Llegaron al departamento, y se estacionaron en un espacio de la residencia que, al menos ellos, sabían que nadie ocupaba.
- Iré a hablar con la encargada de los departamentos, veré si podemos dejar estacionado aquí el coche. - sin más, Souichi se desabrochó el cinturón de seguridad, abrió la puerta y se fue junto con la bebé en brazos. Pasaron unos minutos cuando por fin regresó.
- Kobayashi-san nos dejará estacionar la camioneta aquí. -
- Que bien, senpai. Está cerca de las escaleras, será un par de viajes para subir todo lo de la bebé, pero no creo que nos tome mucho tiempo. - Morinaga ya se había bajado de la camioneta y abierto la cajuela.
- ¿"Nos"? que yo sepa fuiste tú quien aceptó a cuidar a esta niña, serás tú quien suba todo. - contestó Souichi con un aura malévola.
- P-pero, senpai… son demasiadas cosas. ¡No sea malo! - soltó en forma de rabieta Morinaga, ¿realmente Souichi lo dejaría sólo para subir todas esas cosas? Sería tedioso tener que subir tantas veces las escaleras.
- No seas quejumbroso, ella es tu responsabilidad Morinaga. Además, yo la cuidaré mientras tú subes todo al apartamento; y para que veas que soy benevolente, me llevaré su maleta. Ahora sube todo, rápido. - dicho esto, se fue con un Shinju aún dormida.
Morinaga solo resopló y empezó a agarrar las cosas de la bebé; subió de poco en poco cada cosa de la camioneta y lo dejaba pegado a la pared del apartamento para ir por más cosas. Tomó alrededor de 10 minutos para subir todo; había unas cuantas maletas, un tapete, unas sillas raras, una mochila también rara, cojines y una bolsa con juguetes. Cansado comenzó a meter todas las cosas dejándolas en medio de la sala de estar, cuando metió la última maleta Souichi estaba ahora sentado en el sofá con Shinju. La bebé se encontraba sentada en el regazo del rubio, con su espalda apoyada en el abdomen del mayor mientras jugaba animadamente con un pequeño peluche de patito amarillo.
- Que malo es, senpai. Me dejo subir todo esto sólo. - exclamó como berrinche Morinaga. - ¿No cree que son demasiadas cosas? -
- La verdad es que no, todo esto es necesario. - contestó Souichi desinteresado. - Ahora, voy a preparar algo para que la bebé coma, mientras arma la cuna.
- Pero senpai, ni siquiera se doblar una carriola, mejor yo le preparo algo a la bebé. - dijo Morinaga.
- Dime, ¿qué planeas hacer? -
- Pues… un biberón sería más que suficiente, ¿no? - contestó con duda Morinaga.
- Apártate Morinaga, tú arma la cuna. - contestó Souichi dejando a Shinju momentáneamente en el suelo mientras extendía un tapete lleno de animales coloridos; volvió a tomar a Shinju y la dejó sentada en medio del tapete, la rodeó de cojines y le dejó un par de juguetes para su entretenimiento. - Ahora, cuida a la bebé.
Derrotado, Morinaga agarró la caja donde venía la cuna y comenzó a tratar de armarla; aún con instructivo en mano estaba perdido armando la dichosa cuna, según el instructivo: la cuna era tipo moisés con capota antimosquitos plegable, tenía como base unas piernas de metal similares a las tablas de planchar; ¿¡y por qué carajos era tan difícil ensamblar todo!? Aparentemente, las empresas tienen un gusto perverso de complicar todo a los padres primerizos. Morinaga tardó en armar la cuna más de lo que a él le hubiese gustado, puesto que se sintió como un insulto a su intelecto el no poder armar una cuna sencilla. Mientras tanto, la pequeña Shinju babeaba uno de sus juguetes con tranquilidad.
- ¿Terminaste de jugar? - preguntó Souichi, pudo ver a lo lejos como Morinaga sufría en silencio con la cuna; hasta él podía admitir que armar esas cosas era un calvario.
- Senpai, al menos lo logré… - se quejó Morinaga.
- Si, si, en lo que te tardaste ya acomodé las papillas al igual que las latas de leche, ya encontré el calentador de biberones, también el esterilizador, acomodé los biberones en el estante vacío que está debajo de las tazas e hice una papilla casera. - comentó Souichi humildemente.
