No piensen que pensaba dejarlos en incertidumbre tanto tiempo, por supuesto que no *mira nerviosamente a su alrededor* Ok, un poquito sí, pero luego de pensármelo, decidí que era mejor dejar los dos capítulos con el contexto completo.
De cualquier forma, espero que llegue a gustarles esta segunda parte. Daré mis notas al final para evitar seguir interrumpiendo su lectura. Ya sin más que decir, ¡vamos a iniciar con esta cosa!
Anya sintió como si flotara, como si no dependiera de nada ni nadie; todo se sintió bien ahora ¿se sintió mal antes? Aparentemente sí, por qué ahora todo se sintió tan relajante; solo sentía calidez y frescura, calma y energía, era casi como si estuviera-
-¡Anya, levántate para la escuela!
La chica se despertó de golpe en su cama. Su padre al parecer ya había llegado a casa y con suerte no se había dado cuenta que había salido y todo estaba bien.
-¿Anya?
-S-si, ya voy papá.- Respondió la muchacha poniéndose de pie y cambiándose de su ropa que era... ¿la misma de la noche anterior? ¿Por qué no se cambió?
Espera ¿cómo había vuelto a casa? ¿qué había pasado? Intentó hacer memoria pero el recuerdo se le escapó. No conseguía recordar qué había pasado por más que intentara. Finalmente decidió dejar eso de lado, se vistió, más sintiendo que dejaba algo de lado.
Bajó rápidamente a la cocina y se encontró con su padre que hacía panqueques para el desayuno.
-Buenos días, arañita ¿cómo dormiste? - le preguntó su padre de buen humor. Francamente le costaba entender como hacia eso si se desvelaba.
-Bien.- le dijo con simpleza poniendo atención extraña a todos los movimientos que hacía su padre, tomando ingredientes para luego dejarlos y viceversa. Al mismo tiempo se oía la radio donde hablaban de noticias y sobre algo de los X-Men.
¿Cuántos habia de ellos ahora? ¿10 o más? ¿todos los alumnos de la escuela eran X-Men por implicación o hacía falta algo para hacerse de alumno a X-Men? Nunca se había molestado en investigar eso, quizás debería.
Así el tren de pensamiento de Anya continuó hasta que de un momento a otro vio cómo su padre tiraba por accidente una caja de leche con su brazo. Se sintió como si pasara en cámara lenta (cosa que Anya sabía era imposible), pero antes de que esta llegara al suelo se inclinó y la atrapó en el aire.
Espera ¿cómo la había atrapado? ¿La caja no se había movido tan lento o sí? ¿La había atrapado de verdad o seguía dormida?
-Vaya, muy buena atrapada, mija.-le felicitó su padre mientras tomaba la caja de sus manos.
-No es nada.-le respondió todavía pensando. Se reacomodó en su asiento frente a su padre mientras se pellizcaba el brazo para verificar; estaba despierta, eso había pasado, pero ¿cómo había pasado?
Una vez comió, Anya se despidió de su padre y se fue corriendo a la escuela. Se había olvidado de llamar a Lynn la noche anterior y seguro tendría preguntas. Aceleró el paso esquivando ágilmente a las personas que se atravesaban temprano en las calles que intentaban llegar temprano igual que ella. Para su sorpresa, al llegar a la escuela, los pasillos todavía estaban algo vacíos. Al llegar su salón de clase, se acomodó en su asiento y volteó a ver el reloj sobre la pizarra del aula y luego lo hizo otra y otra vez; no podía creer lo que veían sus ojos. ¿Cómo había llegado tan temprano? Estaba segura que había salido de casa a la misma hora de siempre, y si era así ¿cómo llegó tan rápido?
Con la confusión persistiendo se fue al salón de al lado para verificar el otro reloj, tenía la misma hora ¿cómo llegó tan rápido? Dejando eso de lado, se regresó a su salón.
-¡Anya!- le llamaron cuando iba de regreso.- ¿Qué pasó? ¿Por qué no llamaste? ¿Te pasó algo?- le preguntó a Lynn a modo de saludo con algo de preocupación, más al verla tan pensativa; no es que eso fuera nuevo en Anya, ella a veces se perdía en sus nubes para hablar sola en su cabeza, aunque tampoco era algo que hiciera tan temprano.
