivo, sea cual fuese el motivo, comenzaba a sentirse intimidada por su mirada.
—¿Estás lista? —Le preguntó, mientras probaba la pelota contra el cemento.
—S-Sí, lo estoy. Dame todo lo que tienes.
—¿Estás segura que quieres eso? —Se burló. —No me resistiré sólo porque se trate de ti.
—Lo estoy, descuida. —Cuando decía ese tipo de cosas, no podía evitar pensarlas en otro contexto y se sentía una pervertida por pensar tales cosas.
—Bien, ahí voy.
Ryoma se preparó para lanzar su primer saque y Sakuno estaba lista para recibirlo, si bien había pasado mucho tiempo desde la última vez que había jugado, aún así no quería que él se resistiera con ella y pudiera dar lo mejor de sí. Por ello, en cuanto la pelota llevó al otro extremo de la red, la castaña fue capaz de devolverlo sin problema, lo que le hacía pensar si realmente había podido por merito propio o porque en verdad él no había sido honesto en la intensidad que había puesto en ese saque. Era increible como el tenis había marcado tantos momentos increibles en su vida y ahora incluso después de la Preparatoria, seguía estando presente en circunstancias en que más necesitaba distraerse como ellos. Y era una de las razones por las que quería jugar, porque tenía la hipótesis que si lo hacía, podría dejar de ver a Hiro un par de horas y no estaba equivocada, porque en esos precisos instantes no estaba con ella y eso la alivaba mucho más.
Luego de pasar horas y horas jugando, Sakuno se dejó caer en el cemento agotada, notando como incluso el ambarino respiraba con dificultad, teniendo en cuenta que todas las veces que le había preguntado si querían que se detuvieran, ella se había negado a hacerlo, porque creía que podía dar mucho más que eso y estaba en lo cierto. Lo observó en silencio, reflexionando lo impotente que se veía tras la red y comenzaba entender cómo debían verlo sus rivales, cuando mostraba ser más fuerte de lo que aparentaba ser. Siempre solía verlo cuando se acercaba a la red a estrechar su mano con la del otro contrincante y se preguntaba qué sentirían dichas personas al darse cuenta que habían sido derrotados por ese chico que subestimaban por su edad. Ryoma cruzó la red de un salto, dejando la raqueta a un lado para extender su mano hacia ella y entonces se sintió afortunada de no recibir el mismo trato que cualquier otro contrincante, sino uno especial. "¿Estás bien?" Le preguntó y ella asintió, tomando su mano para ponerse de pie.
—Fue un buen partido, Ryuzaki. —Se burló el ambarino dando un apretón leve de manos.
—Lo mismo digo, Echizen. Aunque me parece que el primer saque no fuiste del todo honesto.
—¿Qué te hace creer eso?
—La intensidad.
—¿No fue la adecuada?
—Me refiero que te he visto jugar contra otros contrincantes y tus saques siempre se destacan por tener una mayor intensidad que logra incluso intimidarlos.
—¿Estás tratando de decir que eres inmune a mis ataques? —Hizo una sonrisa burlona. —Porque no sé si fue impresión, pero me parece que al comienzo del juego si logré intimidarte por unos minutos y sin lanzar ni una pelota. Quizás por eso, ya no era necesario intimidarte con mis ataques.
—F-Fueron ideas tuyas. —Bufó ¿lo había notado? — Pero quizás ahora soy inmune a tus ataques, si logré desviarlos.
—Quien sabe, aunque debo admitir que mejoraste mucho tus técnicas ahora. Tienen mayor intensidad de lo que eran antes.
—¿Te intimidé? —Se burló.
—Un poco, pero no lo suficiente.
—Debo imaginar que dirás que me falta mucho para eso ¿o no?
—¿Porqué? ¿Quieres intimidarme? —Se acercó más a ella para mirarla fijamente a los ojos.
—N-No, sólo quería saber. —Ahora mismo, él lo estaba haciendo.
—Pero en verdad tú no eres como otra contrincante que haya tenido tenido, así que es posible que no usará mi cien por ciento. —Señaló, viendo como ella emitía una sonrisa de que lo sabía. —Porque no lo eres, además tampoco se trataba de una competencia ¿o sí?
