Cuando Beth y su novio se despiden, Daryl tiene ese pensamiento y me lo figuré de una forma diferente…
Retazos
20º
Una novela romántica.
Daryl se encontró con Beth y su novio despidiéndose junto al coche antes de partir. Que la gente empezara a ocupar tu espacio significaba que eras más consciente de esa clase de situaciones y aunque él generalmente hacía oídos sordos a esos temas, cuando los tenías delante e ibas cargando una caja, poco podías disimular.
El punto en cuestión es que el chico se despedía de ella preguntándole si no iba a decirle adiós. Beth se negó y Daryl no pudo evitar sentir que estaba sentado frente al televisor viendo una de esas ridículas series o aquellas novelas románticas que sabía que volvían locas a las mujeres.
Eso le trajo el recuerdo de Carol. No sabía si le gustaban esas cosas, aunque sí leer. Siempre que podía le traía alguna que otra cosa, aunque la biblioteca de la cárcel ya tenía mucho y que ella estuviera impartiendo clases ahí era tenerlos a mano. Sin embargo, ese día tuvo ganas de ver qué cara pondría de traer uno de esos libros en específico.
Y aunque tuvo que hacerlo con mucho cuidado, metió dentro de su mochila uno que tenía en su portada a dos personas besándose como si fuera el fin del mundo. Bendita ironía, desde luego. Porque era el jodido fin del mundo.
Y si tenía que pensar en besos…
Demonios, no era el jodido momento.
Por suerte, no tardaría mucho en hacer algo mejor que vivir del recuerdo. Porque lo primero que hizo nada más estar a solas fue besarla.
Carol se mostró confusa pero accesible y cuando él colocó la novela en sus manos rompió a reír.
—¡Imposible! —exclamó emocionada—. ¡Una novela romántica! Hacía mucho tiempo que no veía una. Siempre tenemos libros de autoayuda, de terror incluso que se quedan en pañales con lo que vivimos y de medicina. Esto va a ser una joya.
Se alejó de él para sentarse en la cama y leer la parte de atrás.
—"Dos desconocidos terminan encontrándose cuando el fin del mundo les muerde el trasero" —leyó—. Qué ironía.
Daryl soltó una risita entre dientes a la par que se sentaba junto a ella.
—Justo eso pensé.
Ella no despegó la mirada del libro, continuando leyendo.
—"¿Podrá el amor y la pasión hacer que superen ese mundo sin morir en el intento?".
Daryl sacudió la cabeza y tomó una de sus flechas para ir revisándolas, algo que solía hacer.
—Suena telenovela, fijo.
—Sí, desde luego —aceptó Carol mirándole—. Antes no me gustaba leerlas.
—¿Antes?
—Sí —afirmó suspirando con cierto anhelo—. Vivíamos cerca de una biblioteca y yo solía ir para mirar libros que pudieran ayudar a Sophia. Ed siempre se ponía de mal humor cuando ella necesitaba libros nuevos. Así que usaba ese lugar para conseguirlos y que costara mucho menos. Muchas veces pasaba por la zona de novelas románticas. Una vez tomé uno y probé a leerlo. Me decepcionó.
—¿Por qué?
—Porque pese a todas las desgracias que vivían en esa historia tenían un final feliz, junto a un hombre amoroso y bueno en el sexo.
Ante esto último, sonrió pícara, logrando que él se sonrojara y desviara la mirada.
—Yo no tenía nada de eso. Así que sentía que me insultaban. Ahora sé que simplemente estaba con el hombre equivocado. Nada más.
Daryl clavó su ver en ella, dejando las manos quietas sobre la flecha. Ella le sonrió dulcemente, apoyando su mejilla en su hombro.
—Puede que ahora pueda darle una nueva oportunidad a esta lectura. Además —añadió moviendo las hojas con el pulgar—, estos libros suelen traer más posturas sexuales de las que he practicado nunca.
Esa vez, su sonrisa de gata traviesa era más grande y los ojos le brillaron con la misma picardía que él conocía. Y encima, sabía lo que creaba en su cuerpo.
—Te avisaré si veo alguna interesante, Pookie.
Él movió un brazo para apartarla con suavidad.
—Calla, anda —ordenó avergonzado.
—¿No quieres que te llame a ti? ¿Quieres que se lo pida a otro?
Dios, de pensarlo se le revelaba todo el cuerpo.
—No —negó más gutural de lo que esperaba. Ella sonrió y le besó los labios.
—Eres un encanto.
—Cállate —ordenó contra sus labios.
Ella volvió a besarle, obediente. Porque sabía que aunque él contestara hosco y lejano, siempre quería más. Mucho más.
