Capítulo 28

Luego de haber aclarado las cosas, Ryoma finalmente se contactó con la doctora que le había recomendado su mejor amigo y logró conseguir una cita para cuando regresaran de su viaje. Al principio no estaba seguro con la idea, pero tras haber escuchado todo lo que Sakuno pensaba de Hiro, no le quedó otra alternativa que tomar dicha decisión.

—Eso es todo ¿Tienes alguna otra consulta?

—No, ninguna. —Habló Ryoma por teléfono, viendo como Sakuno se encontraba hablando con el fantasma de su hijo a la distancia. —Bueno…hay una.

—Dime.

—¿Cuánto tiempo estará así?

—Eso es relativo, depende de cada paciente. Pero podemos evaluarlo en cuanto nos veamos. Estuvo bien que llamaras. Sí las cosas hubieran seguido así, quizás…se habrían puesto más complicadas.

—¿Más complicadas? —Enarcó una ceja y decidió retirarse al pasillo para hablar con ella en privado, no quería que su esposa la escuchara. — ¿A qué se refiere con eso?

—Me refiero que en algunas ocasiones, los pacientes tienden a atentar contra su vida después de un duelo de éste tipo o hacerse algún tipo de daño.

—Creo que está equivocada en eso, porque Sakuno no es el tipo de persona que hace eso.

—Es posible, aún no la conozco, así que no puedo sacar una conclusión sobre ella. Sin embargo, te voy a pedir que tomes las medidas necesarias para evitarlo en caso de que se presentara.

—¿Qué tipo de medidas?

—Alejar todo tipo de elementos cortopunzantes, cordones, armas, todo lo que sea peligroso. Así como también, tener cuidado de que no camine sola.

—No mantenemos armas.

—Eso está bien. Pero ten cuidado con todo, en estos momentos es necesario que la vigiles bien.

—Sí, lo haré.

—Bien, entonces nos vemos cuando regresen.

—Sí.

Después de colgar la llamada, Ryoma caminó hacia el interior de la habitación, Sakuno ahora se encontraba mirando la ventana pensativa, sin embargo en cuanto advirtió su presencia se incorporó de inmediato. Su mirada lo decía todo, estaba asustada con todo lo que estaba pasando, pero al mismo tiempo se encontraba aliviada de que él estuviera al tanto de la situación. Suspiró, si bien no le gustaba ocultarle cosas, tampoco podía decirle todas las advertencias que le había hecho la doctora sobre ella, porque sabía que eso sólo conseguiría asustarla más e incluso podría inducir esa idea que no quería que pasara por su mente. Pero no, Sakuno no era ese tipo de persona, bueno…no consciente. Recordaba aquella vez en que Sakuno bajo los efectos del alcohol había deseado acabar con su vida saltando de un árbol, creyendo que "los demás estarían mejor sin ella" y eso lo había asustado, teniendo en cuenta lo cerca que había estado de hacerlo.

—¿Y bien? ¿Qué te ha dicho? —Se atrevió a preguntar Sakuno.

—Hemos agendado una hora para nuestro regreso a casa. —Se acercó a ella y la tomó de los hombros. —¿Estás segura que quieres esto?

—S-Sí… lo estoy. Es lo mejor para todos.

—Está bien. —Se apartó de ella y caminó a la cocina. —Haré un poco de té ¿Quieres?

—Sí, gracias. —Se dejó caer sobre un cojin pensativa, mientras lo miraba a lo lejos sacando todo lo necesario para hacer el té. Había algo que le inquietaba y necesitaba saberlo. —Ryoma…

—¿Sí? —Preguntó desde el interior de la cocina, llevando una bandeja para ambos.

—¿Te ha dicho alguna otra cosa la doctora? Además de agendar la hora.

—¿Cómo qué?

—Sobre mis síntomas, supongo que ya debe tener una idea sobre mí.

—Es posible que tenga alguna idea de lo que te está pasando, pero aún no puede sacar ninguna conclusión sobre lo que te sucede, porque necesita verte todavía. Así que no te preocupes por eso.

—¿C-Crees que esto…afecte en mi carrera?

—¿A qué te refieres?

