Daryl le pregunta incesantemente a Glenn a cuenta de cosas de su hermano y el segundo dice esta frase que me llevó por esto… Pero andaba distraída y siento que no he puesto lo que quería.


Retazos

16º

Importa.


"Me importa más ella que yo mismo".

El recuerdo de aquellas palabras le inquieta. No puede dormir. En aquel momento estaba entre la espalda y la pared. Merle era su hermano. El resto, su familia. Pero no podía deshacerse de él como si nada y sólo quería que Glenn lograra perdonarle.

Claro que las razones de por qué odiaba a Merle eran justificables.

Miró hacia su derecha. Hacia la mujer que dormía boca abajo en su cama, sólo con una sábana rota cubriendo sus nalgas desnudas.

Ella le importaba. Mucho. Más de lo que habría esperado en esa travesía, si es que se podía llamar así. Ya lo vivió cuando pensó que la había perdido.

Podía empatizar, pues, con el sentimiento de Glenn hacia su hermano.

Intentó ponerse mejor en su lugar. Imaginar que fue Carol la que estaba en el sitio de Maggie. Obligada a desnudarse frente a otro hombre, que este se frotara contra ella y manoseara.

Y demonios, sus dedos se crispaban de odio. Estaba repentinamente tan furioso que se levantó como un resorte sin importarle estar desnudo y aferró su ballesta.

El movimiento provocó que Carol despertara y al verle en esa posición se incorporó, mirando hacia la puerta asustada.

—¿Caminantes?

Daryl se percató entonces de que esta despierta.

—No —negó soltando la ballesta con los dedos dolorosos—. No. Vuelve a dormir.

Carol le miró, luego la puerta y de nuevo a él, como si intentara aclarar lo sucedido. Escuchó por un momento los sonidos, cualquiera que no fuera los que debían de estar.

—Me has asustado —recriminó con un poco de enfado—. ¿Por qué estás levantado y con el arma?

Daryl tardó en responder.

—Mi mente me ha jugado una mala pasada —reconoció.

—¿Una pesadilla? —cuestionó dando golpecitos en la cama para que se sentara. Él dudó.

—Sí.

Se sentó a su lado finalmente, frotándose la nariz con el dorso de la mano. Ella le apartó un poco el cabello para revisar su cara. Repentinamente irritado, se apartó.

—No soy un crío.

—Sé bien que no lo eres —dijo ella con paciencia—. Pero a veces, cuando te hundes en ese mundo de recuerdos, tus ojos se vuelven más oscuros.

Se tocó la frente con la punta de los dedos.

—Pensaba en lo importante que eres para mí —confesó—. Puedes pensar que soy ridículo, pero… te puse en el lugar de Maggie para comprender mejor a Glenn acerca de mi hermano y…

—Te enfadaste.

Mucho más que eso.

Pero cuando la miró notó ternura, casi adoración y eso, por un momento le asustó.

—¿Carol? —cuestionó.

Ella carraspeó, enderezándose.

—No tienes que preocuparte —dijo para calmar la tensión del momento—. No me alegro de lo que sucedió, pero yo estoy bien. No soy Maggie ni tú eres Glenn en ese lugar. Ese hombre no va tocarme.

Lo rodeó con sus brazos, como si con ello pudiera calmar hasta su alma. Daryl se pegó a ella y rodeó su cintura, pensativo.

—Tarde o temprano…

—¿Hum?

—Nada.

Porque no podía sacar esa conversación todavía. A él le importaba ella. Mucho.

¿Podían empezar a hablar de amor?