—No, sólo un juego amistoso. Sí fuera una competencia, debería recibir mi premio —Se burló.
—Si somos honestos, no hubo un vencedor en este encuentro, más bien yo diría que un empate.
—Sí, es verdad. Pero aún así, debería existir un premio al esfuerzo.
—Estoy de acuerdo, pero si hubiera sabido que iba a existir un premio por nuestro juego amistoso, creo que si me habría esforzado más en ganar. —Se encogió de hombros el ambarino.
—Pero podemos hacerlo ahora, aún tengo energía.
—Preferiría hacerlo más tarde, ahora vamos a comer.
—Tienes razón, también muero de hambre.
—Sí yo gano ¿Qué recibiría a cambio?
—¿Eh? No lo sé, lo que quieras. Mientras esté dentro de mi presupuesto. —Rió nerviosa.
—Está bien, pensaré en ello. Aunque lo que necesito no se compra con dinero. —Sonrió, caminando hacia la banca para tomar un sorbo de agua.
—¿Algo que no se compra con dinero? —Preguntó pensativa, entonces su corazón comenzó a latir.
—¿Y qué hay de ti? ¿Qué quieres a cambio?
—Debo pensarlo.
Después de colgarse sus bolsos en sus hombros, caminaron de regreso a la habitación para darse una ducha y decidir mientras a dónde irían a comer. Si bien tenían el beneficio de pedir a la habitación, Sakuno tenía deseos de salir a comer afuera, había un restaurant que estaba junto al lago que le llamaba la atención, ya que Yuzuki le había comentado una vez que sus tíos manejaban ese local y su comida era deliciosa.
Una vez que llegaron al lugar, pidieron una mesa para dos y se instalaron junto a la ventana, donde tenían vista al lago, Ryoma ordenó dos copas de vino para celebrar su victoria en el partido de tenis y un mayordomo les sugirió que pidieran el plato del día, el cual aceptaron sin pensarlo. A los pocos minutos, llegaron dos mesores con sus pedidos y se dispusieron a comer. Yuzuki tenía razón al decir que la comida de ese lugar era deliciosa, porque apenas la castaña había probado un bocado sintió que no podría parar de comer.
—¿Tú eres la amiga de Yuzuki-Chan? —Le preguntó una mujer de melena negra que le retiraba los platos.
—Sí, eramos compañeras de Preparatoria y ahora seguimos en contacto.
—Ah sí, Sakuno-Chan ¿Verdad? Mi nombre es Hana Toyo, soy la tía de Yuzuki. Ella me ha hablado mucho de ti.
—Oh es un gusto, él es mi…esposo. —Aún le costaba decir esa palabra. —Ryoma Echizen, también conoce a Yuzuki-Chan.
—Ah sí, tú fuiste quien hizo la reserva en esta ocasión ¿Verdad?
—Sí, creo que hablé con usted por teléfono.
—Sí, lo recuerdo. Espero que estén disfrutando su estadía aquí.
—Lo estamos. —sonrió Sakuno.
—Qué bueno, me alegra oírlo. —Le hizo una seña al otro camarero que traía una bandeja con postres. —Elijan uno, se los daremos de cortesía de la casa.
—¿Eh? ¿Está segura? —Preguntó dudosa la castaña.
—Sí, adelante. Descuiden, es un honor tenerlos aquí.
—Gracias. —Dijeron ambos y se atrevieron a sacar dos mousse, uno de chocolate para la castaña y otro de fresa para el ambarino.