-Ah, sí estoy bien.- le respondió despabilándose mentalmente y entrando con Lynn al salón.
- ¿Estás segura? Te ves... rara, y más de lo usual.- Dijo la muchacha observando con cuidado a su mejor amiga. A decir verdad, se veía algo desorientada.
-S-sí, me dormí tarde, es todo.- le contestó como pudo al tiempo en que tomó asiento e ignorando el alegato de Lynn. Ésta la observó un momento, intentando comprobar que tan cierto era eso. Pero nada en el lenguaje corporal de Anya le decía que mentía, por lo que asintió y lo dejó pasar. Tal vez era cierto y estaba desvelada y ya. Simplemente se sentó detrás de Anya intentando ponerle atención en cuantas clases tuviera con ella.
El tiempo y las clases pasaron. Anya sintió como si fuera a dormirse algunas clases pero se forzó a permanecer despierta. Aunque tampoco pudo concentrarse por el barullo constante de los chicos a su alrededor ¿desde cuándo platicaban tanto en las clases? Volteó a verlos un momento, pero vio que apenas y se murmuraban cosas entre ellos ocasionalmente. ¿Por qué los sentía hablando tan de cerca? Era como si le hablaran al oído aunque estuvieran a un metro de ella. No mucho después la clase terminó, aunque le tomó unos segundos darse cuenta que al fin era hora del almuerzo. El día había pasado rápido por fortuna.
Se dispuso a guardar sus cosas pero cuando cerró su cuaderno se dio cuenta de que se le pegaron las hojas a las manos. Con molestia se las quitó tironeando con algo de fuerza a la vez que arrancaba pedazos de papel con sus manos.
-Maldita sea.- se dijo así misma mientras tironeaba con algo de fuerza el papel, consiguiendo arrancar algunos pedazos de papel con sus manos. Con hastío se quitó los restos de hoja de las manos. Con su suerte ya había arrancado sus propios apuntes.
Se puso de pie para irse del salón, y tan pronto como llegó al pasillo el barullo de fondo de jóvenes conversando mejorado con mucho. Era como si alguien le hubiera dado mas de 10 al volumen. Al llegar a la cafetería el ruido no mejoró, que sumado al olor de la comida de la cafetería la hizo sentir con náuseas. Era como si todo a su alrededor se fuera a venir sobre ella.
-Por favor que eso no fuera un ataque de ansiedad, eso era lo último que necesitaba.- pensó.
Con las sensaciones abrumándola, Anya salió casi corriendo del lugar hacia el patio trasero de la escuela. Luego por instinto se fue hacia uno de los callejones laterales del edificio, donde estaba segura tener privacidad y tiempo para pensar.
Se apoyó contra la pared con una mano mientras respiraba repetidamente, finalmente sintió como el barullo se calmaba. Cuando se relajó lo suficiente y se dispuso a irse, intentó soltar la pared, pero su palma simplemente no se despegó; intentó jalar su mano apoyando la otra en la misma pared y ni así lo consiguió. Como si no fuera suficiente al intentar soltar la pared con su otra mano tampoco pudo. Sus dos manos se habían pegado o algo.
¡¿Demonios ¿y ahora?!
-Vamos, vamos...- pidió la chica mientras jaloneaba sus manos. Finalmente se detuvo y apoyó la cabeza en la pared intentando pensar.- Okay piensa, piensa. En el mejor de los casos resulta es una broma en la que pusieron pegamento en la pared, en el peor... estás perdiendo la cabeza ¿aunque cuál es peor en este país? Pfft, obvio perder la cabeza, aunque hay personas que tratan peor a los humillados que a los locos ¿no?
Así Anya divagó consigo misma por un rato intentando distraerse, después de todo ¿qué más le quedaba? f tras varios minutos notó como sus manos se habían soltado de la pared. Soltando un suspiro de alivio se llevó la mano a la sien para masajearla e intentar.
