¡Hola! Soy Fan y estoy muy feliz de entrar a este pequeño fandom. Literal, creo que podría contar con los dedos a todos los fans de este personaje que es Anya Corazon. Pero de cualquier forma, por eso hoy les empezaré a traer mi propia versión del personaje, el cual espero no sea totalmente de su disgusto. De cualquier forma, a todo aquel lector casual, sean bienvenidos!
No tengo mucho más que decir, más que espero que disfruten esta primera parte del inicio. Ya de un solo, ¡iniciemos!
Santa Mónica, California
Aprovechando el manto de la noche, una figura se movilizó buscando un lugar para agruparse sin que les vieran, cosa difícil en una ciudad tan activa como Santa Mónica, no obstante luego de mucho correr finalmente encontró un lugar despejado bajo un puente; no había nadie alrededor, al menos no a la vista.
La figura bajo el puente que era un hombre corpulento con gabardina, verificó su reloj, pasaba de la medianoche, por algo no había tantas personas como en el día. Honestamente prefería trabajar en horario diurno, pero las circunstancias y su trabajo en sí requerían la mayor discreción posible, ni siquiera debería permitirse el lujo de reunirse con sus compañeros, eso no hacía más que poner en peligro su misión y sus vidas, pero esta vez era muy necesaria, había que actuar y necesitaba su ayuda. El ruido de algo muy cerca de él llamó su atención, levantó la vista y agudizó sus sentidos preparándose para lo que sea, pero antes de que pudiera hacer algo, su compañía ya se encontraba detrás de él.
-¿Pasa algo Miguel?- le preguntó una voz femenina que le habló desde atrás, volteando de inmediato se encontró con la sonrisa zorruna de una mujer morena que lo veía con diversión- Jaja, tranquilo, soy yo o ¿Qué ya no puedes ni reconocer a tus amigos?- le replicó la mujer acercándose con tranquilidad mientras el hombre se relajaba, más no escondió su frustración.
-No es que no lo haga, sino que a estas alturas no podemos confiarnos, y no podemos actuar así ante algo tan serio- le replicó el hombre a modo de regaño, más ella no se inmutó y siguió sonriendo ante su error. Miguel al parecer no está de humor para juegos.
El ruido de las ruedas de una bicicleta acercándose los interrumpió, el ciclista se les acercó con expresión cansada, parecía haber recorrido mucho para llegar allí.
-Uff, perdón por la demora ¿de qué me perdí?- preguntó el joven recién llegado mientras se quitaba el casco dejando su cabello rubio corto respirar.
-De nada, estábamos por empezar. – contestó el hombre, Miguel. Este llevó una mano adentró de su gabardina, de la que sacó una caja pequeña, como de cerillos. Antes de que pudiera hacer algo, el joven recién llegado lo interrumpió.
-Wouh, Miguel ¿estás seguro de esto?
-…lo estoy, es necesario mínimo reclutar a alguien más para nuestro clan, ya han tomado a demasiados de los nuestros, y aunque no quiero poner más vidas en peligro, si queremos garantizar la llegada del tótem, debemos dejar el camino para que alguien lo haga por nosotros, en caso de que caigamos también ¿y quién mejor para eso que el "cazador"?
-El cazador no garantiza nuestra victoria, al menos no escogiendo a alguien a quien no conocemos. Y en todo caso, sería mejor si uno de nosotros lo hiciéramos por nuestra cuenta.- respondió la mujer con seriedad, tomando una actitud arrogante. Miguel viendo hacia donde conducía esto, hablo con cuidado.
-Probablemente así sea Nina, pero lo mejor para un cazador es que sea indiferente y ajeno a nosotros, para evitar conflictos a futuro, y tú lo sabes.- Le dijo con firmeza intentando ignorar como ella fruncía el ceño con hastío.- Aclarado eso, empecemos.
Tomando un "cerillo" de la caja, el Miguel lo encendió y lo sostuvo entre sus dedos, hasta que como si se tratara de un cohete, este se elevó en el aire dejando una cola de destello atrás, hasta que al llegar a cierta altura este se apagó, y todo el fuego que pudo haber tenido se esfumó en el frío de la noche. Los tres esperaron que algo pasara, algo nuevo, pues las cosas siempre eran así, pero nada pasó; el brilló se extinguió.
-Vaya... eso fue decepcionante.- dijo el joven rubio rascándose la nuca. Eso estuvo lejos de ser algo bueno.
-Cállate, Ted. Esto es una pérdida de tiempo – Soltó la mujer, finalmente perdiendo la paciencia.- Estoy hasta de que estemos jugando, esa cosa no ha elegido a nadie y no lo hará, ¡estaremos muertos antes de que haga algo!