—Sobre convertirme en psiquiatra, teniendo en cuenta que estoy viviendo síntomas de pacientes graves.

—No creo que eso afecte. —Se sentó a su lado. —No por ser psiquiatra, no te puedes enfermar. Sí fuera así, yo no podría resfriarme jamás ni tener otro tipo de problema médico. Eso no tiene sentido.

—Lo sé, pero esto es diferente…porque estoy viendo a alguien que no está ahí. —Bajó la mirada triste. —Quizás…debería salirme de Psiquiatría después de esto, ya que si alguien de la Universidad se entera que estoy enloqueciendo, podrían salir rumores sobre ello y todo el mundo se enteraría.

—No deberías tomar decisiones tan abruptamente, aún no sabemos que resultados tendrá el tratamiento. Así que deberías pensar en el futuro todavía. —Suspiró y la miró a los ojos. —Además si pensamos un poco sobre ello, la Universidad no tendría porqué enterarse de esto, teniendo en cuenta que acudí a una doctora externa a la facultad, por lo que no creo que estén relacionados con ellos. Así que no pienses en eso.

—Pero entre psiquiatras pueden conocerse.

—¿Y? Sí fuera el caso ¿Cuál sería el problema? —La interrogó. —¿Qué es lo que crees que va a pasar si la facultad se entera?

—Podrían expulsarme y también pensarían que estoy loca. —Susurró triste.

—Dime sinceramente ¿Tú crees que lo estás?

—No lo sé, quizás. —Suspiró. —Sí es que no lo estoy todavía, es posible que pronto lo esté. Y tengo mucho miedo que pase eso…

—No va a pasar, no pienses en eso.

—Pero lo hago. Ya sabes, éstos meses no he sido la misma de antes. —Lo miró a los ojos, viendo como él la escuchaba seriamente, sabía a lo que se refería. —Me había desconectado del mundo y sólo me dedicaba a llorar por nuestro hijo. Porque sentía que la vida ya no tenía sentido y me habían arrebatado lo más preciado que tenía, además de ti. Por ello, me sentía angustiada.

—Lo sé, soy consciente de eso. Éstos meses…no han sido fáciles para nadie.

—Tienes razón, pero siento que pese a que no era la única que estaba viviendo ese duelo, porque sé que tu también lo hacías, aún así, me sentía completamente sola y desamparada. Y nada ni nadie me podía hacer sentir mejor.

—Lo entiendo, logré captar que te sentías así en esos momentos. Pero quiero que sepas que no lo estás, yo siempre permaneceré a tu lado. —Dejó la bandeja sobre la mesa para tomar su rostro, rescatando las lágrimas que escapaban de sus ojos cada vez más. —Así que no creas que estás llevando todo ese peso tu sola, porque yo también lo llevo.

—Lo sé, sé que siempre estás ahí para mí. Pero me refería que si fui capaz de olvidar tu existencia por concentrarme en mi dolor, también podría volver a hacerlo por el bien de Hiro.

—¿Qué quieres decir? ¿Él te dice que debes olvidarme? —Preguntó incrédulo

—No me refería a eso, sino a que podría concentrarme tanto en mi alucinación que podría olvidarme de ti. —Susurró. —Y no quiero que eso pase.

—No pasará. —Besó su frente, al menos ahora lo había llamado "alucinación" y eso ya era más consciente.

—No podemos saberlo.

—Es verdad, pero si llegara a pasar…no voy a apartarme de tu lado. —Secó su última lagrima.

—No sé si eso sea tan bueno, porque…es probable que tarde mucho en mejorar y no puedas regresar a la universidad después de tanta inasistencia. —Comenzó a llorar otra vez, le angustiaba que él estuviera renunciando a cosas por ella.

—No te preocupes por eso. Volveré cuando las cosas estén mejor.

—¿Y cuándo será eso?

—Quien sabe, cada paciente vive un proceso diferente. Deberías saberlo, después de todo…ambos estudiamos ramas de la salud.

—Es verdad…cada persona es diferente. Pero aún así, siento que en estos momentos no puedo pensar como futura psiquiatra, sino sólo como paciente. Y temo que esto no terminará nunca.