-¿Qué demonios fue eso?- se preguntó mientras distraídamente se apoyaba otra vez en la pared. Mala idea, pues para cuando se dio cuenta de esto ya era demasiado tarde, al intentar soltar su mano esta ya se había vuelto a pegar. - Agh, no ¡otra vez!
Intentó volver a zafarse, esta vez intentó apoyarse con su pie en la pared para despegar su mano, lo cual logró, lástima que ahora lo que se pegó era su pie.
-Oh, vamos ¡¿qué es chiste?!- Intentó jalar su pie de donde estaba pegado. Pero al jalar con tanta fuerza, por cuestiones de la inercia su cuerpo fue devuelto al punto donde se encontraba su pie; la misma pared. Quedando ahora todo su cuerpo pegado a esta.- ash. Por lo menos aún no empieza la clase.
Y como si la escuchara el destino (o un escritor) justo en ese momento escuchó la campana que indicaba el fin del almuerzo. De frustración, la muchacha chocó su cabeza contra la misma pared. Ese no era su día.
Esperó por otro par de minutos, y al fin consiguió soltar una de sus manos. Con curiosidad se la llevó al rostro y al palpar su propia cara para verificar el tacto de su mano, la sintió un poco pegajosa. Raro tomando en cuenta que ni la pared ni ella tenían pegamento encima.
Volvió a poner la mano en la pared para comprobar y efectivamente esta se pegó de nuevo, aunque la superficie de la pared se sintió hasta fría. Despegó su otra mano y repitió el proceso ¿Acaso ella era la pegajosa?
Poco a poco repitió el proceso una y otra vez con sus manos y pies, sin darse cuenta, que a medida que hacia esto iba escalando en la pared. Lastimosamente no se dio cuenta de esto hasta cuando ya era muy tarde y ya estaba a 2 metros sobre el suelo.
-¡Oh por la gran-!- exclamó ella por la impresión mientras se abrazaba a la pared por instinto. Volviendo a ver hacia abajo, una risa nerviosa brotó de ella.-... okay, lo bueno es que no estoy perdiendo la cabeza, lo cual ya es algo ¿no?- declaró Anya con una leve sonrisa que era más del miedo que de alivio - lo malo es que... parece que obtuve poderes... Aunque tener poderes no es del todo malo ¿o sí?
Volviendo a ver hacia abajo y luego volvió a ver hacia arriba.
-Bueno, quizás sí lo sea... ¿ahora qué se supone que voy a hacer?- Se cuestionó a sí misma. Solo tenía de 2; subir o bajar. Si subía tenía la posibilidad de caer, pero si bajaba no había nada que amortiguara su caída; de cualquier manera podía caer. Tomando una respiración, hizo su decisión, iba a tomar el camino hacia arriba.
- Jajaj, esto es genial, lo estoy haciendo de ver- ¡woah!- cerca de llegar, se distrajo por la emoción y casi se calló, por lo que se sostuvo con fuerza de una columna cercana.- Ay, ay... Okay, casi lo hago.
Una vez recuperó el control continuó subiendo hasta llegar a la cima –¡Jah!, nada mal para alguien que recién está aprendiendo - se dijo así misma viendo toda la altura que había escalado.
Finalmente tras un momento de contemplación se resolvió a entrar a la escuela, no sin antes reajustarse el cabello; estaba segura que estaba hecho un desastre y que más de un maestro la molestaría por eso. Se soltó el cabello y cuando se dispuso a hacer su tarea, una corriente de aire se llevó su liga hasta el edificio del al lado.
-¡No no no no! -exclamó inclinándose sobre la cornisa viendo como su liga se atoraba en un tubo suelto del edificio continuo. – ¡Aaaaghhh!
Anya golpeó la cornisa con frustración; odiaba tener el cabello suelto y esa era la última liga que le quedaba. Con una idea loca en su cabeza, volteó a ver la distancia entre el edificio continuo y su escuela. No era quien de hacer cálculos, pero asumió que eran poco más de 1 metro y medio.
Era considerable, pero no era nada que los alumnos que se fugaban y presumían no habían hecho antes.