-Cálmate Nina- le instruyó Miguel intentando mantener el control de la situación, sin éxito.
-¡No voy a calmarme!- le dijo plantándose frente a él.- La situación es un asco y pretendes que sigamos perdiendo el tiempo en esperar un milagro que nunca va a pasar. En lugar de perder el tiempo y energía en estas tonterías ¡deberíamos actuar de una vez!
-No podemos simplemente actuar por nuestra cuenta, no así como así.- le contestó con severidad.- y aunque así fuese, no sería correcto que el cazador fuera uno de nosotros.
-¿Peligroso? ¿Cómo va a ser peligroso? Acabaríamos con nuestros malditos asesinos ¿cómo eso sería peligroso?- continuó Nina cada vez exaltándose más.
-Amm ¿chicos?- intentó hablarles Ted. Pero ninguno de los otros dos lo quiso escuchar.
-Sería peligroso para las personas en la ciudad, y para nosotros mismos; nada garantiza que nos dejemos llevar por el poder del "cazador"- continuó Miguel.
-Tampoco nos garantiza que el "elegido" no se deje llevar también
-Sí, pero nos garantiza que nosotros podremos contenerlo.
-Sí, pero si uno de nosotros fuera, los demás podrían contenerlo obviamente.
-¿Chicos? ¿Chicos?- les insistió Ted.
-No tendrás el poder del "cazador" Nina.- le soltó finalmente, se cansó de las vueltas con ella; tal vez lo mejor era ser directo.
-¡¿Por qué no?! He trabajado arduamente por este clan ¡me merezco y soy capaz de ser la "cazadora"!- contestó ella, con ira reprimida.
- Porque eres demasiado errática, sin mencionar que obviamente tomas las cosas demasiado personales; causarías una masacre, y no solo hacia ellos.
-¿ …?
-¿Cómo pretendes que no me lo tome personal si todo lo que haces es ser un espectador? No por ser líder significa que debas quedarte de brazos cruzados ¡diezmaron a nuestra gente y a ti no te importó! ¿y pretendes que intentemos seguir como si nada?- le reclamó disfrutando ver la ira reprimida en su mirada. Le dio en el lugar aunque intentará disimular.
-Ninguno de nosotros será "cazador", fin de la discusión.- sentenció girándose y usando todo su autocontrol para no perder la paciencia. Ya había sido suficiente de eso.- ¿qué nos decías, Ted?
Sin embargo cuando se giró, el joven ya no estaba, no había señal de su presencia.
-¿Ted?- volvió a preguntar. Eso no era normal, ni siquiera para él.
Antes de que alguno hiciera algo, de entre las sombras cayó Ted inerte; los habían encontrado mientras discutían. Varias personas vestidas de negro se reunieron a su alrededor, la mayoría jóvenes, todos armados con armas blancas y de fuego. De entre ellos salió un hombre pelirrojo y alto, vestido de blanco y sonriéndoles con malicia. Eso fue como una bofetada en el orgullo de Miguel; los habían emboscado como si nada.
-Oh, pero que maravillosa noche ¿no lo creen? Lástima que tuviera que arruinarlo con su presencia.- les habló el hombre con cinismo señalando el cuerpo de Ted.
-Ve directo al punto Vincent, ya tuvimos demasiado con la sutileza- le dijo Nina de forma retadora, finalmente el momento de actuar.
-Bien, como deseen. Entréguense de una vez y tendremos piedad de ustedes.- Contestó el hombre de forma sombría. Sabía que ninguno de los dos se rendiría, pero eso no significaba que no disfrutara lo que estaba por pasar.
-¡Primero muertos!- Nina se lanzó contra Vincent intentando dar el primer golpe, pero varios de sus reclutas que había traído Vincent le bloquearon el paso. La mujer no dudó y sacó un cuchillo que traía escondido para pelear contra ellos, importándole poco que ellos fueran más que ella.
Miguel, que tenía la cabeza más fría pronto se giró para retirarse, pero no solo le bloquearon el paso, sino que lo tomaron intentando inmovilizarlo. En el forcejeo que hizo Miguel para intentar liberarse, uno de los reclutas le quitó la caja de cerillos e intentó dársela a Vincent, pero Nina actuó más rápido y tomando el brazo de uno que le apuntó con una pistola, le movió el brazo para que el disparo diera en la mano del recluta con los cerillos, haciendo que soltara la caja.
Miguel aprovechó la leve distracción del disparo, para soltarse de los reclutas y lanzarse sobre la caja, sin embargo Vincent llegó más rápido y con un pisotón aplastó la caja, asegurándose de aplastar su contenido.