—Tienes razón, fue un error ponerte en lugar de psiquiatra…porque sé muy bien que lo que sientes en estos momentos va mucho más allá de eso. Y por lo mismo, no te presiones con que esto termine pronto, acabará cuando tenga que ser. —Rodeó sus hombros, viendo como ella se dejaba caer en él.

—Lo sé, pero no me gustaría ser una roca en tu camino que impida que alcances tus sueños. Ya viviste eso una vez con tu padre ¿Recuerdas?

—Sí, pero eso era distinto.

—Aún así, él te forzó a hacer algo que no querías por su propio bien. Yo no quiero eso para ti…no quiero obligarte a que renuncies a tus sueños por mí. —Susurró triste.

—En primer lugar, no me estás obligando a nada, todo lo que hago es por mi propia voluntad. Y segundo, tú nunca te preocupas por tu bienestar, así que en eso no te pareces en nada a mi padre. Así que no intentes hacer ese tipo de comparaciones, porque no tienen ningún sentido. Sí renunciara a mis sueños, no sería por tu causa.

—Eso aún no lo sabes. —Se incorporó para mirarlo.

—¡Todavía no había terminado! ¡¿Podrías dejar de refutar cada palabra que digo y escucharme un momento?! No supongas cosas que no sabes—Gruñó, si bien era consciente que las personas en cuadros más depresivos tendían a volverse más negativas con todo, aún así, comenzaba a sacarlo de sus casillas. No obstante, en cuanto vio el rostro de perplejidad de Sakuno cuando le había gritado, tuvo que reprimir lo que sentía y retomar su postura anterior. Sin querer había elevado un poco la voz y eso no lo hacía hace mucho tiempo.

—Tienes razón, lo siento…no debí interrumpirte ni suponer cosas. —Susurró triste. —Creo que me he dejado llevar por mis propias impresiones y no me he dado el tiempo de escucharte realmente. —Se distanció de él para levantarse. —Además sé que sólo quieres ayudar y haces lo mejor que puedes para que me sienta apoyada, pero a veces mis inseguridades me superan y no puedo controlarlas por más que deseo hacerlo, por eso digo ese tipo de cosas.

—Sakuno espera…lo siento, no debí gritarte. —Se levantó para seguirla en el pasillo.

—No te disculpes, yo debí esperar mi turno. —Le dio la espalda.

—Pero aún así, no era mi intención hacerlo. —Reconoció avergonzado, hace mucho tiempo que no tenían una discusión y ahora él había sido el causante. —Sólo quería decirte que no adelantes las cosas ésta vez… ni tampoco te precipites a pensar lo que ocurrirá conmigo en el futuro. Lo único que debería importarnos ahora es el presente, ya que de esa manera podremos seguir adelante.

—Sí, es verdad.

—¿A dónde vas?

—Iré a ponerme el pijama, quiero acostarme temprano hoy.

—Entiendo, entonces haré lo mismo.

Sakuno se dirigió a su habitación a zancadas, si bien era cierto que estaba cansada, al mismo tiempo tenía que reconocer que no era la única razón por la que se había apartado de su esposo nuevamente, también era porque sentía deseos de llorar y no quería hacerlo en su presencia, ya que de ese modo sólo conseguiría que él se preocupara más por ella y no deseaba eso.

Luego de darse una ducha y ponerse el pijama, cepilló su largo cabello frente al majestuoso espejo que había en el baño para secarlo, no obstante antes de poder hacerlo, se miró a sí misma en silencio, sus ojos estaban tan rojos e hinchados que cualquier persona podría notar que había llorado. Suspiró, lo había hecho en silencio en la ducha para que el ambarino no lo notara, pero había conseguido efecto contrario. Por ello, buscó con desesperación algo de maquillaje que lograra ocultar su rostro demacrado, pero no encontró nada. Ahora que se apreciaba bien, su rostro parecía el de una anciana, como si le hubieran pasado muchos años por encima y estuviera cerca de su lecho de muerte. Aunque si se ponía a pensarlo, de cierto modo se sentía así, casi como si estuviera muerta en vida con todo lo que le pasaba.