Se paró sobre el barandal del techo del edificio y con no mucho esfuerzo obtuvo el equilibrio necesario. Luchó con los impulsos de ver hacia abajo, y empezó a cuestionar su propio juicio, quizás hizo bien dejando el hockey.
Finalmente, con la sensación de arrepentimiento en la boca del estómago, Anya se flexionó, y saltó.
Y uno pensaría que aquí la joven falló y murió... pues resulta que no.
De una forma surreal, Anya no solo llegó hasta el otro lado, sino que hasta rodó hasta cierto punto del edificio. Totalmente incrédula, se puso de pie y volvió a la orilla a contemplar la distancia recorrida. ¡Eso definitivamente no era normal!
Tomó su liga y se ató el cabello pensando. Nadie era capaz de saltar tanto, sin correr, y con tanto impulso. Seguía con vida, así que no se lo imaginó. Al terminar de peinarse, se decidió a hacerlo otra vez, esta vez saltaría desde donde estaba hasta otro punto en el mismo edificio.
Aprovechando la falta de barandales, esta vez tomó algo de impulso antes de saltar. Al hacerlo, sintió como si sus piernas fueran resortes que se tensaron y la enviaron más lejos de lo común. Al llegar más lejos de lo que se imaginó se lo confirmó; podía saltar más de lo normal. Continuó con su prueba una, y otra, y otra vez; saltando sobre el edificio como si fuera un resorte. Continuó así hasta que en uno de sus muchos saltos, no calculó la distancia y se deslizó hacia la orilla.
-¡Ah!- se sujetó con todas sus fuerzas de una tubo de metal que conectaba a un tanque de agua cercano. Finalmente al estabilizarse, con cuidado volvió a subir. Al volver a la azotea, descubrió que había doblado un poco el tubo del que se había sujetado.- esto no estaba así, ¿o sí?
Bajó usando la pegajosidad de sus manos por la parte de atrás del edificio, yendo a parar en un callejón. Ahí se acercó a una vieja bicicleta oxidada en el fondo. Ya antes la había visto al salir de la escuela por ese callejón, y hasta donde sabía no era de nadie.
Tomándola por el asiento, tomó sus manubrios con toda su fuerza, hasta que estos cedieron y se curvearon. La sujetó para probar otra cosa, pero al levantarla, la bicicleta se sintió demasiado liviana. Sujetó la bicicleta con más firmeza, y la levantó sobre su cabeza. Anya estaba segura que eso a ella no le era posible, meses antes había intentado lo mismo con la misma bicicleta y no lo logró ¿Cómo es que ahora sí?
Dejó a la bicicleta en su lugar y se dirigió hacia un basurero a la salida del mismo callejón. Apoyando su fuerza en él, notó que este se movió un poco. Revisó dentro, viendo que este estaba lleno, así que mando todo por la ventana, tomó por debajo al contenedor y con algo de esfuerzo, consiguió levantarlo sobre el suelo.
Con un fuerte estruendo lo dejó caer, ya no necesitaba que le deletrearan lo que pasaba. Ahora... ¿Qué proseguía? No podía solamente ir a decirlo, ¿no? ¿y si se equivocaba o algo? Sabia que su padre no se molestaría con ella y hasta la apoyaría, pero no estaba segura de cómo decirle. Decidió que la mejor manera era discutirlo con la persona a la que mayor confianza e inteligencia que tenía entre sus conocidos. Tendría que decirle a Lynn.
De la biblioteca General Roosevelt salió Lynn, aliviada de salir de otra sesión de tutorías personales. De verdad que detestaba gastar sus tardes tomándolas, pero de no ser por ese programa entre escuelas para recibir tutorías estaba segura de que ya habría reprobado literatura. Aunque no dejaba de esperar para tener una nota medianamente decente para dejar ese programa al fin. Con una nota como la de Anya que era buena sin ser excepcional le bastaría.
Hablando del diablo, no la había visto en todo el día, ¿se habría ido enferma? Quizás, la verdad no se veía del todo bien esa mañana, tal vez debía llamarla esa noch-
-¡Lynn! ¡Lynn!- a unos metros llegaba corriendo la susodicha con un semblante mejorado, pero con la apariencia de haber estado corriendo.