-¡NO!- exclamó el hombre a la vez en que los reclutas volvían a someterlo contra el suelo.
-Este pequeño grupo tuyo acaba aquí y ahora. Ya no hay nada por hacer.- Le aseguró mientras tomaba una navaja que traía en su cinturón. Se acercó a Miguel y lo tomó por los cabellos. Pero cuando levantó su cabeza, notó que este por debajo de sí mismo sacaba algo; una pequeña pelota plateada- ¡No!
Antes de que alguno de ellos pudiera hacer algo, este oprimió la esfera contra el suelo, causando una explosión de luz que encegueció a todos. Esto fue inmediatamente aprovechado por Miguel quien corrió tan rápido como pudo pese a las heridas que algunos reclutas le hicieron.
Ya varios quilómetros, lejos del lugar, Miguel se detuvo a tomar aire. Por un momento pensó en Nina, y en cómo no la vio huir del lugar, ni tampoco la ayudó a escapar; simplemente corrió. Esto era car comedor, pero se obligó a sí mismo a no pensar en eso por el momento; había más en manos por ahora. Empezó a palparse así mismo en busca de heridas, y para su sorpresa encontró un cerillo en uno de sus bolsillos; probablemente se había caído de la caja, y ahora era todo lo que le quedaba. La esperanza no estaba perdida, aún había trabajo por delante.
-Mis amigos… no será en vano.- se prometió Miguel.
Finalmente, guardó lo mejor posible el cerillo en su bolsillo, y se encaminó para perderse en la ciudad, donde no lo encontraran entre tantas personas. Las cuales eran indiferentes de todo lo que estaba por pasar, que pese a su pequeñez, implicaba cosas grandes.
Brooklyn, Nueva York, 28 de Septiembre, 2014
Los jóvenes en secundaria por lo general no tienen muchas obligaciones, a veces solo bastaba con ir a la escuela y cumplir con algunas cosillas sociales como para tener un día completo. Lo malo es que para poder tener esto primero había que pasar por todo esto, incluyendo el ir a la escuela, especialmente hacerlo temprano. Lynn Sakura repasó mentalmente esto y se auto regañó por no levantarse antes, aunque esa serie que veía hasta tarde sin duda estaba buena.
Lynn prácticamente corría, sujetando su mochila con una mano, y arreglándose el cabello negro y largo con la otra. Quizás debería hacer caso con eso de usar una coleta como otras chicas. En su carrera casi se tropezó, por lo que reacomodándose sus gafas de marco rosa, reajustó su paso para caminar con rapidez.
Lynn era considerablemente alta y delgada para su edad, de rasgos japoneses y piel pálida, era bastante atractiva. Usaba suéteres y camisetas de colores con faldas a combinación. Afortunadamente llegó antes de la campana, más no antes del mar de alumnos en medio de los pasillos. Con algo de dificultad se abrió paso entre los jóvenes que iban y venían en sus propios asuntos.
-¡Oye!- le reclamó una voz. La voz de alguien con quien sin querer tropezó, y que al voltear notó que era uno de los chicos del equipo de la escuela, y que justamente ahora tenía un café derramado en su camisa.
-Amm, ¡perdón!- exclamó la joven algo nerviosa al ver como el joven llenaba su expresión con ira. Se volteó de inmediato para irse, pero esta la tomó del hombro y la obligó a girarse para verle.
-No tan rápido cuatro ojos ¿no piensas hacer nada respecto a esto?- le reclamó el bravucón amenazante mientras sujetaba la sujetaba del brazo con mucha fuerza.
-A-au, yo no sé.- tartamudeo la chica con algo de miedo, aparte de jugador de americano, el tipo tenía la altura de Kong, lo cual solo lo hacía más intimidante.
-Vas a pagar por esto ¿sabes?- le dijo acercándose más a ella.
-¡Oye idiota! Déjala tranquila.- llamó otra voz en el pasillo. Todos voltearon a ver a la dueña de la voz.
Para sorpresa de nadie, se trataba de Anya Corazón, una ex miembro del ahora extinto equipo de gimnasia de la escuela y una infame "confronta bullies". No era que fuera molesta como otras niñas que intentaban imponer sus creencias, pero de cualquier forma la chica ya tenía fama de interceder de todo lo injusto, aunque nadie la tomara en serio.
La joven era de piel bronceada pálida, con el cabello castaño claro en una coleta corta que dejaba algunos mechones semi lizo escapar. Vestía una sudadera rosa con una cara sonriente y unos pantalones jean combinados con unos tenis. Su mirada castaña fulguraba determinación a más no poder.
El joven soltó a Lynn y se volteó hacia Anya, le divirtió como pese a sus 1.60, esta se parase frente a él como si nada.