—Me veo horrible. —Susurró.

—No es así, eres linda. —Le susurró una voz tras ella.

—No lo creo.

—Para mi…siempre lo serás, mamá. —Apareció Hiro a su lado, provocando que la castaña saltara de susto. —Lo siento ¿Te he asustado?

—Un poco. —Admitió nerviosa, él siempre solía aparecer en momentos inesperados.

—Lo siento. —Susurró triste.

—¿Qué haces aquí? Creí que te habías molestado.

—Más que molesto, estaba triste. Pero después que escuché la conversación que tenías con mi padre, entendí porque me habías tratado de "insecto".

—¿Eh? ¿Nos escuchaste?

—Sí, pero eso no importa. Sé que intentabas protegerme, porque si papá se enteraba de la verdad nos separaría ¿no? —Inquirió, viendo su rostro de sorpresa.

—No es como crees, él no quiere separarnos…—Susurró, recordando que no podían hablar demasiado fuerte. —Él sólo quiere lo mejor para ambos.

—Sí es así ¿Por qué dijo que necesitabas una doctora? ¿Estás enferma?

—Realmente escuchaste todo, Hiro. —Suspiró la castaña.

—Sí, lo hice ¿Por qué?

—Por nada. Bueno, es hora de irnos a la cama. Pero primero me secaré el cabello. —Anunció, obligandolo a salir de la habitación. —Quedate afuera ahora.

—Sí, lo haré.

Cuando caminó al pasillo, se percató que Hiro había desaparecido otra vez y Ryoma se encontraba dormido profundamente en su cama. Por ello, después de asegurarse que estuvieran todas las luces apagadas, se acostó a su lado y se acomodó para intentar dormir. Entonces vio como su esposo giraba su cuerpo hacia ella dormido y Sakuno aprovechó la ocasión para acercarse más a él. Le encantaba admirarlo antes de dormir, esa manía que tenía ni una enfermedad mental se lo podría quitar, se seguía sintiendo tan afortunada de estar junto a él, era tan apuesto. Pero no era sólo lo físico que le atraía de su esposo, sino también su personalidad. Sí lo pensaba bien en la Preparatoria solía ser un chico indiferente y engreído que vivía cuestionando su presencia, pero ahora era todo lo contrario y era precisamente esa personalidad dulce que optaba cuando nadie más lo veía, lo que lograba atraparla aún más. No obstante, si lo pensaba ahora con todo lo que estaba pasando entre ella y Hiro…quizás ella no merecía estar con alguien tan bueno y comprensivo como él a su lado, porque sólo sería un estorbo para su carrera como médico ¿Cómo le explicaría al mundo que su esposa había perdido la razón? O peor aún ¿Qué pensarían sus compañeros cuando se enteraran que comenzaría a asistir a una psiquiatra? De seguro muchas chicas tomarían partido de eso y le aconsejarían que se aleje de ella. Sabía que él no lo haría claro, pero si lo pensaba bien…no sería mala idea.

—¿En qué piensas, mamá?

—Hiro. —Susurró asustada y miró a Ryoma esperando que no se haya dormido. —En nada, creí que te habías ido.

—No, había ido a inspeccionar el lugar. La luna está muy bonita esta noche ¿Quieres salir a verla?

—No, gracias. Es hora de irse a dormir. —Susurró y cerró los ojos.

—¿Por qué?

—Porque no estás aquí. —Habló para sí.

—¿Qué? ¿E-Estás enfadada conmigo? —Susurró triste y brotaron lagrimas de su rostro.

—No he dicho eso.

—Lo estás, nuevamente negaste mi existencia. Estás haciendo caso de las cosas que dice papá. Lo sabía, él quiere separarnos. —Susurró triste y retrocedió por el pasillo. —No lo conseguirá.

—Hiro, espera. —Se reincorporó para seguirlo, apartando a Ryoma de su lado, quien aún permanecía dormido. Pero entonces lo vio correr hacia la salida.