El resto del día, se dedicaron a pasear por los alrededores, Sakuno nunca se había sentido tan libre sin Hiro, incluso sentía que no sería necesario hablar de ello con el ambarino, porque se daba cuenta que si mantenía su mente ocupada, él no aparecía y si tenía que hacer esas cosas para no perder el juicio, lo haría. Ryoma la condujo a un jardín de flores de cerezo que conocía muy bien, era el lugar que habían encontrado la última vez que habían estado ahí, no podía olvidar ese día, Ryoma estaba molesto con su padre y huía de él, incluso la había arrastrado hasta ese lugar porque se había puesto en su camino, entonces el ambarino se abrió con ella y le contó todo lo que pensaba, era una de las pocas veces que lo había hecho y se sintió sorprendida de escuchar cuales eran sus verdaderos deseos. En ese tiempo, su padre estaba obsesionado con que estudiara arquitectura, es decir que Ryoma cumpliera ese deseo reprimido que él no había sido capaz de alcanzar y ella por su lado, quería ser maestra porque en verdad no tenía muy claro a qué se quería dedicar en el futuro, pero ahora el destino de ambos era muy distinto y se encontraban estudiando algo que si les apasionaba. Y además habían vivido muchas cosas en el poco tiempo que llevaban casados, era increible como todo podía cambiar de un momento a otro.
—¿Recuerdas éste lugar? —Le preguntó Ryoma, sentado bajo un árbol.
—Por supuesto, como olvidarlo. —Sonrió. —Es increible lo mucho que han cambiado las cosas desde ese día.
—Sí, todo es gracias a ti. —Tomó su mano.
—¿Porqué?
—Gracias a ti, mi padre entró en razón.
—¿T-Te refieres cuando bebí demasiado?
—Así es. —Hizo una sonrisa burlona. —Como olvidar ese día.
—Estabas muy enfadado conmigo. Nunca te había visto así. —Rió nerviosa. —Creí que no volverías a hablarme después de eso.
—Es verdad, estaba enfadado contigo, pero…no habría podido estarlo por mucho tiempo. Ni antes ni ahora podría.
—Yo tampoco contigo.
—¿Alguna vez lo estuviste? —Se burló.
—Por supuesto, muchas veces. Eras fastidioso. —Bufó, recordando todas las veces que la había hecho sufrir. —Pero aún así
—Me seguías amando ¿Verdad? —Se burló.
—Qué narciso. —Apartó su mano de la suya.
—¿Estás enfadada conmigo ahora? —Se acercó a ella.
—Sí.
—¿Y me perdonarás? —La envolvió en sus brazos.
—Lo pensaré. —Evitó reir, era tan fastidioso incluso en eso.
—Estoy seguro que lo harás.
—No. —Resopló alejandose de él.
—Así es, siempre lo haces. —Habló Hiro, apareciendo a su lado. —Siempre lo perdonas, pero ¿Porqué a mi no puedes perdonarme?
Sakuno emitió un pequeño grito que hizo que el ambarino se asustara ¿Qué había sido eso? Tal vez se trataba de una araña, pero más que eso, se veía como si hubiera visto un fantasma, quizás eso precisamente era.
—¿Qué sucede?
—N-No es nada, sólo había un insecto en mi mano. Eso es todo.
—¿Un insecto? ¿Eso soy ahora, mamá? —Habló Hiro triste. —Entiendo, no te molestaré más. —Dijo el niño pequeño corriendo hacia el bosque.
—No…no quise decir eso.
—¿No quisiste decir qué? —Preguntó dudoso Ryoma.
—No importa. —Tomó aire, tenía que deciserlo o sino seguiría de esa forma.
—¿Hay algo que me tengas que decir?
—Sí, no sé como decirlo…porque te va a sonar muy extraño.
—Dime, lo entenderé.
—Hace un rato, cuando me preguntaste si estaba teniendo alucinaciones y te dije que no, te mentí. Estoy con ellas ahora.
—¿De qué tipo?
—Visuales y auditivas. Con una persona que ya no está aquí…
—¿Acaso podría tratarse de…Hiro? —Preguntó Ryoma sorprendido, esa palabra que había dicho era suficiente para que lograra armar el puzzle.
—Sí, de hecho él estaba aquí hace unos minutos. Creo que lo he hecho entristecer.
—¿Desde cuándo lo estás viendo? —Preguntó, si había dicho eso quería decir que por mucho que fuera consciente de que eran alucinaciones, aún así seguía pensando que él realmente estaba ahí.