Morinaga puso los ojos en blanco.
- Y ya que terminaste con la cuna, ahora te toca la silla alta. - dijo mientras apuntaba a una especie de barra de tela con piernas de metal plegadas. - Ahora vuelvo. -
Dejando salir un suspiro de resignación, tomó aquella cosa extraña; resultó ser más amigable que la cuna, la colocó a un lado de la mesa. Después fue por Shinju, le tomó unos minutos en convencerla para que dejase el juguete, una vez que los soltó la cargó con cuidado y la sentó en la silla. Ajustó el cinturón que venía en la silla y bajó con cuidado la bandeja de plástico, la bebé comenzó a pegarle con sus manitas aquella cosa de extraño color, mientras a su modo analizaba aquel objeto. Aunque no era bueno con los bebés, no era tan despistado, así que buscó en algunas maletas un babero, el destino le sonrió y la encontró rápidamente; un babero blanco con pájaros caricaturescos de diferentes colores ahora rodeaba el cuello de Shinju.
- Vaya, no eres un inútil después de todo. - Souichi había vuelto.
- Para que vea, senpai. - dijo Morinaga con una sonrisa orgullosa.
- Bueno, tomaré una ducha, dale de comer a la bebé. - comentó Souichi viendo que Morinaga se encontraba tranquilo. Básicamente Souichi había vuelto para ver que Morinaga no tuviese problemas con la bebé.
- Esta bien, dudo que sea difícil. - Souichi miró a Shinju, que estaba muy concentrada en su babero, después a Morinaga.
- Claro… - dijo Souichi, dio una vuelta de 180 grados para ocultar una sonrisa de diversión. - Suerte. - y rápidamente se encerró en el baño.
Sin comprender aquel comentario del todo, Morinaga tomó asiento junto a Shinju. Agarró el plato con una mano y la colocó con confianza en la bandeja del asiento.
- Shinju. - habló Morinaga mientras acercaba la cuchara al rostro de la bebé.
Shinju hizo caso omiso, las manchas coloridas en aquella cosa suave eran más interesantes que aquel extraño. Morinaga comenzó a ponerse nervioso.
- Esto… mira, mira, ¿Qué es esto? - comenzó a mover la cuchara en círculos, tratando de llamar la atención de la bebé. - Miraaaaaa…. -
La bebé alzó la mirada, se limitó a observar a aquel extraño… ¿qué quería ahora?
Morinaga acercó la cuchara a la boca de la bebé, más ella soltó un manaso a la cuchara, mandándola a volar al suelo; la papilla terminó en la mesa de plástico y en él suelo. Incrédulo por aquella repentina acción, Morinaga recogió la cuchara del suelo y la fue a dejar al lavaplatos, tomó otra cuchara limpia y volvió a sentarse junto a Shinju.
- Okey, mi culpa, no debí subestimarte. -comentó, ahora con un agarre firme al mango de la cuchara.
Con una nueva cucharada llena de papilla, volvió a acercarlo a Shinju; la bebé solo observó los movimientos de aquel gigante, pero no abrió la boca. Sin saber qué hacer, Morinaga acercó la cuchara a un costado de la boca de Shinju, manchándola de paso. Shinju reaccionó con sorpresa, con su puño cerrado tocó donde sentía extraño y lo llevó a su boca.
- ¡Si, si! Es comida, está rico. - dijo con alegría Morinaga. Volvió a acercar la cuchara.
Morinaga observó alegremente como Shinju aceptaba comer, llenó de nuevo la cuchara, Shinju volvió a comer; la paz duró al menos unos minutos. Cuando Morinaga volvió a acercarle la cuchara, Shinju tomó con su mano la cuchara y trató de llevársela a la boca; cabe decir que chocó en sus mejillas y nariz y luego llegó a la boca. Con la cara llena de papilla, Morinaga decidió ir por servilletas, dejó la cuchara y el cuenco frente a Shinju.