-No te metas en lo que no te importa, enana.- le dijo el chico rubio de forma despectiva.- ¿No ves que tu amiga arruinó mi camisa?
-Bueno, pues ponerte agresivo con ella no arreglará tu estúpida camisa.- le dijo la joven poniéndose en posición defensiva.
-¿O qué? ¿Vas a intentar golpearme?- le retó el chico con diversión al ver cómo se ponía la cosa.
-La enana quiere pelear con Chris.- señaló otro chico del equipo de football.
-¿Qué piensa hacer, subírsele encima y morderlo?- bromeo una chica. Ya habían varios jóvenes alrededor de ambos riendo y expectando el enfrentamiento. Ni el chico ni la muchacha dijeron algo, solo se miraron con expresión retadora.
-Quítate del camino, enana.- dijo Chris empujando a Anya hacia los casilleros en el pasillo. Esta chocó con un ruido sordo, pero no hizo gesto de dolor.
-¿Estás loca? Mide el doble que tú.- le dijo Lynn quien se acercó a ver si su amiga estaba bien.
-Hazte a un lado, Lynn. Alguien tiene que hacer que este bruto entre en razón.- contestó la castaña reponiendo su posición de pelea. Sin dudarlo, lanzó un puñetazo contra el chico, quien lo contuvo con facilidad.
-Nada mal, para una niñita.- se burló el chico. Sin embargo la sonrisa en su rostro se fue cuando Anya le asestó un puntapié en el tobillo.- ¡Ay!
-¿Ay? ¿Y se supone que yo soy la niñita?- se burló de vuelta la chica. Antes de que cualquiera pudiera volver a hacer algo, el director de la escuela se hizo presente en el pasillo.
-Bueno, bueno, bueno. Ya tuvieron suficiente show por hoy, todos vayan a sus salones.- anunció el hombre, ignorando los reniegos de los alumnos que se retiraban.- Señor Allen, por favor retírese antes de que lo envíe a castigo. Lo mismo para usted, señorita Corazón.
Chris y Anya se fueron en caminos opuestos, siendo esta última acompañada por Lynn.
-Ten, se te cayó esto.- le dijo ella extendiéndole un colgante rectangular. Este en realidad era un relicario que en la parte posterior tenía el nombre Sofía.
-Gracias Lynn.-contestó Anya guardando el colgante en su mochila. Pero sin que lo esperaba que Lynn le asestará un golpe en el hombro.- ¡Oye! ¿y eso por qué?
-Por hacer una tontería como esa,- le regañó la muchacha mientras se quitaba los lentes para limpiarlos.- solo llevamos un mes de clases y ya quieres qué te castiguen… ¿por qué siempre haces eso Anya?
La susodicha no respondió, la respuesta era algo obvia. Simplemente era así, la habían educado para hacer el bien y defender lo justo con valentía, pero le costaba frenarse a pensar de momentos. Sabía que estaba mal, pero no podía evitarlo; era algo en lo que seguía trabajando.
Varias horas más tarde Anya y Lynn caminaban tranquilamente por las calles de Brooklyn. No era un lugar idílico, pero era lo que más conocían al haber crecido ahí. Ambas muchachas conversaban y bromeaban de cualquier cosa, de la escuela, de la vida, e incluso de ellas mismas. Como solo los mejores amigos lo hacían.
-Y entonces me dijo "Es que es la mejor forma de romper el hielo."- contaba Lynn.
-¿Y qué le dijiste?- le preguntó Anya divertida.
-No le dije nada. Lo miré feo, cerré mi cuaderno y me fui.- contó Lynn. Ambas chicas de inmediato se rieron a carcajadas de la anécdota.
-Jajaj, no puedo creerlo Lynn ¿de verdad hay chicos así de tontos?
-Jaja, por supuesto que los hay. Pero eso tu lo sabrías si en lugar de fugarte a ver luchitas me acompañaras a las fiestas de Delancy's.- dijo Lynn refiriéndose al Centro Delancy's. Un club para jóvenes que había abierto hacia tan solo 3 meses y al que su amiga aún se resistía a ir.
-Pfft ¿perderme los giros del "Demonio" solo para ir a ver a un montón de hormonales con ganas de ligar? ¡No, gracias!- respondió la latina.
-Bah, sigo sin entender qué le ves a eso, An. Pero como sea, sí quieres permanecer solterona toda tu adolescencia es tu problema.- contestó Lynn burlándose del obvio desinterés de Anya en conseguir una pareja. Esta solo le dio un pequeño golpe en el hombro en respuesta.
-De cualquier forma, ¿quieres hacer algo el sábado?- preguntó Anya como si nada.