-¿Anya? ¿Qué haces aquí? O mejor ¿Dónde diablos has estado? Te has perdido todo el día.- le dijo medio en reclamo medio en saludo.- Te desapareciste y ni siquiera dejaste pista de qué te pasó.
-No vas a creerlo sin que te lo muestre, ven ¡sígueme!- le contestó tomándola de la mano y jalándola para hacia algún lado, llevándola a algún lado en la calle.
-Oye, no. Anya ¡espera!- iban demasiado rápido para su gusto. Y de lo normal, casi sentía que la llevaban volando y por puro milagro no se calló en el camino. Por varias calles Anya la llevó apenas evitando a los transeúntes.
-Disculpen. Con permiso. A un lado. ¡Vamos a pasar!- Apenas y esquivaban a la gente, y la mayoría volteaban a verles mal aunque Lynn les fuera pidiendo disculpas.
-Perdón. Lo siento. Estoy segura de que se arreglará. ¡Mil disculpas!
Tras varias calles y tropezones, llegaron a un callejón que estaba considerablemente vacío en el que se detuvieron, no sin que Anya verificara que nadie les vería.
- Okay Lynn, aquí si puedo- fue interrumpida por una seña de su amiga que le indicaba que la dejara tomar aliento antes, no había considerado el esfuerzo para ella.- oh, bueno... Espero...¿ya?
-...¿Qué... diablos...te pasa?... Me arrastraste... por media ciudad... todo para mostrarme... un asqueroso callejón?!…- le reclamó apenas controló su respiración.
-Sí, lo siento. Me dejé llevar, jeje.- le contestó con algo de pena mientras la fulminaban con la mirada.- Pero es que quiero mostrarte esto y creo que lo mejor es que nadie más lo vea.
-Pfft ¿qué podría ser tan secreto cómo para traerme hasta aquí?- le cuestionó Lynn mientras se cruzaba de brazos. La verdad es que no había nada de gracia en la carrera que le hicieron dar para llegar hasta ahí.
- Ok solo, mira esto...-Anya se movió hasta quedar bajo una escalera contra incendios que había ahí mismo. Una vez ahí, Anya dio un salto para poder aferrarse de la primera planta de la escalera, y de ahí se sostuvo de una mano.- ¿Y...?
-... Anya, si querías presumirme que tanto aguantas pudiste haber esperado ha estar en la escuela ¿sabes? En lugar de traerme a un ¡lugar tan asqueroso al que no dudo hasta las ratas le temen!- contestó la joven haciendo ademán de irse.
-Oh no, espera, espera. No es solo eso. Perdón pero tienes que ver esto.
-¡¿Qué?!
-... esto.- de ahí pasó su peso a sostenerse con su otra mano, con la cual apoyó su cuerpo para quedar de cabeza. Una vez así, apoyó en sus pies en la parte de abajo de las escaleras para quedar boca abajo y soltó sus manos, quedando totalmente suspendida por estos.- Ahora dime ¿Qué tal?
Anya quedó esperando la respuesta de Lynn, quien esta vez quedó boquiabierta ante lo que veía. Había visto a su amiga colgarse de cabeza de los pasamanos y las barras de gimnasia antes, pero ni la persona más atlética podía colgarse solo con las plantas de sus pies como si fuera un maldito vampiro ¿Qué diablos-?
-E-e-e-estás...- Anya asintió confirmando sus pensamientos.- ¡estás de cabeza!
-... Sí, lo sé.
-¡Solo con tus pies!
-Lo sé
-¡Y te trepaste a eso como si nada!
-¡Lo sé!
-¡Y ¿cómo diablos lo estás haciendo?!
-¡Eso no lo sé!
-¡¿Cómo que eso no lo sabes?!
-¡¿Podrías dejar de gritar?! Nos van a encontrar.- le dijo tratando de dejar de lado la emoción.- Escucha, no tengo ni idea de cómo empecé a hacer esto. Solo sé que desde hoy he podido hacerlo.- de la pared intentó apoyar sus pies en la pared de al lado para "pararse" en la pared continua, sin embargo aquí no duró mucho y se deslizó.-... auch ¡estoy bien!- alegó tan pronto como vio a su amiga acercarse para ayudarla. Viendo un trozo de barra metálica cerca la tomó y se lo tendió a su amiga.- Intenta doblarlo.
