Está basado en la conversación entre Daryl y Merle justo antes de que este último se marche con Michonne. A partir del "tortolitos" es que esto cambia para el fic.


Retazos

17º

Tortolitos


Daryl confrontó a su hermano para saber si se unía a ellos realmente. Encontró que el comportamiento de Merle era extraño, pero este sólo buscaba droga que meterse al cuerpo. Daryl estaba harto de eso y no quería saber de algo que en la actualidad, no le aportaría nada.

Merle, por supuesto, con drogas o sin ellas continuaba siendo un capullo y cuando se puso de parte de Rick en esto, se lo tomó con sorna.

—¿Tienes un par de huevos, hermanito? —Daryl ladeó la cabeza, con la boca tirante—. ¿Los tienes colgando?

Molesto, empezó a moverse por el lugar. Merle sabía de sobras cuánto le incordiaba algo así.

—Y si es así. ¿Son tuyos?

Se volvió para mirarle.

—A las personas así las llamamos "corderos". ¿Qué te ha pasado?

Sin apartar la mirada, Daryl continuó la conversación. Le recordó acerca de su situación con Maggie y Glenn y cómo eso los afectaba. Por supuesto, Merle se defendió y acusó a los dos de ser unos tortolitos.

Por desgracia, Merle conocía lo suficiente sus gestos como para percatarse de que había algo ahí, algo que le ocultaba y no sólo el problema de entregar a Michonne.

—Oh, mierda, hermanito —dijo estirando la boca en desagrado—. ¿Es que no aprendiste nada de lo que te enseñé? Te la tiras y te largas.

Daryl ladeó la cabeza, incómodo por el cambio de conversación. No quería entrar en esos lindes.

—¿Quién es? ¿La jovencita? —cuestionó mirándolo con los ojos entrecerrados—. Porque dudo que hayas tenido los testículos de ligarte a la negra.

—Michonne —corrigió Daryl con el cejo fruncido. Gracias a la nueva forma de moverse, relacionándose con las personas, aprendió a dejar de lado toda la mierda podrida de racismo que Merle se empeñaba en meterle en la cabeza.

El primero que le enseñó algo así fue Glenn.

—Como sea —descartó Merle apoyándose contra el mueble a su espalda—. ¿Es ella?

Daryl gruñó y volvió a caminar sintiéndose enjaulado.

—No voy a decirte una mierda, Merle.

El susodicho soltó una carcajada irónica.

—Dios, ahora entiendo por qué no tienes huevos. Ella te los ha cortado.

No. Carol se los había metido en la boca, los había tocado con sus dedos y descubrió que podía llegar a gustarle que se los apretara, porque aquellos eran buenos orgasmos.

Por supuesto, él no iba a decir nada de eso a Merle. Su hermano podría irse a la mierda antes que lo hiciera.

—Venga, tío. Si no son ninguna de las dos, sólo me queda…

Merle se quedó en silencio y Daryl le miró en espera a la par que un escalofrío le recorría la espalda.

—Oh, mierda…

—Cierra la puta boca —advirtió. Merle, por supuesto, no iba a hacerle caso. Nunca se lo hacía.

Empezó a reírse como un idiota.

—Así que eres tú quien has logrado cambiar a la fantasma errante de la maltratada.

—Merle —repitió.

—¿Qué? —cuestionó este incorporándose todo lo grande que era hacia él—. ¿Es que ahora me vas a partir la boca por las mujeres, Darylina?

Daryl lo esquivó cuando intentó aferrarlo del cuello. Merle se quedó estupefacto.

—Mierda, de verdad que te ha cambiado. ¿Ladras cuando estás con ella y te dice que te sientes? ¿Quién se la mete a quién, hermanito?

—Cállate, Merle —dijo una vez más.

Notaba el cuerpo caliente y nunca sintió tantas ganas de golpear a su hermano. Generalmente esquivaba las confrontaciones con él, respetándolo, pero ya había sido más que demostrado que por Carol era capaz de saltar como nunca.

Le dio la espalda una vez más a su hermano, esperando otra punzada más que no llegó. Cuando se volvió para ver qué pasaba, Merle sonreía, esa vez, con cierto orgullo.

—De nosotros, jamás pensé que estarías bajo las faldas de una mujer, hermanito. Así como la has cambiado a ella, te ha cambiado a ti. Y no lo digo en malas, esta vez no —añadió en voz baja—. Me alegro por ti. Fóllatela las veces que quieras, sálvale el trasero para después rellenárselo si quieres. Pero recuerda que las mujeres siempre traen problemas y un día, puede que sea otro el que rellene el pavo. Si es que me entiendes. Tómalo como el gran consejo de Merle.

—Un consejo de mierda —respondió soltándose cuando le rodeó los hombros con el brazo.

Merle sólo sonrió.

Daryl no sabía en ese entonces que sería la única vez que su hermano le daría un consejo de verdad. O que vería su sonrisa por última vez.

O escucharía una de sus gilipolleces.