Sabía que no tenía sentido ir tras de él, porque él en verdad no estaba ahí. Pero al mismo tiempo, se cuestionaba si se trataba realmente de una alucinación o era el fantasma de su hijo que se había aparecido sólo frente a ella. No obstante, antes de quedarse a averiguarlo, buscó sus zapatos y luego de ponerse su chaqueta salió en pijama en busca de su pequeño hijo al exterior. Pese a que no había dado un portazo, porque las puertas que habían en ese lugar no eran como las que usaban en su casa, la deslizó con tanta fuerza que Ryoma despertó asustado. Pensando que sólo se trataba del viento, se acomodó nuevamente en la almohada e intentó dormir, sin embargo cuando sus manos buscaron aferrarse al cuerpo diminuto de su esposa, se percató que ésta no estaba junto a él y su alma dio un vuelco. Se levantó a una velocidad increible y se puso a recorrer la habitación nervioso, las palabras de la psiquiatra sonaban como eco en su mente sobre las precauciones que debía tener con ella y justo cuando le había dado su palabra de hacerlo, la había perdido. Por ello, se cambió su pijama rapidamente y luego de colocarse su chaqueta, caminó a zancadas hacia el exterior para buscarla. Sí era ruido había sido ella, entonces significaba que no habría ido muy lejos.

En otro lado de la posada, Sakuno corría en búsqueda de Hiro que lo había divisado a lo lejos que se encontraba merodeando por el Puente Toyo que se veía más imponente que en otras ocasiones, ya que la oscuridad de la noche hacía que el lago turqueza se hubiera vuelto de un color negro oscuro.

—¿Qué haces? —Lo vio que se sentaba al borde del puente, pese a que tenía muchas protecciones, había conseguido saltarse todo para hacerlo.

—Nada, sólo pensaba ir a nadar.

—Es muy peligroso, más a éstas horas.

—Pero mencionaste que yo no estaba aquí en verdad ¿no es así?

—Eso…

—Entonces no debería pasarme nada, si fuera el caso.

—S-Sí, pero…no quise decir eso.

—Entonces lo voy a comprobar. —En lugar de permanecer sentado al borde, decidió pararse en él.

—¡Espera! —Se quitó las botas para poder llegar hasta él y lograr saltarse las protecciones, el frío puente la hizo estremecerse, pero tenía que hacerlo. — No puedes hacer esto.

—Te demostraré que soy real, mamá. —Y entonces se atrevió a saltar al vacío. —Ya lo verás.

Iba a caminar hacia las canchas de tenis, cuando inesperadamente escuchó un sonido de algo o alguien cayendo al agua, lo que hizo que su corazón se acelerara a mil. Era imposible que alguien nadara a esas horas de la madrugada, así que se atrevió a correr a ese lugar a toda velocidad, esquizando la neblina que había en medio de la noche. Pero entonces sus ojos identificaron a lo lejos las botas de su esposa en medio del camino y sintió un escalosfrío recorrer su cuerpo. Era imposible, el puente tenía protecciones ahora, incluso era más seguro que en la época que habían ido. Cuando miró las protecciones que tanto defendía, sintió que sufriría un paro cardiaco al percatarse que había un trozo de tela rosa enganchado en lo alto, similar al color del pijama que Sakuno tenía. Sus ojos se dirigieron al lago en cuestión de segundos y sintió que se le iba a caer el mundo, cuando logró detectar a su esposa en ese mismo lugar. Apenas podía nadar, se veía desorientada. Sin pensarlo, se dirigió hacia donde se encontraban los botes, sabiendo que en ese lugar podía encontrarse con el lago sin tener que saltar las protecciones y poder entrar.

