Esto es culpa de ponerme a otros mientras ellos caminan hacia la vista de las rejas y no me siento culpable por escribirlo xD.


Retazos

19º

Pookie


Que Rick trajera a más personas después de lo sucedido con el gobernador trajo más trabajo del que esperaban y, a su vez, ganarse el respeto de otras personas. Así pues, eso significaba que te llenaran de halagos incluso si eras Daryl Dixon, el cual se sentía incómodo con tanto.

Lo único que hacía era ir de caza y traer alguna que otra presa. En un día con suerte, dos ciervos.

—Huele bien —reconoció al detenerse junto al grill improvisado en el que Carol volteaba la carne. Ya sabía de sobras que era muy buena cocinera.

Cogió un plato mientras ella colocaba una divertida boca de pato y le miraba sugestiva.

—Que sepas que a mí me gustaste primero.

Daryl notó que el corazón le volaba en el pecho. Poner su mejor cara de póker era cada vez más difícil con ella.

—Detente —ordenó antes de meterse un trozo de carne en la boca. Sí, definitivamente, deliciosa.

La miró por un instante, pensando que ella también era deliciosa. Más de lo que aparentaba.

—Rick ha traído a mucha gente —dijo para distraerse.

—Últimamente no —respondió ella aún con un deje de diversión. O simplemente el sol la cegaba. Hasta que habló—. Si das refugio al necesitado y comida al hambriento tendrás que aprender a vivir rodeado de amor.

—Ya.

Se movió inquieto, sabiendo por donde iban los lares. Conocerse demasiado es lo que tenía.

—Tengo que enseñarte algo —dijo ella antes de entregar sus pinzas a un muchacho recién llegado, que no tardó en demostrar su interés y agradecimiento por Daryl.

Aunque este no dudo en mostrarse tan simpático como siempre, chupándose los dedos lentamente antes de darle la mano.

Por supuesto, él no era capaz de percatarse de lo que ese simple gesto acababa de crear en Carol hasta que se alejaron lo suficiente.

Podría estar comiendo que a ella poco le importó tirar de él entre las sombras para besarle sorpresivamente.

Daryl casi dejó caer el plato y ella lo asió para dejarlo en un lugar cercano, sin dejar de besarle. La misma tensión de necesidad se le contagió y al instante, la comida dejó de ser lo imprescindible para serlo ella.

Beso y mordisqueó sus labios, moviendo su cuerpo hasta que logró aplastar con una deliciosa sensación el de ella.

El aumento de personas viviendo en la prisión incremento las pocas posibilidades de estar juntos. Así que, cuando menos lo esperaban, esa clase de chispas saltaban a la luz. Lo peor de todo, es que cada vez era más difícil controlarse.

Cuando Carol empezaba a desabrocharle los pantalones, un momento de lucidez llegó a su cabeza.

—¿No tenías que enseñarme algo?

Ella no se detuvo. Sólo lamió su labio inferior, chupándolo tentadoramente y ladeó la cabeza inocentemente. Sonrió ganadora al lograr que el pantalón cayera por sus piernas.

—En un momentito —prometió.

Daryl no iba a negarse. Estaba obviamente excitado y su cuerpo respondía más por él que su mente. Mientras la observó bajarse sus propios pantalones y bragas, abordó a besos su rostro, su cuello y la perdió de vista cuando ella se agachó para tomarlo y llevarlo a su boca.

—Joder.

Apoyó ambas manos donde anteriormente estuvo el cuerpo de Carol, quien ahora chupaba su miembro como si fuera algo que hubiera puramente delicioso.

Iba a matarlo cuando se detuvo, volviendo hasta su posición entre sus brazos. Daryl se movió lo justo para que ella tuviera espacio para saltar y aferrarse a él, con sus bocas, nuevamente, danzando en besos cardiacos.

Apoyándola contra la pared, logró guiar su propio sexo a ella y sin ceremonias, la penetró. Si eso es lo que ella deseaba, estaba más que dispuesto a entregárselo.

Rápido y poderoso, duro como sólo esa condenada podía ponerle. Húmeda y caliente, no tardó en demostrar lo cerca y lo necesitaba que estaba antes de apresarlo como si fuera a absorberlo por completo, gimiendo contra sus labios, exhalando su aliento contra el de él.

Daryl no tardó en acompañarla, con gruñidos ocultando su nombre y el cuerpo en tensión hasta que su semilla estalló en su interior.

—Dios… necesitaba esto —dijo ella entre jadeos, gruñendo a su vez cuando él se apartó de ella, separando así su unión—. ¿Tú no?

—Ya lo sabes —dijo haciendo hincapié en lo rápido que estaba listo para ella o lo fácil que habían llegado ambos al orgasmo.

Carol sonrió, satisfecha y una vez la dejó en el suelo, ambos se dispusieron a vestirse. Antes de que salieran del lugar, volvió a besarla y recuperó su plato con carne.

—Ahora sí. ¿Qué querías enseñarme?

Ella se echó a reír y aunque lo que debía de ver no era para tomárselo a gracia, ella consiguió convencerle de que ideara algo.

—Lo siento, Pookie —le dijo con morritos y parpadeos adorables.

La miró durante un momento.

—Puff.. —Antes de alejarse le dio con el codo suavemente.

—No me llames así.

—Claro, Pookie.

Daryl maldijo. Eso iba a quedársele para toda la vida.