-No puedo, van a empezar a darnos tutorías dobles los sábados a partir de este fin.- dijo Lynn haciendo una mueca.
-Agh, ¡qué horrible!- contestó Anya. Sabía cuánto Lynn odiaba pasar tiempo en sus tutorías para reforzar su conocimiento.
-Ni me lo digas, es un asco.- ambas chicas se detuvieron frente a una casa color salmón con escalones blancos de dos plantas.- Pero por la tarde podemos intentar hacer algo.
-Quizas. Hay que ponernos de acuerdo a ver qué sale.- le respondió Anya.
-Sí, bueno. De cualquier forma hay cosas por hacer. Oye, me llamas esta noche cuando regreses ¿ok?- le dijo Lynn haciéndole alusión del trato que tenían por las noches.
-Sí, sí. Como digas. Nos vemos Lynn.- se despidió Anya entrando a la casa.
-Bye An. Saluda a tu padre de mi parte.- Se despidió la nipona-americana.
Al entrar, Anya fue recibida por el desagradable olor del pegamento sellador. Al entrar a la cocina encontró la razón; su padre arreglaba el lavabo de la cocina.
-Hola apá, ya llegué.- dijo la muchacha anunciandose. Al notar su prescencia, su padre se levantó de donde estaba y se secó el sudor de la cara.
Su padre, Gilberto Corazón, era un hombre de piel ligeramente morena, corpulento y algo alto. Tenía una considerable barriga de papá y un bigote grueso y negro sobre la boca. Pese a tener ya 42 años, casi no le habían salido canas, y apenas se le marcaban unas entradas.
Aún vestía su ropa normal, una camisa blanca con unos pantalones de azul oscuro ya bastante gastados.
-Ah, hola Anya ¿cómo te fue en la escuela?- le preguntó esbozando una sonrisa de gusto.
-Bien, clases normales. Lo de siempre.- le contó Anya encogiéndose de hombros -¿qué más pasaría en la escuela?
-No. No sé, quizás hiciste un examen o algo- le dijo su padre.
-Ay, papá. No empieces.-le dijo Anya sabiendo hacia donde iba la conversación.
-Solo digo que debes prepararte para esas cosas.- contestó Gil intentando ignorar como Anya rodaba los ojos.- Tú ya sabes que te confías con esas cosas.
-Sí, sí, como sea.- dijo Anya intentando no ofenderse con las advertencias de su padre. Por lo general él le insistía de la escuela demasiado y eso le hartaba. Lo mejor era evitar la discusión de una vez. - Voy a irme a hacer tarea ¿ok?
-Muy bien. Ya sabes lo que te digo sobre la escuela, arañita.- le dijo Gil.
- Sí, sí pa.- contestó Anya mientras subía las escaleras. A esas alturas ya no le importaba mucho el apodo que su padre le había puesto.
Solo había sido una vez que hizo un drama por una araña, solo UNA vez, y en su defensa la cosa esa estaba muy fea. Desde entonces su padre no la había dejado en paz por eso, llamándola "arañita", y ya iban 6 años desde aquello. A Anya le exasperaba su padre de a ratos, pero así lo quería.
Además que era toda la familia que tenía; su padre mismo no tenía familia. Su madre, que en paz descanse, tenía muy poca familia, y nunca los conoció, mayormente por que su madre se alejó de ellos bastante joven.
No obstante, Anya amaba a su padre. Desde que su madre había fallecido, habían sido ella y su padre solos contra el mundo, especialmente uno tan salvaje como lo era Nueva York.
-¿Anya? ¿Puedo pasar?
- Sí, adelante.
Gil se asomó en el cuarto de su hija. Esta se encontraba en un viejo escritorio que mantenía en su cuarto para hacer sus tareas.
-¿Aún te falta mucho para terminar?
-Un poco ¿por qué?- contestó ella notando como su padre traía puesta una gabardina bage sobre su ropa normal. Aparentemente saldría a trabajar.
- ¿Ocupas ayuda? Pidela ahora antes de que me vaya.- le dijo Gil.
-No. Yo puedo sola, no te preocupes.
-¿Estás segura?- Anya asintió con una sonrisa.- Bueno, entonces me voy. Cierra la puerta y no te quedes despierta hasta tarde. Intentaré regresar temprano.
- Sí papá, no te preocupes.- le contestó Anya poniéndose de pie y dándole un beso en la mejilla como despedida.- Cuídate.
-Igualmente. Nos vemos, Anya.
Anya observó con cuidado a su padre que iba hacia su viejo auto gris para irse a trabajar. Su padre, era reportero de profesión. Y pese a ser inmigrante, consiguió un trabajo bastante cómodo en el que ejercer su profesión con normalidad. Sin embargo este consumía mucho tiempo y dedicación, lo cual incluía noches fuera de casa o escribiendo reportes para el periódico.