Dejó sus zapatos a la orilla del muelle, se quitó la ropa y se lanzó al lago, tras notar que no había ningún bote visible. El agua estaba tan fría que sentía que se encontraba nadando en hielo puro, pero eso pasaba a segundo plano, lo que más le importaba era salvar a Sakuno. Gritó su nombre en la oscuridad, la neblina era tan poderosa que apenas podía distinguir que había a su alrededor, el frío se apoderaba de su garganta y sentía que ardía. "¿Dónde estás?" pensó para sí, quizás debía haber saltado como ella lo había hecho y tal vez de ese modo, habría podido sacarla antes del agua en lugar de estar ahí, perdiendo tiempo valioso. Y todo era su culpa, sí hubiera prestado más atención a las advertencias que le había dado la doctora, quizás habría evitado que ese tipo de cosas pasaran. Sí algo grave le pasaba…no se lo perdonaría jamás. Pero entonces su corazón latió aún más cuando logró identificar a lo lejos a su esposa, su rostro estaba tan palido que no parecía ella, estaba inconsciente, pero esperaba que todavía siguiera vivda. Cuando logró nadar a toda velocidad hacia ella, la envolvió en sus brazos y ambos salieron a la superficie. Para su sorpresa, los gritos que había emitido cuando la buscaba, habían alertado a los guardias de la posada y a mucha gente que se había despertado a esas horas, por lo que apenas salieron tenía una gran multitud aguardando por ellos.

—¿Qué ha pasado? ¿Se encuentran bien?

—Yo me encuentro bien, pero ella no lo sé…se ha caído. —Susurró Ryoma, no sabía cómo explicar bien lo que había sucedido. Tomó su pulso un momento y le pareció escuchar que aún tenía.

—¿Está respirando? Llamaremos a un ambulancia.

—Será tarde para eso. Yo puedo re-animarla, soy estudiante de Medicina. —Habló Ryoma laconicamente, si bien aún no era doctor y eticamente no debería estar haciendo eso, considerando que esa su esposa, aún así, la ambulancia tardaría demasiado.

—Está bien, iré a llamar al enfermero en caso de que necesiten cualquier cosa. —Suspiró el guardia, diciendole a los demás que se alejaran.

Ryoma le dio suaves palmadas para ver si reaccionaba, al ver que no ocurría, luego de ponerla en la posición correcta, aplicó alrededor de treinta compresiones para hacer que la sangre siguiera circulando. Posteriormente a esto, intentó abrir la vía respiratoria, levantando su barbilla con dos de sus dedos, mientras inclinaba la cabeza de su esposa hacia atrás y empujaba su frente hacia su otra mano. Sin embargo, cuando puso su oído cerca de la naríz y su boca, no logró escuchar su respiración.

Respiró profundo, ese no era el fin, no se iba a rendir y lograría hacer que volviera en sí. Por ello, sin pensarlo comenzó a hacer la segunda técnica, respiración poca a poca. Se inclinó sobre ella, escuchando como muchas personas comentaban "pobre chico" "ojalá se salve" y puso sus labios sobre los suyos para exhalar, manteniendo la nariz de Sakuno pinzada. Respitió dicha técnica cada cuatro segundos, pensando con todas sus fuerzas que la castaña reaccionara, no se podía ir así nada más. Y luego de hacer la repetición, aguardó en silencio junto con los demás, pero comenzaba a perder la cabeza porque no regresaba. "Regresa, Sakuno. Sé que me estás escuchando, no te puedes ir" La movió nervioso, aún sosteniendo su muñeca, esperando que el pulso débil que estaba hace un momento regresara.

—Chico, ya han pasado los minutos, no creo que…—Abrió un guardia tocandole el hombro.

—Ha regresado.

Antes de poder preguntarle a que se refería, Sakuno se incorporó de un salto y comenzó a vomitar todo el agua que había tragado en un valde que había junto a ella y todas las personas aplaudieron alegres. La castaña miró a su alrededor sorprendida ¿Qué había pasado? ¿Y por qué había tanta gente a su alrededor?. Su esposo se encontraba hincado a su lado derecho mirandola con alivio, hasta le parecía ver que sus ojos estaban a punto de llorar. "Ryoma…" Susurró, pero él la calló con un abrazo, no le importaba que todo el mundo los viera, necesitaba hacerlo, ya que por un milisegundo había pensado que no podría volver a escuchar a la castaña diciendo su nombre nunca más.

—Buen trabajo, chico. —Le habló un enfermero exhausto, había corrido todo el camino hasta allí y se había alegrado de saber que alguien más la había rescatado. —Ahora si me permite, revisaré los signos de la Señorita…

—Sakuno. —Habló la castaña nerviosa.

