- P-pero, Kimura-sensei, no sé nada de cómo cuidar de infantes. – contestó inseguro Morinaga.

- Te lo pido, Morinaga-kun, eres el único en quien más confío en este momento. No esperaba que cambiaran de lugar la conferencia. Son solo cuatro días, no te pediría este favor, pero no tengo más opción, fue tan repentino que mi niñera habitual no puede cuidarla, mi esposo no está en la ciudad y me niego a buscar a una nueva niñera, no dejaré a mi pequeña Shinju en manos de extraños. – contestaba a nada de llorar la maestra.

Morinaga estaba entre la espada y la pared, Kimura-sensei era una reconocida micóloga y tenía una importante conferencia sobre el descubrimiento de un hongo que podría volverse un plaguicida amigable con el suelo y las plantas, tenía planeado viajar en coche a la ciudad de la conferencia ya que eran cinco horas de viaje, pero desafortunadamente cambiaron el lugar hasta Sapporo; no llegaría en coche hasta allá, debido a que la conferencia era al día siguiente a medio día, tenía que forzosamente tomar un vuelo. Morinaga no se sentía seguro en aceptar tremenda responsabilidad, pero Kirmura-sensei le había ayudado mucho cuando estaba deprimido después de que su familia lo repudiara y lo enviara a estudiar a Nagoya; ella era más una amiga que maestra. Ella y su esposo habían sido de gran apoyo, eran comprensivos y siempre veían por su bienestar, llegó a dormir en casa de su antigua maestra después de sufrir recaídas en su estado de ánimo, o las veces en que se pasaba de copas y la llamaba llorando. Recordó cuando almorzaba con ella y las veces que hablaba de lo difícil que era lograr el embarazo y lo triste de no poder darle a su esposo el hijo que ambos anhelaban. No fue hasta hace un par de años atrás que la pareja decidió adoptar, después de una larga investigación, trámites y entrevistas ellos habían sido calificados como adoptantes aptos y entraron a una lista de espera. Meses después, una estudiante universitaria los escogió como los padres adecuados para adoptar a su bebé nonato. Ella apenas tenía unos veinte años cuando descubrió que estaba embarazada y el "padre" de la criatura era extranjero y no tenía contacto con él; no se sentía lista para tal responsabilidad. Ellos fueron comprensivos y la ayudaron a sobrellevar el embarazo. Pasó mucho tiempo para tener un bebé, pero ahora allí estaba; su nombre era Shinju Kimura, una bebé de seis meses de cabello castaño apenas cubriendo su cabecita, vistiendo un mameluco amarillo de pollitos y dormida en una carriola.

- Kimura-sensei, no puedo tomarme días de descanso para vigilar a su hija, prometí a Tatsumi-senpai en ayudarlo con su investigación. Además, no vivo solo, no sé cómo se lo tomaría mi compañero, también está el problema del transporte... -

- ¡Te dejo mi automóvil, Morinaga-kun! Por favor, realmente necesito de tu ayuda. Te juro que no te dará problemas, es una niña muy tranquila. – suplicó una vez más.

Morinaga tomo aire, y respondió.

- Esta bien, Kimura-sensei. Yo la cuidaré. – a veces odiaba ser tan blando.

- ¡¿En serio?!, ¡Gracias!, ¡realmente gracias, Morinaga-kun! No sabes cuánto me has ayudado, mi número de celular es el mismo, todo lo necesario está en el maletero; aquí está su maleta, tiene las mamilas, pañales, ropa, toallitas húmedas, unas papillas, un bote con leche en polvo, la cuchara medidora, baberos, zapatos... en fin muchísimas cosas de la bebé. – explicó rápidamente la señora Kimura como si fuese una conversación normal. Morinaga estaba mareado, eran muchísimas cosas. – Aquí están las llaves de la camioneta, es un Stepway blanco, está estacionado en la zona de los maestros. Recuerda bañarla con agua tibia, y no la descuides, porque le gusta sacar el agua de la tina cuando nadie la ve. Una vez más, ¡muchísimas gracias, Morinaga-kun! – la señora Kimura abrazó con todas sus fuerzas a Morinaga, se separó rápidamente y se agachó a la altura de su hija, le dio un beso en la cabecita y le pidió que se portase bien con Morinaga, que pronto regresaría.