Gilberto se tornó hacia su casa otra vez, despidiéndose de su hija con la mano. Desde la ventana, Anya le correspondió el saludo y lo vio irse. Una vez se aseguró que este se había ido lo suficientemente lejos, se fue a alistarse.
Cerró sus cuadernos con su tarea ya terminada y los guardó en su mochila. Se arregló los pantalones y se cambió la sudadera por una azul oscuro. Cerró y salió casi corriendo de su casa con entusiasmo.
Las calles de Nueva York permanecían despiertas pese a ser ya de noche. Varias personas de distintos tipos salían por las calles llenando las de vida y diversidad. Cada quien se movía hacia su propio rumbo, y Anya ya tenía fijo el suyo.
Caminando entre las calles y callejones, Anya se adentró más en la ciudad, hasta llegar a un edificio grande que en apariencia parecía descuidado. Al pasar por un callejón aledaño, la chica se encontró con una fila de personas que esperaban entrar, la joven se unió a la hilera y esperó pacientemente su turno para entrar.
Al estar por entrar, Anya se ajustó la capucha de su sudadera para aparentar mayor edad. El hombre en la puerta la analizo con indiferencia por un momento y luego le abrió la puerta.
-No te metas en problemas, niña.-le dijo este antes de que ella entrara.
Al pasar dentro, una gran cantidad de personas se encontraba alrededor de unos barandales en forma de cuadrado en el centro. Al acercarse, vislumbró mejor el sótano bajo el piso en el que se encontraban, que desde donde estaban con los barandales y las luces en el techo, daba la impresión de ser un ring de lucha.
Con dificultad se abrió paso entre las personas que se reunían hasta finalmente hallar un lugar. Al centro del sótano se paró un hombre con un micrófono.
-Damas y caballeros ¡Sean bienvenidos a la arena dela muerte!- les dijo el presentador con euforia, el vítor de la gente no se hizo esperar. – Esta noche finalmente tendremos los que todos hemos esperado: ¡Annihilator vs Red Devil!
Las personas vitorearon mientras que desde las sombras, los susodichos peleadores se alineaban en el "cuadrilátero".
-¡VAMOS RED DEVIL!- vitoreó Anya desde su puesto con emoción casi infantil. Pese a estar apretada como una sardina entre los espectadores que deseaban ver y apostar por la pelea, sin duda aquello había valido la pena.
Aquello no había valido la pena.
Es lo que pensó Miguel mientras se escabullía por los muelles lo más rápido que podía; lo cual si bien era fácil con sus facultades, la herida que le habían hecho en la pierna lo dificultaba mucho.
Detrás de él escuchó como varias personas lo seguían, o más bien reclutas de la Hermandad de la Avispa. Lo habían rastreado y seguido hasta esta ciudad y ahora estaban a nada de acabar con él y todo por lo que había trabajado. Dando la vuelta a un contenedor aceleró el paso, pero antes de llegar a la calle una lluvia de balas le recibió. Invocando un hechizo de protección, se cubrió por el tiempo suficiente como para correr y huir de esa zona, sin embargo tan pronto como salió del tiroteo varios reclutas le rodearon bloqueándole el paso.
Los miembros de la hermandad se le acercaron lentamente mientras los francotiradores recargaban y se le acercaban también desde atrás. Con rapidez, Miguel intentó pensar, no podía pelear contra todos ellos. A unos pocos metros vio unos barriles los cuales por el olor podía notar tenían gasolina, y por lo que alcanzaba a ver en la oscuridad, notaba que estos chorreaban; eso podía servir.
Tan rápido como pudo hizo ademán de hacer otro hechizo, a lo que uno de los reclutas disparó de inmediato. Miguel se protegió con el escudo de magia que había conjurado y desvió la bala hacia uno de los charcos, haciendo que este tomara fuego y este se dirigiera a los barriles apilados. Antes de que los reclutas pudieran reaccionar, Miguel corrió lo más rápido que pudo, siendo seguido por algunos más rápidos. Detrás de ellos, la explosión se extendió más de lo esperado, causando rápidamente un incendio que tomó a muchos de los reclutas. Miguel se forzó a sí mismo a no mirar atrás, y simplemente corrió lo más que pudo, hasta finalmente sus piernas fallaron. Se desplomó cerca de un puente en algún un punto que no pudo identificar. Su mente había volado con el barco y estaba exhausto. Se reclinó ahí mismo para tomar un pequeño descanso antes de continuar, sin sospechar que algunos de los reclutas que se habían escapado ahora lo estaban siguiendo.