-¿Estás loca? ¿Qué tal si esto tiene tétanos?- le dijo señalando la barra ahora en sus manos.
-Solo inténtalo ¿ok?- le pidió casi suplicando con la mirada.
-Hphm- a regañadientes, Lynn tomó la barra con ambas manos, y con todas sus fuerzas intentó doblarla de ambos extremos, sin éxito. Tras un rato se la devolvió a su amiga.- Agh, no puedo.
-Tú no, pero yo sí.- Anya tomó la barra en sus manos y de un movimiento sencillo la dobló como papel con sus manos.- Descubrí que podía hacer esto de camino a aquí.
Lynn casi le arrebató la barra de las manos e intentó doblarla de nuevo, pero no pudo. Al alzar la vista vio como Anya le sonreía con un poquito de presunción. Ignorando esto, aventó la barra a algún lado y tomó las manos de su amiga para revisarlas; no tenía más que restos de óxido en estas.
-¿Cómo lo hiciste? Es casi imposible- agh, tienes algo pegajosas las manos.- le dijo soltándola.
-Te digo que no lo sé, simplemente empecé a hacerlo hoy como si nada.- le explicó un poquito ofendida por lo de las manos pegajosas.
-¿Son superpoders? ¿será que eres una mutante?- le cuestionó la muchacha con asombro, era mayor posibilidad en manos.
-No lo sé, aunque pensé lo mismo. Pero no recuerdo de ningún familiar que presentara ese habilidades.- contestó ella pensativa.
-¿Tu padre lo sabe?
-No, y la verdad no sé si deba o qué hacer.- le confesó con algo de miedo.-Por un lado sé que él no se molestaría, pero por el otro no quiero empezar a pensar en los problemas que esto le traería; los vecinos nos echarán, le dificultaría el trabajo, y ni siquiera quiero pensar en lo que me empezarían a hacer a mí.
Ambas jóvenes asintieron. Los mutantes y demás personas con poderes eran geniales, pero la presión a nivel de sociedad y los problemas que todo esto traía era mucho, incluso para ellas.
-Yo... no lo sé, creo que es mejor a que esperes a que esto- señaló a Anya de pies a cabeza- se calme para decirle de...esto.- le dijo Lynn ahora señalando la barra torcida.
-¿Tú crees?
-Es lo que yo haría.
-Pero ¿y si alguien se entera? aún no sé bien como calmar... esto.- contestó señalándose a sí misma también.
-Pues sí, pero ¿qué otra queda? ¿Ir a promulgarlo?
-Yo... supongo que es cierto... La verdad desearía saber que hacer.- agregó con un poco de pesar. Tampoco es como si hubiera una guía para personas que despiertan con poderes.
-Lo sé, yo también.- Lynn solo pudo atinar a abrazarla. No podía decirle que hacer, pero podía apoyarla, mínimo eso podía ayudar. Anya aceptó el abrazo mientras pensaba. Por lo menos sabía que no estaba sola. Por que si no la dejaba su mejor amiga, ¿por qué no habría de hacerlo su padre si era a quien más quería en el mundo?
Tan solo un par de segundos después, de la mochila de Lynn empezó a sonar su celular. Era una alarma.
-Diablos, no me había dado cuenta de la hora. Sé que estas en medio de algo ¿pero te importa?- preguntó Lynn con algo de duda mientras señalaba la salida.
-C-cl-laro, claro. No hay problema; yo me encargaré de esto. No te preocupes.-Las dos salieron del lugar y se abrazaron de nuevo, esta vez en leve despedida.- Bye, hermanita.
-Bye, An.
Finalmente Anya volvió a quedar sola, ahora un poco más relajada. Sabía que quienes la querían no la dejarían, pero también habrían otras personas que seguro la perseguirían a ella y a quienes amaba. Especialmente dándose cuenta de estos poderes que aún no manejaba y que el cielo sabía cómo se usaban, pero hey, peor es nada.
