Basado en el capítulo en que Daryl se burla de Glen y Maggie en la garita.
Retazos
4º
Garita. ¿Calentitos?
Carol no puede evitarse reírse de nuevo al recordar aquel suceso. Daryl, sin embargo, la mira confuso por ese acto. El día había sido una mierda de trabajo. El aire todavía apestaba al olor de la carne asada.
—¿De qué te estás riendo?
Se miró por encima para comprender. Tenía los pantalones abiertos, sin camiseta y las botas puestas. Carol, a su lado, sólo en sujetador y en bragas. El poncho bajo ellos impedía que el frío de la garita llegara hasta sus traseros. Y debía de reconocer que era mil veces mejor que dar con el trasero en el culo. Porque esa vez fue ella la que estuvo abajo.
—Me estaba acordando del otro día, cuando te metiste con Glen y Maggie por estar en esta situación.
Daryl chasqueó la lengua y atrapó una de sus flechas para tener las manos ocupadas.
—Esos dos se la pasan todo el día con el tema. Se lo ganan a pulso.
Ella levantó una ceja. Se miró, luego a él y su comisura se extendió significativamente. Él alargó la mano para atraparle la nariz.
—¡No es lo mismo! —descartó—. Aunque reconozco que este lugar es bueno para eso. Cuanta más gente hay en la cárcel, menos intimidad.
—No sabía que podrías preocuparte por eso —reconoció sin ocultar su sorpresa. Un leve sonrojo apareció en las mejillas masculinas antes de que posara su cara de póker, algo que ya debía de saber que no funcionaba con ella.
—Es culpa tuya, que cada vez gritas más.
—¿Ah? ¿Yo grito más? —cuestionó bromista. Atrapó uno de sus zapatos para tirárselo. Él lo atrapó a tiempo—. Se nota que no te escuchas.
—Me gusta más escucharte a ti, gracias.
La cara de asco que puso la hizo reír todavía más. Ladeó la cabeza, pensativa.
—¿Qué fue aquello que dijiste? —intentó recordar.
Daryl se movió para dejar el zapato a su lado.
—¿Para que salieran, dices?
—Sí. Recuerdo que me reí bastante.
Él pareció sopesarlo. Cambió repentinamente de postura, incorporándose para acercarse a ella.
—¿Calentitos? ¿Hubo polvo? —recordó.
—¡Eso! —exclamó ella siguiéndole con la mirada hasta que se arrodilló a su lado—. ¿Qué pensarías si alguien te gritara eso mañana?
Él la besó antes de contestar. Parecía que el tiempo de charla había pasado y la conversación empezaba a sobrar. Era adorable que fuera capaz de recargarse tan rápido, halagador incluso.
—Puede que le partiera la boca —susurró contra sus labios.
Sus manos reptaron hasta su sujetador, bajando las tiras en lentas caricias de sus dedos. Luego, bajaron más hasta que sus dedos se colaron por los aros del sujetador, atrapando sus senos con suma facilidad. A Daryl jamás parecía importarle que fueran pequeños como a Ed, quien muchas veces la acusaba de ello como un desperfecto. Es más, su parte favorita para entretenerse parecía ser eso, besando, lamiendo repetidas veces hasta el punto en que alguna que otra vez alcanzó un orgasmo imprevisto por ello, sorprendiéndolos a ambos.
—No sabía que podía…
—No sabía que podrías…
Recordaba que ambos se miraron como dos idiotas, mientras ella intentaba recuperarse y él parecía más emocionado con su nuevo descubrimiento.
Y aunque no era algo que pasaba siempre, ella se mantenía esperanzada, emocionada y excitada de que ocurriera. Porque era un preludio fantástico que siempre provocaba que le necesitara más.
—¿Estás conmigo? —le preguntó al notar que estaba perdida en sus pensamientos.
—Pensaba en mis tetas.
Él se quedó congelado sin saber qué responder y ella se echó a reír.
—¿Por qué diablos piensas en eso? —acusó incorporándose, aunque sus manos continuaban sobre sus senos—. ¿No se supone que soy yo el tío?
—Ey, las mujeres también pensamos en ellas. Mucho más de los que crees. Vosotros os preocupa vuestro tamaño ahí abajo, para nosotras el problema está aquí arriba y es más notorio que lo vuestro —protestó—. Además, recuerdo algo, una conversación de tiempo atrás con las chicas.
Daryl se sentó, gruñendo y alejando las manos de ella. Sin embargo, Carol se quitó el sujetador, apretando sus senos poco después.
—¿Crees que pudieras poner tu pene aquí?
Diablos, si ese hombre no estuviera sentado seguramente se habría caído.
Daryl tardó un poco en cubrirse el rostro con el brazo, avergonzado.
—¿Qué diablos habláis entre vosotras? —cuestionó.
—Venga. Dime que esto no acaba de ponerte a cien.
Desvió su mirada hacia su pelvis y sí, el amigo asomaba bien feliz. Esa vez, ella gateó hacia él y posó su índice sobre la punta.
—¿Te has escandalizado, Dixon? —cuestionó tentadora. ¿Desde cuándo era capaz de actuar así? Ah, sí. Desde que estaba con él.
—Pero qué dices —exclamó él aferrando su muñeca. Sus ojos parecían brillar de deseo.
—Te lo has imaginado.
—¿Qué hombre no se imaginaría algo así?
A ella se le oscurecieron los ojos y él la tomó de las mejillas al percatarse de su error.
—Carol, lo siento… yo…
—Déjalo —ordenó acercándose para tocar su boca con la suya—. Ni siquiera tengo suficiente pecho para hacerlo y aún así, me gustan.
Él ladeó la cabeza con un gruñido sugerente. Ella no necesitó palabras para comprender. A él también le gustaban. Dios, si no estuviera loca podría llegar a pensar que a Daryl le gustaba todo de ella. Que no había reproches en nada que viera o tocara.
—¡Ey, Daryl!
El nombrado maldijo con su lengua dentro de su boca, retirándose. Ella se echó a reír, empezando a recuperar su ropa. Él se cerró los pantalones y cogió la ballesta.
—El karma —le dijo antes de salir.
Carol escuchó apenas una advertencia de muerte para Glen.
Y a seguir :3