Varias horas más tarde, Anya salió del edificio junto con otras varias de las personas que vieron la pelea, adentro solo quedaron los apostadores y los peleadores. Salió de forma casi campante, feliz y conforme porque su peleador favorito había ganado.
A la joven le encantaba ver todo ese movimiento y coordinación corporal, era como un arte en que la mente y el cuerpo se ponían en sintonía para lograr movimientos y acciones impresionantes.
-Era casi como la gimnasia, -decía ella cuando le preguntaban.- solo que en lugar de movimientos elaborados y elegantes, estos eran más rápidos y bruscos. Además de que en lugar de comprimir tus músculos, debías utilizar su fuerza.
Anya amaba ver y formar parte de todo eso, y desde que el club de gimnasia de su escuela cerró por falta de fondos, ella necesitaba mucho su dosis de acción. Afortunadamente para entonces no era ajena a las peleas callejeras, de las cuales por pura suerte (porque de otra forma no explicaba) no había sido asaltada ni su padre se había enterado de sus escapadas. Solamente su amiga Lynn sabía, y a ella no le molestaban las fijaciones de Anya, solo le preocupaba que se lastimara, como todos.
No obstante, Anya sabía cómo defenderse. La joven llevaba desde que recordaba practicando y memorizando los movimientos de sus peleadores favoritos, lástima que no lograba su efectividad debido a su complexión. La joven usualmente no tenía complejos o problemas con su físico, pero estaba segura de que un poco de masa muscular no le haría daño ¿o sí?
Reajustando sus tenis, y se puso en marcha hacia su casa. Revisando el viejo teléfono celular que su padre le había dado, notó que ya era medianoche. Afortunadamente su padre solo le había escrito para decirle que llegaría tarde para cubrir un incendio en los muelles del Hudson, por lo que se relajó un poco sabiendo que llegaría antes que él.
Aun así aceleró el paso, era tarde y las calles por las que debía pasar estaban demasiado vacías para su bien. A lo lejos contemplo las luces de la ciudad, y rápidamente se perdió en estas y sus pensamientos. Nueva York era sin duda era una ciudad fascinante, aunque era lo único que conocía, o que reconocía por lo menos. Se había mudado a la ciudad cuando tenía 6 años, y ya no podía recordar muy bien como era su anterior casa o ciudad, aunque había visto varios y videos y fotos de México en internet y en las anécdotas de su padre. Este pese a ser de Puerto Rico demostraba una enorme nostalgia hacia ese país, quizás porque le recordaba a la madre de Anya, Sofía.
Anya apenas y podía recordarla a decir verdad, solo cosas difusas. Sin embargo recordaba con claridad algunas de las lecciones y/o "regaños" que ella le daba: "No tomes lo que no es tuyo" o "Trata a los demás cómo quieres que te traten" o "Sé valiente pese a tener todo en contra". La joven se rió para sus adentros, su madre ya sonaba como una desde antes de tenerla, cosa que tiene sentido tomando en cuenta de que era maestra de primaria. A veces se preguntaba qué pensaría de ella…
Cuando pasaba frente a un puente cerca de su barrio, vio lo que parecía ser un vagabundo siendo pateado por un grupo de jóvenes, o al menos eso parecía desde donde ella estaba. Negó con la cabeza, pero cuando estaba a punto de irse, los pensamientos previos de su madre regresaron. "¿Qué pensaría ella?"
Anya detuvo su paso y se regañó a sí misma por dudar. En el momento en que tomó decisión de qué hacer, solo pudo pensar: Me arrepentiré de esto luego.
-¡OIGAN! ¡¿Qué creen que hacen?! ¡Voy a llamar a la policía!- amenazó la joven pese a saber que en ese lugar no había buena señal. Las personas que molestaban al "vagabundo" se detuvieron, pero no se alejaron.- ¡Váyanse de aquí!
Sin que lo previera, dos de estas personas se abalanzaron a perseguirla, cosa que apenas procesó Anya antes de empezar a correr. Los otros se quedaron con el hombre, el cual no era otro que Miguel, el cual aprovechando la distracción, se decidió a encender el último cerillo. Su flama se elevó como una bengala, igual que antes. Tan pronto como esta se elevó, noqueó a los reclutas que quedaron a su lado. Para su sorpresa, la luz no se extinguió a los minutos como siempre, sino que siguió su curso, hacia donde los otros reclutas se habían ido persiguiendo a la niña. Como pudo, Miguel siguió la luz, sin dudarlo.