- Te encargo a mi tesoro, Morinaga-kun. – rápidamente se fue, tenía poco tiempo para no perder su vuelo.

Aún inseguro, Morinaga se colgó la maleta en el hombro, agarró la carriola y se dirigió al laboratorio de su senpai... ¿cómo le explicaría la situación?

Cuando llegó al laboratorio, tocó y deslizó a un lado la puerta. Tadokoro y Mika se encontraban aterrados por el aura negra que desprendía Souichi, al oír el sonido de la puerta movieron la cabeza a su dirección con una cara de "huye, Morinaga-san".

- Hasta que llegaste, Morinaga, ¡¿DÓNDE DEM..?! – las palabras murieron en seguida, puesto que al voltear le tomo unos segundos ver a la bebé dormida en la carriola, su cara de enfado pasó a una de estupefacción. - ¿y ese bebé? -.

Ambos asistentes bajaron la mirada, no lo habían notado.

- Pues... -

-Aaaaaw, es la bebé de Kimura-san, ¿no es así? Que cosita tan linda – Mika en seguida se acercó a la carriola, pasando un dedo en la mejilla de la bebé. Logrando que ella se removiera en sueños.

- Morinaga-san, ¿Qué hace cuidando de la bebé? – preguntó Tadokoro.

- Este... - Morinaga estaba nervioso de decirle de aquella manera a su senpai de como acepto cuidar una bebé.

-Tadokoro, Mika, salgan un momento. – dijo seriamente Souichi. Ambos acataron la orden, no les convenía rezongar a su superior, salieron del laboratorio y cerraron la puerta. Morinaga estaba sudando, estaba realmente nervioso, se quedó mirando al piso como si fuese lo más interesante. Souichi inhalo y exhalo audiblemente.

- Morinaga, mírame a los ojos y explica. – ordenó demasiado tranquilo Souichi. Eso lo descolocó por completo, pero hizo lo que le dijo, empezó a contar todo lo sucedido con lujo y detalle, su senpai se limitó a asentir o a emitir unos "ajá", al final Souichi se llevó una mano a la cara, se masajeó la sien y dijo.

- Eres malditamente blando, pero ya qué, ahora tienes que cumplir tu promesa. –

- ¿No está molesto? -

- Claro que estoy molesto, tienes suerte de que esa bebé este aquí; de lo contrario te hubiese gritado y molido a golpes. – contestó irritado. – Ahora, no puedo dejar que entres con ella, al laboratorio, así que estas vetado.

- ¿Q-que?, no me haga eso, senpai. –

- Tú solo lo conseguiste, hay demasiadas cosas peligrosas o frágiles que el bebé puede romper o puede llegar a lastimarse, así que fuera. – apuntó con el dedo índice a la salida. – De camino avísale al par que está afuera que ya regresen, en media hora terminaremos los pendientes de hoy, te veré en la cafetería. – ordenó Souichi.

Aceptando el regaño, agarró la carriola y salió del laboratorio, afuera estaban Tadokoro y Mika algo rígidos, posiblemente fingiendo no haber escuchado nada de la conversación entre Morinaga y Souichi, Morinaga les dijo que regresaran con su senpai; ambos asintieron y entraron a la cueva del demonio. Siguió caminando hasta llegar a la cafetería, dejó la maleta de la criatura en la mesa y tomó asiento en una de las sillas; realmente no sabía qué hacer, la bebé seguía dormida afortunadamente.

Morinaga se limitó a observarla, con miedo de hacer ruido y despertarla.