Rato más tarde, Anya se encontraba en su vecindario caminado hacia su casa, todavía pensando en alguna forma de ocultar sus poderes.
-Tal vez necesito hablar con uno de mis maestros… no, seguro me delatará.- Se negó mientras caminaba.-Quizás lo que me hace falta es uno de esos anuladores de poder del gobierno, seguro así me dejarán en paz… aunque ¿de dónde diablos consigo uno de esos? Además que esas cosas se usan en el cuello ¡es demasiado obvio!, agh debe haber algo que pueda…
-Lo que necesitas es entrenamiento.
-¡Aaah!
Anya no se dio cuenta de que era observada (o al menos no escuchó a quien la seguía), por lo que se volteó de un salto, encontrándose con quien le habló. Se trataba de un hombre, quizás en sus cuarenta, moreno y con el cabello largo hasta los hombros. Era corpulento y como si esto no bastara para hacerlo visualmente amenazante, llevaba una gabardina negra.
-Tranquila niña,-le dijo con calma y seriedad mientras se acercaba a ella con cuidado.- no busco hacerte daño.
-¿Quién eres tú? Y ¿qué es lo que quieres?- le preguntó Anya permaneciendo en posición defensiva.
-Mi nombre es Miguel, y busco ayudarte.- le contestó con simpleza. No es que esta tranquilizara a Anya; o este hombre era del tipo que iba al grano o del tipo que decía lo que quieres oír.
-¿Ayudarme? ¿con qué? No tengo nada, ni sé de qué me estas hablando.- dijo la chica intentando hacerse la desentendida mientras intentaba retroceder sutilmente. Esto no pasó desapercibido por el hombre.
-Tú sabes a qué me refiero. Hoy amaneciste diferente, y es gracias a mí.- dijo Miguel intentando sonreír para aparentar, aunque solo consiguió poner más alerta a Anya.
-Oye, primero no digas esas cosas en publico, podrían mal interpretarte. Segundo no sé de hab- ¡ajá!- Anya le lanzó una bolsa de basura que estaba cerca a la cabeza del hombre, distrayéndolo. Antes de que este pudiera limpiarse el rostro, ella ya estaba corriendo lejos del lugar.
Yendo a una velocidad superior a la que sabía debería tener, avanzó varias cuadras girando entre sus avenidas para intentar perder al hombre. Luego de diez minutos, Anya finalmente se detuvo en medio de una avenida relativamente vacía. Se apoyó contra una pared sorprendiéndose de que no estaba tan cansada como imaginó.
-¿Terminaste?
-¡Aaah!- nuevamente el mencionado se apareció detrás de ella, esta vez trepado en la pared del edificio a su lado. Este bajó de un salto y Anya se alejó lo más que pudo.- ¡Aléjate de mi!
La chica tomó un tubo de metal que estaba tirado cerca y lo blandió para golpear a Miguel. No obstante este lo atrapó en el aire antes de que lo golpeara en la cara. Luego con su fuerza, empujó el tuvo de vuelta a Anya, quien retrocedió por la inercia del movimiento. Al recibir de vuelta el tuvo, notó como este ahora tenía las marcas de las manos de Miguel.
-¿Cómo hiciste eso?- le preguntó de forma irónica pero sincera. Miguel le sonrió con algo de simpatía.
-Lo hice por qué soy igual a ti. Yo hago lo mismo que tú, y ahora tú puedes hacer lo que hago yo y más.
-¿A sí? ¿Por qué? ¿Por qué harías eso? No intentes jugar conmigo, no voy a caer en engaños.- el hombre al ver la desconfianza de la niña, cosa que fue apreciada por Miguel.
-Porque es gracias a mí que puedes hacer todo lo que haces hoy.- contestó confundiendo a la muchacha.- Yo fui quien te dio estas habilidades, al volverte parte de mi clan.
-¿Tú clan? ¿De qué estás hablando?