Mientras, Anya corrió lo más que pudo antes de ser alcanzada, cosa que no duró mucho debido a que no tenía mucha ventaja. Tomando una tabla que estaba ahí tirada, la estampó en la cara del tipo más cerca de ella, frenándolo de inmediato y haciéndolo caer. Luego tomó una tapa de un basurero cercano para cubrirse del golpe que el siguiente intentó asestarle. Sin soltar su escudo improvisado, Anya se equilibró para darle una patada en la pierna, esto sumado a un puñetazo en la sien que apenas le logró dar, lo hizo retroceder. Sin embargo de inmediato el tipo del tablazo se levantó y ante la poca luz del lugar vio claramente como este alzaba una cuchilla.
Como pudo se cubrió de ambas personas, antes de pensar en algo más, no pudo evitar notar como una luz brillaba en el cielo bastante cerca de ellos descendía rápidamente hacia donde estaban. Aprovechando la distracción, el hombre con la cuchilla la clavó en el abdomen de Anya, haciéndola caer al suelo. Ambos procederían a terminar el trabajo de no ser porque la luz se detuvo a brillar detrás de ellos. Tan pronto como terminó el brillo, los reclutas estaban tan distraídos como para actuar cuando Miguel los golpeó, dejándolos fuera de combate. Pronto este los apartó y se acercó a la niña herida en el suelo.
-Niña, niña ¿qué hiciste?- le dijo el hombre de forma retórica, al notar como esta sangraba profusamente. Rápidamente procedió a presionar la herida, intentando analizar la situación. La chica estaba herida, y ni siquiera tenía idea donde podría haber un hospital en esa ciudad.
-¿Qué-? Yo- no lo sé… solo lo hice, no…- dijo Anya de forma arrastrada. Se sentía débil y con frío de repente y todavía tenía que llegar casa.
Miguel notó como la joven empezaba a desorientarse, pero justo en ese momento notó como la luz de antes se había posado sobre ellos, o más bien sobre ella. Aquello solo significaba una cosa, solo esperaba que no fuera un error.
-Escúchame niña, aun tienes una oportunidad. Pero primero necesito que cuentes regresivo desde 100 ¿puedes hacer eso?- le preguntó Miguel mientras se arrancaba un pedazo de sus ropas para atarlo alrededor de ella.
-S-sí. 100, 99… 98,- mientras la niña contaba, Miguel ató su herida y conjuró un hechizo rápido. Se ató el cabello como pudo, y de entre su gabardina sacó un frasco con un líquido casi seco, en el cual remojó una pluma que se encontró ahí mismo.- 97, 86… 85, 34… espera… eso no está bien.
-Escucha niña, puedo salvar tu vida, pero esta tiene un precio ¿estás dispuesta a luchar por nuestra causa como nuestra cazadora?- le preguntó Miguel. La respuesta era obvia, pero dentro de él la duda surgió como siempre.
-Yo… quiero irme a casa.- dijo Anya totalmente desorientada.
-Me temo que esa no es mi respuesta. ¿Estás dispuesta a ayudarme, niña?- le preguntó mientras tomaba la pluma del frasco.
-S-Sí.- contestó la chica ahora arrastrando sus palabras. Viendo que ya no le quedaba tiempo, Miguel arremangó la manga de su sudadera lo más que pudo, tomándola del brazo.
-Muy bien, esto dolerá.- le advirtió. De inmediato empezó a dibujar algo en su brazo con la pluma. Al ver como la niña se retorcía del dolor por esto, este le consoló.- Recuerda niña: el dolor es un sueño, pero es necesario para poder despertar en el alivio.
Esto fue lo último que escuchó Anya antes de caer en la inconsciencia. Aun quería ir a casa; volver con su padre y luego ir a la escuela con Lynn. Lástima que ahora su vida iba a ser mucho más que eso.
A que no esperaban que la protagonista se muera en el primer cap xd
Igual los fans de la misma saben que así es como inicia y que no está muerta, pero en fin. Ya verán como esta situación se solucionará en el siguiente capítulo. Dividí el inicio en dos por que me resultó demasiado largo, por lo menos para un inicio.
Esta es literalmente mi primera historia fanfiction, por lo que si ven un error o mi inexperiencia, ya saben la razón. Solo les pido que me tengan paciencia y que en caso de tener críticas constructivas o dudas me las hagan saber poniéndolas en los comentarios.
Ya solo me queda decir que les agradezco llegar hasta en este primer capítulo, de verdad gracias. Le mando también un cálido agradecimiento a Framovecha927, quien me ha apoyado en todo mi proceso de escritura y en la asesoría sobre la escritura de ff. Les recomiendo mucho buscar su perfil acá en FF, tiene historias bastante divertidas, de verdad. Ya sin más que, hasta el siguiente capítulo!
