Segundo capítulo. No está basado en un lugar, pero sí en el momento en que Carol confronta a Daryl y este le suelta las verdades que lleva atoradas dentro. El fic ocurre tiempo después, pero dejo a la imaginación en qué momento.


Retazos

Sophia no era mía.


Ella mira el techo durante un buen rato, mientras trata que su cuerpo recupere la sensación de realidad y no el agradable hormigueo del sexo. El techo es tosco y sucio. Nada agradable, pero cubre la necesidad de cobijo y la intimidad suficiente para esos momentos.

No es como estar bajo el cielo y las estrellas. Aún así, otorga esa soledad.

Aunque no está sola en la cama.

Su cabeza reposa sobre el brazo de un hombre que no era su marido, aunque ya no podía considerarse casada, sino viuda. Y no era algo que le importara demasiado.

El calor que nota contra su costado la reconforta de cierta manera. Se siente protegida, amada. Su cuerpo esta en calma, una, que no sentía desde hacía mucho tiempo. Experimentar el sexo de otro modo diferente le había puertas que no sabía que podía tener.

El poder de estar sobre un hombre, de montarlo como si fuera la reina de su mundo. De dejar que otra persona tocara su cuerpo sin querer dañarla, mimando y despertando esos lugares que creía dormidos.

Nadie iba a pellizcarla dolorosamente ni tomarla como si simplemente fuera una muñeca hinchable. Él le hacía el amor como si realmente importara, como si fuera consciente de que ella era un ser que sentía del mismo modo.

Daryl.

De lo único que se arrepentía era del antes. De esos recuerdos que poco a poco iban quedando aplacados por buenos recuerdos, aunque fuera en esa mierda de mundo destruido donde cualquier ruido te hacía saltar.

En esos recuerdos todavía tenía en su mente a su hija.

Sophia podría haber nacido de un mal matrimonio, pero la quería con toda su alma. Y aunque jamás esperó que su muerte la afectara de esa forma, el sentirse culpable por haber pedido una salida del mundo al que estaba y pagar con ello la muerte de Sophia no era agradable.

Dios, todavía se culpaba…

Si en lugar de obedecer a Lori y meterse con ella bajo el coche hubiera actuado tomando a su hija o saliendo de debajo para ir a su ayuda…

"Yo te pedí que te metieras bajo el coche", le había dicho Lori una vez como disculpa.

Ella lo aceptó, pero no la culpaba. En lugar de estar mirando ropita como si pudieran permitírselo debió de estar centrada en ella.

"En vez de estar metida en cosas que no son de tu incumbencia debiste de cuidar de ella". Era irónico que el mismo hombre que le había mostrado lo que era el placer y la libertad sexual le dijera aquellas mismas palabras.

—¿En qué piensas?

Volteó la cara hacia él. Daryl la miraba en la oscuridad, con la noche oscureciendo sus ojos. Podía perfilar perfectamente sus rasgos y notar cómo mantenía el ceño fruncido.

—No va a gustarte si te lo digo.

Él gruñó. Carol entendió que estaba pensando en compararle con otro hombre.

—En Sophia.

Su gesto cambió a uno más marcado de dolor. La tensión por los recuerdos se detonó en sus músculos y cuando se apartó de ella, sentándose para pasar una mano por su rostro, comprendió que estaba buscando al forma de escapar de eso.

—Te dije que no iba a gustarte.

Esperó a que retirara la única sábana que cubría sus cuerpos desnudos, que buscaría su ropa, que siempre procuraba dejar a mano por si tenían que huir. A veces, ni siquiera se la quitaban toda. Era una mierda hacer el amor así, lo reconocía.

Daryl no se movió, sin embargo. Y ella no pudo evitar sentirse extrañada. Se incorporó, sentándose a su lado hombro con hombro. Se había acostumbrado a su desnudez, a la calidez de la piel con piel.

Volvió a mirarla, más amable, más comprensivo.

—La echas de menos.

—Siempre —reconoció—. Pero me consuela pensar que puedo pensar que sigue en el bosque y no en… —Rememorarlo le dolía el alma como hacia tiempo—. Pero no era eso lo que estaba pensando.

—¿Ah, no? —cuestionó.

Se movió lentamente hasta que fue su pecho lo que tocó su hombro y su mano diestra empezó a acariciar su espalda. Le gustaba marcar los huesos de columna como distracción y eso a ella solía enviarle ramalazos de placer por todas partes. Como si tocara directamente sus nervios.

—No. Estaba recordando cómo me regañaste aquella noche —explicó—. Y en las palabras que dijiste.

Él apoyó su barbilla en su hombro. La nariz le cosquilleó la piel.

—Dije demasiadas cosas que…

—No es para que te disculpes —aseguró apartándole los cabellos de la frente—. Es la parte en la que dijiste que ella no era tuya. "No era mía". Nunca lo olvidaré.

—Carol…

—Lo sé —interrumpió besándole la frente—. Tenías razón. Ella no era tuya. Pero muchas veces me he preguntado desde entonces qué habría sido diferente si lo fuera. No habría podido apoyarte en tu dolor, porque mi propia pena era confusa para los demás… Y seguramente, Sophia no estaría muerta porque tú habrías saltado a por ella sin dudarlo.

Miró de nuevo hacia el techo, afligida, notando las lágrimas caer por sus mejillas. Porque dios, Ed tampoco habría saltado por Sophia.

—Me pregunto si nos hubiéramos encontrado antes… Si ella fuera realmente tuya…

Él se apartó. Volvió a sentarse, apoyando los brazos en sus rodillas con los puños abiertos.

—No habría sido fácil para ti tampoco —reconoció—. Mi vida era una mierda antes de todo esto. No es que ahora sea una gloria, pero… Seguramente habría sido un padre de mierda. Me habría perdido su nacimiento por estar metido en alguna mierda con Merle y… seguramente me habría largado sin mirar atrás.

Ella sintió que le dolía el pecho.

—¿Te largarias ahora sin mirarme? ¿Me dejarías sin dudar?

Daryl guardó silencio un momento antes de responder.

—Sabes que no.

Ella asintió y acarició su mejilla.

—Entonces, estoy segura de que antes tampoco. Pero no podemos vivir del "¿Y si…?" Soy más consciente de nadie. —Le besó la mejilla y él volvió el rostro para buscar sus labios—. Porque ahora tengo el presente —terminó, antes de que él la tumbara, tirando de la sábana para que sus cuerpos se encontraran bajo las sábanas—. Y me gusta.

Él le tomó el rostro entre ambas manos.

—No puedo darte a Sophia —le dijo—. Lo intenté, pero…

—Y eso jamás se me olvidará. Te lo dije y te lo diré siempre: hiciste más por ella que su padre en toda su vida.

Él la besó, repetidas veces, suave, marcado, delicado y pensativo. Cuando volvió a separarse, ella acomodó su cuerpo bajo el suyo para que sus caderas encajaran. Notó la erección contra su piel.

—Ojalá hubiera sido mía.

Ella cerró los ojos cuando volvió a moverse para hundirse en ella.

—Ojalá.


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