—Bien, Señorita Sakuno. —Le puso unas maquinas de presión para ver cómo seguía. —Con respecto al accidente ¿Cómo ha ocurrido?

—P-Pues…—Susurró Sakuno confundida, no podía recordarlo. —No lo sé.

—Ya veo, no se preocupe. Eso puede pasar al principio, quizás después lo haga. —Le sonrió el enfermero. —Con respecto a usted ¿Cuál es su nombre? ¿Y qué relación tiene con ella?

—Soy Ryoma Echizen y ella es mi esposa. —Habló Ryoma con indiferencia, había llegado demasiado tarde, sí no hubiera sido porque el estudiaba medicina, Sakuno ya estaría muerta.

—Ah ya veo ¿Están en su luna de miel? —Anotó los números que salieron de la maquina.

—No, sólo de vacaciones. —Dijo Ryoma con cara de pocos amigos, no quería hablar con él en esos momentos.

—Ah ya veo. Es una lastima lo que ha sucedido, pero ahora la Señorita Sakuno se encuentra mejor. Sólo tiene que descansar.

—Sí, tiene razón. —En eso si estaba de acuerdo Ryoma y le extendió la mano a Sakuno para ayudarla a levantarse. —¿Crees que puedes caminar?

—Sí, no te preocupes.

—Bien, vamos.

Cuando regresaron a su habitación, tanto Ryoma como Sakuno estaban exhaustos, habían tenido una larga noche o más bien una horrible madrugada. La castaña se dejó caer en la cama agotada, mientras el ambarino se sentaba a su lado, quería saber de que se trataba todo eso, pero también quería dormir. No podía decir que nunca había tenido tanto miedo de perderla como en esos momentos, porque ya lo había vivido antes cuando había perdido a Hiro hace unos meses y creía que se iría con él. Suspiró, esperaba no tener esa sensación de nuevo. Pero ahora que lo pensaba ¿Qué hacía en el Puente Toyo a esas horas de la madrugada? ¿Había sido Hiro realmente o había otra razón para que se lanzara al lago?. Miles de preguntas rondaban en su cabeza en esos instantes y se preguntaba si sería capaz de poder dormir con ellos.

—Yo…—Hablaron los dos al mismo tiempo y se detuvieron al notar que quizás estaban pensando en exactamente lo mismo.

—Tú primero. —Se apresuró a decir Ryoma.

—Bueno…sobre lo que pasó hoy. Ya lo he recordado. —Reconoció triste.

—¿Fue por Hiro? —Preguntó preocupado.

—Sí, habíamos tenido una discusión nuevamente y él…bueno sé que no está ahí, pero aún así me dijo…

—¿Qué te dijo?

—Qué tú querías separarnos y que no lo iba a permitir. —Susurró triste. —Entonces salió al exterior y cuando lo encontré estaba al borde del Puente. Al principio pensé que sólo jugaba, pero entonces decidió saltar, porque de ese modo me demostraría que no era una alucinación y era real.

—Ya veo. —Suspiró. —Eso quiere decir que…¿Piensas que no es sólo una alucinación?

—N-No he dicho eso…—Apartó su mirada. —Bueno…tal vez lo hice, pensé que quizás podría tratarse de un fantasma ¿Crees en ellos?

—La verdad, no lo hago.

—Debí imaginarlo, porque los espiritus no son algo comprobable ¿Verdad?

—Eso y también porque no he visto ninguno. Pero bueno, en este caso…¿Estás de acuerdo con lo que él plantea?

—¿Qué cosa?

—¿Crees que quiero separarlos?

—¿Es lo que quieres hacer o no? —Inquirió.

—Pero ese no creo que sea el problema…

—¿No? Entonces ¿Cuál es?

—Pareciera que no quieres hacerlo. —Suspiró. —Hace un momento, estabas de acuerdo con lo de la doctora. Pero ahora, pareciera que estás confundida con eso ¿O me equivoco?

—Yo…no lo sé.

—Mira, Sakuno. —Se reincorporó para sostener sus manos y mirarla a los ojos. —Yo jamás permitiría que renuncies a algo sólo por mis propios deseos, eso no sería justo. Y si…Hiro te hiciera bien y no causara problemas contra ti ni contra los demás, no me preocuparía de su existencia. No obstante, el día de hoy…ha hecho todo lo contrario.—Su rostro se puso sereno. —Casi mueres siguiéndolo y eso no está bien.