-Déjame mostrarte.- el hombre sacó algo de su gabardina, no supo que era pues lo que fuera lo extendió en hacia el aire, y en el momento este se extendió en fuego. De este fuego se extendió una ilusión que los envolvió a ella y al hombre, ilusión en la que se mostraba una enorme telaraña, en la que se mostraba a múltiples personas con ropa y trajes con temática de araña.- Escucha niña, yo soy un viajero de esta gran red de la vida, la cual se extiende atreves del tiempo, el espacio y las dimensiones. Mi clan se ha extendido a lo largo de esta para garantizar su existencia y la creación de tótems en sus mundos.
-¿Tótems? ¿Cómo los símbolos tallados de las tribus?- preguntó Anya con inocencia.
-No. Estas personas que ves aquí- señaló a las personas arácnidas de la visión.- son tótems, son necesarios para el equilibrio en el multiverso, y nosotros nos encargamos de ayudarles y de colaborar en su creación. No obstante esto nos ha ganado enemigos a lo largo de las dimensiones, los cuales han acabado con los míos, pese a que algunos hemos desarrollado habilidades similares a los tótems para defendernos.
-Ok, pero… ¿esto qué tiene que ver conmigo?- cuestionó la chica algo confundida.
-No lo recuerdas ¿no es así?- Anya negó con la cabeza.- Ayer fuiste atacada por reclutas de nuestros enemigos más grandes, para salvar tu vida, tuve que otorgarte los poderes de mi clan, uniéndote a él. Ahora estás atada a nosotros, para usar tus nuevas habilidades para proteger nuestra misión; garantizar la creación del tótem de este universo.
La ilusión se desvaneció, y ambos volvieron a encontrarse en la calle. No había muchas personas en el vecindario en el que estaban, y las pocas que sí no les prestaban atención. Aun así, Anya se desorientó un poco.
-Bueno, supongamos por un momento que te creo y que todo lo que me dijiste es cierto, ¿por qué a mí? ¿Por qué unirme a tu ultra importante clan? No lo entiendo.- le dijo ella relajándose finalmente.
-Llámalo instinto, llámalo destino, como la red trabaja es un misterio y al mismo tiempo una verdad. Muchos se unen por la ciencia, otros por la magia. Lo que queda claro es que todos estamos conectados, y creo que en parte por esto te cruzaste en mi camino en primer lugar, pues tú me demostraste, entonces y ahora tú valía pese a tu edad.- Le dijo el hombre con algo de simpatía.- Puedo entrenarte, ayudarte aprender de tus habilidades para que aceptes tu tarea sin pasar percibida, con el debido entrenamiento, sabrás como trabajar. ¿Qué me dices?
Anya observó con detenimiento al hombre, se veía seguro de lo que le decía y no daba pista o intenciones de mentir. Sí era verdad que era parte de algo tan grande y que la había escogido a ella, ¿Cómo y cuándo iba a ayudar? ¿Y cómo esto le afectaría algo así a ella y a su vida?
Parecía que solo había una forma de averiguarlo. Solo había algo seguro; nada volvería a ser igual.
Y bien ¿qué les pareció? ¿Les gustó? ¿les disgustó? Haganmelo saber acá en los comentarios.
Antes de continuar, solo aclararé algo para el futuro y para aquellos que no conocen mucho del lore arácnido. Anya NO TIENE sentido arácnido, al igual que en los cómics, los que son de la sociedad arácnida solo tienen sentidos mejorados, pero no este sexto sentido (con excepción de Ezekiel Sims, pero él no cuenta). Pero cabe resaltar que lo tendrá, eso es algo que exploraremos en capítulos futuros. Pero por el moemnto, si ven que ella no reacciona como otras personas arácnidas como Peter, Miles y demás, es por eso.
Creo que ya no tengo mucho más que decir, más que tomaré una exploración un poco libre de la Sociedad de la Araña de los cómics. Si hay alguna duda o crítica respecto a esto, son libres de hacérmelo saber.
De paso, le mando un enorme saludo a Framovecha927, quien me ha apoyado bastante en el proceso de escritura de este fic. Les recomiendo leer sus historias aquí en FF.
Ya sin más que decir, les deseo un muy feliz año nuevo y muchos éxitos. Muchas gracias por leer y llegar hasta aquí, ¡nos leemos luego!