—Desde que me hicieron los masajes. —Suspiró. —Al principio sólo soñaba mucho con él y ahora…se hizo real. Tiene cerca de cinco años, sus ojos son como los tuyos y su cabello es castaño como el mío, se parece mucho al sueño que tuve en un comienzo.
—Creo que también tuve un sueño con un niño de tales características hace poco, precisamente ese fatídico día…
—¿En serio? No me habías hablado de eso. —Tomó su mano.
—No tenía caso decirlo, menos en un momento así.
—¿Y qué soñaste?
—Qué jugaba con él en un parque, pero llegó un momento en que debía marcharse y no iba a ir solo, había dicho que se iría contigo. —Susurró triste. —Entonces desperté en la terraza del hospital y me enteré que estabas en peligro. Si te hubiera pasado algo, no sé que habría hecho.
—Dijo eso, eh.
—Sí, lo hizo. Pero fue sólo un sueño. Sin embargo, hay algo que no me queda claro sobre esto, hace un minuto dijiste que lo hiciste entristecer ¿A qué te refieres con eso?
—Bueno, quizás es una tontería, porque sé que él en verdad no está ahí, pero ahora vi sus lagrimas tan claras que por un momento olvidé que era una alucinación. Es curioso que pasen éstas cosas, la mente es realmente increible.
—Entonces eres consciente que no está ahí.
—Así es, pero a veces es tan insoportable que siento la necesidad de gritarle de decirle que se vaya. Pero ahora que lo conseguí, me sentí mal por ello. Quizás la razón por la que está apareciendo es porque cree que me olvidé de él. Y no es así. —Susurró triste.
—Lo sé. —La abrazó. —Yo tampoco me olvidaré de él, sin embargo esto que está ocurriendo deberías trabajarlo.
—¿Dices ir a un psiquiatra?
—No he dicho precisamente eso, pero podría ser.
—Sí, debería hacerlo. Pero…
—¿Qué?
—Va a sonar tonto, quizás. —Murmuró cabizbaja.
—¿Acaso no quieres deshacerte de él?
—Me da miedo hacerlo, ya sabes…lo perdimos una vez y ahora sería díficil vivirlo de nuevo.
—Entiendo, pero no estás sola en esto, yo estaré contigo. No debes cargar con todo este peso tu sola.
—Gracias, Ryoma. Quería hablar de esto antes, pero temia que dejaras de quererme por estar viendo a nuestro hijo muerto.
—Jamás dejaré de hacerlo, ya te lo he dicho. Desde el momento que aceptaste ser mi esposa, tus problemas se han vuelto los mios. Así que no creas que vas a cargar con todo este peso sola, porque no lo permitiré. Así mismo, si no quieres ir a un psiquiatra…puedes tomarte el tiempo que quieras.
—No, siento que es una buena idea. Tenemos que ir, antes que sea tarde.
—Sí, tienes razón.
—Pero de seguro se enfadará conmigo, si se entera. —Susurró triste.
Sakuno comenzó a llorar tan desconsoladamente que Ryoma tuvo que abrazarla con fuerza, era extraño como manifestaba su sintomatología, por un lado parecía ser consciente que se trataba de una mera alucinación, pero por el otro comenzaba a creer que realmente le haría daño a "Hiro" si se enteraba que iría al psiquiatra. Todo era muy confuso, pero sabía que pasara lo que pasara, él estaría ahí para ella y evitaría que llevara esa carga tan pesada.
Continuará…
Hola! ¿Cómo están? Espero que bien, lamento la eterna demora :/ pero he estado muy ocupada con la universidad, ya que me encuentro en mi últimas semanas de universitaria, ya que saldré de Psicología si todo sale bien en las próximas semanas, por lo que he estado con muchas cosas. Bueno, este capítulo quizás no es tan largo como los que suelo hacer, pero ya subiré otro cuando sea libre de la u.
Espero que les guste y comenten! También les deseo un feliz año nuevo y qué lo pasen muy bien con sus familias y/o amigos.
Mi página de facebook es Hinata-sakuno fanfiction
Qué estén bien
Saludos!