—Lo sé. —Susurró triste, sabía que Ryoma se esforzaba por tratar a Hiro como si fuera una persona real, pese a que no lo era y eso ya decía mucho. — Además me inseguriza en otros aspectos de mi vida, relacionados contigo y sobre mi futuro. Así que si lo pienso bien, no contribuye en mi vida y es todo lo contrario.

—Entonces ¿Quieres seguir con el plan inicial? ¿O piensas hacer otra cosa?

—Sí, sigamos con ese plan. Después de esto, creo que…debería quedar más que claro que necesito un psiquiatra. Y lo antes posible, por lo que tal vez deberías volver pronto a casa.

—Tienes razón, así lo haremos. —Se volvió a acomodar en la almohada y vio que ella hacía lo mismo.

—Y con respecto a nosotros…

—¿Qué hay con eso? Estamos bien.

—Sí, pero…no quiero que nos separaremos.

—No hemos hablado de hacerlo.

—No, pero pienso que lo mejor es que regreses a la Universidad.

—¿Eh? ¿Por qué?

—De esa manera, seguirás con tus estudios y no tendrás que preocuparte tanto por mí.

—Ya hablamos de esto en la mañana.

—Lo sé, pero no lo digo por tu insasistencia, sino por tu salud mental.

—¿Qué? ¿Acaso crees que enloqueceré si permanezco a tu lado? —Se burló.

—No, quiero decir que necesitas distraerte. Puede que la Universidad no sea el mejor lugar del mundo para hacerlo, pero ahí puedes interactuar con otras personas y desconectarte de lo que me está pasando. —Lo miró con serenidad, pero él seguía sin entender a dónde iba todo esto. —Me refiero que si realmente quieres ayudarme a estar mejor, necesitas tú estar bien también. Tú mismo lo mencionaste ésta mañana, el peso no lo llevo sólo yo, también lo llevas tú. Por eso, deberías buscar ayuda también. No estoy diciendo necesariamente un psicólogo, pero si distraerte.

—Está bien, lo pensaré. —Suspiró.

—Es lo mejor para ambos.

—Lo sé, ahí veremos. Ahora vamos a dormir.

—Sí, tienes razón. Buenas noches, Ryoma. —Bostezó.

—Buenas noches, Sakuno. —La estrelló contra su pecho para sentir su aroma, después del susto que habían pasado, deseaba mantenerla ahí durante la noche.

Continuará…..

Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Lamento la larga demora, sé que me tardé mucho esta vez. En todo éste tiempo que tardé en actualizar, hice mi defensa de título, entregué el seminario y ahora soy psicóloga. Así que ahora el problema no son los estudios, sino el hecho de que atiendo pacientes en la semana y no he tenido tiempo para escribir, ver series ni leer. Por esa razón, había estado escribiendo la conti, pero avanzaba sólo un poco y quería hacer un capítulo más extenso esta vez.

Pero bueno, espero que les haya gustado.

Mi página de facebook sigue siendo Hinata-Sakuno fanfiction

Y la de instagram es locaescritora93

Estoy evaluando la posibilidad de quizás cambiarle el nombre a Hinata-Sakuno y wattpad también, considerando que terminé escribiendo más fanfic que otra cosa jaja y hacer una cuenta diferente para mis historias originales. Pero mientras no piense en un nombre, ese proyecto está en suspenso.

Muchas gracias a todos los que han tenido paciencia con este fic y han esperado la actualización. Espero que les guste a todos y comenten. Para variar, no tengo idea de cuándo voy a actualizar de nuevo y no les diré una fecha que no puedo garantizar que será de ese modo. Por eso, sólo les pido que estén atentos a las cuentas antes mencionadas, donde iré avisando las actualizaciones. Pero si les puedo mencionar que tengo muy claro hacia dónde va este fic, por lo que inspiración me sobra y no pienso abandonarlo. Sólo tardo en continuarlo por lo que les dije antes.

Saludos!