Cuando el grupo va a buscar a Glen y Maggie al despedirse, Carol dice esas palabras y eso, lleva a otro recuerdo...


Retazos

Siete vidas.


En el momento en que ella dijo esas palabras él se quedó mirándola fijamente mientras sonreía. Siete vidas. Sabía que se refería a la suerte que tuvo de sobrevivir y que él la rescatara.

Y era tierno pensar que eso conllevaba a un enlace más entre ellos. Aunque no pudo evitar pensar en otro enlace más interesante.

Y vergonzoso, debía de admitir.

Porque, que uno se cayera mientras tiene sexo, era algo vergonzoso como divertido.

Por algún motivo que jamás entendía la pasión los había llevado hasta el punto de obviar las leyes de la física. Daryl tenía la suficiente confianza como sujetar el peso de Carol y moverse a la par, disfrutando totalmente de estar dentro de ella, queriendo más y más.

Pero por alguna estúpida razón, perdió las fuerzas y terminó cayendo de culo y a continuación, de espaldas. En una pose realmente ridícula y endurecido. Carol había logrado caer de pie, con las piernas abiertas a cada lado de él y aunque la visión era realmente sexy, que le mirase como si acabara de ver llover sangre, no ayudaba.

Ella se había apoyado en sus rodillas para inclinarse más hacia él.

—¿Te encuentras bien, Daryl? ¿Te has hecho daño?

—¿Tú qué crees? —soltó irritado por el dolor. Y diablos, qué clase de hombre tenía que soltar el peso de la mujer con la que está teniendo sexo y se caía de culo. —No estoy en la puta playa.

Ella se echó a reír finalmente, incorporándose y enderezándose. Pero al mover los pies, se resbaló y cayó contra la pared, resbalando hasta caer de culo contra el suelo. Le miró perpleja sin comprender, en silencio, hasta que, repentinamente, comprendiendo que ambos eran unos jodidos payasos, se echaron a reír.

Él se incorporó para llevar las manos hacia ella, quien se aferró a ellas para recuperar el control de sus piernas.

—¿Estás bien?

—¿Tú qué crees? —preguntó sarcástica ella esa vez. Esperó a que él se percatara de cómo se sentía esa clase de respuesta y sonrió—. Mis nalgas lo soportarán. Tengo siete vidas, tranquilo. Podré sobrevivir a ello.

Daryl logró arrodillarse, sacudiendo la cabeza confuso. Entonces, contra su rodilla notó algo y bajó una mano para palpar el suelo. Luego la miró a ella y algo avergonzado, comprendió qué había pasado.

No es que él hubiera perdido fuerza, es que al igual que ella perdió el equilibrio por resbalarse.

—El suelo está mojado —le dijo.

Ella bajó la mirada y tanteo con su mano, levantando sus ojos hacia él.

—Dios… Esto va a matarme de vergüenza —reconoció.

—Sólo es sudor y…

—Y fluidos, lo sé —terminó. Al parecer, que ella lo dijera provocó que él comprendiera el enlace a ello y eso logró que le acariciara la cara al notar el rubor en sus mejillas—. Ey, deberías de sentirte halagado por eso.

—No si provoca que me caiga como una nena.

—Entonces, yo me he caído como un nene —bromeó.

Daryl apartó la cara molesto.

—Ya sabes a qué me refiera.

Ella le rodeó con los hombros, calmándole como si tuviera el botón siempre a su mano para lograrlo.

—Eso no quita que sigas pareciéndome…

—No te atrevas a decir mono —advirtió elevando sus manos hasta su cintura, acercándola a él.

—Adorable. —Carol lo besó antes de que protestara, tragándose su gruñido y tardando poco en sentir que le correspondía con las mismas ganas.

Desde entonces, para Daryl aquellas palabras tenían el doble de significado. La parte divertida siempre estaría ahí, pero la que le aterraba de perderle, solía morderle el trasero con muy mala leche.

Y el temor le ponía un mal cuerpo terrible.

Si no hubiera tenido a Judith en brazos probablemente la habría abrazado. Se conformó con asentir y tocar su brazo antes de alejarse.

Quizás fuera un pecado en esa mierda mundo, pero Carol era su condenada piedra. Su tesoro.


Puede que nadie lo lea, pero es divertido escribir de ellos ="D