Fueron apenas unos segundos en que dejó a la bebé desatendida, regresó la vista a la bebé cuando oyó algo que cayó al suelo. Shinju comía felizmente con sus manos, el puré estaba derramado en la mesa, y en la mitad de la cara de la bebé. Morinaga se apresuró a detener aquella odisea. Rápidamente recogió la cuchara del suelo y la dejó en la bandeja; con las servilletas que tenía trató de limpiar la mayoría del puré derramado. Shinju chupaba una de sus manos, mientras la otra agarraba la cuchara de la bandeja, decidió llevárselo a la boca. Morinaga soltó las servilletas, provocando que parte de la papilla se extendiera tanto en su ropa como en Shinju; trató de quitarle la cuchara, pero decidió no cooperar.
Souichi salió del baño, ya aseado y en pijama, se dirigió al comedor para ayudar a Morinaga. No le sorprendió en absoluto aquella escena, es más, le hizo gracia ver a un hombre adulto forcejeando con una bebé.
- Mori… -
- ¡Ah, senpai! Por favor, ayúdeme. - rogó con los ojos brillosos.
Souichi se acercó a donde la bebé y chasqueo los dedos, la bebé dirigió la mirada por aquel extraño sonido. Cuando lo vio sonrió y soltó la cuchara, alzó sus manitas, tratando de llegar al extraño agradable. El tirano notó el pequeño desastre naranja que era, así que tomó un paño de cocina y comenzó a limpiarle la cara y las manos, le quitó el babero y lo dejó en la bandeja. Desabrochó el cinturón de seguridad y la tomó en brazos, Shinju estaba cómoda en los brazos de Souichi.
- Mientras tu limpias este desastre, yo bañaré a la bebé. - sin más, tomó una de las bolsas y se dirigió nuevamente al baño.
Morinaga estaba atónito por la enorme paciencia de Souichi tenía, le era tan fácil el manejar a Shinju; saliendo de su mente, comenzó a limpiar aquel desastre mientras soltaba un bufido de frustración.
Cuando acabó de limpiar, oyó cuando Souichi salía del baño; ahora Shinju vestía un pijama de pingüino, su senpai volvió a dejar a la bebé en el tapete y se dirigió a la cocina. Souichi notó el mal humor de su ex kohai.
- Te ves del asco. - dijo con burla. Morinaga frunció el ceño.
- Ya, ya. Ahora ve y toma una ducha, yo calentaré la cena. -
Derrotado, Morinaga obedeció. Una vez bañado y relajado fue a ayudar a su senpai con la cena; ambos ahora cenaban en un agradable silencio, Souichi desviaba ocasionalmente la mirada hacia Shinju. Morinaga recogió y lavó los platos. Ambos científicos se sentaron en el sofá y pasaron el rato, uno leyendo y el otro mirando la televisión; cuando Souichi notó que Shinju estaba cansada cerró el libro y la volvió a tomar en brazos, se acomodó en el sofá y acurrucó en su pecho a la niña, comenzó a acariciarle la espalda y acariciar su cabello de manera casi automática. Todo esto bajo la atenta mirada de Morinaga, en pocos minutos la bebé se durmió.
- Morinaga, lleva la cuna a mi habitación, por favor. - solicitó Souichi levantándose lentamente.
Morinaga obedeció y llevó su pequeña obra maestra a la habitación de su senpai, Souichi no estaba conforme con la cuna, pero lo ignoró, con mucho cuidado bajó a la bebé y la acomodó en el moisés, la cubrió con una manta; ambos científicos salieron en silencio y regresaron a la sala.
- Senpai… me disculpo por haber tomado una decisión sin haber platicado antes, ahora es usted quien más cuida de Shinju que yo. - dijo con tristeza Morinaga mientras se inclinaba.
- Levanta la cabeza, idiota. Sí, me molestó que no lo consultaras conmigo, pero ya ocurrió, ahora debemos de cuidar a esa niña hasta que la profesora regrese. - dijo Souichi mientras alzaba con la mano la cabeza de Morinaga.
Aquello hizo sonreír a Morinaga, quien aprovechó el momento para besar con dulzura a su senpai. Fue correspondido con timidez.
- ¿Puedo dormir contigo esta noche? - preguntó Morinaga.
- Mientras no hagas nada sospechoso… - contestó sonrojado Souichi, evitándole la mirada. Morinaga sonrió, a veces Souichi reaccionaba de manera adorable.
Apagaron las luces y se fueron a la habitación de Souichi, una vez acomodados en la cama, Morinaga abrazó a su senpai, quien terminó acurrucado por la calidez que emanaba su tonto ex kohai; en minutos ambos terminaron dormidos.
