Esta escena es del capítulo en que entran en la cárcel. Todos escogen una celda menos él. Rick no está muy lejos dormido. Creo que hubo una mala traducción, porque Daryl duerme en el entresuelo, pero bueh, así dijo y así le pongo :3
Retazos
3º
Puesto de vigilancia
La ballesta estaba en sus manos por precaución. La noche chirriaba en ruidos conocidos y otros que no ayudaban a que pudiera si quiera dormitar. Tras un día agitado el cuerpo le pedía descansar, pero la tensión no se lo permitía. Todavía no era del todo al cárcel y se negaba a dormir en una celda. Ni hablar.
Ya tenía suficiente experiencia con Merle o su padre.
Podía escuchar la respiración de las otras personas dentro de las celdas de puertas cerradas. Habían colgado trapos para ganar algo de intimidad, aunque dudaba que no se tardara en escuchar a Gleen y Maggie.
No le hacía ni puta gana de escucharles, pero ese pensamiento también le llevó a otro. En la entrada de la cárcel, con Carol contra él.
Diablos, había sido duro fingir que nada había pasado entre ellos. Estar como siempre. Aunque los demás no solían decir nada, y tampoco le importaba una mierda qué pensaran, no quería crear problemas para ella.
Aunque debía de reconocer que le dejó demasiado buen gusto encima.
Miró al techo grisáceo con los ojos entrecerrados. Recordó su sabor, la sensación suave de su boca en aquel lugar y la forma en que ese mismo lugar lo había atrapado. Lo suave que eran sus besos y su tacto bajo sus dedos.
Levantó la mano para mirarse los dedos, aquellos que estuvieron por todas partes de ella, hasta en aquel preciado sitio.
—¿Pensando en cosas malas?
Dio un respingo y maldijo por haber bajado la guardia. Hasta que reconoció su figura bajo la oscuridad. Carol se llevó una mano a los labios y le indicó con la otra que iba a recostarse a su lado.
Él se apartó un poco para permitirle más acceso al poncho y la almohada.
—Estas calentito.
Aceptó que le abrazara y apoyara su mano en su estómago y la mejilla en su pecho.
—En la celda hace mucho frío.
—No voy a meterme en una celda —advirtió antes de que se lo pidiera.
Ella guardó silencio.
—Me da igual si es el infierno, Daryl —dijo moviendo su mano sobre su vientre. Pequeños círculos con su dedo sobre su ombligo que no ayudaban a que sus pensamientos anteriores se marcharan—. ¿Te duele el trasero? —Bromeo.
Él gruñó irritado mientras ella se reía entre dientes.
—Sí, joder —confirmó—. No lo vuelvo a hacer encima del campo. No con mis nalgas al suelo, al menos.
—¿Quieres decir que es mejor que las mías estén contra el suelo?
Esa idea le formó una interesante imagen en su cabeza.
—También pueden estar al aire y ser mis rodillas las que se raspen —propuso.
—Para.
Se cubrió el rostro, recargado de demasiadas imágenes que atacaban a su punto más obvio, algo que encantó a la mujer. Su boca continuaba estirada en una sonrisa de diversión. Diablos, la condenada sabía que podía hacer con él lo que le diera la gana y aceptaría.
—Esto está demasiado abierto —dijo ella—. Y seríamos demasiado ruidosos.
Su mano ya había bajado más allá de su ombligo, con las uñas jugando distraídamente con levantar la cinturilla. Hasta que finalmente, lo hizo. Cuando llegó hasta él apenas pudo reprimir una maldición.
—¿Ocurre algo?
La voz de Rick llegó desde el otro lado. El cabrón no estaba dormido, haciendo guardia.
—No —negó bruscamente asiendo la mano de ella pero sin retirarla, pues le tenía completamente cogido—. Una maldita piedra.
Carol ahogó una risa contra su hombro, reconociendo la referencia hacia su miembro. Daryl desvió su ver hacia ella, acusándola por ese acto.
—¿Quieres que pare? —preguntó bajando la mirada hasta la mano de él que continuaba aferrando la suya.
Daryl lo sopesó. Estaba demasiado excitado como para hacerlo. Se sentiría frustrado después, lo reconocía, y eso a veces era peor que una patada en las pelotas.
Finalmente, deslizó su mano para alejarla de la de ella y mantuvo la mirada en sus ojos, retándola a continuar. Por supuesto, ella lo hizo. Sus labios se curvaron cuanto más duro y grande estaba y como acto rebelde de castigo, tiró de ella contra él, atrapándola de la nuca para besarla, sin dejarla ir hasta que a ambos les faltó el aire.
Se dedicaron más besos, mientras que la mano de ella continuaba, arriba y abajo, sobre su punta… Joder, incluso le apretó las pelotas y eso le gustó como un condenado. Cerró los ojos, dejándose morder y besar, permitiendo que ella tuviera por completo control de su cuerpo.
Se tiró de los pantalones hacia abajo, bajándolo lo suficiente para que no manchara sus pantalones, sabiéndose cerca. Ella resbaló por su cuerpo hasta que su propia camiseta cubrió sus acciones y no ver, fue incluso mejor. Ella era la que marcaba hacia donde enviar las sensaciones, la emoción de si sería capaz, que lo era, porque no tardó mucho en tener que morder sus labios con fuerza, girándose hacia ella mientras se curvaba, vencido por el orgasmo.
Metió la cara en la espalda de ella, reteniendo así el sonido, mientras que Carol dejaba sus últimas caricias, apartándose para quitarse la camiseta y arrugarla entre sus manos.
Daryl la miró con esperanza de más, pero ella sonrió y tras besarle los labios, empezó a levantarse.
—Eso, por el buen trabajo de hoy. Espero que ahora puedas dormir.
Y luego se alejó, dejándolo todavía más añorante que antes.
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